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ALMA MATER
© UNMSM. Fondo Editorial

ISSN versión electrónica 1609-9036

Alma Mater     2001;  (20) : 113-119

RESEÑAS



Miguel Ángel Ugarte Chamorro

Vocabulario de peruanismos.
(Lima: Fondo Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 1997; 312 pp.).

El presente trabajo del doctor Miguel Ángel Ugarte Chamorro (1910-1996) se inscribe en la línea de los peruanismos que Juan de Arona inició, y que luego escritores e intelectuales como Ricardo Palma, Enrique Tovar, Pedro Benvenutto Murrieta, Alberto Tauro y Martha Hildebrant continuaron.

El autor había publicado, hacia 1942, su muy difundido diccionario de Arequipeñismos; estimulado por su colega argentino Juan Corominas, de la Universidad de Cuyo (Mendoza) y por el académico español Don Manuel Alvar, Ugarte Chamorro emprendió entonces tan titánica tarea: registrar las voces del Perú. Y en esos afanes no dejó de lado, como era obvio, la ingente cantidad de palabras de origen quechua y/o aimara que a diario pronunciamos, tales como "tambo", "choza", "tamal", "antara", "cantuta", "quena", "apacheta", "calato", etc.

Como es sabido, Don Miguel Ángel Ugarte Chamorro, antiguo catedrático de la Facultad de Letras de San Marcos y Profesor Emérito de la misma casa de estudios, provenía de una distinguida familia de intelectuales arequipeños. Su padre, Don Federico Ugarte fue director del Colegio Nacional de la Independencia Americana; su hermano Hernann llegó a ser elegido Decano de la Facultad de Letras de la Universidad San Agustín, de Arequipa, mientras que Guillermo, su otro hermano, se desempeñó durante décadas como catedrático de San Marcos director de su Teatro Universitario.

El Vocabulario de peruanismos de Miguel Ángel Ugarte Chamorro se constituye como un texto de suma utilidad, como un instrumento básico para adentrarnos en el lenguaje que a diario utilizamos sin saber muchas veces la procedencia de los términos que emitimos. No se equivocaban los viejos maestros al recordarnos que el lenguaje es lo primero que aprendemos y lo último que dominamos. Sea, pues, este texto motivo para continuar pensando e investigando en el Perú y desde el Perú, en torno a nuestro lenguaje diario. (Sandro Chiri Jaime)


La literatura peruana en el periodo de estabilización colonial (1580-1780).
(Lima: Fondo Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2000, 300 pp.).

Este texto contribuye a llenar uno de los más grandes vacíos de nuestros estudios literarios, el de la historia literaria. Con extremado rigor, haciendo las precisiones teóricas necesarias y consciente de las limitaciones que la misma situación de los estudios le impone, el autor inicia un recorrido dinámico por este espacio complejo, conflictivo y móvil.

En la breve introducción se expone la necesidad, la extensión y los límites del proyecto: la sistematización inicial, con un marco teórico sólido, de una problemática compleja, en un esfuerzo que no pretende una historia de la literatura peruana en el periodo mencionado, sino que intenta diseñar las líneas generales que podrían servir a ese enorme proyecto.

El volumen se divide en cuatro capítulos. El primero desarrolla algunas Consideraciones preliminares, donde se precisan algunos conceptos teóricos y se establece el marco periodológico. García-Bedoya se vale de algunas nociones como las de discurso y sistema literario para recuperar la complejidad y dinamismo del campo estudiado, incorporando textos que escapan a los géneros canónicos e instancias como las de la producción, difusión y recepción de textos. Con la noción de sistema literario se superan los viejos esquemas monolíticos y se atisba por fin la representación de la compleja red de relaciones multidireccionales con las que se configuran los fenómenos estudiados.

Por otro lado, el esquema periodológico propuesto continúa y precisa el que se expuso en Para una periodización de la literatura peruana (Lima: Latinoamericana, 1990), entendiendo el periodo como un espacio temporal delimitado por tensiones específicas donde coexisten diversas orientaciones literarias y culturales que se relacionan conflictivamente. La periodización se hace a partir de criterios sociohistóricos, es decir, tomando en cuenta el horizonte de la totalidad social en el cual se inserta la serie literaria.

