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Al final del capítulo anterior, citamos una serie de fragmentos donde era posible ver el trabajo estilístico del bardoperiodista. Y, asimismo, a lo largo de esa sección, la presencia de numerosas estancias de prosa poética, nos permiten arribar a la conclusión de que, en Vallejo, el trabajo de la comunicación periodística impresa no anduvo divorciado de su condición de creador integérrimo. Es más, la frecuentación de los textos reunidos en Desde Europa y, asimismo, en La cultura peruana (1) resulta saludable para acceder a la comprensión total de la obra creativa de Vallejo, sencillamente porque, en muchas de estas crónicas y artículos, el autor de "Masa", seguía poetizando, seguía creando (amén de informando, por cierto pues Vallejo no dejó nunca de ser periodista en sus artículos y crónicas). El presente capítulo incidirá en diversos ejemplos más ejemplos de la prosa poética de Vallejo, o estancias en las que un artículo, de repente, contiene, incrustados, poemas en prosa (como aquel ya citado de "Los funerales de Isadora Duncan") (2) y luego prosigue su tono narrativo de crónica. Igualmente, un tópico interesante es el que incide en la preocupación de Vallejo por darnos diversas poéticas, luminosas páginas de su estética y, a veces, desorientarnos (por lo menos desorientó a algunos) al hacer pasar como artículos, por el hecho de haber aparecido en revistas, a verdaderos poemas en prosa, como "La defensa de la vida" (3) y "La dicha en la libertad" (4), amén de "Se prohibe hablar al piloto" (5) que, por favor, no puede ser ni "artículo" ni "crónica" y que, por lo tanto, resulta tan insólita su presencia en selecciones de aquéllos, como igualmente lo resulta la inclusión de "Una crónica incaica" y "La danza del Situa" (6), por más que el editor lo justifique escribiendo que lo hizo "para no romper la secuencia de la contribución periodística de Vallejo" (7). También relevamos numerosos casos de intertextualidad: o sea de momentos en los que, desde la crónica y/o artículo, se prevé el poema; o cómo, en el escrito periodístico, perviven hallazgos provenientes de poemas, como ese adjetivo tan vallejiano "quijarudo", presente en Trilce LXV, y que aparece en dos artículos que señalaremos en su momento. Existen, del mismo modo, bajo la piel de crónicas y/o artículos, larvados o en agraz, cuentos o greguerías, ensayos o disquisiciones filosóficas, metafísicas, a las que nuestro poeta, por otra parte, era tan adicto. Un solo ejemplo. ¿Cómo podríamos llamarle a esto?
Vallejo es un escritor que permanentemente defiende los fueros del arte, del espíritu, del creador. Combate, sin tregua, contra todo lo que intente ahogar a la criatura humana, a aquella que, tan paradigmáticamente, hiciera protagonista de toda su obra creativa (incluimos, ya definitivamente, la periodística). La obra de arte literaria, en su más alta dimensión, llega a la categoría de filosófica: ofrece una cosmovisión. Se pregunta por el mundo y se da sus propias respuestas. En medio de estos textos periodísticos, que no vacilamos en agrupar dentro de su obra de artista de la palabra, se da el mismo fenómeno. Vallejo hace comunicación periodística. Vallejo, por intermedio de ella, poetiza. Vallejo, por intermedio de ella, filosofa. Son numerosos los casos de filósofos que han necesitado a la poesía para comunicarse (Nietzsche, Heidegger); o a un sucedáneo de ella, como la novela, el cuento, el teatro: dimensiones, también, es cierto, de la creación (Sartre, Camus). No resulta peregrino, pues, que Vallejo haga incisiones en el campo de la filosofía, pero que ella, siempre, tenga, como dirección fundamental, la de apuntar al oficio, al métier del escritor, a resolver sus propias preguntas. Un texto ejemplar, en este sentido, es el que se encuentra en su "Carta de París", de agosto de 1925. El poeta-periodista hace disquisiciones a base de una cita de un cierto doctor Biot, quien escribió en la revista "Páginas medicales y parisienses" lo siguiente alrededor del milagro (tema que, de suyo, acicateaba las tendencias metafísicas de nuestro autor):
Finaliza la cita del francés, y toma la palabra Vallejo:
