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El campo periodístico de Vallejo no tuvo límites. Todos los temas humanos ya lo hemos manifestado fueron foco de su interés: ésa es una de sus condiciones paradigmáticas. Nada de lo humano le fue extraño, con lo que causa verdadero asombro para los hoy llamados intelectuales escritores, artistas que si bien es cierto pueden incursionar (y de hecho incursionan) en el diarismo o en la colaboración con hebdomadarios (1), es muy poco probable que se despachen con artículos como algunos de los de nuestro poeta, donde se enfocan áridas crisis económicas, o se discuten temas sobre el armamentismo, con un puntual manejo de cifras y datos que nos llevan a lo que, ahora mismo, se llama periodismo de "investigación". Pero con una cardinal diferencia: los artículos que hogaño provienen de las denominadas "unidades de investigación" de diarios y revistas, son producto de bases de datos y de enjundiosos archivos que, por cierto, denuncian un trabajo colectivo, y no el solitario, pero no por ello menos documentado, de algunos de los artículos publicados por César Vallejo hace ya bastante más de medio siglo. Por razones obvias, el mayor número de colaboraciones periodísticas de nuestro poeta corresponde a los problemas literarios: en esta vertiente no se trata sólo de la mera reseña de la obra nueva, sino de, principalmente, la señalización de los rumbos distintos que el arte literario iba tomando y, particularmente, la sobria, aunque a veces justificadamente acerba, crítica a los "contrabandos" que, con el nombre de "nueva literatura", encubrían viejas posiciones regresivas, actitudes más o menos resobadas y, concretamente, nada originales. Es interesante, en especial, el sentido que Vallejo tiene de representar a una nueva generación literaria, con sus responsabilidades y deberes, que él no sólo planteará, sino que asumirá con su vida y su obra, de modo consecuente, de modo arquetípico. Son de destacar y sólo citaremos algunas para no hacer interminable la lista artículos como: "La última generación" (p. 18)( *), "Contra el secreto profesional" (p. 204), "Autopsia del superrealismo" (p.399) y "Duelo entre dos literaturas" (p. 433). En el campo de la crítica de arte, igualmente se registran numerosísimas colaboraciones. Por grupo citaremos, verbi gratia, en Teatro: "Una importante encuesta parisién" (p. 249), "El año teatral en Europa" (p. 302) y "Últimas novedades teatrales de París" (p. 419). Anotaremos que Vallejo fue un acucioso comentarista teatral, un enjundioso crítico, permanentemente preocupado por la renovación del arte escénico. No olvidemos, además, que en esto se halla, como substrato, su propia condición de autor dramático que ve y comenta aquello que puede servirle para su misma creación. Asombra, igualmente, cómo maneja el poeta puntos de vista y perspectivas que lo sitúan como un preciso crítico de artes plásticas, especialmente de la Pintura, donde relevamos pequeñas joyas como "Los maestros del cubismo". "El Pitágoras de la pintura" (p. 297), verdadera exégesis de la valía de Juan Gris, y admonitorias líneas sobre lo que será la verdadera grandeza de este singular maestro. La Escultura será otro de los campos donde Vallejo se mueve a las mil maravillas. Sólo tocaremos "Tendencias de la escultura moderna. El escultor Fioravanti" (pp. 437440), donde, luego de efectuar válidas disquisiciones sobre la esencia de la pintura y escultura, emite juicios estéticos que revelan una madurez crítica excepcional. Pero mejor leamos al poetaperiodista:
Luego, se pasea por lo que llama las crisis de la civilización actual, cuyas "postrimerías refinadas" denomina archiintelectuales y, por ello, negadas a un mayor desarrollo de la escultura. Igualmente, en una suerte de travelling discurre acerca de las obras de Bourdelle, Rude, Carpeaux, Archipenko y Scharf, para arribar al trabajo del joven escultor argentino Fioravanti. El poeta penetra en el sentido de su obra, que va allende la "concepción monumental naturalista de nuestros municipios burgueses", para lograr "a fuerza de pureza lineal y de mucha disciplina en el reparto y equilibrio de las masas" "remozar y hasta regenerar" motivos escultóricos que, de otro modo, hubieran resultado manidos. En fin, una muestra más de pleno dominio de aquello sobre lo que escribe, en una revista o diario, para convertir, de este modo, a ambos, en sendas aulas abiertas destinadas a esos miles de lectoreseducandos que accedían, por el contacto con estas páginas, a las lecciones de estética popular del poetaperiodista. La Música es otro de los campos