Actualidad Sanmarquina - Año X Nº 125 - Diciembre 2000


Oficina General de Relaciones Públicas

 

 

EN EL DÍA DE LA CANCIÓN CRIOLLA 

HONORIS CAUSA PARA OSCAR ÁVILES

 


Oscar Avilés, la primera guitarra del Perú, alza jubiloso el diploma que lo consagra como Honoris Causa de San Marcos.

San Marcos se vistió de criollismo el último 31 de octubre. Y lo hizo por partida doble: primero, en una clara y desafiante reivindicación por el cada vez menos recordado Día de la Canción Criolla, y segundo por el homenaje a una de sus figuras cumbres, don Oscar Avilés Arcos.

Precisamente en la fecha más esperada por todo juglar del criollismo contemporáneo, don Oscar recibió la medalla de manos del doctor Manuel Paredes Manrique, consagrándose así la distinción como Doctor Honoris Causa, el más alto título académico que otorga esta cuatricentenaria casa de estudios.

El restaurado Salón General de la vieja Casona del Parque Universitario fue escenario de este acontecimiento académico, que reunió a consagrados músicos e intérpretes del arte y la cultura nacional, así como a autoridades universitarias, familiares y discípulos del célebre guitarrista.

Nacido en el Callao hace 76 años, Oscar Avilés inició su carrera artística a los 15 años alternando con el conjunto de Rosa Ascoy, para después pasar a ser socio del Centro Musical «Felipe Pinglo».

Llamado también la Primera Guitarra del Perú, en la década del 80 marcó el derrotero para la internacionalización de la música peruana, primero en ritmo de festejo con Lucila Campos y Arturo «Zambo» Cavero, y años después uniendo su arte con la de Alicia Maguiña, en una gran cruzada que los llevó por diversos escenarios y plazas de Latinoamérica, Estados Unidos y Europa.

El mayor reconocimiento internacional que ha recibido Avilés, está plasmado sin duda en el homenaje que le tributó la OEA, cuando en sesión de gala lo reconoció como Patrimonio Musical de América.

Cuando goza mi guitarra

Finalizado el acto protocolar, la reunión devino en fiesta popular donde más de uno quiso expresar su saludo y afecto a quien es considerado por la crítica una de las glorias vivas de nuestro acervo cultural. Entre valses, interpretados por la peña sanmarquina, y rociado vino, Avilés fue felicitado hasta por sus propios hijos, quienes también tuvieron que sumarse a la fila y esperar su turno para la foto del recuerdo.

«Mi vida está hecha de letras y de música... Muchas veces he tocado Cuando llora mi guitarra, pero en este día de imborrable felicidad debería tocar Cuando goza mi guitarra, porque a través de ella puedo expresar mis sentimientos, mis inspiraciones y mi singular manera de crear y recrear», confesó Avilés con voz contrita, al tiempo que añadía: «Con mucho orgullo declaro hoy, 31 de octubre del 2000, soy un sanmarquino».

 


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