Y aquí nuestro poeta aprovecha para plantearnos una de sus más logradas concepciones sobre el arte y el artista, sobre toda una estética de la palabra poética. Leamos y meditemos, juntos, acerca de la incontrovertible calidad de estas conclusiones vallejianas, que, por cierto, igualmente, pueden, deben, estar incluidas entre las mejores páginas antológicas del pensamiento estético peruano; o, más clara y definitivamente, latinoamericano, universal:
Sobre el mismo tema de la estética, es de gran actualidad la crítica que hace Vallejo al propio Gorki, a quien cuestiona porque lo que dice él del arte proletario resulta, mutatis mutandi, lo mismo que "han dicho del arte burgués los estetas y críticos burgueses de todas las épocas." Y concluye con un razonamiento muy en su línea de rescate de todo lo concerniente a la defensa de la vida y del hombre:
Los momentos de la gran crisis de entreguerras, que vivió Vallejo en el atormentado corazón de Europa, tienen una aguda semejanza con los nuestros, en los que, con la caída de la URSS y el colapso estrepitoso de la llamada Comunidad Socialista, asistimos a una arremetida de ese nuevo fundamentalismo que es la salvaje, inhumana oleada de neoliberalismo. En medio de esta vorágine, el escritor, el artista, sufren las consecuencias de una marginación que reduce su papel a una mínima expresión, si es que ésta, por lo menos, le queda. Salvo que se produzca lo que a menudo se produce, y que es el que el creador asuma la política del avestruz, hunda su testa bajo tierra, y vea, impasible, la masacre, el holocausto de sus ideas, arrasadas por la avalancha de inhumanidad que todo lo inunda. Le queda, también, a este escritoravestruz, ser cómplice con su silencio, con su sonrisa bonachona de no- es-conmigo; hasta que se produzca la situación, ya suficientemente citada, del poema de Bertold Brecht, en el que empiezan a llevarse a fulano de tal, y como-no-es-conmigo; y, luego, a mengano de tal, y como-no-es-conmigo... En fin, el escritor auténtico, el que mantiene enhiesto el gonfalón de sus ideas, el que cree en la pervivencia de los ideales de Vallejo, de Mariátegui, de Neruda, de Paul Eluard, de Louis Aragón, de Rafael Alberti, de Jorge Amado, de Nicolás Guillén, del propio Brecht, tiene que buscar (y encontrar), salidas para su propia sobrevivencia. En este sentido, también, es paradigmática la obra periodística de nuestro poeta universal. Vallejo, constantemente, en las entrelíneas de sus artículos y crónicas, nos está dando las claves para algunos caminos; veámoslo (y tratemos de seguirlos si aún tenemos el valor de sostener nuestros propios ideales, y no nos hemos adherido a los cantos de sirena de la irresponsable y tautológica postmodernidad, que ahora aparece como la gran alcahueta para todos los desarraigados). La siguiente cita, también necesariamente larga, constituye un derrotero que debe ser confrontado, minuciosamente, con la condición del escritor contemporáneo.
En la obra periodística de Vallejo, en ciertos artículos, ya hemos afirmado que se rebasan los linderos de éstos para llegarse a verdaderos ensayos de estética, donde el poeta nos plantea, con claridad meridiana, sus puntos de vista, sus concepciones vitales y creadoras del arte y la política. Y en esto, igualmente, resulta paradigmática su posición, porque no tiene en cuenta posibles limitaciones, no obstante que los objetos de sus críticas sean sus compañeros de generación o sus pares ideológicos. "Literatura proletaria" (pp. 304306) es uno de esos artículos claves para el punto que estamos tratando. Leamos:
En el ya citado artículo sobre "La nueva poesía norteamericana" (9) tenemos oportunidades varias para arribar a zonas importantísimas de la estética de Vallejo, y de su élan vital, substrato cada vez va siendo esto más claro de su obra creativa toda (lo repetimos, se incluye a la ladera periodística). El texto empieza con una disquisición sobre el traducir, y de pronto nos hallamos en el centro de una teoría del arte poético que es mejor leer en sus propias palabras:
