| Rev. Gastroenterol. Perú.
Vol. 22 Nº 3 2002 |
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REVISIÓN
DE REVISTAS
Dr
Samuel Miñoz M.
ATROFIA DE LA MUCOSA GÁSTRICA:
CONSISTENCIA DE LA INTEROBSERVACIÓN USANDO NUEVOS CRITERIOS PARA CLASIFICACIÓN Y
GRADUACIÓN
Gastric mucosal atrophy: interobserver consistency using new criteria for classification
and grading
Rugge M, Correa P, Dixons M, Fiocca R, et al.
Aliment Pharmacol Ther 2002; 16: 1249-59
La gastritis crónica, una condición virtualmente siempre causada por infección por
Helicobacter pylori (Hp), crea el sustrato sobre el cual una secuencia de alteraciones
genotípicas y fenotípicas pueden ocurrir y conducir a una neoplasia. Un estadio
fundamental en esta cascada de eventos es el desarrollo de atrofia de la mucosa gástrica.
Los sujetos infectados con Hp pueden desarrollar tanto una gastritis predominantemente
antral no atrófica, una condición más común en los países desarrollados y asociado
con úlcera duodenal o una gastritis atrófica metaplásica, multifocal, progresiva. La
proporción de sujetos infectados que desarrollan gastritis atrófica es mayor en
poblaciones que residen en países en desarrollo y está estrechamente relacionada a la
incidencia de cáncer gástrico de tipo intestinal. La atrofia de la mucosa gástrica ha
sido tradicionalmente definida como la pérdida de glándulas. A pesar de esta simple
definición, los histopatólogos han experimentado considerables dificultades en alcanzar
un consenso sobre la naturaleza, presencia y graduación de atrofia gástrica. Con el
objetivo de superar estas dificultades un grupo de patólogos gastrointestinales acordó
proponer los siguientes objetivos: (i) generar una definición y clasificación de la
gastritis atrófica que sea ampliamente aceptada, basada en evidencias; y (ii) desarrollar
criterios para el reconocimiento y cuantificación de la atrofia de la mucosa que puede
ser usada para incrementar el consenso entre los patólogos entrenados. Este estudio
reporta como el grupo ha progresado a través de estos objetivos mediante una evaluación
de la consistencia de la interobservación de una clasificación propuesta de atrofia en
gastritis crónica. Después de redefinir la atrofia gástrica como la «pérdida de
glándulas apropiadas» y examinación de muestras histológicas de diferentes áreas
gástricas, tres categorías fueron identificadas: (i) negativa; (ii) indefinido; (iii)
atrofia, con y sin intestinalización. La atrofia fue graduada sobre una escala de tres
niveles. La reproductibilidad interobservador de la clasificación fue evaluada mediante K
estadístico en una serie de 48 casos. El diagnóstico concordante o de consenso fue
obtenido calculando el consenso general y el coeficiente K estadístico ponderado. El
consenso general fue definido como la proporción de casos asignados al mismo diagnóstico
dividido por el número total de casos. Los resultados de las interobservaciones de
diversos patólogos de los 48 casos de gastritis atrófica usando la redefinición ya
referida fue de una moderada a excelente concordancia.
Se concluye, que mediante la definición de atrofia como la pérdida de glándulas
apropiadas y distinguiendo las dos entidades morfológicas principales (tipo metaplásica
y no metaplásica), se obtuvo un alto nivel de concordancia o consenso entre un grupo de
patólogos gastrointestinales entrenados en diferentes contextos culturales.
Dr.
Victor Liviac T.
ANTIGENO e HEPATITIS B Y EL RIESGO DE CARCINOMA HEPATOCELULAR
Hepatitis B e Antigen and The Risk of Hepatocellular Carcinoma
Yang HI, Nan Lu S, Liaw YF, Lin You S, et al.
