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Si me preguntaran quién me despertó afición por hechos históricos peruanos, contestaría sin vacilar: Las Tradiciones Peruanas de Ricardo Palma. Explicaré la coyuntura que me permitió que me fueran familiares "Los Ajedrecistas", "Don Dimas de la Tijereta" o "Los veinte mil godos del obispo": esta coyuntura se debía a la preparación de la edición de Espasa Calpe, con ilustraciones de Marco, que gestionaban en Madrid Angélica, Augusta y René, las tres hijas del autor. Mi madre fue la cicerone en sus tratos editoriales, y las pruebas de imprenta eran leídas en mi casa, y yo tuve ocasión de oír leer en voz alta, para el cotejo de correcciones, o de leerlas por mi cuenta. A los 15 años sabía más historia hispanoamericana
-modestia aparte- que muchos estudiantes universitarios que, sin culpa, no podían cursar estudios de Historia de América, inexistentes en nuestros planes de estudios hasta 1944, como veremos.
Terminando mis estudios de licenciatura pasé a Munich para especializarme en Arqueología Americana, estudiando con
Ubelolide-Doering, que me introdujo en el mundo mágico de las artes del Perú, recomendándome las lecturas de viajeros por las sierras andinas, y de especialistas como Max Uhle. Enterado de la presencia de este sabio en Berlín, me desplacé a la capital de Alemania, entablando una duradera amistad con él, pues residí en la misma Studenten Haus en la que vivía, pensionado por el gobierno Alemán Decidí entonces
-año 1929- regularizar mis estudios en Alemania, los que continué hasta 1945 en que me doctoré en la Kaise Wilhelm Universitát, compatibilizando mis obligaciones en España con los
Sommer-Semestern alemanes.
El año 1934 supuso mi primer hallazgo importante: la localización, en la biblioteca de Real Palacio, de los IX volúmenes de Trujillo, del Perú, mandado hacer por el Obispo Martínez Compañón en el siglo XVIII, del que se tenía noticias confusas desde el Congreso de Americanistas de Madrid. Redacté un catálogo completo y lo envié a la "Societé des Americaniste" de París (a la que pertenecía desde el mes de abril de ese mismo año), al cuidado del que fuera profesor mío en París durante el año 1933, Paul Rivet, famoso lingüista, editor de trabajos sobre las lenguas andina Secretario entonces de la Sociedad. En 1935 aparecía en el Journal (ver núm.
1 en las Notas Bibliográficas
-NB-) mi trabajo, de 29 páginas y dos láminas. Tan pronto se difundió en los medios americanistas el hallazgo, me llovieron peticiones de fotografías, especialmente del volumen IX, dedicado a las antigüedades prehispánicas. Pude satisfacer de inmediato la petición de Julio C. Tello. La Guerra Civil española cortó esta recién nacida amistad. Cuando visité Lima, en 1951, ya el sabio peruano había fallecido, pero Rebeca Carrión Cachot
-con la que tuve una excelente amistad hasta su muerte- me certificó la alegría del maestro al recibir las fotografías. Al paso del tiempo
-60 años- he podido dirigir la edición facsimilar de los nueve volúmenes de Martínez Compañón, en los Apéndices II y III, en 1994 (ver núm.
2 en las NB).
En 1934, D. Américo Castro (Catedrático en Literatura en Madrid, luego famoso por su polémica con Sánchez Albornoz) fundó en el Centro de Estudios Históricos de Madrid, una Sección de Estudios Americanos, en la que integró a los jóvenes que nos dedicábamos a las cosas de América. Éstos fuimos, además de mi persona, el filólogo y antropólogo Angel Rosenblatt, Rodolfo Barón Castro, Ramón Iglesia Parga y Silvio Zabala, es decir, un argentino, un salvadoreño, un mejicano y dos españoles. Trabajábamos todos reunidos alrededor de una larga mesa, constituida en redacción de la revista, que comenzó enseguida a salir, "Tierra Firme".
Mi curiosidad por la historia antigua y colonial del Perú, cristalizó en dos trabajos, uno sobre Álvaro de Mendaña y otro sobre un importante ceramio del Museo Arqueológico Nacional (núms.
