Revista de Psicología - Año III Nº 5 Setiembre 1999

 

MODELO INTERACTIVO ASERTIVO DE LA RELACIÓN DE PAREJA

Luis García Vega *

 

El artículo considera la relación de pareja y los problemas respectivos de acuerdo a la perspectiva humanista de Abrabam Maslow. Luego de presentarla como una corrección de la ley del efecto de Edward Thomdike y revisar la organización jerárquica de las necesidades, describe los aspectos cognitivos involucrados en la descomposición de la relación.

Palabras claves: Relación de pareja, ley del efecto, psicología humanista, jerarquía de necesidades, distorsión cognitiva.

 

This paper tries the couple relation and its problems according to Humanist Maslowian view. First, it refuses the Edward Thorndike Law of effect. And then reviews the hierarchical theory of human needs and describes the cognitive aspects implies in the relation's breaking.

Key words: Couple relation, Law of effect, Humanist psychology, needs hierarchy, cognitive tergiversation.

 


Psicología (Perú) 1999; III, (5): 19 - 6

 

INTRODUCCIÓN

Es muy difícil encontrar personas que se emparejen por motivos caritativos. De todos modos, se dan casos en los que uno da y da y se conforma con recibir poco. John Lee en su tipología de parejas (1997) denomina a esta relación «ágape» por caracterizarse por su altruismo ya que el amante da mucho y se conforma con poco. Es éste un amor basado en un compromiso unilateral. Se basa en un amor incondicional por una parte y siempre quien recibe poco prefiere esto a quedarse sin nada. El mero hecho de estar con el otro, el hecho de «pertenecer» de alguna manera ya le compensa.

En la mayoría de los casos, quien da quiere recibir otro tanto y si no es así, se siente estafado. Generalmente, la intención de las personas para formar una pareja es para poder satisfacer o complementar mejor muchos de sus deseos y necesidades. Del nivel de logro de dicha satisfacción va a depender en gran parte la armonía de la pareja.

Por supuesto, hay momentos y circunstancias en los que uno debe contener sus deseos y la satisfacción de sus necesidades por razones especiales, tales como una enfermedad o algún otro problema que impide a uno dedicarse temporalmente al otro. Hay cierto tipo de personas, como el narcisista, que tan sólo se miran a sí mismas y se contemplan como sujetos de todos los derechos. Las obligaciones de dar satisfacción son sólo para los demás. Él siempre busca su propio bien y no se preocupa por las necesidades de los otros.

El alexitímico vive ausente del mundo emocional. Alexitima es una palabra derivada del griego (a = sin, lexis = palabra y thymos = afecto) que fue propuesta por R Sifneos, colaborador del Beth Israel Hospital de Boston, en la 9.° Conferencia Europea de Psicosomática celebrada en Viena en el año 1972. El paciente alexitímico no sabe lo que le pasa, no tiene conciencia cierta y carece de palabras para expresar su mundo sentimental, y, como lógica consecuencia, tampoco se da cuenta de los sentimientos de los demás. El alexitímico pide poco a los demás y también da poco. No tiene conciencia de lo que sienten los demás. Parece ser que esta enfermedad tiene que ver con cierta dificultad de conexión entre el cerebro emocional (sistema límbico) y los centros verbales del neocórtex.

Sin duda, el tema de la satisfacción de las necesidades es vital para la continuidad de la pareja, pero si la necesidad no varía y la satisfacción se efectúa siempre del mismo modo, el hombre entra en la fase de «habituación» y como consecuencia, puede sobrevenir la crisis de la relación de pareja. Ellen Berschted (1983) aplicando a la relación de pareja la teoría de las emociones de George Mandler, afirma que la rutina, lo esperado, las reacciones habituales y previstas conducen a la monotonía.

 

LA LEY DEL EFECTO DE THORNDIKE CORREGIDA POR MASLOW

La emoción se produce con lo no esperado; la «incertidumbre» acerca del comportamiento del otro genera tensión y emoción. La «interrupción» de la «incertidumbre», debido a la convivencia y conocimiento del otro, lleva al aburrimiento y conduce a la necesidad de nuevas experiencias. Hay, además, otras razones por las que una pareja se separa, pero, en mi opinión, la más general e importante es la insatisfacción de las necesidades.

El movimiento darwiniano propuso el principio de adaptación organismo/medio como el concepto clave del desarrollo de los seres vivos. En el proceso de adaptación se pone en juego el sistema de necesidades y su adecuada satisfacción. Thornidike (1898), siguiendo esta idea, propuso para explicar la dinámica de esta adaptación, un principio básico conocido como «la ley del efecto».

