¿QUÉ DEBEN HACER LOS MAESTROS PARA AYUDAR AL NIÑO CON DEFECTOS DEL HABLA?

 

El defecto del habla en un niño que ingresa a la escuela supone un handicap para su integración y adaptación social, así como para conseguir el rendimiento escolar en proporción a la capacidad que tiene. Además, el niño en dicho medio puede sentirse marginado por sus compañeros, incluso humillado y frustrado, generándole sentimientos de inferioridad y minusvalía con respecto a sí mismo.

Así, el niño se encuentra en una situación desafortunada frente a los demás, peor aún cuando la(el) maestra(o) no interviene en forma oportuna y conveniente para neutralizar las condiciones negativas del ambiente escolar. Esto hace que se encuentre, también, en una situación de desventaja para el tratamiento del defecto, razón por la que ciertos especialistas proponen la separación temporal del niño de la escuela, debido a que le produce tensión, empeorando y acrecentando la dificultad. Sin embargo, no sólo es la escuela la que genera tensión, sino también el hogar, donde lamentablemente los hermanos y demás miembros de la familia crean esta situación tan desaconsejable para el niño.

Estas condiciones negativas del ambiente escolar y de la familia para el tratamiento del niño, han hecho que algunos especialistas consideren necesario, en un inicio de la terapia, separarlo de sus hermanos para evitarle inquietudes y tensiones, proponiendo incluso el cambio de familia si ésta es inadecuada y contraproducente.

Tales medidas resultan difíciles de tomar, ya que no somos de la opinión de hacerle interrumpir al niño sus estudios durante un período de tiempo, con el propósito de obtener la "tranquilidad" para el tratamiento y, de esa forma, luchar contra su miedo y sus sentimientos de inferioridad.

Frente a tales planteamientos consideramos más bien, que la clase de terapia para estos niños debe ser, en gran medida, ambiental, tratando de informar y modificar las actitudes de los padres, maestros y el ambiente en general. De allí que es aconsejable que los padres busquen una maestra comprensiva y afectuosa, que sepa interpretar, comprender y ayudar a su niño y, también, un grupo de compañeros con quienes él desee permanecer.

En cuanto al cambio de la escuela, consideramos que debe tenerse en cuenta como una alternativa, siendo mucho más factible que el cambio del hogar. Empero, es importante que los padres comprendan que tarde o temprano el niño tiene que integrarse a las relaciones sociales, por lo que no es conveniente aislarlo, incluso so pretexto de bajar la ansiedad y evitarle humillaciones. Por el contrario, deben propiciarse dichas relaciones en forma adecuada, con miras a que vayan desarrollando los mecanismos de defensa y de adaptación social en el contexto donde vive.

Por otro lado, en la escuela la maestra o maestro, que es la figura importante, debe tener siempre presente, para las distintas actividades, las desventajas del niño con respecto a los demás, tal como sucede con el niño rengo frente a los niños normales. Por ejemplo, no se puede hacer correr al niño rengo en una competencia con los niños sanos, como tampoco se debe propiciar competencia de locución entre el niño tartamudo y sus compañeros de aula. Empero, debe considerarse la enorme significación que tienen estas actividades en la vida afectiva del niño y la influencia que ejerce el medio sobre dicho aspecto, debiéndose promover experiencias gratificantes para esta clase de niños en una forma sutil y adecuada, para que así puedan vivenciar la satisfacción del éxito o el triunfo.

Pues bien, si la maestra (maestro) explica a los niños en qué situación va a correr el niño rengo, es muy probable que ellos sepan actuar de un modo correcto para que el niño discapacitado no se sienta inferior a sus compañeros. Similarmente se deben propiciar en forma creativa e imaginativa actividades con el niño con defecto del habla, haciendo que no se sienta inferior "en todo" frente a los otros y, consiguientemente, sentir la satisfacción de ser importante en algún aspecto.

