Revista de Psicología - Vol. III Nº 3 Julio 1998

 

LA PSICOLOGIA A FINES DEL SIGLO XX

Manuel Campos Roldán*

 

El artículo revisa las nociones de ciencia y tecnología con el fin de aportar a una evaluación del estado actual de la psicología peruana académica y profesional hacia el término de la presente centuria.

Palabras clave: Problema, ciencia, método, tecnología, racionalidad.

 

This paper reviews the notions of science and technology by to try to contribute for the academic and professional Peruvian Psychology appraisement at the end of the present century.

Key words: Problem, science, method, technology, rationality.

 


Psicología (Perú) 1998; III, (3): 19 - 5

 

El propósito del presente artículo es «actualizar» una discusión sobre las condiciones que definen la naturaleza y la característica respectiva de la ciencia y la tecnología. Se persigue así aportar a una compulsa del estado actual de la psicología peruana.

Estas son preguntas que reaparecen de tiempo en tiempo en nuestros «escenarios» académicos: «¿qué es la ciencia?»; «¿qué es la tecnología», «¿una sirve a la otra?»; «¿cuál es históricamente anterior a la otra?»; «¿existe tecnología en psicología?»; etc. Aquí se verá cómo responder a ellas.

Hace ya dos años el Boletín de la Unidad de Postgrado (ambos dirigidos por el Dr. Hugo Sánchez Carlessi) publicó: «La psicología como ciencia y profesión» (v. Campos Roldán, 1996). Ahora, como sólo se puede hablar de retroinformación si se produce un cambio en la intercomunicación, es posible aprovechar esta «tribuna» de cobertura más amplia que es la Revista de Psicología.

«Aprovechamiento» mediado por el actual Director de la Revista, y también de la Unidad de Post Grado, el Dr. Mario Bulnes Bedón. En una de las amenas y productivas «pláticas» que él suele tener con quien esto escribe replanteó el reto de distinguir entre «ciencia» y «tecnología».

Valdría intentarlo, pues esas preguntas son hechas, no sólo en el Pregrado, sino también en el Postgrado. No son «bizantinas», por ende, sino problemas fundamentales. Éstos conciernen a la «formación» teórica. Ignorarlos u omitirlos propiciaría inseguridad, un desconocimiento de lo que se es y de lo que se hace. Dicho brevemente, desconocer problemas fundamentales equivaldría a carecer de problemas, es decir, de objetivos. Veamos por qué se relacionan éstos dos.

 

LA NOCIÓN DE PROBLEMA COMO PUNTO DE PARTIDA

En principio, se formularán tres premisas que tendrían que justificarse en el curso de la exposición:

1.Ciencia y tecnología se diferencian sólo a partir de los objetivos que se persigan.

2.Ciencia y tecnología no son «cotos cerrados». Y,

3.Los objetivos que nos interesen serán los que nos sitúen en una u otra de ellas.

Las tres señalan el orden de los temas a examinar. Con el fin de diferenciar «ciencia» de «tecnología», habría que empezar con una delimitación de la noción de problema. Ésta designa a una situación en la cual convergen dos elementos:

a. Un objetivo que es estimado como valioso y al que por ello se desea llegar; y,

b.Un estado o repertorio de conocimientos teóricos o técnicos carente de la respuesta apropiada para alcanzar el objetivo deseado.

Con base en esta delimitación, se plantea que la clase de objetivo define la clase de problema. Son distinguibles, según esto, dos clases de problemas:

1. Problemas teóricos; y,

2. Problemas prácticos.

Un problema es «teórico» cuando el objetivo deseado es de índole cognitiva. En otras palabras, un problema teórico es un problema de conocimiento. En él el objetivo es llegar a saber cómo es algo, cuáles son las condiciones que pueden explicar su existencia u ocurrencia, y qué relaciones tiene ese «algo» con su contexto histórico y presente.

Por su parte, un problema «práctico» es un problema de acción. En éste el objetivo es, no «conocer», sino hacer lo óptimo para obtener lo deseado. Como diría R. Ackoff (1983, p. 24), tenemos un problema práctico, si, trazado un objetivo, disponemos de al menos dos «cursos de acción» alternos, uno de los cuales se debe optar. Entonces, un problema práctico es una «situación de toma de decisión» en la cual tiene que elegirse, entre otros disponibles, un único curso de acción estimado como «óptimo» para lograr el objetivo primordial.

Se sugiere distinguir entre el «problema teórico» y el «problema práctico» mediante este recurso terminológico: en el primero, se busca un «saber-acercade» (o know-that); y, en el segundo, un «saber-cómo-hacer» (éste es designado con el anglicismo know-how o el galicismo savoirJaire).

Los problemas «prácticos» se subdividen en dos grupos:

a. Problemas prácticos técnicos; y, b. Problemas prácticos estimativos.

Un problema es «técnico», cuando la situación consiste en la búsqueda de medios para obtener otros objetivos. Éste es un problema instrumental, esto es, un problema de «fines relativos».

A su vez, un problema práctico es «estimativo», cuando se trata de una situación en la cual el propósito es elegirfines u objetivos. Es decir, adónde se debiera llegar.

El «problema estimativo» está asociado al problema del valor. Éste es un problema filosófico vinculado a los fines que perseguimos en nuestras acciones. Éstas se encaminarían a la realización de aquéllos. Hay otra forma de nombrarlos, y ésa es la de llamar «¡deal» a un fin.

Vale decir, tener una meta, un propósito u objetivo es o sería sinónimo de «tener un ideal». El que se dedica a la ciencia o a la tecnología tendría en ellas un «¡deal». Pero éste sería un «¡deal relativo», pues sirve a la realización de otros de mayor importancia.

Al confrontar la «realidad» con las «¡deas» no debería el investigador o «profesional» subordinar la primera a las segundas: un «¡deal» debería surgir de la «realidad», de su estudio y conocimiento. Entonces, un problema técnico es un problema de medios, y un problema estimativo es un problema defines. Entre ellos existe una relación «medios-fines».

Cuando, p. ej., propuesto un fin u objetivo al cual se estima como valioso, se plantea la pregunta de cómo arribar a él, hay ahí un problema «técnico». Pero si lo que hay que determinar es el fin a perseguir, aquello a lo cual debemos aspirar y cristalizar, el problema es ya.«estimativo».

Con esta delimitación de la noción de «problema», que, se espera, sea orientadora, se estaría en condiciones aptas para examinar la distinción entre ciencia y tecnología. Una vez hecho esto, se atenderá lo concerniente a la psicología académica y profesional peruana.