N Engl J Med 2002; 347: 168-74
La infección crónica por el virus de la hepatitis B (VHB) es un serio problema clínico
a causa de su distribución mundial y potenciales secuelas adversas que incluyen cirrosis
hepática y carcinoma hepatocelular. El curso natural de la infección crónica por el
VHB, adquirida tempranamente en la vida, puede ser dividida en tres fases. La primera fase
esta caracterizada por una activa replicación del VHB, positividad para el antígeno e
hepatitis B (HBeAg) y nivel sérico normal o bajo de las aminotransferasas. La segunda
fase, caracterizada por la depuración inmune, usualmente ocurre de la edad de 15 a 35
años, durante el cual una hepatitis evidente puede ocurrir como resultado de una
respuesta celular específica mediada por linfocitos T a los antígenos virales y
apoptosis de los hepatocitos. Esta fase decae conforme declina la replicación viral, con
la aparición de anticuerpos contra el HBeAg y remisión clínica. En la tercera fase o
residual, los pacientes son positivos para el antígeno de superficie hepatitis B (HBsAg)
y negativo para HBeAg, no tienen una enfermedad hepática activa. Los estudios
epidemiológicos han demostrado que la positividad para el HBsAg es uno de los factores de
riesgo más importante para el carcinoma hepatocelular. Positividad para el HBeAg
usualmente indica replicación activa del VHB. Sin embargo, el rol de la positividad para
el HBeAg en la predicción del carcinoma hepatocelular permanece inconcluso. Los autores
realizaron un estudio prospectivo a fin de determinar la relación entre positividad para
los antígenos HBsAg y HBeAg y el desarrollo de carcinoma hepatocelular. Durante 1991 y
1992, se enrolaron 11,893 personas sin evidencia de carcinoma hepatocelular (el rango
etario fue de 30 a 65 años) procedentes de siete localidades de Taiwan. Durante el
período de captación se obtuvieron muestras séricas, las mismas que fueron sometidas a
test para HBsAg y HBeAg mediante radioimunoensayo. El diagnóstico de carcinoma
hepatocelular fue averiguado a través del Registro Nacional del Cáncer en Taiwan y con
certificados de defunción. Se realizó un análisis de regresión múltiple para
determinar el riesgo relativo de carcinoma hepatocelular entre las personas quienes
resultaron ser solo positivas al HBsAg, positivas tanto al HBsAg y HBeAg, comparadas con
aquellos que resultaron negativos a ambos antígenos. Hubieron 111 nuevos casos de
carcinoma hepatocelular durante un seguimiento de 92,359 personas-años. La tasa de
incidencia de carcinoma hapatocelular fue de 1169 casos por 100,000 personas-años entre
las personas que resultaron positivas tanto al HBsAg y HBeAg, 324 por 100,000
personas-años para aquellos que solo fueron positivos al HBsAg, y 39 por 100,000
personas-años para aquellos que resultaron negativos a ambos virus. Después de realizar
un ajuste estadístico para la edad, sexo, presencia o ausencia de anticuerpos para
el virus de la hepatitis C, tabaquismo y consumo o no
de alcohol; el riesgo relativo de carcinoma hepatocelular fue de 9.6 para las personas que
solo fueron positivos al HBsAg y de 60.2 para aquellos que fueron positivos tanto al HBsAg
y al HBeAg, comparado con aquellas personas que resultaron negativos a ambos antígenos.
Se concluye que la positividad para el HBeAg está asociado con un riesgo incrementado de
carcinoma hepatocelular.
Dr. Santiago Mestanza V.
SEROPREVALENCIA DE HELICOBACTER PYLORI EN PACIENTES CON BRONQUITIS CRONICA
Helicobacter pylori seroprevalence in patients with chronic bronchitis
Roussos A, Tsimpoukas F, Anastasakou E, et al.
J Gastroenterol 2002; 34; 332-35
La infección por Helicobacter pylori (Hp) de la mucosa gástrica afecta aproximadamente
al 50% de la población mundial y es la principal causa de gastritis crónica antral y
está fuertemente asociada con enfermedad úlcera-péptica, cáncer gástrico y MALtoma.
Asimismo, se ha encontrado una alta seroprevalencia de Hp en varios trastornos
extragastrointestinales que incluyen enfermedad cardiaca coronaria, rosacea, falla del
crecimiento en la niñez y bronquiectasis activa. Es bien conocido que la enfermedad
pulmonar obstructiva crónica en pacientes con úlcera péptica está incrementada dos a
tres veces comparados con los hallazgos en las personas sin úlcera. El mayor factor
subyacente de esta asociación parece ser el impacto del tabaquismo en ambas enfermedades.
