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María Luisa Rivara de Tuesta*
EL QUIPU Y SU IMPORTANCIA
EN EL SISTEMA EDUCACIONAL PREHISPÁNICO
Por los datos recogidos en las crónicas
podemos afirmar que efectivamente existieron en el Tahuantinsuyo hombres dedicados al
saber y a la reflexión.
La existencia de estos sabios dedicados al conocimiento la testimonia
Murúa así: «y tenían juntamente estos Ingas unos médicos o filósofos adivinos que se
dicen Guacácue, los cuales andaban desnudos por los lugares más apartados y sombríos
desta región ... sin reposo ni sosiego se daban a la adivinanza o filosofía»1.
Garcilaso consigna el respeto que sobre todas las cosas de este mundo
merecía el hombre sabio y discreto, al mismo tiempo que se delimitaba su esfera de
actuación al campo gnoseológico, separándolo nítidamente del campo teológico y
controlando el peligro de su divinización.
«Si yo (Inca Roca) hubiese de adorar alguna cosa de las de acá abajo,
cierto yo adorara al hombre sabio y discreto; porque hace ventaja a todas las cosas de la
tierra. Empero el nace niño y crece y al fin muere, el que ayer tuvo principio y hoy
tiene fin; el que no puede librarse de la muerte, ni cobrar la vida que la muerte le
quita, no debe ser adorado»2.
EL CONOCIMIENTO BASADO EN LA EXPERIENCIA
Dado que existieron en el Imperio incaico personas dedicadas exclusivamente a la
reflexión y a la ciencia, cabe preguntarse cómo se logró la conservación y
acumulación del conocimiento adquirido.
Los datos recogidos sobre este interrogante son escasos, nos
referiremos aquí al concepto que emite Cabello Valboa, quien manifiesta:
Y ansi como gentes que
no tenian esperanza de allar por escrito en libros lo que avian de hacer sino solo en la
experiencia tenian gran cuenta con ella y mediante esta vinieron poco a poco en duración
de largos años a poner sus cosas en mas forma que las que tubieron en el principio quando
todo era confusion3. |
Si tenemos en
consideración que la búsqueda de teorías del conocimiento es inquietud filosófica
acentuada en nuestra época, el dato consignado por el cronista es sumamente importante ya
que observa que la experiencia va creando la acumulación de conocimiento y que no se
daban teorías de tipo especulativo idealista. Por otro lado, podríamos afirmar la
existencia de una teoría gnoseológica de tipo empirista que se verá aplicada con
carácter de continuidad histórica fundamentando el quehacer colectivo y el actuar
individual en el Tahuantinsuyo.
LA TRANSMISIÓN DEL CONOCIMIENTO
Ahora bien, todo parece indicar que existía en el Imperio incaico un nivel superior de
conocimiento, un determinado contenido de conocimiento cuyo volumen y calidad sobrepasaba
las posibilidades de transmisión oral; pese a este hecho, muchos cronistas han negado la
existencia de escritura. Presentándose esta aparente contradicción, vamos a ocuparnos
del contenido del conocimiento y de la forma en que se transmitía.
En primer lugar nos referiremos a la aceptación general de que
existió una tradición oral en el Imperio a través de la cual, de generación en
generación, se transmitía el conocimiento; sin embargo, las crónicas están saturadas
de referencias a personas que efectuaban sus relatos sirviéndose de la ayuda
mnemotécnica de los quipus. Se hace así indispensable establecer, los temperamentos que,
con respecto a si existió o no escritura en el Tahuantinsuyo, formularon los cronistas.
LA EXISTENCIA DE ESCRITURA EN EL TAHUANTINSUYO
a. Posición de rechazo.- Tenemos una posición de rechazo en Molina, quien
manifiesta que la causa de la existencia de las fábulas y mitos se debe a «no ser gentes
que usaron escritura, porque si la usaran no tuvieran tan ciegos y torpes y desatinados
errores y fábulas, no obstante que usaban de una cuenta muy sutil de unas hebras de lana
de dos nudos, y puesta lana de colores en los nudos, los cuales llaman quipos»4.
Igualmente, Pedro Sarmiento de Gamboa señala «Como estas
naciones bárbaras de indios carecieron siempre de letras, no tuvieron cómo poder
conservar los monumentos y memorias de sus tiempos, edades y mayores vera y
ordenadamente»5.
b. Posición intermedia.- El mismo Sarmiento agrega en otra parte de la crónica:
...
quiero advertir, o hablando más propiamente, responder a una dificultad que se podría
ofrecer a los que no han estado en estas partes. Podrían algunos decir que no tienen por
cierta esta historia, hecha por la relación que estos bárbaros dan, porque, no teniendo
letras, no pueden tener en la memoria tantas particularidades, como aquí se cuentan, de
tanta antigüedad. A esto se responde que, para suplir la falta de letras, tenían estos
bárbaros una curiosidad, ... y era que unos a otros, padres a hijos, se iban refiriendo
las cosas antiguas pasadas hasta sus tiempos, repitiéndoselas muchas veces, ... a los
oyentes, hasta que se les quedasen en la memora fijas. Y así cada uno a sus descendientes
iba comunicando sus anales por esta orden dicha, para conservar sus historias y hazañas y
antigüedades y los números de las gentes, pueblos y provincias, días, meses y años,
batallas, muertes, destrucciones, fortalezas y cinches. Y finalmente las cosas más
notables, que consisten en número y cuerpo, notábanlas, y agora las notan, en unos
cordeles, a que llaman quipo, que es lo mismo que decir racional o contador ... Es cosa de
admiración ver las menudencias que conservan en aquestos cordelejos, de los cuales hay
maestros como entre nosotros del escribir.
