| An. Fac. med. 2003; 64 (3) : 180-198 | |
EVALUACIÓN ÉTICA DE LA AUTOEXPERIMENTACIÓN
DE
. RESUMEN
"En la mañana del 27 de
Agosto de 1885, a las 10 h, Daniel Alcides Carrión, alumno de 6º año de la Facultad de
Medicina de San Fernando, logró (no sin dificultad) que su amigo, el Dr. Evaristo M.
Chávez, le practicara cuatro inoculaciones, dos en cada brazo, cerca del sitio en donde
se hace la vacunación. Dichas inoculaciones se hicieron con la sangre inmediatamente
extraída por rasgadura de un tumor verrucoso de color rojo, situado en la región
superciliar derecha del enfermo Carmen Paredes, acostado en la cama Nº 5 de la sala de
Nuestra Señora de las Mercedes, perteneciente al servicio del Dr. Villar" (1) .
Paredes padecía de un mal entonces conocido como verruga peruana, una enfermedad de causa
desconocida y endémica de ciertas regiones del Perú. 1. "Conveniencia: tanto por la fácil disponibilidad del sujeto, en este caso el propio cuerpo, la simplicidad de la supervisión del mismo y la eliminación de estar informando y pidiendo consentimiento. 2. Confiabilidad: La única forma de estar seguro que el experimento ha sido cumplido en todos sus detalles porque el experimentador conoce todo lo que ha hecho el sujeto de experimentación 3. Curiosidad: la necesidad de saber más allá de aquellos datos que llaman la atención del experimentador. Por ejemplo, el caso de Hald et al. que estaban experimentando con Disulfiram como antihelmíntico. De manera casual ingirieron pequeñas cantidades de alcohol y notaron raros efectos molestos. Lo advirtieron y continuaron experimentando esta asociación con alcohol de manera más controlada. Hasta que el Disulfiram (Antabus) fue propuesto como medicación antialcohólica por los efectos adversos que produce con su combinación 4. Control: Utilizándose el propio investigador como sujeto control normal en comparación con el dar la droga a sujetos enfermos, aunque no utilice sus datos para el experimento total. Su interés está en conocer los efectos de la droga de primera mano. 5. Preparación anticipada: En el caso de que algún efecto secundario adverso se produjera en si mismo, con sus conocimientos especializados podría estar preparado para comprenderlos mejor y lidiar con ellos de presentarse en la experimentación con otros sujetos. 6. Interés personal: Por lo menos uno de los investigadores declaró su interés en autoexperimentar con una vacuna porque el estaba trabajando con un virus del cual quería protegerse. 7. Legales: Particularmente en científicos no-médicos, que desean así evitar que se les impongan sanciones legales por experimentar con sujetos humanos. Por ejemplo, desde 1942 a 1951, un grupo de bioquímicos de la Universidad de Illinois estudió el rol dietético de los aminoácidos esenciales en los seres humanos, en si mismos. El problema que se crea actualmente es ¿Qué Comité ético de Investigación validará este tipo de estudios? 8. Suicidio: Hay evidencias de que algún investigador ha utilizado la autoexperimentación como via de suicidio al mismo tiempo que hacer bien a la humanidad con su muerte. Olga Metchnikoff escribió la autobiografía de su esposo declarando que él autoexperimentó con la inoculación de la fiebre recurrente como forma de suicidarse. Sin embargo el se salvó de la enfermedad pero contribuyó científicamente a demostrar la transmisibilidad hematológica de la enfermedad. 9. Aspectos éticos: La aplicación de la regla de oro de la Biblia: No hagas a otros lo que no deseas que te hagan a ti, parece ser una norma ética que ha llevado a muchos investigadores a usar la autoexperimentación. Sir George Pickering señala lo siguiente sobre el tema: "El investigador tiene una regla de oro que lo guía en la consideración de si el experimento es justificable. ¿Está él dispuesto a someterse al procedimiento? Si lo está, y si el experimento en realidad se llevara a cabo en él, entonces, probablemente estará justificado. Si no lo está, el experimento no debe realizarse" (***). Se comprende, así, por que Carrión con
claro convencimiento científico sentencie: "Estas obscuridades (vacíos de
conocimiento)...... dejarán de existir (terminarán).....el día en que la práctica de
las inoculaciones se domicilie (este método se practique habitualmente) entre
nosotros". Alarcón destaca, además, la calidad de investigador de Carrión diciendo: "Esta fidelidad a los hechos es lo que le permitió darse cuenta que en el curso de su experimento había surgido algo que no se había propuesto, revelándolo con una gran honestidad a sus compañeros. Efectivamente, el dia 28 de septiembre escribió, de acuerdo a su hipótesis, y con cierta esperanza: 'los síntomas que siento no pueden ser otros que los de la invasión de la verruga a la que muy en breve seguirá el periodo de erupción y todo desaparecerá' . Pero (como ello no ocurre y más bien su cuadro empeora) el día 2 de Octubre, apuntó: 'Hasta hoy había creído que me encontraba tan solo en la invasión de la verruga como consecuencia de mi inoculación, es decir, en aquel periodo anemizante que precedía a la erupción; pero ahora me encuentro persuadido de que estoy atacado de la fiebre de que murió nuestro amigo Orihuela: he aquí la prueba palpable de que la fiebre de la Oroya y la verruga reconocen el mismo origen como una vez le oí decir al