preferidos por Vallejo para sus artículos y crónicas. ¿Dónde cabría preguntarse aprendió tanto nuestro poeta sobre este difícil y exquisito arte? Si tenemos en cuenta la magra educación estética del medio del que provenía, tenemos que convenir en que todo (o casi todo) fue autodidactismo. Además de documentadas y sutiles, estas notas de arte musical revelan un profundo dominio de aspectos que no es fácil conocer sin una larga y avezada frecuentación de salas de concierto. Citaremos estos ejemplos: "El más grande músico de Francia" (p. 120), "La revolución en la Ópera de París" (p. 202) y "Falla y la música de escena" (p. 277). Detengámonos un poco en este último. Trata sobre el drama lírico y su agonía, y la presencia escénica, en el sentido moderno. Pero lo que asombra es que, para comentar la obra del autor de "El retablo de maese Pérez", Vallejo nos lleva de la mano por terrenos de las artes plásticas, la música de su tiempo (Honegger, Satie, Stravinsky, Schönberg), el teatro (Shakespeare, Ibsen, Shaw), el mundo de la danza (Diaghilev, Nikitina, Nijinsky), con lo que nos demuestra su formación integral, que no sólo despierta admiración cognoscitiva, sino que nunca deja de darnos muestra de lo que es su estilo( **). Leámoslo:
Ya de alguna manera está insinuado el interés vallejiano por la danza. Quizá uno de sus artículos más significativos sea el que dedica a "Los funerales de Isadora Duncan" (p. 244) que nosotros citamos más adelante como una muestra excepcional del estilo de prosa poética de nuestro creador periodístico. El Cine es uno de los puntos de mayor preocupación del autor de Trilce, en sus periplos de reportero de la información de actualidad (léase también periodismo). Vallejo es, sin duda, un cinéfilo. Falta todavía un estudio sobre lo cinematográfico de ciertas imágenes, especialmente de la época de Poemas Humanos y, por cierto, de España,aparta de mí este cáliz. Son muy numerosos los textos en los que hay, como meollo, la crítica cinematográfica o la referencia a la cinética o a la cinemática. Uno de los genios en su época (la de Vallejo, que aunque paradójicamente, también se convierte en la nuestra porque el poeta sabe proyectar su pluma hasta el hoy); uno de los genios indudables, decíamos, es Chaplin. A él le dedica su breve aunque enjundioso texto "La pasión de Charles Chaplin" (p. 265); así como también son claves su "Contribución al estudio del cinema" (p. 251) y el "Ensayo de una rítmica en tres pantallas" (p. 279). Otra ladera esta sí sorprendente en el periodista Vallejo, es la del cronista policial. No se crea, sin embargo, que es una incursión del poeta por los albañales de la crónica llamada entre nosotros "roja". Nada de eso. El tema policial le sirve al escritor para develar algunas de las miserias de la sociedad en la que le ha tocado vivir, y aun para desmitificar, con buido análisis, el papel que este tipo de periodismo cumple como "cortina de humo" ante la crisis de los países. Al respecto, son ejemplares los siguientes artículos: "Gaston Guyot, el nuevo Landrú" (pp. 148149), también tocado como personaje en "Un extraño proceso criminal" (p. 220). Aquí en el primer texto Vallejo desmitifica el sórdido papel que cumple el periodismo amarillo. El autor va más allá de la noticia (****) y se adentra en los móviles para "levantar" (por el Gobierno) la crónica roja. Pero leamos:
En "Hacia la dictadura socialista" (pp. 262263), a pesar del título, se halla una crónica, con ribetes de escenografía de cine expresionista, acerca de crímenes violentos, cometidos a 14 y 15 grados bajo cero. Vallejo los llama "dramas de la miseria". La mise en scène es impresionante: hay un travelling que nos conduce a los asilos de los pobres que claman por hambre de pan, de un pan que sea dado de "hombre a hombre", no el "pan anónimo e irresponsable de una mano colectiva". Como telón de fondo:
Como puede apreciarse, no se trata sólo del cuadro expresionista de la miseria, sino del violento contraste entre aquél y la presencia de las mascotas sacadas a pasear en los coches seguramente con calefacción mientras seres humanos se arraciman en los mingitorios, ateridos. Y esto nos lleva a adelantar otra cita en la que Vallejo desmitifica el "amor a los animales". En un texto titulado "Los animales en la sociedad moderna", al comentar el libro del Paul Eluard Los animales y sus hombres, habla de este tema en cierta sociedad que se precia de civilizada y muy moderna, para concluir con un aserto muy característico de su estilo desmitificador que hemos llamado lo repetimos su más allá de la noticia (o del comentario).