Y demás de esto había, y aún ahora hay, particulares historiadores
de estas naciones, que era oficio que se heredaba de padre a hijo. Allegóse a esto la
grandísima diligencia del Pachacuti Inga Yupanqui, noveno inga, el cual hizo llamamiento
general de todos los viejos historiadores ... y túvolos en la ciudad del Cuzco mucho
tiempo examinándolos sobre las antigüedades, origen y cosas notables ... Y después que
tuvo bien averiguado todo lo más notable de las antigüedades de sus historias, hízolo
todo pintar por su orden en tablones grandes, y deputó en las Casas del Sol una gran
sala, a donde las tales tablas,que guarnescidas de oro estaban, estuviesen como nuestras
librerías, y constituyó doctores que supiesen entenderlas y declararlas 6. |
En esta
referencia se sorprende una ambigüedad. Sarmiento ha escrito su obra basándose en el
relato de los quipucamayoc y antes afirmó «ser gentes que no tenían
escritura». Si se trataba de gentes que no tenían escritura, ¿qué veracidad histórica
podría tener su propio relato?
Se ve precisado, entonces, a testimoniar sobre la autenticidad de las
informaciones proporcionadas: insiste en que no hay letras, sólo acepta la forma de
tradición oral, habiendo proporcionado datos minuciosos, explica sobre estos detalles
diciendo que «es cosa de admiración ver las menudencias que conservan en aquestos
cordelejos», o sea que lo más notable lo anotaban en cordeles llamados quipus.
Concluimos entonces que Sarmiento acepta la existencia del quipu como
fuente de su crónica, acepta también que es un oficio que requiere, incluso, ser
transmitido en enseñanza rigurosa, que se practica de padre a hijo, es decir que había
especialistas en el manejo del quipu, e igualmente, que la forma de transmitir el
conocimiento en el Imperio se hacía a partir de las habilidades del joven al cual se le
imbuía de la experiencia paterna y de todas las posibilidades de enseñanza en el hogar.
Agrega que Pachacuti hizo pintar las cosas notables para que estuviesen como en nuestras
librerías, y constituyó doctores que supiesen entenderlas y declararlas, con lo cual
confirma la existencia del sistema de quilca. Y especifica la importancia del quipu
histórico.
En síntesis, podríamos decir que Sarmiento de Gamboa, pese a que
insiste en que no hay letras y que sólo existía una forma de tradición oral, se admira
de las «menudencias» que conservan en unos cordelejos aceptando, también, que
se trata de un oficio o especialidad que desde la época de Pachacuti estuvo encargada a doctores
que supieran entenderlas y declararlas.
c. Posición de aceptación.- Nos queda por examinar los
testimonios que podrían ser calificados de aceptación, de los sistemas de quipu y
quilca, como formas de escritura. Murúa nos dice:
Todo lo tenían puesto
con mucho orden y concierto en sus quipus y cuerdas por donde ellos se entendían con la
facilidad que nosotros en nuestra lengua por nuestro papel y tinta y vivían con tanta
cuenta de los dichos sus quipus que aunque pasasen muchos días se acordaban como si
pasase en aquel instante7.
... tanta razón hay de creer a sus antepasados y a sus quipus y memorias como a los
mayores antepasados de los cristianos y a sus quilcas8. |
Miguel Cabello
Valboa se refiere al quipu y a la quilca en los siguientes términos:
| Ansi como las
demás gentes del Mundo tuvieron instrumentos, y artificios para guardar y retener sus
memorias y cosas dignas de ellas, ansi tambien nuestros Yndianos no carecieron de esta
industria y abilidad. Los naturales de la tierra de nueba España usaron de pinturas y
dibujos donde señalauan con figuras las historias que pretendian retener y guardar
inbención por cierto de galanos entendimientos mas nuestros Piruleros antiguos comenzaron
a usar de ciertos ... hilos de colores varias, y segun era lo que pretendian, y querian
entender de los tales ñudos, y hilos ansi era la color que añudauan á la grandeza y
diferencia de el ñudo (o nudos) que hacian, y abia oficiales tan expertos en esta manera
de conocer y añudar como ay entre nosotros Escriuanos, y contadores liberales. Estos eran
ciertos Yndios informados en aquel menester de sus mayores, y desde muchachos se criauan
en ello para que la teorica de tan ciega ciencia la pudiese mejor retener, auia de estas
maneras de escripturas a quien llamauan quipos aposentos y casas llenos con mas cantidad
que los escritorios de nuestros Secretarios, y Escriuanos, y solo se entendian con ellos
el Quipo camayoc (que ansi llaman ellos al ministro, y Oficial a cuyo cargo estan las
tales maneras de escripturas) y estos yban enseñando, y enponiendo á otros desde
muchachos dandoles siempre licion, y doctrina de cada cosa, y en la duracion de la tal
enseñanza los atormentauan a pellizcos en sus desnudas carnes a fin de que con mas
promptitud retuviessen la leccion de aquel dia y de esta manera quedauan tan expertos, y
doctos en aquel arte que con facilidad dauan cuenta de lo que les preguntaua en cosas
tocantes á subcesos passados de casi tiempo de 800 años9. |
Acosta
manifiesta al respecto:
Es
increíble lo que en este modo alcanzaron, porque cuanto los libros pueden decir de
historias, y leyes, y ceremonias y cuentas de negocios, todo eso suplen los quipos tan
puntualmente, que admiran. Había para tener estos quipos o memoriales oficiales
diputados, que se llaman hoy dia Quipocamayo, los cuales eran obligados a dar cuenta de
cada cosa, como los escribanos públicos acá, y así se les había de dar entero
crédito; porque para diversos géneros, como de guerra, de gobierno, de tributos, de
ceremonias, de tierras, había diversos quipos o ramales; y en cada manojo de estos ñudos
y ñudicos y hilillos atados, unos colorados, otros verdes, otros azules, otros blancos, y
finalmente tantas diferencias, que así como nosotros de veinte y cuatro letras,
guisándolas en diferentes maneras, sacamos tanta infinidad de vocablos, así éstos de
sus ñuños y colores sacaban innumerables significaciones de cosas.
