Revista de Psicología - Vol. II Nº 1 Enero 1998

 

LOS ROSTROS ESCONDIDOS Y LA ACCIÓN SOCIAL FRENTE A LA MARGINALIDAD: VIOLENCIA JUVENIL A FINES DE LOS 90.

Carlos Arenas Iparraguirre *

 

Las pandillas escolares y barriales, las barras bravas son examinadas desde distintos ángulos: desde los personales hasta los psicosociales. Revisando estudios e investigaciones actuales se establece una especie de pertenencia que vincula la rebeldía, la violencia y la «anomia» en dichos sectores. Se sustenta la necesidad de formular estudios epidemiológicos que prioricen indicadores cualitativos para a partir de ellos desarrollar microproyectos de intervención- participación con los propios sectores involucrados.

Palabras Clave: Violencia juvenil, marginalidad, juventud, investigación social.

 

1. jóvenes, pobreza y violencia

Violencia y pobreza era una relación biunívoca al analizarse la realidad juvenil en las zonas urbano-populares hasta hace poco tiempo, sin embargo este silogismo simplista va siendo despejado al ampliarse la presencia de nuevos rostros y tramas de violencia, en escenarios cada vez más amplios y con nuevos actores con nuevas demandas, especialmente entre la población juvenil.

La investigación social en relación a esta temática es precaria, exploratoria y poco precisa. Hay estudios desde una perspectiva filosófica con mucho énfasis valorativo, otros desde una perspectiva general, con énfasis en la explicación política e intentos desde algunas de las distintas ciencias sociales y educativas, especialmente la problemática de los niños de la calle. El fenómeno de la violencia juvenil y las llamadas pandillas ha sido materia de poco análisis a profundidad y desde una perspectiva inter-disciplinaria. Existe una diversidad de programas de promoción juvenil, a pesar de su aporte y asunción en la búsqueda de alternativas a la problemática juvenil, construyendo a través de la acción concepciones y metodologías de promoción, todavía tienen un carácter parcial.

Por su lado, el gobierno en 1992 nombró una Comisión Técnica encargada de formular un Plan Nacional de Promoción de la Juventud, que recién en 1997 parece que presentará el respectivo Plan de la Juventud, existe también una nueva Comisión Parlamentaria para estudiar las causas y efectos de la violencia en el Perú, reciéntemente constituida.

Para entender el fenómeno de la violencia juvenil debemos de ubicarla en el marco social y nacional en el que se desarrolla, para reconocer las dinámicas que la generan, la mantienen, reproducen o permiten que se modifique. Es necesario contar con enfoques integrales que permitan visualizar la compleja multicausalidad y las magnitudes del fenómeno. De principal valor es asumir la percepción, explicaciones y tipo de lectura de estos procesos, desde el punto de vista de los propios adolescentes y jóvenes y no sólo desde la del adulto y/o perspectiva oficial. Estos afrontes deben superar planteamientos basados en el desconcierto y la desesperación, o en una perspectiva paternalista-represiva, sin llegar a generalizar las acciones de minorías «anómicas».

Las causas de este alarmante fenómeno social son diversas y complejas. Es necesario explicarlas reconociendo que la generación adolescente-juvenil despierta a la vida social en una ciudad caóticamente masificada, cuyos principales efectos son exclusiones y marginaciones, marcada por tiempos de cólera y resentimientos urbanos.

El crecimiento de la inseguridad ciudadana y de la criminalidad violenta, a la cual se suma la corrupción en los distintos niveles de la escena oficial e institucional, llevan a un relajamiento y trastocamiento de valores sociales, agudizada por la distorsión de la mayoría de medios masivos de comunicación, salvo excepciones.

Desde 1975 a 1993 el producto total del Perú ha aumentado en menos de 10% y la población ha crecido en más de 50%: el ingreso per capita ha ido bajando y ahora en 1997, con un 30% menos, hemos retrocedido a los niveles de hace más de treinta años (Anderson, 1993), se estima que alrededor del 70% de la población sufre algún nivel de pobreza en el país. 0 como sustenta Lidia Elias (1993), que si bien es cierto que la pobreza no es un fenómeno reciente en el Perú, las causas de su origen, persistencia y profundización refieren factores estructurales, también lo es que en la última década las sucesivas crisis económicas y los ajustes aplicados para enfrentarlas exacerbaron el problema. Los diversos diagnósticos manifiestan que en el último lustro la pobreza se masificó y el nivel de vida de la sociedad en general sufrió un deterioro que no será fácil superar en el mediano plazo.