En otra ocasión pero esto lo comentaremos más adelante en forma detallada una crónica, como la titulada "Un atentado contra el Regente Horty", en la que en efecto hay un delincuente, encubre, en realidad, una suerte de cuento borgiano avant la lettre (pp. 319320). Uno de los ángulos que indudablemente llamará más la atención al que no tiene familiaridad con esta sección de la obra vallejiana, es su capacidad para desenvolverse en el campo del Periodismo Económico. Al respecto, son importantes, pero no únicas, las páginas consignadas en "las crisis financieras de la época" (pp. 332333), "Alrededor del Banco de la Reparaciones" (p. 408), "Las grandes crisis económicas del día. El caso teórico y práctico de Francia" (p. 423). Cabe anotar que con la formación científicosocial del poeta especialmente desde su adhesión al marxismo, la trascendencia del hecho económico para la interpretación de la urdimbre de su época, resultaba cardinal. Por ello, el campo del Periodismo Político es uno de los más proficuos en su vasta obra de reportero del inquietante mundo que le tocó vivir. Hay una simbiosis entre el testigo que penetra, con su escalpelo, en las entrañas de su tiempo, y el hombre que ha bebido, con fruición y disciplina, en las vertientes científicas del materialismo dialéctico. Entre los muchos textos políticos, destacamos: "El movimiento dialéctico en un tren" (p. 341), "Acerca de la Revolución Rusa" (p. 346), "Pacifismo capitalista y pacifismo proletario" (p. 381), "El último discurso de Briand" (p. 390), "Clemenceau ante la historia" (p. 397), y por cierto su reportajetestimonio Rusia en 1931, Reflexiones al pie del Kremlin. Sólo nos detendremos en un artículo de corte económico, pero cuyo substrato es político, por lo que nos servirá para visionar ambas vertientes. Pensemos, para hablar de poetas universales en nuestro idioma, en un Darío, en un Borges, en un Paz, que también han escrito y mucho en los periódicos. ¿Podemos, por ventura, imaginar a ellos en la realización de un análisis de la coyuntura económica mundial como el que hace nuestro Vallejo en "Las grandes crisis económicas del día. El caso teórico y práctico de Francia"? Con el único que se nos ocurre parangonarlo es con el cubano-universal José Martí. El artículo de Vallejo es impresionante por la información que maneja, por la comparación entre los estados económicos en crisis de Inglaterra, Alemania y Estados Unidos, en contraste con la sui generis "bonanza" de Francia que:
Luego, describe a las transnacionales de aquella y de esta época: la General Electric, la Standard Oil, y de cómo Francia su holgura de entonces es "frágil y efímera", pues, ella, aunque no lo quiera, está ligada, orgánica y solidariamente, a la "economía universal en quiebra". A continuación ¡el poeta! pasa a estudiar analizar, escribe su proceso económico (el de Francia). Pero, y aquí nos da una muestra de conciencia del oficio (de periodista, de comunicador paradigmático), "pie a tierra y (como debe ser) valiéndonos de números". En este rubro, Vallejo nos dice algo fundamental para su actividad profesional, para su credibilidad: la del uso de las fuentes, la del acceso a ellas. Muy consciente, el escritor añade en el mismo párrafo: "Nuestras fuentes de información son frescas. Ellas datan de apenas quince días". El artículo está fechado en París, en Noviembre de 1930, y se publicó en "El Comercio", el 14 de Diciembre del mismo año: o sea que sus lectores de allende los mares podían estar seguros que el poeta no les endilgaba un refrito o una información con datos desactualizados. A renglón seguido, el autor de "Espergesia", como todo un reportero económico, analiza exportaciones, importaciones, juegos