SITUA : Abril - Agosto 97,  Año V  Nº 10

SALUD Y CIUDADANÍA EN LOS FINALES DEL SIGLO1

Dr. GIOVANNI BERLINGER2

1.: Ponencia presentada en el "VII Congreso de Medicina Social", organizado por ALAMES (Asociación Latinoamericana de Medicina Social) en Buenos Aires  Argentina   21/3/97
2.: Profesor de la Universidad de Roma.

 

Entre muchas definiciones posibles de la ciudadanía, quiero citar lo siguiente:

"La libertad de cada individuo, el sentido que él tiene de su propia seguridad... el hecho de que cada individuo percibe de ser perfectamente seguro, siendo poseedor de todo los derechos que le pertenecen".

Son palabras que escribió Adam Smith hace dos siglos y medio, en "The Wealth of the Nations" (Las riquezas de las naciones). El escribió también "Ninguna sociedad puede ser floreciente y feliz, cuando la mayoría de sus miembros son pobres y miserables", o son "fuera de la vista de la humanidad".

Ustedes pueden comprender porque yo tengo mucha más simpatía para los paleoliberales que por los neoliberales, y es porque los paleoliberales fueron una fuerza progresista de su tiempo, y los neoliberales están impulsando tal vez la producción pero moviendo atrás las sociedades de nuestro tiempo.

Sin embargo yo quiero hablar del principio y del fin de nuestro siglo, sea como testigo (no de todo!) sea sobre todo como analista de las diferencias substanciales que me parecen características del campo de la salud pública en dos momentos típicos, más por substancial que por calendario: el fin del siglo XIX y el fin del siglo XX.

La transición entre el siglo XIX y el siglo XX fue una época de gran optimismo y además justificado:

  • se descubrieron muchos agentes biológicos de enfermedades y su transmisión por medio de vectores se introducieron sueros y vacunas.

  • se sanearon las ciudades por temor a las epidemias y el deseo de los ciudadanos de una mejor calidad de vida.

  • se votaron leyes para reglamentar la jornada laboral y para limitar el trabajo de los menores, se difundió el "Seguro Social".

  • se firmaron acuerdos de la lucha internacional contra las epidemias.

El crecimiento de una «subjetividad colectiva», de la organización y de la lucha social fue uno de los factores junto al progreso científico y a la acción colectiva de los gobiernos, que produjo sea la reducción rápida de flagelos "eternos" de la humanidad (peste, cólera, viruela), sean efectos prácticos y culturales en los decenios siguientes. El historiador Toynbee pudo por tanto escribir "El siglo XX será recordado principalmente no como una época de conflictos políticos y de investigaciones técnicas, sino como la época en la cual la sociedad humana osó pensar en la salud de toda especie humana como un objetivo práctico.

La transición entre el siglo XX y el siglo XXI me parece caracterizada por un difundido pesimismo parcialmente justificado, "parcialmente" por que 2/3 de la humanidad tienen en este año condiciones mejores de salud que hace 20 años o 10 años atrás. Pero... hay pesimismo frente al futuro. ¿Por qué?. Se pueden buscar diferentes explicaciones.

 

1) Explicación psicológica: desilusión frente a un exceso de expectativas ¾individuales¾ el proceso linear de la medicina y el triunfo sobre todas las enfermedades, ¾colectivas¾ la definición de la OMS de la salud como «completo bienestar síquico, mental y social» y el fracaso de «salud para todos en el año 2000»

 

2) Explicación etiológica: es más fácil movilizar fuerza contra un «enemigo externo» que contra un «enemigo interno», siendo ahora la gran mayoría de las enfermedades de origen «antropógena» ¾debidas a las condiciones de trabajo, de vida, de nutrición, de vivienda, de educación¾ o al entrelazarse de estas condiciones de comportamientos personales que en la mayoría de los casos son «más el producto del escalón social que acompaña la pobreza que de elección personal» (como escribió una editorial de «The Lancet». 4 de mayo de 1996), que acusó los prejuicios de los gobiernos en el clima abominable que prevalece en política, desean esconder su falta de interés por la salud pública, desplazando la responsabilidad sobre los individuos».

 

3) Explicaciones políticas (las más importantes) Gobiernos: no hay más ministros de salud! en el mejor de los casos, el MS es una filiación del Ministerio de Economía, y en el caso más frecuente de Agencias Internacionales, como el Banco Mundial o el FMI. Yo creo que todo aquel que confíe su dinero a los bancos, si lo tiene, está feliz. Pero no estoy seguro que estén felices de confiar a los bancos su propia salud.

Si se hace, creo que la única explicación puede ser cómo decir? ¾religiosa. Siendo los bancos omnipotentes, todo el bien (y todo el mal) se puede esperar de ellos.

La explicación está, por lo tanto, en el fundamentalismo monetario ¾doctrina universal que tiene sus principios rígidos, que no tolera herejías, que hablan su latín, (la palabra ciudadano se traduce en usuario, consumidor, comprador), que envía sus nuncios en todos los países, que crea sus catedrales (los "shopping centers" ¾un poco más feos que de las épocas gótica o barroca) y que está poniendo en práctica la mayor experimentación humana de nuestro tiempo:

La reducción selectiva de la atención médica a la población del mundo, sin ninguna evaluación predecible de sus éxitos.