3 y 4 de las NB). En 1935 se incorporó a la Universidad de Madrid el profesor Hermann Trimborn, de la de Bonn, que impartió clases sobre las culturas andinas. Desde entonces, hasta su fallecimiento, nos unió una entrañable amistad. Es curioso que el lanzamiento institucional de Americanistas españoles fuera obra de un Profesor
-América Castro- de Literatura, aunque ya existía en Sevilla una Escuela de Estudios americanos, de carácter histórico.
En 1935 tuvo efecto en Sevilla, en los locales del Centro Hispano-Cubano, el XXVI Congreso Internacional de Americanistas, en el que fui designado Secretario de la Sección de Arqueología y Antropología, donde pude estar por última vez junto a Max Uhle y conocer a Martin Gusinde, con el que uniría (especialmente a partir del fin de la II Guerra Mundial) una inolvidable amistad, habiendo impartido en la Universidad de Valencia (de cuya Facultad de Filosofía y Letras era yo Decano) un curso completo de 1946 a 1947. En este Congreso presenté una comunicación sobre la extraordinaria colección de Tiahuanaco, Nestler del Museo de Praga. Desgraciadamente, durante la Guerra Civil, se perdieron casi todos los papeles de este Congreso, entre ellos el mío.
El arqueólogo español Juan Larréa, ofreció para el Congreso de Sevilla su colección de antigüedades peruanas que, en efecto, se expuso. Los organizadores del Congreso me solicitaron un estudio que ilustrase el contenido de la colección (núm.
5 de las NB) Entre los objetos de esta colección, luego vendida por su propietario a España y hoy en el Museo de América, figura una gran cabeza de piedra, con la cinta y borla imperial, que Larrea atribuyó, con razón, a la estatua perdida del Inca Viracocha (ver su trabajo, Corona Incaica). Volveremos sobre este asunto en líneas posteriores.
Dos crueles guerras cortaron las relaciones
internacionales, la Civil Española
(1936-1939) y la II Mundial (1939-1945). Durante la primera los españoles no pudimos concurrir a los Congresos de Americanistas, y durante la segunda no se celebraron. El primero, después de estos dos avatares, fue el XXVIII, en 1947, en París, al que ya pude asistir. Pero entre tanto no abandoné el tema peruano. En 1940 aparecía mi biografía de Francisco Pizarro (núm.
6 de las NB) y en 1942 se me concedió el Premio del Concurso Nacional sobre el tema de Recuerdo y presencia de Francisco Pizarro, libro de 126 páginas (num.
7 de la NB.). En el Congreso de París presenté un inventario, que sigue siendo útil, sobre objetos peruanos prehispánicos en colecciones españolas (Pág. 649, resumen de las Actas del Congreso, París 1948). Todavía en los años cuarenta, 1946, aparecía la primera edición (hubo tres más) de mi Historia de América, prologada por el Dr. Gregorio Marañón (núm.
8 de las NB.).
La década de los cincuenta es en cierto modo decisiva para mis trabajos y, por excelencia, del desarrollo del Americanismo peruanista, en España. Ya en 1944, los americanistas de Madrid, Sevilla y Valencia habíamos conseguido de las autoridades ministeriales (en España,, entonces todas las Universidades eran del Estado), que en el plan de estudios de la Licenciatura de Historia se incluyera una Historia de América y de la Colonización española en América, materia imposible de desarrollar a nivel universitario, desde la Prehistoria a la Independencia.
En Madrid y Sevilla existían secciones especiales, en licenciatura, de Historia de América. Mi integración a la de Madrid, como catedrático de Historia de la América Prehispánica; de Arqueología americana, y de Introducción al estudio de las Lenguas Indígenas de América, tres materias individualizadas, que absorbían todas mis horas semanales, determinó la creación del Seminario de Estudios Americanistas y del Seminario del Indigenismo (que he dirigido hasta 1985), ocupado este último de los problemas actuales del indígena americano. Por esta labor se me concedió en el año 1996 la Medalla Padre de Las Casas, destinada a premiar actividades misioneras o de interés por los indios y sus culturas. Puede decirse que el Americanismo español universitario nace y se desarrolla en esta década. También en 1950 fui designado Secretario General del Instituto Gonzalo Fernández de Oviedo, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y editor de la Revista de Indias.
En 1950 hay que señalar dos hitos importantes: la publicación de mi investigación acerca del Descubrimiento y Fundación de Potosí (núm.