Como sustenta la Organización Mundial de la Salud (1994), la violencia afecta a toda la población de la Región de las Américas; sin embargo, en condiciones de pobreza y desventaja social, algunos sectores sociales resultan especialmente amenazados. Los hombres jóvenes, las mujeres y los niños se ven afectados primordialmente por enfrentamientos armados, desajustes sociales y laborales y situaciones de pobreza e inequidad. Ellas son las principales victimas y agentes de la violencia.

 

2. La urbe y sus promesas

En la ciudad las «posibilidades» de tener un ingreso son más amplias que en el campo, pero las necesidades, los estilos y la calidad de vida son diferentes y aumentan también. De los trece millones de peruanos en situación de pobreza que hay en este momento, más de la mitad se concentran en el área urbana. Según el índice de pobreza absoluta (propuesta por A. Sen y asumida por el Instituto Cuanto), se constató que la magnitud del problema se amplió entre 1985-1986 y junio de 1990.

En particular la juventud de las zonas urbano-marginales (al igual que las mujeres y los niños, grupos identificados con mayor riesgo) son los sectores más vulnerables y perjudicados en su propio desarrollo, afectados por la desigual distribución del ingreso y por la ausencia de empleo generador de fuentes de ingreso. si bien es cierto que de alguna manera intervienen estas variables en la dinámica facilitadora de la violencia hay que retrotraerse hacia ámbitos más íntimos, vinculantes y socializadores, es el caso de la familia.

 

3. Responsabilidad de la familia en el «desanclaje» juvenil

Los jóvenes pertenecientes a familias pobres son socializados y casi determinados por aquellas, sugiere J. Reyes (1994) una serie de características para este tipo de familias:

1) Al tener un mayor tamaño que aquellas no pobres, son más propensas a caer en situaciones de pobreza durante períodos de recesión prolongada, como el período 1988-1990.

2) Otra característica es que se observa un menor número de miembros ocupados en estas familias que en el resto, lo que genera una tasa más alta de dependencia (personas que no trabajan y/o no reciben ingresos), así entre el 40% y 50% de las familias pobres tienen dos o más dependientes por cada perceptor de ingreso, esto significa que a mayor tasa de dependencia habrá una mayor incidencia e intensidad de la pobreza. Pero no hay más asalariados, en promedio, en las familias no pobres, sino que, además existen diferencias entre los asalariados de las familias pobres y no pobres, relacionadas con la calidad, el tipo y la estabilidad del empleo.Esto se explica por 3) un factor de carácter demográfico, ya que la estructura de edades de los pobres muestra una menor proporción de población en edad de trabajar (personas de 14 y más años); y el rasgo 4) que contribuye a explicar la menor tasa de actividad de los pobres es el relacionado con el desaliento al cual está vinculado su menor nivel de instrucción y su escasas o nulas redes sociales (que incluye la información), lo que les resta competitividad en el mercado laboral y reduce sus expectativas de empleo e ingresos.

 

4. Economía, mercado laboral y oportunidades o pérdidas» para la nueva generación

Se suma a esta menor participación de los pobres en el mercado del trabajo, la menor experiencia laboral dado que la mayor parte de la PEA es joven; la estructura de edades de los pobres, con una mayor proporción de jóvenes y niños, indica también que estas familias se encuentran en las etapas iniciales del ciclo de vida, en las cuales los hijos son pequeños y requieren de mayor cuidado, lo que va a provocar menor participación -ya sea trabajando o buscando trabajo- de las mujeres pobres en el mercado laboral en comparación con las no pobres.

La violencia política presente desde la década de los 80s, se despliega ahora con más fuerza, con nuevos contenidos y modalidades, cuyas causas se explican multidimensionalmente.

Sin embargo y quizá debido a ello, a pesar del deterioro de los niveles de vida y de la capacidad de ahorro de las familias durante la década de los ochenta, han autogenerado una serie de «estrategias» dirigidas a enfrentar las carencias provocadas por la crisis económica, experiencia por la que principalmente han transitado los mujeres urbano-populares, dentro de ellas las propias jóvenes.

