Rev. Per. Neurol.    -  Vol 5   Nº 2     1999


TRABAJOS ORIGINALES

Retardo lenguaje: aspectos neuropsicosociales

Dr. ARTIDORO CÁCERES VELÁSQUEZ.

 

DEFINICIÓN

Llamamos retardo del lenguaje a la anormal integración del lenguaje verbal en los niños tanto en sus aspectos cronológicos como lingüísticos-estructurales. Significa esto, que las etapas normales por las que atraviesa la expresión verbal, están postergadas o interferidas, lográndose su adquisición más tarde de lo aceptable por la norma regional; pero también están implícitas las deformaciones estructurales, tanto en el aspecto fonológico como sintáctico y semántico gramatical.


Rev Per Neurol 1999; 5(2): 66-69

 

CLASIFICACIÓN

El retardo del lenguaje es un síndrome al cual lo hemos clasificado en cuatro variedades clínicas:

Retardo simple
La época de aparición de las diferentes etapas integrativas está apenas perturbada; existen discretas deformaciones de la morfología del enunciado, manteniéndose, sin embargo, la comunicación por la accesibilidad semántica. Frecuentemente adquiere el matiz conocido con el nombre de «lenguaje bebé» porque recuerda la forma «infantil del habla», en la que abundan las onomatopeyas, los diminutivos y las deformaciones hacia los fonemas «y, sh, ch».

En esta variedad se sitúa el llamado «retardo familiar» así como el denominado «retardo funcional». La característica más importante es que los exámenes no determinan signos de alteración encefálica alguna.


Retardo orgánico
En esta variedad es característico el hallazgo de signos de compromiso estructural en los sistemas funcionales del lenguaje verbal. Sea, a la exploración cliniconeurológica o, a la evaluación neuropsicológica, psicológica, electroencefalográfica o fonológica y foniátrica, el niño demuestra un compromiso semiológico de los grandes sistemas funcionales del lenguaje.

Puede clasificarse en las siguientes variedades:
a. Leve
b. Moderado
c. Grave

En el primer tipo, el trastorno es fundamentalmente en la expresión verbal. En el segundo existe, además de éste, una evidente alteración de la comprensión verbal. En el tercero, al lado de alteración cronológica y estructura¡ de la comprensión y de la expresión verbal, existe un indiscutible compromiso de otras funciones neuropsicológicas, muy en especial de la inteligencia.


Retardo sociopático

Existe aquí un condicionante ambiental o social predominante. Los factores pueden ser múltiples, pero es indiscutible el vector ambiental como desencadenante prioritario o exclusivo del Retardo del Lenguaje. Se manifiesta aquí la importante influencia de todas las variables sociales.


Retardo Mixto
En muchos casos se aíslan factores fenomenológicos y causales entremezclados. Hemos aislado por esta razón la variedad «Mixto», que reúne las características clínicas de dos o tres de los cuadros anteriormente mencionados. Cabe mencionar la factibilidad cotidiana de no poder encuadrar en ninguno de los rubros señalados, algún caso clínico, al que asignamos temporal y convencionalmente el nombre de «ldiopático».

Es pues imprescindible establecer los lineamientos clínicos semiológicos y diferenciar nosográficamente el «Retardo del lenguaje», puesto que de la valoración de sus signos y síntomas, así como de sus variables etiopatogénicas, se obtendrá el camino terapéutico. Es en esta dimensión que se sitúa el interés de nuestro estudio.

ASPECTOS PSICOLÓGICOS

Nos ha interesado establecer una relación clínica, semiológica y fenomenológica instrumental entre los hallazgos neuropsicológicos y ortofónico-fonologicos del Retardo del Lenguaje, con los índices de maduración y desarrollo encontrados con los conocidos instrumentos de análisis, denominados pruebas de Brunet-Lezine y maduración social de Vineland.

Este análisis psicológico se sitúa entonces entre los estudios Neuropsicológicos de un lado, que nos ofrece el caso clínico diagnosticado como tal (Retardo del Lenguaje) y la evaluación sociofamiliar determinada por la encuesta que analiza la trabajadora social.

Con este fin hemos evaluado a 40 niños cuyas edades oscilan entre los 24 y 60 meses de edad cronológica, correspondiendo al sexo masculino el 70% y al femenino el 30%.

En esta muestra fue predominante la edad cronológica de 30 a 41 meses, considerándose ésta, la más alta en el análisis clínico, con un porcentaje de 45% como total. El promedio de edad de desarrollo alcanzó el más alto nivel entre los 48 y 53 meses, edad en la que se logró 41,5 como cifra promedio y una desviación estándar de 2,61. El cociente de desarrollo alcanzó el promedio más alto entre los 48 y 53 meses lográndose aquí un 87,1 como cúspide.

