Enfermedades del Torax.        Vol. 41 •  Nº 3 •  1997

 

SIBILANCIA EN LOS PRIMEROS AÑOS DE VIDA

Dr. Luis Vega-Briceño, Pascual Chiarella*


Importantes progresos durante los últimos 20 ó 30 años, han permitido comprender los diversos factores implicados en las exacerbaciones y recurrencias de la obstrucción bronquial que afecta a niños y adolescentes. Es sabido, que la mayoría de veces existe una asociación entre hiperreactividad bronquial y alergia de los primeros 2 ó 3 años de la vida con el posterior desarrollo de asma (1). Si bien es cierto que la genética juega un papel importante, los factores ambientales han demostrado ser decisivos en la expresión de esta enfermedad (2). Lograr identificar estos agentes o factores ambientales constituirá el reto de los próximos años.

Existe gran dificultad en identificar los factores de riesgo asociados al desarrollo de asma en pediatría ya que la naturaleza de las sibilancias en los niños menores de 2 años es muy heterogénea. En efecto, muchos de los lactantes presentan episodios recurrentes de sibilancias y sin embargo los síntomas respiratorios desaparecen conforme se incrementa la edad de ellos (3,4). Christie et al. muestran como muchos niños y adultos con el antecedente de sibilancia en la niñez, presentaban una función pulmonar disminuida luego de muchos años de enfermedad (5). Lo que no se sabía hasta esa fecha, era si esta función pulmonar baja era consecuencia de los episodios recurrentes de sibilancias o es que estaba disminuida desde el nacimiento. En 1988, Martínez et al. reportaron que los niños que sufrían de episodios recurrentes de sibilancias ya tenían una función pulmonar disminuida a la edad de 3 semanas (6), lo que posteriormente fue confirmado por los grupos de Tager et al. así como por Young et al. en 1993 y 1994 respectivamente (7,8).

En 1995, Martínez et al. publican el seguimiento de más de 1200 niños desde el nacimiento hasta los seis años de edad. En este estudio se vio que aproximadamente 2/3 de los niños que presentan sibilancias en los primeros 3 años dejaban de hacerlo conforme crecían, presentando por lo tanto: "sibilancias transitorias". La interpretación de estos datos fue sencilla: Estos niños presentaban un diámetro bronquial disminuido con una mayor susceptibilidad a desarrollar brocoespasmo. Estos mismos pacientes al llegar a la edad de seis años eran asintomáticos pero, sin embargo, aún tenían una función pulmonar disminuida con respecto a aquellos que nunca habían sibilado. Sólo un grupo pequeño, la tercera parte que resta, desarrolló asma en el futuro y continuó presentando episodios recurrentes de sibilancias hasta los seis años. Los factores de riesgo que condicionan esta evolución aún son desconocidos; sin embargo se conoce que existe una disminución en la función pulmonar en este grupo, a los seis años, habiendo nacido con función pulmonar normal (9).

En la actualidad, muchos grupos de estudios están abocados a identificar aquellos factores que producen una disminución en las pruebas de función pulmonar. Algunos factores intrauterinos parecen jugar un rol muy importante en el desarrollo de las sibilancias; un ejemplo lo constituyen los hijos de madres fumadoras, quienes tienen mayor riesgo de desarrollar asma, además de presentar una función pulmonar que permanece más baja que los niños controles. Al parecer, existe una disminución en los depósitos de elastina, lo que condiciona una alteración en la constitución de los cartílagos de la vía aérea (10). Por lo tanto la historia de tabaquismo en la madre condiciona niños que desarrollarán sibilancias transitorias, con un riesgo de hasta cuatro veces mayor de padecer asma (11).

Por otro lado se sabe que los virus son la principal causa de sibilancias durante el primer año de vida, siendo el responsable, en más del 70% de las veces, el Virus Sincitial Respiratorio, seguido por el Parainfluenza, Influenza y Adenovirus (12,13,14). Se sabe que la historia natural de las sibilancias en el niño guarda una estrecha relación con la edad de presentación del primer episodio (4). Se ha reportado que los niveles de IgE específica correlacionan con el grado de severidad de asma y otras enfermedades alérgicas como rinitis y dermatitis. Sporik et al. No encontraron relación entre atopia y sibilancias recurrentes en la infancia temprana, sin embargo a medida que pasan los años esta relación si existe y es evidente para algunos alrededor de los seis años de edad (9) y para otros a los once años (4).

En un editorial reciente de la revista The Lancet (15) se establece una posible confusión: Asma es una enfermedad pediátrica, una enfermedad del desarrollo, una enfermedad inmunológica, un desorden genético o una enfermedad relacionada al medio ambiente. En realidad todas estas premisas no están muy lejos de la verdad. Debe quedar claro que es importante evaluar precozmente todos los posibles factores de riesgo e implicancias de esta enfermedad para la vida posterior de un paciente y probablemente esto nos lleve a concluir que es el pediatra el primer implicado en el manejo, desde su reconocimiento en la niñez temprana hasta el manejo de los episodios recurrentes de sibilancias. De esto se desprende un nuevo problema, la definición de asma. Sears establece la dificultad en poder definirla, muy a pesar del avance en el conocimiento sobre su patogénesis y genética, pues las diversas formas de presentación no permiten ser concluyentes respecto a una sola definición, más aún si se desea una definición útil desde el punto de vista epidemiológico (16). De allí la importancia del término Síndrome de obstrucción bronquial, el cual tiene carácter operacional (17).

Es muy importante resaltar la tarea de prevención primaria de estos procesos bronquiales recurrentes, disminuyendo la respuesta inflamatoria desencadenada muchas veces por virus o por factores ambientales, reconociendo precozmente a la población pediátrica en riesgo. Un ejemplo de esto es la utilidad de promover la lactancia materna en los primeros años de vida, eliminar el consumo de tabaco materno, disminuir el riesgo de exposición a alergénos y contaminación ambiental (18,19,20). El uso de la terapia con corticoides inhalados está indicada en forma precoz y por un período no menor de 8 a 12 semanas, evaluando la respuesta al tratamiento (18,19), aunque su eficacia pudiera no ser tan evidente para algunos (20).

En conclusión, es cada vez más importante el reconocimiento precoz de las sibilancias en los primeros años de la vida ya que la mayoría de ellos no desarrollarán asma posteriormente. Es posible pensar que existen alternativas para prevenir y revertir fácilmente estos cuadros; probablemente las investigaciones futuras comprueben éstas hipótesis.


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*Grupo de Investigación de Neumología Pediátrica Universidad Peruano Cayetano Heredia