En el segundo capítulo se hace una presentación general de El periodo de estabilización colonial, definiéndose los marcos político y socioeconómico, cultural y literario. Anotemos que García-Bedoya opta por dar a su trabajo la siguiente dirección: de la serie literaria pasa a la cultural y de allí a las sociohistóricas.

Esta investigación, ampliación de una tesis doctoral, se propone rastrear el proceso de formación de nuestra tradición literaria en la época colonial, lo que determina la presentación del corpus en los dos siguientes capítulos, distinguiendo un espacio discursivo criollo y uno andino.

En el tercer capítulo El discurso criollo se explora el espacio discursivo criollo -categoría cultural antes que racial o étnica- como lugar donde se manifiestan un sujeto y una conciencia criollos, problemáticos y heterogéneos. Se asume el barroco como la dominante cultural de la época; más que una categoría estética se propone como una categoría cultural, contradictoria y multidireccional inserta en una estructura histórica.

Por último, el cuarto capítulo El discurso andino busca una presentación coherente del corpus producido por las elites andinas que emergen en el siglo XVII y que se mantienen hasta 1780, aproximadamente. Esta producción discursiva transcultural no se define (al igual que en el caso anterior) por la identidad étnica de sus productores sino por su relación orgánica con un grupo social, patrocinador y consumidor de esta producción simbólica. Una de las novedades que propone este estudio es la de la existencia de un barroco andino que se nutre de elementos regionales e hispánicos y que por sus características se distingue del barroco criollo. Ésta es una de las propuestas que puede seguirse directamente de las observaciones del autor cuando éste afirma que la unidad del corpus textual de la producción discursiva de las elites andinas juega un rol decisivo en la configuración de un sujeto andino en el virreinato peruano.

Saludamos el resultado de esta investigación, que no propone una periodización simplificada y estanca sino que reinserta el fenómeno literario en los procesos culturales y sociales, siguiendo sus líneas emergentes, dominantes y residuales, descubriendo de esa manera el complejo sistema que subyace a tal reinserción.

Acompañan al texto una cronología y una bibliografía que no se pretende exhaustiva pero que resulta muy sustanciosa.

(José Ignacio Padilla)


(compilador)
Antología general del teatro peruano. Tomo 1: Teatro quechua.
(Lima: Universidad Católica-Banco Continental, 2000).

El ambicioso proyecto -a cargo de la Universidad Católica y el Banco Continental- de publicar una antología dedicada al teatro peruano, que abarque desde sus manifestaciones quechuas en la colonia hasta la actualidad, ha visto la luz en el primer tomo publicado, bajo la dirección de Ricardo Silva Santisteban, quien nos introduce en el mundo quechua con temas como el final del Imperio Incaico (Tragedia del fin de Atau Wallpa, de autor anónimo; Debate de incas, también de autor anónimo y El desgraciado Inca Huáscar, de José Lucas Caparó Mu-ñiz); el amor (Ollanta, de autor anónimo; Súmaq T'ika, de Nicanor Jara y T'ikahina, de Nemesio Zúñiga Cazorla) y la religión (Rapto de Proserpina y sueño de Endimión, de Juan Espinoza Medrano, "El Lunarejo" y El pobre más rico, de Gabriel Centeno de Osma). Claro está que las clasificaciones siempre resultan arbitrarias y terminan en ellas perdiéndose la riqueza en particular que contiene cada obra tanto en el aspecto temático y formal como de género (llámese tragedia, comedia, etc.), y más aún cuando estos términos de origen occidental son ajenos al mundo andino; aunque en la mayoría de las piezas recopiladas se evidencie la influencia española, en especial del barroco, y obviamente la de la religión.

Ausencias como la del Usca Páucar, llaman la atención; ausencia que dicho sea de paso se explica, pero no por eso se justifica en la introducción, en donde se afirma que aparentemente el Usca Páucar sería una "opaca refundición derivativa de El pobre más rico". Afirmación discutible pues, justamente por ser causa de polémica, su inclusión se hace necesaria, para poder así profundizar los estudios al respecto.

Como contrapartida tenemos la presencia de la Tragedia del fin de Atau Wallpa, obra en que la figura del último Inca recoge, de manera peculiar y sentida, la conmoción que causó la aniquilación política del Tawantinsuyo. El texto cobra mayor importancia pues al parecer, su antigüedad -que se refleja tanto en el lenguaje como en los versos- lo haría matriz de otras piezas, como La muerte de Atahualpa, tampoco antologada.