Estos de manera, que hoy día acaece en el Perú a cabo de dos y tres
años, cuando van a tomar residencia a un corregidor, salir los indios con sus cuentas
menudas y averiguadas, pidiendo, que en tal pueblo, le dieron seis huevos, y no los pagó,
y en tal casa una gallina, y acullá dos haces de yerba para sus caballos, y no pagó sino
tantos tomines y queda debiendo tantos; y para todo esto hecha la averiguación allí al
pie de la obra con cuantidad de ñudos y manojos de cuerdas, que dan por testigos y
escritura cierta. Yo vi un manojo de estos hilos, en que una india traía escrita una
confesión general de toda su vida, y por ellos se confesaba, como yo lo hiciera por papel
escrito; y aun pregunté de algunos hilillos que me parecieron algo diferentes, y eran
ciertas circunstancias que requería el pecado para confesarle enteramente.
Fuera de estos quipos de hilo tienen otros de pedrezuelas, por donde
puntualmente aprenden las palabras que quieren tomar de memoria, y es cosa de ver a viejos
ya caducos con una rueda hecha de pedrezuelas aprender el Padrenuestro, y con otra el
Avemaría, y con otra el Credo, ... y no hay más que verlos enmendar cuando yerran, y
toda la enmienda consiste en mirar sus pedrezuelas ...10 . |
En conclusión,
podríamos decir que en el Imperio incaico se logró la postulación de una teoría
una teórica según Miguel Cabello Valboa del conocimiento evidentemente
basada en la experiencia.
La acumulación de conocimiento, es decir el contenido de conocimiento,
obligó a la creación de un sistema de conservación del saber acumulado que permitía su
transmisión a través del lenguaje. Se había así efectuado la conexión indispensable
entre conocimiento, contenido del conocimiento y asentamiento del conocimiento a través
de los nudos del quipu.
Como hemos visto algunos cronistas afirmaron que «no existía
escritura en el Imperio incaico», otros aceptan haber escrito sus obras sirviéndose del
relato de los quipucamayos o descifradores de quipus y, por último, otro grupo nos
asegura que los datos proporcionados por quipus y quilcas son tan precisos que «hay que
creer a sus quipus y quilcas como a los mayores de los antepasados de los cristianos» que
«son como cualquier otro instrumento o artificio para retener las memorias» que «cuanto
los libros pueden decirnos suplen los quipus tan puntualmente que admiran» y que así
«como nosotros de veinte y cuatro letras convinándolas en diferentes maneras, sacamos
tanta infinidad de vocablos, así éstos de sus nudos y colores sacaban innumerables
significaciones de cosas».
En nuestra opinión, se unifican los criterios si tenemos en cuenta que
la preocupación fundamental frente a los conocimientos adquiridos es la conservación de
ellos. En la mentalidad de los cronistas, aferrada a un cuadro de valores occidentales
donde la escritura con tinta sobre el papel11 era entendida dentro de los moldes clásicos
como el único modo posible para la transmisión del contenido del conocimiento, se hacía
difícil, casi imposible, aceptar la existencia del sistema creado en el Tahuantinsuyo,
sistema sumamente complicado, basado en una escritura asentada sobre los quipus. No se
trataba, pues, de la escritura tal como ellos la entendían y comprendían
tradicionalmente, sino de un sistema creado para la conservación y transmisión del
conocimiento que se retenía o conservaba no solamente en los quipus, sino en piedras, es
decir en las quilcas.
Como queda dicho, existieron en el Tahuantinsuyo varios sistemas que
les permitían transmitir el conocimiento; dejando de lado el sistema de las pedrezuelas y
otro sistema con granos de maíz, que mencionaremos después; nos ocuparemos a
continuación del quipu por parecernos el más importante.
