Boletín de la Sociedad Peruana de Medicina Interna - Vol. 9 Nº 3 - 1996

  EDITORIAL

La salud del adulto: ¿Estamos apuntando al blanco correcto?

Aldo Vivar Mendoza*

* Médico asistente del Hospital Arzobispo Loayza.
  Director de Salud Integral del Adulto de la Sociedad Benéfica PRISMA
  Correspondencia: Carlos Gonzales 251-Lima 32
  E-mail: avivar@prisma.

Cada vez que se nos pregunta a los internistas acerca de nuestra especialidad, respondemos que somos especialistas en adultos; sin embargo, esta respuesta inicial debe ser complementada con mayor información para delimitar mejor nuestro campo de acción.

¿Tenemos todos los internistas un consenso para definir lo que es un adulto? En algunas publicaciones se encuentra que un adulto es la persona comprendida entre 15 a 64 años de edad, lo que quiere decir que se incluye a uno de los sectores más numerosos de la sociedad, cuyos integrantes son económicamente productivos y se encuentran en capacidad de reproducirse. Además, ellos son los responsables del cuidado de los niños y ancianos dependientes en una comunidad.

Con estas definiciones en mente, se hace necesario para el internista, al margen de las consideraciones puramente fisiológicas y clínicas, incorporar destrezas adicionales para el manejo de un adulto que busca atención de salud. Asimismo, nuestras decisiones acerca del diagnóstico y tratamiento de los adultos se basan primordialmente en dos aspectos: el concepto de salud y el concepto defactores de riesgo.

Hacia finales del siglo XVIII, los médicos consideraban la vida en función de la muerte, es decir la ausencia de una definía la otra. El avance científico y filosófico evolucionó estas primigenias aseveraciones hacia los conceptos de salud y enfermedad y actualmente se considera la salud como el equilibrio biológico, psíquico y social de un individuo.

Es sobre este equilibrio donde comienzan a trabajar los factores de riesgo, promoviendo o modificando la situación de salud de un individuo o de la sociedad en su conjunto. Factores como el medio ambiente, la polución, el stress, la carga genética, el proceso de urbanización e industrialización y los estilos de vida predisponen a la aparición de ciertas enfermedades. Las mismas que en algún momento de nuestro ejercicio profesional veremos los internistas.

¿Conocemos realmente cuáles son las enfermedades que atacan con mayor frecuencia a nuestro grupo de interés? De acuerdo a la experiencia global, los adultos pueden subdividirse en dos grupos etáreos: entre los 15 a 39 años (adultos jóvenes) y entre 40 a 64 años (adultos maduros). En el primer grupo los problemas de salud más comunes son los accidentes, enfermedades infecciosas, el uso de alcohol, tabaco y drogas, así como los problemas médicos relacionados con el embarazo, parto y puerperio y con las enfermedades de transmisión sexual, incluyendo el SIDA. En el grupo de mayor edad las enfermedades cardiovasculares y el cáncer ocupan los primeros lugares; además no pocas veces nos enfrentamos al manejo de problemas en ancianos -léase adultos mayores, de más de 65 años-: enfermedades cerebrovasculares y degenerativas, la deprivación social y enfermedades carenciales.

Ahora conviene preguntarnos: ¿posee el Perú algunos rasgos distintivos en lo que respecta a la práctica de la medicina interna? Pensamos que sí. Nuestro país, con una extensión de más de un millón de metros cuadrados ostenta el privilegio de tener en su territorio aproximadamente 18 de 20 ecosistemas descritos en el mundo, albergando a una rica flora y fauna, que es el hábitat natural de muchas enfermedades tropicales: malaria, dengue, fiebre amarilla, peste bubónica, leishamaniasis, lepra, enfermedad de Chagas, etc. Predisponiendo además a otras condiciones especiales: enfermedades de la altura (soroche) y exposición a una variedad de animales ponzoñosos. Existe un importante segmento poblacional que habita en ciertas regiones endémicas o llega a ellas por motivos laborales.

La población peruana que alcanza a más de 23 millones de habitantes y crece a un ritmo de 1.7% anual (en consecuencia, con una gran proporción de habitantes jóvenes), ha sufrido una serie de cambios sociales y económicos que la han empujado a vivir fundamentalmente en las ciudades costeras (al momento actual 70% de los peruanos vive en zonas urbanas).