La influencia hispánica se hace palpable en los textos que a continuación serán incluidos en la antología. A pesar de haber sido originalmente escritos en quechua, la organización, la versificación y el estilo los hacen partícipes del barroco español; esto, sin embargo, no los desmerecen sino, por el contrario, en el Debate de Incas como en El desgraciado Inca Huáscar, se abren nuevas perspectivas que traslucen los fenómenos socioculturales de transformación de la época.

Ollanta, quizá una de las piezas más conocidas del teatro quechua, ha sido también antologada, reencontrándonos nuevamente con la fuerza y la vitalidad, el drama y la pasión que no se desdicen ni con el lenguaje ni con la estructura, esta última de probada influencia hispánica. Completan el cuadro amoroso abierto por Ollanta en esta antología, dos piezas hermosas: Súmaq T'ika y T'ikahina. 

El rol que desempeñaron las obras con trasfondo religioso (Rapto de Proserpina y sueño de Endimión y El pobre más rico) en la sociedad de ese tiempo fue importante, ya que se trató de uno de los medios más efectivos para obtener la conversión del pueblo andino. El Rapto de Proserpina y sueño de Endimión es una obra inspirada en el Antiguo Testamento y en donde encontramos una suerte de fusión -que remarca su corte barroco- de la cultura grecolatina (expresada en los nombres de los personajes), la religión católica (su contenido semántico) y, finalmente, el público al que va dirigido (andino). Por su parte, El pobre más rico parece inspirarse en el Nuevo Testamenteo; aunque no es ésa la razón por la que resulta mucho más digerible que la primera, sino por tratarse de una pieza más sencilla en su estructura, más fluida en su verbo y con cierto toque de humor.

El propósito inicial de dar un alcance sobre el teatro quechua en este primer número se ha logrado, y la ausencia de algunos textos resultan un buen pretexto para continuar esta senda ya abierta. El esfuerzo y dedicación que supone este libro se verán recompensados en la continuación de la investigación -en particular del teatro quechua- a manos de intelectuales que ven en esta publicación un reto. 

(Doris Vera Torres)



A favor de la esfinge. La novelística de J.E. Eielson. 
(Lima, Fondo Editorial de la UNMSM, 2001, 132 pp.).

Detallado análisis de las novelas de Eielson: El cuerpo de Giulia-no (1971) y Primera muerte de María (1988), haciendo uso básicamente de las herramientas de análisis textual que brindan dos de las principales corrientes de la teoría literaria en boga en los últimos años: la narratología y la semiótica. Para ello el autor procede, primero a una descripción minuciosa previa a las hipótesis hermenéuticas. En el camino define profusión de términos configurando un pequeño diccionario de conceptos básicos de la teoría literaria.

Luego de situar a Eielson en la generación del 50, lo presenta como un artista en el que convergen -y ello se expresa en su obra- no sólo gran variedad de géneros literarios, sino aun, las artes plásticas; en constante experimentación por probar hasta el límite las posibilidades expresivas del arte, pero a la vez configurando metadiscursos que cuestionan la capacidad del signo para representar la realidad (ya no lo real de lo cual la realidad es un constructo sémico-cultural).

El estudio de Ramírez Franco privilegia la expresión (única) por sobre el contenido (la misma historia que es factible de ser representada por diversos discursos), y en base a ciertos ejes temáticos (el cuerpo, la melancolía, el éxtasis, el silencio, el lirismo) se adentra en una labor de análisis intertextual descubriendo los vínculos entre ambas novelas y otras obras literarias y plásticas de Eielson y de otros artistas.

Por último, intenta el libro de Sergio Ramírez llamar la atención sobre la importancia peculiarísima de una obra -insuficientemente estudiada- capital de la producción literaria latinoamericana.

(J.A. Valencia-Arenas)


El Maromero. 
(Madrid, Editorial Santillana-Alfaguara / UNICEF, 2000; 29 pp.).

