| Boletín de la Sociedad Peruana de
Medicina Interna - Vol.14 Nº 2 - 2001 |
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Tumores Pituitarios:
Adenomas somatotropos (acromegalia)
César Delgado-Butrón1, Leonidas Delgado-Torres2, César
Delgado-Torres2,
Ernesto Bellido-Postigo1, Fernando Beltrán-Castañeda3, Gustavo
Medina-Rivera4,
Julio C. Farfán-Aspicueta3
RESUMEN
Los adenomas hipofisiarios productores de hormona de crecimiento (HC), son la
causa más usual de la acromegalia pituitaria y, en frecuencia, le siguen a los
prolactinomas. El estudio involucró 34 pacientes acromegálicos, 24 mujeres y 10 varones
con edades entre 21 y 76 años (x 45,94 años) del Hospital Nacional del Sur, EsSalud,
Arequipa. El tiempo de enfermedad en promedio, fue de 6,82 años con un rango de 1 a 20
años. Diecisiete pacientes (50%) nacieron en la sierra. Los síntomas y signos más
importantes, en orden decreciente fueron: cambios acrofaciales, cefalea, artropatía,
diastema, defectos del campo visual, parestesias y síndrome del túnel carpiano e
hiperhidrosis. Los niveles séricos de HC y prolactina antes y después del tratamiento
fueron 23,99 ng/mL, 49,85 ng/mL y 11,31 ng/mL, 43,17 ng/mL, respectivamente. De 12
pacientes sometidos a PTGO, seis resultaron intolerantes a la glucosa y uno francamente
diabético. La TC de hipófisis reveló en 30 casos macroadenomas y en 4 microadenomas,
luego del tratamiento hubo 14 y 4 macro y microadenomas, respectivamente. De los 30
pacientes tratados, 23 con hipofisectomía 14 vía transcraneal y 9 vía
transesfenoidal- y 7 con tratamiento farmacológico, los resultados, según criterios de
evaluación, fueron favorables en 9, desfavorables en 2 y sin cambios en 16. Se refuerza
que la cirugía, especialmente la transesfenoidal, es la primera opción terapéutica a la
acromegalia, complementada con octreotida.
Palabras clave: Hipófisis; Hormona del crecimiento; Acromegalia; Hipofisectomía;
Octreotida; Bromocriptina.
SUMMARY
The pituitary adenomas producers of growth hormone (GH) are the pituitary
acromegaly more usual cause and of frequency it follows the prolactinomas.The study
involved thirty four acromegalic patients, twenty four women and ten men, with ages
between twenty one and seventy six years ( X : 45,94 years) from the Hospital Nacional del
Sur, EsSalud, Arequipa. The time of disease, in average was 6,82 years with a range from 1
to 20 years. Seventeen patients (50%) were born in the Sierra. In order of frequency, more
important symptoms and signs were: acrofacial changes, headaches, arthropathy, diastema,
visual disturbances, paresthesia, and carpal tunnel syndrome and increased sweating. The
growth hormone and prolactin serum levels before and after the treatment were 23,99 ng/mL,
49,85 ng/mL and 11,31 ng/mL and 43,17 ng/mL respectively. From 12 submitted patients OGTT,
six resulted non tolerant to glucose and 1 frankly diabetic. The hypophysis TC revealed
macroadenomas in thirty cases and microadenomas in four cases, after the treatment there
was 14 and 4 macro and microadenomas respectively. From the thirty treated patients, 23
with hypophysectomy 14 trancranial way y 9 transefenoidal way- y 7 with
pharmacology treatment. The results, according to evaluation criteria, were favorable in 9
cases, non favorable in two cases and with out changes in 16. It is suggested that
surgery, transfenoidal especially, is the first therapeutic option to acromegaly
complemented with octreotide.
Key words: Hypophysis. Growth hormone. Acromegaly. Hypophysectomy. Octreotide.
Bromocriptine.
