Revista de Psicología - Vol. I Nº 1 Julio 1997

 

VALIDEZ DE CONSTRUCTOS HIPOTÉTICOS EN PSICOLOGÍA

Manuel Miljánovich Castilla*

 

En el artículo se discute el problema de la validez de constructo en psicología, tanto desde el punto de vista epistemológico como desde el ángulo metodológico del proceso de validación de constructos sus implicancias en el desarrollo de las teorías psicológicas.

Palabras claves: Validez de constructo, epistemología, metodología, teoría.

In the article we discuss the problem of construction validity in Psychology, as from the epistemological point of view as from the methodological angle of validity process of constructions and its implicities in the development of the psychological theories.

Key words: Construction validity, epistemology, methodology, theorie.

La presente investigación constituye un intento de dar respuesta a múltiples interrogantes que surgen cuando el psicólogo alterna su cotidiano rol de usuario de la ciencia y la tecnología psicológicas en el plano de la prestación de servicios o de la enseñanza, por el rol de observador acucioso de las teorías psicológicas que son el sustento de tests y otros instrumentos de medición y evaluación en este campo.

Tal alternancia no es práctica frecuente y requiere, además de una motivación enraizada en la Filosofía de la Ciencia, tomar distancia para examinar en perspectiva los supuestos que subyacen a las teorías psicológicas, a modo de axiomas de un sistema lógico- axiomático y de términos primitivos anteriores al sistema y fuera de él.

En este examen destacan los constructos hipotéticos como una clase importante de elementos que juegan un papel decisivo en la significatividad cognoscitiva de las observaciones, en tanto éstas constituyen observaciones de clases de fenómenos y, en cuanto se relacionan entre sí, en términos hipotéticos, conjuntos de observaciones, dentro del marco de una teoría, que inicialmente aporta dicho marco y que al propio tiempo, por retroinformación, tiende a crecer y a sistematizarse.

Los constructos son recursos indispensables en las ciencias fácticas, pero dentro de ellas lo son más en la Psicología, debido a la índole elusiva de la conducta y el psiquismo como su objeto de estudio. En efecto, a partir de observaciones, la mayoría de ellas indirectas, se construye deductivamente un cuerpo de proposiciones que enuncian hipótesis de diverso grado de corroboración y que tienen funciones descriptivas, predictivas y, fundamentalmente, explicativas acerca de los fenómenos psicológicos, concebidos y denominados éstos mediante constructos hipotéticos, expresa y deliberadamente inventados para estos propósitos.

Los constructos aparejan una problemática compleja. Existen diferentes clases y niveles de constructos. Los constructos deben guardar determinadas relaciones con los términos observacionales y dentro de ellas posee gran relevancia la distinción entre definiciones conceptuales y operacionales. Los constructos pertenecen siempre al centro o a la periferia de una determinada teoría. Los constructos se relacionan entre sí bajo ciertas condiciones. Los constructos requieren de una validación que es crucial desde el punto de vista de la ciencia como proceso. Metodológicamente, hay diversas alternativas de validación de constructos, unas más aceptables que otras.

Esta problemática es parcialmente abordada en la presente investigación, con miras a una profundización y ampliación de la misma en el futuro inmediato.

Estructura de las teorías

La naturaleza o estructura de las teorías científicas ha sido siempre un problema central de la filosofía de la ciencia. Las teorías son los medios a través de los cuales se articulan y plasman los conocimientos científicos y éstos, a su vez, son el resultado de la investigación científica, proceso regulado por los canones de los métodos científicos propios de cada ciencia, aunque todos ellos comparten un núcleo común que suele denominarse la metodología de la investigación científica.

En ausencia de teorías no tendrían sentido el problema de las entidades o términos teoréticos, ni de la confirmación, ni de la significación cognoscitiva. Tampoco tendría sentido la explicación, porque ésta consiste, básicamente, en subsumir el fenómeno a explicar (explicandum) en una determinada teoría (explicans).