Aquí, sin duda, entramos a un área riquísima que veremos un poco más adelante: la de las autorreferencias. Nos parece palmario que Vallejo, especialmente en las últimas líneas citadas, está hablando de sí mismo y del formidabilísimo material que por esos mismos momentos este artículo se publica en "El Comercio", el 30 de julio de 1929 se halla pergeñando, y que aparecería, postmortem del bardo, con el título de Poemas Humanos, editado por Raúl Porras Barrenechea autor de la onomástica del libro y por Georgette de Vallejo. Aunque lo hemos parcialmente citado, vale la pena, para redondear la idea que tenía nuestro autor de la traducción, recordar el siguiente addendum, proveniente del mismo artículo:
Para hacerlas más relevantes, hemos subrayado las expresiones que escapan a lo que podría ser "prosa periodística" mostrenca: es de Vallejo, y sólo de Vallejo, aquello de "... los grandes números del alma, las obscuras nebulosas de la vida..." A pesar de su posición raigalmente antiimperialista, Vallejo es capaz porque es todo menos un abyecto sectario de reconocer el carácter ecuménicamente precursor del verso de Whitman y, sobre todo, insertarlo en cierta característica positiva algo de positivo ha de tener de la mentalidad norteamericana. Leamos cómo lo dice Vallejo, con lo que, además, adelantamos una de las características de su condición de periodista paradigmático: la de saber leer, en profundidad, el presente, para de allí proyectarse al futuro. Nos referimos, concretamente, en este caso, a la americanización del orbe, que comienza, como él lo señala, con "la americanización lenta y tácita de la juventud europea", debido, según la fuerza honesta de su análisis desprejuiciado, a que:
Y a continuación viene el aserto sobre el valor de Whitman (este juicio es de 1929, cuando ni siquiera en su propia patria se le consideraba así):
Si miramos el mundo de 1992 nos estremecemos ante la capacidad premonitoria de quien escribiera "Me moriré en París con aguacero..." Espigamos otra cita sobre el vitalismo vallejiano:
En la misma crónica de la que extrajimos esta cita (10) se encuentra lo que llamamos, al comienzo de este capítulo, fragmentos de poemas en prosa. Se trata de una parrafada lírica de nuestro autor sobre la naturaleza salvaje, o, por lo menos, no citadina de Biarritz.
El tópico de la "vida retirada", como vemos, también funciona en Vallejo. Y le sobreviene cuando está en medio de ese viaje, lejos de París, y "cubierto de mar y de montaña, sin caminos". Para el "chulca" (11) de Santiago de Chuco, era posible que la naturaleza le ofreciera esos códigos. Veamos algo de lo que sigue, aunque señalamos que no se trata de lirismo puro, sino de referencias poéticas permanentes a la dilacerada condición humana de aquel que, en París, no estaba, precisamente, en un lecho de rosas:
Finalizamos este apartado con la indicación de que Vallejo, dentro de su cosmovisión (tan parecida en esto a la de José Martí) amaba lo no "contaminado" de ciertos territorios cada vez más escasos en Europa, y todavía existentes en América (13). De allí el amor de nuestro poeta por España y por Rusia. Al final del artículo que citamos, está precisado lo que comentamos:
Otro de los aspectos interesantes en esta suerte de vasos comunicantes entre periodismo y literatura, es ya lo adelantamos cómo aparecen, en las crónicas y/o artículos, hallazgos, preseas, provenientes de los versos. Es el caso del adjetivo "quijarudo". En "El verano de Deauville" (15), texto ya citado, tenemos que llega el otoño a París:
Hay, igualmente:
en el artículo "Hablo con Poincaré". (16) Este "raro" adjetivo es usado por César Vallejo, aproximadamente cinco años antes, en Trilce LXV. Confrontémoslo:
Parece que Trilce, y su impronta, quedaron entrañablemente en nuestro poeta, porque, en "El hombre moderno" (18) fechado en París, en 1925, habla el bardo sobre "la velocidad como seña del hombre moderno". Agrega que "nadie puede llamarse moderno sino mostrándose rápido." Pero el vate es capaz de mirar detrás del clisé adusum, y señala, con la sutileza que lo caracteriza, que "la rapidez sale de saber escoger el empleo del tiempo". Y, con la profundidad que es parte de su estilo periodístico, añade que "No hay que olvidar, por lo demás, que la velocidad es un fenómeno de tiempo y no de espacio; hay cosas que se mueven más o menos ligeras, sin cambiar de lugar." Finaliza con una precisa y preciosa autorreferencia:
Con esto nos demuestra Vallejo cómo funcionaba su sistema de comunicación: cómo su periodismo se nutría de su poesía. El artículo que citamos es de 1925; el poema al que hace referencia, el XV de Trilce, es escrito hace poco más de un lustro, si nos atenemos al dato de Juan Espejo Asturrizaga, que sitúa el poema como de 1919 (19), y añade que es creado en homenaje a Otilia, una de las amadas del poeta. Incluso, el mismo Espejo da a conocer la versión original de este poema, titulado "Sombras". "Era un soneto en alejandrinos y sufrió considerables modificaciones", dice Raúl Hernández Novas, en la edición de la que tomamos este dato (20). La primera estrofa del poema de Trilce XV, donde aparece la referencia, dice lo siguiente:
Otra referencia clave al mismo Trilce, se encuentra en la crónica "París en Primavera" (22), escrita en esa ciudad, en mayo de 1927, y publicada en Trujillo, en el diario "El Norte", el 12 de junio del mismo año. Leamos la cita completa, pues es muy interesante en el sentido en que hace referencia que ahora Trilce es rememorado por "un buen amigo", y, además, en ella encontraremos una singular autorreferencia al estilo del enigmático poemario, que es una fuente preciosa para los críticos literarios, siempre saludablemente interesados en averiguar qué dice el autor sobre su propia obra, máxime si ésta es de la naturaleza críptica del libro de 1922. La transcripción será necesariamente larga, y veremos cómo ella, asimismo, contiene preseas del estilo periodísticopoético vallejiano:
La autorreferencia nos envía al poema LIII de Trilce, que dice (no como lo cita seguramente de memoria Vallejo):
En las notas aclaramos que ya Puccinelli hizo esta acotación; pero él no informa que el poema fue escrito en Lima en 1919, ocho años antes que la crónica parisiense, lo cual podría explicar el error en la cita autorreferencial. (25) Consideramos el artículo "La defensa de la vida" (26), escrito en París, en octubre de 1926, y publicado en el diario El Norte, el 21 de noviembre del mismo año, como una de las más significativas artes poéticas del bardo, y, básicamente, como la génesis de uno de los más impertérritos textos de Poemas Humanos, el conocido por su primer verso "Un hombre pasa con un pan al hombro". (27) Es interesante confrontar fechas, pues, de ese modo, comprobaremos cómo, dentro de Vallejo, la temática del poema ha ido, lenta pero seguramente, madurando. Poco más de once años pasaron desde que el "artículo" fue escrito (octubre del 26) hasta la fecha que va al pie del mencionado poema: "5 de noviembre del 37" (28). Esto puede hacernos comprender la solidez con la que el texto creativo (en poesía) emerge: ¡había sido macerado, intensamente, en el taller interior del vate! ¡Más de una década!. Del artículo en referencia, sólo citaremos su admirable obertura:
El artículo decíamos tiene correlación con algunos otros, como "Literatura a puerta cerrada" (29), publicado un par de años después, en mayo de 1928, en la revista Variedades. El caso de "El hallazgo de la vida" (30), publicado por Jorge Puccinelli en forma facsimilar, es un descubrimiento relevante, pues revela cómo este texto, que tiene como epígrafe "París, febrero de 1926", y que apareciera en La Semana, Trujillo, 1926 (lástima que el crítico no se molestara en ponernos en qué fecha exacta) es, en realidad, la primera versión del poema en prosa "Hallazgo de la vida" (31), publicado como integrante de Poemas Humanos. Resulta interesantísimo, y este es un aporte nuestro, confrontar la edición facsimilar de Francisco Moncloa (32), donde es posible apreciar cuánto tuvo que "trabajar", Vallejo, su texto "periodístico" hasta que llegó a cobrar la forma definitiva como fuera publicado póstumamente, como se sabe en el libro de 1939, por Raúl Porras y Georgette Vallejo. Por lo pronto, de lo que puede rastrearse en el facsímil de la Edición Moncloa, apreciamos que todo el primer párrafo de lo publicado en La Semana, bajo el título de "El hallazgo de la vida", sale. El "artículo" el entrecomillado es absolutamente intencional, porque éste es otro ejemplo de texto que, aparecido en un medio impreso informativo, sin embargo es plenamente creativo, y no tiene nada de "periodístico", strictu sensu, el "artículo", decíamos, comienza con: "¿Cuándo fue que saboreé por vez primera el sabor de vida?" Una nota interesante para los eruditos: se aprecia ligeras variantes entre el facsímil, publicado por Moncloa Editores, y lo aparecido en La Semana, de Trujillo. Es decir, dentro de lo que resulta tachado por Vallejo, y que puede leerse, se halla diferencias. V. gr.: en el facsímil se distingue (para sólo citar la primera línea ya presente en el párrafo anterior):
