|
Platón, propone algo más que estos bienes evidentes: una "forma de bien", que seria la fuente de toda bondad, no importa donde se la encuentre. Aristóteles replica que no existe "forma de bien" independientemente de sus manifestaciones particulares. Es decir que el bien en cuanto tal no se le reconoce si no se manifiesta. El problema de este acerto es reconocer si sus expresiones o manifestaciones son atributos del "bien".
Igualmente, todo acto que va dirigido al "bien" sugiere profundidad, permanencia y serenidad y, que siendo acción o actividad es felicidad y no placer aunque éste lo acompañe necesariamente.
De aquí, resulta que algunos tienden al placer según Aristóteles "fin de esclavos y bestias" y otros apuntan al honor, "objeto de la vida política", que depende más de quien lo dá. Pareciera que nos da la seguridad de nuestra propia virtud, pero, esta es compatible con la inactividad y la miseria entonces parece no ser lo que va hacia el bien. La mayoría busca la riqueza pero esto es un medio no un fin. Muy pocos, escogen la "vida" contemplativa y que para Aristóteles constituye el “fin más elevado de la vida” humana, y "que es la cosa que sólo el hombre puede hacer".
Vemos cómo de una acción dirigida al bien, surge una noción de estado feliz unido al placer (acto superior). Todo esto debe producir "bienestar". Como actividad no meramente potencial, debe ser conforme a la virtud (la más perfecta de ellas), y no manifestare durante cortos periodos si no durante una vida completa, es decir, permanente y trascendente.
Para que la acción hacia el bien se dirija acertadamente, Aristóteles, propone la "phronesis o prudencia", actitud deliberante del individuo que trata de buscar lo más adecuado a cada circunstancia. También presupone que se admite y conoce la validez, y el sentido de lo que se va a elegir. Actitud sin rigidez y admitiendo creencias comunes.
Descartes, en su Discurso del Método propone que mientras el edificio del saber no está totalmente construido nos hará falta una moral o ética provisional. Esto es, que sólo tendría vigencia durante el tiempo en que Descartes construyera o ideara la moral definitiva del Racionalismo. Acá es necesario meditar, en cómo habría sido la moral definitiva que pensaba Descartes. Lo más destacable es que él, incluye dentro de sus conceptos sobre ética y moral: "principalmente la conservación de la salud, que es sin duda el primer bien y el fundamento de todos los demás bienes de la vida". En el célebre “Prefacio a los Principios de la Filosofía”, se lee, cuando propone una división de la filosofía: “Las raíces, la metafísica; el tronco: la física, y las ramas; las ciencias”. Destacando entre ellas la medicina unida a la rama más perfecta que es la moral. Es decir -hombre-salud-moral (¿ética?).
Para Spinoza el hombre no tiende a las cosas. Apetece o se quiere, no porque juzgue que sea bueno, sino al revés: cree que algo es bueno porque tiende a ello, va hacia el bien, lo quiere, lo apetece o desea. EI ser de las cosas para Spinoza, y de ahí deriva su ética es un conato, una tendencia. Ser, quiere decir querer ser siempre, tener apetito de la eternidad. La existencia del hombre es deseo: tiene que desear y saber que lo desea.
En Kant, la ética es autónoma no heterónoma; es decir, la ley viene dictada por al ley de la conciencia moral misma, no por una instancia ajena al yo. Es formal no material. No prescribe nada concreto ni ninguna acción determinada: "obrar por respeto al deber". Kant pide al hombre sea autónomo. La ética kantiana culmina con concepto de persona moral. Todos los hombres son fines en si mismos y la inmoralidad consiste en tomarlo como un medio siendo como es, un fin.
Ahora bien, después de lo expuesto, el hombre ético, es decir, el que se mueve hacia el bien con conocimiento de causa con un sentimiento de felicidad, no exento de prudencia, pero permanentemente con un querer ser siempre, con un apetito de eternidad y con un fin de cuidar el cuerpo y la salud, tendrá que aceptar que esto se dé en un contexto comunitario o de grupo social y, que además se expresa en una temporalidad que atañe al grupo o entorno social. Este quehacer, es bajo una organización político-social que ha ido evolucionando hacia paradigmas de un modernismo o pseudomodernismo.
En adelante, cabe entonces preguntarse, de que modernismo hablamos, ¿de paradigmas de desarrollo intelectual inconexo, desmembrado o caótico; industrial y mecanizado y sujeto a vaivenes de mercado de oferta y demanda; de educación fragmentaria, sin currícula, e infraestructuras inadecuadas?. La requisitoria por la felicidad y la justicia nos las hacemos todos de manera explicita y reflexiva. Es la pregunta por experiencias de valores y bienes. ¿Cómo podemos ser justos cuando pensamos en lo bueno para nosotros y no para todos?.