La estructura y la dinámica de las teorías científicas presentan claras relaciones de retroinformación. Ejemplos de tal interacción los encontramos en la identificación de variables y sus respectivos dominios de hechos observables, en la formulación de hipótesis y en la elaboración de diseños experimentales, porque todo ello parte de un marco teórico de referencias y de conocimientos específicos ligados al problema que se investiga, marco que luego es enriquecido o modificado, según sean aceptadas o rechazadas las hipótesis con suficiente grado de significación, cerrando de este modo un ciclo cuasi circular en el proceso recurrente graficado como un espiral ascendente de planos cada vez más amplios.

Una corriente de pensamiento, que surgió en la década de los 20, denominada Concepción Heredada (nombre propuesto por Hilary Putriani en 1962), cuyas principales fuentes fueron el Positivismo Lógico y el desarrollo de la lógica moderna, aportó la noción de sistema lógico axiomático como modelo paradigmático de las teorías científicas, según el cual estas se construyen a través de cálculos axiomáticos a los que se les da una interpretación observacional parcial por medio de reglas de correspondencia. Esta fue la versión primigenia y radical que fue perfeccionándose luego.

Si bien es cierto que este modelo de estructura sistemática introducía un orden deductivo entre los postulados y las proposiciones que enunciaban hipótesis con diferentes grados de confirmación, de modo análogo a cómo se relacionan los axiomas y los teoremas matemáticos, también es cierto que adolecía de una seria limitación: el ser puramente estático, el representar a las teorías como un producto en alguna medida acabado.

Posteriormente, la fecunda investigación en el campo de la semántica y los desarrollos en la Lógica de lenguajes y sublenguajes que permitieron pasar del plano puramente descriptivo a mayores posibilidades de significación de términos y proposiciones mediante un enfoque subjuntivo, enriquecieron el modelo que comentamos.

Asimismo, se ganó terreno en el esclarecimiento de las relaciones entre los términos teóricos y los términos observacionales, sin pretender, ni mucho menos, haberse llegado a una solución de dicha problemática. Consecuencia de ello fue la nueva tónica interpretativa de las reglas de correspondencia y el establecimiento de las condiciones bajo las cuales se pueden eliminar los términos teóricos hasta el limite de lo posible.

Por otro lado, la influencia de la cibernética otorgó un carácter dinámico a las teorías científicas al introducir el tiempo o eje diacrónico en el desarrollo de las mismas, poniendo con ello de relieve la ciencia como proceso, vale decir, la investigación científica.

En este contexto se clarifica el rol de los términos teoréticos y el de los términos observacionales. No puede existir una teoría científica constituida sólo por proposiciones observacionales. El fracaso del proyecto de B.F. Skinner de construir una psicología que prescinda de la teoría, es decir de proposiciones teoréticas, por considerar que éstas son de naturaleza metafísica, es un ejemplo ilustrativo de la referida imposibilidad. En efecto, el conductismo skineriano exhibe una gran pobreza teórica por cuanto, si bien es cierto que posee apreciable validez predictiva de los eventos conductuales en determinados campos, en cambio su capacidad explicativa es prácticamente nula.

Tampoco es viable la existencia de teorías en el campo de las ciencias fácticas constituidas exclusivamente por proposiciones teoréticas, sin nexos con la parcela de la realidad que constituye su objeto de estudio. El sistema lógico- axiomático como modelo de las ciencias fácticas atribuible a la Concepción Heredada, en su versión fuerte o primigenia, fue objeto de muchas y mordaces críticas, en la medida en que se le asociaba con el Positivismo Lógico, por haber sido éste ya refutado a la sazón como escuela filosófica.

Según Frederick Suppe (1979), los ataques a la Concepción Heredada fueron de dos tipos, a saber: A) Ataques a puntos específicos, como los formulados por Achinstein, Peter (1965-1968) y Putnam, Hilary (1962), contra la noción de interpretación parcial y contra la distinción teoría- observación, y B) la propuesta de Filosofías de la Ciencia alternativas que propugnaban concepciones diferentes de las teorías científicas y el conocimiento científico.

El panorama actual se caracteriza por el hecho de que ninguna de las propuestas en contra de la Concepción Heredada, en su versión revisada y enriquecida, han tenido amplia aceptación en la comunidad de filósofos de la ciencia y epistemólogos y, en consecuencia, sigue vigente dicha versión, aunque no como condición necesaria para que un determinado saber alcance el estatus de teoría científica, ya que probablemente muchas teorías en diversos campos de la ciencia no son axiomatizables en el modo exigido por la cuarta versión de la concepción heredada. Su vigencia estriba en ser considerada un modelo ejemplar ideal al que tienden a aproximarse las teorías científicas en su proceso de desarrollo y sistematización, como lo demuestra la moderna bibliografía sobre metodología de la investigación científica que la toma como sustento en los términos señalados.