 

CIENCIA Y TECNOLOGÍA

Si, como se anticipó, la «clase de objetivo» define la «clase de problema», éste determina si una investigación es «científica» o «tecnológica». Por eso se señaló que ciencia y tecnología se diferencian sólo a partir de los propósitos que se tengan.

En la definición de «ciencia» del artículo del Boletín (Campos Roldán, 1996, p. 14) se planteó esta dualidad: ciencia es «conocimiento» o es «producción de conocimiento». Ahora, hay una cualidad del pensamiento o del lenguaje humanos que convendría traer a esta discusión. Se trata de la tendencia que existe en éstos a trasladar el sentido de las palabras. Esto ocurre en la metonimia.

La «metonimia» consiste en la «traslación del sentido» de una palabra a otra cuya acepción tiene connotaciones que evocan a condiciones anteriores o ulteriores designadas por el significado de la primera. Ello sería porque la conexión que existe entre la acepción de la primera y la acepción de la segunda es de sucesión o contigüidad temporal.

Ése es el caso, p. ej., del uso metonímico de ciencia. «Ciencia» es conocimiento. Esto lo testimonia su «prosapia» etimológica, pues viene del latín scire.

En latín, scire significaba lo que, en nuestro idioma, es «saber». Se denomina «ciencia» a un conocimiento teórico «seguro», a un saber cuya verdad sería «objetiva».

Pero también se emplea este término para cualificar al «modo,» en que se produjo ese conocimiento. Es decir, teoría y método se incluyen en la definición de ciencia. La índole metonímica obedece aqui a una conexion por contigüidad.

La definición del Boletín, sin embargo, no precisó qué es «teoría» y qué es «método». Aquí se intentará hacerlo.

Una teoría científica es entendible como un sistema de enunciados vinculados por una relación de deductibilidad. A la vez, una «teoría científica» puede serfáctica oformal. Las teorías fácticas como las de la psicología deben además satisfacer el requisito de contrastabilidad empírica.

Por su parte, un método es entendible como un conjunto de reglas generales de procedimiento para la solución de un problema. Sería entonces un «algoritmo». Un algoritmo es un conjunto de reglas que prescriben el paso de un enunciado o dos a otro nuevo, de modo que nada se haga al margen de las reglas. Habría una solución de continuidad entre «método» y «técnica».

La técnica consistiría en la aplicación de esas reglas generales a la solución de un problema singular. El estudio de su desarrollo e implementación sería la «tecnología». No obstante, se reservará para después la definición de ésta.

Muchas veces se nos plantea esta pregunta: «¿Qué es el método científico?». En su «formulación actualizada», Búrige (1980, pp. 34-35) sugirió que aquél comprende «nueve etapas».

Antes de comentarlas, no estaría de más un «criterio», por así decir, de elección de su punto de vista, puesto que podría atribuirse a lo que sigue que se estaría incurriendo en una «apelación a la autoridad». Él es un sistematizador, preclaro, del pensamiento y praxis científico-tecnológicos.

Aparte de la política y la literatura, sus principales intereses fueron, desde 1937 (él nació en 1919), psicología y física. Y, desde luego, filosofía, exactamente, filosofía de la física. Pero, antes de dedicarse a esta última, él se «impuso» estudiar física (véase Serroni-Copello, 1989, p. 24).

Después de la Segunda Guerra Mundial, Bunge pasó a ser un reconocido disidente de la interpretación positivista (o «interpretación de Copenhague») de la mecánica cuántica (al respecto, ver, p. ej., Popper, 1977, p. 122). En psicología, y en especial en la discusión teórico-metodológica (cf. Bunge y Ardila, 1988), y en la teorización psicobiológica (Bunge, 1988), tenemos entre sus publicaciones un paper que en 1978 presentó con el neurofisiólogo colombiano Rodolfo R. Llinás -reside y radica en USA- al decimosexto Congreso Mundial de Filosofía, titulado: "The Mind-Body Problem in the Light of Contemporary Neurobiology".

Sirva esta reseña (o «curriculum abreviado») para que, en oposición a quienes mantienen que el suyo es un análisis «ajeno» a la psicología, se tenga a Bunge como un «interlocutor válido» cuando habla de «la» ciencia. Ésta es otra forma de decir que no es alguien dedicado a «filosofar sin conocimiento de los hechos», como, según escribe Popper (1983: 97), en algún tiempo se acusó a los «filósofos».

Ahora bien, éstas serían las nueve «reglas» del método científico:

1. Descubrimiento de un problema o de una laguna en un conjunto de conocimientos.

2. Planteamiento preciso del problema.

3. Búsqueda de conocimientos o instrumentos que sean relevantes al problema (datos, teorías, aparatos y técnicas de cálculo y medición).

4. Tentativa de resolución del problema con ayuda de los medios identificados.

5. Formulación de nuevas ideas (hipótesis, teorías o técnicas), o producción de nuevos datos empíricos que pudieran resolver el problema.

6. Consecución de una solución (exacta o aproximada) del problema mediante el instrumental conceptual o empírico disponible.

7. Investigación de las consecuencias de la solución obtenida. Si se consiguiese una teoría, se deberá investigar su potencialidad «predictiva». En caso de que se obtuviesen nuevos datos, se examinarán las consecuencias de éstos para otras teorías.

8. Puesta a prueba (o contrastación) de la solución: se la debe confrontar con las teorías disponibles y con la información empírica también disponible. Si el resultado fuera satisfactorio, se puede dar por concluida la investigación. En caso contrario se pasa a la etapa siguiente, y final.

9. Corrección de hipótesis, teorías, procedimientos o datos empleados en la obtención de -la solución incorrecta. Éste será el inicio de un nuevo ciclo de investigación.

El propio Bunge (1980, p. 35) admite que ninguna de éstas «es lo suficientemente específica y precisa» como para que, por sí sola, haga posible «ejecutar el paso correspondiente en la investigación». Oigamos a Bunge:

Para llevar adelante una investigación es menester «entrar en materia», o sea, apropiarse de ciertos conocimientos, advertir qué se ignora, escoger qué se quiere averiguar, planear la manera de hacerlo, cte. El método científico no suple a estos conocimientos, decisiones, planes, cte., sino que ayuda a ordenarlos, precisarlos y enriquecerlos. El método forma, no informa. Es una actitud más que un conjunto de reglas para resolver problemas. Tanto es así, que la mejor manera de aprender a plantear y resolver problemas científicos no es estudiar un manual de metodología escrito por algún filósofo, sino estudiar e imitar paradigmas o modelos de investigación exitosa(...).

Bunge (1985b, parte 1, cap. 2) perfila un mayor grado de comprehensividad respecto a lo que sería una definición de ciencia. Para ello ha formulado ciertas estipulaciones.

