CONCLUSIONES (CONTINUACIÓN)

 

12. Fue, en el modernismo literario, que se impuso la figura del escritor–viajero. Vallejo pertenece a esta estírpe. Su vida europea marca la condición de un hombre preocupado por desplazarse cuanto pudo. París, Madrid, Moscú, podrían citarse como sus puntos cardinales. Pero estuvo, por cierto, en muchos más. Por lo tanto, su actividad periodística no podía dejar de abordar lo que hoy en día tiene, asimismo, destacada importancia: el turismo; lo que, en una suerte de intento clasificatorio, denominaríamos la Crónica de viajes, ese Periodismo turístico que, sin embargo, en su caso, igualmente, tiene un matiz peculiar.

Vallejo desarrolla lo que podría ser una Teoría del periodismo de viajes, un desiderátum para aquel que desee expresar la especialidad contemporánea de Periodismo turístico. Y, asombrosamente, lo hace con la utilización de una cita de Carlos Marx. Ella es, recordémoslo:

"Marx enseña que para conocer el carácter, desarrollo y destino ulterior de un país, hay que guiarse por el estado y fisonomía de su técnica de producción. El viajero debe dejar, para segundos términos el juicio, el arte, la literatura, la religión y la filosofía del país que él trata de conocer. En primer lugar y si él quiere ir derecho en su encuesta y en sus observaciones, debe poner el ojo en las fuerzas, medios e instrumentos de la producción económica." (p. 363)

Qué interesante cita, máxime si tenemos en cuenta que Vallejo es un profesional del arte y la literatura (como buen creador) pero, como acucioso periodista, privilegia lo que, objetivamente, va a darnos mejor la fisonomía de un pueblo, de un país, de una región, independientemente de sus aficiones particulares.

Igualmente, en este rubro del Periodismo y el Turismo, Vallejo tiene hallazgos sobre el ethos de ciertos pueblos, que son resultado de su visión profunda de poeta, antes que la del frívolo ser que se desplaza por los exteriores de la región que visita.

13. En este mismo aspecto de lo que podríamos llamar la función del periodismo (paradigmático) de nuestro autor, convocamos la atención hacia el salutífero develamiento que él hace de cómo los estados utilizan, por ejemplo, el periodismo amarillo, de modo que, con él, tienden una "cortina de humo" que les permite continuar con sus desaguisados.

El artículo "Gastón Guyot". El nuevo Landrú es un arquetipo en este rubro. Allí vemos cómo el gobierno francés manipula este hecho "de sangre" para que:

"continúe acaparando la atención del país entero, a fin de que la gente siga muriéndose de hambre, sin sentirlo, o al menos, siga comiendo carne cruda de caballos apestados, sin darse cuenta de ello..." (pp. 148–149)

Vallejo también ataca frontalmente lo que él llama "el tráfico de celebridades y fortunas" que se hacía –ayer como hoy– con el celestinaje de la prensa, que encumbra ídolos de barro, y sumerge, en el silencio, a los verdaderos valores, cuando éstos no tienen posiciones congruentes con los intereses que ese "periodismo" defiende. Es importante, para ello, releer el artículo "La miseria de León Bloy", (24) cuyo subtítulo es altamente sintomático: ‘Los editores, árbitros de la gloria’. Recordemos, apenas, algunas de sus palabras:

"Hoy los lectores son embaucados con mayor facilidad que en ninguna otra época y se dejan llevar ciegamente por lo que se dice y por lo que se muestra ante sus ojos."

No olvidemos que este artículo es de ¡de 1925! Y en él está pergeñando el poder manipulatorio de lo que era la prensa, y sólo la prensa (pues es obvio decir que, el cine no se había desarrollado en su vertiente periodística) en el contexto de lo que se llama la comunicación de masas. No había radio, no había TV. Imaginemos el pensamiento y la denuncia del poeta ¡trasladados al fin de esta centuria!

