Revista de Psicología - Vol. III Nº 3 Julio 1998

 

FUNCIÓN DE LA AUTOESTIMA Y LOS VALORES EN LAS ORGANIZACIONES

Alejandro Loli*, Ernestina López**

 

La autoestima y los valores tienen una función trascendental en la constitución, mantenimiento y desarrollo de las organizaciones. Dichos factores son analizados dentro del marco de las necesidades humanas y, a partir del papel que les corresponde sobre las actitudes y comportamiento de los individuos como tales, se observa su influencia estimulativa, promotora, reguladora de la conducta de los demás, para luego irradiar su fuerza, primero, en la formación de la cultura organizacional, más tarde, la productividad de sus miembros y, finalmente, la satisfacción de sus clientes, que son "hoy" más que "ayer", la razón de su existencia como organización.

Palabra clave: Necesidades humanas, autoestima, valores, individuo, grupo, organización, cliente.


Psicología (Perú) 1998; III, (3): 91 - 8

 Las necesidades humanas actúan como fuerza que motivan al ser humano a la acción. Efectivamente, Maslow nos habla de carencias, a las que llama necesidades fisiológicas o necesidades primarias y de desarrollo, a las que llama necesidades psicosociales o secundarias, distribuidos jerárquicamente en una escala de cinco grupos de necesidades (fisiológicas, seguridad, pertenencia, reconocimiento, autorrealización). Según él, toda persona es motivada primero por las necesidades fisiológicas y no será posible escalar a los niveles superiores de la jerarquía si antes no han sido satisfechas las necesidades inmediatas inferiores, excepto la autorrealización que se mantiene latente en todo momento.

Tomando en cuenta que no existe conducta humana sin causas que la motiven (Loli, 1992), todas las necesidades son evaluadas por la persona de acuerdo a los grados de autoestima alcanzados y los valores aprehendidos que reprimirán o le darán fuerza a la acción. Así, la autoestima y los valores aparecen como instancias de regulación de las actitudes y el comportamiento de los individuales respecto a las necesidades que motivan la conducta.

LA FUNCIÓN CONSIGO MISMO

Sin duda que la función más relevante de la autoestima y los valores es consigo mismo. Una persona bajo carencia de necesidades fisiológicas y de todas aquellas necesidades que dependen del mundo externo (seguridad, pertenencia, reconocimiento), tiene serias dificultades para adaptarse al medio. Sus temores a no conseguir trabajo, a no ser aprobada, ni aceptada por la sociedad, a no ser amada por los demás, etc., desembocan en frustración y por tanto en hostilidad y agresividad. Situación totalmente distinta se aprecia en casos de personas que se autorrealizan, ellas son más autónomas, independientes del mundo externo; su confianza en sí misma le permite tener el mundo bajo su control, porque todo está dentro de sí, está en sus manos la conducción de su vida.

Su inteligencia, su creatividad y todas sus facultades son potencialidades que se desarrollan y crecen. Los proyectos de vida, los objetivos y las metas que los jóvenes, y toda persona, se traza son motivaciones a largo plazo y pertenece a aquellas con ambiciones de ser al siguiente día una persona mejor que el día anterior.

En este ejercicio inalcanzable de la autorrealización se descubren talentos y habilidades insospechados, permitiendo el crecimiento de la autoestima que impulsará a cambios positivos. La imagen que tenga de sí mismo, el autorrespeto son precisamente una forma de entender las propias necesidades y valores. Sólo así, será posible dominar y manejar los sentimientos humanos, sin causarse daño físico ni moral y, por el contrario, sentirse orgulloso de sí mismo. Elkins (en Rodríguez, s/f) decía: "La autoestima es un silencioso respeto por uno mismo".

Desde luego la función básica de la autoestima es conocerce permanentemente a sí misma, tener un concepto claro de sí mismo, ser capaz de autovalorarse y de construir su propia escala de valores -saber distinguir las cosas buenas de las que no lo son, es una manera de construir esa escala aceptarse tal como es y brindarse el respeto que se merece como ser humano. 

LA FUNCIÓN CON LOS DEMAS

La autoestima y los valores son indudablemente las bases de una buena relación interpersonal. Reconocer los propios derechos y obligaciones es respetarse así mismo y una buena manera de identificar las necesidades d, los demás para vivir en armonía dentro de una sociedad. M. Rodríguez cuando habla de la autoestima logra proyectarse hacia los demás de la siguiente manera:

"... Sólo en la medida de este autorrespeto se atenderán las necesida des y valores de los demás; no se hará daño, no se juzgará ni culpará. S( valorará gracias a las propias necesidades y valores, se entenderá que as como uno tiene los suyos y los necesita, así el otro tiene los suyos y lo! necesita".

Una forma de contribuir al desarrollo de los demás es descubriendo las virtudes de creatividad de una persona. Por definición, una persona con creatividad tiene alta motivación de logro, elevada autoestima y valores sólidos; sólo así es capaz de producir algo nuevo, hallar alternativas de solución a los problemas; tener buen ajuste frente a los cambios. Sin embargo, no basta ser creativo para proyectarse a los demás, es necesario que estas bondades sean útiles a otras personas, esto permitirá que la autoestima se acreciente.

