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Gustavo Solís Fonseca*

¿HACIA DÓNDE APUNTA LA
LINGÜÍSTICA EN EL PERÚ?1

 

 

En las páginas que siguen exponemos algunas reflexiones sobre el trabajo lingüístico en el Perú. En este entendido, las preguntas que nos planteamos se dirigen a indagar sobre la práctica de la lingüística en nuestro medio y sobre lo que se espera de dicha práctica. El interés es explicitar –hasta donde sea posible, y si es posible– la orientación de la disciplina en nuestro medio.

    En la perspectiva expuesta, las siguientes son algunas de las preguntas que surgen a propósito de esta especie de cuenta y razón de la ciencia lingüística y de su práctica en el contexto particular del Perú: ¿Responde su orientación a los intereses de la sociedad peruana? ¿Responde a los intereses de los pueblos indígenas peruanos, hablantes de la mayoría de lenguas, todas ellas en situación difícil para supervivir? ¿El trabajo de los lingüistas en el Perú se orienta a dar respuesta a las inquietudes de las entidades implicadas en las preguntas precedentes?

EL CONTEXTO DE ESTE ESCRITO

El contexto de estas reflexiones es nuestra realidad plurilingüe y multicultural y, en dicho marco, la justificación de la práctica de la lingüística. Se trata entonces de un propósito doble:
    • La justificación de los logros de la lingüística con miras a su práctica,
    • y en menor medida, la justificación de la lingüística como ciencia.

    En tal perspectiva se examinan las razones de validez, tanto de la teoría En tal perspectiva se examinan las razones de validez, tanto de la teoría lingüística tal y como se practica en nuestro país, así como de su aplicación en nuestro medio en los años por venir, en los que el mundo estará marcado por la cercanía e inmediatez de los hombres en el escenario que se suele llamar «la aldea global», probablemente reemplazable muy rápidamente por otro escenario en el que una vuelta a la especificidad pareciera emerger con fuerza.

    Como hemos advertido previamente, las preguntas que nos planteamos están marcadas por un sesgo más bien aplicacional al contexto del plurilingüismo peruano. Nos preocupa la utilidad de la lingüística en un mundo que en nuestro caso transita hacia la modernidad, poniendo cara a cara –como nunca antes– gente de distintas lenguas y culturas, que al mismo tiempo forman parte de sociedades que evidencian relaciones desiguales en múltiples aspectos.

    Es posible en dicho contexto, establecer algún nivel general de relaciones sociales entre todos los miembros del mundo, tan real –si pensamos en las relaciones sociales ciberespaciales– que la gente pareciera asumir la necesidad de una sola lengua para sus interacciones, aunque en la práctica sabemos que no tiene que ser necesariamente en una misma lengua, pues ello también puede darse en más de una. Esto resulta hoy algo tan evidente, que es cada vez más frecuente encontrarse en el mundo con numerosas personas multilingües, que en este aspecto son, ya desde ahora, gente del futuro.

    En vista de esta asunción, es inevitable hacerse la pregunta crucial: ¿y las demás lenguas del mundo, se justifica que sigan existiendo? Pareciera existir una tácita aceptación de la no necesidad o inconveniencia de varias lenguas para las relaciones sociales en «la aldea global». Sin embargo, las personas no renuncian a sus idiomas específicos pese a que pueden comulgar fácilmente con las razones que los llevan a aceptar una lengua común. Han habido muchos casos en el pasado en que se ha optado por lenguas generales sin abandonar las particulares.

    El idioma que servirá para las relaciones sociales en la nueva situación de «la aldea global», se escogería entre unas pocas lenguas, en las cuales el inglés está en primer lugar de importancia. No es fácil determinar cuáles otros idiomas tienen opción para competir con el inglés; sin embargo, la gente considerará para que en la lista figuren, entre otros, los idiomas chino, francés, alemán, ruso, castellano, japonés, portugués, todos ellos con diferente grado de opción y de presencia.

LA HOMOGENEIDAD: ¿ILUSIÓN O TEMOR?