Una noción central para analizarlas es la de campo de conocimientos. Ella incluye las ciencias y las tecnologías, las humanidades, las «seudociencias» y las ideologías. En palabras de Bunge:

Un campo de conocimientos puede caracterizarse como un sector de la actividad humana dirigido a obtener, difundir o utilizar conocimiento de alguna clase, sea verdadero o falso. (Bunge, 1985b, p. 24. Las cursivas son de él).

Veamos ahora las «estipulaciones bungianas». Según él, ciencia es un concepto general que agrupa a la «familia» de todas las ciencias «particulares» (Bunge, 1985b. p. 30), Dicha «familia» comprende, en principio, a todas las «comunidades científicas» del «sistema internacional».

Una «ciencia fáctica particular», aduce (Bunge, 1985b, pp. 27-30), es una familia de campos de investigación existente en un instante y sociedad dados. La forma una «comunidad de investigadores». (Este concepto es de Kuhn [1978, p. 2721). Un producto de tal comunidad es la teoría (Sneed, 1986, p. 184).

Ello querría decir que ciencia e investigadores forman un «binomio»: éstos hacen a aquélla. De ahí que él defina a la ciencia como sistema social «compuesto de investigadores relacionados entre sí por una tradición común, así como por fluj1os de información» (Bunge, 1985b, p. 28).

Otro elemento que Mario Bunge incluye en su definición de «ciencia fáctica» viene a ser el dominio (D) o «universo del discurso». Lo constituyen los objetos o acontecimientos «concretos». En otros térirúnos, hechos pasados, presentes o futuros. En las palabras de Bunge: «D no contiene ficciones sino por error».

Además, él considera la concepción general o filosofía subyacente a la «ciencia fáctica» de la cual se trate. Ello implica, grosso modo, una teoría del objeto de estudio (una «oritología»), una teoría del método de investigación (dicho de otra manera, una «gnoseología»), y un «ethos de la libre búsqueda de la verdad». Vale decir, respecto a esto último, un carácter, espíritu o, si se quiere, «atmósfera» cultural que fomenta tal «libre búsqueda de la verdad».

Sería extenso analizar todos los puntos que para Bunge conforman a la ciencia fáctica. Además, son doce, de manera que aquélla, para él, es una «dodecatupla» ordenada.

Empero, pueden mencionarse seis componentes que, según él, definen a la «ciencia fáctica»:

1.Un fondo formal o colección de teorías y métodos, en particular, «algoritmos», dice él.

2.Un fondo específico o datos, hipótesis, teorías y métodos logrados en otras áreas de investigación.

3.Una problemática: problemas cognitivos referentes a las leyes que rigen el dominio.

4.Un fondo de conocimientos «acumulados»: colección de datos, hipótesis, teorías y métodos que tienen compatibilidad con el fondo específico.

5.Objetivos: el descubrimiento o uso de leyes. Y,

6.La metódica, compuesta exclusivamente de «métodos escrutables» (comprobables, además de analizables y criticables).

Bunge estipula pues doce condiciones definientes de la ciencia fáctica. Según dice, ninguna de ellas, por sí sola, es suficiente para determinar la cientificidad de un «campo de conocimientos». Sólo la conjunción de las doce define el carácter «científico» de dicho campo. Convendría volverlo a oír para mayor precisión:

Un campo de conocimientos que no satisfaga plenamente las doce condiciones estipuladas se llamarán o científico. Ejemplos clásicos de campos de investigación no científica, aunque perfectamente serios y respetables, son la crítica literaria y la historia del arte... Un campo de conocimientos que satisfaga parcialmente las doce condiciones estipuladas puede llamarse una semiciencia. Ejemplo: cualquiera de las ciencias sociales. Si una semiciencia está en sus comienzos y da signos inequívocos de progreso, podrá llamársela ciencia emergente. Ejemplo: la psicología fisiológica. Otras semiciencias se han quedado estancadas, como ocurre con la economía. Finalmente, otras han comenzado a declinar, como sucede con la psicología conductista. Típicamente, las semiciencias tiene gran acopio de datos y pocos modelos teóricos... [Bunge, 1985b, pp. 29-30. Cursivas de él]

Bunge señala que «cualquiera de las ciencias sociales» es una «semiciencia» por satisfacer «parcialmente» las doce condiciones que él estipula. Y una de éstas es la del fondo formal que, tal como se adelantó, concierne a una colección de teorías y métodos algorítmicos y lógico-matemáticos. Por último, él asevera que «típicamente las semiciencias tienen gran acopio de datos y pocos modelos teóricos».

La psicología es una de las ciencias sociales. ¿Es una «semiciencia»? No es rara una pregunta como ésta: «¿Y quién es quién para decir qué es ciencia?»; menos rara todavía es ésta otra: «¿Y qué podría interesar que lo que uno sostiene no es ciencia?»; de manera que habrá que tener presente que ésas son «estipulaciones» y, además, que para su aceptación o rechazo debiera comprenderse claramente en qué consisten.

Una estipulación es un convenio verbal. Vale decir, un acuerdo o concertación entre dos o más personas en relación al uso o sentido a conferir a las expresiones del «lenguaje de la ciencia». Como, efectivamente, nadie tiene la «última palabra» al respecto, ¿por qué no partir de un «acuerdo»?

Eso es parte de la lógica de los conceptos científicos o, con otras palabras, de la pragmática. Si se discrepa con Bunge, el camino para el «desacuerdo» siempre está abierto y no queda sino confrontar sus «estipulaciones» con las que tiene a su favor el psicólogo.

Para empezar, según se verá con el detalle del caso en la siguiente sección, la psicología no es considerable como «semiciencia» en el sentido bungiano. En ella hallamos gran «acopio de datos» y gran cantidad de «modelos teóricos». En lo relacionado a las «teorías lógico-matemáticas» e incluso a su «método de formulación», las teorías del aprendizaje y de la motivación de Clark Hull y Kurt Lewin respectivamente poseen tales rasgos.

Sin embargo, como podrá notarse, hay una coincidencia. Se trata de la especificación del carácter cognitivo de los problemas de la ciencia (véase el componente 3). Debiéramos analizar la «tecnología», pero habría «un punto intermedio» entre ésta y la ciencia, y ése es la ciencia aplicada. Como se adujo en el. artículo anterior (Campos Roldán, 1986, p. 15), la ciencia aplicada tiene también como objetivo la solución de problemas teóricos.

Ella consistiría en explorar la capacidad «heurística» de una teoría para la explicación de otros fenómenos. Es el caso, p. ej., de la aplicación de la teoría del aprendizaje para la explicación de las neurosis (para más detalles, ver Campos Roldán, 1986. pp. 15-16).