Thornidike formuló así esta ley: «Cuando ante una situación damos varias respuestas, y siempre que permanezcan invariables todas las circunstancias, aquellas respuestas acompañadas o seguidas inmediatamente de satisfacción para el animal se unirán con más fuerza a esta situación y de tal modo que cuando ésta se produzca aquéllas tendrán más facilidad para darse... A mayor satisfacción... mayor será el fortalecimiento de la conexión» (Thorntidike, 1911, p.244). Esta ley, si bien es la base del aprendizaje animal, difícilmente garantiza el éxito de las relaciones de pareja. Aun cuando la pareja tuviera satisfechas en un momento dado todas sus necesidades, no se tendría una garantía de éxito futuro.

Según la teoría de Thornidike, uno tiende a hacer lo mismo (y con la misma persona) siempre que anteriormente le haya satisfecho, y cada experiencia repetida afianzaría más este vínculo. En ciertas especies animales monogamas esto funciona así.

S. C. Carter (1992) relacionó el nivel de producción de una sustancia, la oxitocina, con el fortalecimiento de la unión entre parejas después del apareamiento. En el mismo año Thomas Insel describió el comportamiento sexual del topillo de pradera señalando que la pareja permanece indisolublemente unida hasta la muerte después del primer encuentro amoroso que se efectúa con cópulas muy seguidas e intensas. Observó el efecto de una gran descarga de oxitocina en estos casos y durante el apareamiento. La oxitocina se fabrica en los núcleos supraóptico y paraventricular del hipotálamo y también la fabrican los ovarios y testículos.

Todos sabemos que, en la especie humana, la fuerza de los elementos bioquímicos, correlatos de los instintos y de las conductas derivadas de los mismos, tiene una influencia relativa y no tan determinante como en la conducta animal. En el diseño del devenir de cada hombre pueden intervenir, además de los instintos, en mayor o menor grado, el entendimiento y la libre capacidad de la voluntad. Así sucede que, en el caso del hombre (supuestamente monógamo en la cultura occidental), aunque se inicie una relación amorosa con cópulas muy intensas, frecuentes y altamente satisfactorias, sin duda acompañadas de una enorme descarga de oxitocina, la experiencia demuestra un alto número de fracasos en el futuro.

Ciertamente, en la especie humana, ni el instinto, ni sus componentes bioquímicos (como puede ser la oxitocina), ni el principio psicológico animal de la ley del efecto de Thorndike tienen el mismo efecto determinante que en la especie animal.

El conocido psicólogo humanista Abraham Maslow corregirá esta deficiencia de la ley del efecto de Thorndike. Maslow parte de una idea de hombre más dinámica y compleja que la idea darwiniana de simple subsistencia y equilibrio homeostático. Según Maslow, la vida es un proceso dinámico y cambiante en el que «nada está congelado». En un nivel más concreto, él explica el comportamiento humano así:

«El principio simple más importante subyacente en todo el desarrollo humano saludable... es la tendencia a la aparición de una necesidad nueva y más elevada, cuando la inferior se ha completado por medio de una satisfacción adecuada» (Maslow, 1973, p. 92).

Esto quiere decir que «las necesidades básicas guardan entre sí una relación de orden jerárquico, de modo que la satisfacción de una de ellas y su subsiguiente eliminación del centro del campo de la conciencia provocan, no un estado de reposo o de apatía estoica, sino la aparición en dicho campo de otra necesidad 'superior'» (ibídem p. 62).

Maslow corrigió la ley del efecto, reformulándola de esta forma: Si alguien «puede escoger estas experiencias que son refrendadas por la experiencia del placer, entonces podrá volver a ellas, repetirlas, saborearlas hasta alcanzar la plenitud, saciedad o cansancio. En este momento manifestará la tendencia a avanzar hacia experiencias más complejas, más ricas en el mismo sector... Si se siente lo suficientemente seguro para atreverse» (ibídem p.94-95).

Partiendo del modelo de Maslow se puede explicar mejor el desarrollo y las incidencias de la relación de pareja. La idea de desarrollo dinámico y de cambio cualitativo de la relación, reflejada en la búsqueda constante de nuevas necesidades, se acopla mejor al desarrollo de facto de la pareja. Como nadie se contenta con lo que tiene, muy pronto empieza a tener nuevos deseos y necesidades. Lógicamente en este proceso de cambio se requiere una adecuada comunicación de la pareja, así cada uno mostrará su nuevo nivel y estado de necesidades y deseos.

 

LA JERARQUÍA DE LAS NECESIDADES HUMANAS

Maslow explica cómo se suceden normalmente las necesidades según un orden jerárquico de urgencia de satisfacción. En primer lugar están: 1.° «necesidades fisiológicas» (respiración alimentación, descarga sexual, etc.). 2.a «necesidades de seguridad» ante un peligro físico, seguridad laboral y económica. 3.a «necesidades de posesividad y amor» tales como la necesidad de tener compañía, de ser amado y amar, de querer y ser querido, de poseer un hogar, etc. 4.° «necesidad de reconocimiento», de competencia, de independencia y libertad de suficiencia y dominio, prestigio y reputación por parte de los otros (Maslow, 1963, pp. 74-75).