Dr. Alarco" (3). El valor de esta apreciación pone, aún en mayor relieve, su excepcional objetividad científica si consideramos el estado de deterioro físico en que la realiza. Carrión se da cuenta de su hipótesis errónea, reconoce que su experimento le ofrece una respuesta que él no había buscado y tiene el valor y la integridad moral para, aceptando su equívoco, cambiar su hipótesis inicial. Su descubrimiento prueba, en forma pseudoserendípica, la unicidad etiológica de ambas enfermedades, de la Verruga Peruana y de la Fiebre de la Oroya, hoy llamadas unitariamente Enfermedad de Carrión (****). Si a pesar de lo expuesto quedara alguna duda sobre el cimiento teórico-científico de su autoexperimento; si en una posición extrema, aún pudiera recelarse de su sacrificio consciente por la ciencia y, por ende, aceptar que la acusación del Dr. La Puente era válida, el método seguido por el presente trabajo permite verificar la coherencia entre el pensamiento, el sentimiento y la conducta de Carrión, tal como lo establece la teoría cognitiva sobre la conducta humana (21). Esta conexión se traduce en su caso, como ocurre en los verdaderos investigadores, en una idea fija sobre su tema de indagación, la cual genera un sentimiento y una conducta específicamente orientados al logro de tal objetivo en contra de cualquier obstáculo. Carrión, a pesar de todos las advertencias y consejos, de profesores y condiscípulos en contra de su proyecto, despreciando lo que según sus compañeros la vida le ofrecía (a él y a todos ellos): "Joven aún, lleno de esperanzas, con un porvenir risueño, asegurado por bienes materiales y la pronta terminación de una carrera profesional, la vida se le presentaba con todos sus atractivos" (1). Si aún pudiera pensarse que su sacrificio deriva de un acto de audacia temeraria e insensato, existe un dato clínico psiquiátrico en la historia de su enfermedad que desmiente categóricamente esta suposición. Poco antes de morir, presenta "un delirio completo y divaga sobre la anatomía patológica de la verruga y las distintas opiniones que hay a este respecto" (1). Se trata de un típico delirio ocupacional o profesional. En tal situación, el paciente sufre un estado crepuscular de conciencia; no tiene control sobre sus pensamientos; lo que surge en su mente, como tema, se vincula a su trabajo o quehacer habitual (de allí la denominación). En tales circunstancias una persona no puede mentir. ¿Y qué expresa Carrión? ¿Qué le sale de lo más recóndito de su ser? su idea preocupación central, ya automatizada, profundamente enraízada en su proyecto de ser, la idea fija de estudiar la verruga como obligación profesional. Ni siquiera en esas condiciones deja de pensar en ella. Años después, Barton descubriría el germen causal de la enfermedad, la Bartonella. La ciencia sigue avanzando; hoy sabemos que no existe una sola Bartonella sino una gran familia, la Bartonelaceae (22). A lo descrito, me permito agregar que el experimento de Carrión, aunque de diseño experimental de caso único, fue, en su ejecución, tarea de todo un equipo de investigadores; liderados, es cierto, por Daniel Alcides, pero complementado excelentemente por su grupo de colaboradores, sus condiscípulos, que registraron los datos del proceso hasta el final del mismo. Carrión solo no hubiera podido concluirlo. Luego de su muerte, los compañeros no sólo defendieron la esencia científica y moral del proyecto ante los diversos ataques generados sino que publicaron valiosos testimonios precisando los detalles de la experiencia y gradualmente, culminaron la obra con sendos artículos y contribuciones científicas personales. De no haber sido por ellos, el valor del sacrificio de Carrión hubiera corrido alto riesgo de pasar inadvertido sin dejar trazas de su significado. Volvamos ahora al segundo y más grave dilema planteado por el Dr. La Puente, el moral. Se sabe que la excelencia científica de un experimento es condición necesaria pero no suficiente para que su aporte al acervo del conocimiento humano sea aceptado. En "beneficio de la ciencia" muchos abusos con seres humanos indefensos se han perpetrado. Gracia señala que, clásicamente, el acto médico tenía propósito diagnóstico y terapéutico: la investigación clínica solo era moralmente aceptada "per accidens" pero no intencionalmente. Gracia cita al enciclopedista romano Celso, quien describe las vivisecciones practicadas por dos grandes médicos alejandrinos del siglo III A.C., Herófilo de Alejandría y Erasistrato de Calcedonia. Ambos consideraban que para conocer los órganos y entender las enfermedades, en lugar de practicarlas en cadáveres, como era lo habitual entre los médicos de su época, se lograba mayor avance del conocimiento ejecutándolas en seres vivos; por ejemplo, "practicando vivisecciones en los criminales que los reyes les abandonaban al salir de las prisiones". Celso relata la justificación que dichos médicos daban a este proceder: "No es, pues, cruel, como algunos pretenden, provocar sufrimiento en algunos criminales, que puede beneficiar a multitud de personas inocentes a lo largo de los siglos" (23). No cabe duda que con tales procedimientos se generaba conocimiento, pero a costa del sufrimiento de seres humanos indefensos. Tales experimentos incumplían requisitos éticos