Pasemos entonces al análisis de la tecnología, que es, como se verá, también una aplicación, pero para la solución de problemas prácticos. Aquí también ocurre la «metonimia». Llamamos «tecnología», no únicamente al proceso que produce un artefacto, sino aun al «artefacto» mismo, al producto.

Tenemos aquí un concepto clave en la tecnología: el de «artefacto» u objeto artificial. Artefacto se compone de un par de voces latinas, ars, arte, y factus, hecho.

Por ende, un «artefacto» sería aquello que se ha hecho con «arte». Pero sucede que ars es la traducción latina de] griego -aquí transliterado- tejné, raíz ostensible, además, de tecnología y técnica. ¿A qué llamaban tejné o techné los griegos?

Leamos qué dice al respecto el filólogo germano Werner Jaeger (1993, p. 515):

La palabra techné tiene, en griego, un radio de acción mucho más extenso que nuestra palabra arte. Hace referencia a toda profesión práctica basada en determinados conocimientos especiales y, por tanto, no sólo a la pintura y a la escultura, a la arquitectura y a la música, sino también, y acaso con mayor razón aún, a la medicina, a la estrategia de guerra o al arte de la navegación. Dicha palabra trata de expresar que estas labores prácticas o estas actividades profesionales no responden a una simple rutina, sino a reglas generales y a conocimientos seguros;...

A aquello que los griegos llamaron tejné es idéntico a las «profesiones técnicas» de hoy. Éstas también recurren a conocimientos tenidos como «seguros». Nada habría cambiado.

Veamos, una vez más, qué dice Bunge:

La tecnología puede considerarse como el campo de conocimientos que se ocupa de diseñar artefactos y planear su realización, operación y mantenimiento a la luz de conocimientos científicos. (Bunge, 1985b, p. 35).

Algo antes (Bunge, 1980, p. 206) él la hubo definido así:

Un cuerpo de conocimientos es una tecnología si y solamente si
(i) es compatible con la ciencia coetánea y controlable por el método científico, y
(ii) se lo emplea para controlar, transformar o crear cosas o procesos, naturales o sociales. [Cursiva de él].

Si la ciencia es una «comunidad de investigadores», la tecnología es una «comunidad de profesionales». Éstos son:

... personas que han recibido un entrenamiento especializado, mantienen vínculos de información entre sí, comparten ciertos valores, e inician o continúan tina tradición de diseño, ensayo y evaluación de artefactos y planes de acción (Bunge, 1985b: 35-36).

Entre los «miembros» de la tecnología cabría mencionar a los siguientes:

1.Una problemática formada por problemas cognitivos y prácticos.

2.Objetivos de la comunidad profesional, los cuales incluyen «invención» de nuevos artefactos, nuevos modos de usar o de adaptar los viejos, y planes para realizarlos, mantenerlos, manejarlos y evaluarlos.

3.La metódica: además del «método científico» (que, formalmente, sería: problema cognitivo-hipótesis-contrastación-corrección de hipótesis o, si fuera el caso, reformulación del problema), contiene al método tecnológico. Éste es de la forma: problema práctico-diseño-prototipo-pruebacorrección del diseño o reformulación del problema.

4.Los valores, que consisten en una colección de juicios de valor acerca de cosas o procesos naturales o artificiales, en particular materias primas y productos manufacturados, procesos de trabajo y organizaciones sociotécnicas. Y,

5.Al menos una tecnología contigua que se solapa parcialmente.

Antes de señalar cuáles serían los campos que tendrían o no un carácter tecnológico, según Bunge, convendría decir que es un «artefacto» en su terminología epistémica. Si eso se olvidara, se mantendría cierta impresión de que sólo son «artefactos» las «microondas», las «computadoras», etc.

Como ya se dijo, un artefacto es un objeto artificial. Bunge (1985b, p. 34) diferencia tres categorías de artefactos: a. cosas artificiales como maquinarias; b. estados de cosas artificiales como eliminación de enfermedades; y c. cambios artificiales como el arado o el enseñar a leer. En palabras suyas:

Todo lo artificial, de cualquier categoría que sea, resulta de trabajar. Un trabajo puede consistir en a) usar cosas naturales o artificiales, p. ej., plantas para construir chozas; b) transformar cosas, p. ej., manufacturar lienzo a partir de fibras de lino, o c) ensamblar cosas o favorecer su ensamble, p. ej., sintetizar moléculas (Bunge, 1985b, p. 34. [La cursiva es de él].

Según esto, Bunge afirma que un campo de conocimientos que ni aproximadamente cumpla las condiciones «estipuladas» no es tecnológico. Sus ejemplos de ello son la matemática y la filosofía. Un campo de conocimientos que compartiera los objetivos utilitarios de la tecnología y que, de una manera aproximada, satisficiese alguna de sus estipulaciones sería una tecnología emergente. Ejemplos de ello son las ciencias de la salud y las sociotecnologías.

Una tecnología que «insume» conocimiento científico en abundancia se denomina tecnología alta, o avanzada. R ej., las ingenierías química y nuclear, y la «biotecnología» que usa la biología molecular. Para dar término a la reseña del análisis de los conceptos epistemológicos de Bunge, vamos a dar nuestra clasificación de las tecnologías. Ello serviría para ensayar por adelantado una ubicación de la psicología. Las tecnologías se dividirían en tres grupos:

1. Tecnologías físico-químicas.

2. Biotecnologías.

3. Sociotecnologías.

Tecnologías físico-químicas son las ingernerías en sus áreas desde la física hasta informática. Biotecnologías son agronomía y medicina. Sociotecnologías son administración y las especialidades de la psicología profesional, además del derecho y de otras actividades propiciadas por la evolución metodológica de las ciencias sociales.

Al cabo de esto, se estaría en condiciones de pasar al análisis del estatuto científico y tecnológico actual de la psicología peruana. Para ello se dejará planteado un asunto relacionado a dicho tema. Se trata de la «racionalidad».

La «racionalidad» estaría comprometida, no sólo en los aspectos de justificación teórica, sino incluso en la forma de proceder. Se trataría de una característica del accionar humano. Han sido descritos diversos «tipos de racionalidad» (ver, p. ej., Lenk, 1988, p. 105-130; o Bunge, 1985a).

Es ésta una noción «polisémica». Raymundo Prado (1988, p. 14 1) entiende a la racionalidad como una abstracción. Dicho de otro modo, un concepto abstraído. Luego, será analizable grosso modo a partir del aislamiento de dos rasgos comunes.

