
| Hacendados: poder político
Uno de los cargos claves para el funcionamiento de la economía colonial, fue la del corregidor, funcionario que tuvo la responsabilidad del cobro del tributo indígena, la provisión de mitayos y su distribución a las diferentes unidades de producción, el control político en su jurisdicción y la administración de justicia en primera instancia. En retribución a estas funciones, el Estado le asignaba un sueldo y lo autorizaba a vender, de manera compulsiva, una determinada cantidad de productos a los pueblos campesinos bajo su jurisdicción. En Piura la documentación nos demuestra que son los hacendados quienes acceden al cargo de corregidores, diversificando sus ingresos y aumentando su poder regional. El acceso mayoritario de los hacendados al cargo de corregidor en Piura no sólo se explica por su mejor conocimiento del medio rural, intereses personales o de sector social, sino también porque el cargo tenía profundas connotaciones económicas -cobro de tributos, provisión de mitayos, reparto de productos- y porque el Estado exigía a los aspirantes una garantía en dinero, o personas solventes que garanticen los intereses económicos del Estado colonial. Por ello es que todo aspirante a corregidor debía tener dinero y relaciones sociales, siendo los hacendados quienes estuvieron en ventaja al contar con esas dos exigencias. En el año 1775 el general don Matías de Valdivieso y Céspedes, contador, abogado de las Audiencias de Lima y Quito, logró el corregimiento de Piura, presentando de fiadores a personas con capacidad económica y en la que, por lo menos, dos de ellos, eran hacendados: La familia Valdivieso, como se ha demostrado anteriormente, en base a sus haciendas, estancias y tinas, llegó a ser una de las más poderosas en la región de Piura y, no obstante alguna declinación a fines de la Colonia, mantuvieron su influencia hasta bien entrado el siglo XIX conservando parte de sus propiedades y logrando enlaces matrimoniales con familias hacendarias. Don Francisco Escudero (el que compró la hacienda Pariguanás), se casó con Josefa Valdivieso (¿hija de Miguel o Luis Valdivieso y Carrión?) y su hija fue esposa de don Vicente Eguiguren Riofrío (J. Schlüpmann: 116). Pero volvamos al tiempo colonial de nuestro estudio. Tenemos la impresión que el cargo de corregidor y subdelegado en Piura fue casi monopolizado por familias que provenían del sector agropecuario. Hubieron algunos corregidores que salieron del sector mercantil pero devinieron después como hacendados, de modo que el cargo les sirvió para acrecentar sus ingresos, diversificar sus relaciones sociales y, después, invertir en el agro. Es el caso de la familia de don José Antonio Lavalle, corregidor de Piura en 1766. Sólo en la medida que se trasladaba capital del comercio de las ganancias del cargo de corregidor en la compra de haciendas o estancias, se consolidaba el poder económico y social. Aquellas familias que no supieron seguir esta línea de inversión de la circulación a la producción, irremisiblemente estuvieron condenados a desaparecer como debe haberle sucedido al general Cristóbal de Guerreros,corregidor de Piura en 1751, apellido poco ubicable en los archivos en la segunda mitad del siglo XVIII en Piura. Todo lo contrario acontece con la familia León, de procedencia hacendaria y de influencia social en la región de Piura. Juan Ignacio de León y Gastelú fue el último corregidor de Piura entre 1779-1782, dueño de las haciendas Guapalas y Pabur y prominente miembro de la élite piurana que exhibía una genealogía que le garantizaba el acceso a los más altos cargos colonialistas: La instauración de las Intendencias afectó los intereses de las familias de Piura, ya que en los primeros años no accedieron al cargo de subdelegado de acuerdo a la información documental ubicada en los archivos, pues encontramos personas casi desconocidas en la región norteña y que puede explicarse en el interés de la Corona de nombrar autoridades foráneas que no tuvieran intereses en la región. A fines del siglo XVIII, el subdelegado en Piura fue don Joaquín de Rosillo y Velarde, que presumimos -salvo error- no era del lugar, pues en las diferentes familias piuranas no aparece este apellido, salvo en la hacienda Quiroz que fue de don Dionisio del Campo Rosillo en 1805. ¿Tiene este hacendado algún parentesco con el subdelegado Joaquín Rosillo y Velarde? No lo sabemos. Agreguemos que en el lejano año de 1751 don Joaquín Rosillo Velarde fue teniente coronel de milicias y contador perpetuo por S.M. en Piura. Otros semi-desconocidos para la región fueron: en 1790 Juan Cristóbal de la Cruz (aunque aparece como hacendado y comerciante no pertenece a la élite piurana); en 1791, Ramón de Urrutia de las Casas y en 1806 Pablo Patrón de Arnao. ¿De dónde proceden? No lo sabemos aún. Quiero hacer la salvedad que la genealogía no es mi especialidad, y si hago uso de los testamentos de determinadas familias, es para explicarnos la economía y sociedad piurana localizando nuestro interés en sus propiedades. Espero que esta explicación «justifique» algunos deslices que podamos cometer. Dicho esto prosigamos. La marginación de las familias piuranas con relación al cargo de subdelegado fue cambiando. En 1806 el subdelegado de Piura es Felipe del Risco, «sobrino del virrey Avilés» (S. Aldana 1992: 56), parece proceder de Trujillo aunque también se encuentran en Lima. Por estos años reside en Piura José del Risco, casado con una piurana neta, doña Tomasa Seminario y Jaime. ¿José, es hermano del subdelegado Felipe del Risco?, nos atrevemos a pensar que sí, salvo error nuestro. En 1807 el subdelegado de Piura es don Juan Asencio Monesterio, natural de Lima, tenía una gran ascendencia en la región y su nombramiento nos demostraba la política aperturista en favor de la élite piurana. El acceso al cargo de subdelegado que muestran las familias piuranas, o por lo menos aquellos que se habían radicado en Piura, va avanzando en beneficio de la élite. En 1808 ya está como subdelegado de Piura el mayor hacendado de la región: el marqués de Salinas, don Francisco Fernández de Paredes, dueño de la hacienda Tangarará, prominente político con vinculaciones a nivel nacional. Es evidente que el sector terrateniente piurano tiene que haberse sentido bien representado y seguro en la defensa de sus intereses con la presencia del marqués de Salinas, pues el subdelegado era el personaje más importante e influyente en la región, representante del intendente y por tanto hombre de «confianza» del régimen colonial. Pero los hacendados piuranos no sólo acrecentaron sus ingresos, en forma directa o indirecta, asumiendo cargos políticos, sino que su poder económico e importancia social se reflejó en la jerarquía castrense y el Cabildo.
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