Juventud y empleo. El acceso al mercado de trabajo en el Perú, particularmente para la juventud, constituye un problema crítico. El desfase entre crecimiento poblacional (2,4% anual con una proporción significativa del grupo de edad que se encuentra entre los 15 y 24 años del 20% dentro del conjunto) y retroceso económico tiene sus efectos más visibles en la extensión y profundización de la pobreza en sus diversos grados, lo que presiona a las familias de más bajos ingresos a una incorporación temprana y amplia de sus miembros a actividades económicas de diverso orden.

Los jóvenes son el grupo de edad más afectado por el desempleo, subempleo y los bajos ingresos, a pesar de tener mejores promedios educativos que los otros grupos, dos ejemplos lo evidencian: la terciarización de la fuerza laboral juvenil, con un sesgo de género, pues las mujeres son las que predominan en este sector, o las reducidas oportunidades de empleo para los jóvenes los presionan a ocupaciones precarias, en condiciones de sobre-explotación, lo que genera y refuerza una mentalidad generalizada de subvaloración del joven trabajador.

Habiendo analizado las características de la pobreza y la respuesta dada por los propios actores es menester enfocar también cómo la política económica está produciendo, por un lado, una suerte de «nivelación hacia abajo» entre grupos de la población anteriormente «privilegiados», es decir las capas medias, las cuales pueden ahora equipararse con los ingresos de los obreros y de muchos trabajadores informales, por otro lado, el ímpetu privatizador de los servicios sociales -la educación, los servicios comunales y hasta la salud- lo que inevitablemente acarrea una mayor desigualdad, marginación y ausencia de fomento de las oportunidades para todos los ciudadanos, cuyas repercusiones las podemos observar particularmente entre los sectores juveniles, principalmente de las zonas urbanopopulares, ello expresado en una punta de iceberg: la violencia y delincuencial (expresada en las pandillas juveniles, que anteriormente existieron sólo entre los escolares de las Grandes Unidades Escolares, y las «barras bravas»).

 

5. La escuela y su rol formador de paradigmas

Tal como lo hemos evidenciado, existen explicaciones acerca del surgimiento del fenómeno de la violencia social en jóvenes peruanos a partir de la pobreza y sus repercusiones en todas las dimensiones del tejido social en el que viven aquellos, la imagen paterna relacionada con el maltrato y la disfunsionalidad familiar, los modelos asumidos en las escuelas saturadas de carencias y masificadas, que incluyen tanto el reforzamiento de dichas conductas anómicas como su potenciación; la sexualidad precoz proceso de una sociedad de rápida transformación y modernización sin el fomento de bases e identidades que van dejando un vacío llenado por modelos y paradigmas externos, principalmente difundidos a través de los medios masivos de comunicación; la extensión de todo tipo de drogas asociado a una carencia de valores que la contrarresten, etc.

 

Juventud y educación. La disminución del analfabetismo y la extensión de la educación, principalmente a los jóvenes y niños, el progreso de la escolaridad, la expansión de la educación universitaria, son logros de los últimos cuarenta años hoy en situación de estancamiento e inclusive retroceso. En el plano de la educación ésta no está articulada dentro de un proyecto educativo nacional y menos a uno nacional de desarrollo que esté claramente orientado a la formación de recursos humanos calificados para incorporarse a las tareas de desarrollo económico, social y político. Del mismo, modo, la escuela no ha sido permeable a la innovación educativa y pedagógica como medio para revertir esquemas basados en el intelectualismo y el autoritarismo.

En años recientes el nivel de violencia en nuestras sociedades y el nivel de violencia proyectado en la televisión, películas y videos han escalado picos más altos, la mayoría de estudios e investigaciones han hallado una relación entre la visión de la violencia en los medios masivos de comunicación y los comportamientos agresivos, el ver la violencia desensibiliza a los observadores de la violencia. Es papel de la psicología advertir de estos efectos a los agentes productores y realizadores de esta industria y principalmente de los agencias publicitarias.

 

Juventud y salud. El tercio de la población peruana, que la constituye la juventud, se encuentra en una situación de riesgo de salud evidente o potencial, problema agravado por la falta de conciencia de los propios jóvenes sobre el autocuidado de su salud y su psico-higiene, reforzada por las condiciones inadecuadas de trabajo, por la violencia social, que repercuten en la salud mental de los jóvenes. La atención, educación, y participación de la juventud en la acción preventiva y promocional de la salud es muy débil.