En un nivel superior coloca Maslow otro tipo de necesidades, las metamotivacionales, las que están más allá, la necesidad de «selfactualización». Este término, inventado por Kurt Goldstein, Maslow lo define como: «La tendencia a llegar a hacer actuales todas las potencias o posibilidades, el deseo de llegar a ser, cada vez más lo que uno es». En la cima de la necesidad de «auto-actualización» habla Maslow de los «deseos de conocimiento y comprensión» y de las «necesidades estéticas» del hombre, unidas a la necesidad de desarrollar todas las posibilidades del hombre, el ejercicio de la satisfacción de todas sus necesidades, desde las más elementales hasta las más elevadas, esto es, la «autorrealización» mediante la autoactualización.

La dinámica de la satisfacción de las necesidades se rige por unas leyes. En primer lugar, aclara Maslow, este orden jerárquico es válido para la mayoría de las personas y ocasiones, pero hay circunstancias en las que uno prefiere satisfacer una necesidad superior, sacrificando a cambio otra inferior.

Generalmente, se despierta la necesidad de aquello que no poseemos, pero que con algún esfuerzo podemos conseguir. Acerca de lo imposible, de lo que está muy lejano no solemos sentir necesidad normalmente. Para sentir una nueva necesidad, la jerárquicamente anterior debe estar en parte satisfecha. Las necesidades nuevas no suelen aparecer bruscamente, sino en modo progresivo, en pequeños grados y a partir de la nada. Toda necesidad satisfecha adecuadamente pierde gran parte de su importancia, mientras que la no satisfecha domina y esclaviza a la persona.

Según esta hipótesis de la satisfacción jerárquica de las necesidades, una pareja tendría que funcionar bien mientras satisface adecuadamente, en cada etapa de desarrollo, el estado logrado de necesidades de ambos miembros. Puede haber etapas en la vida de la relación de la pareja en las que las necesidades se satisfagan ordenadamente mientras que en otras no. Tal vez esto sucede porque en estas últimas alguno de los dos o ambos desconectaron la comunicación, dejaron de comunicarse, de hablar y de escucharse. Mientras el estado de necesidades de cada etapa es satisfecho, con la condición que ponía Maslow de un cierto grado de esfuerzo por ambas partes, la relación de pareja sube de nivel, creando nuevas necesidades o desarrollando aspectos nuevos de las viejas necesidades. El desarrollo de una pareja está determinado por este proceso dinámico de satisfacción creación - satisfacción de nuevas necesidades.

Generalmente, y sobre todo por parte del hombre, en los comienzos de la relación la necesidad sexual ocupa un primer plano. Todos los esfuerzos se centran en su realización. Con la satisfacción adecuada de esta necesidad muy pronto surgen en la pareja otras nuevas necesidades u otros modos nuevos y más ricos de relación sexual.

Cada persona va a la relación con su propio sistema de necesidades. Hay quienes desean superar su baja autoestima. Otros que nunca han tenido una familia acogedora y protectora, sienten la necesidad de ser acogidos, y protegidos y queridos y según se van cumplimentando las formas más elementales de protección y cariño despiertan nuevamente su deseo. Entonces surge la necesidad de un cariño más entrañable y de una protección en otros niveles superiores. En todo caso, repito, para que la relación siga siendo funcional y positiva, siempre las nuevas necesidades han de ser satisfechas. Hay parejas que funcionan perfectamente en un nivel de necesidades, pero fracasan al surgir otro nuevo. Hay quienes en la pareja buscan al padre o a la madre que no tuvieron nunca y cuando satisfacen tal necesidad, al surgir otra nueva necesidad, su pareja ya no le vale.

Hay personas o parejas que quedan fijadas obsesivamente en una necesidad a la que satisfacen una y otra vez, pero son incapaces de avanzar a otras necesidades superiores. Tal es el caso de un maniático sexual, un adicto a la seguridad, un don Juan, una mujer con complejo de redentora, un misógino y de otros muchos que se aferran al inmovilismo. Hay personas más conformistas que otras. Hay quienes avanzan muy aprisa en el proceso del despertar de nuevas necesidades. Hay gente muy resignada para quien la vida es lo que es y no piden más y detienen su desarrollo.

Thibaut y Kelly (1959), en su hipótesis del «nivel de comparación», atienden a la relación entre lo que uno da y lo que recibe, en lo que uno espera de la relación y lo que realmente recibe, en lo que uno cree que siente el otro por él y lo que realmente el otro siente. En este sentido, muchos se decepcionan después de un cierto tiempo de relación cuando se enteran de lo que realmente siente el otro por él. Una mujer creía que su marido la apoyaba en su trabajo. En cierta ocasión, él le dijo que no estaba bien que ella trabajara y que, en realidad, él aguantaba, aunque de mala gana, que ella trabajara, para evitar la separación. Entonces, ella decidió separarse de él, ya que no aceptaba de buen grado su propia necesidad de trabajar.