Otra forma de acercarse a los demás es practicando la cooperación, la solidaridad y la reciprocidad, compartiendo el amor a sí mismo con el otro, expresando en todo acto sus sentimientos y sus emociones, comprometiéndose en una misión de largo alcance, añadiendo de sí cosas que se prolongarán más allá de su existencia a través del tiempo. Ejemplos de este comportamiento son los actos realizados por los héroes que entregaron su vida a una causa o por hombres de bien como la Madre Teresa, Gandy, entre otros, que legaron a la humanidad su bondad, su fortaleza sin límites. Compartir es pues vivir un poco más en la mente de quienes tienen la oportunidad de conocer sus virtudes a través del tiempo y el espacio.

Una forma en que la Madre Teresa (en S. Anzola, 1996), se proyecta a los demás es definiendo y viviendo la vida con la profundidad que lo hace:

"La vida es una oportunidad, aprovéchala.

La vida es una belleza, admírala

La vida es un sueño, realízalo.

La vida es un reto, afróntalo.

La vida es un deber, cúmplelo

La vida es un juego, disfrútalo.

La vida es preciosa, cuídala.

La vida es riqueza, consérvala.

La vida es amor, gózala.

La vida es un misterio, descúbrelo.

La vida es una promesa, págala.

La vida es tristeza, supérala.

La vida es un combate, acéptalo.

La vida es una tragedia, domínala.

La vida es una aventura, empréndala.

La vida es felicidad, merécela.

La vida es vida, defiéndela".

 

En nuestros países latinoamericanos existen muchos ejemplos anónimos de amor y de sacrificio. El obrero, el campesino que trabaja de sol a sol para dar educación a sus hijos, la madre que tiene como meta dar un poco de felicidad y bienestar a sus seres queridos en las peores condiciones de pobreza y desamparo. Estas personas no tendrán más hijos campesinos u obreros en esas condiciones. Esta obra es su transcendencia, es un prolongación perdurable, es su contribución al desarrollo de su sociedad, es la razón de su existencia. 

LA FUNCIÓN DE LA A UTOESTIMA Y LOS VALORES EN LA EMPRESA

Como era de esperarse, la autoestima y los valores juegan un papel transcendental en el desarrollo de la empresa. Así como surge la autoestima y también los valores durante el desarrollo de la persona para infundir fuerza, energía, lucidez, creatividad a fin de acrecentar sus potencialidades y lograr realizaciones que transciendan su propia existencia; igual la empresa, a través de sus miembros, toma conocimiento de sus aciertos y errores, construye una imagen, asume una posición crítica de cuando en cuando, se gana el respeto y el amor de los suyos y de la sociedad a quien sirve y es capaz de alcanzar éxitos en beneficio mutuo (trabajador-empresa-cliente). 

TRABAJADOR-EMPRESA

El trabajo es una forma de convivencia entre seres humanos, que se reúnen con la conducción de un líder para realizar actividades de producción de bienes o servicios que sirven para satisfacer las necesidades humanas. Esa convivencia entre individuos acarrea una serie de problemas por el mismo hecho de permanecer juntos en la empresa. Por eso es indispensable manejar con cuidado las variaciones que ocurren en concordancia con las características del puesto, la actuación del supervisor, la ubicación geográfica del mismo y otras condiciones de trabajo en la medida en que éstos condicionan el comportamiento de los individuos. Por ejemplo, un subalterno recibe instrucciones diarias de sus supervisores. El comportamiento del supervisor y las actitudes que transmite en el ejercicio de su función influirán de manera decisiva en la respuesta que el subalterno dé; generalmente, la respuesta se refleja positiva o negativamente en la tarea que ejecuta. Un trato respetuoso, amable, que tome en cuenta los valores y sentimientos humanos de ése trabajador particular, con seguridad tendrá una respuesta positiva; todo lo contrario ocurrirá cuando el supervisor, haciendo gala de su autoridad maltrata, humilla, desconoce sus necesidades, sus expectativas y reduce a "piltrafa" humana la estima personal construida quién sabe con tanto esfuerzo por el subalterno.

Los supervisores, jefes o directivos no deben olvidar que están tratando con personas maduras que tienen sentimientos, inteligencia y un cerebro que piensa, y cediendo un alto porcentaje de su tiempo de existencia en su centro de trabajo. Un lugar donde el trabajador puede dar todo de sí y crecer junto con la empresa o llevarla a la ruina. Es decir, retroalimentar la autoestima del subalterno para que exprese a plenitud todo su ser en el que hacer cotidiano, es algo que los supervisores deben cuidar y proteger.