Reivindicamos por lo menos tres puntos:

1) El consentimiento informado de los ciudadanos y sus representantes (organizaciones sociales, municipio, parlamentos).

2) El monitoreo universal y nacional de los resultados: que los Estados y las agencias internacionales, como propuso el bioeticista Daniel Callaban, obtengan por los estudios epidemológicos sobre la salud y los factores sociales que crean enfermedades y la equidad en salud, más o menos cuanto se dedica al proyecto genoma.

3) La reorientación de las «reformas sanitarias»

Ellas son dirigidas actualmente sólo a sistemas de atención a los enfermos y deberán volverse sobre todo a sistemas de salud;

Ellas preven actualmente (¡no sé cuanto realísticamente!) ahorros de dinero, y deberían prever y obtener ganancias en salud individual y colectiva;

Ellas se concentran actualmente sobre la distribución de los recursos monetarios (en forma que acentúen casi siempre las desigualdades), y deberían sobre todo multiplicar los recursos indirectos (los de la prevención, de la transformación., del trabajo y del medio ambiente, de la participación y de la ciudadanía).

Se habla mucho de la ética en Salud y está bien. Pero me parece que el problema ético fundamental es que tenemos ahora la mayoría de los conocimientos y de las tecnologías para conseguir «la salud que podríamos tener», y no alcanzamos a conseguirla al nivel local, nacional y global.

Probablemente la mayor diferencia cultural entre los finales del siglo es que hace cien años (cuando conocimientos y tecnologías eran cien veces menores) estaba muy claro el concepto de «individualidad» de la salud del mundo.

Y es paradójico que este concepto se pierda ahora, en la época de la globalización. 1) se pudo en la acción de la comunidad internacional, 2) en el compromiso de los gobiernos nacionales, 3) y también en la mente y en la conciencia moral de los pueblos, particularmente en Europa y en los EE.UU.

La globalización no es una mala palabra, una invención perversa del neoliberalismo. La globalización es una tendencia irrefrenable y positiva de la especie «Homo Sapiens». La globalización que ahora está fuertemente desequilibrada en términos de poder y de finalidades, no incluye la de los Derechos Humanos fundamentales y no tiene en cuenta la indivisibilidad de salud.

Se olvida que los virus y los microbios viajan y continuarán viajando sin pasaporte y sin visas. Se olvidan que la contaminación del medio ambiente, si bien algunos pueden relativa y temporalmente aislarse, afecta a todos. Y que también las «Patologías Sociales» como la violencia y la drogadicción se transmiten similarmente a las infecciones, por caminos materiales y culturales, siendo la única diferencia que contra ellas no hay vacuna posible. Si pueden existir anticuerpos sociales y culturales que para ser eficaces deberán (como fue la vacuna contra la viruela) actuar en todas partes del mundo.

Ayer, se habló mucho y justamente de los principios de "Universalidad, solidaridad, equidad", yo propongo que se hable también de la mutua ventaja como estímulo para la salud.

Nosotros defendemos a los pobres y marginados pero no queremos solamente una mejor distribución de la salud existentes. Queremos mejorar la salud de cada ciudadano, que pueda conseguir su propio potencial de salud de cada país y del mundo. La solidaridad puede ser un fuerte estímulo; pero pueden juntarse el estímulo del interés recíproco. El humanismo es una fuerza en la historia, pero también existe otra fuerza, la de la conveniencia que no siempre está opuesta al humanismo. Y si todo esto se une, los resultados pueden ser más rápidos y consistentes.

Tengo muchas razones para ser optimista: una es de tipo exclusivamente personal (se podría decir egoísta) y es que un querido amigo norteamericano, el ecologista Barry Commoner, que en mayo cumple 80 años en plena actividad, me enseñó que existen dos cosas para vivir bien: ser optimista y trabajar mucho. Yo creo en la primera y en cuanto a la segunda, me ayudan los amigos (incluyendo los queridos amigos latinoamericanos de ALAMES en los últimos 20 años). La razón principal es que veo a pesar de las desgracias y ofensas contra los derechos humanos y sociales, que la historia no terminó con la caída del muro de Berlín, que no canceló la exigencia de libertad y justicia en el mundo, que liberó fuerzas para la libertad y la justicia a través de la lucha democrática sin violencia armada y sin dictaduras. Esto lo han demostrado en los últimos tiempos: Los obreros de Corea del Sur en Seúl, los sin tierra en Brasil, los protagonistas del apagón y las huelgas del año pasado en Argentina, los metalúrgicos y obreros de la construcción en Alemania y las mujeres en todo el mundo con su profundo movimiento revolucionario.

Y lo demuestran los procesos políticos de formación de nuevos partidos y alianzas, de cambios de gobiernos locales y nacionales (el domingo pasado El Salvador, el año pasado Italia, posiblemente este año en otros países).

El éxito mismo de la convocatoria de este Congreso es al mismo tiempo el resultado del generoso e inteligente trabajo de los amigos argentinos, y una señal positiva de una voluntad creciente de crear alternativas utópicas y realísticas al mismo tiempo en el campo de la salud y de la ciudadanía.