| EDITORIAL
Al final del milenio
Eduardo Penny Montenegro*
* Presidente de la Sociedad
Peruana de Medicina Interna.
Nos encontramos en el último año de este
milenio y es una buena oportunidad para que los médicos, los profesionales de la salud y
los políticos en general hagamos una autocrítica bien intencionada sobre nuestros
compromisos adquiridos en este siglo para la solución de los problemas de salud en la
población peruana.
Nuestro país, como fiel representante del tercer mundo, no ha logrado el deseo tan
ansíado de salud para todos en el Año 2000, lo cual tampoco ha podido ser logrado por
muchos países que se comprometieron moralmente a alcanzar dicha meta. Es probable que
esto se haya debido en gran parte a una sobreestimación de nuestras posibilidades como
nación.
Todavía tenemos grandes problemas sanitarios, tanto en zonas rurales como en las urbanas
y algunos de ellos al costado de obras modernísimas y de alto costo. Los problemas de
desnutrición continuan agobiando a nuestros sectores sociales bajos, los cuales no hemos
podido o tenido la capacidad de protegerlos. Las infecciones, principalmente las
respiratorias y las digestivas, siguen afectando a nuestra población infantil y a la
gente.
El hecho de irse incrementando progresivamente nuestro promedio de expectativa de vida nos
ha permitido ver un aumento de procesos cardiovasculares (hipertensión arterial,
cardiopatía isquémica, etc.), de procesos oncológicos, de problemas degenerativos como
las diversas formas de demencia en la tercera edad, de patología neurosiquiátricas como
la ansiedad, la depresión y las consecuencias del consumo de drogas, finalmente las
consecuencias derivadas de los numerosos accidentes de trabajo y automovilísticos que se
presentan. Pero si bien este es un panorama algo desolador, es real, al igual que los
buenos resultados que hemos obtenido en los últimos 20 años, con los excelentes
programas de vacunación infantil, digno ejemplo de lo que puede ser un consenso político
entre los diferentes gobiernos de turno y la sociedad en su conjunto. También se ha
mejorado los sistemas de agua y desagüe, pero estamos muy lejos de alcanzar el objetivo
final, ya que a pesar de haberse logrado disminuir el crecimiento poblacional, este
todavía sobrepasa nuestra capacidad productiva, la cual se afecta tanto por factores
intrínsecos en nuestro país como por factores extrínsecos económicos, sobre todo de
índole universal.
Los adelantos médicos a nivel mundial también han estado a disposición, aunque en forma
limitada, de nuestros profesionales de la salud, lo cual nos ha permitido detectar
tempranamente algunos problemas patológicos, así como poder enfrentarlos con mejores
herramientas terapeúticas: fármacos más eficaces y con mayor nivel de seguridad, con
posologías más simples, algunos de ellos permitiendo diferir hospitalizaciones, pero
lamentablemente con costos cada vez más elevados, lo cual no permiten que un amplio
margen de la población puedan recibir sus beneficios.
Es importante resaltar que cada vez los médicos vamos tomando mayor conciencia de la
importancia que tiene el concepto de Medicina Basada en Evidencias tanto para el
diagnóstico, como para el manejo de la enfermedad, pero sin restarle importancia a la
experiencia personal (a pesar de que puede ser sólo anecdótica) y a la adecuación de
recursos materiales con que se cuenten, así como respetando las características
culturales de nuestra nación.
En síntesis, durante este siglo que estamos dejando, muchas cosas hemos hecho en el campo
de la salud nacional, algunas con más acierto que otras, pero debemos ser conscientes que
estas no han sido lo suficientes para haber cumplido con nuestros objetivos y deseos.
Todos estamos en deuda con nuestro país.
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