Uno de los más importantes autores peruanos de literatura para niños por la calidad de sus textos y constancia de su producción, Eslava -nacido en Lima, 1953-. Luego de un cancionero musicalizado para niños, una novela para jóvenes y cuatro novelas para niños, (con más de un premio internacional), nos presenta este cuento escrito a pedido de la UNICEF, quien escogió a un escritor de literatura para niños por país, en varios estados de América, para que ilustre en un texto uno de los derechos de la Declaración de los Derechos del Niño. "El Maromero" desarrolló el derecho nueve de la Declaración. Derecho a ser protegidos contra toda forma de abandono, crueldad y explotación. Con prólogo de Mario Benedetti, relata la historia de un niño (Pedro) que sufre el divorcio de sus padres y que, a pesar de vivir con la madre, debe soportar el maltrato físico y psicológico del padre cada vez que está con él. Su mejor amigo, Joaquín, decidido a hacer algo por ayudarlo descubre las cualidades mágicas de un muñeco, un maromero: aquello que él haga al maromero le sucederá en la realidad a quien él decida que el maromero represente. Así, empieza una sesión entre lo cómico y la tortura cruel, que terminará con el padre de Pedro en el hospital, en cuidados intensivos y a punto de ser conducido a un centro de reclusión psiquiátrica. Luego de reflexionar respecto a su sufrimiento y en cómo su propio padre ejerció la violencia en él, que hoy la repite, arrepentido comprende su error y se reconcilia con su esposa e hijo.

En el texto se hacen presentes algunos elementos comunes a la obra para niños de Eslava: 1. El rol que cumplen los dibujos formando un todo significativo e interactuando con el resto del texto. 2. Los "efectos de sonido" (en un mundo donde el escritor se encuentra con niños lectores compulsivos de los signos no lingüísticos del play station y los dibujos animados, imagen y sonido son claves para captar la atención de su lector implícito) ejemplo de la interacción de dibujos y onomatopeyas lo vemos en la página 19 con el gráfico de un hombre girando y destrozando electrodomésticos junto al texto: "El papá de Pedro no dijo pío pero empezó SHIU SHIU SHIU SHIU SHIU SHIU SHIU SHIU SHIU SHIU SHIU SHIU SHIU ... a darse miles de aspas de molino por toda la tienda." 3. Elementos mágicos, comunes a la literatura fantástica (el muñeco cuasi budú, utilizado como ayudante). 4. Oposición entre el mundo infantil y el adulto.

Por último puede resultar conjeturalmente cuestionable que siendo un texto declaradamente contrario a la violencia, la supresión del ejercicio de ésta por parte del padre de Pedro no parezca posible sin el ejercicio sobre él de una violencia aún mayor. Si bien es cierto que el autor implícito, en el momento previo a la "conversión" del padre, termina de convencerlo al intentar con la palabra transmitirle el amor que su hijo siente por él.

Esta tensión violencia-no violencia intentará inclinar en última instancia al lector implícito del texto a aceptarse a sí mismo con sus naturales tendencias destructivas, al comprobar que no es el único que las posee, ya que el mismo protagonista con quien se induce la identificación las pone en práctica.

(J.A. Valencia-Arenas)


En nuestro país, tan cruzado por la historia, ningún nombre o apellido puede parecernos extraño. Si lo oímos de súbito en la adolescencia, creció con nosotros y entró ya fácilmente en la familia de lectores, poetas y editores.

Primero, conocimos a Emilio Adolfo Westphalen, allá por 1950, en la famosa peña "Pancho Fierro", fundada por las hermanas Alicia y Cecilia Bustamante, esta última esposa del escritor en ascenso, José María Arguedas. Las dos damas y Jose María atendían gentilmente a los visitantes, casi todos escritores, poetas, periodistas y ensayistas, además de profesores universitarios. De nuestra generación juvenil, sólo Sebastián Salazar Bondy se codeaba con Carlos Cueto Fernandini, Luis Felipe Alarco y el ya conocido poeta Westphalen, quienes asimismo departían con algún artista visitante del exterior. No podían faltar algunos agregados culturales, como los renombrados Gilbert Chase (gran historiador de la música norteamericana, cuya obra desconocíamos aún), Henry Bonneville (después crítico de la obra de Ciro Alegría y profesor descollante en Grenoble, Francia), y el señor Cardillo, maestro de literatura italiana.