El problema de la validación de constructos hipotéticos en psicología se inscribe en este marco de referencias esbozado a grandes rasgos.

 

Los conceptos de constructo y de validez en psicología

El antecedente más notable de la oficialización del concepto de constructo en Psicología lo encontramos en la revisión que realizó el comité de Tests Psicológicos de la American Psychological Asociation, entre 1950 y 1954, del proceso de validación del que deben ser objeto los tests psicológicos antes de publicarse.

La idea de validez de construcción fue formulada en primer lugar por el subcomité integrado por Paul Meehl y R. C. Chalman en relación con las técnicas proyectivas. Luego el comité, constituido por Bordin, Chalman, Conrad, Humpreys, Supper, Meehl y Cronbach, incorporó y modificó tales ideas.

Las propuestas del comité fueron compatibilizadas con las de otras dos asociaciones y luego publicadas con el título de Technical recomendations for psychological tests and diagnostic techniques en 1954.

En parte confirmando planteamientos anteriores, el comité estableció cuatro tipos de validez, a saber: validez predictiva, validez concurrente, validez de contenido y validez de construcción o de constructo. Las dos primeras son procedimientos orientados a un criterio. El criterio es la conducta o proceso psíquico que se desea predecir a partir de los resultados de su medición mediante un determinado test.

Si el criterio ocurre después de la aplicación del test, se trata de la validez predictiva. Un ejemplo típico es el rendimiento académico como criterio, el cual se intenta predecir en base a los puntajes que obtienen los postulantes a la universidad en el test SAT (Scholastic Aptitud Test).

Si las puntuaciones del test y las del criterio se determinan más o menos simultáneamente, tenemos la validez concurrente. Aquí el test sustituye a la medición del criterio por otros medios, porque aquél es más económico o más viable que ésta. Ejemplifica este caso la selección de postulantes a puestos de mecánicos de aviación mediante una batería de tests, válida y confiable, frente a la posibilidad de seleccionarlos después de un mes de prueba en el trabajo.

La validez de contenido se establece al probar que los ítemes de una prueba constituyen una muestra representativa de un universo debidamente acotado de habilidades y contenidos. Una prueba educacional que evalúe completa y equilibradamente una determinada materia es ejemplo de ello.

La validez de constructo tiene lugar cuando las puntuaciones de un test se interpretan como la medida de un atributo conductual o psíquico no observable ni medible directamente. Un ejemplo típico de ello es la inteligencia general o una aptitud específica, atributos psíquicos no observables directamente y, por lo tanto, medibles sólo a través de ciertas conductas como las provocadas por los reactivos o ítemes de un test, las cuales se reputan como indicadores adecuados.

En la definición y ejemplos referidos hay algunos supuestos que es preciso explicitar. En primer lugar, la inteligencia general viene a ser un constructo inserto en la red nomológica de una determinada teoría (podría ser la teoría factorialista de la Inteligencia de Charles Spearman). En segundo lugar, se presupone que el test empleado (podría ser el Culture free intelligence test de R. Cattell) es un instrumento validado y cuya confiabilidad y adecuación se conocen.

Los constructos y su proceso de validación

El constructo alude a variables abstractas y latentes más que a variables concretas y observables. Casi todas las teorías contienen afirmaciones sobre constructos en vez de referirse a variables específicas observables, porque aquellas son más generales que éstas.

Corresponde a un constructo validado un dominio de variables observables identificado y, hasta cierto punto, delimitado a través del proceso de validación.

La validación de constructos requiere siempre de investigaciones empíricas las cuales, a su vez, implican mediciones y éstas demandan de definiciones conceptuales y operacionales.

En concordancia con lo anterior, un constructo expresa una o más hipótesis de que una variedad de conductas se correlacionarán entre sí en estudios de diferencias individuales y/o serán afectados de manera semejante por manipulaciones experimentales.