Cuando un miembro de la empresa forma parte de un grupo de trabajo, el proceso antes señalado funciona de igual forma. Sus aportes, su participación, su identificación dependerá mucho de las acciones estimulantes de la empresa. El centro de trabajo para los individuos es el lugar donde pueden hacer todo, y satisfacer plenamente sus necesidades de autorrealización (verdad, justicia, belleza, bondad, amor, etc.). No se debe desperdiciar la oportunidad que el trabajador tiene para realizarse y que buscó durante toda su existencia.

Todos los miembros de la organización, desde el lugar del cual les corresponde ejercer una función, imprimen su sello personal al producto o servicio. Sus habilidades, creencias, intereses y motivaciones, y otras potencialidades son plasmadas sin mezquindad en la manera de hacer las cosas. De allí que el servicio que brinda o el bien que fabrica es también una prolongación de su ser total. Sus efectos y desafectos, sus satisfacciones e insatisfacciones, sus alegrías y tristezas, su tranquilidad y su molestia, su bienestar y su malestar, su preocupación y despreocupación, su amor y odio estarán reflejadas en el producto que realiza.

Por consiguiente, si bien la autoestima y los valores de una empresa son producto del aporte de sus miembros, y la capacidad de influencia que cada quien ejerce en la organización para luego transformarse en parte de su cultura organizacional; pues, el mantenimiento de esa cultura o la mejoría de la misma dependerá de la retroalimentación que la empresa desarrolle y promueva en cada uno de sus miembros.

Figura 1. La cultura empresarial dentro de una sociedad, donde la empresa conformada por un grupo humano procedente de esa sociedad, reproduce una personalidad frente al cliente.

 

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Figura 1. La cultura empresarial dentro de una sociedad, donde la empresa conformada por un grupo humano procedente de esa socidad, reproduce una personalidad frente al cliente.

 EMPRESA-CLIENTE

Con alguna razón se dice que una empresa es lo que sus trabajadores y éstos lo que sus directivos son. Pero el mantenimiento o mejoría implica algo más, es producto de la interacción empresa-cl¡ente, donde los valores, sobre todo la autoestima, se irá logrando a base de ganar confianza y respeto de la sociedad. Es decir, en un proceso de "torna y daca", la sociedad le otorgará concesiones en la medida en que la empresa responda a las necesidades y expectativas del cliente. En otros términos, la función inmediata de la autoestima y los valores es la de transferir hacia el cliente aquel sello personal que el trabajador puso al realizar sus actividades. En dicho producto o servicio está reflejada la autoestima y los valores del trabajador y de la empresa.

En segunda instancia, la función de la autoestima y los valores en la empresa, está condicionada a un proceso de retroalimentación persistente de motivos y valores empresariales a sus miembros; es decir, estar en disposición de recepcionar ese esfuerzo de motivos y valores de la empresa o el cliente, especialmente de sus cuadros de mando para que éstos cumplan con su rol de regular conductas, renovar o infundir energía a fin de que las potencialidades de sus trabajadores y, por ende de la empresa, se activen en su máxima expresión, y creativamente, puedan innovar y crecer juntos en beneficio de sus clientes o consumidores.

La retroalimentación se da en la forma de discursos o declaraciones de los directivos sobre la historia, las tradiciones, la filosofía lograda a través del tiempo -en revistas, folletos, boletines, discursos verbales para evitar errores o actuaciones incoherentes de los nuevos miembros y reforzar la información de los existentes. La información que se trasmite deberá ser lo mas sencilla y clara posible.

Otra forma de reforzamiento son las decisiones o hechos (ceremonias de reconocimiento, designaciones públicas de miembros destacados, presentación de los mejores productos, etc.), donde los valores aparecen implícitamente. Pero, también es posible reforzar en la práctica diaria a través de las normas o sistemas de control (valoración de los recursos humanos, estimación de los resultados, aplicación del reglamento interno de trabajo, etc.) y a través de modelos de gestión (políticas para la selección de personal, contratación, capacitación; política de ventas, programas de calidad, etc.). La actitud que asume la empresa frente al mundo externo (competencia del mercado, legislación gubernamental, clientes, etc.) como parte habitual de su gestión, es también una buena oportunidad para reforzar los valores que le permitan a la empresa actuar asertivamente.

El reforzamiento de la autoestima y los valores que brinda el cliente es tal vez el más transcendente pero el más olvidado, hasta algunos años atrás. El incremento sistemático de clientes, la constancia y lealtad de los mismos conduce a que la organización en su conjunto refuerce sus valores y autoestima y renueve su actuación innovadora a su máxima expresión en favor de sus clientes. Una empresa que se estima a sí misma, que tiene valores positivos se proyecta a sus clientes y se retroalimenta en ellos. Este proceso de comportamiento circular tiene que empezar en algún segmento del sistema, y todo parecer indicar que en un mundo globalizado de la economía y de la cultura es la empresa quien tiene que dar el primer paso si su visión es la competitividad en el mercado y no la quiebra.

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*Doctor en Psicología, Mg. En Ciencias de la Cooperación, Docente Principal de la UNMSM.
** Doctora en Psicología, Docente Principal de la UNMSM.

 

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