Todos, consideraban mucho a Westphalen, pese al increíble hecho de que él parecía haber abandonado la poesía, luego de sus dos primeros libros vanguardistas, Las ínsulas extrañas (1933) y Abolición de la muerte (1935). Quizá su silencio editorial y sus osadías expresivas, sólo comparables a las de César Moro, otro experto en cultivar la modestia y la exquisitez poética al mismo tiempo, le habían creado una aureola de misterio y sabiduría, virtudes que exhibe largamente después, cuando funda y dirige las espléndidas revistas Las moradas (1947-1949) y Amaru (1967-1971). Sólo a partir de 1986 vuelve a reeditar y añadir poemas nuevos a sus delgados y selectos libros, aparecidos ya sea en Lima, México o Lisboa. 

Si uno quisiera desentrañar la marea verbal y las metáforas y símbolos de sus poemas, sólo debe releerlos y captar sus telegráficas esencias: hay cierta maraña que nos envuelve, pero asimismo hay un ascenso hacia una poesía "rebelde" (síntesis del misticismo, simbolismo y vanguardismo), donde ella sólo desea ser pura, elemental, vivir con los símbolos ancestrales del agua, el fuego, el tiempo, la música y quizá "el alma", y rechazar lo prosaico y vano para siempre.

El poeta Westphalen es "difícil", el hombre era apacible, modesto, generoso, y murió hace poco entre recaídas de enfermedades. Antes había muerto Judith, su esposa, ella también artista original, pintora abstracta, amante de geometrías singulares, quien lo acompañó en sus viajes de agregado cultural por Roma, México D.F. y Lisboa.

En las aulas de San Marcos nos dimos con Yolanda Rodríguez de Westphalen, buena alumna de literatura y quien, con el tiempo, publicó su primer libro poético, Palabra fugitiva (1964), el cual traía, nada menos, un prólogo del ensayista y filósofo Mariano Iberico, y un colofón del ya nuevo e influyente crítico Alberto Escobar. Por si fuesen poco esas presentaciones, Javier Sologuren le editó el poemario Objetos enajenados (1971). Y cuando añadió su celebrado Díptico. Saludo a Vallejo. Fuego fatuo (1996), el conjunto de su obra mereció el Premio Internacional de Literatura "Gabriela Mistral" en 1999.

La crítica suele señalar sus dos etapas, la primera, un camino por entre el dolor y la tragedia; y la segunda, la conquista sonora y musical de la esperanza. Aparte de su aplaudida "salutación" a Vallejo, hay un poema especialísimo, "Alumbrar", sobre el curso sucesivamente natural, simbólico y aun milagroso, de un parto, de todos los partos, del nacimiento increíble de un niño, como sólo una madre y las imágenes líricas pueden contarlo.

Y por fin llegamos así a la hija de Yolanda Rodríguez de Westphalen, llamada sólo Yolanda Westphalen, cuyo valor de su estirpe poética la aquilata ella muy bien, y desde estudiante. No sabemos aún si tocará asimismo la lira, pero ha empezado por comprenderla y estudiarla a fondo. Hace poco se graduó con honores en San Marcos, con una brillante tesis sobre la poesía de César Moro, justamente el gran colega y amigo de su tío Emilio. Y esta joven Yolanda no sólo sabe al dedillo las técnicas de interpretación y valoración de textos, aprendidas de maestros de la talla de Santiago López Maguiña o de Miguel Ángel Huamán, sino domina el francés, lengua en que Moro escribió buena parte de su obra luminosa y rebelde, que penetra abismos e infiernos, para contarnos la aventura de una especie de "oráculos" del mal y de la noche. El libro se titula así: César Moro. La poética del ritual y la escritura mítica de la modernidad, por Yolanda Westphalen (Lima: Fondo Editorial de la Universidad de San Marcos, 2001), 145 p. Bajo esos dos pilares, la descripción del ritual de vivir, sufrir y expresarse en imágenes fosforescentes, y de la escritura del mito, que envuelve no sólo a Moro y a Emilio Westphalen, sino a los vanguardistas de varios continentes, cuyo estudio pormenorizado y científico-literario ha empezado al fin, como lo prueba este minucioso libro, bajo esos pilares, repito, Yolanda despliega y esclarece una obra auténtica de creación, que ya no será producto para exquisitos, sino lectura para muchos estudiantes y devotos del vanguardismo peruano e internacional, cuya calidad es ya indiscutible.