9 de las NB) y el hallazgo en la Biblioteca del Duque de Wellington del manuscrito perdido de la Historia General del Perú, de Fray Martín de Murúa. Llegaba a punto este hallazgo, para que el descubrimiento se proclamara en un foro internacional, que fue el I Congreso Internacional de Peruanistas, celebrado en Lima en 1951, organizado por el inolvidable Porras Barrenechea, con el que me unía íntima amistad desde 1935, en que pude acompañarle a la visita de los lugares históricos de la provincia de Burgos. Llevé slides en color de todas las láminas de la obra del mercedario, un estudio de 360 líneas, que fue mimeografiado para uso de los congresistas. Lamentablemente las actas nunca se editaron y mi estudio quedó enterrado en las copias citadas. Yo propuse a este Congreso que se hiciese una selección de los trabajos más importantes de aquella reunión.
La asistencia a aquel Congreso
supuso para muchos el
primer contacto con América, sus monumentos coloniales y ancestrales. Las visitas a las colecciones prehispánicas de los museos y colecciones de Lima, el conocimiento del doctisimo Larco Hoyle y de la Dra. Carrión Cachot, con la que planeamos una colaboración para la edición de Murúa, lo que no pudo cumplirse por el retraso editorial
(1962-64), cuando ella ya no estaba con nosotros. Aparte de la edición citada, el tema de la obra de Murúa (y no Morúa, como se había difundido erróneamente) dio motivo a varios trabajos míos (núms.
10, 11,
12, 13,
14, 15,
16,
17, 18 de las NB). Pero también supuso el conocimiento directo de los vestigios del pasado, en Cusco y Tiahuanaco. En Cusco particularmente las ruinas producidas por el entonces reciente terremoto de 1950, y el descubrimiento de estructuras incaicas del antiguo Coricancha, al derrumbarse los muros del convento Santo Domingo. Los españoles que estábamos presentes (Guillermo Díaz Plaja, Guillermo Céspedes del Castillo, y yo, como Presidente de la Comisión española), redactamos una "Carta de Cusco" en que propugnábamos que al reconstruir el convento, se dejaran visibles las ruinas prehispánicas. Parece que esto produjo alguna intranquilidad entre los dominicos cusqueños, desaparecida cuando en 1966 otra misión española, como veremos, pasó por el Cusco camino de Chinchero, para realizar excavaciones. Felizmente, parece que nuestro consejo fue seguido y permanecen visibles las paredes incas. Este grupo de expedicionarios contó con la participación del sociólogo francés Luis Baudin.
Todavía en los años cincuenta
habría de ocuparme yo de temas peruanos, como la parte de la Historia Social y económica de España y América, dirigida por Vicens Vives, dedicada a la América precolombina
(nums. 19 y 20 de las NB), y la publicación de un documento episcopal cusqueño inédito, sobre el botín de Cajamarca y la prisión y muerte de Atahualpa (núm.
21 de las NB).
En 1963 veía la luz pública un
trabajo mío de mayor enjundia, al que dediqué muchas horas, con base en narraciones de cronistas y documentos contemporáneos: era un volumen de la Historia de América y de los Pueblos Americanos, el IX titulado Descubrimiento y Conquista del Perú, que años después tuve la alegría de saber que en las clases de Historia del Perú, en la Universidad de San Antonio de Abad, se utilizaba como texto básico (núm.
22 de las NB). Tras este inicio, la década de los 60 será el comienzo de grandes actividades peruanistas motivadas por mí y por la participación de numerosos investigadores y futuros peruanistas españoles. En el VII Congreso Internacional de Minería me volví a ocupar de la minería andina (núm.
23 de las NB.). Y en 1962, como indiqué anteriormentel, los dos volúmenes de la obra del P. Murúa, con sus láminas. Cabe decir que no sólo es la edición completa del texto original, sino que además puede calificársela de princeps, con amplio estudio del preliminar mío y unas palabras del propietario del códice, el entonces Duque de Wellington y Ciudad Rodrigo (núm.
24 de las NB).