La posibilidad de la vigencia de un solo idioma en el mundo genera temor infundado, pues se correlaciona con esta cuestión: ¿es posible una sociedad homogénea?, la cual tiene una respuesta clara: ¡No! Los términos globalidad –rasgo fundamental de la modernidad– y homogeneidad no son sinónimos. Lo que debemos entender mediante esas palabras es más bien cercanía, conciencia de inmediatez entre todos los pueblos del mundo, multipresencia, al menos virtual, de todos los actores en un escenario cada vez más pequeño, más simultáneo. Ya no mundos en repliegue, ya no gente culturalmente tímida. La expresión «aldea global» sintetiza adecuadamente esa sensación de todo como inmediato, de todo el mundo y de todos en el mundo, como cercanos los unos a los otros.

    ¿Tiene sentido el temor a la homogeneidad lingüística? La respuesta nos parece que debe ser no, pues el mundo no va a ser homogéneo por más que se crea que una tal tendencia parece inevitable. La diversidad de lenguas y culturas va a seguir existiendo en el planeta, pese a que efectivamente van a desaparecer lenguas y culturas históricas y específicas que, a su turno, serán reemplazadas por otras en el futuro. Pero la desaparición de culturas y lenguas concretas, con nombres concretos, no instaura la homogeneidad, debido a que la gente crea inmediatamente otras diversidades en culturas y lenguas.
La historia es testigo de desapariciones de lenguas y culturas en el mundo entero. En el Perú han desaparecido, en los últimos años, varias lenguas y culturas, lo que significa una pérdida irreparable del esfuerzo de grupos humanos que tardaron miles de años en constituir esas entidades específicas en cultura y lengua.

    La tradición y la modernidad no son necesariamente excluyentes. Hay suficientes ejemplos en el mundo de pueblos de los que se puede afirmar que constituyen evidencia de convivencia armónica entre conductas de cultura tradicional y moderna. Postular la incompatibilidad entre la tradición y la modernidad induce a sospechar la presencia de un trasfondo ideológico que no tiene sustento.

¿PARA QUÉ SERVIRÁ LA LINGÜÍSTICA EN EL FUTURO?

Vista la respuesta desde una perspectiva utilitaria, adelantamos la convicción de la instrumentalidad de ella. Algunas razones de su condición útil para el futuro son las siguientes:

a) Para conocer la naturaleza de las lenguas

    Las lenguas oralmente existentes en el mundo son todavía, desde cualquier punto de vista, posición o corriente lingüística, insuficientemente conocidas. Muchas son en verdad nada conocidas. A este cúmulo de idiomas existentes y desconocidos o poco conocidos, debemos agregar las muchas lenguas desaparecidas como realidades orales, pero que existen a través de fuentes escritas, que también requieren ser conocidas. Agregadas estas lenguas que viven una vida entre folios, la justificación de la lingüística para seguir mereciendo la atención de los lingüistas en el futuro, parece no sólo razonable, sino una exigencia con miras a que no quede creación humana de lengua sin que se conozca su particularidad.                                  La lingüística como ciencia tiene ante sí, entonces, una responsabilidad por cumplir: Ofrecernos por lo menos una descripción mínima de las lenguas del mundo, de modo que tengamos de ellas un conocimiento satisfactorio para la comprensión de la naturaleza de los idiomas.

b) Para aprender lenguas

    El aprendizaje de lenguas es otro motivo que justifica a la lingüística en el futuro. Nos referimos a aquel aprendizaje planeado, que se sustenta en bases científicas –lingüísticas y metodológicas– desarrolladas por la ciencia del lenguaje, gracias al trabajo de científicos especializados en la materia.

c) Para la relación intercultural

    Puede sostenerse que el aprendizaje de lenguas parece ser la llave de la interculturalidad, que a su vez es el signo más notorio de la modernidad. La utilidad probada en este menester por la lingüística es la mayor justificación de ella en el futuro.
    Conocer al «otro» es, en resumen, lo que se entiende por modernidad, y este conocer se hace y se hará siempre a través del puente que nos tiende el saber la lengua de los otros2. La lingüística deberá permitirnos la manera más expeditiva para satisfacer esta necesidad de aprender idiomas. Puede suponerse, con relativa convicción, que esta justificación ocupa la máxima jerarquía entre todas las razones que justifican a la lingüística.

d) Para planificar el recurso lengua

    Las sociedades humanas multilingües requieren planificar su recurso lingüístico desde diversas perspectivas. Por cierto, el uso de las lenguas es uno de los aspectos a planificar. La vigencia de los idiomas puede ser un objetivo social que determina acciones de revitalización de idiomas en contra de la extinción de los mismos. La extinción de lenguas es la amenaza más grave a la responsabilidad de la lingüística como ciencia, y a su propósito de dar constancia de toda la diversidad manifiesta por la capacidad humana de ahormar la variedad de lenguas existentes o que existirán en el futuro.