EL QUIPU
El vocablo quipu fue recogido en los primeros diccionarios quechuas con las siguientes
traducciones:
Quippo camayoc
Quipponi gui o yupani gui
Qquipu ñudo
Qquipuni.
Qquipu pucuni
Qquipuni
Qquipucamayok |
Contador
Contar por número12
Quenta por ñudos
Añudar
Dar cuentas
Contar por ñudos
Contador por ñudos13 |
Como vemos, el vocablo quipu queda
circunscrito al aspecto contable o, dicho en otros términos, a un sistema que permite
llevar cuentas a través de nudos. Igualmente señala la existencia del especialista, es
decir, el contador que lleva sus cuentas no en libros sino en los nudos.
Se fijó así en el cronista la idea de que el quipu era sólo un
instrumento para llevar cuentas, pero, no para contar o relatar; sin embargo, los datos
proporcio-nados rebasan esta única acepción y nos llevan al planteamiento del quipu como
un sistema de registro o asentamiento de conocimientos de diferente contenido.
LA ENSEÑANZA DEL QUIPU
Ya hemos adelantado, según Sarmiento, que el quipu era una enseñanza que se transmitía
de padres a hijos. Sin embargo, Cabello Valboa afirma que existían maestros o
quipucamayos dedicados a esta tarea. Presentaremos ahora el testimonio de Garcilaso, quien
afirma la existencia de escuelas en el Cuzco, y el de Murúa que señala los años de
estudios y los tópicos que se estudiaban. Según Garcilaso, Inca Roca estableció las
primeras escuelas en el Cuzco. El sitio de las escuelas, y el de las casas reales, y del
de las escogidas:
| Para decir los barrios que quedan, me
conviene volver al barrio Huacapancu, que es puerta del santuario, que estaba al norte de
la plaza principal de la ciudad, al cual se le seguía, yendo al mediodía, otro barrio
grandísimo cuyo nombre se me ha olvidado; podrémosle llamar el barrio de las Escuelas,
porque en él estaban las que fundó el rey Inca Roca, como en su vida dijimos. En indio
dicen Yacha Huaci, que es casa de enseñanza. Vivían en él los sabios y maestros de
aquella república, llamados amauta, que es filósofo, y haravec, que es poeta, los cuales
eran muy estimados de los Incas y de todo su imperio; tenían consigo muchos de sus
discípulos, principalmente los que eran de la sangre real. Yendo del barrio de las
Escuelas al mediodía están dos barrios donde había dos casas reales que salían a la
plaza principal. Tomaban todo el lienzo de la plaza; la una de ellas, que estaba al
levante de la otra, se decía Coracora; quiere decir herbazales, porque aquel sitio era un
gran herbazal, y la plaza que está delante era un tremedal o cenegal, y los Incas
mandaron ponerla como está. ... En aquel herbazal fundó el rey Inca Roca su casa real
por favorecer las escuelas, yendo muchas veces a ellas a oír los maestros ... Las
escuelas tenían sus puertas principales a la calle y al arroyo. Los reyes pasaban por los
postigos a oír las lecciones de sus filósofos, y el Inca Pachacutec las leía muchas
veces, declarando sus leyes y estatutos, que fué gran legislador14. |
Los ciclos de estudios y el quipu. Escuela
de los muchachos:
Tenían, como dicho es, estos Ingas y señores muchos indios principales y grandes en su
palacio, los cuales eran personas muy graves y principales y de mucho tono entre ellos:
principalmente estos señores orejones, que los Ingas llevaban en su compañía; y éstos
eran muy tenidos y regalados.
Escuela de los muchachos.- A los cuales desde muchachos les
enseñaban todas las cosas por donde han de venir a ser grandes Señores y por donde han
de venir a merecer caer en gracia del Inga; el cual tiene para esto dentro del palacio una
escuela, en la cual había un viejo anciano y de mucho reposo, no para enseñar las
letras, porque entre ellos no las usaban, mas para que estuviesen con sosiego y quietos.
Los maestros eran cuatro, cada uno de los cuales enseñaba diversas cosas a los muchachos
por espacio de cuatro años que enseñaba el un maestro; el primer año enseñaba la
lengua del Inga ques desta ciudad del Cuzco, a los que no eran naturales della, porque
comúnmente eran hijos de los más principales de todo el Reino, como lo diré en su
lugar; y acabado el año pasaban al segundo maestro, y este les enseñaba otro año a
adorar ídolos y a doctrinar, declarando y enseñando su religión. Al tercer año, que ya
iba más adelante, les enseñaban en ciertos quipos que ellos tenían, adonde había cosas
que importaban mucho para las cosas de su gobierno y autoridad; el cuarto y postrero año
aprendían en los mismos cordeles muchas historias y trances de guerra que acaecieron en
tiempos pasados, y decíanselas en la lengua general del Inga, porque ya estaban diestros,
y los maestros les decían de memoria muchas veces, para que se les quedase a los
discípulos también en ella y después referíanlas y contábanlas en conversación; y
del estilo que tenían en referirlas colegían lo que aquellos muchachos habían de ser
después; de lo cual le daban cuenta al Inga.