En las teorías hay dos clases de componentes de igual importancia, a saber: a) la medición, y b) el componente estructural, que determina las propiedades de las mediciones resultantes, en términos de interrelaciones de constructos.

Los constructos validados permiten emplear una o más medidas cuyos resultados son susceptibles de generalizarse a una clase más amplia de medidas pertenecientes al dominio de tales constructos.

La validez, en cualquiera de sus formas, es cuestión de grado, más que una propiedad de todo o nada y, por otro lado, es un proceso interminable. Mientras las medidas de longitud y de algunos otros atributos físicos simples han probado sus ventajas tan bien que nadie considera seriamente cambiar a otras medidas, la mayoría de medidas psicológicas necesitan ser evaluadas y revaluadas de manera constante para comprobar si se comportan como se espera. Nuevas evidencias pueden sugerir modificaciones de una medida existente o la creación de un enfoque alternativo.

Según Nunnally y Berenstein (1995), hay tres aspectos importantes en la validación de un constructo, a saber: 1) especificar el dominio de variables observables relacionado con el constructo, 2) determinar el grado en que las variables observables tienden a medir lo mismo, varias cosas diferentes o muchas cosas diferentes por medio de investigación empírica y análisis estadísticos, y 3) realizar estudios subsecuentes y/o experimentos de diferencias individuales para determinar el grado en que las supuestas mediciones del constructo son consistentes con las «mejores conjeturas» acerca del constructo.

El aspecto 3) consiste en determinar si una supuesta medida de un constructo se correlaciona en las formas esperadas con las medidas de otros constructos y/o es afectado en los modos esperados por las manipulaciones experimentales apropiadas.

A menudo los investigadores desarrollan una medida particular de un constructo y luego pasan directamente al aspecto 3 al relacionar la medida presupuesta con las medidas de otros constructos, por ejemplo, al correlacionar una medida particular de la ansiedad con una medida particular de la timidez. Sólo después se correlaciona la medida con medidas similares.

Al saltar los aspectos 1 y 2, se mueven directamente al aspecto 3 e intentan hallar relaciones interesantes entre sus medidas y las medidas de otros constructos.

Con frecuencia, un constructo en particular se vuelve popular y diferentes investigadores intentan concebir sus propias medidas. Conforme crece la cantidad de medidas propuestas del constructo, crece la sospecha de que podría ser que no todas midan lo mismo. Uno o más investigadores buscan delimitar el dominio de variables observables relacionadas con el constructo (aspecto 1). Toda la delimitación o parte de ella es sometida a investigación para determinar el grado en que estas medidas alternativas son o no equivalentes (aspecto 2). El impacto de la teorización del aspecto 1 y los resultados de la investigación del aspecto 2 tienden a influir en la determinación de cuales variables particulares se van a estudiar (aspecto 3).

Cuando este proceso complejo cubre secuencialmente los tres aspectos descritos, tenemos como resultado un constructo que: 1) está bien definido a través de una variedad de observables, 2) está bien representado por medidas alternativas y 3) se relaciona fuertemente con otros constructos de interés.

Por otro lado, no puede establecerse un método preciso para delimitar de manera apropiada el dominio de variables para un constructo. La delimitación en esencia constituye una teorización que considera la forma en que se relacionan entre sí las variables. Aunque las teorías mismas deben ser evaluables de una manera objetiva, el proceso de teorización es intuitivo por necesidad. La delimitación de un constructo consiste esencialmente en el establecimiento de lo que uno entiende con el uso de palabras particulares tales como «ansiedad», «memoria» e «inteligencia». Los primeros intentos para delimitar un dominio por lo general se reducen a una definición en la que la palabra o frase que denota el constructo es relacionada con otras palabras menos abstractas. Un buen ejemplo de ello es la definición de «inteligencia» por Binet y Simon (1905): «La tendencia a tomar y mantener una dirección definida; la capacidad para hacer adaptaciones con el propósito de alcanzar una meta deseada y el poder de la autocrítica». Estas palabras distan mucho de la determinación de las variables observables específicas.