Boyd Rollinns y Camirion (1974) explicaron el desarrollo de las necesidades de las parejas con hijos. Antes de tener los hijos, ellos se atienden y satisfacen mutuamente. Con los niños, la atención se desplaza hacia éstos, a la satisfacción de sus necesidades a la solución de sus problemas de adolescentes, a la búsqueda y preocupación por su trabajo. Pueden surgir conflictos de roles, falta de entendimiento sobre el estilo de educación, etc. La pareja queda durante estos años algo desatendida con la nueva dedicación. La curva de satisfacción reciproca puede bajar. Cuando los hijos se van puede la pareja iniciar una nueva etapa de reencuentro, de satisfacción de las mutuas necesidades.

Por supuesto, hay muchas parejas que, después de la crianza y de la educación de los hijos, ya no se encuentran porque se han separado tanto, debido a los problemas sobre conflictos de roles parentales, ideas incompatibles sobre la educación, problemas de la adolescencia de niños difíciles e incluso alguno que otro celo por la desatención de su pareja, etc., que ya cada uno ha aprendido a solucionar por su cuenta la satisfacción de sus necesidades.

Es un importante cometido de cada pareja la definición de aquellas necesidades adecuadas y compatibles con la relación de la propia pareja. De la sensatez y madurez emocional de ambos dependerá la elección M cuadro de necesidades exigibles, aceptables y también, en gran parte, el éxito de la relación.

Hoy se está hablando de un cuadro genérico de necesidades legítimas, tales como: pasión, intimidad, compromiso, afecto e interés. Estos componentes representan una gran variedad de necesidades concretas de cada miembro de la pareja. Cada uno necesitará más o menos de uno u otro componente y cada miembro de la pareja estará dispuesto a satisfacer más o menos al otro en cada uno de estos componentes. El tipo concreto de necesidad de cada persona y el nivel de satisfacción que alcanza en la relación determinarán el grado de felicidad de cada miembro de la pareja, y de esto puede depender la funcionalidad y continuidad de la misma.

Dentro de este esquema general de componentes, cada pareja tendrá su propio sistema jerárquico de necesidades. Descubrirlo será una tarea ardua e interesante para ambos. Ardua, por la necesidad de poner de acuerdo a dos personas que cada una es «hija de su padre y de su madre»; interesante, porque de ello depende la vida de la pareja.

Hay algunas parejas que llegan a disfrutar con relativa frecuencia de los más altos niveles de autorrealización personal compartida. En opinión de Maslow esto se logra cuando las necesidades básicas están suficientemente satisfechas por ambas partes y, además, y esto es muy importante, cuando en el proceso de satisfacción de las mismas ambos se han tenido que esforzar, aunque sin llegar a los extremos del esfuerzo que rompe el equilibrio del sistema psíquico. En este caso sucede que uno queda anclado en esa necesidad en cuya consecución quemó todas sus fuerzas y habilidades.

Cuando la relación de una pareja consigue satisfacer las necesidades mutuas de autorrealización, la pareja se une con un vínculo especial y su relación es dinámicamente enriquecedora y satisfactoria.

 

LA EXPERIENCIA DE DISOLUCIÓN Y FRACASO EN LA RELACIÓN

La satisfacción de las necesidades y la capacidad de aparición de nuevas necesidades más elevadas en el transcurso de la relación de pareja se convierte en el mejor termómetro para medir la calidad de la relación. La anulación de una necesidad importante y adecuada para el desarrollo de una persona, el bloqueo en el proceso de desarrollo y la situación asimétrica -por falta de reciprocidad de satisfacción- son síntomas propios de una pareja disfuncional y puede ser el comienzo del fracaso de la pareja.

Cuando uno se siente maltratado de esta manera empieza a elaborar toda clase de fantasías y argumentaciones que de momento, se quedan en su mente: Exige que el otro sea un adivino de lo que a él le pasa, argumenta que esta relación no es buena porque, como en los «mejores» tiempos del amor romántico, el otro siempre adivinaba sus deseos y se adelantaba a satisfacerlos.

Así, silenciosa e involuntariamente, se empieza a gestar el proceso de divorcio sentimental. En esta situación su comportamiento comienza a dejar de atender las necesidades del otro y así, mutua y sigilosamente, los dos, sin darse cuenta, se empiezan a separar. Con dos versos Edna Saint Vincent Millay resume la esencia de esta triste realidad de quien ha perdido el amor: «No es que se vaya el amor lo que duele / sino que se haya ido de a poco».

Siguiendo esta misma línea argumental, Diane Vaughan (1986) explica el comienzo del proceso disfuncional de la satisfacción de las necesidades de una pareja. El problema comienza con un «secreto». El «secreto» consiste en no poder o no querer decir al otro lo que uno desea o lo que le molesta. Tal vez, en alguna ocasión, intentó decírselo y el otro no le entendió o le respondió mal. Si no le escucha o no le entiende, puede cansarse de pedírselo. Si le responde mal, para evitar el disgusto, tratará de no pedírselo (refuerzo negativo; la conducta de no pedir evita la reacción agresiva de su compañero).