Eran los muchachos que aquí estudiaban muy bien tratados; tenían
señalado lo que se les había de dar a ellos y a los maestros; pero el maestro no los
castigaba a su albedrío y como quería más tenían limitada la jurisdicción en caso de
castigarlos; podíanlos azotar una vez cada día y no en las nalgas, más en las plantas
de los pies; y si el maestro daba más que diez azotes y lo azotara más que una vez al
día, el Inga castigaba cruelmente al maestro, y por lo menos le mandaba cortar la mano
derecha. Si desta escuela salían muchachos bien enseñados y cuerdos, luego entraban por
pajes muy privados, y así, como iban sirviendo, llegaban a grandes cargos y oficios de la
guerra; por que allí estaba la gloria suma de los Ingas ...15 . |
Murúa insiste
en que se trata de escuelas no para enseñar las letras, porque éstas no existían, sin
embargo nos presenta todo un ciclo de aprendizaje en el orden siguiente:
En el primer año se enseñaba la lengua del Inca; en el segundo año
se enseñaba a adorar ídolos y a doctrinar declarando y enseñando su religión; en el
tercer año se les enseñaba en ciertos quipus que ellos tenían donde había cosas que
importaban mucho para las cosas de su gobierno y autoridad; y en el cuarto año aprendían
en los mismos cordelejos muchas historias y trances de guerra que acaecieron en
tiempos pasados.
Estos años de estudios servían para preparar y seleccionar a los
futuros funcionarios del estado inca. La descripción más acertada del quipu nos la
proporciona Garcilaso en los siguientes términos:
Quipu
quiere decir añudar y ñudo, y también se toma por la cuenta, porque los ñudos la daban
de toda cosa. Hacían los indios hilos de diversos colores, unos eran de un color solo,
otros de dos colores, otros de tres y otros de más, porque los colores simples y los
mezclados todos tenían su significación de por sí; los hilos eran muy torcidos de tres
o cuatro liñuelos y gruesos como un huso de hierro, y largos de a tres cuartas de vara;
los cuales ensartaban en otro hilo por su orden a la larga, a manera de rapacejos. Por los
colores sacaban lo que se contenía en aquel tal hilo, como el oro por el amarillo, y la
plata por el blanco, y por el colorado la gente de guerra16. |
CLASIFICACIÓN DE LOS QUIPUS
Ya hemos adelantado, cuando citamos a Sarmiento de Gamboa, que existían clasificaciones
especiales de quipus. Este cronista parece referirse a un tipo de quipu histórico. Por
las citas que presentaremos a continuación, se observarán las diversas clases de quipus,
entre los que podemos señalar como evidentes las siguientes: quipu histórico, legal y de
ordenanzas; de ritos y ceremonias; quipu numérico o de cuentas que comprende al quipu de
tributación; el quipu de existencias en tambos, de censos, y estados civiles. Igualmente
comprobaremos que es innegable la existencia del quipu como sistema para transmitir ideas,
ya que el evangelizador lo utilizó como ayuda en el adoctrinamiento. Murúa nos ofrece a
la letra la clasificación de quipus cuando manifiesta:
| También suelen tener otros cordeles de
cuentas y quipu de cosas pasadas de sus Ingas y de sus leyes y gobiernos y hazañas que
cada uno hacía, así en las conquistas como en las guerras, y en todas las demás cosas
de sus antepasados, los Reyes e Ingas deste Reino, y de sus descendencias, y de las
naciones ... por éstos contaban los años, los meses y días; por éstos hacían
unidades, decenas, centenas y millares; y para que las cosas que querían contar
diferenciasen, hacían los nudos mayores y menores y con diferencia de colores, de manera
que para cada una cosa tenían nudo colorado, y para otra, verde o amarillo, y así iba lo
demás; pero lo que a mí más me espantaba es que por los mismos cordones y nudos
contaban las sucesiones de los tiempos y cuánto reinó [tal] Inga, y si fué bueno o
malo, si fué valiente o cobarde; todo, en fin, lo que se podía sacar de los libros, se
sacaba de allí, cómo fuese esto, yo no lo entiendo ni lo sé; esto cierto es que hasta
hoy lo hay y tratan de ello los viejos, de lo cual vine a saber lo más que en este libro
va puesto17. |
Del contexto se
confirma la existencia de las distintas clases de quipus: de todas la leyes referidas al
ordenamiento de la familia, gobierno y educación, histórico, de leyes específicas, de
gobiernos y hazañas, cronológicos o de tiempo, de cuentas.