El que un dominio bien especificado para un constructo en realidad conduzca o no a una medición adecuada del constructo es una cuestión empírica. Sin embargo no hay manera de saber cómo evaluar la adecuación con que un constructo es medido sin un dominio bien especificado. En otras palabras, el aspecto 1 (delimitación del dominio) es importante al decirnos qué hacer en el aspecto 2 (investigar las relaciones entre diferentes medidas propuestas de un constructo).

La adecuación de la delimitación de un dominio es evaluada al determinarse el grado en que se intercorrelacionan de manera empírica las variables observables. El primer paso en la investigación de las diferencias individuales es obtener una muestra de puntajes de individuos en algunas medidas. Luego se interrelacionan las diferentes medidas. Estas describen el grado en que las medidas se relacionan con la misma cosa. Esta es la esencia del análisis factorial.

La investigación de la validez de constructo en experimentos utiliza prácticamente la misma lógica empleada en los estudios de diferencias individuales. La medida de lo bien que armonizan diferentes medidas experimentales es el grado en que sus relaciones funcionales son similares cuando son afectadas por diferentes variables de tratamiento. Si dos medidas fueron afectadas exactamente de la misma manera por todos los posibles tratamientos experimentales, sería indiferente cual de ellos se usara en un estudio en particular y podría decirse de ellas que miden lo mismo.

En suma, el grado en que dos medidas son afectadas de manera similar por una variedad de tratamientos experimentales define su semejanza. Cuando una variedad de medidas se comportan de manera similar a lo largo de diversos tratamientos experimentales resulta significativo decir que ellas miden un constructo.

A menudo las correlaciones proporcionan evidencias acerca de la estructura de un dominio de variables observables relacionado con un constructo y llevan a una de las tres conclusiones: 1) Si todas las medidas propuestas se correlacionan altamente entre sí, podría concluirse que todas miden lo mismo; 2) Si las medidas tienden a dividirse en grupos tales que los miembros de un grupo se correlacionen altamente entre sí y se correlacionen mucho menos con los miembros de otros grupos, miden un número de cosas diferentes.

Un ejemplo relevante al respecto fueron los hallazgos de Spielberger, Gorsuch y Lushene (1970), respecto a dos formas distintas de ansiedad. Ellos notaron que los autoinformes de ansiedad a largo plazo (ansiedad- rasgo) tendían a armonizar, pero eran al menos separables de los autoinformes acerca de la ansiedad presente (ansiedad- estado).

Una tercera posibilidad es que las correlaciones entre las medidas estén todas cerca de cero, de modo que miden cosas diferentes y no haya un constructo significativo.

En el grado en que las medidas de las variables observables pertenecientes al dominio de un constructo, muestren consistencia entre sí, dicho constructo puede emplearse para explicar las interrelaciones halladas.

La evidencia del tipo descrito afecta tanto los esfuerzos subsecuentes para especificar el dominio de variables observables para un constructo como las teorías que relacionan al constructo con otros constructos.

Habrían cuando menos tres posibilidades: a) Si todas las medidas relevantes de un constructo se intercorrelacionan de modo elevado, los investigadores deben seguir trabajando con el dominio de variables especificado y alentar el desarrollo continuo de la teoría; b) si aparentemente se está midiendo más de una cosa, el viejo constructo debe ser reemplazado por dos o más constructos nuevos (el caso de la ansiedad que se desagrega en ansiedad- rasgo y ansiedad- estado) y modificarse en consecuencia la teoría de modo que refleje esta multiplicidad; c) si ninguna de las variables se correlaciona de manera sustancial con cualquiera de las demás, el científico tiene una situación poco afortunada. En este caso el investigador podría postular un dominio de variables observables enteramente nuevo o abandonar el constructo por completo.

 

La evidencia de que un dominio de variables se relaciona con un constructo

La discusión acerca de cómo se puede obtener evidencia suficiente de que un dominio de variables observables se relaciona con un constructo concierne al meollo de la explicación científica.

Según Nunnally (1995), «comenzaremos por suponer que es posible encontrar una prueba inmutable (sic) de que una serie particular de variables mide un constructo particular y ver qué formas de evidencia se requieren. Luego este supuesto será puesto en duda, llevándolo a una perspectiva diferente al interpretar la evidencia acerca de la validez del constructo. Si el supuesto de «prueba inmutable» fuera aceptado, sería suficiente evidencia para la validez del constructo que la supuesta medida (4) del constructo «se comporta como se esperaba». Nótese que aquí la hipótesis se apoya en la teoría que sustenta la prueba inmutable.