elementales. Y, aún en el caso que alguien intentara justificarlos como actos, propios de sociedades parcialmente bárbaras de épocas lejanas, la II Guerra Mundial terminó demostrando lo contrario. Como se sabe, un grupo de médicos nazi practicó experimentos de toda índole utilizando a prisioneros de guerra como "cobayos de laboratorio". Los estudios realizados tenían diseños metodológicos científicamente impecables, control de datos riguroso, hipótesis sólidas. Todos ellos aportaron nuevos conocimientos a la ciencia; pero la pregunta es ¿Puede la humanidad usar tales conocimientos sin culpa? Veamos tan solo algunas muestras de los mismos para apreciar en que consistían. Durante el conflicto bélico, los médicos nazis necesitaban dar pronta respuesta a las demandas de los mandos militares. Presionaban para que los soldados heridos se recuperasen en el menor tiempo posible y volvieran al campo de batalla. Urgía investigar cómo se producían las lesiones, cómo evolucionaban y qué medidas debían tomarse para su más rápida curación. En ciertos experimentos disparaban a prisioneros desde distancias variables y observaban, a posteriori, la evolución de las heridas, qué síntomas causaba, qué sangrado generaba, qué variaciones se producían de acuerdo a la localización del impacto, cuándo y cómo se desarrollaban las complicaciones. Con tal finalidad dejaban al herido evolucionar espontáneamente o ensuciaban laherida para simular las condiciones de guerra. Registraban sistemáticamente todos los datos. Importaba evaluar el tiempo que demoraba el sujeto en fallecer o en complicarse. De ese modo, estimaban cuanto tiempo duraría un soldado alemán herido, y de acuerdo a la ubicación de la herida, cuánto resistiría sin asistencia sanitaria. Los experimentos eran científicos pero no éticos y, por lo tanto, inadmisibles para que la humanidad sustente sobre ellos su futuro bienestar. De tal experiencia se genera el Juicio y el Código de Nuremberg (1947), cuya principal exigencia establece que: "para participar en una investigación biomédica el consentimiento voluntario de los sujetos humanos es absolutamente esencial" (24). Poco tiempo después, ya no en condiciones bélicas sino de paz, la humanidad fue otra vez sobrecogida por violaciones de tales derechos en investigación científica. Beecher, denunció que importantes instituciones hospitalarias y universitarias norteamericanas realizaban experimentos que no los respetaban (25). La prensa intervino y los experimentos fueron cancelados. A consecuencia de ello, en 1974, el Congreso de Estados Unidos nombró una Comisión para elucidar los principios éticos que todo proyecto de investigación en humanos debiera respetar. En 1978, la Comisión Belmont, (lleva el nombre de su presidente) publicó un breve informe de 10 páginas, que sustentaba 3 principios: Respeto por las Personas, Beneficencia, y Justicia (26). Posteriormente se diferenció el principio de No-maleficencia del de Beneficencia, y el Respeto por la Personas fue denominado de Autonomía, principios que actualmente rigen la conducta ética en cualquier investigación seria y en toda actividad biomédica (27,28). A partir de entonces, y ya en el campo de la Bioética, se han sucedido una serie de Códigos y Normas Internacionales que protegen a los seres humanos que se someten a experimentación (29). Lo esencial de los nuevos aportes es que la aceptación voluntaria del sujeto no basta. El Consentimiento Informado, "ha llegado a constituir una exigencia ética y un derecho recientemente reconocido por las legislaciones de todos los países desarrollados" (30). En conclusión, sobre este punto, la ciencia ha puesto un límite claro. La investigación científica realizada en seres humanos, para que sea aceptada como aporte a la humanidad, debe ser metodologicamente válida y eticamente consistente. Sin embargo, aunque los Códigos de Ética de Investigación constituyen exigencias de control externo para los investigadores, control ahora reforzado por la creación de los Comités de Ética Institucionales (31), el freno moral no dependerá mayormente de éstos sino del control interno del investigador y de su propia escala de valores. Es éste quién, en última instancia, ubicará el límite moral donde crea corresponde. El, quien finalmente determinará si el experimento que conduce es ético o no; si su intención es realmente ayudar a la humanidad a través de la ciencia o si otros intereses egoístas animan su conducta, sean éstos crematísticos, de prestigio profesional o de emergencia social orientados a superar conflictos étnicos, sociales o económicos como en interesante tesis ha planteado el profesor Uriel García Cáceres en el caso de Carrión (17). En otras palabras, para evaluar la ética de un experimento, importa saber quién es el hombre que realiza la investigación. ¿Cómo es, cómo piensa, cuál es su escala de valores, cuáles sus verdaderos propósitos ubicados en el fondo de su intimidad, más allá de los que el mismo pudiera confesar? pues, como Diego Gracia señala: "La vida humana, la de cada cual, es una tarea moral en tanto que cada hombre tiene que ir dotándosela de argumento. Vivir es elegir y consiste siempre en la progresiva creación de la propia autobiografía. Cada vida es una novela, y cada hombre su autor. En este sentido cabe decir que el