EL OBJETO DE LA LINGÜÍSTICA

De momento, lo que comúnmente se acepta como el objeto de la lingüística pareciera inamovible. Que sepamos, no existen propuestas que impliquen desafío a su vigencia, tal cual se le concibe generalizadamente. Se advierte sí, que hay una práctica cada vez más difundida que consiste en trabajar aquello que es el objeto de la lingüística de un modo más participativo, es decir, los estudiosos prefieren compartir su objeto con otros científicos haciendo de él un objeto compartido. En esta predisposición hay un reconocimiento de la condición de la lengua como entidad de crucero de una serie de realidades. Así, hay sólidamente establecido un conjunto de disciplinas que comparten a la lengua como objeto complejo junto a otras realidades. En esta perspectiva participatoria figuran, entre otras, las disciplinas siguientes: Etnolingüística, Neurolingüística, Sociolingüística, Sicolingüística, Lingüística computacional, Lingüística cognitiva.

    Para la lingüística su objeto de estudio sigue siendo la lengua o las lenguas en general. En un afán de precisión en la identificación del objeto de la lingüística diríamos que éste es la estructura de las lenguas.

    Un sesgo sobre características generales de los sistemas lingüísticos permite hablar de los universales lingüísticos. La focalización en estas características presenta al objeto de la lingüística como refiriéndose a los aspectos universales de las lenguas.

    La expresión universales lingüísticos es el nombre genérico de una serie de rasgos generales de los sistemas lingüísticos que se han constituido en temáticas preferidas de los estudios de la ciencia del lenguaje. Entre otros, temas como la tipología de las lenguas, la naturaleza del cambio, etcétera, se encuentran vistos desde la perspectiva de los universales lingüísticos. En los últimos tiempos hay bastante interés sobre todo aquello que tiene característica universal respecto a la forma cómo desaparecen las lenguas. Nos referimos aquí a la temática de la distinción teórica entre cambios que llevan a la extinción de lenguas y cambios lingüísticos naturales o espontáneos.

LA LENGUA COMO OBJETO COMPARTIDO

Trabajar con la lengua como un objeto compartido, es hoy en día una práctica común, que permite la interacción de los lingüistas junto a otros científicos. El objeto de la lingüística fijado como la estructura de las lenguas resulta cada vez más restrictivo y restringido. Por lo mismo, la lingüística que asume a las lenguas, o a lo que de general hay en ellas, como su objeto, se está haciendo más y más una ciencia muy específica, que considera a la lengua más como un código que como una realidad multiforme.

    La visión de la lengua como un objeto compartido seduce con más facilidad a quienes se acercan al estudio de las lenguas, sobre todo a quienes se aproximan con algún nivel de lo que en cierta manera se ha solido llamar «el lingüista comprometido» con la realidad social, aquellos que precisamente se inclinan simpatéticamente a considerar a la lingüística como una ciencia social. No es de extrañar, entonces, que aparezcan grupos de estudios de cognición, donde muchos provienen de las vertientes de la lingüística, convencidos que solos valen poco, pero no así, si se juntan y comparten a la lengua con representantes de una serie de disciplinas.

    La lengua como objeto científico se está haciendo más y más un objeto muy específico de una ciencia igualmente muy específica. Se dirá que se está constituyendo en sólo el objetivo foco, pero que dicho objeto tiene zonas fuera de foco que en conjunto hacen de la lengua un objeto de ciencia mucho más interesante. Lo focal del objeto de la lingüística trasunta a la lengua como un simple código, bastante alejado de la complejidad de la lengua, como creación humana y como producto de la actividad del cerebro.

    Resulta razonable entonces que el conjunto de fenómenos implicados en la correlación cerebro-mente (cerebro-producto, realidad fisiológica-producto, etcétera), se haya convertido en objeto de una atención sostenida en los últimos tiempos, orientada a dar cuenta del hecho que hablar implica una función del organismo humano y el habla un producto de esa función orgánica.