El dato de Murúa puede ser confirmado con citas que de manera precisa
se refieren a determinadas funciones de los quipus. Así tenemos que el jesuita Anónimo
sostiene que los quipus contenían:
...
leyes de familias del gobierno dellas, y de los pastos, montes, leña, pesquería, caza,
minas; leyes de postas, de embajadores, de comunidades, de pósitos, de la salud, de
médicos; leyes acerca de la milicia y de la guerra; de gobierno de la república, de los
magistrados, del modo de oir causas, de los testigos, del testamento, de matrimonios, de
escuelas ó manera de ellas para enseñar niños y niñas, y de otras cosas. Y en todas
ellas y en las leyes ya dichas, eran tan puntuales en la ejecución y guarda de ellas, que
era cosa para admirar18 . |
Existen otras
referencias que puntualizan sobre la existencia del Quipu histórico. Este quipu
no solamente conservaba el recuerdo de los acontecimientos históricos, sino que los
tenían cronológicamente registrados. Al respecto Murúa manifiesta:
... y
así antiguamente tenían grandes montones de estas cuerdas a maneras de registros, como
los tienen los escribanos, y allí tenían sus archivos ... y de tal manera, que el que
quería algo, no tenía más que hacer de irse a los que tenían este oficio y
preguntarles cuánto ha que acaeció esto ... el quipucamayo o contador sacaba sus cuerdas
y daba razón de ello, sin faltar un punto. Nuestra gente española, como no hallase quien
les interpretase aquellas girigonzas, no curaron mucho de conservar aquellos registros, y
ansi pereció todo, aunque algunos destos indios no dejan de usar muy a menudo en sus
necesidades19. |
Y Molina
consigna en su crónica que con los quipus: «Entendíase y entiéndese tanto por esta
cuenta, que dan razón de más de quinientos años de todas las cosas que en esta tierra
en este tiempo han pasado»20.
Quipu de leyes y ordenanzas, ritos y ceremonias e historia.
Dice Garcilaso:
Por
la misma orden daban cuenta de sus leyes y ordenanzas, ritos y ceremonias, que por el
color del hilo y por el número de los ñudos sacaban la ley que prohibía tal o tal
delito y la pena que se le daba al quebrantador de ella. Decían el sacrificio y ceremonia
que en tales y tales fiestas se hacían al sol. Declaraban la ordenanza y fuero que
hablaba en favor de las viudas, o de los pobres o pasajeros; y así daban cuenta de todas
las demás cosas tomadas de memoria por tradición. De manera, que cada hilo y ñudo les
traía a la memoria lo que en sí contenía, a semejanza de los mandamientos o artículos
de nuestra santa fe católica y obras de misericordia, que por el número sacamos lo que
debajo de él se nos manda. Así se acordaban los indios por los ñudos de las cosas que
sus padres y abuelos les habían enseñado por tradición, la cual tomaban con grandísima
atención y veneración, como cosas sagradas de su idolatría y leyes de sus Incas; y
procuraban conservarlas en la memoria por la falta que tenían de escritura; y el indio
que no había tomado de memoria por tradición las cuentas, o cualquiera otra historia que
hubiese pasado entre ellos, era tan ignorante en lo uno y en lo otro, como el español o
cualquier otro extranjero21. |
Quipu
numérico. Respecto al quipu numérico Garcilaso manifiesta:
Los
ñudos se daban por su orden de unidad, decena, centena, millar, decena de millar, y pocas
veces o nunca pasaban a la centena de millar; porque como cada pueblo tenía su cuenta de
por sí, y cada metrópoli la de su distrito, nunca llegaba al número de éstos o de
aquéllos o tanta cantidad que pasase la centena de millar, ... Mas si se ofreciera haber
de contar por el número centena de millar también lo contaran, porque en su lenguaje
pueden dar todos los números del guarismo como él los tiene; mas porque no había para
qué usar de los números mayores no pasaban del decena de millar (...)
En lo más alto de los hilos ponían el número mayor, que era el
decena de millar, y mas abajo el millar, y así hasta la unidad. Los ñudos de cada
número y de cada hilo iban parejos unos con otros, ni mas ni menos que los pone un buen
contador para hacer una suma grande. Estos ñudos o quipus los tenían indios de por sí a
cargo, los cuales llamaban quipucamayu, quiere decir el que tiene cargo de las cuentas;
...22. |
Quipu numérico
de tributación. El quipu sirvió de base al sistema de tributación que existía en el
Tahuantinsuyo. Cieza señala que:
| ... tuvieron otra orden para saber y
entender cómo se había de hacer en la contribución, en las provincias, de los
mantenimientos, ora pasase el rey con el ejército, ora fuese visitando el reyno, o que
sin hacer nada desto se entendiese lo que entraba en los depósitos y pagaba a sus
súbditos, de tal manera que no fuesen agraviados; tan buena y subtil que ecede en
artificio a los carastes que usaron los mexicanos para sus cuentas y contratación. Y esto
fue los quipos, que son ramales grandes de cuerdas anudadas, y los que desto eran
contadores y entendían el guarismo destos nudos daban por ellos razón de los gastos que
se habían hecho o de otras cosas que hobiesen pasado de muchos años atrás; y en estos
nudos contaban de uno hasta diez y de diez hasta ciento y de ciento hasta mil; y en uno
destos ramales está la cuenta de lo uno y en otro lo del otro, de tal manera esto que
para nosotros es una cuenta donosa y ciega y para ellos singular. En cada cabeza de
provincia había contadores a quien llamaban quiposcamayos, y por estos nudos tenían la
cuenta y razón de lo que habían de tributar los questaban en aquel distrito, desde la
plata, oro, ropa y ganado, hasta la leña y las otras cosas más menudas, y por los mismos
quipos se daba a cabo de un año, o de diez o de veinte, razón a quien tenía comisión
de tomar la cuenta, tan bien que un par de alpargatas no se podían esconder 23. |
Con respecto a la exactitud de los cálculos matemáticos Francisco
López de Gómara manifiesta: «Cuentan uno, diez, ciento, mil, diez cientos, de miles, y
así van multiplicando. Traen la cuenta por piedras y por ñudos en cuerdas de color y es
tan cierta y concertada, que los nuestros se maravillan»24.