problema moral del hombre es siempre el de la constitución del argumento de su vida, de su proyecto de ser" (23). Por ello sentenciaba Papini: "El alma no puede tener secretos sin que la conducta lo revele". En síntesis, quién es el Hombre en Si detrás del Acto. Y resumiendo lo propuesto en un concepto, cuál su personalidad. Volviendo al problema moral planteado por la acusación del entonces Secretario Académico de la Facultad de Medicina, Dr. Ignacio La Puente, creemos que examinar la justicia de su argumento constituye compromiso nacional, pues, de comprobarse su exactitud, el experimento y sacrificio de Carrión no serían sustento válido para la distinción que la nación le ha otorgado como héroe nacional y figura epónima de la medicina peruana. Contribuir a contestar tal interrogante es el objetivo del presente trabajo. El dilema a resolver es : ¿Fue Carrión un diletante de la investigación, un sujeto audaz, insensato y temerario que actuó por motivos egoístas o un hombre de excelsos valores, dotado de alto beneficentismo que sacrificó su vida en bien de la ciencia y la humanidad? Sobre la evaluación del nivel ético en el experimento de Carrión hemos encontrado tan sólo un trabajo nacional. José B. Peñaloza Jarrín, uno de los autores peruanos que más conoce del tema, elabora en su tesis de Bachiller en Medicina, un capítulo al respecto. En él concluye "fue influído por una corriente perfeccionista y que, en el orden psicológico-empírico, puede admitirse la acción del sentimiento, del utilitarismo social y del perfeccionismo humanista" (6). Por nuestra parte, postulamos que delinear el perfil de personalidad de Carrión, incluyendo sus rasgos biológicos, psicológicos y valorativo-espirituales, aportará luces no sólo sobre el tipo de investigador que era sino, también, sobre las condiciones éticas de su autoexperimentación. Veamos. Investigación historiográfica El problema que plantea toda investigación historiográfica depende de la posibilidad metodológica de lograr un examen objetivo y desapasionado de la información y datos disponibles. Diferenciamos como información todo aquello que, respecto al problema en estudio, ofrece algún tipo de conocimiento blando; vale decir que, de ser sometido a escrutinio por diferentes observadores, es susceptible de variada interpretación. Y entendemos como dato, aquél que proporciona un conocimiento duro, con altas posibilidades de ser interpretado sin distorsiones significativas por distintos evaluadores (32). Una información es, por ejemplo, la expresión de un paciente que nos dice "me siento mal". Para un observador, ello puede significar que "se siente sin ánimo"; para otro, que "tiene dolores vagos", y asi sucesivamente. Un dato, por el contrario, es el registro de la temperatura. Diferentes observadores, con el mismo termómetro y en el mismo paciente, muy probablemente lleguen al mismo resultado sin grandes diferencias de interpretación. Sobre la personalidad de todo gran hombre suele disponerse, a través de escritos y testimonios históricos, de ambos elementos: informaciones y datos. Para establecer su exacto valor conviene analizarlos en relación al contexto cultural y el espacio y tiempo históricos en los cuales su vida se desenvolvió. La personalidad, de acuerdo a Ortiz, es el producto de la evolución biológica individualizada epigeneticamente sobre la cual imprime su sello la sociedad que la reorganiza sociogeneticamente (33). Todo ello como producto de un proceso histórico que habrá de reflejarse en la conducta y obras del individuo. Desde esta perspectiva, no se puede entender al hombre sin comprender su mundo circundante y la cultura de su época; sólo así se delineará con adecuación la caracterología del sujeto en estudio. Respecto a Daniel Alcides Carrión García, los datos duros son escasos. La información de la que se dispone deriva mayormente de segundas fuentes, gran parte de ella generada poco después del impacto de su muerte y matizada por los sentimientos que tal hecho produjo en la nación. Bajo tales condiciones, alto es el riesgo de interpretar erroneamente su significado e, involuntariamente, distorsionar la verdadera imagen de nuestro personaje. Para abordar científicamente su estudio caracterológico, conviene apoyarse estrictamente en una metodología que disminuya tal eventualidad hasta donde ello sea posible. Definición de personalidad La psicología utiliza dos conceptos fundamentales para tal propósito: integración y unicidad o singularidad. Se entiende así por personalidad, el funcionamiento global del individuo (integración) y la organización única que lo distingue de sus semejantes (unicidad). En tal óptica, resulta esencial conocer cómo expresa sus necesidades y establece sus relaciones sociales funcionando como un ser distintivo con rasgos, pulsiones, actitudes y hábitos característicos que ora le posibilitan ora le impiden adaptarse a su ambiente y a sí mismo (34). De este modo y siguiendo a la Asociación Psiquiátrica Americana, aceptamos que: "La personalidad se manifiesta por un patrón estable de experiencia interna (conducta interna) y de comportamiento (conducta externa) que tipifican a un sujeto y que suelen ser sintónicos con las expectativas del grupo cultural al cual pertenece" (35). Desarrollo de la personalidad Es consenso