Pero lo verdaderamente importante para el peruanismo español, fue el cumplimiento del deseo despertado en mí tiempo atrás, de que una misión española pudiera realizar exploraciones arqueológicas en América. La última había sido en 1784, 182 años antes y, como los caminos más inesperados conducen a metas anheladas o buscadas, fue al final de las exploraciones de Nubia y Egipto, iniciadas por la UNESCO para salvar los monumentos que inundaría la Presa de Assuán, y en los que tomó parte un equipo español, lo que permitiría el comienzo de exploraciones, en el Perú. A comienzos de 1966 la noticia llegó a la prensa, y apenas leída le pedí audiencia al Director General de Relaciones Culturales, de nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores, entonces regentado por el Prof. Castiella Maíz, antiguo embajador de España en Lima. El mencionado Director General era don Alfonso de la Serna, y a él
-con el que me unía una vieja amistad con su padre (el famoso escritor Víctor de la Serna)-le pregunté qué destino se iba a dar al resto del crédito asignado para aquel año a los trabajos egipcios: "se devolverá al Tesoro", fue la respuesta. Yo elaboré un proyecto para que ese crédito se asignara a trabajos arqueológicos en Hispanoamérica, especialmente en el subcontinente meridional, porque de la frontera de Panamá hacia el norte se encontraba en la costosa área del dólar. Así fue acordado por el Ministerio, construyéndose la Junta para la restauración y conservación de las culturas indígenas de Sudamérica y Filipinas, integrada por expertos y representantes de entidades culturales.
Aprovechando mi estancia en Argentina, asistiendo a un Congreso en Mar de Plata, enviado por la citada Comisión, visité Paraguay, Bolivia, Chile y Perú, renunciando a Colombia, porque la prometedora región de Huila, estaba infestada por la guerrilla o los bandoleros. En Lima, atendido por el entonces presidente del la Cotur Perú, Miguel Mujica Gallo, me desplacé al Cusco y puesto en contacto con el ingeniero Guzmán, fallecido hace poco tiempo, éste me llevó a Chinchero, cuyas imponentes ruinas de unos palacios, decidieron el lugar donde la Misión Española había de trabajar. En septiembre de ese mismo año realicé algunas prospecciones y al año siguiente, hasta 1972 la misión estuvo trabajando. Para el acto de entrega de las labores realizadas al Instituto Nacional de Cultura, en presencia del Dr.
Kaufmann-Doig, compuse un pequeño folleto, que se distribuyó entre los cientos de personas, del pueblo de Chinchero y otros sitios cercanos, que estaban presentes en la plaza principal (núm.
25 de las NB). Luego, como indicaré más adelante la misión española trabajaría en la antigua Cacha (Racchi). En 1969 ofrecí en dos ocasiones información de los trabajos de Chinchero (núms.
26 y 27 de las NB).
En el decenio de los años setenta publicaba un estudio sobre Mateo Pumacahua (núm. 28 de las NB.). Pero volvamos a la arqueología. La provincia de Sicuani, departamento del Cusco, por medio de la Embajada española en Lima, solicitó al Ministerio de Asuntos Exteriores que la Misión volviera a la sierra peruana, para explorar el campo de ruinas de Racchi, a cinco kilómetros de Tinta, que ya habían hecho visitar los de Sicuani. El Ministerio accedió y nuevamente, comenzamos en 1975, las exploraciones de Racchi, que duraron hasta 1985, en que el Ministerio consideró, por las actividades terroristas en el Perú, que era peligroso exponer a los equipos a un atentado. Aunque volveré a tomar la secuencia cronológica, debo hacer unas consideraciones sobre lo que significó estar trabajando en la sierra peruana con profesores y alumnos, contando con la colaboración de técnicos peruanos, como el doctor Chávez Ballón o el ingeniero Samanéz y el arquitecto boliviano José Mesa y el peniano Víctor Pimentel. Pero en cuanto a la promoción del peruanista español, las estancias en los Andes fueron extraordinariamente fecundas. Allí, decenas de alumnos y profesores comenzaron a amar al Perú y sus cosas.