Hay tres diferencias. El original no abre la interrogación, que sí figura en la edición "periodística", la misma que omite los dos artículos determinativos la, que aparecen en el facsímil. De lo que resulta que ¿podemos, quizá, tener tres textos? ¿El del facsímil (trabajado hasta llegar al poema en prosa), el del poema en prosa y el de La Semana? Claro que esta esfinge nos hubiera revelado su secreto si hubiéramos tenido acceso a los manuscritos del poeta, porque, como se sabe, lo publicado por Moncloa, salvo escasísimas excepciones, son segundas o terceras versiones (dactilografiadas), sobre las que ¡eso sí! se aprecian las vibrátiles correcciones de Vallejo. Otro caso de transtextualidad: en "El hallazgo de la vida" texto periodístico se lee:
Confróntese este tópico vallejiano en los textos de 1926 de los huesos ajenos, con el conocido poema de Los Heraldos Negros, "El pan nuestro", que fue publicado originalmente en la sección "Sábados literarios", de La Reforma, Trujillo, 21 de julio de 1917, junto con una elogiosa carta de José María Eguren." (35) Dice la parte correspondiente del texto literario:
Este aspecto de la preocupación vital de Vallejo, presente en los dos "artículos" citados "El hallazgo de la vida" y "La defensa de la vida" aventuramos que es igualmente leitmotiv en poemas de tanta significación como:
Escribe en la última estrofa:
De desesperada exultación de la dicha deviene un patético documento de quien tanto escribió porque tanto padeció sobre la infelicidad y el dolor. Rastreemos en su obra poética de Poemas Humanos las concomitancias con el "tema" de este texto poético-periodístico. Remitimos al lector a los poemas "Quisiera hoy ser feliz de buena gana" (45), "Pero antes que se acabe toda esta dicha" (46); al verso de "Al cavilar en la vida" (47): "¡Todo está alegre, menos mi alegría...!"; y a conocidas estancias de archicitados poemas como "Los nueve monstruos" (48):
Ya hemos adelantado algo sobre "Un atentado contra el Regente Horty" (54), crónica aparentemente policial, fechada en Budapest, en noviembre de 1928, y publicada en Mundial, N° 477, del 11 de enero de 1929. El texto es polivalente: bajo la apariencia de relatarnos un suceso "policial", Vallejo pergeña lo que podría ser un cuento preborgiano, con disquisiciones sobre la identidad del hombre, que estaría en el nombre y, más particularmente, en la firma que "posee", en el caso del responsable del atentado, un tal Ossag Muchay, gerente de la firma turca, propietaria de la famosa taberna "Sztaron", de Budapest. El preso "cubierto de sudor y dignidad" dice no tener nombre. Muchay aclara que "aquel hombre perdió su nombre, y él mismo, aunque quisiera darlo, no puede ya saberlo. Le es absolutamente imposible, en tanto no tenga en su poder la firma que está usted viendo aquí." El diálogo sigue, fascinante. Ahora responde se supone, el "cronista" Vallejo:
Responde Muchay:
Prosigue el turco de marras:
Ante todo esto, el "cronista" queda estupefacto. Pero lo dice como sólo el autor de "Masa" puede decirlo:
En esta sección de Periodismo y Literatura, señalamos que en próximas ediciones del Vallejo comunicador social como se dice hoy se impone una selección de materiales, para evitar que se repita la publicación, como artículos y/o crónicas, de lo que es el fragmento de un discurso pronunciado por nuestro autor, en julio de 1937, a nombre del Perú, en el II Congreso Internacional de Escritores por la defensa de la cultura. Tal hecho sucede tanto en la edición de Puccinelli, como en la de Enrique Ballón, con el agravante de que este último, en la acotación, al pie de la publicación en referencia, escribe:
con lo que confirma la desorientación absoluta respecto a lo que son los géneros en la prensa escrita, pues llamarle "crónica" a lo que es un discurso... pero mejor cambiemos de tema.
____________________________________________ (**) Recuérdese que, cuando no hay indicación de libro, la cita es tomada de Desde Europa. Y no lo hacemos con llamada a pie de página.
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