Hay pues un debate permanente entorno a la modernidad, en algunos casos acalorados y no menos apasionados, de tantas y distintas maneras, que se diluye la esencia del debate y en este caos conceptual se constituye esquemas sobre las cuales se sustentan, al menos teóricamente, los principios de modernidad y, aún "con una crisis de la teoría de la ciencia". La hemos conocido más a partir de sus perjuicios que de sus beneficios. Hay una orientación instrumentalista de la racionalidad, la voluntad de poder concentrado en tecnócratas (la mayoría despistados) sometiendo a personas y cosas al yugo de la rentabilidad. No hay instrumentos conceptuales modernos para entender e interpretar lo complejo del desarrollo tecnológico contemporáneo. Se crea entonces, ahora el monstruo devorador, alienante y despersonalizante de la GLOBALIZACION, con un tecnocentrismo potenciado por el ideal racional de la eficiencia, además de un totalitarismo etno-cultural-racional en nombre del bienestar del ente o sujeto colectivo.
Giusti, con gran sabiduría dice: La Globalización es una noción imprecisa, epidérmica que alude una serie heterogénea de procesos sociales y tecnológicos de dimensión universal que cuestionan la autonomía o cohesión de los estados nacionales y que se realiza desde el exterior".
Entonces muchas decisiones políticas, económicas, jurídicas o tecnológicas no depende de la voluntad política de sus gobiernos, estos se han desplazado a otros espacios extraños, contradictorios e inextricables con dimensión planetaria, en la mayoría imposible de comprender o de manejar. Son las relaciones virtuales por medio de las nuevas tecnologías.
Giusti remata con un acerto formidable: "es el proceso de implantación de relaciones estructurales de tipo económico, tecnológico y burocrático a nivel internacional que obedecen a una lógica instrumental propia de cada una de esas esferas y que escapan al control de individuos y países que puedan pretender de ellas".
Comprenderá y sopesará el médico, si la ética, aún con los fundamentos filosóficos expuestos, y el análisis de la "modernidad" y el proceso de la Globalización hará posible ejercitar los principios que lo lleven naturalmente a la “fuente del bien” y armar un esquema de acto “moral o ética” que norme su vida y su relación con la comunidad o con el entorno social dentro del cual se desenvuelve.
Mucho habrá de meditarse en lo dicho y, quizá tendrá todavía que desempeñase en el mundo nebuloso de los principios "de la ética provisional" de Descartes. En esta “modernidad” ideada como tangente, irreal y no estructurada, terminaremos diciendo con Habermas: “que éste es aún un proyecto inacabado”; o mejor volver a la "esencia" de su propio ser como decía Spinoza, tercamente regresando a su propia interioridad, para decir con Séneca: Una muerte funesta espera / a quien demasiado conocido por los demás / muere desconocido de si mismo.
Existen dificultades para defender una noción consistente de verdad con paradigmas modernos de objetividad y subjetividad, con relativización de las ideas de progreso o revolución y con el fin de las utopías. Para complicar aún más el panorama, se habla de la acción comunicativa mediante el cual se pretende un fundamento ético, para cuestionar las injusticias y las deformaciones de la sociedad moderna: fragmentada, con disciplinas disímiles y diversificadas, y con una multiplicación de criterios empleados que no permite conservar la coherente unidad o interrelación social; en la que han de manifestarse acciones éticas, es decir, actos sustanciales, libres, aprehendidos, prudentes, constantes y permanentes; todos ellos dirigidos hacia el “bien” o a una “forma de bien”. ¿No será posible encontrar el modo de construir una sociedad como decía Platón: "inteligente", que tienda a través de la razón, instaurar una sociedad armónica donde todos sin necesidad de principios morales propendamos al bien común prescindiendo del propio?. Algunos piensan que, la fuerza crítica y la normatividad de la razón instaurarán una real teoría de la modernidad unida a la teoría de la racionalidad, con una acción comunicativa que las enlaza: con aproximaciones introductorias y digresiones históricas, sin su lado perverso, de su política colonizadora, su capitalismo egoísta y sin proyección social sobre todo a los más necesitados con profundas contradicciones que afectan a la comunidad en bienestar.
| ________________________ |
|

|
(*): Past Presidente de la Sociedad Peruana de Cardiología
Tabla de contenido
|