| Enfermedades del Torax.
Vol. 44 Nº 2 2001 |
|
Crónicas
"TAN SOLITARIO SOY QUE TU RECUERDO ME
PERMITE LA DICHA...."
A Luis Hernández, poeta y médico, a 24
horas de su partida.
Cada vida trae o tiene un programa, hasta
en lo incomprensible hay un orden, que bien buscado parece y se firma, en la sección de
cada día y de cada año, hasta el momento de la partida. Alguna vez escribí sobre Isaac
Goldenberg, con quien compartíamos almuerzos en una fonda de la calle 138 en el South
Bronx de Nueva York, hoy daré, casi un testimonio sobre Lucho Hernández, poeta y médico
o médico y poeta, aunque estoy seguro que él preferiría, lo primero.
El 5 de junio de 1975, en entrevista
concedida a Alex Zisman y publicada en el Diario Correo, Lucho decía: "Uno hace con
su vida lo que quiere y haga lo que uno haga, nunca hace nada. Porque hagas lo que hagas
las cosas son como son. O sea que cualquier movimiento, cualquier cosa que escribas,
hables o no hables, eso es la gran verdad; nada más". Ese mismo hombre había
troquelado amorosamente una extraordinaria poesía, donde el mundo, el universo y los
colores se ataban en forma singular, unos juntos a los otros, para crear una sonoridad
hermosísima. Caminando por la Avenida Eguren, en Barranco, había escrito: "Salir de
un cinema, /cuando, luego de creer en el mundo / crean en el artista, / libre y confuso /
como todo quién canta".
Lucho deambuló entre el Antiguo local de
Letras de la Católica en la Plaza Francia y el Vetusto de San Fernando en la Av. Grau (Ex
Alameda), luego de ingresar al primero donde estudió y escribió literatura decidió
estudiar en la facultad de Medicina de San Fernando y logró con relativa facilidad, dos
hermanos de él, en el tiempo serían médicos, la familia tuvo entonces tres galenos.
Hacia la década del 70, en Buenos Aires, Lucho deshizo el número mágico: Tres, y
partió en maneras, no del todo aclaradas, hacia otras dimensiones.
Miembro conspicuo de la generación
poética del 60, su nombre se había ido afirmando, a partir del uso, en su poesía, de un
lenguaje coloquial muy original. Ayudado por una inteligencia superior, y su fina y
cultivada sensibilidad, enriquecida por extensas y meditadas lecturas y el estudio de la
música -recuerdo que adquirió destreza en un instrumento de viento con inusual rapidez-
en ellos estuvo el respaldo contra el cual apoyaba su accionar en la lectura. Había
nacido en Lima, el 18 de diciembre de 1941, cuando llegó a San Fernando, tuvo
acercamientos a nuestro grupo a través de Boris Larco, gran amigo de é l y distinguido
obstetra en la actualidad y así mismo, gran aficionado entre otras cosas, a la música
clásica, recuerdo a Lucho, callado de amable rostro, algo tímido, con unas grandes
patillas, en boga en esos años, fines del 50 y principios del 60, bajo la influencia del
cantante de rock del país del norte, Elvis Presley, ¿Quién no las usaba?, esbelto de
ágil desplazarse, muy fino en su trato. En la facultad de letras de la Universidad
Católica, se había formado un destacado grupos de poetas, recuerdo a Livio Gómez, Lucho
Tord, Javier Heraud, Toño Cisneros, y por supuesto Lucho Hernández, y otros más. Por
otro lado el poeta Javier Sologuren que había vuelto de Suecia con el auxilio de una
pequeña Minerva, preparaba hermosas plaquetas de varios de ese grupo, que se presentaban
en el salón general de la facultad de letras de la Católica, que se habilitaba, abriendo
la puerta que separaba dos salones de clases.
La asistencia era diversa, pero así se
fueron haciendo conocer muchos de ellos, a temprana edad. Quizás, en esos años, Lucho no
era tan conspicuo, hasta que años después, ganó el primer premio del concurso "El
Poeta Joven del Perú" que organizaba la revista cuadernos Trimestrales de Poesías,
que dirigía Oscar Corcuera. El libro ganador se titulaba "Las Constelaciones",
en él, Lucho hablaba de Ezra Pound, el norteamericano exiliado en Italia, por comunista,
el de los célebres "Cantos Pisanos" a quien veía llegando a su barrio y los
muchachos le dirían que tal viejo che su ma o algo así. También del Perú como un país
no más largo que el caminar de un cartero a buen paso y por no más de tres días, su
ciudad era Lima, donde vivían familiares decentes con un hijo naval. Cito libremente y de
memoria, con perdón de Lucho, hace ya más de 30 años de todo esto.
Un día decidió no publicar más y
comenzó a escribir poesías muy hermosas en cuadernos, ilustrados con originales dibujos
de singular colorido, diseñaba cuidadosamente las letras, a través de las cuales
desgranaba con singular ritmo, su visión de la vida, de los vivos, del mal de la neblina,
de la música, de la lectura de los muertos. Los terminaba y los regalaba, a la par
concluía la carrera de médico y ejerció como psiquiatra en el Hospital Dos de Mayo,
parece que prefería su busquedad de la circunstancia humana por medio de la poesía, lo
que lo llevó a completar varios cuadernos que sus amigos fueron guardando y que después
de su partida fueron recopilados en un libro a cuidado de Tulio Mora, con el nombre que el
mismo Lucho Hernández había reservado "Vox Horrízona".
Hay una gran ternura en sus versos, así
como una voz que se eleva por encima de la comedia humana para describirla y a veces
increparle a viva voz ciertos giros o para enmendarle la plana al destino. Escuchemos: Hay
en ciertas almas / como una cualidad / inexplicable / para beber / los refrescos / en la
niebla. O también porqué no: los cromáticos yates surcan / el mar azul, azul prusia /
de la herradura. Mejor escuchen este otro: si imaginas el mar / ¿de que color asombroso /
y fresco / entre las rompientes / lo imaginas? Si piensas del sol / ¿Cuál de sus
ciudades / te viene al olvido? Si imaginas la niebla no, la bruma de Lima / no puede ser
imaginada. Por favor, los anteriores versos, leerlos en la tarde de un sábado junto a una
ventana que da a un jardín, esperar que haya sol y de preferencia saborear un buen vaso
de vino o tal vez mejor aún un poco de anís de Kuypers y leer, saboreando cada palabra.
Lucho vivirá de nuevo y con sus propios versos, podemos decirle: No conozco / de ti sino
la sombra / con que besas al viento / no conozco / de ti sino la flor / alada... "Con
el también recitar."
"Tan solitario soy que tu recuerdo
me permite la dicha".
José Luis Heraund Larrañaga Junio 15
año 2001.
|