En esta situación, la mujer suele demandar atención mientras que el hombre se bate en retirada. Dos realidades emocionales diferentes. Cada uno ha recibido desde la infancia distinta educación emocional. Las niñas suelen desarrollar en mayor grado el componente afectivo/emocional junto con el correspondiente verbal, lo que hace a la mujer más diestra en la identificación y codificación de las variedades y matices emocionales. Las mujeres son más empáticas, pudiendo captar mejor los indicios o señales de las demandas emocionales y, consecuentemente, exigen «buena comunicación» a la pareja.

Los hombres se quejan: «Yo quiero hacer muchas cosas pero una mujer sólo quiere hablar». Durante el noviazgo, los hombres se comunican con mayor facilidad a niveles íntimos, pero, pasada esta etapa de pasión romántica, prefieren la actividad compartida en lugar de la conversación. Cuando se sienten mal, se atrincheran en sí mismos y se preparan para la agresión.

El emparejamiento requiere un buen programa de formación. La primera condición debería pasar por elegir y definir aquellas necesidades compatibles con el buen desarrollo de la pareja. A la vez, ambos, deberían aprender el comportamiento interactivo/asertivo para la demanda de sus necesidades. Haim Ginott ideó una sencilla y eficaz fórmula para demandar el cumplimiento de un deseo: el «modelo XYZ», más explícitamente: «Cuando dices/haces X me siento Y, y me habría gustado sentirme Z».

Con esta fórmula se diferencia la crítica exigente y destructiva de la demanda racional. Ejemplo de crítica destructiva: «me has hecho X; te odio, eres un perverso ... » («eres» = calificación - atribución). Beck (1990) explica un diálogo desde lo que ambos dicen basándose en lo que ambos piensan.

Cuando se discute, la conversación flota sobre una cadena de pensamientos automáticos negativos, muy tóxicos para la relación. Son pensamientos que alimentan la crisis. En el extremo de todo esto estaría la fase del «desbordamiento» o secuestro emocional total, con pérdida de control. La aceleración del ritmo cardíaco es el indicador de que se está llegando al estado de secuestro emocional.

Al no poder comunicar sus deseos y necesidades, los propios pensamientos y argumentos se convierten en una poderosa y peligrosa herramienta para la relación. Toda clase de errores cognitivos y de procedimiento lógico estarán presentes en su pensamiento con el fin de elaborar un guión sesgado y distorsionado de la relación, acerca de lo que ha sido la relación y de lo que va a ser. Entre las distorsiones cognitivas más frecuentes en este proceso de desencuentro cabe destacar las siguientes:

El filtro mental. Cuando una pareja no se lleva bien sólo atiende a lo que el otro hace mal y no considera lo que hace bien. El estado de ánimo se encarga de filtrar la información. Puede un observador imparcial apreciar buenas cualidades en ambos, pero ninguno de los dos verá otra cosa que los defectos y se extrañará que otros vean algo positivo en lo que considera su enemigo.

La abstracción selectiva. Interpreta los hechos sacándolos de sus contextos. Esta circunstancia les hace cambiar de sentido y lo que uno pretende expresar es tergiversado por el otro.

La visión restringida. El estado de ánimo destaca lo que le interesa, de tal modo que un hecho puede llegar a anular un enorme número de hechos contrarios. Una pareja desavenida puede disfrutar durante todo el día de una excursión preferida por ambos, pero, cuando al atardecer vuelven, una pequeña discusión sobre cualquier cosa insignificante termina fastidiando tanto a los dos que les hacer pensar que todo fue mal y que el problema no tiene arreglo. Esta experiencia negativa quedará en la memoria de ambos, olvidándose del resto del día que fue gratificante. Así, la vida de matrimonio se ve como una cadena de fracasos. Los éxitos o satisfacciones, sean muchos o pocos, no cuentan. Este pensamiento se apoya en la distorsión de la descalificación de lo positivo, según la cual cuando las cosas van mal en la relación, apenas se toman en cuenta las experiencias positivas.

El prejuicio y la deducción arbitraria. Se obtienen conclusiones erróneas cuando las premisas o principios en los que se basa el razonamiento carecen de objetividad. El estado de ánimo es el encargado, en estos casos, de elaborar tales principios, según le conviene y partiendo de datos insuficientes. Prejuzgamos cuando tenemos de antemano una idea de cómo es la persona y sólo cuentan los comportamientos que confirman tal suposición.