    En última instancia, la teoría gramatical –o la lingüística– fijará su objeto en aquel complejo que Chomsky (1985) ha llamado, el estado de la «mente-cerebro», pues el conocimiento de una lengua es un hecho de «materia = cerebro, y mente = función». En esta perspectiva, las preocupaciones recientes sobre procesos cognitivos en general y sobre cognición culturalmente específica se justifican plenamente. No es superfluo, entonces, que haya ahora gente dedicada a estudios de cognición en los que la lingüística cumple una función central, tanto como mediación para dichos estudios, cuanto como foco de atención, en la medida en que las lenguas son un producto de la actividad del cerebro.

¿QUÉ DEBERÍA QUEDAR DE LA LINGÜÍSTICA TAL COMO ESTÁ?

Entre otros, los siguientes rasgos:
a) rigurosidad,
b) experimentabilidad,
c) alta formalización,
d) facilidad para la interdisciplinaridad.

    Dos de estos rasgos –rigurosidad y experimentabilidad– son interdependientes; el tercero –carácter altamente formal– es una condición de la ciencia que se cumple más o menos de acuerdo a los objetos específicos de cada ciencia particular.

    La facilidad del objeto de la lingüística para la interdisciplinaridad se condice con la condición de la lengua de crucero de una serie de fenómenos que subyacen a la facultad del lenguaje. Si bien es verdad que como objeto de la lingüística la lengua es un objeto inambiguo, las lenguas como realidades humanas, históricas, son entidades de aristas múltiples, que tocan con una serie de ciencias que contribuyen a que se tenga de ella, cuantas más disciplinas intervienen, mejor percepción y comprensión de su naturaleza múltiple.

¿QUÉ DEBERÍA CAMBIAR DE LA LINGÜÍSTICA PARA QUE CUMPLA CON SUS PERSPECTIVAS?

¿Acaso no deberíamos preocuparnos para que el objeto de la lingüística sea algo mucho más que el simple código de comunicación humana, por mucho que este código tenga que ver con un constructo que se constituye en hipótesis acerca de la capacidad humana de hablar una lengua?

    Esta es una cuestión muy importante, que merece la tengan en cuenta los científicos del lenguaje. Advertir que cuando se señala que la lingüística se ocupa de aquello que hay de general en los sistemas lingüísticos, dejamos al margen aspectos de las lenguas que son fundamentales, es decir, un conjunto de realidades que configuran su condición de organismo vivo. La opción por la generalidad, por creer que con ella resulta más viable hacer ciencia, inclina la balanza a una configuración del objeto que es aquel que asumimos en nuestra ciencia, pero a costa de dejar fuera una serie de componentes de la realidad de las lenguas.

    Sin embargo, aquellos componentes marginados de formar parte de nuestro objeto, reclaman hoy presencia y preocupación de los especialistas. Dichos componentes son los aspectos específicos que ligan a las lenguas más estrechamente con el mundo y sus usuarios, los que tomados en cuenta configurarían un objeto de ciencia inmensamente más rico y más real en su condición de entidad viva al servicio de los seres humanos y cercano a ellos. Hay que rescatar la esencia heteróclita de las lenguas y convertirla con dicha condición en un objeto de ciencia esencialmente multiforme y a garrocha por los campos de la antropología (como creación humana), de la sicología, de la teoría de la información, de la biología, etcétera.

LA RAZÓN DE SER DE LA LINGÜÍSTICA

Si la principal tarea de la lingüística es ofrecernos una descripción de las lenguas del mundo, diríamos que tal encargo está muy lejos de haberse cumplido. La lingüística tiene tareas inconclusas, o ni siquiera comenzadas, con respecto a la mayoría de las lenguas del mundo. En esta dirección podemos inventariar tareas que deberá asumir la lingüística para de esa manera justificar su vigencia en el futuro. Así, los lingüistas esperan de la ciencia del lenguaje:

• Que nos ofrezca una descripción del corpus de lenguas del mundo que satisfaga un requisito mínimo de estándar. Los proyectos del tipo Lingua Descriptive Studies son una propuesta de descripción satisfactoria.
• Que nos ofrezca una propuesta explicativa de la naturaleza y mecanismos del funcionamiento cerebral-cognitivo involucrado en el manejo de las lenguas, teniendo en cuenta la diversidad teórica de estrategias que los seres humanos emplean, diversidad presumible a través de la evidencia de la especificidad cultural y lógica.
• Que facilite el desarrollo de la aplicación de sus logros para la satisfacción de diversas necesidades, tales como:

-Aprendizaje/enseñanza de lenguas.
-Remediación de desórdenes lingüísticos.
-En la comunicación/traducción automáticas. (Trabajos como los de normalización      lingüística, a través de los estudios y difusión terminológica (Convención ISO 2382)     «Tecnologías de información-Vocabulario» (infografía, hipermedia, multimedias).