Ellos son adecuación y economía. Para Prado (él señala otros más) todo tipo de racionalidad se basa en el criterio de adecuación. La relación «medios-fines» que fuera aludida en la sección anterior sería una adecuación medios-fines.

La definición aristotélica y tomista de la «verdad», afortiori, también supone este «criterio». Según Sto. Tomás, la verdad es una «adecuación real entendimiento» (dicho en sus palabras, «adequatio re¡ et intellectus»). Ésa es la teoría clásica de la verdad, involucrada en la racionalidad «científica» y, por tanto, en el problema epistemológico de la verdad o de la «objetividad» de las teorías científicas, aunque aquí la relación es entre la realidad y las teorías.

En el «diagnóstico psiquiátrico», como último ejemplo, está implícito el mismo criterio de adecuación. Con arreglo al mismo, el «diagnóstico» de «pensamiento psicótico» se da por sentado cuando el «discurso» de] «paciente» traduce una «ausencia de adecuación a la realidad».

Como criterio de economía, la «racionalídad» se aplica a las decisiones. Connota exigencias de «maximizacion» y de «minimización».

En tal sentido, una decisión es racional si «maximiza» aciertos y ganancias y si «minimiza» errores y costos. Como se le definió líneas arriba siguiendo a Ackoff, un problema práctico es una «situación de toma de decisión». Por tanto, su solución es racional si la decisión satisface «criterios de maximización y minimización». Ello le otorga un carácter instrumental a la «racionalidad tecnológica», esto es, a la búsqueda de maximización de medios adecuados («artefactos») para resolver problemas prácticos, minimizando errores.

Aquí se conjugarían criterios de adecuación y economía (aunque subordinándose la primera a la segunda). Esto viene a ser lo que distingue a la racionalidad «occidental». Peña Cabrera (1988, p. 197) asienta que ésa es una «racionalidad de medios antes que de fines»:

«El pensamiento pragmático moderno -dice Ortega- queda reducido a la operación de buscar buenos medios para los fines, sin preocuparse de éstos» (El Espectador, 1970, p. 17). Ortega pensaba, sin embargo, que éste era un malestar moderno, en consecuencia, coyuntural. No atinó a descubrir el modo de ser de la razón occidental, que comienza a funcionar de ese modo desde la «oscura» Edad Media, antes del siglo X.

Antonio Peña entiende a la «razón» como un instrumento de sobrevivencia (esto es, no como una «facultad superior») del grupo social. Él asevera que «las distintas situaciones geográficas, históricas y sociales» determinarán el modo en que se emplee la razón (Peña, 1988, p. 193).

¿En qué reside este «instrumento de sobrevivencia»? Se podría aducir que en la tendencia del ser humano a guiar su conducta según sus creencias y objetivos.

Ya se afirmó el carácter humano de la racionalidad. En consecuencia, no está restringida a lo «occidental». En los términos de Lenk (1988, p. 105), «una característica no puede ser simultáneamente una nota distintiva del hombre y de una tradición cultural específica».

Para pasar, finalmente, a nuestro tema se examinará el problema de la ciencia en la llamada era postmoderna. En su bosquejo de esta tesis de Jean Francois Lyotard, Sobrevilla (1988, p. 148) anotó que la ciencia actualmente devino en mera «mercancía con «valor de cambio» y que ha perdido su «valor de uso»».

¿Qué es «postmodernidad»? Si la modernidad es un corte o «cesura» histórica, ¿a cuál pertenece la postmodernidad?

En síntesis, es exigible una previa delimitación de la «modernidad». Al efecto se verá a Jürgen Habermas. En 1980, cuando recibiera el premio Theodor Adorno, leyó su discurso «La modernidad, un proyecto incompleto» (cfr. Foster, 1986, pp. 19-36). Allí Habermas dijo lo siguiente:

El término «moderno», con un contenido diverso, expresa una y otra vez la conciencia de una época que se relaciona con el pasado, la antigüedad, a fin de considerarse a sí misma como el resultado de una transición de lo antiguo a lo nuevo. Algunos... (10) limitan... al Renacimiento, pero esto, históricamente, es demasiado reducido. La gente se consideraba moderna tanto durante el periodo de Carlos el Grande, en el siglo XII, como en Francia a fines del siglo XVII, en la época de la famosa «querella de los antiguos y los modernos». Es decir.... el término... apareció y reapareció en Europa exactamente en aquellos periodos en los que se formó la conciencia de una nueva época a través de una relación renovada con los antiguos y, además, siempre que la antigüedad se consideraba como un modelo a recuperar a través de la imitación (ob. cit., pág. 20).

Históricamente, la «modernidad» es imprecisable, pues, excepto en filosofía, que comenzaría en el XVII, en ella se encuentran intrincadas clasificaciones socio-económicas. Si la «modernidad» es «relativa» a una época en que se formara la conciencia de otra «nueva epoca a través de una relación renovada con lo antiguos», luego, como aduce Colomer (1990, p. 23), la postmodernidad es «relativa en segundo grado».

La noción modernidad se usa en dos ámbitos diferentes. Designaría dos enfoques histórico-filosóficos con énfasis e intereses distintos. Dichos ámbitos o enfoques son el de la filosofía y el de las ciencias sociales.

Así, se llama modernidad a un cambio de perspectiva en la historia de la filosofía. Se trata aquí de un «giro» que se sitúa propiamente en el siglo XVII, y está relacionado a dos hechos: el periodo de] «hundimiento del mundo medieval» y el denominado nuevo comienzo cartesiano.

Grosso modo, la crisis medieval, hacia el XV, se suele explicar por estos tres hechos: la destrucción de la unidad religiosa propiciada por las «guerras de religión» y por el surgimiento del protestantismo; el «redescubrimiento» de la esfericidad de la Tierra; y la determinación de su posición en el universo astronómico. En circunstancias como éstas es justificable que surgiese la necesidad de volver a plantear los problemas correspondientes al origen y el sentido de la existencia humana.

En ese marco se inscribió el «nuevo comienzo». Llamado «cartesiano» por estar representado en, y por, la filosofía de René Descartes (1596-1650). Desde su duda metódica, como podría recordarse, Descartes arribó a una consecuencia asaz familiar, es decir, el «filosofema»: Pienso, luego, soy. En síntesis, ésta es, para Descartes, una «verdad indubitable» que define toda existencia a partir del pensamiento.

De tal forma, Descartes abrió un surco en la filosofía proseguido por Manuel Kant y Georg Wilhelm Friedrich Hegel. Dicho brevemente, habrían dos principios de la «modernidad»filosófica que empezó con Descartes: el de la autonomía del sujeto y el de la primacía de la razón. Éste, empero, entró en crisis un par de siglos más tarde (lo que sucedió con el primero escapa al propósito de este artículo).