La sobregeneralización. Representa las posturas radicales y absolutas mediante expresiones tales como: «nunca», «jamás», «siempre», «todo», «nada» etc. Como, por ejemplo: «Nunca le perdonaré», «jamás cambiará», «nada de lo que hago le gusta». Según el marido, ella «nunca limpia la cocina», porque a veces friega por la mañana los cacharros de la noche o «nunca tiene la cena a su debido tiempo», porque, a veces, cuando llega a casa hambriento, no encuentra la cena preparada. La sobregeneralización usada habitualmente es muy peligrosa para la pareja porque dificulta enormemente cualquier intento de arreglo de la parte contraria. A pesar de la buena voluntad, cualquier descuido o fallo involuntario despierta en el otro ese sesgo o tendencia generalizadora que le hace decir frases tan desafortunada como: «Nunca vas a hacer las cosas bien», «lo tuyo ya no tiene arreglo», etc.

El pensamiento polarizado o pensamiento de todo-o-nada. Sólo se piensa en los extremos, no hay términos medio. Cuando la pareja no se lleva bien es fácil pensar que el otro es el culpable. Sólo se ve lo malo. Es difícil colocarle como bueno en unas cosas y malo en otras. Sólo existen los extremos. Las actuaciones al respecto también se piensan así: «o dejas a la otra o inmediatamente te dejo», «o hago siempre lo que quiere o me divorcio». La decisión se torna sobre alternativas extremas: ceder o evadirse, gritar o callar, someterse o romper. En la rigidez del pensamiento polarizado, no hay cabida para el término medio. Debe elegir a uno de los dos extremos: sumisión o divorcio, totalmente de acuerdo o desacuerdo.

Este pensamiento, a nivel de logros., hace que uno se sienta infeliz, incompetente, imperfecto..., porque no ha conseguido ser plenamente feliz, el primero, el perfecto en todo. Así piensa quien o hace las cosa perfectas o no se pone a hacer nada.

El extremismo es la tendencia a exagerar negativamente ciertas situaciones concernientes con la relación o cualidades que interpreta como malas en la otra persona. Esto provoca pensamientos catastróficos, sobre todo ante situaciones muy graves o, al menos, consideradas como tales. Hay expresiones que se suelen usar para expresar esta distorsión, tales como: «insoportable», «tremendo», «no puedo más», «horrible», «ya no tiene arreglo ninguno», etc.

El error del adivino es propio de quien interpreta los pensamientos, intenciones y comportamientos de otra persona desde su propia perspectiva e interés. Al tratar de adivinar está inventando. Cuando una pareja no se lleva bien, fácilmente pueden llegar a la conclusión: «Sé que no está pensando nada bueno», «llega tarde porque sabe que me fastidia», etc. Relacionado con esto está la convicción de que el otro debe ser un adivino para los propios deseos y necesidades, y si no lo hace es porque no le quiere. No siempre las insinuaciones son suficientes para que el otro reciba e interprete el mensaje de solicitud de algo, Depende muchas veces del estado de ánimo y de las preocupaciones. En caso de no entender un mensaje así expresado, se puede hacer la petición directa, antes de ir acumulando pequeños fracasos que a la larga perjudican la relación, y no por falta de voluntad, sino por no haber comprendido los mensajes que una y otra vez se emiten incompletos. Puede que durante el periodo de amor romántico se tuvieran unas antenas más sensibles para estos mensajes, pero durante el periodo de convivencia muchos problemas cotidianos obligan a ambos a otras ocupaciones. Las falsas expectativas de la etapa romántica son enemigos de la futura relación, y ésta es una de ellas: «El siempre me va a adorar, me va a colmar de detalles», etc.

La personalización se basa en el error del adivino y es la tendencia a pensar que lo que hace su pareja lo hace para fastidiarle a él siempre. Si llega tarde a una cita es porque el otro sabe que le molesta esperar, si llega antes de tiempo es porque quiere sorprenderle y controlarle. Comete el error del adivino personalizando cuando piensa: «Todo lo que hace lo hace para fastidiarme».

El error de atribución es una tendencia a interpretar los hechos como expresión de rasgos de personalidad. Se confunden los hechos con los modos de ser. Piensa que hace algo porque es de una manera determinada su pareja. Con el odio lo que el otro hace mal le sirve para pensar que es malo. Conviene separar lo que uno hace de lo que uno es. No es igual hacer alguna tontería de vez en cuando que ser un tonto (rasgo de personalidad). .

Esta tendencia a «rotular», a «etiquetar» a los demás es muy frecuente en cualquier tipo de relación. Y cuando es una relación deteriorada tal atribución, rotulación o etiquetación es negativa.

Atribución causal ajena. Es la tendencia a pensar que es el otro el causante de todo lo malo que ha sucedido y, por supuesto, del fracaso de la relación.

Autoatribución negativa. Como consecuencia del fracaso de la relación de pareja, a veces uno de los dos empieza a pensar negativamente sobre sí mismo: «la culpa de todo es mía», «yo nunca seré capaz de...», etc. Todo esto conduce a una autoimagen negativa y la consiguiente baja autoestima.

El cambio de perspectiva respecto al otro hace pensar que lo que antes eran buenas cualidades, al llevarse mal, se empiezan a ver de manera negativa. La que antes era alegre y juerguista, ahora, por lo mismo y sin haber cambiado, es una persona superficial, inmadura, irresponsable. El que ante parecía ser responsable por no ser juerguista, ahora se ve como un plomo insoportable.

