Ginecología y Obstetricia - Vol. 42 Nº1 Febrero 1996

 

Ética en la práctica de la Obstetricia y Ginecología

DR. RENÉ CERVANTES

 


Ginecol  Obstet (Perú); 42 (1): 66-7

 

La interacción Salud, Medicina y Sociedad, en la que el ser humano como paciente o como agente de Salud juega un papel protagónico, es fuente inagotable de ensayos que, desde diferentes enfoques, abordan, entre otros, el papel del profesional de la salud y, en particular, del médico en el alivio del dolor y la restitución del bien perdido por las personas que, de diferente condición social y por diferentes motivos, acude al profesional confiando em su sapiencia, su competencla y su honestidad.

En todo el campo de la actividad humana, la persona que acuden a solicittar los servicios de un profesional para que le ayude a solucionar un problema, se pone enteramente en mmanos del profesional, quien debe conocer el porqué y la forma de solucionar el problema cuya naturaleza la persona desconoce total o parcialmente. Pero, en ningún otro campo como en el de la Medicina, esta interacción tiene que ver con la esencia misma de la vida que es la salud. En oposición a lo normal, frecuente y extraño; esta percepción, que está moldeada por experiencias previas, concepciones místicas y patrones socioculturales, le permite una aproximación macion al tipo de enfermedad, a su localización y a su etiología. si la dolencia es leve, le bastará con la medicina del hogar o las prácticas tradiccionales, pero si la dolencia es moderada o severa o si no cede a las medidas que él conoce, buscará a quien la sociedad le ha asignado el rol de contribuir a la promoción de la salud, la prevención, detección, curaciónde las enfermadades, así como la rehabilitación de sus secuelas.

La concepción del médico como una mezcla de mago, adivino y científico, ha sido por la medicina occidental moderna que se practica en los países desarrollados y en las ciudades del mundo en desarrollo; pero, en las zonas rurales y en los cinturones de miseria de nuestras ciudades, así como en lo más intimo, de la persona aún las de las ciudades más desarrolladas, el ser huma no en la ansiedad producida por una enfermedad incurable, grave o cuyo alivio tarda en producirse, confía en una persona que, cual Dios omnipotente, puede y debe curarlo, o curar a su niño a su esposo o esposa o familiar enfermo. ¿Está el médico a la altura de esta concepción que la tradición y la pérdida de la  salud moldea en las personas? Nos parece que no, por lo menos en la medida en que la sociedad espera que el médico se sitúe, excepción hecha de los muchos que han seguido y siguen el ejemplo de los hombres que en la historia, desde Hipócrates, dieron forma a la tradición médica.

 

¿Qué factores inciden en el comportamiento actual del médico como un ente social?

Nos parece que son muchos, pero nos referiremos solamente a los aspectos más importantes. La sociedad occidental liberal fue moldeándose en función de una estructura socioeconómica e ideológica, donde aparece el médico practicando una profesión liberal, es decir, el médico como trabajador libre que se ofrece en el mercado de trabajo con o sin intermediación y cuyo servicio puede ser obtenido si es que las personas o instituciones que lo solicitan tienen capacidad de compra. La salud, materializada en el conocimiento médico y su aplicación, es convertida. por esta sociedad moderna en una mercancía más que, como todas las mercancías, está generalmente al alcance de los que pueden comprarla. Esta concepción mercantilista del cuidado de la salud ha ido calando en muchos profesionales que, por esta razón, convierten la relación médico paciente en una transacción más regida por las leyes de la oferta y la demanda en el mercado de la salud. Es cierto que la situación económica es apremiante, que el trabajo médico con una oferta que supera la demanda en las grandes ciudades, es materia de las más diversas y encubiertas formas de explotación e la presentación en la presentación de los servicios, como en el famoso service, y que el marketing de la medicina compite ahora con el los productos de belleza y detergentes. Pero, esta evolución de la sociedad occidental y la apremiante situación del médico y en general del trabajador de la salud justifican que se utilice la medicina únicamente como mercancia ser financiada por quien pueda comprarla? Creemos que no, a pesar de reconocer que, como profesión liberal, el ejercicio de la medicina debe permitir una vida decorosa y digna para el médico y su familia y en esto incluimos a todos los trabajodores de salud.