La «crisis del racionalismo» es el resultado conspicuo de la obra de dos prohombres del XIX: Karl Marx (1818-1883) y Friedrich Nietzsche (1844-1900), uno y otro con intereses u ópticas dispares. Marx fue una suerte de «optimista» como se deduciria, p. ej., de su afirmación en la segunda de sus Tesis sobre Feuerbach, donde sostuvo que la objetividad del pensamiento humano es un problema práctico y no «teórico» y que en dicha práctica es donde el hombre debe «demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento».

Nietzsche nada esperaba del «devenir histórico», y, en consecuencia, encarnó al nihilismo frente al «racionalismo» (no está de más traer a colación la influencia del autor de Así habló Zaratustra sobre Sigmund Freud). Ahora bien, y en especial en el ámbito económico, dice Beyrne (1994, p. 3 l), «la modernidad generalmente es equiparada con el capitalismo» y de ahí que más tarde la sociedad industrial, resultante del capitalismo, haya sido identificada con la «modernidad».

A este respecto, René Gonnard (1961, p. 49-50) ha escrito que:

Se admite hoy que el capitalismo comenzó en forma comercial antes de constituirse en forma industrial. El primer capitalista, el que manejó el dinero como capital, el que inauguró el ciclo dineromercancía-dinero, el que lanzó a la circulación el dinero para encontrar más dinero.... y volver a empezar indefinidamente la misma operación; el que... se dedicó a la persecución del lucrum ad infinitum, fue el comerciante. Pues bien: desde los últimos siglos de la Edad Media, el mercader empezaba la ascensión social que había de precipitarse en los siglos siguientes [cursivas de Gonnard]

Luego, la «conversión» de la ciencia en «mercancía con valor de cambio», más que un fenómeno «postmoderno», habría germinado en los inicios de la racionalidad occidental. Con palabras de Antonio Peña (1988, p. 197):

La introducción de la máquina y la modalidad de producir para la comercialización (hacen de) la tierra objeto de explotación. Si antes el hombre se sintió parte de la naturaleza, ahora es su explotador. El campesino ya no ve la producción en términos de subsistencia sino de cambio y acumulación. El medio de cambio es el dinero. Pero para decirlo en términos del Marx de los Manuscritos económico -filosóficos, el dinero es un concepto de valor real y activo que cambia y trastrueca todas las cosas. Invierte el mundo en la medida en que trasmuta las cualidades naturales y humanas en términos lineales y cuantitativos. En este proceso hay que ver el fundamento de la racionalidad occidental ...

En este proceso cabría buscar también los antecedentes o «fundamentos» de la psicología «profesional». (No dejaría de ser recomendable la lectura del Y de dichos Manuscritos económico-filosóficos de 1844 de Karl Marx, que reprodujera además Erich Fromm [1962, pp.. 170-175]). Se debe aclarar, empero, que aquél no es necesariamente el propósito de este artículo, aunque podría ser que se rocen sus aristas.

Se irá, pues, al tema de «convocatoria».

 

PSICOLOGÍA: CIENCIA Y PROFESIÓN

Hace 20 años, el canadiense Donald 0. Hebb (1904-1987) escribió:

La psicología se define... como el estudio de las formas más complejas de integración u organización en la conducta. Se entiende que esto comprende también el estudio de procesos como el aprender, la emoción o la percepción, que intervienen en la organización de la conducta. Los términos «integración» u «organización» se refieren al tipo o la combinación de diversos segmentos de conducta en la relación de unos con otros, o con los acontecimientos que actúan sobre el organismo. Obsérvese que la psicología no se define aquí sencillamente como estudio de la conducta. Semejante definición sería demasiado extensa (Hebb, 1968, p. 7; las cursivas son de él).

Es argüible que, con su definición, Hebb presentaba el panorama de la psicología «moderna». Y, en efecto, quizá se justifique esta pregunta: ¿cuándo empezaría la «modernidad» psicológica?

Conviene oír nuevamente a Hebb (1968, p. 4):

En la medida en que podemos fijarlo en una fecha precisa, el periodo moderno principió en psicología en 1913, cuando John B. Watson emprendió una labor de limpieza doméstica, consistente en descartar una serie de ideas acerca de la mente que hasta allí se habían aceptado como ciertas sin haberlas sometido a examen crítico alguno. Esto constituyó el... behaviorismo. Algunas de las ideas descartadas volvieron más adelante, pero únicamente después de haber encontrado hechos sólidos que las justificaran. ( ... ) En sus inicios, cuando menos, el behaviorismo se consideró en ocasiones como más que estúpido, y no sólo erróneo, sino como perversa e intencionadamente erróneo. Es el caso, sin embargo, que los caminos de la ciencia no son los del sentido común. En efecto, la teoría científica no es algo que deba creerse, o no debiera serlo, sino un supuesto para el estudio, cuya función real es la de aclarar nuestros problemas [cursiva de Hebb].

Es harto pertinente precisar que el «behaviorismo», es decir, el conductismo de Hebb no es el de B. F. Skinner, ni menos es el «interconductismo» de Emilio Ribes Iñesta. Cada uno de éstos se mantuvo, mutalis mutandis, en el «programa» inicial de Watson de «predicción y control de la conducta».

Dicho de otro modo, y para cerrar esta digresión, Hebb expresaría allí su adhesión a la tentativa de «objetividad» representada en y desde el conductismo watsoniano. Algo que fue estimado como la «única tentativa sincera de psicología objetiva» (Politzer, 1969, p. 206). A fortiori, Hebb planteó y desarrolló una exitosa y fructífera teoría ileuropsicológica (véase, p. ej., Gardner, 1987, cap. 9; Kandel et al. 1997, caps. 25 y 36).

La definición de Hebb resume el campo de los problemas teóricos de la psicología académica hacia el término del s. XX. En ella se encuentran explícitos e implícitos los temas de «cursos» como: «psicología del aprendizaje», «psicología cognitiva», «psicología de la motivación», etc. Vale decir, «materias» sobre las «formas más complejas de integración u organización de la conducta», entre las cuales se agregaría a las que estudian los factores psicofisiológicos.

Y si, además, se incluye a la psicopatología, el campo de conocimientos de la psicología se completó. En síntesis, una definición de psicología ad portas del XXI sería la que la presente como el estudio teórico-empírico de las «formas complejas» de organización y desorganización conductual.