INTRODUCCIÓN
El gigantismo y la acromegalia son cuadros clínicos muy reconocidos desde la antigüedad;
como testimonio de ello se encuentra el gigante Goliat, derrotado por David, en los
escritos bíblicos y en los rasgos burdos acromegaloides plasmados en ceramios, esculturas
y otras expresiones culturales por diferentes civilizaciones milenarias.
La acromegalia pituitaria usualmente es causada por un adenoma que secreta hormona de
crecimiento (HC) en exceso. Los adenomas representan el 10% al 15% de los tumores
pituitarios diagnosticados clínicamente1. La prevalencia de acromegalia
reportada es aproximadamente de 40 a 60 casos por millón de personas, cifras que no son
realmente verdaderas si se tiene en cuenta que el diagnóstico de la enfermedad es
frecuentemente atrasado o erróneo2,3. De los tumores hipofisiarios
funcionantes, en orden de frecuencia, los adenomas secretores de somatotropina le siguen a
los prolactinomas; por consiguiente, es importante un diagnóstico y tratamiento temprano
y oportuno de la acromegalia con el fin de evitar complicaciones que pueden ser serias.
En las últimas décadas se han realizado avances significativos tanto en la
fisiopatología de las hormonas pituitarias como en la biología tumoral, que han devenido
en el desarrollo de mejores técnicas para la evaluación y en la disponibilidad de nuevas
medidas terapéuticas.
La publicación del presente trabajo se justifica porque en la región sur del Perú,
área de cobertura del Hospital del Sur de la seguridad social en Arequipa, la
información sobre esta patología es escasa. En cambio, a nivel nacional no ocurre lo
mismo. El trabajo de Padilla y Garmendia4 engloba la mayor parte de la
bibliografía peruana de las últimas décadas.
MATERIAL Y MÉTODOS
Estudio retrospectivo realizado en 34 pacientes con diagnóstico clínico evidente de
acromegalia, que acudieron al consultorio de Endocrinología del Hospital Nacional del Sur
de EsSalud en Arequipa entre setiembre de 1992 y mayo de 1999.
Mediante una ficha clínica ad-hoc se recopiló información referente a los datos de
filiación, antecedentes personales y familiares, manifestaciones clínicas más
frecuentes de la enfermedad y dosajes de hormona de crecimiento en condiciones basales y,
en algunos casos, a través de la prueba de supresión de glucosa. En sólo un caso se
tuvo mediciones periódicas de somatomedina C (factor de crecimiento similar a la insulina
I) durante el tratamiento. Las determinaciones de prolactina y de otras hormonas se
hicieron por el método de radioinmunoensayo, en cambio las glicemias basales y durante la
prueba de tolerancia a la glucosa y otras determinaciones bioquímicas, por los métodos
convencionales.
Se consignó también estudios radiográficos de cráneo, manos y pies; del campo visual y
de anatomía patológica en algunos pacientes. Todos los pacientes tuvieron estudios de
tomografía computada (TC) de hipófisis antes del tratamiento y, solamente, en algunos
después del mismo.
Se acopió datos del tratamiento que en la mayoría de paciente pacientes fue quirúrgico,
realizado en Arequipa y Lima, ya sea por abordaje transcraneal o transesfenoidal. Otros
recibieron terapia médica, única o complementaria a la cirugía, en base a bromocriptina
y octreotida.
Los criterios para juzgar los resultados del tratamiento quirúrgico y/o médico se
basaron en la mejoría clínica, disminución de los niveles de HC y reducción del
tamaño tumoral.
RESULTADOS
La edad media de presentación fue 45,94 años, con límites de 21 y 76 años. De los 34
pacientes, 24 (70,59%) correspondieron al género femenino y 10 (29,41%), al masculino,
que hace una relación de 2,4. La distribución de frecuencias por edad y sexo se ilustra
en la Figura 1; se aprecia que entre los 30 y 50 años ocurre la mayor frecuencia.
