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Es un cuento de Carlos Eduardo Zavaleta, representante de la generación del 50. La técnica y/ o estructura narrativa de éste y de otros cuentos de la época constituyeron el marco de referencia sólido que sirvió de modelo al escritor
peruano-español más famoso, Mario Vargas Llosa, cuyo modelo y enseñanzas tuvo más a mano en la primera y decisiva etapa de su producción artística.
La lectura atenta del texto, desde un primer momento, nos invita a una lectura analítica, es decir, una lectura que nos permitirá y asegurará la interpretación del texto en su integridad encontrándonos con todas sus posibilidades de significación lógica y coherencia.
La homonimia representa el "quid" de la narración. Llamaremos narración al conjunto de hechos que constituyen el cuento y que hacen posible que éste sea considerado como un todo unitario.
La homonimia se halla declarada en el cuento, y más aún si la vemos reflejada en su título, como es el caso del objeto que nos ocupa: El Cristo
Villenas. Desde el primer instante, nos encontramos con un paralexema Cristo
Villenas.
Como sabemos, Villenas es un patronímico cualquiera, pero presenta por añadidura el nombre de Cristo, que no es más que un rasgo de identificación por semejanza:
Cristo es utilizado según sus manifestaciones humanas: padeció, tuvo llagas que le sangraron, heridas fuertes, en su cuerpo y en su alma; sufrió torturas.
Tal confusión se produce por la asociación que estableció el cura del pueblo, evocando a Cristo. Además, ilustró sus sermones con la vida del
sihuasino.
Bastó que un poblador dijera que se trataba de un Cristo, para que el pueblo codificara este "signo lingüístico" y lo asociara a Jesucristo.
En todo el cuento, la actuación del pueblo es decisiva. Ellos preservan sus historias, creencias, etc.
Sociológica y lingüísticamente (esta es nuestra posición como lingüistas), la sociedad la hace el hombre, pero el hombre muere y las sociedades quedan; en nuestro caso, el pueblo supervive y no permite que su imaginario, sus historias, que son la historia misma, se alteren en contenido y en esencia. Pues, apreciemos que le cubrían las orejas a un niño para que no vaya a perder o tergiversar (de modo negativo) la historia, la cual ha dejado de pertenecerle a algún hombre en particular.
Los pueblos, desde la antigüedad, se han otorgado el derecho de inventar, manipular y reinventar historias, leyendas, mitos y toda serie de creencias. A todo este conjunto llamamos "el imaginario popular", como su mismo nombre lo está manifestando, el pueblo, como autoridad lingüística, maneja y crea sus discursos. No olvidemos que la lengua es un medio de intercambio y comunicación de ideas, y como tal, sirve como instrumento para llevar a cabo el alumbramiento del pueblo, en el ámbito cultural de sus
creencias- tal como vemos en este cuento, el pueblo maneja su versión sobre la muerte de un hombre
sihuasino, se apodera de la forma de esta extraña muerte y la hace suya, generando una serie de versiones que no necesitan ser cotejadas, pues, todas son tan válidas como la lengua misma.
Por último, el pueblo crea su propia historia, su propia tradición. En El Cristo Villenas observamos, en forma magistral, el registro evidente del imaginario popular, en otras palabras, el valor de la oralidad en toda su dimensión: la creación, la imaginería del pueblo echada al ruedo, para dar paso a sus creencias, historias, acompañadas estas últimas de supersticiones, hechos fantásticos, irrealidades, etc.
Apuntemos trozos textuales del texto:
"lo imaginaron descamado y sangrante, o del todo irreal, como si las quemaduras lo hubieran suprimido. . ."
"Para los vecinos de la plaza los ayes del desdichado no cesaban".
"Por la tarde divisamos en el pecho la imagen de un hombre desnudo, cubierto de cataplasmas, hojas frescas y aceites".
Todos estos textos no hacen otra cosa que ratificar el imaginario popular presente a lo largo de todo este discurso. Ya en estas líneas resaltemos que el lexema "curiosidad" está presente en todo el texto, además, personificado por Delfina.
El paradigma oralidad / escritura nos remite, sin lugar a dudas, al maestro
Saussure. En el perfil de esta línea y apoyándonos un poco en sus seguidores, podemos decir que esta oposición se refleja en el cuento que nos ocupa, ya que su narración se basa en una historia manejada por niños y adultos, laicos y religiosos, profesionales (profesor) y no profesionales; además, instituciones, tales como iglesia y escuela.
El valor de la oralidad, en todo el cuento, es innegable, ya que la historia pasa de poblador en poblador, hasta sumarse en un cúmulo unitario con diferentes variantes (el personaje Delfina le añade más anécdotas a los hechos que motivaron, en un primer momento, la conformación de la historia).
Finalmente el personaje "madre" escribe unas letras a su hijo en las que le explica que no irá a
Sihuas, y, ya para finalizar el cuento, un personaje retorna el contenido de estas letras para llegar a una decisión.
Apreciamos en todas las secuencias del cuento que el adulto manipula al niño. Éste es víctima del adulto, ya que le "tapan las orejas" para que no escuche otra versión de la historia. También, los niños son desalojados de la plaza, y se ven privados de sus juegos: no saltan, no apuestan, etc. El adulto maneja la situación, ordena, codifica lo que debe ser creído y creíble. En resumen, el poblador adulto está en el plano de lo que se dice textualmente:
"se añadió" "se imaginó todo Sihuas" "para los vecinos de la plaza. . . "
Podríamos añadir:
"avivamos la imagen de un hombre. . ."= manipulación
"los curiosos . . . alargaron la historia. . ."= manipulación
"se dijo que había muerto. ." = manipulación
"llevé con mis ojos una cruz y martillé . . ." = imaginario popular.