bursátiles, movimiento de la industria automovilística, fabricación de seda artificial, dificultades agrícolas y problemas del exceso de capital monetario existente en esos momentos en Francia, para terminar con el asunto de las onerosas cargas fiscales que soporta la población francesa, y que "rebasan las de cualquier otro país, Alemania inclusive." Todo lo anterior nos conduce escribe a la "pendiente" en la que ha entrado la actual economía francesa. Y Vallejo es muy perspicuo al señalarnos que, si ella carece de la violencia con que se ha manifestado en otros países:
Pero, concluye, ya se perfila la crisis, verbi gratia, por las "sublevaciones indígenas surgentes en sus posesiones de Asia y África." Una vertiente, asimismo, presente en varios de los artículos y crónicas vallejianas, es la filosófica. El poeta penetra, con su lámpara de Diógenes, en los meandros de nuestro tiempo, extrae notas en las que dilucida la condición humana, y hace especulaciones de hondura existencial y metafísica. Léase, entre otros, "La fáustica moderna" (p. 126), "Las nuevas disciplinas" (p. 223), "El apostolado como oficio" (p. 225), "Oyendo a Krishnamurti" (p. 296) y "Keyserling contra Spengler" (p. 321). Una especialidad de vibrante actualidad es la del Periodismo científico(*****). Vallejo, en esto, como en mucho, es igualmente un adelantado. En el corpus de sus artículos y crónicas, podemos hallar un verdadero, un genuino interés por el desarrollo de la ciencia, por todo lo referente a la posibilidad de dilatar las fronteras del conocimiento. Entre lo escrito por él al respecto, espigamos: "Últimas novedades científicas de París" (p. 63), "Un gran descubrimiento científico" (p.177), "Últimos descubrimientos científicos" (p.189). ¡Prosigue la serie de asombros! Muchos de los escritores y/o intelectuales, tienen lo que podría llamarse su talón de Aquiles en los predios de los deportes. Al que esto escribe, sencillamente no le interesan. No hallamos tiempo para internarnos en las dilatadas secciones y suplementos que los diarios y revistas dedican a los deportes, muchas veces, es cierto, como "cortinas de humo" para los temas realmente importantes. Sabemos que esto es una grave limitación, y que un periodista "de oficio" tiene que interesarse en todo lo que ocupa la atención de la actualidad. Recordamos, al respecto, una conversación con el primer corresponsal de la Agencia Cubana Prensa Latina en el Perú, el chileno Sergio Pineda, gran aficionado a los deportes, quien nos señalara, precisamente, la importancia, para un periodista, de "estar al tanto de todo". Confesamos no haberle hecho caso, hasta que arribamos al mundo periodístico de César Vallejo, donde los deportes todos, casi todos: no hemos hallado nada sobre fútbol ocupan lugares expectantes. Leamos, entre otros, los artículos: "Una gran lucha entre Francia y Estados Unidos" (pág. 98) cuya última parte es la contienda entre tenistas y boxeadores de ambos países, "Los peligros del tenis" (p. 117). En su "Crónicas de París" (p. 152) escribe sobre natación, concretamente sobre la hazaña de la nadadora norteamericana, Miss Ederlée, que atravesó por primera vez el Canal de la Mancha. En "Los seis días de París", se trata de dilucidar el "origen del actual fanatismo deportivo en Norteamérica" y presenta una panorámica, crítica, de la famosa contienda ciclística francesa. Pero no hablamos sólo de simples, coyunturales crónicas deportivas. En esto, como en casi todo, Vallejo siempre es el escritor profundo y esclarecedor. En "Los hombres de la época", al comentar sobre el famoso (entonces) escritor francés Henri de Montherland, nos plantea una suerte de filosofía del deporte. Veamos.
