HOMENAJEDiscurso Memoria al Maestro Carlos Lanfranco
Agustín Iza Stoll*
Que difícil es tratar de decir unas
palabras ante el féretro de un respetable profesor, más aún si él ha sido una persona
muy importante en la formación profesional de varias generaciones en nuestra facultad de
Medicina de San Femando. Heredero docente del Dr. Bernales, cl Dr. Carlos Lanfranco La
Hoz, dedicó su vida entera a formar médicos. A sus numerosos estudiantes nos enseñó lo
que Novak llamó la capacidad para observar o formularse preguntas.
La famosa ecroscopía era el comienzo esencial del diagnóstico. Inicialmente tomábamos
las cosas como hechas las mirábamos sólo de manera rutinaria. Mirábamos pero no
veíamos.
La ecroscopía, como nos
la enseñó Don Carlos era no sólo observar, ni quería significar solamente el
reconocimiento de signos patognómicos sino importantemente el cuestionamiento de lo que
tenia el paciente.
El porque y el como fueron preguntas que nos enseñó a hacérnoslas a nosotros mismos.
Las características de la observación eran aprendidas, refinadas, y pulidas. Debíamos
conseguir una observación informada y pensante, poner atención a detalles supuestamente
pequeños y tener una estimación no sesgada de los hechos. Estos elementos nos daban a
los estudiantes de medicina un mareo sobre cl cual basar y embellecer nuestro trabajo
diario. Nos permitía inferir de un efecto observado, la causa pre existente o las causas
que eran necesarias para producir sus efectos. |

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Nos enseñó a vivir ese
momento importante en la relación médico paciente, el momento de escuchar, el momento
del diagnóstico. Un profesor de clínica como él, esta en todas partes, palpando,
percutiendo, auscultando, diagnosticando, pensando y sobre todo hablando a los pacientes.
Cuando se produce la crisis de San Fernando en 1961 y un grupo de profesores se retira de
la facultad, el Dr. Carlos Lanfranco La Hoz opta por quedarse con nosotros encabezando un
distinguido y escaso número de profesores reinicia muy, rápidamente la enseñanza de la
cátedra de clínica médica en el hospital Dos de Mayo. su conducta paternal con
asistentes y discípulos, su apego a la puntualidad y a la disciplina, sus dotes
organizativas en el curso de medicina y sus conocimientos clínicos que transmitía con
claridad, hicieron que muy rápidamente tuviera un gran ascendiente en nuestra facultad.
Los estudiantes de aquellos años tomamos como modelo de un clínico y de un profesor a
Don Carlos Lanfranco. Su presencia fue muy importante en nuestras generaciones y por eso
los miembros de nuestra promoción que egresó en 1967, lo eligió merecidamente corno
padrino de nuestra promoción. No sabría decir en estos momentos quién estaba más
emocionado por el nombramiento, nosotros los alumnos que lo habíamos elegido o cl
profesor Lanfranco.
Conocía a sus estudiantes por sus nombres y apellidos materno y paterno, y muchas veces
nos siguió en nuestra vida profesional. Desde entonces estuvimos cerca de él.
Cuando años después dejó la facultad por haber cumplido la edad para jubilarse,
continuó con los internistas peruanos, asistiendo a las sesiones científicas que la
Sociedad Peruana de Medicina Interna organizaba mensualmente. Allí en nuestros coloquios
y conversatorios clínicos nos seguía regalando con su criterio sereno, con la precisión
de los términos, con la sagacidad en el diagnóstico, y también con la punzante acción
de la corrección.
Don Carlos ha fallecido y la pena nos hace pensar que lo seguiremos teniendo cerca, que su
ejemplo será un faro que nos guió en la enseñanza de nuestros alumnos. Debemos sentir
el peso de su presencia, de su trascendencia. ¿Pero deberíamos esperar su retorno
eterno?.
La idea del eterno retorno es misteriosa y algunas veces quisiéramos pensar que se
debería repetir tal y como lo hemos vivido ya. Sin embargo, la idea del eterno retorno
significa cierta perspectiva desde la cual las cosas aparecen sin la circunstancia
atenuante de su fugacidad. El crepúsculo de la desaparición de Don Carlos lo baña con
toda la magia de la nostalgia.
En el mundo del eterno retorno descansa sobre cada gesto cl peso de la responsabilidad,
esta responsabilidad de la enseñanza con calidad que asumimos los profesores de San
Fernando.
Pero si el retorno eterno es la responsabilidad, esa carga nos pondrá más al ras de la
tierra, nuestra vida profesional será más real y verdadera, es cl legado de
responsabilidad, ese peso interpretado en la palabra de Milan Kundera, se opone a la
levedad. Parmenides en el siglo VI antes de Cristo dividía al mundo en principios
contradictorios: luz-oscuridad, ser-no ser, peso-levedad. Uno de los polos de la
contradicción era positivo y cl otro negativo. La levedad era positiva y el peso
negativo.
La levedad del alma de Don Carlos se eleva, la ausencia absoluta de la carga que nos ha
transferido hace que vuele hacia lo alto, se distancie de [a tierra, de su terreno.
El está ahora en el olimpo de los griegos, en un coro que conforman los ilustres
profesores de la Facultad de Medicina que nos han precedido hacia la eternidad. Desde
allí vigilante seguirá queriendo a la Facultad de Medicina de San Fernando. Don Carlos
descanse en paz.
* Profesor de la Facultad de Medicina de
San Fernando (Universidad Mayor de San Marcos).
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