Para que ocurra todo lo señalado, es preciso que los padres establezcan una relación de proximidad y amistad con la maestra y los compañeros del niño, entrando en los sentimientos afectivos y comprensivos de ellos, especialmente de la maestra. Pero, cuando observen incomprensión e intolerancia con el niño, no deben vacilar en buscar otra escuela con una maestra y un ambiente que sea favorable.

Por otro lado, la maestra o maestro debe saber que el niño en edad escolar supera el período egocéntrico y su pensamiento se torna lógico-concreto y, como tal, ya es capaz de razonar con relación a los demás y sentir la crítica de los otros con respecto a su persona. De ese modo, al tomar conciencia de su propia situación, el niño con defecto del habla puede sentirse con una marcada sensación de inferioridad, "encerrándose" en sí mismo y rehuyendo las relaciones con los demás, terminando por escudarse en su defecto para no realizar las tareas de la escuela y de la casa, o para justificar sus fracasos escolares. Por eso los padres deben adoptar las medidas adecuadas antes de que el niño ingrese a la escuela y durante su asistencia a ella, debiendo coordinar en este caso con la maestra, quien afrontará el problema del niño en el aula.

De acuerdo con estas consideraciones, a continuación se señalan algunas pautas generales para que la maestra o maestro pueda enfrentar y ayudar al niño con dificultades o trastornos del habla:

  • La maestra debe tratar de no corregir al niño cuando habla mal, mucho menos delante de los demás, sino que debe propiciar un momento y lugar apropiado para la corrección.

Si el niño preguntara sobre su problema, no le deberá ocultar el tipo de defecto que tiene, pero cuidando de no despertar el sentimiento de inferioridad. Esto requiere tacto y paciencia por parte de la maestra o maestro.

  • Cuando el niño habla se le debe escuchar con paciencia, sin hacer observaciones sobre su forma de hablar, tratando más bien de comprender lo que quiere decir. Si preguntara por su dificultad, le dirá que eso es muy frecuente en los niños y que incluso hay otros muy inteligentes y capaces que tienen también esa dificultad. Explicar al niño que la forma de hablar nada tiene que ver con la inteligencia y otras cualidades. Lo que importa es que un niño sea bueno y que cumpla con sus tareas o deberes. Eso es lo que hace que todos quieran a un niño.

Es bueno que enfatice que nadie es perfecto en este mundo, todos tenemos defectos: la misma maestra puede señalar un defecto en sí misma, como el hecho de usar anteojos, pero al lado de esos defectos hay otras virtudes o cualidades que son las que cuentan y permiten que una persona llegue a conseguir todo lo que honrada y sanamente se propone en la vida. Aquí es necesario que la maestra ponga ejemplos de personajes importantes en la historia, tal como el caso de Demóstenes, Aristóteles, Esopo, Virgilio, Darwin, Jorge VI, Churchill, etc.

  • Cuando el niño reacciona en forma crítica y catastrófica como consecuencia de la burla de los compañeros sobre su defecto, la maestra deberá enfrentarlo tomando medidas como las que se señalan a continuación:

- Oponerse a la conducta reactiva y negativa del niño llamando la atención del mismo sobre las actividades positivas que es capaz de realizar y en las que él es mejor que sus compañeros.

- Cabe señalar que estas situaciones, algunas veces, son difíciles de enfrentar para la maestra, ya que el niño reacciona ofuscándose ante las humillaciones o burlas de los demás, disminuyendo la confianza en sí mismo y en sus posibilidades de superación. Esto suele ocurrir cuando la maestra no asume una actitud neutrali- zadora adecuada del ambiente y una comprensión prudente y, sobre todo, cuando no induce a hacer reflexionar, en alguna medida, sobre otras cualidades destacables que tiene el niño en comparación a sus compañeros de salón.

- En ausencia del niño, la maestra deberá hablar con sus compañeros de clase, con el propósito de que comprendan el problema que tiene el niño. Aquí debe enfatizar sobre la noción de que todos tenemos defectos e, incluso, hacer que cada niño razone y exponga cuál es su defecto, comenzando por la maestra misma y explicar que a nadie le gusta que alguien se burle de un defecto que uno tiene y del cual no es culpable.