Sin embargo, frente a lo denunciado, el poeta comunicador social desarrolla toda una deontología periodística:

"El deber de la prensa, de ésta y del otro lado del mar, está en contrarrestar esa sórdida ofensiva de la farsa y del latrocinio y luchar porque se abra campo y se haga justicia a dignos y grandes escritores que, como León Bloy, en Francia, y Carl Sandburg, en los Estados Unidos, por ejemplo, son víctimas del abuso criminal de los editores y de la indiferencia de los públicos." (pp. 68–69)

Es también diáfana la autorreferencia. Vallejo había vivido, en carne propia "esa sórdida ofensiva de la farsa y del latrocinio" contra su valía, y había sido "víctima del abuso criminal de los editores", los que manejan –en todos los tiempos– "la indiferencia (o la aquiescencia) de los públicos."

14. Aunque ya lo hemos sugerido, al dar cuenta de cómo Vallejo desplegaba el universo de sus conocimientos de arte (de toda el arte), al hacer, por ejemplo, una crítica de música, pintura o escultura subrayaremos, en la presente conclusión, esta vertiente paradigmática de su periodismo: la de hallarse él imbuido de los conocimientos universales que son, a juicio nuestro, requisito sine qua non para los que toman la pluma con la finalidad de escribir un artículo, una crónica, un reportaje, un editorial.

La referencia que hacemos es a "El movimiento dialéctico en un tren" (25) donde la interlocutora del bardo–periodista se sorprende de la abrumadora información que él posee sobre todo lo referente a su patria.

"Se sorprende de que en América del Sur conozcamos tan de cerca el curso de los acontecimientos en Rusia, y más aun el ritmo y sentido de su producción intelectual. La señora se complace visiblemente. Cuando le hablo del pensamiento revolucionario ruso en la literatura, en el cinema, en las artes plásticas, en la música, en el teatro se llena de orgullo y su emoción impone respeto al propio médico, su enemigo." (p. 341)

15. La llamada "objetividad" es más un desiderátum que una realidad en el periodismo. Es interesante, en este rubro, señalar la calidad de los testimonios vallejianos sobre la Revolución Rusa. Pensamos que él ha tensado al máximo las cuerdas. Pero lo citamos porque es una singular muestra de la idiosincrasia de nuestro máximo escritor, y de cómo él defendía, a ultranza, lo prístino de su testimonio. Creemos que ello puede deberse, además, al momento en que escribe, a lo dramático de la situación en el alba de la Revolución Bolchevique.

Vallejo es, de todos modos, un ejemplo, un paradigma, aunque difícilmente repetible en épocas en que los periodistas tienen que viajar enviados por las empresas en las que trabajan, o, por qué no, invitados por los países, pero sin que ello emascule la calidad enhiesta de sus testimonios. Pero el cholo es el cholo y en esa condición lo recibimos.

Se trata de la crónica (periodismo y turismo) "César Vallejo en viaje a Rusia":

"Yo no soy invitado por nadie –le digo. Nadie me ha invitado oficial ni particularmente. Yo costeo mi viaje y, empezando por el sello de mi pasaporte, satisfago todos los requisitos que el Sóviet exige para entrar a residir en Rusia a todos los extranjeros. Para que mi reportaje tenga validez ante la opinión pública y sea una credencial insospechable y rigurosamente objetiva de las realidades auténticas de Rusia, he querido hacer este viaje sin que el Sóviet ni ninguna institución soviética comprometa, aun sin proponérselo, mi independencia con facilidades o cortesías más o menos escabrosas. Por otro lado, me encuentro asimismo libre de consignas procedentes de los periódicos que represento. Más todavía, me siento libre de consignas profesionales y partidaristas. Yo no soy empleado de ningún periódico, sino simple colaborador y puedo en cualquier momento y sin sujetarme a la venía de nadie ni a sanciones de ningún contrato u obligación profesional, aumentar o disminuir mi trabajo, modificar sus términos y directivas y hasta interrumpirlo o suprimirlo por mi exclusiva voluntad. Yo no gano sueldo. Yo no gano un salario. Soy un obrero intelectual. (p. 351)

