| Rev Med Exp.
Vol. 14 Nº 2 1997 |
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LA MODERNIZACIÓN DEL ESTADO EN LA
SOCIEDAD
DEL CONOCIMIENTO
Juan Sheput M.*
Desde hace muchos años el notable ensayista argentino Mariano Grondona, escribía en la
revista Visión, que acababa de gozar de una agradable estadía en Harvard, para muchos la
mejor Universidad del mundo. Durante el tiempo que estuvo allí, ejerciendo la cátedra de
profesor visitante, tuvo tiempo para pensar qué era lo que diferenciaba a Harvard, en
materia de éxito y generación de talento, de las universidades latinoamericanas. En su
análisis encontró que en Harvard no hay puertas eléctricas que se abren y cierran por
sensores, ni tampoco computadoras en todas las carpetas (como sí hay en algunas
universidades limeñas). No hay "edificios inteligentes", ni robots a diestra y
siniestra. Mas bien las cosas en común con nuestras universidades son amplias. En ambas
hay alumnos y profesores, los laboratorios de investigación son similares en tamaño y
equipamiento, las aulas tienen carpetas y pizarras de madera que exigen el uso de tizas
como el siglo pasado, las bibliotecas no presumen de adelantos cibernéticos ni del uso
exagerado de cd's y pantallas, las teleconferencias son mínimas y las clases virtuales se
dictan sólo por excepción.
Entonces ¿dónde está la diferencia y por tanto el secreto del éxito? La respuesta es
muy simple y compleja a la vez, la diferencia se marca en la existencia de valores y
principios, elementales en muchos casos y que en nuestros países son bienes escasos. En
Harvard los alumnos y profesores son puntuales y respetuosos. En Harvard los alumnos
acuden a la biblioteca a usar libros, que duermen en los estantes de las bibliotecas
latinoamericanas, pues mientras allá los libros se consumen acá se desperdician. En
Harvard no faltan tizas en las pizarras, y las motas no se pierden. En Harvard los alumnos
son ordenados y meticulosos, y cuando asumen un reto plantean objetivos y metas claras y
precisas. En Harvard se adelantan al concepto a través de la investigación minuciosa,
acá se espera y se asume. En Harvard se respetan las fechas y los plazos para las
entregas de los trabajos y documentos, y no se postergan o "patean" alegremente.
En Harvard no se acepta la palabra del catedrático como infalible, sino mas bien se le
confronta con el propio raciocinio y los resultados de la investigación. He ahí, entre
otras, la gran diferencia, el uso pleno de valores y principios fundamentales.
He querido hacer esta introducción, utilizando como base a Grondona, para referir mi
hipótesis sobre lo que significa un proceso de reforma o modernización del Estado. Si
primero no nos reforzamos por interiorizar preceptos claves como el orden, la puntualidad,
la honestidad, el trabajo en equipo, la visión de largo plazo, etcétera, cualquier
esfuerzo que se haga en materia de modernización no será permanente en el tiempo.
Primero están las personas, los recursos humanos, como base de un esquema verdadero de
progreso, individual primero y colectivo después, con una concepción clara que sólo con
valores y principios podremos iniciar nuestro camino en una sociedad tan competitiva como
la que se viene muy pronto, pues no debemos olvidar que estamos ingresando a una sociedad
basada en el conocimiento. Algunos autores predicen que en un futuro muy próximo las
élites serán de aquellos que más conocen y más especializados están, pues será tan
amplio el nivel de acceso a la información que el colapso intelectual será por exceso de
datos. Es por eso que no debemos descuidar nuestra formación y la de los que nos rodean
la sociedad será muy excluyente, ya no por cuestiones de raza, edad, sexo o religión
sino por capacidades cognoscitivas. Con este entorno muy mal hacen aquellos que pretenden
que por tener acceso a una computadora ya son modernos. Sin la interiorización de valores
de nada sirve tener un mouse, una impresora, un ordenador y un software de última
generación, tampoco una institución es más moderna por tener más computadoras.
Ejemplos existen muchísimos, desde empresas hasta países. Pakistán o la India tienen un
promedio 35 veces más computadoras que Suiza, y eso no los hace países más modernos. En
nuestras instituciones o empresas las microcomputadoras más modernas se usan como
maquinas de escribir.
La verdadera modernidad del Estado, en términos de realismo y aporte a la sociedad, será
una consecuencia directa de nuestro cambio de actitud. Reconocer, en primer lugar, que es
necesario ser competitivo para tener un lugar en la Sociedad del Conocimiento, y reconocer
que para ser competitivo primero es necesario practicar una serie de valores y principios
que constituyan la base para nuestro crecimiento como personas y como sociedad.
El Instituto Nacional de Salud, en ese sentido, ocupa una posición clave, y yo diría
hasta estratégica en el sector. Tiene una gran responsabilidad y una linda misión,
basada en la investigación en ciencia y tecnología. Tiene los recursos humanos
científicos adecuados para el cumplimiento de su misión y tiene por tanto la gerencia de
su propio éxito. El INS puede y debe convertirse en una entidad modelo en términos de
calidad de sus recursos y productos. Puede ser, en el ámbito internacional, una usina
productora de trabajos de investigación valiosa en su conjunto. Para ello ya se tiene el
bagaje académico, faltando la profundización en los valores que hacen grandes a las
sociedades. Trabajando en equipo, siendo líderes de nosotros mismos y de nuestro entorno,
podremos tener la seguridad que haremos más grande a nuestro querido país. Reconociendo
nuestras limitaciones, luchando por superarlas sin subsidiar al error, podremos ser más
competitivos. Sólo así podremos enorgullecernos de estar contribuyendo efectivamente a
modernizar al Estado y por ende a la sociedad. No debemos perder tiempo.
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*Consultor Externo del Instituto Nacional de Salud.
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