Igual nota encontramos en "La fiesta de las novias en París" (p. 175), donde, sin embargo, no se trata nunca se trata de una mera descripción frívola de esta "celebración", sino que ella es ocasión propicia para dilucidar las contradicciones sociales:
Vallejo sabe ¡cómo no! mirar por detrás de los fuegos de artificio, y encuentra, en estas reuniones de muchachas pobres, el crisantemo de la soledad, del abandono. Así, realiza una suerte de desplazamiento de su cámara imaginaria, desde el plano general de una reunión de amigas "catherinettes" que se hallan "en una larga mesa llena de flores". Son diez amigas. El poeta reconoce en closep up a una, la que él llama "La rubia del Colbert" (el nombre del restorán donde, cotidianamente, la ve almorzar y comer, siempre sola, a una hora fija").
En este mismo rubro podría agruparse el número de artículos y/o crónicas que Vallejo dedica al tema de la moda (que, asimismo, pueden no ocupar un texto completo, pero que tachona otros: no se olvide que él reside en París, "paraíso" de la susodicha...). Sobre ésta hay alusiones o referencias concretas, llenas de sápidas observaciones, en "Crónica de París" (pp. 5859) y en general en Desde Europa (pp. 61, 72, 93, 128129, 143, 148, 156, 193 y 195), entre muchas otras. En este acápite, igualmente, podría hacerse un apartado para incluir la Crónica de viajes, una suerte de Periodismo turístico. Como sabemos, el poeta se desplazó bastante durante su periplo europeo. Hay enjundiosas páginas sobre países y lugares, donde Vallejo pergeña ramalazos lúcidos sobre el carácter nacional, sobre laderas sociológicas que resultan francamente citables:
Otro ejemplo. En las crónicas "Mundial en Rusia" y "Mundial en el Oriente Europeo" (pp. 392395), frente a lo que podría ser la visión superficial de un turista, tenemos que el poeta, en la primera de ellas, nos enfrenta al análisis de los aspectos desinformativos que un periódico de la prensa reformista francesa, Le Populaire, hacía de las llamadas crisis económica y crisis política de la URSS. En la segunda, tenemos, como él escribe, una visión "a grandes zancadas" de Austria, Checoslovaquia, Hungría, Yugoslavia y la URSS, en cuanto a las influencias que gobiernan sus economías. Aquí la cita del autor de El Capital es congruente:
¿No es verdad que nos situamos frente a lo que podría ser una suerte de poética para el periodista que escribe sobre viajes? Al comienzo de este capítulo, hablamos algo sobre la condición de adelantado de Vallejo respecto a lo que hoy se ha dado en llamar Periodismo de investigación o el gran Reportaje interpretativo. Ya señalamos que generalmente éstos son productos de verdaderas unidades de investigación de diarios y revistas, que, con los modernos métodos de la informática, trabajan a partir de sofisticadas bases de datos. Obviamente, en el caso que nos ocupa, todo tenía que hacerse "a pulso". Sin embargo, notables artículos de Vallejo como "Las fuerzas militares en el mundo" (p. 301) o el ya citado "Las grandes crisis económicas del día " (p.423) hacen uso de puntual información, y se apoyan en ella para arribar a las conclusiones que se desprenden lógicas de un sólido corpus manejado por el periodista. En "Las fuerzas militares " se hace un cuadro comparativo del potencial bélico de los países "occidentales" y se demuestra, palmariamente, que son ellos, y no la URSS, los que fomentan el guerrerismo en el planeta. El travelling a través de los ejércitos europeos en 1927, nos conduce a saber que ellos como así fue, en efecto se preparaban para la guerra, mientras babeaban, cínicamente, en nombre de una paz en la que ni creían ni defendían. Y, como en el cuento de Pedro y el lobo, se la pasaban ululando acerca del "espíritu guerrero de Moscú", mientras ellos eran los que, en realidad, calentaban los cañones y organizaban todo tipo