El desarrollo de la salud resulta de conjugar procesos de protección y promoción de la salud, prevención de la enfermedad, atención y rehabilitación. Estos procesos deben balancearse para avanzar hacia el desarrollo de la salud, haciendo énfasis en la construcción de opciones de vida saludable y mejoramiento de la calidad de la vida.

 

6. La violencia juvenil producto o causa del conflicto social y político

La violencia juvenil se presenta dentro de otra serie de violencias, secuelas de la violencia política de los ochenta, pero también de aquella arraigada en la historia de procesos y organizaciones la que atravieza al propio Estado y sus instituciones básicas de socialización.

Uno de los mecanismos básicos generadores de la violencia se ubica en las limitaciones que desde siempre, y desde distintas esferas y sectores, se crearon, nos referimos a la marginación utilizada como un elemento de dominación sobre la sociedad civil, para impedir su organización, limitar la constitución de la identidad cultural valorativa e histórica del indio, a la mujer que a base de su lucha y resistencia está conquistando una relación de igualdad. Para ello existe el racismo, como mecanismo del cual se vale la dominación para marginar, así, el machismo es otro mecanismo de la dominación que comienza desde abajo hacia arriba y atravieza toda nuestra sociedad. Esto es parte de la violencia, hay violencia porque la pobreza proviene de la diferencia social de la dominación, de la injusticia, etc. Cuando la pobreza se asocia a estos mecanismos de marginación, racismo y machismo, entonces se encuentran las condiciones causales de la violencia. Las profundas raíces se ubican en la desigualdad y la injusticia.

 

Juventud y participación ciudadana. Este estrato de población es el más alejado de la participación política y ciudadana. El desinterés «natural» de dicha edad se suma y agrava con la crisis de representación y legitimidad de instituciones políticas y el propio estado; del mismo la ausencia de mecanismos, canales, vías y formas de participación en la vida social y política, generando amplias y extendidas marginaciones. El descontento, frustración y muchas veces resentimiento social de los jóvenes se combina con la falta de canales en donde expresen sus demandas, negocien sus intereses, y encauzen su espíritu participativo, solidario y constructivo. Esta fatídica combinación configura un escenario social y político altamente corrosivo y por momentos explosivo.

La participación social y el compromiso político que garantize su incorporación debe ser un tema importante en las políticas de desarrollo nacional, aunado a la equidad, en la perspectiva de disminuir la vulnerabilidad de ciertos sectores frente a hechos de violencia, y a una cultura ciudadana, en la perspectiva de fortalecer estilos de vida, valores, actitudes y formas de convivencia que privilegien el respeto, la tolerancia y el diálogo como componentes de la resolución de conflictos.

Es la influencia de estos factores sociales, unidos a la falta de empleo, la preparación escolar y académica, el deterioro de las normas y valores tradicionales lo que contribuye también al problema de la violencia juvenil.

Uno de los escenarios y actores de la violencia la encontramos, en los últimos tiempos, en determinada juventud. Esta violencia juvenil se expresa y expresa a su vez aquella de los ámbitos públicos y privados, responde a intereses personales o grupales, es organizada o espontánea, propia de la psicología de masas. Se encuentran actores que impone su voluntad violenta para hacer notoria sus diferencias, y víctimas de aquella que reciben la violencia sin contar con protección alguna, sea psíquica como social.

Los agresores y sus víctimas, típicos de ciertos sectores del tejido social con intereses particulares, pueden ser identificados así como sus radios de acción local, barrial o privado como el propio hogar.

 

7. Motivaciones hacia un «mundo mejor» o la atracción por la intolerancia

La violencia es as¡ una respuesta, reacción que se puede ubicar en diversos escenarios, el de la juventud se ubica principalmente en el urbano, la violencia del narcotráfico y la violencia del terrorismo. Simultáneamente, encontramos diversas respuestas que se están procesando para confrontar la violencia.

Del mismo modo es factible identificar las formas como se manifiesta el conflicto y la violencia, en hechos tales como la agresión física así como la psicológica. La violencia de tales actores inmersos en la estructura social al actuar en escenarios diversos, con motivaciones e intereses diferentes los hace poco visibles y localizables, y cuyos indicadores cuantitativos son evidentes pero aún faltan perfilarse aquellos cualitativos.

La violencia juvenil ha generado un clima psicosocial de núcleo, inseguridad y desconfianza en los planos de las actitudes, comportamientos y discursos, tanto de la población directamente afectada como la correspondiente al resto del tejido social, lo que se expresa en la tendencia generalizada a la suspicacia y el temor en la convivencia diaria, expresada como inseguridad ciudadana.