En este contexto se justifica transcribir la cita que sigue, que se inscribe en la perspectiva de la importancia de la trasmisión de información en el mundo moderno:

    La lengua adquiere un lugar cada vez más importante en todo lo que es tránsito de información y, en particular, en la llamada sociedad de la información (Terminómetro No. 17, 1993, Unión Europea).

    Lo anterior explica urgencias, como las originadas por el proyecto EUROGLOT: Diccionario electrónico multilingüe (red semántica), pues hay «Necesidad de aplicaciones automatizadas, oral y escrita» que deben ser desarrolladas a gran velocidad.
En esta necesidad de la comunicación debe tenerse en cuenta motivos de incomunicación, como el señalado por Yabar y Zierer:

    Dentro de las barreras lingüísticas, la problemática de las barreras tecnolectales –que incluyen también las barreras terminológicas– tiene singular importancia.

LA RELACIÓN LENGUA Y SOCIEDAD

La relación lengua-sociedad tiene –y nos parece que seguirá teniendo– importancia creciente en los años por venir. No se trata de una cuestión de simple moda; por el contrario, es la expresión cabal de la ligazón de la lengua y de la lingüística con sus usuarios, es decir, con quienes son la razón de su existencia y de su servicio. La relación lengua y sociedad parece ser el punto que mejor justifica a la lingüística. Induce a esta presunción, la vigencia –como signo de la cultura moderna– de la comunicación sin fronteras o, por lo menos, más allá de las fronteras o de toda frontera. Podemos asumir con bastante convicción que las comunicaciones sin fronteras son el signo de los tiempos modernos; y que aprender lenguas es el indicio de una conducta que revela que la modernidad se ha instaurado en las personas y en las sociedades.

    Por lo crucial de este tema, no es inusual encontrarse con declaraciones de los lingüistas, señalando que «el código de por sí les interesa poco, lo que más les interesa es la lengua como vehículo de comunicación de sociedades concretas».

LA RELACIÓN INVESTIGACIÓN Y SOCIEDAD

En el Perú se hace muy limitada investigación lingüística, pues esta actividad es más bien una preocupación académica en las universidades. Al margen de las universidades hay algunas instituciones involucradas en el trabajo lingüístico, motivadas fundamentalmente por intereses no necesariamente lingüísticos, sino de índole religiosa o coyuntural de diversa naturaleza. La investigación lingüística en las universidades ha estado dirigida especialmente a servir de dato para sustentar enunciados relacionados con la configuración de nuestra identidad como cuerpo colectivo, es decir, como «nación peruana».

    En general, la decisión de qué investigar, sea la disciplina que fuere, tiene direccionalidad, pues está marcada por los intereses del cuerpo social, para responder a sus motivaciones.

    Los resultados de las investigaciones lingüísticas, o de cualquier disciplina, no tienen igual valor de uso en manos de los distintos grupos humanos. Es evidente que la «usabilidad» de dichos resultados es directamente proporcional a algo que puede llamarse capacidad de uso, la misma que es un hecho de naturaleza fundamentalmente económica. En vista de ello, cabe señalar que el resultado de las investigaciones lingüísticas parecerían tener poco valor para los peruanos, pero esos mismos resultados podrían tener mayor valor en manos de grupos sociales poderosos. De allí que, en síntesis, el que alguien pueda aprovechar mejor de los logros de una investigación depende de una serie de factores que por su naturaleza no están al alcance de las mayorías nacionales del Perú, sino de un pequeño grupo, o de organizaciones generalmente extranacionales que son las que tienen real interés en la investigación lingüística por la convicción del valor de tales investigaciones y de la capacidad de usar las mismas.