Excepcional, pues, el testimonio de lo escrito, por Vallejo, sobre Rusia. Tanto que su libro de 1931 se agotó muy rápidamente, y se reeditó varias veces, sin que nuestro poeta pudiera ganar las justas regalías, pues fue víctima de un siniestro editor que se aprovechó de lo desprevenido en el terreno económico, en el terreno legal, de nuestro artista, que había viajado a la URSS:

a) Con su dinero

b) Sin invitación oficial

c) Sin directivas empresariales (pues era free–lancer)

d) Sin anteojeras políticas

Es importante, por su valor referencial, leer la nota del editor madrileño de Rusia en 1931 (reproducida en la publicación peruana de 1956) sobre este aspecto:

"No ha ido en misión oficial, con ninguna subvención, con ninguna representación de grupo ni de entidad política. A cuerpo y cara limpios. No se podrá decir por nadie que escribe este libro obedeciendo a mandatos propagandísticos. Vallejo no tiene ninguna relación más o menos escabrosa con las instituciones soviéticas. Por eso los juicios que dé en esta obra son los libres e imparciales de todo hombre honrado que no cuenta sino lo que ha visto con sus propios ojos." (26)

Eso explica que, Vallejo, al criticar el punto de vista del autor de Kyra Kyralina, lo desautoriza porque su perspectiva es atrabiliaria, poco periodística, pues:

"En todo cuanto Istrati escribe sobre política, hay, inevitablemente, alabanza o invectiva. Su cordialidad ignora la justeza y la justicia que nacen de los datos de la realidad objetiva y no de los arbitrarios recovecos subjetivos." (p. 403)

No puede ser, pues, Panait istrati un periodista paradigmático, tal como lo concibe nuestro poeta, porque aquél "ha sido siempre un instintivo (que) piensa y obra por reflejos."

16. Un periodista paradigmático debe saber –como nuestro Vallejo– leer en profundidad el presente para hacernos (sin taumaturgias, sino a base de ciencia y de capacidad analítica) advertencias de lo porvenir, y( *) nuestro autor lo hace en numerosas ocasiones. Ya lo hemos señalado, pero lo relevamos en esta conclusión. No se trata, tampoco, de la calidad de las premoniciones que aluden al origen latino del término vate y de vaticinio o la capacidad de leer el devenir. No se trata, es obvio del "Me moriré en París con aguacero..." No. Aquí el poeta es el periodista que ha penetrado en la urdimbre de su tiempo y, por ello, tiene capacidad de pre-ver. Y prevé. Y nos lo comunica, aunque no tengamos la disposición –o la voluntad– de decodificar sus mensajes. Como el que envía en su artículo "Hispanoamérica y Estados Unidos ante el Tratado Nipo-Alemán-Italiano." (27)

Vallejo hace un llamado a Estados Unidos para poner freno al fascismo europeo y oriental (ítalo-germano-japonés) que ya había puesto sus ensangrentadas botas, en el caso de los dos primeros países, en la bienamada España, en Abisinia y China, pues de lo que se trata, –y lo especifica el poeta–, no es:

"Ya de una simple agresión a una determinada ideología política, a un tipo de sociedad, a una forma de Estado, sino de ataques a fondo contra el cuerpo y el espíritu mismo de los pueblos, contra sus bases históricas, sus maneras de pensar y de vivir, en fin, contra sus instintos vitales más profundos y sagrados. Se pretende, en una palabra, colonizar alma y bienes de los países objeto de esta flamante forma de conquista." (p. 448)

Vistas así las cosas, el poeta invoca a quien sea capaz de escucharle para:

"... LIBRAR EL MUNDO ENTERO DE LA BARBARIE..." (p. 447);

de esa barbarie que costaría, al planeta, millones de muertos.

