Editorial Clinimetría propia o adaptada en la
(fotografía) evaluación del paciente con Artritis Reumatoide: El "HAQ-Perú"
La valoración funcional del paciente con Artritis Reumatoide (AR) es considerada actualmente parte integral de su evaluación cIínica (1). Si bien es cierto que la Asociación Americana de Reumatología esta-bleció las "clases funcionales en la AR" en los años 40 (2), no fue sino hasta la década de los 80s que la valo-ración funcional del paciente reumatoide se convirtió en parte indispensable de la evaluación del mismo, sea en el contexto de la investigación clínica o de la prestación de servicios especializados (3). Para lograr este objetivo existen actualmente cuestionarios genéricos (que miden función independientemente de la condición clínica del paciente) o específicos, éste es desarrollado en el paciente con AR en mente. Ejemplos del primer grupo son el "SF-36" o el "SIP" (del inglés "Short Form-36" y "Sickness Impact Profile", respectivamente) en tanto entre los del segundo grupo se tiene el "HAQ" o "AIMS" (del inglés "Health Assessment Questionaire" y "Arthritis Impact Measurement Scales", respectivamente) (4-6). En contraste con las clases funcionales de Steinbrocker, recientemente validadas por el Colegio Americano de Reumatología (7), en donde el médico determina casi subjetivamente el nivel funcional (global) del paciente, instrumentos como el SIP, HAQ, AIMS o SF-36, requieren de la participación activa del paciente, el cual debe contestar una serie de preguntas relacionadas con actividades de la vida diaria; las respuestas son valoradas de acuerdo a normas precisas, obteniéndose un puntaje final de "capacidad funcional" o de "discapacidad", o de "bienestar" o de "salud", según el instrumento que se utilice. Existiendo ya cuestionarios (en inglés) metodológicamente sancionados para la evaluación del paciente reumatoide, es válido preguntarse si es preciso elaborar otros instrumentos, o solamente traducir y adaptar los ya existentes para su uso en nuestra población. Se puede argumentar a favor o en contra de una u otra posición. Creo sin embargo que la posición asumida por el Dr. Calvo y colaboradores, quienes en un artículo de este número de la Revista (8), presentan una validación peruana del HAQ es la correcta. La utilización de instrumentos ya conocidos y utilizados a nivel mundial en nuestros pacientes, ha de permitir su comparación directa con aquellos pacientes que constituyen la base para publicaciones provenientes de otros países. La secuencia metodológica a ser seguida antes de que un instrumento pueda ser ampliamente usado en poblaciones diferentes a aquellas en que fuese inicialmente desarrollado, son su traducción, su equivalencia cultural y su adaptación idiomática (9). La traducción, para ser completa, requiere de la retraducción al idioma original (o "back-translation") a fin de alcanzar un nivel razonable de seguridad en cuanto a que no se ha perdido el sentido original de las preguntas. La equivalencia cultural requiere que las preguntas respecto a una misma tarea o actividad física se estructuren en base al contexto o ámbito social del paciente (subir o bajar de un automóvil, por ejemplo, no evalúa la capacidad del paciente de desplazarse, si este sólo tiene a su alcance transporte en microbuses o "combis") (9,10). Finalmente, la adaptación idiomática requiere del uso de las palabras más apropiadas para la tarea o función que se explora (escalones en vez de peldaños por ejemplo) (9,10). Considerando los cambios, éste último aspecto de la utilización de instrumentos debe considerarse dinámico y no estático. El trabajo que se publica en este número de la Revista (8), representa el esfuerzo de varios investigadores peruanos para validar el HAQ actualmente en uso, instrumento cuya primera versión fuera traducida al castellano por el equipo encabezado por el Dr. Glave (11). Considerando que la AR que se ve en nuestra población no difiere cIínicamente de la que se observa en otros países (12, 13), algunas partes de este proceso han podido obviarse o simplificarse en tanto que otras con toda probabilidad requieren aún de trabajo adicional. Este deberá centrarse en las áreas ya señaladas de retraducción, equivalencia cultural y adaptaciones idiomáticas. Debido sin embargo alhecho que este instrumento es poco conocido y/o aplicado en nuestro medio, probablemente se justifique el incluir en este artículo esos otros aspectos del proceso tales como la validación de credibilidad, de contenido y de constructo. En suma, es deseable que se utilicen instrumentos para la evaluación del paciente con AR. Como quiera que existen instrumentos ya válidos para tal fin, nuestros esfuerzos deben dirigirse a traducirlos y adaptarlos a fin de que sus características clinimétricas se preserven. Gradualmente el instrumento resultante ha de ser "más peruano" y por lo tanto de mayor valor práctico para su uso en la investigación y/o en la práctica diaria en nuestro medio. |