    En la mayor parte de los casos, tanto diacrónica como sincrónicamente, los motivos que justifican las investigaciones lingüísticas son, según nuestra experiencia, religiosos. Sin embargo, en los últimos tiempos es notoria la necesidad de investigar las lenguas y el contexto sociolingüístico, para impulsar acciones de educación culturalmente diferenciada, especialmente en el marco de proyectos de educación bilingüe. Otro motivo para el futuro es el desarrollo de la cultura de la interculturalidad, objetivo que configura estrategias educativas que por su naturaleza requieren el manejo de lenguas y contenidos culturales.

    A tiempo de aceptar que toda investigación está condicionada, debe señalarse que el condicionamiento varía. El objetivo que mueve a hacer investigación, en el caso de las entidades universitarias peruanas, aparte de explicar y comprender el fenómeno lingüístico, que es un objetivo estándar y más bien neutro, es el deseo de delinear nuestra realidad lingüística y social con miras a configurar los rasgos de nuestra entidad como colectivo social.

DE LA MULTICULTURALIDAD A LA INTERCULTURALIDAD

Existe en los últimos tiempos la necesidad de distinguir entre una situación puramente descriptiva, que patentiza un contexto geográfico o social de varias lenguas y culturas, frente a la interacción cultural simpatética y tolerante que se orienta a aceptarse, a reconocerse, a no negarse, que implica una conducta cultural y práctica de vivir y convivir con culturas diversas. Lo primero es una situación de multiculturalidad; lo segundo, una práctica de interculturalidad.

    En la práctica intercultural se reconoce a la lengua como un instrumento que facilita el conocimiento de lo diverso, de los «otros» como fenómenos humanos, al mismo tiempo, como medio que permite las relaciones culturales, es decir, la intercomunicación entre los seres humanos. La interculturalidad evidencia casos de pueblos que experimentan en la familiaridad de lengua la llave para la confianza, o para la paz en general. En la Amazonía son múltiples los ejemplos y las experiencias individuales o de grupo que dan constancia de la aceptación de misioneros cuando estos mostraban conocer la lengua de los pueblos que, de no mediar el idioma que acerca el uno al otro, habrían sido completamente adversos a la presencia o trabajo misional.

    Si bien una situación multicultural significa una ventaja comparativa –por la variedad de recursos culturales– también es un escenario en que muy fácilmente pueden darse relaciones desiguales, tales como las que caracterizan el contacto entre los distintos pueblos que conforman el Perú, donde aquellos componentes de la sociedad nacional conformada por los pueblos indígenas, sufren unos más que otros, la discriminación peyorativa. Debemos recalcar que no se da sólo una discriminación que podría reputarse como simple (en términos de «blanco» y «negro»), sino que en el lado «negro» aparecen jerarquizados niveles de discriminación en los que ciertos pueblos, por ejemplo amazónicos (Cugapakori, Matsés, etcétera), se ubican en el nivel más bajo; pero habiendo también en el lado «blanco», varios niveles de supremacía.

LA INTERCULTURALIDAD: LA RELACIÓN LENGUA Y CULTURA

No solamente la lengua como vehículo de la cultura, sino también la lengua como instrumento de la interculturalidad, en un doble sentido: como medio para conocer las culturas en la medida en que hay un alto grado de implicancia entre lengua y cultura, y como instrumento para acceder a ellas, pues las lenguas son contenidos culturales y esquemas de conducta específica en la medida en que hacen posible el desenvolvimiento de las personas en sus culturas.

    La llamada comunicación sin fronteras hace tiempo ha identificado su estrategia para lograr el contacto directo entre los hombres de diversas lenguas y culturas; esa estrategia es el aprendizaje de lenguas.

    La interculturalidad no privilegia el conocimiento de grupo alguno en desmedro de otro, pues apunta positivamente a reconocer la validez de la heterogeneidad, en consecuencia también la validez del conocimiento diverso. Sin embargo, no debemos olvidar que las sociedades están organizadas en el Perú sobre bases desiguales, hecho que repercute fuertemente en las actitudes interculturales, generando prejuicios con el consiguiente discrimen de unos contra otros.