Sesgo egocéntrico. Es la tendencia a sobreestimar la participación y colaboración propia en las tareas y en la marcha del matrimonio, infravalorando lo que hace el otro. Fácilmente esta falta de reconocimiento desanima la relación.

Complejo de misionero. Pensar que lo que es bueno para uno tiene que ser bueno para el otro. Esta actitud paternalista en muchos casos anula la personalidad del más débil e impide la realización personal.

Falacia de lo justo. Tendencia a pensar que uno tiene la razón, que él está en lo cierto, que lo que él defiende es lo justo, que su postura es la más adecuada, que sus creencias e ideologías son la más equilibradas. Esto implica la tendencia de falso consenso, pensar que él es normal, que piensa como la mayoría, que el otro es el raro.

La falsa peculiaridad. Es la firme convicción que todos tenemos de que somos únicos, diferentes de los demás y, por tanto, debemos de tratar de ser nosotros mismos, escuchando nuestras tendencias y deseos.

El sesgo de actor-observador implica pensar que cuando uno hace algo bueno es porque es bueno, y cuando hace algo malo es por las circunstancias. Pero, si es el otro el que hizo algo bueno, es porque no tiene otro remedio, y si hizo algo malo, es porque realmente es malo. Éste es un error de atribución causal.

Los debería se basan en creencias erróneas implantadas en etapas anteriores acerca de lo que debería ser el matrimonio, el amor, la vida en común... Son mensajes recibidos de los padres, amigos, a través de las películas, novelas, revistas y que van calando y creando expectativas erróneas sobre lo que debe ser una buena relación. Son conjeturas que uno aprendió: «cuando se le reprocha algo a alguien, si, en vez de defenderse, se calla es porque es culpable», «quien ha estado muy enamorado difícilmente perderá el amor», «el amor hace a uno feliz; si uno deja de ser feliz, es porque el amor ha fallado», etc.

 

EL PROCESO DE SEPARACIÓN

Quienes se encuentran inmersos en esta lamentable situación tienden a buscar otras fuentes alternativas de satisfacción de sus necesidades. De hecho, no les va a costar mucho encontrarlas; cualquier cosa les vale al compararla con el infierno de la relación en la que se encuentra atrapado. Hay quienes fomentarán la relación con sus hijos satisfaciéndose con las mutuas atenciones. Otros buscan en secreto otras personas con las que satisfacer sus necesidades insatisfechas de comunicación, consideración, afecto, compañía, sexo, etc. Otros buscan un nuevo deporte, una nueva adicción,

En todos estos casos, siempre está gestándose el proceso de divorcio emocional, divorcio debido a la escasa satisfacción de sus deseos y necesidades con su pareja. En muchos casos este divorcio terminará en una separación jurídica, y, en otros, con un simple vivir juntos, haciendo vidas paralelas en su intimidad.

Llega un momento de este proceso en el que alguno comienza a pensar en la separación. A éste le va a ser necesario buscar un mecanismo justificador de su postura para evitar la «disonancia cognitiva» (Festinger) entre sus «obligaciones» contractuales y su decisión de abandonar. En estos casos, se elabora toda clase de argumentos ad hoc, se inventa o se descubre motivos que justifiquen su decisión y se utiliza toda clase de distorsiones cognitivas que antes hemos expuesto. Vaughan llama «persona transicional» a cualquier amigo, conocido, profesional o incluso amante que le apoya en sus intenciones dándole argumentos para su separación. Estos mismos argumentos los va a encontrar leyendo novelas y viendo películas que justifican la separación.

Cada pareja vive a su manera el Proceso de separación, pero todas coinciden en que en tal situación esta bloqueado su sistema de comunicación. Ambos se encierran en sí mismos no escuchan y apenas hablan, y si lo hacen, es para herirse.

Quien tiene tomada la decisión de separarse muy pronto se va a enfrentar al modo de llevarla a cabo. Piensa que debe hacerlo con cierta prudencia para quedar bien consigo mismo, afrontar sus sentimientos de culpabilidad, para quedar bien con la sociedad, con las familias implicadas y con los propios hijos, si los hay. Cada uno afronta esto a su manera, unos pocos lo hacen más o menos bien; la mayoría, con una gran torpeza que suele tener repercusiones negativas en su pareja y familiares. Cuando esta fase da comienzo, se empieza a comunicar a extraños que las cosas van mal, tal vez para «preparar el terreno».

La psicología actual ha desarrollado el papel del «psicólogo mediador» que ayuda eficazmente a la pareja a llevar a cabo la separación con el mínimo coste emocional para la pareja y para los hijos si los hay. Trinidad Bernal ha escrito un interesante libro sobre este tema (1998). Muchas veces se solicita una tregua a la convivencia, argumentando que una separación temporal puede ser lo más conveniente para aclarar la situación. De hecho, esto se convierte en un paso más y un ensayo para la separación.