Por cierto NO SE LE HIZO CASO, Y EL MUNDO "LIBRE" PAGÓ SU SORDERA SINTOMÁTICA CON EL ALTO COSTO HISTÓRICO QUE TODOS CONOCEMOS: EL FASCISMO –EUROPEO Y ORIENTAL– DESATÓ LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL: Y EN MEDIO DE ESE MAR DE SANGRE, DESARROLLÓ SU VIDA DELETÉREA.

Porque Vallejo vivía la inmolación de la República de García Lorca y Miguel Hernández, la tortura de la España de Quevedo y Bécquer, holocausto que se realizaba a la vista y paciencia de las naciones que luego serían "víctimas" de la misma agresión fascista. Porque lo que se hacía con la República española –por parte de Hitler y Mussolini– es lo que se haría, mutatis mutandi, contra la humanidad entera, en nombre de la vesania racista de la reacción internacional.

La política de avestruz de las "grandes potencias" –Inglaterra y Francia–, su cobardía y reticencia que encabezara el imperio americano, hicieron caso omiso de las zahoríes palabras del poeta. Pero conste que ellas fueron escritas, y con claridad meridiana de periodista paradigmático.

Por ello las reproducimos, cincuenta y cinco años( *) después que fueran publicadas, en la revista Repertorio Americano, N°. 831, San José de Costa Rica, 18 de diciembre de 1937:

"Se hace urgente deducir de la nueva política americanista a que nos referimos (Roosevelt se había pronunciado aparentemente contra las dictaduras fascistas), una táctica de acción inmediata de todos los pueblos de América en defensa particularmente de la República Española, por ser ésta objeto principal de la agresión fascista, y por la circunstancia que, de ser ella vencida, el camino de la hegemonía del fascio en el mundo ganaría un gran terreno..."(p. 448)

Sólo nos queda añadir. (¿resignadamente?):

¡Y LO GANÓ! Pero sin dejar de preguntarnos: ¡POR CULPA DE QUIÉN?

Hoy, a finales del siglo –1992– hemos asistido al ocaso de los países que se agruparon en la llamada Comunidad Socialista, y al derrumbe de la propia Unión Soviética. Sabemos que, entre las numerosas causas de ello, se encuentran las derivadas de un manejo dogmático, sectario, de la doctrina marxista. Cuán bueno hubiera sido que, en su momento, se repasaran las enseñanzas derivadas de las "Lecciones del Marxismo" (28), que ya citamos largamente, donde se consigna el prodigioso retrato del "escriba del marxismo", del miembro de esa "tribu de esclavos" que deformaron la doctrina y las verdades científicas, para convertirlas en mera cháchara, con el juego de una doble moral que hoy ha demostrado su verdadera tesitura, y que ya fuera denunciada por nuestro Vallejo hace sesenticuatro años, en este artículo –no es por cierto, el único– publicado en Variedades, N° 1090, el 19 de enero de 1929.

Otra de las conclusiones necesarias, es la urgencia de depurar el corpus de la obra periodística de Vallejo. Se deberá dejar, en ella, sólo lo que corresponda a esta área de conocimiento. Y clasificar, en su lugar, los poemas en prosa, los fragmentos de novela, los cuentos, el discurso varias veces citado.

17. Una obra periodística que hemos calificado de paradigmática, tenía que poseer –y la poseyó– una conciencia clara de sus receptores. Y éstos son las nuevas generaciones de América y el mundo.

En su artículo de abril de 1929, fechado en París –"El pensamiento revolucionario"– escribe:

"En primer lugar, necesitamos recordar a las inteligencias jóvenes de América, a las que de preferencia nos dirigimos..." (p. 347)

Tratemos de que ellas reciban el legado periodístico del poeta. Ése ha sido el propósito de este trabajo, por supuesto permanentemente inacabado, pues, como parte de su obra creativa, las lecturas que aparecen –y aparecerán– son necesariamente múltiples, inexhaustibles.


Lima, Diciembre de 1992.

                        Ver Notas


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(*) Más o menos es lo que dice Cervantes en El Quijote sobre la función de la historia.

(*) Lo repetimos. Este texto se escribe en 1992.

 

 

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