Fecundas sí, bastará
las nominas de
las personas que se formaron en
estas campanas para comprobarlo. La primera Misión (la de Chinchero) fue la más diversificada, pues los objetivos eran múltiples, arqueológicos, lingüísticos, antropológicos, históricos. José Alcina Franch y Miguel Rivera, luego felices excavadores en la Tolida e Ingapirca, el primero, y en Oxkintok (zona Maya) el segundo; Marco Dorta (fallecido ya) se ocupó del Arte Colonial y se afirmó posteriormente con la restauración de Jesús Machacha en Bolivia; Claudio Esteva Fabregat produjo una serie de opúsculos sobre las comunidades de los "ayllus" del Municipio de Chinchero y la Dra. Bravo Guerreira y yo exhumamos la documentación histórica (núm.
28 bis de las NB). L Dra. Emma Sánchez Montañés inició su dedicación al arte indígena contemporáneo, en el que ha llegado a ser maestra. En la campaña de Racchi, eminentemente arqueológica, tomaron parte Flor Portillo (prematuramente desaparecida) y Alicia Alonso Sagaseta. Mi participación escrita dio cuenta de los resultados y problemas arqueológicos y etnográficos (núms.
29 -30-31-32-33-34-35-36 y
37 de las NB).
Quizá, para no alargar esta exposición, debería concluir aquí, pero me daría una impresión falsa, de que desde los setenta nuestra preocupación peruanista (y americanista también, a la que no hago referencia) se había aminorado.
Sucintamente recordaré mi
Biografía de Almagro, en 1975 (núm. 38 de las NB). Mi trabajo sobre la Cultura y Religión de los pueblos amerindios (núm.
39 de las NB), y ya en esta década, el hallazgo y la publicación de un mapa inédito de Lucas de Quirós, realizado en Lima, de todo el Continente Sudamericano (núm.
40 de las NB) y en 1992 el mapa más antiguo, dado a conocer por mí, del Callao, con el asedio holandés de 1624 (núm.
41 de las NB) y finalmente, como cierre de mis viejas inquietudes peruanistas, los estudios II y III, sobre la obra del Obispo trujillano Martínez Compañón, descubierta por mí sesenta años antes (núm.
42 de las NB).
Esta es mi rendición de cuentas, al final de mi vida personal y científica en relación con el conocimiento de las cosas del Perú, en que la escuela matritense, especialmente universitaria, se ha alzado con gallardía. El americanismo español cuenta ahora con especialistas notorios en Sevilla y en Madrid, con importantes series editoriales y revistas, y con actividades monográficas en Valladolid y Barcelona.
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NOTAS BIBLIOGRÁFICAS |
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(1) 1935, "Un manuscrito colonial del siglo XVIII, su interés en lo gráfico". Journal de la Societé des Americanistes, nouvelle serie. XXVII. París.
(2) 1993 - 94, ver núm. 42 de estas NB.
(3) 1935, "Nuevos papeles sobre la expedición de Alvarado de Mendaña", Tierra Firme. Madrid
(4) 1936; "Un testimonio de la cerámica peruana", Tierra Firme. Madrid.
(5) 1935. Arte peruano, ed. del XXVI Congreso Internacional de Americanistas de Sevilla, Madrid.
(6) 1940, Francisco Pizarro, Biblioteca Nueva, 314 pp. Madrid.
(7) 1943, Recuerdo y presencia de Francisco Pizarro. Premio Nacional de Literatura. Madrid.
(8) 1954, Historia de América, con prólogo del Dr. Gregorio Marañón. Eds. Pegaso. Madrid. Hubo varias reediciones, la última, con amplios apéndices actualizadores, en 1989. Madrid.
(9) 1959, Descubrimiento y fundación de Potosí, Seminario Nacional de Hispanidad. 76 pp. Zaragoza.
(10) 1951, El original perdido de la "Historia General del Perú" de Fray Martín de Murúa, mercedario. Comunicación presentada al 1 Congreso Internacional de Peruanistas. (no publicado aún por el Congreso).
(11) 1952, La "Historia General del Perú" del mercedario Fray Martín de Murúa. XXX International Congress of Americanists. Cambridge.
(12) 1953 -54, "La Crónica de zurúa y la crítica del Inkairo". Runa. Archivo para las Ciencias del hombre. Vol. VI,
97-117 pp. Buenos Aires.
(13) 1954, Protohistoria peruano: la Copacuna según Murúa. IV Congreso Internacional de Prehistoria y Protohistoria. Madrid.
(14) 1962, Introducción (a la ed. de la Historia de Fr. Martín de Murúa). Vid. Murúa, Fr. Martín.
