Revista de Psicología - Vol. III Nº 3 Julio 1998

 

EDITORIAL

 

Ésta viene a ser la tercera entrega que la producción intelectual y académica de nuestra Facultad ofrece a la comunidad universitaria, nacional e internacional, desde julio de 1997. Es, en tal sentido, un testimonio fiel de lo afirmado en el primer número: que en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos jamás declinó la tradición científica y literaria, la vocación humanística e intelectual, la promoción de la investigación y el respeto a la libertad de pensamiento que desde antiguo la caracterizaron.

Somos conscientes depositarios de la tradición recibida y también somos conscientes del impulso y vigor que debe dársele, ahora que el siglo XX está próximo a su finalización.

A estas alturas es necesario evaluar el estado de la psicología desde el punto de vista académico como desde el punto de vista de la profesión, en los momentos que la expansión que ella muestra es notoria.

Podemos ver por ejemplo los aspectos propiamente científicos de la psicología, como los enfoques han sustituido a las antiguas «escuelas». Es decir, en vez de estas últimas, tenemos enfoques como el conductista, el cognitivista y el psicobiológico como modelos o paradigmas de investigación teórica, experimental y tecnológica en la psicología contemporánea.

Los problemas teóricos de la investigación psicológica de fines de siglo son agrupables en los siguientes: la relación entre neurociencias y comportamiento, motivación, comportamiento social, cielos de vida, historia de la psicología y psicología transcultural. Actualmente, la investigación cubre una diversa gama metodológica que, además del método experimental, incluye una tendencia u orientación a la metódica cualitativa, dirigida ésta a obtener información in situ, es decir, un conocimiento de los fenómenos psicosociales en las condiciones concretas en que ellos ocurren.

Lo que hay que resaltar en todo esto es que la psicometría, materia y dedicación predominantes en la labor psicológica desde la década de los 50 hasta la de los 70, se limita exclusivamente ahora a fines diagnósticos. Esto no debiera interpretarse más que en el sentido del «abanico» de posibilidades metodológicas que el psicólogo contemporáneo tiene a su disposición. Dicho en pocas palabras, no soslayamos que la psicometría se ha beneficiado con el aporte del análisis factorial confirmatorio a la teoría de la prueba.

A su turno, las áreas técnicas están representadas en la psicología de la salud (que integra a la psicología clínica, comunitaria, social, cognitivo conductual, psicofisiología, etc.), psicología educacional, psicología de familia, psicología organizacional, psicología geriátrica, psicología jurídica, psicología ambiental y psicología del deporte.

Pero además los psicólogos no somos ajenos a las exigencias de revisar las implicaciones de nuestra ciencia y profesión. Esto nos lo sugieren ciertas apreciaciones de especialistas aparentemente distantes a la piscología como los historiadores y los economistas.

La autoestima es tino de los problemas implicados en la percepción interpersonal de los latinoamericanos. Sea o no exactamente así, aquélla es una consideración atendible por parte de quienes «hacernos» psicología dado que la autoestima, como autoconcepto de efecto motivacional, viene siendo evaluada, explorada y «explotada» por los psicólogos educacionales, organizacionales y de la salud a fin de determinar su repercusión en la optimización del aprendizaje escolar, en el rendimiento y satisfacción en el empleo y en el desarrollo de las potencialidades personales que permitan prevenir las incidencias en trastornos psicosociales.

En 1981, Manuel Moreyra Loredo, entrevistado por Debate, afirmaba que uno de los principales problemas de la «ciencia económica» es que se ha apoyado y confiado excesivamente en la ayuda de la matemática y muy poco en la de la psicología.

Resultaría conveniente añadir el siguiente comentario que se hace en el ámbito de los economistas. Se dice que la crisis asiática tendría sus raíces en el hecho de que los japoneses, al recibir un incremento en sus haberes, no lo han invertido o reinvertido para reciclar la economía, sino que lo han ahorrado de acuerdo a su costumbre e idiosincracia.

Ante esto, es presumible que los psicólogos estemos en una situación especial. Es decir, la psicología ya estaría en condiciones de afrontar teóricamente las demandas implícitas en planteos como los aludidos en el párrafo anterior. Esto estaría representado con dos nuevos ámbitos cuya potencia descriptiva y explicativa podría prefigurarse al comenzar el XXI: la psicología del comportamiento económico y la psicología de la decisión política.

No debemos terminar esta presentación sin expresar nuestro sincero agradecimiento al Dr. Charles Spielberger por el gentil envío de su publicación y por los generosos términos expresados en la comunicación con la que respondió a la invitación que le cursamos.

 

Mario Bulnes Bedón

Director