Sin embargo, un reciente estudio piloto en un pequeño número de pacientes, demostró que
la infección por Hp, per se, puede estar relacionado a un riesgo incrementado de
desarrollar bronquitis crónica. Sin embargo, no existe suficiente información sobre la
prevalencia de infección por Hp en pacientes con bronquitis crónica. Con el objetivo de
investigar la relación entre Hp y la bronquitis crónica, los autores realizaron un
estudio de seroprevalencia de Hp en una cohorte de pacientes con bronquitis crónica y en
sujetos control. Se evaluaron un total de 144 pacientes con bronquitis crónica (81
varones y 63 mujeres, siendo el rango etario 53.2± 12.7 años) y a 120 sujetos que
sirvieron como controles cotejados en edad y sexo respectivamente. El diagnóstico de
bronquitis crónica fue acorde a los Criterios de la Sociedad Toráxica Americana
(presencia de tos crónica productiva por tres meses por año durante dos años
sucesivos). Se excluyeron pacientes con una exacerbación de la bronquitis crónica previo
al mes de selección y los que recibieron terapia previa de erradicación de Hp y aquellos
con consumo de drogas supresoras de ácido o antibióticos durante los 6 meses previos al
estudio y pacientes con historia de vagotomía. Todos los sujetos enrolados (pacientes con
bronquitis y sujetos controles) fueron sometidos a un test de ELISA para determinar al IgG
serológico para diagnóstico de Hp. Se detectó una correlación entre la edad y el nivel
de IgG Hp para tanto los pacientes con bronquitis crónica (r=0.42; p=0.004) como para los
sujetos controles (r=0.44, p=0.004). La seropositividad para Hp y en los pacientes con
bronquitis crónica fue significativamente más alta comparado con el grupo control (83.3%
vs. 60%; p=0.007). La concentración sérica promedio de anticuerpos IgG contra Hp fue
también significativamente más alto en los pacientes con bronquitis crónica con
respecto al grupo control (38.7 ± 24.1 U/ml vs. 25.9 ± 19.3 U/ml;
p=0.02).
Se concluye que la infección por Hp puede estar asociada con la bronquitis crónica.
Futuros estudios deben ser realizados para confirmar los resultados del presente estudio y
clarificar el potencial mecanismo patogénico subyacente.
Dr. Ernesto Gonzáles C.
ABUSO DE ALCOHOL Y EL RIESGO DE CÁNCER PANCREÁTICO
Alcohol abuse and the risk of pancreatic cancer
Yo W, Lagergren J, Weiderpass E, Nyron O, et al.
Gut 2002; 51:236-39
No existe una firme evidencia si la ingesta de alcohol está causalmente relacionada al
cáncer pancreático. Diversos estudios han evaluado la relación entre ingesta de alcohol
y el riesgo de cáncer pancreático y la mayoría de ellos han demostrado un resultado
negativo. Sin embargo, la gran ingesta de alcohol puede causar pancreatitis crónica, el
cual ha sido señalado como un factor de riesgo para el cáncer pancreático. El alcohol
puede también alterar la función pancreática por mecanismos distintos a los
relacionados a la pancreatitis alcohólica y esto a su vez predisponer al cáncer
pancreático. Si el alcohol es, por supuesto, un factor de riesgo para el cáncer
pancreático, esta asociación debe de ser fácilmente documentada entre los sujetos con
un alto y largo historial de ingesta de alcohol, especialmente entre los alcohólicos.
Para valorar dicha asociación se realizó el presente estudio basado en un estudio de
cohorte y en una extensa población de registro de pacientes entre los pacientes con
diagnóstico de alcoholismo (n=178 688), con pancreatitis crónica alcohólica (n=3500),
con pancreatitis crónica no-alcohólica (n=4952), con cirrosis hepática alcohólica
(n=7057) entre los años de 1965 a 1994. La tasa de incidencia estandarizada (TIE) expresa
el riesgo relativo considerando a la población de Suecia en general como referencia. Para
minimizar la posible influencia de sesgo en la selección, se excluyeron las observaciones
de los primeros años. Los pacientes alcohólicos tuvieron solamente un modesto riesgo
incrementado (40%) de cáncer pancreático (TIE 1.4, 95% IC 1.2-1.5). La
sobrerepresentación de los fumadores entre los pacientes alcohólicos puede originar un
factor de confusión de la verdadera TIE. La TIE entre los pacientes con pancreatitis
crónica alcohólica (2.2, 95% IC 0.9-4.5) fue considerablemente más bajo respecto a los
pacientes con pancreatitis crónica no alcohólica (8.7, 95% IC 6.8-10.9) y disminuyó
conforme al incremento de la duración del seguimiento en ambos grupos. Entre los
pacientes con cirrosis hepática de etiología alcohólica, el riesgo incrementado de
cáncer pancreático fue también moderado (TIE 1.9, 95% IC 1.3-2.8) en tanto no hubo un
riesgo incrementado significativo entre los pacientes con cirrosis hepática de etiología
no alcohólica (TIE 1.2, 95% IC 1.3-2.8).