(15) 1964, La guerra incaica según una fuente española. Homenaje a Fernando Márquez Miranda. Madrid.
(16) 1978, "Relación entre Fray Martín de Murúa y Felipe Huamán Poma de Ayala". Estudios Americanistas 1. Homenaje a Trimborn, ed. de R. Hartmann y Udo Oberen. BAS. Bonn.
(17) 1981, "Dos cronistas paralelos: Huamán Poma y Martín de Murúa (confrontación de las series reales gráficas)". Anales de Literatura Hispano Americana. Vol. IX, núm. 10. Universidad Complutense, Madrid.
(18) 1982, "La conquista del pasado; el manuscrito perdido de Fray Martín de Murúa". Historia
-16. Madrid.
(19) 1957, América precolombina, en Historia social y económica de España y América. Barcelona. Reimpresión en 1971, con el título de Historia de España y América, ed. V Vicens Vives y nueva ed. en 1972. Barcelona.
(20) 1958, Introducción a viajes por América del Sur, Biblioteca Indiana. Aguilar. Madrid.
(21) 1957, "La conciencia moral y el botín de Atahualpa". El Correo Erudito. Madrid.
(22) 1963, Descubrimiento y conquista del Perú. 448 pp. Salvat eds. Barcelona.
(23) 1960, "Notas sobre el trabajo minero de los Andes, con especial referencia a Potosí, siglo XVI y siguientes".VI Congreso Internacional de Minería, Vol. 1. León.
(24) 1962, Historia General del Perú, origen y descendencia de los Incas, por Fray Martín de Murúa, con estudio preliminar de Manuel Ballesteros Gaibrois y palabras iniciales del Duque de Wellington. Biblioteca Americana Vetus, Madrid. Hay reedición, con notas del mismo Dr. Ballesteros en "Crónicas de América", en 1987.
(25) 1972, Sencilla Historia de Chinchero, Cusco.
(26) 1969, "Sommersitze der Inkas in Chinchero (Perú) entdeckt-", Urnschau um Wissenschaft und Technik, Heft 2 1, Franldurt am Mein.
(27) 1969, "Trabajos científicos de Chinchero (Perú), informe preliminar". XXXVIII Congreso Internacional de Americanistas, Actas, tomo I.
(28) 1972, "Papeles del brigadier Matheo Pámaccahua", V Congreso Internacional de Historia de América, 1971. Actas, Vol. II. Lima.
(29) 1978, Die Inka als Bauherren und Architeckten, Basel.
(30) 1979, "Racchi, la conquista del pasado, ruinas enigmáticas". Historia
-16. Madrid.
(31) 1980, "Superviviencias del 'ayllu' andino y sus características (comarca del Cuscc,)", en colaboración con M.C. Martín Rubio. Revista de la Universidad Complutense, Vol. XXVIII, núm. 117 Madrid,
(32) 1980, "Mito, realidad, tergiversación en torno a Cacha y el 'templo' de Racchi". Revista del Museo Nacional, Lima.
(33) 1981, "Investigación en torno al Templo de Viracocha (Racchi) en el Perú", Scripta Etnológica. Vol. VI. Buenos Aires.
(34) 1981, "Racchi (Perú) un enigma arqueológico". Investigación y Ciencia. Madrid.
(35) 1982, "Especulaciones en torno a las ruinas de Racchi", Revista Española de Antropología Americana, Vol. XII, Madrid.
(36) 1972, "Ethnohistoria de la Sierra peruana", XI- Congreso Internacional de Americanistas, Roma
(37) 1972, "Construcciones incaicas. Descubrimientos recientes", Revista Sandoz, Basilea.
(38) 1975, Diego de Almagro, Madrid.
(39) 1985, Cultura y Religión de la América Prehispánica, 346 pp. De. Católica, Colección Sémina Verbi, Madrid.
(40) 1991, Cartografía histórica del Nuevo Mundo, Editorial Magisterio, Gran Formato, con 20 láminas color. Madrid.
(41) 1992, "El asedio del Callao en 1624", con dos láminas en color, Revista General de Marina, Madrid.
(42) 1994, Apéndices complementarios, y estudios a la edición facsimilar de Trujillo del Perú, de la Biblioteca Real. Eds. Cultura Hispánica. Madrid.
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