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Presentación
Nuestro quinto número de Logos
Latinoamericano está compuesto por tres grandes secciones. La primera de ellas está
agrupada en torno al candente debate actual sobre FILOSOFÍA Y MULTICULTURALIDAD. Contiene
una serie de reseñas, notas y artículos que intentan abordar el debate reciente, desde
distintas circunstancias, tópicos y ángulos disciplinarios. Dicha sección comienza con
una excelente reseña de nuestro reciente VIII Congreso Nacional de Filosofía
(«Filosofía, Globalización y Multiculturalidad») realizada día a día por Oscar
Barreda Tamayo de la Universidad San Agustín de Arequipa, quien a modo de introducción
nos permite ver las distintas entradas y aportes que vienen realizando diversos filósofos
peruanos sobre el tema.
El artículo de Barreda es seguido por un agudo trabajo del lingüista sanmarquino Gustavo
Solís Fonseca, conocido investigador en lenguas amerindias, quien realiza algunas
reflexiones sobre el trabajo lingüístico en el contexto del plurilingüismo peruano y de
lo que hoy se suele llamar «la aldea global», que al mismo tiempo que ha puesto cara a
cara como nunca antes gente de distintas lenguas y culturas, no ha generado la
tradicional tendencia a la homogenización evangélica o «civilizadora» por parte de
alguna cultura dominante, sino una vuelta a la especificidad, más cercana a una búsqueda
de formas igualitarias de convivencia que a un defensivo autarquismo cultural.
En el mismo punto planteado por Solís se inicia la exploración de Miguel Ángel Huamán,
del Departamento de Literatura de San Marcos, situando el problema en el terreno
semiótico del «conflicto de las interpretaciones». Asistimos dice Huamán,
en el terreno de la vida social, a una época plena de discusiones agresivas y posiciones
enfrentadas sobre diversos temas de nuestra actualidad y los más variados problemas de
fondo. Pero, la diversidad no parece engendrarautomáticamente el enriquecimiento del
entendimiento intersubjetivo, si se preserva un conflicto ubicado en la base de todos
ellos: el de la interpretación. Cada quien cree tener la correcta respuesta y defiende su
postura de «verdadero intérprete», por encima de todo.
Cierra esta sección un artículo de María Luisa Rivara, profesora emérita de nuestra
universidad, que es una verdadera ilustración histórica de los problemas de
interpretación intercultural, a propósito de los Quipus incaicos, cuya lectura fue
reducida por los españoles al quipu contable, posiblemente por ser la función más útil
para las urgencias prácticas inmediatas de la dominación colonial. En cambio, toda la
gama de quipus culturales fueron relegados al olvido, posible-mente en parte por lo
complicado del sistema, pero fundamentalmente por la falta de interés y utilidad con que
se estima el conocimiento de los valores culturales y educacionales de otras culturas,
actitud cuyas consecuencias perversas para la convivencia social superviven hasta el
presente.
La segunda sección del presente número de Logos Latinoamericano está constituida por un
conjunto de materiales de investigación sobre diversos PENSADORES PERUANOS Y
LATINOAMERICANOS CONTEMPORÁNEOS que se viene trabajando en el IIPPLA desde hace un buen
tiempo. Se inicia con una investigación realizada por la profesora Magdalena Vexler,
sobre el pensamiento filosófico de Víctor Li-Carrillo (1929-1986). Vexler analiza una
selección de los principales libros y artículos producidos por este notable pensador
peruano, que resume sus principales contribuciones. Todos ellos parecen estar atravesados
por tres tópicos dominantes e íntimamente relacionados: lenguaje, diálogo y educación.
Li-Carrillo parece haber encontrado en dichos tópicos los aspectos problemáticos más
importantes de la cultura peruana que merecieron ser objeto central de la reflexión
filosófica durante su vida, desde sus iniciales tesis universitarias de 1958 (Platón,
Hermógenes y el Lenguaje y Las Definiciones del Sofista) pasando por su artículo
«Filosofía, Diálogo Viviente» de 1979, hasta su «Comentario al Programa Oficial de
Introducción a la filosofía» de 1984.
Sobre el mismo punto aunque ahora desde el ángulo de la Filosofía Política
incide la excelente reseña realizada por David Sobrevilla sobre el pensamiento político
anarquista de nuestro clásico pensador antiautoritario, Manuel González Prada.