Ese sería pues el status teórico de la psicología como ciencia al presente. La comunidad de investigadores en ella se subdividiría enparadigmas (Campos Roldán, 1994, p. 44-45). Un paradigma psicológico es conceptualmente defendible como un sistema socioepistémico compuesto por:

1.Una subdivisión de la comunidad de investigadores y profesionales en psicología;

2.Una concepción compartida acerca de la naturaleza y determinación de los procesos psicológicos;

3.Una metódica coherente con dicha concepción; y,

4.Un conjunto de aplicaciones técnicas para evaluar y diseñar estrategias de resolución de «problemas psicosociales».

De tal conceptualización de los «paradigmas» resultará fácil, por así decir, la aclaración de las relaciones entre psicología como «ciencia» y como «profesión». De este modo, como se dijo al empezar, se podría esclarecer por qué ambas no son «cotos cerrados».

Para empezar, y partiendo del componente n' 2, tenemos que en torno a él se conforman los «modelos teóricos». Vale decir, un modelo teórico sería entendible en dos sentidos:

a.Como una «microteoría». Es decir, como una teoría dentro de la psicología. Como tal, enfoca un solo aspecto estimado como causalmente relevante en la conducta humana. 0,

b.Como un sistema de conducta o de interacciones en el cual se cumple lo que dice una teoría.

En el primer caso (un recomendable tratamiento de esta noción de «modelo» sería el de Mosterín [1987, cap. 7]), en aprendizaje, motivación, emoción y actitudes como problemas de la psicología científica, hallamos modelos en el sentido de «microteorías». Éstas reducirían a un solo aspecto, para ellas decisivo, la explicación de los procesos aludidos.

Ello se da en los modelos asociacionistas conductuales del aprendizaje (véase, p. ej., Bower y Hilgard, 1989) como en los modelos cognitivistas de la emoción (véase Lazarus y Folkman, 1986), ete. Éstos no cuestionarían la «definición» de psicología ensayada anteriormente. Dicho de otra manera, quienes defienden tales enfoques estarían de acuerdo en que la psicología estudia las «formas complejas» esbozadas, mas sostendrían que nada obstaría que sólo a una de ésas se las estime causalmente decisivas.

En el caso de modelo como «un sistema de conducta o de interacciones en el cual se cumple lo que dice una teoría», se podría ejemplificar al estudio del «Pensamiento grupal». Ése sería un «modelo» para una psicología política.

La «psicología política» es entendíble como una rama aplicada de la psicología social. En tal sentido, sería un ejemplo de «ciencia aplicada». Trataría los esquemas y las actitudes que subyacen a una decisión en torno al poder.

El «pensamiento grupal» fue estudiado por un psicólogo social de la Universidad de Yale, Irving Janis (véase David Myers, 1995, cap. 9). Éste (citado por Myers, 1995, p. 329) lo definió como:

un modo de pensamiento que emplean las personas cuando la búsqueda de la concurrencia se vuelve tan dominante en un grupo cohesivo que éste tiende a ignorar la evaluación realista de cursos de acción alternativos.

En lo que atañe al y componente, los «paradigmas» son reconocibles también por una metódica común. Ésta comprende un conjunto de métodos o procedimientos para poner a prueba hipótesis.

En un artículo anterior (Campos Roldán, 1997, p. 23) hubo una alusión a los paradigmas psicológicos. Se representaron con los enfoques psicoanalítico, conductual, fenomenológico y constructivista. Debió añadirse al psicobiológico.

Pero, además, se dijo que es esperable una disposición a la evaluación de la «cientificidad» de los mismos. Podría decirse también de su objetividad. Grosso modo, la validez o la «objetividad» de un enfoque o teoría están vinculadas al «problema de la verdad» aludido en la sección anterior.

Dicho a grandes rasgos, así como la verdad es una propiedad de los enunciados, la validez es una propiedad de las teorías. La «validez» de una teoría se resuelve con la «contrastación», esto es, si la investigación reitera que aquélla está en correspondencia a lo observado en ésta.

En cuanto una forma de producción de conocimientos, la investigación es un sistema teórico y metodológico. R ej., un «diseño» de investigación psicológica comprende un marco histórico y conceptual dentro del que se plantean problemas o «preguntas» que, con base en una teoría, indagan sobre si existen relaciones entre una o más variables independientes (VI) y una variable dependiente (VD).

En este marco teórico se ensayan ciertas hipótesis que predicen afirmativa o negativamente que entre tales VI y la VD existen relaciones de causalidad o de covariación. Dicha dependencia que la investigación tiene de la teoría debiera servirnos para revisar aquellas clasificaciones que separan entre investigación «teórica» e investigación «empírica».

Si toda investigación depende o se basa en una teoría, e incluso si aquélla buscase refutar a ésta, sería argüible que toda investigación es «teórica».

En lo atinente al aspecto propiamente metodológico, un diseño de investigación es un plan articulado de enunciados prescriptivos. Éstos dicen qué debe hacerse en el manejo de variables y el análisis estadístico de los resultados.

Los diseños de investigación, además, se clasifican en base al grado de control implicado. La noción de control se refiere, en el ámbito de la investigación, al mantenimiento de constancia en una condición y de variación en otra (Para más detalles, ver, p. ej., O'Neil, 1968, p. 31).

La investigación sirve al propósito de conocer cuál es el resultado que producirían las operaciones realizadas con una o más variables independientes. Eso exige que se tengan constantes diversas «variables extrañas» (léase: «ajenas al interés del investigador») a efectos de explorar únicamente qué puntuaciones varían a consecuencia de la manipulación o administración de la variable independiente.

Respecto a esto último, a las «puntuaciones», conviene agregar que éstas son consideradas insuficientes a la vista de quienes defienden los datos cualitativos. Es decir, a la investigación «cualitativa». Esto se asocia a una discusión «relativamente nueva», pues hay otros criterios taxonómicos en juego que rompen con ciertos «cánones» ya establecidos.

Antes sólo se separaba la investigación «experimental» de la «noexperimental». También la «investigación teórica» de la «empírica».

Concretamente, habría una investigación «cuantitativa» distinta y separable de otra que sería «cualitativa». Dicho a grandes rasgos, la «investigación cualitativa» se basaría en la metodología desarrollada por las ciencias sociales.

A juicio de Andrade et al. (1987, caps . 1, 2 y 3), los datos obtenidos con una investigación cualitativa poseerían características peculiares. 0¡gámoslas:

Los datos cualitativos «consisten en descripciones detalladas de situaciones, eventos, personas, interacciones y comportamientos observados; citas directas de la gente sobre sus experiencias., actitudes, creencias y pensamientos; y extractos o pasajes enteros de documentos, cartas, registros e historias de caso». La naturaleza abierta de los métodos cualitativos permite al evaluador entender y registrar las impresiones de la gente en sus propias palabras... (Andrade y cols., 1987: 30; las cursivas son de las autoras).