C.E.Z.


En octubre de 1970, la Casa de la Cultura de Lima, antecesora del actual INC, publicó una novedosa y útil antología de la obra de poetas peruanos, titulada Vuelta a la otra margen, la cual justamente presentaba el "otro lado del espejo", es decir, la obra de quienes no eran tan reconocidos como debieran. La relación era corta y brillante: César Moro, Carlos Oquendo de Amat, Martín Adán, Emilio Adolfo Westphalen, Jorge Eduardo Eielson y Leopoldo Chariarse. En las últimas décadas, ¿quién puede dudar de que estos poetas han sido cada vez mejor estudiados, mediante libros, ensayos y aun tesis universitarias? Aquella antología sirvió, pues, de acicate, y además, subrayó la poesía supuestamente "difícil" de aquellos autores citados, quienes nos trasmitieron el otro mundo fantástico, el más cercano al misterio y la noche, la poesía nueva que luchaba quizá contra sí misma para alcanzar los altísimos logros de Eguren y Vallejo, pero por otros caminos.

Pues bien, ahora, treinta y un años después, Mirko Lauer, sin duda todavía con el sabor de aquellos llamados "vanguardistas", reedita los textos en prosa de una serie de escritores que, entre 1916 y 1928, contribuyeron con sus juicios a ventilar en el Perú, por primera vez, "el arte nuevo", al que llamaban "nuestro vanguardismo".

Esas opiniones de diversos autores, poetas, narradores y ensayistas, leídas en conjunto como ofrece este sustancioso libro, La polémica del vanguardismo, por Mirko Lauer (Fondo Editorial de la Universidad de San Marcos, 2001), son resultado de un verdadero espíritu de época que reinaba en los jóvenes artistas de Puno, Arequipa, Trujillo, cuyos trabajos se publicaron mayormente en las revistas Amauta, Variedades, Boletín Titikaka (Puno), Chirapu (Arequipa), Cultura (Huancayo), o en perdidas revistas limeñas como Jarana y Química del espíritu. Hasta ahí ha llegado la acuciosidad de Lauer. Creemos que sólo hay un ensayo de Valdelomar, "Exégesis estética", cuya procedencia no señala.

Pero, esta minuciosa selección de textos es además ordenada y calificada por el "Estudio premilimar", donde Lauer sigue, paso a paso, la "polémica del vanguardismo", señalando las posiciones en debate (llega a citar cinco), y luego los juicios de cada crítico, o poeta, o simple comentarista, y todos ellos inmersos en plena discusión sobre este arte nuevo que es un gran camino "hacia nuestra propia estética". Ni siquiera Vallejo deja de intervenir en tal polémica, a quien responden Gamaliel Churata (Antero Peralta) y Esteban Pavletich, pero él no responde directamente, sino con su famoso texto Contra el secreto profesional, donde reafirma su desdén por los vanguardistas.

La fuerza de este movimiento, y la amplitud de la polémica, más rica aún que "La polémica del indigenismo", centrada casi en Mariátegui versus Sánchez, reside en el carácter nacional de los poetas y críticos entre 1916 y 1928, y asimismo en que algunos de sus epígonos, por ejemplo, los poetas José Hernández y Enrique Peña Barrenechea, "ya anunciaban de lejos el purismo poético de los años 50". O sea que no debemos subestimar al grupo, sino insertarlo de una vez por todas dentro de las corrientes literarias principales de nuestro siglo XX.

El estudio preliminar de Lauer es la versión modificada de un capítulo de su tesis doctoral "El viaje vanguardista peruano sobre la máquina, 1917-1930", UNMSM, 2000, tesis que, en su momento, fue aprobada como un ensayo sobresaliente.

En resumen, la actual antología reafirma la valía de aquellos considerados "en la otra margen", en 1970, y que ahora, en los medios artísticos y críticos, se han ganado un sitio permanente en la poesía peruana, no sólo merced a las dos antologías citadas, sino al ejemplo muy racional de Lauer, y también de Oquendo, de seguir la marcha de las ideas y de las escuelas literarias, tal como se dieron en los hechos y como algunos críticos, tan sagaces como Mariátegui y su Amauta, nos guiaron propiamente y a la hora debida.

C.E.Z.


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