La cultura de la intolerancia, entonces, sienta sus reales facilitando la reproducción de prejuicios y estereotipos bajo formas abiertas o sutiles de discriminación. Asociado íntimamente a aquella se presenta el autoritarismo y el dogmatismo.

La percepción de la violencia juvenil es demostrativa de una visión estereotipada, visión que ve a la violencia como inexplicable, desadaptada, dañina, autodestructiva, desde una perspectiva ambigua que la considera como un fenómeno aislado, o desde una perspectiva que la asume como estimulación y diversionista. La atribución social de esta última perspectiva es aquella que busca otros modelos de identificación fuera de la familia, especialmente de aquella que recurre a mecanismos de control autoritario. De tal modo que la membrecía a estos grupos permite satisfacer, a su modo, una serie de necesidades psicosociales tanto de reconocimiento social como de pertenencia y seguridad.

El enfatizar y definir los campos de conflicto involucrados en los escenarios de violencia y cómo se configura en el espacio urbano, desde una perspectiva de la epidemiología de la violencia, permitirá diseñar y proponer políticas y formas de intervención que promuevan la transición de la violencia grupal juvenil hacia formas de conflicto no violento, desarrollando acciones preventivas y promocionales, en todos los niveles de la acción juvenil, la que incluye el propio barrio, el cual se revela como escenario de formación ciudadana, y junto a la familia y escuela permiten la formación, de modo más directo, de actitudes, valoraciones, percepciones, opiniones y conocimientos.

Ello es factible proponerlo no sólo desde una perspectiva de una disciplina sino de manera interdisciplinar, desde una perspectiva multidimensional y multi-variada, asumiendo los diversos sentidos que para la propia juventud representa.

 

8. Respuestas e intentos por entender lo «inasible»

Han existido propuestas de acción para la superación y/o explicación de este fenómeno, entre ellos tenemos las realizadas por la fiscalía del niño y el adolescente, acumulándose básicamente datos de la incidencia de casos producidos por este tipo de violencia juvenil; en el plano político se planteó la polémica sobre el «toque de quedajuvenil»; proposición que se hace desde el sector educativo, en el sentido en que se asume que surgen del seno de los centros educativos los pandilleros, explicando el fenómeno por la falta de personal idóneo (psicólogos, asistentes sociales e instructores pre-militares) para combatir a los «jóvenes delincuentes infiltrados», y la ausencia de estrategias frente a los líderes de las pandillas al interior de los centros educativos.

La Comisión Especial del Senado sobre las causas de la violencia y alternativas para la pacificación (1989), proyectaba para la década del 90 más de un millón de jóvenes entre 15 a 24 años sin estudio ni trabajo, siendo la tasa de desempleo juvenil del 14%, cifra que habría que actualizar con nuevos datos. Por su lado el Instituto de Estudios Peruanos en una investigación sobre educación y empleo juvenil concluyó que: a) la educación no influye de manera decisiva en la determinación del empleo juvenil; b) prima la insatisfacción por el desfase entre educación y empleo, así como por los bajos ingresos que perciben; c) el empleo juvenil se ocupa en un 60% en ramas que no son productivas, además d) estos jóvenes se han socializado en medio de la violencia, conviviendo cotidianamente con la muerte, tanto en la realidad como en la ficción propalada por la televisión.

Otro afronte presente en nuestro medio para explicar tal fenómeno es el realizado desde la familia, al tipificarla como disfuncional y con serios déficits y deprivaciones, enfatizándose la de tipo cultural, lo que da por resultado defectos en la organización y en la dinámica familiar, expresado en una desorganización marital y progenitora, un modelo deficiente expresado en «¡dentidad genérica», fracaso de la nuclearidad, fronteras incompetentes, familias unifocales, cisma familiar sin separación, etc.

Frente a estas visiones se plantean estrategias de acción correspondientes: 1) las tradicionales se ubican en la lógica del control social, basado en referentes tradicionales de una disciplina basada en la coacción y en la exterioridad; y 2) una perspectiva alternativa, que parte de estrategias procesuales, en las que el protagonismo juvenil es uno de sus ejes, en las que se impulsan proyectos juveniles desde las bases, en una perspectiva cogestionaria, inyectando los valores de la propia cultura juvenil a proyectos, programas y servicios dirigidos a la satisfacción de sus necesidades y aspiraciones.