Hubo predominio manifiesto de los pacientes nacidos en las zonas de mayor altitud sobre el
nivel del mar, 17 (50%), en comparación con los nacidos en la costa (4; 11,8%) y Arequipa
(13; 38,2%). Tabla 1.
El tiempo de enfermedad promedio fue 6,82 años, con límites de 1 y 20 años. De las
manifestaciones clínicas, los cambios acrofaciales se presentaron en el 100% de los
pacientes. Los porcentajes de otras alteraciones aparecen en la Tabla 2.
Las determinaciones hormonales de la hormona del crecimiento y prolactina antes y después
del tratamiento son mostradas en la Tabla 4. Al momento del diagnóstico, 28 pacientes
tuvieron concentraciones de hormona de crecimiento en condiciones basales mayores a 5
ng/mL; cuatro, valores mayores de 4 ng/mL y menores de 5 ng/mL; y dos, 2,78ng/mL. Un
paciente con dosaje de somatomedina C de 570,1 n/mL (valor normal: 70 a 290 ng/mL). En los
dos restantes no se hizo eldosaje de la hormona. Se advirtió que hubo un descenso de los
valores medios de ambas hormonas consecutivo a la terapia, pero sin alcanzar el rango de
la normalidad como grupo. La concentración media de la glicemia en ayunas pre y
postratamiento fue 91,21 ng/mL y 82,85 ng/mL, respectivamente; tres pacientes superaron el
límite de 110 ng/mL antes del tratamiento. De 12 pacientes en los que se realizó la
prueba oral de tolerancia a la glucosa, seis resultaron intolerantes a la glucosa y uno
francamente diabético.
 |
| Figura 1. Distribución
por sexo y por edad |
| Tabla 1. Tumores
pituitarios: Procedencia |
| Procedencia |
N |
% |
Arequipa
Cusco
Puno
Camaná
Mollendo
Moquegua
Tacna |
13
9
8
1
1
1
1 |
38,2
26,5
23,5
2,9
2,9
2,9
2,9 |
La TC de hipófisis reveló macroadenomas en 30 pacientes (88,2%) y microadenomas en 4
(11,76%). Además, en un alto porcentaje de casos hubo extensión supreselar y compromiso
del piso sellar, 73,5% y 88,2%, respectivamente. Luego del tratamiento se produjeron
cambios favorables tanto del tamaño como de los caracteres tomográficos del tumor
(Figura 2).
| Tabla 2. Tumores
pituitarios: Características clínicas |
| Características |
N |
% |
Cambios acrofaciales
Cefalea
Artropatía
Diasstema
Defectos de campos visuales
Parestesias, túnel carpiano
Hiperhidrosis
Alteraciones menstruales
Pliegue de nuca
Aumento de vello
Disminución de libido
Bocio
Diabetes mellitus |
34
30
24
24
23
19
19
18
9
7
6
2
1 |
100,0
88,2
70,6
70,6
67,7
55,9
55,9
75,0
26,6
20,6
14,7
5,9
3,0 |
| Tabla 3. Tumores
pituitarios: Determinaciones hormonales antes y después del tratamiento |
| |
Hormona de
crecimiento
ng/mL |
Prolactina
ng/mL |
Glucosa
mg/dL |
| Antes |
23,99
(2,78-88,00) |
49,85
(2,30-246,00) |
91,21
(62-160) |
| Después |
11,31
(1,10-50,40) |
43,17
(0,80-237,00) |
82,85
(70-110) |
La acromegalia, según las manifestaciones clínicas y los niveles de HC basal y de la
prueba de supresión de HC con glucosa, se tipificó en 32 casos activos y dos inactivos.