En conclusión, el riesgo incrementado de cáncer pancreático entre los alcohólicos fue
pequeño y puede ser totalmente atribuible a un factor de confusión como el tabaquismo
concomitante. Aun entre los alcohólicos quienes desarrollaron complicaciones (v.g.
pancreatitis crónica o cirrosis hepática), el riesgo incrementado para cáncer
pancreático fue modesto. Por consiguiente, el alcohol es poco probable que juegue un rol
causal en la etiología del cáncer pancreático.
Dr. Luis Castillo
M.
ABUSO DE ALCOHOL Y EL RIESGO DE CÁNCER PANCREÁTICO
Alcohol abuse and the risk of pancreatic cancer
Yo W, Lagergren J, Weiderpass E, Nyron O, et al.
Gut 2002; 51:236-39
No existe una firme evidencia si la ingesta de alcohol está causalmente relacionada al
cáncer pancreático. Diversos estudios han evaluado la relación entre ingesta de alcohol
y el riesgo de cáncer pancreático y la mayoría de ellos han demostrado un resultado
negativo. Sin embargo, la gran ingesta de alcohol puede causar pancreatitis crónica, el
cual ha sido señalado como un factor de riesgo para el cáncer pancreático. El alcohol
puede también alterar la función pancreática por mecanismos distintos a los
relacionados a la pancreatitis alcohólica y esto a su vez predisponer al cáncer
pancreático. Si el alcohol es, por supuesto, un factor de riesgo para el cáncer
pancreático, esta asociación debe de ser fácilmente documentada entre los sujetos con
un alto y largo historial de ingesta de alcohol, especialmente entre los alcohólicos.
Para valorar dicha asociación se realizó el presente estudio basado en un estudio de
cohorte y en una extensa población de registro de pacientes entre los pacientes con
diagnóstico de alcoholismo (n=178 688), con pancreatitis crónica alcohólica (n=3500),
con pancreatitis crónica no-alcohólica (n=4952), con cirrosis hepática alcohólica
(n=7057) entre los años de 1965 a 1994. La tasa de incidencia estandarizada (TIE) expresa
el riesgo relativo considerando a la población de Suecia en general como referencia. Para
minimizar la posible influencia de sesgo en la selección, se excluyeron las observaciones
de los primeros años. Los pacientes alcohólicos tuvieron solamente un modesto riesgo
incrementado (40%) de cáncer pancreático (TIE 1.4, 95% IC 1.2-1.5). La
sobrerepresentación de los fumadores entre los pacientes alcohólicos puede originar un
factor de confusión de la verdadera TIE. La TIE entre los pacientes con pancreatitis
crónica alcohólica (2.2, 95% IC 0.9-4.5) fue considerablemente más bajo respecto a los
pacientes con pancreatitis crónica no alcohólica (8.7, 95% IC 6.8-10.9) y disminuyó
conforme al incremento de la duración del seguimiento en ambos grupos. Entre los
pacientes con cirrosis hepática de etiología alcohólica, el riesgo incrementado de
cáncer pancreático fue también moderado (TIE 1.9, 95% IC 1.3-2.8) en tanto no hubo un
riesgo incrementado significativo entre los pacientes con cirrosis hepática de etiología
no alcohólica (TIE 1.2, 95% IC 1.3-2.8).
En conclusión, el riesgo incrementado de cáncer pancreático entre los alcohólicos fue
pequeño y puede ser totalmente atribuible a un factor de confusión como el tabaquismo
concomitante. Aun entre los alcohólicos quienes desarrollaron complicaciones (v.g.
pancreatitis crónica o cirrosis hepática), el riesgo incrementado para cáncer
pancreático fue modesto. Por consiguiente, el alcohol es poco probable que juegue un rol
causal en la etiología del cáncer pancreático.
Dr. Luis Castillo
M.
UNA COMPARACIÓN PROSPECTIVA DEL DIAGNÓSTICO PRECISO DE LA PCRE, CPMR, CT Y USE EN
ESTENOSIS BILIARES
A prospective comparison of the diagnostic accuracy of ERCP, MRCP, CT and EUS in biliary
strictures
Rösch T, Meining A, Frühmorgen S, Zillinger C, et al.