 

9. Soledad e individuación: a la búsqueda de la libertad e identidad juvenil

Todas estas condiciones y características van a expresarse en el plano psicológico, tanto afectivo, actitudinal, racionalizador y comportamental, siendo el elemento fusible el niño y joven que será socializado dentro de estos procesos.

La pandilla le ofrece al joven un espacio de seguridad, que no ha podido encontrar ni en la familia ni en la escuela. Es allí donde buscarán y encontrarán, frente a la soledad e individualismo generados en las sociedades modernas (E. Fromm, 1941-1985), los vínculos primarios pérdidos.

Cobra fuerza el análisis desarrollado por Fromm respecto a la individuación como «proceso que implica el crecimiento de la fuerza y de la integración de la personalidad individual, pero es al mismo tiempo un proceso en el cual se pierde la originaria identidad con los otros y por el que el niño se separa de los demás.

La creciente separación puede desembocar en un aislamiento que posea el carácter de completa desolación y origine angustia e inseguridad intensas, o bien puede dar lugar a una nueva especie de intimidad y solidaridad con los otros, en el caso de que el niño haya podido desarrollar aquella fuerza interior y aquella capacidad creadora ... » (E. Fromm,1985, p.53).

En términos psico-evolutivos, el adolescente y joven atraviezan por un período de transformaciones y de adaptaciones que supone la modificación sustancial en la relación del individuo con el medio social. Dentro de esta nueva forma de enfrentarse al medio aparecen típicamente ciertas conductas impulsivas y riesgosas, así como la búsqueda de experiencias nuevas, a veces en franco desafío a las normas familiares o sociales. En nuestra sociedad encontrar respuestas positivas y equilibradoras es muy difícil por las pocas oportunidades que la sociedad brinda, generándose muchas veces brechas entre las aspiraciones y los logros alcanzados por los jóvenes, lo cual genera todo tipo de insatisfacciones, particularmente para una franja minoritaria pero activa de esa juventud. Esta insatisfacción se convierte en un afronte insegura de la vida, mostrando en algunos casos timidez o depresión e inseguridad, en otros desarrollando conductas anómalas diferentes.

La conducta de los jóvenes se refuerza mutuamente desarrollando un repertorio generalizado de imitaciones, papel importante en la construcción de estos modelos son los propios jóvenes, los hermanos, padres y los mismos medios de comunicación, a través de la publicidad y propaganda ejercida.

La violencia juvenil en otras épocas se orientaba hacia símbolos de poder, en la actualidad los jóvenes organizados en pandillas se afirman negando a otros marginados, es por eso que al enfrentarse a otras pandillas prevalece la lógica de «ellos» o «nosotros», de manera excluyente dentro de la lógica darwinista social, en sociedades de bienestar limitado no hay espacio para todos. Sus valores e ideales no serán confrontados, como sucedio con generaciones anteriores de pasado reciente, con el mundo y cosmovisiones de los adultos. En su búsqueda de identidad se encontrarán con otros jóvenes en lo que se ha dado en llamar el mundo y la cultura «global», en la conquista de espacios sociales y temporales, como la noche para aquellos sectores provenientes de las clases medias y muchos de las clases populares.

En el Perú, a diferencia de otros países con presencia más antigua de pandillas juveniles, este fenómeno es más reciente, se expresa en la modalidad de pandillas escolares o de barrio (principalmente de barrios populares y colegios nacionales), y aquellas constituidas por las «barras bravas», similares a hordas medianamente estructuradas, o «tribus urbanas» según los españoles, algunas de las cuales tienen un carácter abiertamente delictivo.

La violencia ejercida por los jóvenes no es nueva en nuestro medio, en las últimas décadas hay una presencia activa de los jóvenes en los movimientos sociales, incluso en los movimientos subversivos, en todas ellas hay un elemento común que es la ideología como impulsor, distinto parece ser el caso de las pandillas juveniles, según el cual el historiador Nelsón Manrique afirma que éstas se hallan necesitadas de justificación, a la búsqueda de una ideología.

 

10. Demandas y motivaciones juveniles

Ser joven en los sectores populares significa madurar prematura y violentamente en la lucha por sobrevivir, implica también carencias y oportunidades limitadas en lo laboral, educación deficiente, olvido y marginación forzada, al que se suma para muchos jóvenes el «shock» cultural y generacional en una sociedad de acelerada globalización y carencia de anclajes para la identidad nacional, social, cultural y psicológica.