entre los especialistas que las bases de la personalidad se definen en los primeros 7 años de vida. En tal desarrollo participan las variables biológicas, que incluyen la herencia genética y los factores peri y post-natales; la variable psicológica, dependiente del proceso evolutivo del ser humano en su relación estímulo-respuesta con su ambiente familiar, muy especialmente con su madre en los primeros años infantiles y con su padre posteriormente; y, finalmente, los factores socioculturales vinculados a la estructura social en la cual el niño está inmerso y que influyen sobre él a través de la escuela, el ambiente laboral y social y la cultura de su época. La interacción de estos elementos da como resultado una manera particular de ser, de entender el mundo y entenderse, y reaccionar en consecuencia dentro de una escala de valores e intereses que tipifican al individuo y permiten identificarlo. A esto llamamos carácter o personalidad (*****). En este enfoque, los rasgos de personalidad constituyen patrones estables de reacción o comportamiento que reflejan cómo el individuo percibe, se relaciona y piensa respecto a su ambiente y a si mismo. Tales rasgos se expresan en una amplia variedad de situaciones personales, laborales y sociales. Sólo cuando éstos son rígidos y desadaptativos, y producen significativo menoscabo funcional o distrés subjetivo, configuran lo que se conoce como trastorno de la personalidad. Metodología de estudio de la personalidad En psiquiatría, el diagnóstico de Personalidad exige una evaluación minuciosa del patrón de funcionamiento de un sujeto durante un largo periodo de observación. Tomando en consideración la extracción étnica, social y cultural del individuo, es importante precisar la descripción de los rasgos estables de reacción evidenciados en diversas situaciones personales y sociales y no sólo de aquellos presentes en situaciones particulares de estrés. La estabilidad de dicho patrón, como criterio clínico, es importante, siendo, con frecuencia, necesaria la información de terceros a fin de rectificar o ratificar las observaciones. Con tal propósito, se utilizan variados procedimientos entre los cuales citamos los siguientes (34):
Estructura de la personalidad Con el propósito de reducir en lo posible el riesgo del sesgo interpretativo, el presente trabajo se apoya en la siguiente secuencia metodológica:
La familia Carrión 1. La firme vocación de Carrión por una profesión como la del padre, médico, que evidencia su identificación temprana con la figura parental del mismo sexo. 2. Luis Deza Bringas cita en su obra (7) el documento de Alberto Ungaro Navarro, Biografía juvenil de Carrión, publicada en 1944, apuntando que esta obra es citada, casi en su totalidad, por Alfredo Flores Caamaño en su folleto titulado El célebre mártir de la Ciencia médica en el Perú. La cita de Ungaro dice lo siguiente: "Ya tenía el adolescente trece años de edad, había leído casi la totalidad de los libros de medicina que su padre dejó al morir" (*******). Esta información apoya la tesis de identificación con la figura paterna planteada en 1, reforzándose por la coherencia que Carrión muestra en su conducta, actúa como el padre, leyendo la totalidad de sus libros de medicina. (Lo que importa en este punto no es tanto el grado de comprensión que a su corta edad pudiera haber logrado de tales lecturas sino su conducta imitativa, "leer los libros de medicina", que por identificación con el padre, expresa). Anotamos inicialmente el resultado de este análisis para, luego, evaluar su grado de coherencia con el perfil de su personalidad y apreciar la unicidad de sus respuestas globales. Características físicas de Carrión La madre, una vez viuda, se casa con el primo de su difunto esposo, Don Alejo Valdivieso. Con él tiene varios hijos, dos de los cuales sobreviven y conviven con Daniel Alcides. De ellos existe una foto original (Figura 2). En ella aparece Carrión con su padrastro y sus dos hermanos maternos, Teodoro y Mario. Se aprecia con toda claridad el tono más claro de la piel y rasgos de raza blanca de los otros tres mientras que Carrión contrasta por su tez más oscura, facciones finas, cabello definitivainente no lacio y baja estatura. Su aspecto es mestizo pero, a juzgar por dicha fotografía, no corresponde a nuestro tipo indígena autóctono. Carrión era un individuo de físico menudo y contextura frágil. Las personas que lo conocieron lo describen de una estatura probable entre 1,30 y 1,40 m, lo que le valió el apelativo de "Carrioncito" con que lo trataban sus compañeros Carácter En el documento base sobre Carrión (1), sus condiscípulos, algunos de los cuales habían compartido con él los estudios escolares en el Colegio Guadalupe, expresan su deseo de informar sobre Carrión con la mayor objetividad diciendo. "Ha sido nuestro principal deseo no introducir en estos trabajos (los manuscritos originales de Carrión) modificación alguna, dándolos a la luz como los hemos encontrado" (1). Y respecto a su carácter lo describen como: "Dotado de una energía poco común, de carácter resuelto, de trato amable para con todos, esencialmente liberal, tenía amigos en todas las clases sociales, su conversación era agradable pues sabía armonizar su acostumbrada seriedad con las más felices y graciosas ocurrencias". Otro