TABLA 1
PROMEDIOS DE EDAD DE DESARROLLO Y COCIENTE DE DESARROLLO SEGÚN ESCALA DE BRUNET-LEZINE EN NIÑOS DE 22 A 5 AÑOS CON RETARDO DE LENGUAJE

Edad (meses) N.º niños
% Promedio de edad de desarrollo (meses) Promedio cociente desarrollo
24-29 5 12,5 14,6 56,8
30-35 9 22,5 24,9 78,0
36-41 9 22,5 27,1 75,4
42-47 5 12,5 35,8 80,8
48-53 6 15,0 41,5 87,1
54-60 6 15,0 38,8 67,3
N 40 100 X=39,4 X=77,8
. . . DE=2,61 DE=2,61

 

La edad social y el cociente social, evaluado por la Escala de Vineland, determinó que el promedio de edad social alcanzó el más alto nivel entre los 50 y 60 meses con un promedio de 45,5, una desviación estándar de 2,61 y un nivel inferior 17,6 entre los 24 y los 29 meses. El cociente social alcanza el máximo rendimiento entre los 36 y 41 meses de edad cronológica con un promedio de 92,3 mientras que el nivel inferior se sitúa en el límite cronológico inferior a la muestra (2429 meses), alcanzando un cociente de 66,6. Hemos intentado establecer una relación entre las edades de Desarrollo y Social, así como entre el Cociente de Desarrollo y el Social, según las técnicas empleadas.

TABLA 2
RELACIÓN ENTRE EDAD DE DESARROLLO Y EDAD SOCIAL SEGÚN ESCALA DE BRUNET-LEZINE Y VINELAND EN NIÑOS DE 2 A 5 AÑOS CON RETARDO DE LENGUAJE

Edad (meses) N.º niños % Promedio de edad de desarrollo (meses) Promedio edad social
24-29 5 12,5 14,6 17,6
20-35 9 22,5 24,9 26,0
36-41 9 22,5 27,1 35,9
42-47 5 12,5 35,8 39,9
48-53 3 15,0 41,5 41,1
54-60 3 15,0 38,8 45,5
N 40 100 X=39,4 X=38,3
 .  .  . DE=2,61 DE=2,61

 

Las edades de desarrollo y sociales no guardan una relación exacta puesto que el promedio de desarrollo se sitúa entre los 48 y 53 meses de edad cronológica que corresponde a 41,5 promedio de Edad de Desarrollo, mientras que a nivel social el promedio de edad se logra entre los 54 a 60 meses de edad cronológica con un rendimiento de 45,5 de edad social.

El cociente de desarrollo alcanzó su más alto nivel entre los 48 y 53 meses con un promedio de 87,1 guardando relación con el promedio de edad de desarrollo; en cambio a nivel de cociente social se obtiene un promedio de 92,3 entre los 36 y 41 meses de edad cronológica siendo esta cifra motivo de discusión al compararlo con el promedio de edad social.

TABLA 3
RELACIÓN ENTRE COCIENTE DE DESARROLLO Y COCIENTE SOCIAL DE LAS ESCALAS DE BRUNET-LEZINE EN NIÑOS DE 2 A 5 AÑOS CON RETARDO DE LENGUAJE

Edad (meses) Nº niños % Promedio conciente de desarrollo Promedio cociente social
Edad (meses) Nº niños % Promedio conciente de desarrollo Promedio cociente social
24-29 5 12,5 56,8 66,6
30-35 9 22,5 78,0 79,4
36-41 9 22,5 75,4 92,3
42-47 5 12,5 80,8 89,6
48-53 6 15,0 87,1 84,8
54-60 6 15,0 67,3 77,3
N 40 100 X=77,8 X=93,2
      DE=2,61 DE=2,61

 

En resumen y como consta en los siguientes histogramas existe una evidente correlación entre los cocientes de desarrollo y social y entre los promedios de edad de desarrollo y en toda la muestra, exceptuando las edades cronológicas de 54 y 60 meses en los que hemos encontrado una discrepancia a favor del cociente social que es mayor en las edades inferiores.

TABLA 4
PROMEDIOS DE EDAD SOCIAL Y COCIENTE SOCIAL SEGÚN ESCALA DE VILENAD DE 2 A 5 AÑOS CON RETARDO DE LENGUAJE

Edad (meses) Nº niños % Promedio conciente de desarrollo Promedio cociente social
24-29 5 12,5 17,6 66,6
30-35 9 22,5 26,0 79,4
36-41 9 22,5 35,9 92,3
42-47 5 12,5 39,0 89,6
48-53 6 15,0 41,1 84,8
54-60 6 15,0 45,5 77,3
N 40 100 X=38,3 X=83,2
      DE=2,61 DE=2,61

 

Nuestro estudio evidencia una vez más la naturaleza diferencial del cuadro clínico conocido como retardo de lenguaje y de los trastornos de la comunicación verbal encontrados en la deficiencia mental, razón por la que proponemos definitivamente asignar a este último cuadro clínico en su patología del lenguaje, el término de oligofasia.


ASPECTO SOCIAL

El interés de la determinación sociofamiliar, como variable importante en el retardo de lenguaje, nos ha conducido a aplicar la llamada «Encuesta Social» especializada, logrando con este análisis establecer una vez más la trascendencia de la investigación social, no sólo en el diagnóstico, sino en las bases terapéuticas de éste y otros cuadros de la patología del lenguaje y la neuropsicología.