Aplicando el planteamiento anterior partamos, a título de ejemplo, de que una medida particular se relaciona con el constructo Ansiedad. La cultura psicológica sugiere muchos hallazgos esperados. Deberían encontrarse los puntajes de ansiedad más altos en: 1) pacientes diagnosticados con reacciones de ansiedad comparados con personas normales; 2) sujetos en un experimento que estén amenazados por una experiencia de fracaso comparados con los sujetos del grupo de control y 3) estudiantes graduandos que van a rendir su examen profesional oral para titularse comparados con los mismos estudiantes después de aprobar el examen.

De modo similar, las medidas de la inteligencia deben correlacionarse, al menos en un grado moderado, con las medidas de logro académico.

Todos los constructos tienen correlaciones esperados con otras variables y/o efectos experimentales esperados.

Cualquier prueba inmutable del grado en que una medida define un constructo tendría que determinar también en qué grado se ajusta dicha medida de manera válida a una red de relaciones esperadas. Cronbach y Meehl (1955) denominan a esta red «red nomológica». Las pruebas de consistencia interna de las mediciones de las variables observables constituyen un paso importante y requiere muchos estudios. El grado de validez de constructo refleja el alcance que tienen las medidas para satisfacer las expectativas teóricas.

Podría parecer que hay una falacia lógica al proclamar que una evidencia como la anteriormente discutida constituye una prueba de la validez de constructo. La sospecha de circularidad reside en lo siguiente: para determinar la validez de constructo, una medida debe ajustarse a una teoría acerca del constructo; pero para ello debe asumirse que la teoría es cierta. Sin embargo, no hay tal circularidad porque la intervención de la teoría ocurre en diferentes momentos del proceso y diferentes niveles del discurso. El siguiente ejemplo ilustra los planteamientos anteriores, mediante un modelo que contiene cuatro hipótesis interrelacionadas.

1. Los constructos A (ansiedad) y B (tensión) se correlacionan positivamente.

2. X es una medida del constructo A

3. Y es una medida del constructo B

4. X e Y se correlacionan positivamente.

X es un cuestionario que supuestamente mide ansiedad, e Y es una manipulación experimental que supuestamente induce tensión.

Sólo la hipótesis 4 puede ser probada en forma directa. A partir de esta prueba es necesario inferir la verdad o falsedad de las otras hipótesis y tendríamos las siguientes posibilidades: a) La hipótesis 1 puede ser correcta, pero aun si la hipótesis 4 es correcta, no probaría la verdad de la hipótesis 2 o de la 3 o de ambas. X e Y podrían correlacionarse positivamente, no porque se correlacionen, a su vez, con los constructos A y B, respectivamente, sino más bien debido a que se relacionan con algún otro constructo. b) La hipótesis 2 podría ser correcta, pero si la hipótesis 3 es incorrecta, no habría necesidad de que X se correlacionara con Y.

Es evidente que el anterior paradigma para determinar la validez de constructo es inválida desde un punto de vista inductivo. En el experimento ilustrativo, el experimentador esperaba obtener alguna evidencia para la hipótesis 2 (X es una medida de la ansiedad). Todo lo que puede probarse validamente en el experimento es si la hipótesis 4 es correcta (si X se correlaciona con Y).

Campbell y Fiske (1959), sostienen que la validación de constructos puede ser: a) Convergente cuando se orienta a demostrar que dos métodos independientes conducen a medidas similares. Esto implica con frecuencia correlacionar una medida nueva con una medida ya existente o correlacionar dos medidas existentes; b) Divergente, cuando se trata de justificar dos medidas nuevas de atributos. Una medida en este caso debe poseer validez divergente, en el sentido de medir algo distinto de los métodos existentes. En consecuencia, las medidas de atributos diferentes no deben correlacionarse muy alto.

Los mismos tratadistas afirman que una medida es definida conjuntamente por un método y un contenido, relacionado con el atributo. Dos medidas pueden diferir en método, en contenido o en ambos.