de sus condiscípulos lo describe así: "Un temperamento muy próximo al linfático, sin ser puro, pues en su carácter tenaz e irascible, se notaba su mezcla con el bilioso" (1). En aquel entonces todavía perduraban en la medicina, algunos conceptos galénicos antiguos respecto al temperamento. En este enfoque, el carácter linfático o flemático, por la preeminencia de la flema se vinculaba al tipo de persona compuesta, no demostrativa y la mezcla con el bilioso (preeminencia de la bilis amarilla), por sus tendencias a reacciones de cólera Vale decir que Carrión era percibido como un individuo generalmente calmo ante situaciones de estrés pero con algunas reacciones coléricas y tempera mentales y de una destacada tenacidad. En los escritos que sobre Carrión existen, como es de esperar, se aprecian diferentes perspectivas o análisis que conducen a conclusiones, en ocasiones polarizadas. Para algunos, la personalidad de Carrión estuvo llena de virtudes y casi sin defectos terrenales; para otros, en el otro extremo, Carrión no sólo fue un simple mortal ?hecho que está fuera de toda duda? sino que su llamado acto heroico, como planteó el Dr. La Puente, debía ser calificado como verdadera insensatez. Hans Selye, paradigma de investigador, autor la teoría del Síndrome General de Adaptación y del Estrés (46), dirigió por mucho años el Instituto de Investigaciones de la Universidad de Montreal, Canadá. Profesionales de todo el orbe solicitaban adiestramiento en su Centro bajo su tutela. Selye los entrevistaba personalmente como parte del proceso de selección; buscaba indicadores que pudieran predecirle los mejores resultados. En 1964 publica algunas de sus experiencias en un bello libro que titula "From Dream to Discovery" (36). En uno de los capítulos describe las que, a su juicio, constituyen las características básicas de personalidad que tipifican al científico o buen investigador 1. Entusiasmo y perseverancia. 2. Originalidad. Independencia de pensamiento, imaginación, intuición, genialidad. 3. Inteligencia. Lógica, memoria, experiencia, concentración, abstracción. 4. Ética. Honestidad consigo mismo. 5. Contacto con la naturaleza. Observación, habilidad técnica. 6. Contacto con la gente. Comprensión de si mismo y de los otros, compatibilidad, organización de equipos, poder de convencimiento y saber escuchar otros argumentos". Veamos en cuanto coinciden estos rasgos con las características de personalidad de Carrión. Comparación de los rasgos de personalidad de Carrión con las cualidades del científico o buen investigador descritas por Selye 1. Entusiasmo y perseverancia De todos los dones, el entusiasmo es el motor; la perseverancia su base. De acuerdo a Selye, resulta importante destacar aquellos científicos capaces de focalizar su atención en un solo objetivo. Desde el inicio de sus estudios médicos Carrión demuestra una preocupación científica y social en torno al estudio de la verruga; ya hemos revisado las preguntas de investigación que describe Alarcón. En lo primero, se propone contribuir con su trabajo a salvar vidas humanas identificando indicadores que permitan un diagnóstico clínico precoz para evitar más muertes y sufrimiento. En lo segundo, intenta demostrar que la verruga podía ser transmitida por inoculación. Su entusiasmo y perseverancia por este tema es atestiguado por todas las observaciones directas de profesores y condiscípulos que lo conocieron (1). Se repite, en tal sentido, por testimonio de diferentes observadores, que con frecuencia preguntaba si la verruga era inoculable. No había artículo o libro relacionado con el tema que dentro de sus posibilidades no hubiera revisado y clasificado. Cualquiera puede ser perseverante aunque la diferencia entre la terquedad y el talento es saber cuándo continuar y cuándo detenerse. Bajo la presión de tantos consejos en contra, además de las observaciones planteadas por los Drs. Villar y Chávez para que desistiera de la realización de su experimento, es probable que otro ser humano hubiera renunciado a hacerlo. Carrión, por el contrario, persiste y convence ("no sin dificultad") al Dr. Chávez a colaborar señalando: "suceda lo que sucediese, no importa, quiero inocularme" (1). De no haber sido tenaz y consecuente con sus convicciones, la enfermedad que hoy con justicia lleva su nombre hubiera permanecido, nadie sabe cuánto tiempo más, en el misterio. 2. Originalidad, independencia de pensamiento, imaginación, intuición, genialidad. Se es original cuando se asume el reto de dar lectura a la realidad desde perspectivas diferentes a las usuales. La independencia de pensamiento es posible sobre la base de una sólida convicción en los propios puntos de vista, fuerte autoestima y confianza en si mismo. Tal como hemos señalado, el Secretario de la Facultad de Medicina de la época, en un análisis superficial, califica su acto como "demostración de audacia temeraria, poco científica y de tristísima celebridad para sus autores" a lo cual agrega, en tono crítico: "La ciencia ha ganado poco, el desprestigio profesional ha aumentado y la preciosa existencia de un joven incauto ha sido arrebatada con falta de aquellos que debieron disuadirlo en vez de alentarlo en tan peligrosa vía". Nada más lejos de su habitual manera de ser, descrita por sus compañeros