Veintitres pacientes fueron hipofisectomizados, 14 por vía transcraneal y 9 por vía
transfenoidal. Entre los hipofisectomizados, por lo menos a los dos años poscirugía, se
encontró 5 casos sin cambios, 10 con tumoración residual y 8 con recidiva.
 |
| Figura 2. Características
por tomografía de hipófisis antes y después del tratamiento |
Siete pacientes recibieron sólo tratamiento médico, cinco con bromocriptina, uno con
octreotida y uno con ambas drogas. En cuatro casos no hubo tratamiento médico ni
quirúrgico. Como terapia complementaria a la hipofisectomía nueve pacientes fueron
sometidos a radioterapia y 18, a farmacoterapia (bromocriptina, nueve; octreotida, uno; y
ambas drogas, ocho).
La evaluación del tratamiento según los criterios considerados fue favorable en nueve
pacientes (30%), desfavorable en dos (6,7%) y sin variación en 16 (53,3%). Los otros tres
pacientes (10%) no completaron su evolución porque fueron perdidos durante el
seguimiento.
DISCUSION
La acromegalia está asociada a una variedad de lesiones hipofisiarias, de las cuales los
adenomas somatotropos densa o esparcidamente granulados son los más
frecuentes; sin embargo, excepcionalmente estos adenomas secretan elevadas tasas de HC sin
cuadro clínico evidente, por lo que se les denomina tumores silentes, lo que
se explicaría por la producción de HC con bioactividad alterada5. Otros
tumores, los plurihormonales, sintetizan además de la HC, prolactina, y dan lugar a una
acromegalia asociada con hiperprolactinemia. En nuestra revisión, la mayoría de adenomas
corresponde histológicamente al tipo cromófobo y plurihormonal.
La acromegalia es una enfermedad no común, con igual presentación en los géneros
masculino y femenino6-10, aunque Padilla y Garmendia4 comunican una
mayor frecuencia en varones. Nosotros, con una casuística mucho más reducida,
encontramos un marcado predominio de las mujeres (2,4 a 1) concordante con Baumam11.
Es notorio que la mayoría de los pacientes procedieran de zonas de mayor altura
Cusco, Puno, Juliaca hallazgo que concuerda con estudios epidemiológicos
previos de Guerra García y col12,13, que señalan una mayor prevalencia de
acromegalia en los nativos de altura que podría explicarse por una mayor estimulación
hipofisiaria para secretar HC14.
Rajasoorya15 estimó la edad media al momento del diagnóstico en 41 años y la
duración media de los síntomas antes del diagnóstico de la enfermedad en siete años.
En Newcastle, Goteborg y Londres la duración media de la enfermedad antes del
diagnóstico fue estimada en 6,6, 10,2 y 9,2 años, respectivamente17. En
nuestro grupo de pacientes la edad media fue 45,94 años y el tiempo de enfermedad, 6,8
años. Es posible que la acentuación de los signos de acromegalia y el tamaño tumoral
que alcanza en la mayoría de los pacientes se deba al tiempo prolongado que media entre
el inicio de la hipersecreción hormonal y el diagnóstico de la enfermedad.
Las manifestaciones clínicas de la acromegalia son consecuencia, por una parte, de la
masa tumoral hipofisiaria y, por otra parte, de la excesiva secreción de HC. Entre las
primeras, hemos registrado cefalea en el 88,2% y alteraciones del campo visual en 67,6%.
No siempre la cefalea se explica por un efecto de masa, ya que este síntoma puede cesar
tan rápidamente, como al poco tiempo después de administrar octreotida16.
Hipopituitarismo y compromiso de los nervios craneales, pueden verse como efecto
secundario de la compresión tumoral, desórdenes que no fueron constatados en nuestra
serie.