Los jóvenes junto al respeto de sus derechos políticos exigen mayores oportunidades educativas, inserción en el mercado laboral, atención a sus particulares demandas sociales, reconocimiento social, respeto a su diversidad cultural y a intervenir en los asuntos y decisiones públicas sin menoscabo de sus derechos por una restricción de edad, en suma tal como lo afirman L. Pineda y otros (1993), la promesa del ejercicio pleno de la ciudadanía.

Queremos por tanto, a partir de haber evidenciado una generalizada epidemiología de la violencia entre los jóvenes peruanos urbanos, y algunas de sus características y carencias, aproximamos a construir indicadores cuantitativos y cualitativos sobre este fenómeno para, a partir de ellos proponer estrategias de intervención que permitan coadyuvar a la solución de esta problemática, particularmente desde la perspectiva educativa.

Se puede adelantar que existen muchos programas de acción que intentan enfrentar la problemática, merecen resaltarse aquellas cuyo énfasis se sustenta en el carácter preventivo y promocional.

Sus objetivos finales son evitar la continuidad de este tipo de expresiones destructivas y auto-destructivas para la propia juventud. Para ello se han diseñado diversos programas tales como el desarrollo de habilidades para la vida que significa aprender a tomar decisiones apropiadas, entrenarse en la defensa de opiniones propias, aprender a rechazar las presiones sociales, aumentar la capacidad de liderazgo y potenciar la función del grupo como fuente de apoyo, red de soporte afectivo y punto de referencia, proporcionando ocupación creativa y útil para el tiempo libre, permitiendo la superación del «síndrome» de desesperanza aprendida, reforzando la auto-estima, autovaloración, autoconcepto, proporcionando, desde su cosmovisión (y no desde la proyección del imaginario social de las generaciones adultas) la recuperación de valores morales y sentido de la vida. En suma facilitar vías para la formación de valores positivos, estrategias y habilidades para afrontar los conflictos inherentes a la vida cotidiana de los adolescentes y jóvenes del Perú de hoy. Dar la posibilidad de tomar distintas perspectivas frente a la vida y sus retos.

Asumiendo la propuesta de R. Grompone (1990), la vigencia de una cultura democrática, pese a sus limitaciones permitiría, tanto en el plano personal como social de los jóvenes desarrollar convicciones y valores de modo directo y vivencial, entender que la vida en sociedad resulta un desafío en el que tiene que examinarse el conjunto de propuestas existentes que incluye el derecho de los jóvenes de elegir por sí mismos opciones, e ir descubriendo tanto lo que los acerca como lo que los diferencia de los demás. Aquello implica un desafío a varios niveles, uno de los cuales es la experimentación de la cultura de la democracia a nivel de los grupos, asociaciones, clubes, amigos de barrio, etc. Incluso aquellas instancias informales que reemplazan a la debilidad o lejanía de la sociedad civil y al nuevo rol que deberían asumir los medios de comunicación, la escuela y otros medios de socialización.

 

11. A modo de colofón

Enfrentar la violencia juvenil implica la voluntad de desarrollar un amplio, general y profundo programa nacional, en el que participen tanto las políticas estatales como los programas de las organizaciones de la sociedad civil, que se orienten por criterios tales como: a) se asuma la voluntad política de atender los problemas de los jóvenes, dentro de una lógica global, sostenida y de largo plazo, sin descuidar las especificidades locales, regionales, etc. b) que involucre a todos los organismos públicos competentes, a instituciones de la sociedad civil, así como a múltiples y vigorosas organizaciones juveniles, que tienen programas y acciones de largo aliento; c) aportar al enfrentamiento y solución de problemas, así como promover la iniciativa, participación y protagonismo juvenil en todos los niveles y ámbitos posibles (educación, cultura, recreación, empleo, salud, entre otros); y por último, d) desarrollar programas específicos por sectores: de educación ciudadana, extra-escolar, de formación de líderes juveniles en el sector de educación; en el sector trabajo, capacitación técnica, gestión empresarial, bolsas de trabajos zonales, generación de microempresas y empleo temporal ; de prevención primaria y secundaria del adolescente y el joven, con énfasis en la promoción de los factores protectores del desarrollo humano.

_______________________
*Doctorado en la U. de Bielefeld, Alemania; Profesor Auxiliar de la UNMSM

 

Ver Referencias