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Diremos en principio que estas tendencias
se imbrican en sus orígenes con el inicio del siglo XX, para ofrecer lo mejor de su
reflexión a mediados del mismo y obtener recién en los años finales del siglo un
reconocimiento que adquiere visos de hegemónico. Es posible ubicarlas como integradas a
la crisis de los modelos estructuralistas en dos sentidos: procesan interiormente como
poéticas textuales la crítica al modelo lingüístico caso Escuela de Tartu y
Bajtín o emplazan externamente dicho enfoque caso la pragmática.
Esta crisis interna y externa del modelo
lingüístico expresaba en el fondo las dificultades para delimitar el objeto de los
estudios literarios. Las poéticas estructuralistas impulsaron métodos de análisis e
interpretación centrados en los rasgos del sistema literario entendido como un cupo
cerrado. La crisis del modelo implicó la puesta en duda de la literariedad como objeto de
análisis, pues el reconocimiento de una obra o texto como literario no obedece a ciertas
propiedades internas específicas de tipo lingüístico sino a su función y uso
sociocultural.
En ese sentido, estas tres corrientes
forman parte de un cambio en la relación literatura y sociedad, al poner nuevamente el
acento en el factor social. Manifestarían un quiebre del modelo del signo literario que
de su consideración al margen del interpretante o usuario característicos del
estructuralismo, en donde el aspecto de la referencia no era considerado, pasaría a una
concepción inspirada en modelos comunicativos e informáticos. Ello implicó un tránsito
desde una poética de la literariedad a otra del uso literario.
Las reflexiones de la llamada Escuela de
Tartu provienen del posformalismo soviético y desarrollarán una propuesta del texto
artístico donde se aprecia una superación del concepto de literariedad. Harán
referencia a la indispensable extensión histórico-cultural para la correcta
explicitación de lo que es literatura, que entenderán no sólo como código
lingüístico sino también extralingüístico o norma psicosocial que califica o brinda
su valencia literaria a un discurso determinado.
Los trabajos de los principales
integrantes de esta Escuela, entre los que destacan Iuri Lotman y Boris Uspenki, resaltan
que esta valencia literaria no se puede aislar o separar del proceso de producción y
recepción social. El intento de integrar la investigación en torno a los recursos
verbales y el estudio de las condiciones de funcionamiento del texto literario en tanto
signo cultural define el rasgo característico de la propuesta de Tartu como una
semiótica textual.
Lotman define el arte como lenguaje y al
texto artístico como un sistema organizado de lenguaje que califica de modelizador
secundario, para precisar que se trata de un sistema de signos que se constituye sobre el
modelo de las lenguas naturales (sistema primario) y según los modos, modelos y
categorías del lenguaje. En ese sentido el texto artístico sería un texto doblemente
codificado, es decir, un lenguaje hecho de lenguajes, de ahí su semejanza con el juego.
El texto literario sería un doble juego en el que se realizan simultáneamente dos planos
de conducta: por un lado se sabe que se está en situación convencional pero se juega a
no saberlo.
El receptor tiene conciencia de la
realización de dos sistemas de relaciones simultáneos: la lengua natural que actúa como
material y las normas, convenciones, códigos sociales e ideologías que incorporadas a la
estructura aportan sus materiales extrasistémicos. Este es el origen de la densidad
semántica del texto artístico y la causa de su diversidad de sentidos o polisemia.
Otra de las contribuciones de la Escuela
de Tartu en la reflexión en torno a la relación literatura y sociedad ha sido su
Semiótica de la Cultura entendida como una teoría de los contextos y los modos de
inserción del texto. Para Lotman la cultura no es otra cosa que un mecanismo de
estructuración del mundo, generador de visiones o modelos. Es decir, un conjunto de
códigos o textos que configuran una semiósfera, en cuyo núcleo se ubica la lengua
natural o sistema primario.
Las propuestas de Mijail Bajtín marcan
un cambio de punto de vista sobre la relación entre literatura y sociedad. Gracias a sus
trabajos se pasa de la consideración de la literatura como producto a su investigación
como producción, de manera que el carácter social de la literatura se manifiesta en los
materiales y en el proceso que la constituyen, considerando la actividad literaria
integrada a las prácticas sociales y definiendo su estatuto por el carácter específico
de su práctica.
Con la línea bajtiniana, la tradicional
perspectiva sociológica marxista de Lukács también sufre un giro copernicano. La vieja
teoría del reflejo se modificará sustantivamente al plantearse que en el conocimiento la
conciencia no desempeña una función pasiva en tanto reflejo mecánico, sino que es
actora de un proceso y el producto de su actividad es un reflejo. De manera que a
comienzos de siglo y mucho antes que Berger/Luckmann, se concebía la construcción social
de la realidad y el papel que tiene en dicho proceso el imaginario literario.
El concepto de polifonía textual es otro
de los sustantivos aportes de Bajtin para la perspectiva social frente a la literatura. El
punto básico desencadenante de esta contribución es el enfoque bajtiniano en relación
al sujeto y al lenguaje. Un enfoque totalizador en torno a ambos aspectos entreteje las
relaciones que plantean el papel activo del "otro" en el proceso de la
comunicación humana, la naturaleza dialógica de la conciencia humana. Desde esta
perspectiva el texto no es un espacio cerrado sino que se encuentra atravesado, influido y
configurado por otros textos.
Esta teoría del lenguaje como enunciado
socialmente orientado y de la comunicación como un hecho socioideológico confiere a la
propuesta su rasgo posestructural y poslingüístico, razón por la cual se le califica
como translingüística en atención a los aspectos extralingüísticos a los que atiende
en contradicción con la ortodoxia en la ciencia del lenguaje. Pero la consideración del
signo literario como un campo de batalla, una arena de tensiones y valores, constituye un
fundamental quiebre de los enfoques mecanicistas característicos de la visión marxista
ortodoxa. A diferencia de ellos la polifonía bajtiniana instala la lucha de clases en la
propia configuración semiótica y lo ideológico como una conciencia explicable sólo en
una situación o contexto.
Pecaríamos de simplificadores si
intentáramos precisar en tan reducido espacio los puntos centrales de las propuestas
bajtinianas, las mismas que día a día concitan la atención de diversos investigadores
de disciplinas diferentes en todo el mundo.
La pragmática literaria enfrenta la
crisis del modelo estructural remarcando la perspectiva del estatuto comunicativo de la
literatura. El origen de la pragmática se remonta a los trabajos precursores de Charles
S. Peirce y, para consolidar una propuesta en el terreno de los estudios literarios, hubo
necesidad de la intermediación de la lingüística pragmática. Esta disciplina,
considerada a su vez como la cenicienta en las ciencias del lenguaje, impulsó un
desarrollo en el conocimiento de los signos al resaltar el papel crucial que juega el
usuario de la comunicación.
Heredera de la lingüística pragmática,
la pragmática literaria en la actualidad abarca dos tendencias: una, orientada hacia la
teoría de los contextos y otra, hacia una teoría de la acción. Aunque ambas comparten
los mismos postulados iniciales, sus procesos y énfasis más que contrapuestos es
necesario verlos de manera complementaria. |