Los efectos de la sobreproducción de HC pueden llevarse a cabo por acción directa de la
misma hormona y a través de la mediación del factor de crecimiento similar a la insulina
I (IGF-I) producido en el hígado o, lo que es más importante, generado localmente en el
hueso y otros tejidos y que actúa en forma paracrina17. Una u otra acción se
objetiva por incremento de la actividad mitogénica, mayor producción de colágeno o
aumento del depósito de los glicosaminoglicanos, que se expresan clínicamente por
cambios acrales, engrosamiento de los tejidos blandos y defectos cutáneos. Estas
manifestaciones estuvieron presentes en el 100% de nuestros pacientes en el momento del
diagnóstico, al igual que en otros estudios2,18. De los efectos metabólicos y
endocrinos de la acromegalia, se reporta que de 25 a 50% de los pacientes tienen
intolerancia a los carbohidratos y de 10 a 25% diabetes mellitus evidente, con razón,
desde hace mucho tiempo, la HC ha sido considerada como hormona diabetógena,
por su acción antagónica a la insulina, tanto en su resistencia periférica
posiblemente por un mecanismo situado a nivel posrreceptor, como por su
incremento de la gluconeogénesis y glucogenólisis. En nuestra serie sólo 6 pacientes
fueron intolerantes a la glucosa y uno desarrolló diabetes.
Galactorrea e hiperprolactinemia, al inicio del diagnóstico, ocurrieron en el 23,5% y
44,1%, respectivamente. Según Williams10, la hiperprolactinemia puede estar
presente hasta en 40% de los pacientes acromegálicos, pero la galactorrea puede
presentarse en ausencia de hiperprolactinemia, posiblemente como un resultado del efecto
lactogénico de la HC.
La diversidad de otros caracteres clínicos en los porcentajes listados en la Figura 3, se
sustenta fisiopatológicamente en alguno de los efectos de la HC, tal como el síndrome
del túnel carpiano que sería causado primariamente por incremento de la masa de tejido
blando que puede comprimir los nervios de la muñeca; o la hiperhidrosis y seborrea que es
debido a la hiperactividad de las glándulas sudoríparas y sebáceas, respectivamente.
En general, el diagnóstico de acromegalia se alcanza por los caracteres clínicos tan
singulares que, aunque de aparición insidiosa y de lento progreso, son suficientes para
tipificar la enfermedad en la mayoría de los pacientes; sin embargo, excepcionalmente muy
pocos pacientes pueden exhibir la apariencia característica de la acromegalia sin una
fuente evidente de hipersecreción de somatotropina, por lo que se designa a estos cuadros
de acromegaloidismo o pseudoacromegalia19. En la totalidad de nuestros
pacientes el diagnóstico se hizo según los síntomas y signos clínicos y fue
corroborado por los niveles elevados de HC, la imagen tumoral hipofisiaria o por ambos. La
evaluación bioquímica en la mayoría de los pacientes de nuestro estudio se hizo a
través de la determinación sérica de la HC que, aunque por su carácter de secreción
pulsátil con un ritmo ultradiano de cerca de 13 pulsos por 24 horas, se le confiere un
limitado papel en el diagnóstico de la acromegalia, no así la medida del IGF-I sérica
que es más confiable en la detección de la enfermedad; además, se ha establecido una
muy fuerte correlación entre la secreción de HC integrada durante un periodo de 24 horas
y el IGF-I plasmático20. Sin embargo, las concentraciones séricas de HC en la
mayoría de nuestros pacientes superaron los 5 ng/mL, valor considerado como el mínimo
entre los acromegálicos; de otro lado, un nivel de 2 ng/mL en la presencia de un cuadro
clínico relevante de la enfermedad no excluye el diagnóstico de acromegalia.
Sólo en algunos pacientes se pudo llevar a cabo la prueba de tolerancia a la glucosa oral
que, en la actualidad, se le considera como la prueba dinámica más confiable para
confirmar el diagnóstico de acromegalia activa. Se observó que los niveles de HC
séricos no fueron suprimidos después de la carga de glucosa, como era de esperarse en el
hipersomatotropismo; y en dos casos hubo respuestas de estimulación paradójica de HC,
como lo señalan otros autores.