- Si los que se burlaron son niños de otra aula, esta conversación será abordada sobre la misma base comprendida en el acápite anterior, bien por la misma maestra o por la maestra de la sección, a petición de la primera.

Puede resultar también adecuado, como una medida preventiva, limitar dentro de lo posible las relaciones del niño con defecto del habla al mismo grupo con el que está estudiando. Esto no resultará difícil como parece, si la maestra pone atención a las actividades de sus alumnos durante el recreo, donde es generalmente cuando surgen estos problemas. Por ejemplo, a veces ocurre que un grandulón se acerca al grupo con afán de liderazgo y, sobre todo, queriendo aprovecharse de los pequeños, siendo esta situación inconveniente para el niño con defecto de lenguaje y, también, para los demás. En esta situación, una llamada de atención oportuna puede actuar como una medida excelente de prevención para evitar problemas posteriores.

– Las evaluaciones y calificaciones del niño con defecto del habla deben ser hechas sin necesidad de exponerlo a dar lecciones orales al frente. Sin embargo, si bien la participación oral del niño ante una audiencia no es deseable, no debe tratar de suprimirse totalmente. La maestra debe saber, por ejemplo, que el niño tartamudo puede cantar y eventualmente recitar sin ningún tipo de tartamudeo. En consecuencia, la maestra puede solicitar algunas veces la participación oral del niño, pero sus calificaciones se basarán principalmente en tareas realizadas en pizarrón, delante de sus compañeros o en base a pruebas escritas. Deberá cuidar también de no llamar la atención de los demás sobre la forma de calificar al niño, para que esta situación sea aceptada como natural por todos los demás y por el mismo niño.

No obstante, si la maestra sabe que la tartamudez o defecto del habla tiene períodos en que el niño habla bien, puede aprovechar esos períodos para examinarlo oralmente, cuidando que la experiencia sea enteramente positiva. Por ejemplo, la maestra, una vez que se ha asegurado de que el niño ha comprendido bien la explicación dada previamente, puede hacerle repetir delante de sus compañeros de clase la lección referida. Esto favorecerá a que el niño vaya adquiriendo mayor autoconfianza y, también, corregir y mejorar su lenguaje verbal.

- La actitud que la maestra debe asumir ante el niño con defecto del habla debe estar revestida de todas las características de neutralidad y equidistancia que exige una buena relación y manejo de esta clase de niños. En efecto, todos y cada uno de los niños del aula deben sentirse, por turno, "preferidos". Pero esa preferencia nunca debe ser notoria para los demás, aunque es un hecho normal que la afectividad de una maestra o maestro, así como de una madre o un padre, se incline hacia uno de sus alumnos o hacia uno de sus hijos. Como puede comprenderse, esto es un hecho que se da, pero otra cosa es demostrarlo ostensiblemente, generando desorganización y caos en el aula o en el hogar, con la reacción intempestiva de aquellos que se consideran "desplazados".

Por esta razón, en el ánimo del niño con trastornos de lenguaje, debe quedar bien claro que su maestra lo quiere, lo comprende, lo apoya, pero también lo trata con la misma vara que a los demás y que le exige el cumplimiento de sus obligaciones.

Los maestros generalmente suelen insistir y enfatizar sobre sus "correcciones". Esto, sin duda, lo hacen con buena intención y, sobre todo, con el fin de mejorar con rapidez los errores ortográficos y demás fallas del alumno. Pero, frente al niño con defecto del habla, el maestro debe ser más prudente, limitando sus observaciones, en un inicio, a las estrictamente necesarias e indispensables De esa forma no desequilibrará el orden en el aula llamando la atención de los demás sobre el defecto del niño. Esto favorecerá a que la maestra pueda ir corrigiendo sutil y progresivamente el defecto del mismo y facilitando, además, que éste se vaya adaptando al comportamiento de sus compañeros y al de su maestra, sin tener de entrada una sensación de rechazo y fracaso.