Quipu de existencias en tambos. Cieza de León nos dice que había
quipus dedicados al control de las existencias en los tambos:
... los delegados ó
mayordomos que residian en las cabeceras de las provincias tenian especial cuidado de
mandar á los naturales que tuviesen muy buen recaudo en estos tambos ó aposentos; y para
que los unos no diesen mas que los otros, y todos contribuyesen con su tributo, tenian
cuenta por una manera de ñudos, que llaman quipo, por lo cual, pasado el campo, se
entendian y no habia ningun fraude25. |
Quipu de
estado civil de la población. Expresa Garcilaso:
Las
cosas que no tenían colores iban puestas por su orden, empezando de las de más calidad y
procediendo hasta las de menos, cada cosa en su género, como en las mieses y legumbres.
...
Algunos de estos hilos tenían otros hilitos delgados del mismo color,
como hijuelas, o excepciones de aquellas reglas generales, como digamos en el hilo de los
hombres o mujeres de tal edad, que se entendían ser casados; los hilitos significaban el
número de los viudos o viudas que de aquella edad había aquel año; porque estas cuentas
eran anuales y no daban razón más que de un año solo26. |
Otro sistema
de cuentas. El padre Acosta se admira del grado de exactitud de los cálculos
efectuados por los indios con este otro sistema de cuentas hecho con granos de maíz:
... pues verles otra
suerte de quipos, que usan de granos de maíz, es cosa que encanta; porque una cuenta muy
embarazosa, en que tendrá un muy buen contador que hacer por pluma y tinta, para ver a
cómo les cabe entre tantos, tanto de contribución, sacando tanto de acullá y añadiendo
tanto de acá, con otras cien retartalillas, tomarán estos indios sus granos y pornían
uno aquí, tres acullá, ocho no sé dónde; pasarán un grano de aquí, trocarán tres de
acullá, y, en efecto, ellos salen con su cuenta hecha puntualísimamente sin errar un
tilde, y mucho mejor se saben ellos poner en cuenta y razón de lo que cabe a cada uno de
pagar o dar, que sabremos nosotros dárselo por pluma y tinta averiguado. Si esto no es
ingenio y si estos hombres son bestias, júzguelo quien quisiere, que lo que yo juzgo de
cierto es que, en aquello que se aplican, nos hacen grandes ventajas27. |
El quipu y
el adoctrinamiento. Veremos ahora cómo el español aprovecha el quipu en el
adoctrinamiento de los indios:
Pues para que tu
confession sea buena, y agrade a Dios. Lo primero, hijo mio, has de pensar bien tus
peccados, y hazer quipo dellos: como hazes quipo, quando eres tambo camayo, delo q das,
ydelo q te deuen: assi haz quipo delo que has hecho, contra Dios y contra tu próximo, y
quãtasvezes, si muchas, o si pocas28. |
En resumen, y
según los datos proporcionados por los cronistas mencio-nados anteriormente, cabría
asegurar la existencia de las siguientes clases de quipus: de leyes referidas al
ordenamiento de la familia, gobierno y educación, mencionado por el jesuita anónimo;
histórico, mencionado por Garcilaso; de leyes y ordenanzas, ritos y ceremonias e
histórico, traído por Garcilaso; quipus de cuentas: numérico, mencionado por Garcilaso,
numérico de tributación, mencionado por Cieza de León, numérico de existencias en
tambos, traído por Cieza, numérico de estado civil de la población, traído por
Garcilaso; y por último otra clase de sistema de cuentas, traído por el padre Acosta.
De las citas para clasificación del quipu se puede deducir que este
sistema no solamente transmitía contenidos sino que al mismo tiempo enjuiciaba los hechos
y los valorizaba.
El quipu representó un elemento importantísimo en lo que se refiere a
un exacto control numérico de existencias en tambos, los tributos con los que debía
contribuir cada región y censos de población.
Desde el punto de vista de la educación, organización política y
econó-mica es evidente que el orden y control establecido en el Tahuantinsuyo pudo
llevarse a cabo porque se había creado este importantísimo instrumento de acumulación y
transmisión del conocimiento adquirido.
Y justamente por ser elemento que permitía al español saber sobre
existencias fue al que se le concedió más importancia, quedando así establecido que el
quipu era numérico. En cambio toda la gama de quipus culturales no fueron justipreciados
debido a dos razones: lo complicado del sistema que se hacía imposible de aprender por
los españoles y la falta de interés en el conocimiento de los valores culturales y
educacionales incas, razón por la que fueron relegados al olvido.
* Doctora en Filosofía. Profesora
Emérita de la UNMSM. Fundadora del IIPPLA. Ha publicado numerosos ensayos y artículos
sobre el pensamiento peruano y latinoamericano en revistas especializadas nacionales y
extranjeras. Recientemente el Fondo de Cultura Económica ha publicado cuatro volúmenes
de sus investigaciones sobre el pensamiento filosófico peruano.