Sin duda, la TC y la resonancia magnética nuclear de hipófisis constituyen los medios de
diagnóstico que ponen en evidencia la lesión tumoral en la glándula y, por ende, la
tipificación de acromegalia pituitaria. Mediante la TC de hipófisis detectamos que el
88,2% de los tumores fueron macroadenomas (mayores de 10 mm). Este hallazgo es concordante
con el 82% de macroadenomas de diferentes grados según Hardy referidos por
Nabarro2 en su serie de 256 pacientes; y en nuestro medio, Padilla y Garmendia4
en 57 casos (83,8%) encontraron que el agrandamiento de la silla turca correspondió a
macroadenomas.
La mayor proporción de macroadenomas en la acromegalia en comparación con los
prolactinomas y otros adenomas funcionantes y no funcionantes en que predominan los
microadenomas y menos del 20% son macroadenomas, podría atribuirse a la prolongada
duración de la enfermedad previa al diagnóstico; sin embargo, para Molitch17
este factor no sería el responsable, por cuanto los prolactinomas con similar duración
de enfermedad no desarrollan a macrotumores; en cambio, la diferencia radicaría en el
distinto comportamiento biológico de los tumores secretores de HC, como consecuencia de
una mutación identificada como gsp, que acarrea una sustitución de dos aminoácidos en
el nucleótido de guanina ligado a la proteína reguladora estimulatoria que acopla el
receptor de la GHRH a la adenilciclasa e incrementa la actividad de esta enzima con un
consiguiente exceso de HC. Al parecer otros factores, además de la mutación descrita,
intervendrían en la tendencia de macrotumores en la acromegalia.
En la actualidad, el manejo terapéutico de los adenomas productores de HC es
prioritariamente quirúrgico, a diferencia de los prolactinomas que son tratados
primariamente con fármacos. En la mayoría de los pacientes la hipofisectomía
transesfenoidal es el método de elección más usado. Las tasas de éxito varían
considerablemente se estima para todos los casos entre 60 y 65% y dependen,
entre otros, de la destreza del neurocirujano, del tamaño e invasión del tumor y del
criterio bioquímico de cura (usualmente se acepta un nivel de HC de menos de 5 ng/mL)21.
Ross22 comunica que el 56% de sus 214 pacientes sometidos a microcirugía
transesfenoidal por tumores somatotropos redujeron los niveles de HC por debajo de 5
ng/mL. En nuestra serie, de los 23 hipofisectomizados, en la mayoría la vía usada fue
transcraneal por tratarse de macroadenomas de gran tamaño y por su carácter invasivo; y
los niveles de HC, si bien disminuyeron, no alcanzaron niveles menores de 5 ng/mL, y los
resultados finales no fuera satisfactorios, debido entre otros factores, a limitaciones de
instrumentación y equipo quirúrgico. La terapia por radiación tiene tanto tiempo de uso
en la acromegalia como la cirugía misma, en el presente se emplea el acelerador lineal o
el 60Co productor de fotones, como fuentes de alta energía que al ser
entregada al tumor detienen la división del tejido adematoso. La radioterapia está
indicada para los pacientes en los que no ha tenido éxito la resección tumoral previa o
que no pueden o rechazan ser sometidos a cirugía. Doce de nuestros pacientes recibieron
radioterapia después de haber sufrido adenomectomía, es decir como opción secundaria,
ya sea por recurrencia o persistencia de la tumoración.