Andrade et al. (1987, p. 35) sugieren que se combinen los métodos cuantitativos con los cualitativos. Tal integración se justifica pues estos últimos inciden en la investigación preexperimental, propiamente, en la exploratoria. En ésta, justamente, es posible familiarizarse con fenómenos que son «relativamente desconocidos» (Hernández Sampieri y colabs., 199 1, p. 59-63). David Katz (citado por Kerlinger [1988, p. 4231) dividió los estudios de campo en: exploratorios y de prueba de hipótesis. El «exploratorio», decía, «busca lo que es».

Por tanto, se habría introducido una clasificación que distinguiría dos grupos, o, por así decir, dos «bloques» de métodos de investigación psicológica:

1.Una investigación cuantitativa representada en la metodología experimental y no-experimental. Ésta, a su vez, aportaría a los «métodos cuantitativos» la investigación psicométrica y correlacional. Y,

2.Una investigación cualitativa representada muy en especial en los estudios de caso y de campo de la metodología «preexperimental».

Una y otra se fundarían en hipótesis o en teorías, sea para confirmar o refutar a éstas. Los estudios cualitativos mismos se encontrarían «inspirados» por ellas.

A final de cuentas, y con relación al 4.° componente de los paradigmas, el conjunto de las aplicaciones técnicas de la psicología se ha multiplicado actualmente. Es cierto que tiempo atrás a la psicología se le confundió con una de sus ramas profesionales (Ribes et al., 1980, p. 179), esto es, con la psicología «clínica».

A fines del siglo XX, la psicología profesional revela un panorama de aplicaciones técnicas que largamente rebasan al que se tuvo hasta hace dos décadas, por señalar un lapso determinado. Al término de los años 70, p. ej., se mantenía la reticencia psiquiátrica sobre la «competencia» que podía atribuirse al psicólogo como «psicoterapeuta».

El psiquiatra Max Silva Tuesta (1979 p. 73), p. ej., fue claro en esto. Conversando con Carlos Alberto Seguín decía:

... la acción que más identifica al psiquiatra es la psicoterapia. Si es así, ¿,cómo está a favor de que los psicólogos realicen psicoterapia? ¿No se propicia de este modo un profundo resquebrajamiento de nuestra identidad profesional? [Las cursivas están en el texto]

La respuesta de Seguín (que él creyó «pragmática») fue ésta: «... los psicólogos deben ser autorizados para hacer psicoterapia (porque) no hay suficientes psiquiatras que la hagan» (sic). Dicho con justeza, Seguín sostenía que lo que interesaba era que quien practicara psicoterapia estuviese «verdadera y seriamente» preparado para ello.

Pero para Silva (1979, p. 75) «la verdadera» psicoterapia («como creo que hay que recordar frecuentemente», insistía) es la de «base psicoanalítica». Su «resistencia» contra los psicólogos lo llevó incluso a preguntarse si éstos, movidos por cierto «orgullo», habrían «renegado» de su «apelativo», esto es, del de llamarse «psicólogos, reclamando para sí el trato de «ingenieros de la conducta»» (Silva, 1979, p. 181).

La observación de Seguín fue que «todo aquel que tiene una habilidad y produce algo es un ingeniero». Lo decía, ya que, según él, «ingeniero» venía del latín ingenium, que es «habilidad» o «invención, como lo muestran sus raíces: in y gen, producir, generar». Pero hay fuentes que corregirían a Seguín. Al respecto leamos a Antonio Peña (1988, p. 207):

La voz «ingeniero» comienza a usarse en el s. XI. Dicen algunos que viene de «ingenio», «ingenioso» (Timm, 1971, p. 44). Pero esta etimología no tiene base histórica. Feldhauss en su Die 7echnik der Antike und des Mittelalters dice que viene de la voz latina «incingere», que significa «fortificar». Feldhaus se basa en lo que escribe Johannes Codagelles en el s. XIII. Pero hay una obra de 1120-2 de Ambrosio, L'Estoire de la guerre sainte, don de deja entender que la voz viene de «engine» (máquina): «engineons qui savaient d'enginse plusars».

Al cabo de los 90 y por ende del siglo XX la situación de la psicología clínica es harto distinta. Las técnicas de modificación de conducta han logrado una compleja variedad, como lo muestra, p. ej., Vicente Caballo (1991).

Pero no sólo éstas son las que han adquirido una mayor complejidad y amplitud. La psicología clínica en general se ha añadido al ámbito más vasto de las ciencias de la salud.

La relación entre ciencia y profesión puede elucidarse también a partir de los problemas teóricos desencadenados a la vez por la urgencia de resolver problemas prácticos como la disminución de la incidencia en farmacodependencia, o la detección de los factores de riesgo implicados en la misma. Con otras palabras, que son las de Skinner (1975, p. 308), «la ciencia parece haber surgido de unos esfuerzos por resolver unos problemas prácticos».

Eso se ve patentemente en la suerte de «globalización» operada en las ciencias de la salud. Éstas se sirven de las afinidades entre neurociencias, psicopatología experimental y psicología clínica. La psicopatología «moderna» (ver vol. 1, part. 1, cap. 2 de Belloch, Sandín y Ramos, 1995) omitió al psicoanálisis. No lo ha hecho con los modelos biológico, conductual y cognitivista.

La «clínica» no es sino una de las áreas profesionales de la psicología. Por esto, la pregunta: «¿Qué distingue al psicólogo del psiquiatra?», pierde todo sentido si la hacen al psicólogo «organizacional» o al «educacional», o también al «social», al «del deporte», al «comunitario», etc.

Esto obedece al hecho constatable de que la tecnología tiene un ritmo de crecimiento distinto al de la ciencia, aun siendo interdependientes. Ambas tienen distintos criterios de validación. La investigación científica tendría como objetivo la búsqueda de la verdad. El de la investigación tecnológica seria la búsqueda de la eficacia. Como escribiera George Sarton (1965, p. 21): «La necesidad fue llamada madre de los inventos, de la tecnología, pero la curiosidad fue la madre de la ciencia».

Esa sería una interpretación histórica que suscribiría Jean Piaget. Lo que aquí se intentó (ojalá que con «éxito») fue diferenciar ciencia de tecnología, y de la misma manera a la psicología como ciencia y como profesión, sólo en base a la noción de «problema». De ahí que se concluya diciendo: «Plantee su objetivo de investigación, y se verá si el suyo es un problema científico o técnico» (FIN).

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*Docente UNMSM. E-mail: d280060@unmsm.edu.pe

 

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