Gastrointest Endosc 2002; 55: 870-6
El diagnóstico de pacientes con estenosis biliares con ictericia obstructiva, es
usualmente orientada en 2 pasos: 1) evaluación clínica inicial, pruebas de laboratorio
para diferenciar ictericia extrahepática de hepática, 2) procedimientos de imágenes
para establecer etiología en pacientes con obstrucción extrahepática. La Ecografía
transabdominal, permite definir la dilatación de las vías biliares (confirmando
obstrucción extrahepática), pero es menos precisa para determinar la causa (cálculos
vs. estenosis). La TAC-helicoidal ha mejorado el diagnóstico de patología
pancreáticobiliar. La PCRP, es el más preciso procedimiento en patología de conductos
biliares, permite el diagnóstico histológico y un efectivo tratamiento de cálculos y
estenosis, sin embargo está asociada a un riesgo significativo de morbilidad. Otros
procedimientos, como la Ultrasonografía Endoscópica (USE) y la Colangiopancreatografía
Resonancia Magnética (CP-RM) son rutinariamente utilizados en la práctica clínica. A
pesar de contar con todos estos procedimientos, el diagnóstico diferencial de las
estenosis biliares sigue siendo un reto. Con el objetivo de evaluar la CP-RM como un nuevo
procedimiento de imágenes en comparación con los métodos reconocidos de diagnóstico
incluyendo PCRE, TAC-H, USE y Colangiografía Transhepática Percutánea (CTP), se realiza
estudio prospectivo, durante un período de 18 meses (Octubre 85 a Abril 97); 50 pacientes
con sospecha de estenosis biliares, ictericia, colestasis, pero no dolor abdominal, fueron
incluidos en estudio. La CP-RM, PCRE/CTP, TAC-H y USE fueron realizadas prospectivamente,
los resultados fueron revisados bajo condiciones estandarizadas, para: 1) identificar la
dilatación de los conductos biliares (7 mm para el colédoco; 3 mm para los conductos
intrahepáticos); 2) definir el nivel de la obstrucción (distal, media, hiliar,
anastomosis, bilio-entérica); 3) proporcionar el diagnóstico de obstrucción maligna, o
benigna (inflamatoria, postoperatoria), o normal (sin obstrucción). Los siguientes
criterios fueron usados para distinguir estenosis malignas y benignas; por PCRE/CTP y
CP-RM, las estenosis malignas fueron irregulares y/o asociadas con una estenosis
concomitante del conducto pancreático (signo del doble conducto); mientras que las
estenosis benignas tuvieron contorno regular; por la TAC-H y USE, la estenosis malignas
fueron inferidas si una masa de aspecto maligno estaba presente o había engrosamiento
excéntrico de la pared de los conductos biliares, especialmente en conjunción con signos
secundarios de malignidad como son infiltración vascular, evidencia de metástasis;
mientras que las estenosis benignas, fueron definidas por ausencia de masa, engrosamiento
de la pared de conducto biliar concéntrica y/o signos de pancreatitis crónica. 7
pacientes tuvieron ictericia intrahepática y 43 tuvieron estenosis biliares (17 benignas,
26 malignas). 40 pacientes fueron sometidos a las 4 pruebas de imágenes diagnósticas.
Hubo 10 pacientes en quienes «problemas específicos» impidieron algunos procedimientos
pero fueron incluidos en el análisis de intención de diagnóstico. La sensibilidad y
especificidad para el diagnóstico de estenosis malignas en los 50 pacientes fueron los
siguientes: 85%/75% para la PCRE/CPT, 85%/71% para la CP-RM, 77%/63% para la TAC-H, y
79%/62% par la USE, con valores similares en los 40 pacientes sometidos a los 4
procedimientos. La combinación de la CP-RM y USE mejoran la especificidad.
Se concluye, que no obstante que la CP-RM proporciona similar imagen de información como
una colangiografía directa, tiene limitada especificidad para el diagnóstico de las
estenosis malignas. En el diagnóstico diferencial de las estenosis biliares, muchas
pruebas como la CPRE con toma de biopsia son aún requeridos y la CP-RM tiene solamente un
limitado rol clínico.
Dr. Walter Alfaro
M.
CÁNCER TEMPRANO DE LA VESÍCULA BILIAR
Early Gallblader Cancer
Wagholikar GD, Behari A, Krishnani N, Kumar A, et al.