Desde que Liuzzi y col.23 en 1974, demostraran que la bromocriptina, un
agonista de la dopamina, suprimía paradójicamente la hipersecreción de HC en algunos
pacientes con acromegalia, contrariamente de lo que ocurre en sujetos normales en que la
droga produce liberación de la hormona, su empleo se ha difundido con resultados variados
y no muy convenientes. En 31 ensayos clínicos sobre la eficacia terapéutica de la
bromocriptina en la acromegalia recopilados por Jaffe24 se encuentra que
aproximadamente 53% y 20% tuvieron niveles de HC plasmáticos suprimidos por debajo de 10
ng/mL y 5 ng/mL, respectivamente; y sólo 10% de los pacientes alcanzaron un nivel normal
del IGF-I. Jaffe24 también señala que, aunque se reporta un elevado
porcentaje de mejoría subjetiva de su sintomatología, muy pocos pacientes tienen
mejoría objetiva. Por otro lado, la eficacia de la bromocriptina en la reducción del
tamaño de los tumores somatotropos no está clara; a diferencia de los evidentes y
dramáticos resultados que se obtienen con esta droga en el tratamiento de los
prolactinomas25-27. Es concluyente, por todo ello, que la bromocriptina no es
la modalidad terapéutica inicial de la acromegalia y debería ser reservada para los
pacientes en los que la cirugía o radioterapia fallaron o no son las indicadas o en
situaciones especiales, como en los 11 pacientes de nuestra serie que no admitieron
cirugía y cuya evolución bioquímica y clínica no fue satisfactoria, pues, los niveles
plasmáticos de HC no descendieron a lo normal.
A partir de 1982, se introdujo un análogo de la somatostatina, la octreotida, como una
droga adicional para el tratamiento médico de la acromegalia, por su capacidad para
inhibir selectivamente la secreción de HC en un grado considerablemente mayor que la
insulina y glucagón28. La octreotida es en casi todos los pacientes más
efectiva que la bromocriptina, tanto con respecto al control de la sintomatología como
para bajar los niveles circulantes de HC e IGF-I29. No obstante, el efecto de la
octreotida sobre la reducción del tamaño de los somatotropinomas está limitada a la
mitad de los pacientes acromegálicos y sólo entre 20 y 54% del tamaño tumoral que puede
ocurrir dentro de las 12 semanas de tratamiento. La reducción del tamaño del tumor por
la octeotrida se explicaría por la heterogeneidad de las células que lo componen30,
en su mayoría (50 a 70%) son células de baja producción de HC (células low) que
responden difícilmente a la octreotida y el 30 a 40% de células restantes (células
high) secretan aproximadamente el 75% de la cantidad total de HC producido por el tumor y
son muy sensibles a la acción de la octreotida. El tratamiento con octreotida está
indicado en los pacientes con enfermedad activa en los que la cirugía y radioterapia no
fueron exitosas o están contraindicadas o durante el período de espera para que los
efectos de la radioterapia se vuelvan evidentes. Algunos autores31 han empleado octreotida
para el tratamiento preoperatorio de acromegalia, su fundamento reside en que la droga
produce ablandamiento de la textura del tumor secretor de HC y, por consiguiente, puede
facilitar un mejor resultado en la microcirugía transesfenoidal, especialmente si se
trata de macroadenomas. Nuestra experiencia con este análogo incluye a 11 pacientes, en 2
como tratamiento primario y en los restantes complementario a la resección tumoral, sólo
o en combinación con bromocriptina. Los resultados con octreotida, a un año de su uso,
fueron aceptables en cuanto a la reducción plasmática de los niveles de HC, en tanto que
los caracteres estructurales del remanente o recidiva tumoral no exhibieron
modificaciones.
En general, la octreotida es más efectiva que la bromocriptina en el control de la
sintomatología y en el descenso de HC y IGF-I circulantes; sin embargo, Wagenaar,
referido por Lamberts y col28, recomienda el uso combinado de ambas drogas, en
especial en los pacientes que los niveles de HC comienzan a incrementarse dentro de las
cuatro a seis horas de la administración de octreotida, y más apropiadamente en los
pacientes portadores de adenomas mixtos secretores de HC y prolactina.
No obstante que la cirugía transesfenoidal, según el criterio bioquímico estricto de
cura, brinda sólo un 50% de éxito en manos de neurocirujanos muy experimentados sigue
siendo la primera elección de terapia en la acromegalia, mientras que la radioterapia y
el tratamiento médico con drogas dopaminérgicas y octreotida, deberían ser usadas como
terapia adjunta o adicional a la resección quirúrgica incompleta de los
somatotropinomas.
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VER
BIBLIOGRAFÍA
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