Hacendados: poder militar y vecinal
Al margen de su origen peninsular o criollo, la mayoría
de los más importantes hacendados?estancieros?tineros piuranos, ostentaron cargos
militares. La riqueza y el poder que les proporcionan sus bienes inmuebles se
complementan, consolidan y, en circunstancias de conflictos, se encuentran en mejores
condiciones de defender con mayor eficacia sus intereses teniendo un grado militar o un
cargo en el Cabildo. Un buen número de hacendados piuranos obtuvieron grados militares,
por lo que me permito presentar una muestra:
El hecho que los hacendados piuranos accedan a cargos militares es una característica que
se verifica a nivel colonial?nacional, las élites que controlan el poder económico y
social llegan a los más altos cargos militares en la medida que nos acercamos a las
guerras independentistas que ponen en peligro la estabilidad del régimen colonial (A.
Reyes Flores, 1995: 132). Los grados militares más altos y por ende de mayor
responsabilidad y mando, estuvieron en poder de los hacendados en Piura y los grados
menores, en los pequeños propietarios y artesanos de las ciudades. Piura, a principios
del siglo XIX, se encuentra virtualmente militarizada como consecuencia de las guerras de
la independencia.
Otro aspecto importante al que acceden los hacendados a fines de la Colonia es ser
integrantes del Cabildo de Piura. Podemos afirmar que no hay una familia hacendada
importante que no tenga entre sus miembros a uno de ellos en el Cabildo. Ello es
comprensible pues, a través de esta Institución, tenían poder y estaban en mejores
condiciones para lograr resoluciones en su favor o para algunos integrantes de su familia.
Por cierto que el Cabildo de Piura no tuvo nada de democrático y en ello concidimos con
M. P. Pérez Canto (1985: 30), pero no cuando escribe: "A Fines del siglo, la
Intendencia tendrá funciones de gobierno y justicia, y el Cabildo verá más limitadas
sus funciones; en estas condiciones no extraña la decadencia paulatina a lo largo, de
esta centuria" (1985:33); ni tampoco es la realidad del Cabildo de Piura cuando se
generaliza: "[...] la estructura de poder local se hallaba profundamente deteriorada.
Donde no se habían desintegrado, los cabildos aparecían como viejas instituciones
momificadas carentes de capacidad alguna para regirse políticamente y encarar con
eficacia el reflotamiento de sus recursos financieros" (Alonso Serna F. 1991: 519).
El Cabildo de Piura se encontraba vigente y vital a fines de la Colonia, bien estructurado
y con el número suficiente de sus integrantes, aunque no puede descartarse que algunos
años pueda mostrar cierta debilidad, en especial, frente a la arremetida reformista
personificada en los subdelegados, pero una demostración de su fuerza y cohesión es que
estas autoridades fueron recayendo en personalidades de la región. Algo más, no existen
mayores conflictos entre peninsulares y criollos por los cargos, todo lo contrario,
pareciera que fuera un solo cuerpo de regidores sin mayores diferencias, pero que puede
resquebrajarse frente a las presiones del centro de poder representado por las
resoluciones del virrey, aunque no pusieron en peligro la estabilidad de la
institucionalidad colonial, por lo menos hasta la primera década del siglo XIX. Esta
cohesión del cuerpo edilicio piurano puede explicarse en que numéricamente los criollos
superaron a los peninsulares. Las familias Farfán de los Godos, Mesones, del Castillo,
González Carrasco, León, Seminario y Jaime, fueron las familias más connotadas y
también los más grandes hacendados que estuvieron representados en el Cabildo de Piura a
fines de la Colonia:
Con toda seguridad, un 70% de las personas que aparecen en los cuadros precedentes,
estuvieron vinculados con la tierra, es decir, fueron hacendados. En el Cabildo de 1779,
por ejemplo, a excepción de Baltazar Ruiz y Joaquín de Adrianzén, a quienes no los
hemos ubicado como hacendados pero no se puede descartar su vinculación al agro, el resto
de los Regidores son hacendados, incluso en un documento de ese año (1779), se justifica
la inasistencia de Farfán de los Godos, González Carrasco y José Merino "por estar
en sus haciendas". En el Cabildo de Piura también se refleja las relaciones
familiares entre algunos de los Regidores que consolidaban sus intereses, así por
ejemplo, en 1779 el Alcalde don José de León y Gastelú era cuñado del Regidor
Frontonio González Carrasco; el segundo Alcalde don Baltazar Ruiz era cuñado del
Alférez Real Juan Ubaldo de Taboada. En el Cabildo de 1790 Miguel y Antonio González
Carrasco y Cruzat eran hermanos; Fernando Seminario, hermano del Regidor José V.
Seminario, tenía por esposa a la hija del Regidor Miguel Serafín del Castillo. En el
Cabildo de 1810 se asiste a la hegemonía de la familia Seminario, persistiendo don José
López de Viveros, dueño de la hacienda Samanga (Ayabaca), que ya había sido Regidor en
1800; don Antonio Cortés también forma parte de la élite piurana pero tenemos la
impresión que no con la relevancia de los González Carrasco, Seminario, Farfán de los
Godos, Valdivieso, etc., salvo que me equivoque.
De todas formas, hasta finales del periodo colonial, el control del Cabildo de Piura lo
siguieron detentando un grupo de familias con intereses agrarios, con la presencia de
algunos que emergían del comercio: Távara, Garrido. La Independencia del Perú en 1821
se reflejó en la composición del Cabildo de Piura, ya que la mayoría fueron casi
"desconocidos" como se aprecia en el siguiente cuadro:
Hasta donde llega nuestra información documental, Juan Távara provenía de una familia
de comerciantes y, salvo un homónimo, realizó estudios en el Convictorio de San Carlos.
Don Pío Garrido aparece como un comerciante que no tiene mucho giro. Juan Baptista de
Otero, hijo del comerciante?hacendado don Vicente Fernández de Otero. Antonio Palomino,
salvo que sea un homónimo, lo encontramos en 1813 como comerciante y con el grado de
sargento de la compañía de milicianos de caballería de Tambogrande. A Mateo Tello de
Meneses no se la ha ubicado como parte de la élite piurana. Don Mariano Salazar es
comerciante, probablemente de poco giro, ubicándosele en 1829 como administrador de los
bienes del suprimido convento de San Francisco. El representante de los hacendados
coloniales puede ser don Vicente de León, de modo que la composición social del primer
Cabildo de Piura independentista nos revela un cambio cualitativo: la hegemonía de los
comerciantes. Sin embargo, Fernando Seminario y Jaime era el Alcalde, pero al lado de una
generación emergente que comienza a aparecer en el tránsito de la Colonia a la
República y que, en la medida que se inserten en el agro, tendrán relevancia económica
y social como se verificó en la costa central peruana. (A. Reyes Flores 1998: 505).
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