Hay quienes provocan algún acontecimiento para hacer cometer al otro un «error fatal» y así justificar su marcha. Algo que duele mucho a quien sufre la separación es que el otro muchas veces le da permiso para ir con quien quiera, haciéndole sentir lo poco que le importa lo que puede hacer y, para fastidiar más, le pide la misma libertad para hacer él lo mismo.

En toda esta negociación pueden ambos estar de acuerdo en separarse y la cosa apenas se complica, pero, en los casos en que uno quiere separarse y otro quiere seguir, el primero juega con todas las cartas de la baraja, de él depende toda la decisión de quedarse o de irse, mientras el otro se siente impotente, humillado, engañado y, desgraciadamente, no suele comprender que cualquier esfuerzo que hace para arreglar la situación la complica aún más. Además, generalmente quien ha iniciado el proceso y tiene tomada la decisión de separarse ya ha venido asumiendo el desenlace gradualmente durante meses o años, mientras que para el otro es algo nuevo y le agarra por sorpresa. Hay incluso separaciones que inesperadamente son anunciadas en una breve conversación, ya como consumadas, dejando al otro perplejo y totalmente bloqueado. En este caso, la víctima debería tener en cuenta el efecto Zeigarnik que explica el deseo de terminar, de completar la «tarea» de quien ya la tiene muy avanzada y todo lo que le diga en contra tendrá repercusiones contrarias a las esperadas («burnerang»), pues cualquier intento le hará sentirse aún más atrapado a la relación.

No es fácil superar los desastrosos efectos de una ruptura. Quien ha sido abandonado necesita reconstruir su propia autoestima, pues sin duda ha quedado seriamente dañada, igual que su sentido de independencia. Cualquier autoterapia de abandono suele encontrar una cierta cantidad de recursos. Algunas personas, al ser abandonadas, buscan afanosamente otro compañero. Otras, por el contrario, a partir de aquí pierden toda confianza acerca de una nueva relación. Entre ambas situaciones hay un termino medio, un tiempo de reflexión y de elaboración de la propia situación y de los comportamientos que han llevado al fracaso. Una vez que uno puede hacerse cargo de sí mismo y de su propia vida y que se vuelve a querer, entonces ya puede, desde una posición más fuerte, hacer una nueva y conveniente elección y enfrentarse a los problemas que van a surgir de la misma. Buscar pronto un sustituto y pretender que todo progrese rápidamente tiene el riesgo del conocimiento estereotipado del otro y del afrontamiento inadecuado a la nueva relación. Tal vez sea necesaria la ayuda de un psicólogo para apartarse de la que, a partir de ahora, va ha convertirse en persona tóxica, pues le va a envenenar su vida.

 

CUESTIONARIO DE VINCULACIÓN CON LA PAREJA

La naturaleza y alcance del vínculo entre dos personas depende del tipo de necesidades y de la cantidad de necesidades que cada uno tiene vinculadas a la otra persona. Con este sencillo cuestionario podemos hacemos una idea del vínculo efectivo en una pareja. Para ello elaboramos una lista de actividades y seis situaciones: Situación A: Abarca todas aquellas necesidades que tan sólo puedes satisfacer con tu pareja, otras personas no las satisfacen. Situación B: Son necesidades semidesvinculadas que pueden ser satisfechas por tu pareja y por alguna otra persona en circunstancias especiales, pero siempre echando de menos a tu pareja. Situación C: Necesidades desvinculadas de tu pareja, son aquellas que indistintamente pueden satisfacer otros o tu pareja. Situación D: Se refiere a aquellas necesidades que alguna otra persona puede satisfacerte mejor que tu pareja. Situación E: Necesidades que alguna otra persona puede satisfacerte y no puede tu pareja. Situación F: Necesidades que prefieres satisfacer tú solo/ a. Situación G: Actividades que para ti no son necesidades.

 

 

Situaciones

Actividad A B C D E F G
Hablar de sentimientos íntimos              
Hacer el amor              
Caricias-besos              
Mimos              
Hacer y compartir familia              
Compartir cama              
Hablar de problemas personales              
Compartir habitación              
Convivir en la misma casa              
Comer juntos              
Escuchar música              
Cambiar impresiones              
Ver la televisión              
Salir a comer o cenar              
Pasear por el campo              
Pasear por la ciudad              
Hacer viajes de placer              
Ir a una fiesta              
Bailar              
Actividad cultural conciertos, museos...              
Ir al cine              
Afición preferida              
Afición preferida              
Deporte preferido              
Ir de compras              

 

- ¿Cómo es la relación con tu pareja? Nula( ), mala( ), regular( ), normal( ), buena( )

-¿Piensas que tu relación puede durar poco( ), bastante( )mucho( )?

-¿Quieres mejorar con tu pareja? Si( ), no estoy muy convencido( ), no( ).

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* Facultad de Psicología. Universidad Complutence de Madrid.


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