Asimismo, plantean que para examinar la validez discriminante se requieren cuando menos dos atributos, medido cada uno al menos por dos métodos. Ejemplo de ello es la matriz de correlaciones entre medidas de dos atributos, que en este caso son rasgos de personalidad, ansiedad y depresión; y los dos métodos son: puntajes resultantes de la aplicación del MMPI (autoinforme o autorreporte) y, por otro lado, la observación como en la estimación clínica. Estos datos forman una matriz multirrasgo- multimétodo, propuesta por Nunnally y Berenstein (ob. cit).

Matriz multirrasgo- multimétodo para dos rasgos (ansiedad y depresión) medidas bajo dos métodos (autorreporte y observación)

  Autorreporte Observación
Método Rasgo Ansiedad Depresión Ansiedad Depresión
Autorreporte Ansiedad Confiabilidad Método Rasgo Ninguno
Autorreporte Depresión Método Confiabilidad Ninguno Rasgo
Observación Ansiedad Rasgo Ninguno Confiabilidad Método
Observación Depresión Ninguno Rasgo Método Confiabilidad

 

Hay cuatro tipos de correlaciones en una matriz multirasgos- multimétodo. Los coeficientes de confiabilidad describen el grado en que una medida es consistente internamente en el sentido de que todos sus componentes midan lo mismo y aparezcan en la diagonal. Una correlación heterorrasgo- heterométodo denota la correlación entre dos medidas que comparten un método común pero evalúan atributos diferentes. Éstas se han abreviado como correlación de método en el cuadro. Por el contrario, una correlación monorrasgo- monométodo (correlación de rasgo, para abreviar) denota una correlación entre dos medidas del mismo rasgo que utilizan métodos diferentes. Por último, una correlación heterorrasgo- heterométodo (ninguna) es una correlación entre atributos diferentes que usan métodos diferentes. Normalmente se esperaría que las confiabilidades tuvieran los valores más altos; aunque es matemáticamente posible, éste no es el caso. En el otro extremo, las correlaciones heterorrasgo- heterométodo deben ser las más bajas ya que difieren tanto en lo que se mide como en la forma en que se está midiendo. Sin embargo, estas correlaciones no necesitan ser cero porque ni los métodos ni los rasgos necesitan ser independientes.

Por lo general, la validación del constructo demanda que las correlaciones de rasgo sean elevadas para reflejar una validez convergente y que las correlaciones de método sean relativamente bajas para reflejar una validez discriminante.

Ninguna de las dos es fácil de lograr. Los métodos, sobre todo aquellos basados en autoinformes, con frecuencia se correlacionan altamente debido a la varianza del método. Los resultados a menudo son altamente específicos del atributo. Por ejemplo, no es infrecuente que las evaluaciones autodescriptiva, clínica y fisiológica de la 'ansiedad se relacionen escasamente.

CONCLUSIONES

1.La validación de constructos hipotéticos en psicología involucra el proceso de hacer explícita una palabra o una frase abstracta en términos de variables observables. En este esfuerzo hay a menudo un riesgo potencial, cual es el tratar la palabra o frase como si denotara una entidad o proceso real, esto es, materializando o cosificando tal denotación. Dicho riesgo se pone en evidencia cuando un psicólogo dice «esto no es en realidad una medida de la ansiedad». En la expresión se encuentra el supuesto implícito de que el constructo «ansiedad» tiene una realidad objetiva, es decir, que existe más allá de las medidas propuestas para describirlos. Lo lícito en este contexto es usar el término «ansiedad» como una denominación conveniente para un conjunto particular de variables observables, cuya validez reside solo en el grado en que describa con precisión los tipos de variables observables propios de su dominio.