Sobrevilla muestra que su crítica inflexible de toda autoridad no se sostiene en una
consideración meramente política, sino que se fundamenta en toda una concepción
antropológica sobre el carácter intrínseca e inescapablemente perverso que produce el
ejercicio del poder: «Nada corrompe ni malea tanto como el ejercicio de la autoridad, por
momentánea y reducida que sea». No se trata de una crítica moralista sino de una
ecuación antropológica cuyos dos componentes son: «Autoridad implica abusar» y
«obediencia denuncia abyección». La asimetría que muestra esta ecuación es que el
poder nunca (de lo contrario no sería «poder») puede establecer una relación de
igualdad con los individuos. Más aún, hasta ahora el individuo no se ha hecho dueño
absoluto de su persona por el exceso de gobiernos, leyes y religiones. La forma más usual
de presentarse la autoridad es la del Dios-Estado. Por ello, para González Prada, la
instancia decisiva en el anarquismo es el individuo, que niega leyes, religiones y
nacionalidades.
Culmina esta sección con la ponencia presentada por el profesor sanmarquino César
Krüger al Coloquio «El Laberinto de Borges», realizado en la Facultad de Letras y
Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, el 25 de noviembre de
1999, y dos pequeños textos de Francisco Miró Quesada y Guillermo Russo Checa, leídos
en la presentación del libro póstumo del legendario maestro sanmarquino José Russo
Delgado: El Logos-Heráclito, que tiene como epígrafe Los Presocráticos II.
El artículo de Krüger, explora a lo largo de la obra del gran escritor argentino Jorge
Luis Borges, sus magistrales reflexiones sobre la presencia inherente de las paradojas en
el lenguaje. Desde las célebres aporías de Zenón, todo intento de suprimir la presencia
de paradojas en el pensamiento humano es una pasión «inhumana» e inútil, un intento
idealista y autoritario por encontrar el discurso, vocabulario o sentido final, el
lenguaje de todos los lenguajes o el conjunto de todos los conjuntos, con el que se
pretende huir del tiempo, del cambio y del infinito que embargan la vida humana. Alrededor
del mismo tópico se centran también las magistrales reflexiones de José Russo sobre
Heráclito, tal y como lo comentan sus presentadores.
La tercera sección de nuestra revista está constituida por un conjunto de «avances de
investigación» que sobre el PENSAMIENTO COLONIAL PERUANO (SS. XVI-XVIII) vienen
realizando desde hace varios años un grupo de investigadores (profesores y alumnos de los
últimos años) de nuestro Instituto, bajo la dirección del profesor José Carlos
Ballón. Los pequeños adelantos aquí reunidos son el preludio de una próxima Antología
del pensamiento filosófico colonial que dicho grupo editará. Pero no vamos a extendernos
aquí, en enfatizar la importancia teórica decisiva que el conocimiento de la filosofía
colonial tiene hoy para nuestra comunidad filosófica nacional, ello lo comprobará el
propio lector cuando examine sus artículos. Lo que ahora queremos resaltar es más bien
una muestra de la magnitud y seriedad de las investigaciones colectivas que en los
últimos años se vienen procesando en nuestro Instituto; todas ellas tienen en común el
orientarse precisamente a la elucidación de ciertos aspectos problemáticos, relevantes
en la conformación de nuestra comunidad cultural peruana.
Como de costumbre, recordamos al lector que los textos aquí editados son exclusiva
responsabilidad de sus autores. Su selección no refleja necesariamente ninguna
preferencia valorativa de los editores, ni unidad metódica, doctrinaria o programática
del Instituto de Investigación del Pensamiento Peruano y Latinoamericano. Más aún, nos
lamentamos que muchos trabajos interesantes queden todavía injustamente en nuestro
archivo, en espera de su publicación en el próximo número de nuestra revista. Sólo nos
responsabilizamos por nuestro afán de provocar la investigación y el debate académico.
También queremos expresar una vez más, nuestro reconocimiento al Dr. Oswaldo Salaverry
García, por su apoyo original y desinteresado, para la publicación de este quinto
número de Logos Latinoamericano.
Comité Editorial
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