1 Murúa, Martín de. Historia del
origen y genealogía real de los Reyes Incas del Perú. Madrid, Consejo Superior de
Investigaciones Científicas, Instituto Santo Toribio de Mogrovejo, MCMXLVI, Libro III,
Cap. I, pp. 155-156.
2 Garcilaso de la Vega. Comentarios
reales de los incas. En Obras completas del Inca Garcilaso de la Vega. Madrid, Ed. Atlas,
1963, Tom. II, Libro IV, Cap. XIX, p. 140. (Biblioteca de Autores Españoles Nº 133).
3 Cabello Valboa, Miguel.
Miscelánea Antártica, una historia del Perú antiguo. Lima, Universidad Nacional Mayor
de San Marcos, Facultad de Letras, Instituto de Etnología, 1951, tercera parte, Cap. 9,
pp. 256-257.
4 Molina, Cristóbal de. Ritos y
fábulas de los incas. Buenos Aires, Ed. Futuro, 1959, Cap. III, p. 21.
5 Sarmiento de Gamboa, Pedro.
Historia índica. En Obras completas del Inca Garcilaso de la Vega. Madrid, Ed. Atlas,
1965, Tom. IV, p. 206. (Biblioteca de Autores Españoles Nº 135).
6 Sarmiento. Ob. Cit., pp. 211-212.
7 Murúa. Historia del origen y
genealogía de los Reyes Incas del Perú. Cap. LIII, p. 224.
8 Ibíd. Libro III, Cap. 52, p. 290.
9 Cabello Valboa. Miscelánea Antártica.
Tercera parte, Cap. 6, pp. 239-240.
10 Acosta, José de. Historia
natural y moral de las Indias. En Obras del P. José de Acosta. Madrid, Ed. Atlas, 1954,
Libro VI, cap. VIII, pp. 189-190. (Biblioteca de Autores Españoles Nº 73).
11 Murúa llega a preguntarse por
qué no escribieron si contaban con los materiales para hacerlo:
«Aun si esta gente quisiera o hallara quien le
enseñara a escribir, aunque no tenían tinta ni papel del nuestro, todavía la tierra
había producido materiales con que aprovecharse; porque un árbol llamado xagua da una
fruta cuyo sumo es blanco al principio y luego poco a poco se va tornando negro como tinta
con el cual los indios solían teñir el algodón, y los españoles se aprovecharon de él
para escribir».
Pensamiento que nos permite ilustrar sobre las
exigencias requeridas para la escritura: debía efectuarse con tinta negra. Murúa. Ob.
Cit. Libro III, Cap. XXV, p. 226.
12 Santo Tomás, Fray Domingo de.
Lexicón o vocabulario de la lengua general del Perú. Edición facsimilar. Lima, Edición
del Instituto de Historia, 1951, p. 82. (Llega al Perú en 1540 y publica su obra en
Valladolid en 1560).
13 González Holguín, Diego (1552-1618).
Vocabvlario de la lengva general de todo el Perv llamada lengua qquichua o del Inca. Lima,
Imprenta Santa María, 1952, p. 309. (Llega al Perú en 1581 y escribe su obra en 1608).
14 Garcilaso. Ob. Cit., Tom. II, Libro
VII, Cap. X, p. 260.
15 Murúa. Ob. Cit., Libro III, Cap. IV,
pp. 169-170.
16 Garcilaso. Ob. Cit., Tom. II, Libro
VI, Cap. VIII, p. 203.
17 Murúa. Ob. Cit., Libro III, Cap. XXV,
pp. 224-225.
18 Anónimo. De las costumbres antiguas
de los naturales del Pirú. En Tres relaciones de antigüedades peruanas. Buenos Aires,
Ed. Guaranía, 195?, p. 186.
19 Murúa. Ob. Cit., Libro III, Cap.
XXV, p. 225.
20 Molina. Ob. Cit., p. 21.
21 Garcilaso. Ob. Cit., Tom. II,
Libro VI, Cap. IX, p. 205.
22 Ibíd., Tom. II, Libro VI, Cap.
VIII, p. 204.
23 Cieza de León, Pedro. Señorío
de los incas. Lima, Instituto de Estudios Peruanos, 1967, Cap. XII, pp. 35-36.
24 López de Gómara, Francisco.
Historia general de las Indias. En Historiadores primitivos de Indias. Madrid, Ed. Atlas,
1946, Tom. I, p. 278. (Biblioteca de Autores Españoles Nº 22).
25 Cieza de León, Pedro. La
crónica del Perú. En Historiadores primitivos de Indias. Madrid, Ed. Atlas, 1947, Tom.
II, Cap. LXXXII, p. 430. (Biblioteca de Autores Españoles Nº 26).
26 Garcilaso. Ob. Cit., Tom. II,
Libro VI, Cap. VIII, pp. 203-204.
27 Acosta. Ob. Cit., Libro VI, Cap.
VIII, p. 190.
28 Tercero cathecismo y exposición de la
doctrina christiana por sermones. Ciudad de los Reyes, Impreso por Antonio Ricardo,
MDLXXXV, sermón XII, p. 68.
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