2.En un plano operacional la validez de constructo comienza con la definición de una serie de medidas concernientes a las variables observables. Por tanto, la serie A podría consistir en las medidas de variables observables XI, X2, X3,... Xn y la serie B podría consistir en las medidas de las variables observables Y1, Y2, Y3..... Yn. Las X podrían ser medidas diferentes de «ansiedad» y las Y diferentes medidas de «retención». La validación del constructo consiste entonces en formar una red de proposiciones que relacionen las diferentes medidas de la serie A, y luego en la serie B. Entonces las dos series estarán relacionadas entre sí y quizás con otras series. Las conclusiones resultantes son probabilísticas. Un ejemplo de lo anterior son la serie de intercorrelaciones de las medidas obtenidas en un estudio de diferencias individuales. Así, X, puede correlacionarse 0,50 con X2, y 0,45 con X3; y X2 puede correlacionarse 0,55 con X3. Se podrían definir intervalos de confianza para los puntajes en las tres medidas, si se conocen estas correlaciones. Luego, si un sujeto tiene un puntaje de 20 en la medida XI, podríamos determinar la probabilidad de que la persona obtenga un puntaje entre 40 y 60 en X2.

Estudios adicionales proporcionan mayor información acerca de la manera en que las variables en una serie particular se interrelacionan. La totalidad de dicha información forma la estructura interna de estos elementos o variables observables.

3.La validez de un constructo en el marco del desarrollo de una teoría, esto es, en el enfoque de la ciencia como proceso, debe formularse con rigor metodológico, en los siguientes términos: Los puntajes (p) obtenidos al aplicar el test (t) a una muestra (m) se interpretan como la medida del rasgo psicológico o atributo (a), en relación con una teoría (T).

4.La inserción de un constructo validado en la red nomológica de la teoría con la que se vincula debe posibilitar, tanto más cuanto la citada red se aproxime al modelo de un sistema hipotético- deductivo, predicciones en los términos siguientes: La persona (A) que posee el atributo (x) en la medida (m) en la situación (R) actuará de la manera (Y), con una probabilidad (P).

5.Las consideraciones expuestas hasta aquí, en este acápite, nos remite de retorno al punto de vista según el cual la medición y validación de los constructos en el fondo consiste en la determinación de estructuras internas y estructuras cruzadas, por lo general en el contexto de alguna teoría más amplia que sugiere variables, constructos y sus relaciones. Por otro lado, los científicos no se contentan con decir sólo qué variables particulares se relacionan entre sí; tienden a hacer afirmaciones más amplias.

6. Las reflexiones de Nunnally y Bernstein en torno al problema de la designación de los constructos son muy elocuentes: «Las palabras que los científicos usan para denotar constructos (por ejemplo, «ansiedad» e «inteligencia») no tienen contrapartes reales en el mundo de las variables observables; son sólo dispositivos heurísticos para explorar las variables observables. Mientras que el científico podría encontrar más cómodo, por ejemplo, hablar de ansiedad que de la serie A, sólo la serie A y sus relaciones existen de manera objetiva. Los resultados de investigaciones se relacionan sólo con la serie A, y en el análisis final, sólo las relaciones entre miembros de la serie A y entre la serie A y los miembros de otras series pueden ser documentadas de modo incuestionable. La palabra miedo es un símbolo para muchas posibles formas de conducta. La dificultad reside en que el científico individual no está seguro de todas las variables observables que se relacionan con dicha palabra y, por otro lado, los científicos con frecuencia están en desacuerdo acerca de cuales variables observables se relacionan con la serie» (Nunnally y Berenstein, 1995; pp. 118-119).

7.Es también importante señalar el hecho de que las palabras que denotan constructos como «ansiedad», «miedo», «inteligencia» no se modifican en su formulación a la par con las evidencias halladas acerca de las series relevantes de variables observables. Una de las pocas excepciones es el desdoblamiento del término ansiedad en ansiedad- rasgo y ansiedad- estado realizado por Spierberg y colaboradores, que citamos páginas atrás.

8.Finalmente, la problemática de la denotación de los constructos se ahonda más si la vinculamos al problema de la inestructabilidad de la referencia,. planteado por el eminente filósofo norteamericano Willard Orman Quine y cuya vigencia es innegable. Fue planteada en la década de los 60 y, al parecer, se proyecta en una amplia perspectiva futura. Según tal planteamiento no podemos probar concluyentemente a qué nos referimos con un término cualquiera. Por ejemplo, al pronunciar la palabra Tabitha (el nombre de una gata) nada puede probar si nos estamos refiriendo a Tabitha o a todo el cosmos menos Tabitha (el complemento mereológico de Tabitha). Los argumentos lógicos de Quine son de mucho peso.

 

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* Director del Centro de Extención Universitaria y Proyección Social


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