en términos de: "La energía y firmeza de su carácter así como el recto criterio y la sana razón que lo han guiado siempre en todos los actos de su vida". Podría postularse que esta última descripción -exagerando los aspectos positivos- obedece más que a una realidad, a la necesidad amical de defender al fallecido de ataques ante los cuales ya nada puede hacer. Ante tal eventualidad, la metodología utilizada en el presente trabajo persigue demostrar que si tal descripción corresponde a la verdadera personalidad de Carrión y no a una idealizada distorsión, será coherente con otras conductas generadas en otros periodos de su vida. Al respecto, un episodio de su infancia aclara el tema. Los compañeros de la Facultad de Medicina publican en 1886 un folleto sobre la verruga peruana, en el cual incluyen el siguiente texto, también citado, aunque con modificaciones de estilo, por Asenjo (47): "Sabedor que uno de los vecinos más notables del pueblo decía que los buenos calificativos que obtenía (D.A.Carrión) en sus exámenes eran debidos a las influencias de familia(********) se propuso desmentir esa falsa aseveración y para llevarlo a cabo esperó el día de los exámenes y cuando este día los miembros del Jurado hubieron acabado de examinarle, pidió a su maestro el programa y dirigiéndose a quien tan poco favor le había hecho se lo entregó suplicándole a la vez se sirviese examinarle a fin de convencerse si tenía o no derecho para obtener los calificativos con que le honraban sus examinadores; este hecho practicado por quien aún no había pasado de la esfera de la niñez no dejó de llamar la atención de los vecinos de Cerro de Pasco, para los que este acontecimiento fue un motivo más de distinción y aprecio por el hábil y pundonoroso niño" (1). Es obvio que para plantear tal desafío una persona debe estar completamente convencida de su verdad y tener fe en sus conocimientos además de independencia de pensamiento. No puede adoptarse tal actitud a menos que la autoestima sea alta, el Yo fuerte y la asertividad consistente. Carrión demuestra así, desde niño, su fortaleza psíquica superior, amor a la verdad e integridad moral. Por otro lado, ya habíamos visto que su intuición e imaginación destacan claramente en el planteamiento de sus hipótesis centrales, tan bien comentadas por Alarcón (3). 3. Inteligencia, lógica, memoria, experiencia, concentración, abstracción. El nivel intelectual de Carrión no puede evaluarse exclusivamente por su éxito o fracaso en los cursos académicos regulares en los cuales tuvo variado rendimiento: en unos excelente, en otros promedio y en algunos desaprobado. Debe más bien medirse por el alcance de su desarrollo lógico y su intuición clínica. Carrión señala, por ejemplo, que "en los casos en los cuales el diagnóstico de la verruga es dudoso, el mejor indicador clínico es averiguar los sitios por donde ha pasado o pernoctado el sujeto, pues, conocida la distribución geográfica de la enfermedad (de la cual deja tres croquis) y vinculada al tránsito del viajero, la sospecha clínica debe plantearse". El alcance epidemiológico de este enfoque es notable para la época (3). Carrión no sólo consideraba al enfermo y a la enfermedad sino que en brillante abstracción los ubicaba en su entorno ecológico completo. Al parecer, la experiencia de Carrión y concentración en el tema de su preferencia llegó a constituir una auténtica idea fija, como ya hemos mencionado, que Altman ha descrito en investigadores que practican la autoexperimentación (19). 4. Ética, honestidad consigo mismo Los valores y principios éticos de Carrión se evidencian en muchas de sus conductas. Su generosidad y sentimiento de solidaridad; por ejemplo, en la colecta realizada en plena guerra con Chile aporta un mango de oro y 10 soles de plata, suma no pequeña en tales épocas (1) (). Su amor por la verdad y su altruismo, fueron puestos de manifiesto tanto en plena condición de salud cuanto de enfermedad extrema. Respecto a lo primero, Carrión decide llevar a cabo su experimento para describir las fases de incubación e invasión de la enfermedad sobre las cuales faltaban datos clínicos necesarios para hacer el diagnóstico temprano y, por ende, salvar vidas. La honestidad es uno de los claros distintivos de su conducta. Carrión sabía perfectamente lo que buscaba y cuánto le iba a significar lograrlo, aunque falló en sus cálculos sobre la severidad de la enfermedad que iba a contraer. Su honestidad científica y apego a la verdad, rasgos del buen investigador, le permiten, como ya hemos señalado, apreciar el error de su primera hipótesis y ajustarla al surgimiento de nuevas evidencias. 5. Contacto con la naturaleza. Observación, habilidad técnica Estas tres características definen al propio Carrión. La preocupación sobre la enfermedad parte de una observación minuciosa de la naturaleza a la cual desafía para descubrirle el misterio que encierra. Su percepción clínica resulta excelente, particularmente cuando en plena fase experimental sigue su evolución en su propio organismo, registrando los datos hasta donde las fuerzas le permiten. Es aquí donde se demuestra que el gesto de Carrión trasciende las fronteras de los actos humanos comunes, en lo que Jaspers ha denominado "situación límite" (48), cuando desfalleciendo transfiere la responsabilidad de continuar con el experimento a sus amigos diciendo: "Aún no he muerto amigo mío, a ustedes toca terminar la obra ya comenzada ...siguiendo el camino que les he trazado". Su habilidad técnica descriptiva es excelente, no hay mejor descripción de los periodos iniciales de la enfermedad que los que logra Carrión durante su enfermedad. 