Estas condiciones propiciadas por la(el) maestra(o), le permitirán ir descubriendo y señalando los aspectos positivos del niño afectado, así como de sus demás compa- ñeros, creando de ese modo un aliciente de emulación en los compañeros del aula. Esto al mismo tiempo permitirá al niño compensar cualquier sensación de fracaso con experiencias positivas.

- La maestra deberá estar alerta para evitar que el niño utilice su defecto como pretexto para no estudiar o no rendir suficientemente en la escuela. Ante el menor indicio de que esto esté ocurriendo, la maestra debe conversar detenidamente con el niño, fuera de la hora de clase, para hacerle comprender con afecto, pero con exigencia, que no estará dispuesta a aceptar este tipo de excusas. Debe ser franca, clara y afectuosa a la vez.

Es conveniente que la maestra puntualice las capacidades del niño, demostrándole que el defecto que tiene no guarda relación con su mal rendimiento. Que él pue- de dar mucho más y que la tartamudez o defecto de su lenguaje no tiene que ver con sus faltas en el estudio.

Una vez aclarado el asunto con el niño, la maestra debe ser firme en sus actitudes con él y sus compañeros, manifestándoles a la vez comprensión, afecto y consideración.

- Como sabemos, la maestra o maestro pasa en contacto con los niños en la escuela, por lo menos 4 a 5 horas diarias. Esta permanencia le permite realizar observaciones de valor relevante sobre el comportamiento del niño, pero siempre y cuando la maestra tenga interés por ayudarlo.

Estas observaciones son de gran interés para que el especialista se informe y encauce de manera eficaz el tratamiento del niño, motivo por el que la maestra debe estar dispuesta a dar toda la información de sus observaciones del niño en el ambiente escolar.

- Finalmente, el control adecuado de las relaciones en el salón de clase tiene una gran importancia, no sólo para el niño con defecto del habla, sino también para los compañeros. El correcto manejo de la maestra puede evitar situaciones de tensión entre los niños, donde no falta que unos sean más nerviosos que otros. Así la maestra debe adecuar la conducta del niño a las pautas de conducta que tiene el conjunto de niños del salón de clase.

En consecuencia, estas son las pautas que los maestros deben tener en cuenta con los niños con trastornos o defectos del habla, contribuyendo desde su posición y responsabilidad como educador(a) del niño, al tratamiento y mejoramiento de su defecto.

También es conveniente que sepan que su comprensión, apoyo y afecto constituye un soporte importante para esa clase de niños, igual que la prudente y oportuna intervención neutralizadora sobre los efectos negativos del ambiente escolar, que es indispensable para ayudar al niño en su adaptación y ajuste personal al medio, evitándole las consecuencias negativas en el desarrollo futuro de su personalidad.

Quizás un ejemplo de la falta de información y ex- periencia por parte de la maestra para enfrentar esa clase de niños, se vea reflejada en la siguiente narración de un niño con defecto del habla:

«La maestra sabía que tenía dificultad en el habla, pero pese a eso un día en la clase me pidió, con cierta insistencia, que contestara una pregunta y con la cabeza indiqué que no sabía. Me sentí como que no servía para nada. Después de clase me apresuré a ir a la biblioteca, tomé un libro y, cada vez que pasaba alguien que yo conocía, fingía que estaba estudiando mucho.

Desde esa vez, comencé a tenerle miedo a la escuela y cada vez que entraba la maestra al salón me sentía mal ... me venía un sudor y me ponía tenso».

Esta experiencia hace reflexionar sobre las precauciones que deben tomar los maestros con esta clase de niños, evitándoles la intranquilidad, humillación y frustración que pueden aflorar cuando no son tratados convenientemente en el salón de clase o cuando la maestra no comprende y le exige un desenvolvimiento similar al de sus compañeros normales.

    

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