La muestra de este estudio es la misma que motivó la investigación psicológica, es decir 40 niños entre 24 y 60 meses de edad cronológica. El 95,5% tuvo una composición familiar de más de tres personas; y el 62% tuvo hasta tres hermanos.

El 32,5% de la casuística correspondió a niños que ocuparon el primer lugar en la constelación fraterna y el 30% al último lugar. Aquí se constata las conclusiones reales, aunque de causas desconocidas, que el hijo intermedio es menos afectado en la nosografía.

Los padres de los niños de esta casuística tuvieron una instrucción de secundaria para la madre y superior para el padre, aunque no todos habían concluido su formación, planteándose la alternativa de mayor opción al nivel universitario al sexo masculino.

La vivienda fue en el 67,5% independiente y en el 32,5% comunitaria, correspondiendo un total parcial global a los barrios llamados populosos.

La estructura conyugal familiar de este grupo corresponde en el 90% a casados y el 5% fueron convivientes y divorciados, cifras altamente significativas para posibles deducciones en la estructura familiar de nuestra patria.

En el 80% de nuestra casuística existió «estabilidad conyugal». interesa sobremanera el estudio de la «actitud de los padres» frente a este problema: sólo el 42,5% correspondió a lo que hemos establecido «actitud equilibrada» existiendo un 5% de definido «rechazo» al problema.

En el 72,5% se encontró «ausencia» y «autoritarismo» del padre.
El nivel social de la muestra fue predominante en el llamado grupo «B» que alcanzó el 60%, en sus subvariedades B1 y B2 y que a grandes rasgos corresponde al conocido grupo «clase media».

He aquí, pues, en una apreciación general, lo que, de acuerdo a nuestra experiencia, constituye el cuadro denominado: «Retardo de lenguaje». No creo que sea inútil referir que hemos constatado en diferentes lugares y oportunidades un desconocimiento lamentable de esta importante entidad clínica y en especial entre los profesionales médicos pediatras, quienes, por razones que no he llegado nunca a comprender, inclusive restan parcial o totalmente importancia a la queja de los padres, que buscando información y ayuda, preguntan porqué su hijo aún no habla. Aún existe el error, lamentable y a veces trágico, en el que incurren algunos profesionales al postergar muy peligrosamente el análisis, diagnóstico y tratamiento de esta entidad, así como la conducta, no menos lamentable, de quienes creen que esta perturbación del mecanismo de comunicación más superior del hombre, puede ser corregido, alegremente, con algunos ejercicios de repetición, o algunas «clasesitas» de «foniatría», como se escucha decir torpemente a algunos improvisados técnicos pseudocultos y vanidosos. El lenguaje retardado se integra en la vida mental entera y plena de un niño, de una persona humana, en desarrollo, conviviendo en una determinada estructura familiar y social y su descuido, o su manejo inadecuado, puede perturbar y desquiciar todo su equilibrio mental. Pero el retardo del lenguaje, aún siendo uno de los más frecuentes trastornos de integración del lenguaje, no es el único. Existen otros, y entre ellos el denominado «afasia infantil». Tal denominación ha sufrido y aún sufre serios errores en su aplicación. El confusionismo ha penetrado en su esencia y ha desvirtuado el sentido, y la naturaleza de su uso. Importa pues establecer el marco riguroso de su contenido y señalar las características diferenciales y específicas del cuadro clínico para un diagnóstico diferencial correcto sin el cual todo intento terapéutico, en especial habilitatorio y rehabilitatorio carece de idoneidad y de base científica.


RESUMEN Y CONCLUSIONES

1. Se presenta el análisis neuropsicosocial de 40 niños diagnosticados como retardo de lenguaje.

2. El estudio psicológico demostró que la edad de desarrollo no guarda una relación estrecha con el cociente de desarrollo en un estudio evolutivo, ni ambos con la edad cronológica; significa esto que a medida que el niño, portador de un trastorno del lenguaje de este tipo, avanza en edad cronológica, los promedios de edad y cociente de desarrollo comienzan a descender peligrosamente.

3. El cociente social ha seguido igualmente una curva descendente a partir de los 53 meses de edad cronológica, lo cual sitúa a estos en el grupo de «deficiente» en esta evaluación. Sin embargo, es notable que entre 24 y 53 meses de edad cronológica, enriquecieron aunque discretamente su cociente.

4. Nuestro estudio determina la necesidad de diferenciar el lenguaje en el síndrome «retardo de lenguaje» del de otros cuadros, en especial del lenguaje en la deficiencia mental (oligofasia), de la afasia en la infancia y de la disfasia de integración.

5. Se presentan hallazgos de una evaluación social que establece claramente el rol agravante, pero no casual de este cuadro, obligando al especialista a un enfoque terapéutico de este ángulo y permitiendo apoyar la consideración de un estudio especializado, proyectándose al futuro, en especial escolar, de estos niños ya que los trastornos de lectoescritura son extremadamente frecuentes como continuidad de esta patología.

VER BIBLIOGRAFÍA


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