6. Contacto con la gente. Capacidad de autocom-prensión. Comprensión y compatibilidad con otros. Organización de equipos. Poder de convencimiento y saber escuchar otros argumentos Todas las descripciones que de Carrión se hacen, más los datos registrados, hablan a favor de sus excelentes relaciones interpersonales, tanto con amigos cuanto con familiares. La relación con su padrastro y con su madre, a juzgar por el análisis de su comunicación epistolar, evidencian cariño, respeto y armonía familiar. Como hermano mayor, asume responsabilidad plena ante sus hermanos menores. Cuida de ellos cuando también viajan a Lima, se preocupa por su instalación y confort y supervisa sus estudios. En la Facultad de Medicina la relación con sus profesores es de obediencia hasta donde la razón lo permite. Su independencia de pensamiento y búsqueda de la verdad científica se manifiesta en su alejamiento de los dictados profesorales cuando éstos no coinciden con los hechos clínicos. Su poder de convencimiento debe haber sido grande asi como su capacidad de liderar con el ejemplo. Sus condiscípulos deben haberlo apreciado y admirado mucho para hacer de él y de su obra un norte profesional. La lucha en la que se enfrascan, aún en contra de profesores connotados y con poder académico, no sólo los eleva en calidad humana y pensamiento científico sino que les sirve de acicate para su propio desarrollo. Carrión, por otro lado, había demostrado claro desprendimiento de su propia vida, preocupado por objetivos más excelsos: "su muerte no lo arredra si otras habrán de salvarse". Hasta el final dirige las decisiones del equipo. Cuando ya en las últimas resistencias, con 600 000 hematíes por mm. accede a ir a la Maison de Santé para recibir una transfusión sanguínea, al enterarse que ésta no habrá de realizarse, su indignación es manifiestada. "Era lo único que podía salvarlo". Aún así, acata la decisión con realismo. Su muerte, digna y transcendente, termina con una frase que indica su evaluación objetiva de los hechos y las consecuencias, hasta el final, sin quejarse de nadie. "C'est fini", son las últimas palabras que expresa como juicio categórico de un destino ya definido. Finalmente, y más allá del esfuerzo de síntesis realizado por Hans Selye para identificar rasgos de personalidad que pudieran anticipar las características de un buen investigador, este autor señala como observación otro indicador, si bien subjetivo, digno de tener en cuenta por la capacidad profesional y experiencial en este campo de quien la postula. Señala Selye que si algo pudiera distinguir como "marca" a los mejores investigadores que el adiestró es que "mostraban un brillo particular en los ojos" (36). En el relato del seguimiento clínico de la enfermedad de Daniel Alcides, realizado por sus compañeros, figura lo siguiente: (Día 2 M. [de Octubre] 37º, 115 p) "El aspecto de su piel, así como la fisonomía particular que ofrece nuestro enfermo es notable. El rostro desencajado, los ojos hundidos y rodeados de un círculo negruzco, las mejillas y sienes, completamente deprimidas, la nariz afilada y los pabellones auriculares casi transparentes: ya en su mirada no se nota la penetración y vivacidad [brillo] que antes le distinguíamos...." (1) Examen grafológico de su rúbrica En 1925, Hermilio Valdizán publica un documento familiar de Carrión con su firma, ya señalado (45). Existen, además, otros documentos que muestran la rúbrica de Carrión, tanto de orden epistolar (6,39,40) cuanto en el Libro de Matrícula de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde estudió. Guillermo Contreras encontró últimamente esta evidencia (49); sobre ella nos hemos basado para solicitar un examen grafológico (Figura 3). El Dr. Roberto Llanos Zuloaga, psiquiatra y Presidente de la Asociación Peruana de Bioética, y especialista en grafología, gentilmente accedió a practicar el examen correspondiente. He aquí su informe: Estudio grafológico de la firma de Daniel Alcides Carrión AUTOR: Dr. Roberto Llanos TÉCNICA: L. Klages, Escritura y Carácter, 1962. RESULTADOS DEL EXAMEN:
Limitaciones del estudio
Palabras Finales ______________________ * Facultad de Medicina, UNMSM.Correspondencia: Dr. Alberto Perales Cabrera Av. Javier Prado Oeste 445. Dpto. 101. Lima 27, Perú E-mail: perales.alberto@terra.com.pe _________________________________________________________________________________________ (*) Agradezco al
Dr. Luis Deza Bringas la información sobre la existencia de la lámina original con el
frotis de sangre de Carrión tomada por el Dr. Ricardo Flores [Ver : Deza L et al. Un
documento esclarecedor acerca de la muerte de Daniel A. Carrión. IPSS. Instituto Peruano
de Seguridad Social, 1992. 11 (2):51-52]. Este hallazgo fue también verificado por el Dr.
Hermilio Valdizán (Ver: Valdizán H. Apuntes para una bibliografía peruana de la
enfermedad de Carrión. Anales de la Facultad de Medicina, Número Extraordinario, 1925 :
pág. 54, Item 48). |