de tropelías y desaguisados, con su esencia colonialista e imperialista. Como buen ejemplo de Periodismo interpretativo, igualmente queremos citar "Los seis días de París" (p. 282), donde a partir insólitamente, pero no olvidemos que se trata de un poeta originalísimo del deporte en USA, se proyecta a una cala en el racismo y en la verdadera razón del "éxito" de los anglosajones en el mundo de las competencias deportivas. Hay, asimismo, sugerentes relaciones entre guerra y deporte, y comentarios acerca de la "racha mundial de imitación del deporte de origen u orientación yanquis, tales como el ciclismo, el box, etc." Todo para llegar al match ciclista llamado de "los seis días" que:
Similar es el caso de "Foch y el soldado desconocido" (pp. 352353), crónica en la que Vallejo no se queda en la parafernalia del entierro del Mariscal Foch ("Grandiosidad y pompas mayores no las tuvo ni la coronación de Napoleón I, como Emperador de Francia."). Mas, detrás de ella, la tumba del soldado desconocido ("Porque en toda guerra hay, dentro de un mismo país, víctimas y responsables"). Así, el boato hiperbólico de estas exequias, no hace al cronista quedarse en la mera descripción de él, sino que como buen exégeta hurga en lo que podríamos llamar "el revés de la trama", allí donde "vigila la historia, con su ojo implacable y fijo, con su boca implacable y verdadera." Pues bajo el Arco del Triunfo sigue durmiendo el Soldado Desconocido. Y:
Y concluye con la frase magistral que hemos citado: "Porque en toda guerra hay, dentro de un mismo país..." El llamado, por manuales modernos (de origen norteamericano), Crónica o reportaje de interés humano, es llevado por Vallejo a su más tensa y dramática expresión al presentarnos el retrato de una joven comunista de veinte años, tuberculosa, cuya autoridad moral deviene irrebatible. Ella aparece a lo largo de tres artículos. Primero en "El movimiento dialéctico en un tren" (p. 341); luego en "En la frontera rusa" (p. 344) y asimismo en "Acerca de la revolución rusa" (p. 346). En este último da, el poeta, el más desgarrado retrato de ella. Tenía diez años cuando estalló la revolución. Su padre, obrero textil, murió en una refriega en la plaza Lubianka:
Y concluye con un soberbio remate, muy en su personalísimo estilo:
Para cerrar este capítulo, expresamos que una de las características magnas de la obra periodística de nuestro máximo poeta, es su maestría para los retratos de personas y personajes de la cultura y la política de su tiempo. Es cierto que estas etopeyas no siempre resultan encomiásticas, pero lo importante es que se apoyan en un razonamiento esclarecido y esclarecedor. Así, entre otros, destacan los retratos de José Carlos Mariátegui, Lenin, Trotsky, Macedonio de la Torre, A. Valdelomar, Juan Gris, Picasso, Chaplin, Manuel de Falla, Rubén Darío, Isadora Duncan, Antenor Orrego, Whitman, Haya de la Torre, Mayakovski... Para no quedarnos en persona alguna, escogemos este magistral y actualísimo fragmento, ahora que ya no hay URSS y que la llamada "comunidad socialista" se derrumbó como castillo de naipes, precisamente por obra de algunos de estos especímenes. Se trata del retrato del dogmático, del sectario:
NOTA (1) Aunque el método adusum de hogaño es que un autor "conocido", "reputado", venda su colaboración a una agencia de noticias, la misma que se encarga de "colocarla" entre su clientela a nivel transnacional.
_________________________________________ (***) Salvo indicación en contrario, los
subrayados en negrita son del autor del libro. (******) Un capítulo el V de este libro discurre sobre los vasos comunicantes entre periodismo y literatura. Véase cómo en esta crónica hay profusión de alusiones a tópicos del bardo: los dados en "Los dados eternos", huesos en Poemas humanos, etc.
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