BÚSQUEDA DE NUEVAS FORMAS DE APRENDIZAJE DE LENGUAS (más cómodas, más fáciles, más divertidas)

El aprendizaje de lenguas constituye en los tiempos actuales la preocupación probablemente más importante, en la medida en que es el medio para las relaciones sociales que impone la vida moderna. Surge entonces la necesidad de satisfacer esta preocupación usando los medios que aseguren rapidez, comodidad, divertimento, etcétera. En esta perspectiva se emplean medios informáticos para aprender lenguas, incluso tecnología multimedia.

    Al perfilarse más o menos de manera clara la orientación de las relaciones sociales en el mundo moderno, se advierte también factores que apuntan a predecir la preferencia por el aprendizaje de ciertas lenguas; estas lenguas vendrían a ser los idiomas de la globalidad. ¿Cuál o cuáles son las lenguas de la globalidad? ¿Será acaso el inglés, o habrá más de una lengua que cumpla esta función?

    De otro lado, pareciera generarse temor de comulgar con una sola lengua, aun cuando, como ya señalamos, un temor de tal naturaleza no es justificable, pues “la aldea global” es una ilusión, y quizás una ucronía, pese a que para ciertas personas, el mundo es un mismo lugar solamente que más grande físicamente, pero muy pequeño virtualmente, donde la elegibilidad es limitada, pues la gente tiene más cosas dadas o supuestas y menos cosas para elegir. De allí que la «vida primitiva» se haga más deseable, a tenor de la «nostalgia de los tiempos idos», que son supuestamente mejores.

    La diversidad lingüística está asegurada para todos los tiempos, pues el germen de la diversificación está presente esencialmente en todo sistema lingüístico. En este sentido, si bien podemos imaginarnos una sola lengua para la aldea, esa única lengua será necesariamente diversa internamente, y diversificable en esencia.

¿QUÉ HACER EN LA UNIVERSIDAD?

Las universidades en general tienen dos tipos de acercamiento en relación con las ciencias específicas. Uno es la teorización, con dos posibles objetivos:

a) afirmar el paradigma científico al cual explícita o implícitamente se adhiere el científico implicado en una investigación o en la práctica de la disciplina;y,
b) retar el paradigma vigente para instaurar otro que lo reemplace.

    Provisionalmente, en vista de la limitación para dar cuenta del parecer del conjunto de quienes hacen lingüística en el Perú, sostendría la convicción de que los lingüistas peruanos centran su preocupación en el conocimiento de las lenguas y de sus relaciones con diferentes realidades que la atraviesan, es decir, no la teoría lingüística de modo exclusivo, ni siquiera preponderante, sino fundamentalmente las lenguas concretas y sus caracteres estructurales generales.

    Al hacer lingüística de esta manera, la repercusión en el campo teórico se da más bien en la confirmación de hipótesis, conocida de otra manera como trabajo de validación de hipótesis vigentes en el marco de algún paradigma. Si no es éste el resultado, lo que se tendrá es cúmulos de evidencias que pueden apuntar a capturar alguna característica de las lenguas que eventualmente se someten luego a generalización. Como es obvio, indirectamente se podrá estar desencadenando propuestas de nuevos paradigmas.

    En concreto, creemos que nadie en el Perú trabaja con miras a formular paradigmas científicos relacionados con las lenguas. En lo que estamos involucrados mayoritariamente, es en la descripción, de la que pueden seguir generalizaciones que capturen características universales de las lenguas, que luego pueden incorporarse al fondo común de generalizaciones que enuncian caracteres esenciales de los sistemas lingüísticos.

BIBLIOGRAFÍA

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* Gustavo Solís Fonseca es doctor en Lingüística, profesor principal del departamento de Lingüística de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la UNMSM, Facultad de la que es actualmente Director de la Unidad de Investigación y Director del CILA (Centro de Investigación de Lingüística Aplicada). Es especialista en Lenguas Amerindias. Recientemente ha publicado: La gente pasa los nombres quedan, así como Introducción a la toponimia.

1. El contenido de este artículo fue elaborado en 1997 a pedido del CONCYTEC. Agradecemos a H. Rodríguez Pastor por habernos involucrado para su elaboración.

2. Hay pueblos que reflejan más nítidamente actitudes de modernismo. Por ejemplo, los pueblos indígenas de América en general son exitosos aprendiendo lenguas para intercomunicarse con otros que habitan sus territorios. A diferencia de ellos, los pueblos que hablan castellano en el Perú no han hecho mayor esfuerzo por aprender la lengua de los grupos indígenas.

 


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