Desde otra perspectiva, creemos que la responsabilidad de la vida humana que ha asignado a la medicina no es solamente del médico y su profesión como agente y ente que da salud y que responde a ella, sino que es une responsabilidad que compromete necesariamente a toda una sociedad en todos sus componentes y a todos sus niveles, por lo que toda actividad humana tiene una u otra forma de repercusión en la salud del conjunto. Al parecer, en una sociedad individualista, como en la que estamos inmersos, el concepto de responsabilidad social no cuenta en la misma forma en que no cuentan los costos ni los beneficios sociales. De esta concepción individual aísla el momento en que el médico se enfrenta al paciente, o mejor, éste se enfrenta a aquél, y a eso se le denomina el momento en que se da la salud. Este momento en que el médico debe prodigar su ciencia, sapiencia y experiencia con la mayor honestidad, veracidad y responsabilidad, ya que es este momento en el que el paciente, agotado de sus recursos tradicionales para curarse, acude a este personaje a quien la sociedad lo ha aurelado con un prestigio derivado de su capacidad de curar.

 

¿Qué es lo hacen algunos malos profesionales entonces?

Detectan enfermedades inexistentes, magnifican procesos leves, operan tumores y quistes fantasmas, hacen cesáreas sin justificación y asustan con el fin de mantener una dependencia rentable amparados e la tolerancia de los demás colegas y en la inoperancia de algunas de nuestras asociaciones médicas, una de cuyas funciones es la mantención de los principios de la ética la deontología en la práctica de la medicina.

El campo de la reproducción humana y, sobre todo la práctica de la obstetricia y la ginecología están plagados de ejemplos palmarios de la transgresión de las normas éticas y deontológicas de la Medicina.

La mujer que, aún bajo la observancia de los preceptos derivados del enfoque de género, merece respeto en función de la naturaleza y ubicación de sus dolencias, es generalmente objeto de maltrato, empezando por la actitud hostil, fría y poco humana de las personas que, en ominosa cadena desde el portero hasta el profesional, la traran en función de la ficha numerada que debe comprar para hacerse atender.

Ya frente al profesional médico u obstetriz, su mente debe su perar barreras gigantes y, a veces, a cuál más humillante, para contestar las preguntas que, cual computadora parlante, le dis paran los trabajadores de la salud. Algunas veces, apremiada por buscar una curación más rápida y duradera, debe ceder a las insinuaciones que algunos malos profesionales de los cen tros asistenciales le hacen, ya sea para atenderlas particularmente en sus consultorios o para acelerar y "mejorar" su atención a cambio de una remuneración que, a escondidas o abiertamen te, debe entregar; o debe sepultar su dignidad con el fin de obtener atención al ser tratada como número y muchas veces, con lenguaje humillante. Pero, estas situaciones se nos antojan de menor cuantía comparadas con la derivada de la práctica del aborto ilegal o de su insinuación Para ello, por causales que a la paciente, en su angustia por ser portadora de un embarazo no deseado, se le presentan como, justificables, pero, que en el fondo esconden únicamente el lucro económico personal.

Es otra línea de acciones, que podemos pensar del profesional que para sacar provecho personal generalmente económico magnifica los errores de sus colegas, o de aquél que oferta su mercancía en tarjetas, revistas o periódicos, o a través de la radio y la televisión, con pretexto de conferencias o declaraciones de carácter científico?

Creemos que hemos llegado a un punto en que la situación se ha tornado intolerable. Nuestras asociaciones y los profesionales; que los dirigen deben cautelar el ejercicio de la medicina enmarcado en la práctica de lo que por naturaleza es intrínsecamente bueno para uno y para los demás. El ejemplo de los mayores y de los buenos profesores que moldean nuestra vida profesional debe ser el camino a seguir por las nuevas generaciones.

Pretender que con un curso, de Ética Médica en la Universi dad, el futuro, profesional va a cimentar las raíces de una conducta ética en su actuación institucional o privada, es como querer aprender a nadar por correspondencia, sin tener una piscina donde nadar y un profesor que le enseñe con el ejemplo. Cada vez son más frecuentes y más poderosos las tentaciones para infringir las nomas de conducta que el médico debe guardar y, por lo tanto, es cada vez más necesario, que el profesor universitario, las autoridades de las asociaciones; médicas y los profe sionales de mayor experiencia. prediquen con el ejemplo; de otra manera, nos amenaza el caos en la práctica de la Medicina.