La urbanización e industrialización que acompañan al proceso de desarrollo perpetúan y lo condicionan ciertos modos de vida; entre ellos: altos grados de hacinamiento que permiten tasas elevadas de tuberculosis pulmonar en nuestras ciudades. Asimismo, la conjunción de pobreza, bajo nivel educativo, disrupción familiar y crisis social condiciona un preocupante índice de consumo de alcohol, tabaco y drogas en sectores importantes de nuestra comunidad. Otros estratos, más pudientes, se ven enfrentados a problemas relacionados con patrones dietéticos inapropiados, con la vida sedentaria y el stress, condicionando riesgos a la salud cardiovascular. Por otro lado, todos conocemos a diario acerca de los graves accidentes de tráfico que ocurren a causa de una pobre seguridad vial en nuestras calles y carreteras.

He dejado para el final un tema de mucha importancia y actualidad: el ejercicio de la sexualidad y las consecuencias que ello acarrea: problemas relacionados al embarazo, Parto y puerperio, los embarazos no deseados Y las enfermedades de transmisión sexual.

Con frecuencia los internistas tenemos que trabajar de cerca con los gineco-obstetras para manejar algunos Problemas médicos especiales que ocurren durante un embarazo. Por otro lado, un sector muy importante de adultos (incluidos los adolescentes) se ven enfrentados a tomar decisiones respecto al empleo de métodos anticonceptivos y pedirán consejos a los internistas.

Al respecto, sabemos que a pesar de existir en la población el conocimiento y disponibilidad de estos métodos, un limitado segmento de ella es capaz de llevarlos a la práctica de manera efectiva. Como consecuencia, observarnos una brecha entre la fecundidad deseada y la observada (2.6 vs. 3.5 hijos por mujer), que los programas de planificación familiar disponibles aún no pueden resolver. También enfrentan el problema de la baja proporción de varones con responsabilidad sobre alguno de los métodos (7%), el pobre nivel educativo de muchas mujeres, entre otros.

La consecuencia más nefasta de la subóptima utilización de métodos anticonceptivos es la presencia de abortos provocados y sus complicaciones (esterilidad, sepsis y muerte materna). A pesar de no poder contar con estadísticas reales, el aborto provocado en el Perú -al ser utilizado como un método para limitar el número de hijos- es un serio problema de salud pública, ya que es realizado en forma clandestina e insegura.

Otro importantísimo problema relacionado con la sexualidad humana lo constituyen las enfermedades de transmisión sexual, de las cuales tenemos una limitada información epidemiológica local. Las tasas de infección para Chlamydia trachomatis y Trichomonas vaginalis son del 10% en grupos especiales de mujeres (trabajadoras sexuales) y de aproximadamente 6% para el caso de sífilis y gonorrea. Algunos reportes han encontrado cifras similares en mujeres que manifiestan tener una sola pareja, lo que sugiere de alguna manera la existencia de una doble moral sexual en la sociedad peruana, permisiva para el varón y restrictiva para la mujer.

Es en la población femenina donde las consecuencias de las ETS son mayores y es sobre ella donde también se estaría transmitiendo a mayor velocidad el Virus de la Inmunodeficiencia Humana. En los últimos años vemos un mayor número de casos de mujeres infectadas en etapa asintomática y en fases más avanzadas, lo que nos obliga a imponer nuevas tareas de enfrentamiento a los proveedores de salud, al público en general y al sistema sanitario

Nada define mejor un sistema sanitario como la historia de sus enfermedades, y es en ese aspecto donde la salud de los adultos del Perú enfrenta un reto por lo cambiante y variado de los problemas que enfrentamos en dicho ámbito.

Para enfrentar este reto los internistas tenemos que ampliar nuestra visión integral del adulto que acude a consultarnos. Como hemos visto, existen ciertas características fuera del tradicional ámbito clínico, que condicionan la presentación de enfermedades y, dentro de ellas, me permito tocar un aspecto básico de su manejo: la prevención.

¿Cómo podemos prevenir enfermedades en el consultorio? ¿De qué manera podemos conjugar la salud pública con la medicina clínica? ¿ Cómo podemos apuntar y dar correctamente en el blanco del cuidado de la salud de los adultos? Un clínico sagaz tiene que tomar en cuenta cómo ciertos factores de riesgo se imponen sobre cada persona. Por ello ha de considerar puntos claves a la hora de hacer la historia de la enfermedad actual, así como el registro de los antecedentes personales y familiares dentro del enfoque inicial y el seguimiento de cada uno de sus pacientes.

En la medida que comprendamos cuales son los factores de riesgo que operan sobre determinado individuo o grupo social y podamos intervenirlos a tiempo, es decir prevenir enfermedades, podremos modificar su curso, logrando con ello tener personas y comunidades más sanas, que es el interés final de todo internista.

 

 


Regresar