Es más, a los niños les iban a "tirar de los cabellos" si no desalojaban la plaza. Es de resaltar, que los niños se convierten en fuertes "indagadores" de los hechos que estaban ocurriendo.
Ambos compartían los hechos, la historia, pero eran más mujeres las que pronunciaban los nombres de "Cristo" y de
"Villenas" juntos. Además, muy puntualmente, se añade que eran las mujeres las que lloraban y rezaban. No olvidemos que es un personaje femenino el protagonista de toda esta trama:
Delfina
La mujer bajo la denominación de "chola" posiblemente empujó a Villenas hasta su morada: El perol de chicha hirviendo. Es la mujer la que inicita a la víctima (antes del suceso) a beber, a bailar, a sollozar y provoca escenas que terminan insultándolo, para rematar todo esto con el grito atroz de
Villenas.
El personaje Villenas que se rinde ante las astucias del personaje femenino, que soporta y es víctima de sus antojos, se convierte en el Héroe:
- cae de rodillas sobre la leña,
- en su espalda recibe la chicha,
- resiste el perol con chicha hirviendo como la caparazón de una tortuga,
- es transportado a caballo.
Esta oposición también puede ser vista tradicionalmente como: fieles (pobladores) /cura. Bien, el cura, que es quien ostenta el poder, crea una confusión en los niños al poner ejemplos del sihuasino al referirse a la pasión de nuestro señor Jesucristo. Aquí, el poderoso no es consecuente con el pueblo: entorpece la enseñanza provocando confusión y alteración en la creencia popular con respecto a la creencia religiosa.
El maestro se convierte en un agresor, en un sancionador implacable:
- bota a los niños del aula,
- provoca llanto a los alumnos,
- da bofetadas,
- les llama enérgicamente,
- les hace repetir la historia.
Los alumnos se confunden. Ellos son participantes directos de las vivencias generadas en su pueblo, es decir, viven, sin interferencia, su proceso de culturización.
Esta oposición tipifica a Deffina vs. Lúcar.
Delfina es el prototipo del poblador de Sihuas y la impulsora para que las historias en el pueblo cobren vida. En la parte final de la historia es que vemos aparecer al forastero Lúcar, que en la teoría de Adorno y Todorov, bien podría conjugarse con la categoría del "Otro", el que no cree en esa historia y el que rechaza la mezcla de versiones de la misma.
En un primer momento, nos encontramos con una naturaleza castigada por un aluvión y con seres que de alguna manera sufrieron (la abuela muerta). Podríamos interpretar que los "¡Ayes¡" de Villenas representaron mil muertes de anónimos por el "quebranto, ahondado por el aluvión que se llevó Ayaviña". Y sumándose al desastre natural, tenemos el descontento del mundo animal, a manera de presagio:
- "los perros aúllan"
- "los cerdos gruñían"
- "los conejos y cuyes armaban tropelías".
Por último, sumándose a tanto desastre, como antesala, presenciamos el padecimiento del escogido, "el Cristo", el Villenas o Cristo Villenas, como lo denominaron los pobladores.
La inferioridad del animal, en este caso, tiene cierta notoriedad, a manera de presagio; pero, el hombre, ser superior por excelencia, vemos que pierde sus fuerzas, que es víctima de casos fortuitos y muere padeciendo como Cristo.
Villenas se muestra muy confiado departiendo con todos; por otro lado, los animales, especialmente los perros aúllan desconfiados (cf. p.7).
Asimismo, tenemos otro modelo a aplicar: el pueblo confía, de manera inconsciente, en sus historias; el que no es lugareño: "La historia debía tenerse por falsa".
El profesor también desconfía, le pregunta a uno y a otro alumno, hasta que finalmente todos se confunden.
El nombre de Cristo motivó que los niños confundieran la historia pueblerina con la pasión de Cristo Nuestro Señor, se confunde Villenas con Cristo por lo siguiente:
- padeció tres días antes de morir,
- el pueblo le adjudicó una cruz (en su imaginación),
tuvo llagas,
- derramó sangre,
- no se supo la causa exacta que motivo este hecho,
- padeció, levantó su faz, abrió sus dedos, se desplomó acezando, sus cabellos hirvieron en la chicha,
- las mujeres corrían para salvarle (recordemos a las mujeres que acompañaron a Jesús),
- el cura ilustra sus sermones con la vida de Villenas.
El excelente cuento El Cristo Villenas es un todo conformado por dos partes, legítimamente emparentadas, al punto lógico de conformar dos secuencias.
Presenta una constante desde sus primeras líneas hasta la última.
Creemos que una de las muchas lecturas que se pueden efectuar es la de plantear el texto como un conjunto de dos secuencias narrativas, que se empalman una con otra, con un solo hecho: recorrer todas las incidencias y/o hechos narrativos que se congregan en torno a una intención no deliberada de asignar la denominación de Cristo a un mortal que, según los pobladores, tuvo una pasión similar a la de nuestro Señor Jesucristo.
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* C.E. Zavaleta, "Prólogo" a El Cristo Villenas, 3° ed. (Lima, Lluvia, 1983) p. 9.
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