J Am Coll Surg 2002; 194:137-41
El Cáncer de la Vesícula Biliar (CVB), es la causa biliar más común de malignidad y la
quinta causa más frecuente de malignidad gastrointestinal; tiene muy elevada letalidad
asociada con pronóstico reservado. Las resecciones curativas son posibles en solamente el
20-40% de casos, debido al estado avanzado de la enfermedad en el momento del
diagnóstico. La profundidad de invasión es uno de los más importantes factores de
pronóstico que se relacionan con la supervivencia y estado de tumor. Se observa que el
tiempo de sobrevida en pacientes con Cáncer Temprano de Vesícula Biliar (CTVB),
diagnosticados incidentalmente después de la colecistectomía por colelitiasis. Los
criterios de manejo del CTVB no están completamente definidos y son controversiales. Con
el objetivo de evaluar los aspectos diagnósticos, los efectos de los procedimientos de
resección en la sobrevida y seguimiento en pacientes con CTVB, entre 1989 a 1999, de 350
pacientes con CVB, operados; 141 fueron sometidos a resección quirúrgica. El CTVB fue
definido como el cáncer localizado en la mucosa (pTla) o muscularis (pTlb) de acuerdo a
la clasificación TNM. 14 pacientes con lesiones pTl constituyeron la base de este
estudio. 2 tuvieron carcinoma pTla y 12 pTlb. Rango de edad de 40-76 años, promedio de 60
años. 5 hombres y 9 mujeres. El diagnóstico preoperativo fue posible en solamente 3
pacientes, 3 durante cirugía, los 8 restantes mediante examen histopatológico. Los 3 con
diagnóstico preoperatorio tuvieron lesiones protruidas en ultrasonido, 2 en el fundus y 1
en el cuello vesicular, siendo posible el diagnóstico preoperatorio patológico por
aspiración citológica con aguja fina-US en 2 pacientes. Solamente 1 de los 3 pacientes
tuvo cálculos biliares. El diagnóstico preoperatorio en los 11 pacientes restantes fue
litiasis vesicular, con/sin complicaciones asociadas. En 3 pacientes el diagnóstico de
CVB fue realizado durante la cirugía. 1 paciente con el diagnóstico preoperatorio de
colelitiasis y mucocele de la vesícula biliar, tuvo una lesión sesil, pequeña,
protruida en el cuello vesicular; los 2 restantes en el fundus. En 1 de los pacientes,
hubo una lesión exofítica pequeña, con base amplia y excrecencia polipoidal, mientras
que el otro tuvo una placa muscular engrosada, elevada en el fondo. El diagnóstico
operativo en los 8 remanentes en quienes el CVB fue determinado solamente por
histopatología fueron: colecistitis 4, colelitiasis con fístula colecistoduodenal 1;
colelitiasis con coledocolitiasis, 3. Los cálculos biliares estuvieron presentes en 86%
(12 de 14) de los pacientes. Mientras 2 pacientes con diagnóstico de CVB fueron sometidos
a colecistectomía extensa (colecistectomía con 2 cm de extensión cuneiforme del hígado
y disección de nódulos linfáticos en el ligamento hepatoduodenal); la colecistectomía
simple fue realizada en los 12 restantes. Procedimientos
adicionales incluyeron; coledocolitotomía y drenaje-T del colédoco en 2 pacientes, y
cierre de fístula colecistoduodenal y colecododuodenostomía en 1 paciente. En examen
patológico, el diagnóstico fue adenocarcinoma en los 14 pacientes. 2 pacientes tuvieron
pTla y 12 pTlb lesiones. Los márgenes de resección estuvieron libre de tumor en todos
los pacientes. Para describir los hallazgos macroscópicos se siguieron los parámetros de
Tsuchiy. El promedio de sobrevivencia fue 71.5 (12.2) meses, con mediana de 42 meses. La
sobrevivencia acumulada a los 1,3 y 5 años de pacientes con CTVB fue 92%, 68% y 68%
respectivamente, en comparación con 54%, 26% y 22% para el grupo restante de 127
pacientes sometidos a resección quirúrgica. Hubo 5 fracasos en tratamiento con
recurrencia locoregional y fallecimiento. Todos los tumores con pTlb fueron tratados por
simple colecistectomía.
Se concluye, que el CTVB permanece evasivo clínicamente y a exámenes ecográficos, con
la mayoría de pacientes detectados incidentalmente por examen histopatológico de la
vesícula biliar extirpada por cálculos. La colecistectomía simple es un adecuado
tratamiento para CVB circunscritos a mucosa (pTla). Los pacientes con pTlb tumores
requieren colecistectomía extensa (infiltración hasta la muscularis), tienen un alto
riesgo de recurrencia después de una simple colecistectomía y requieren tratamiento por
colecistectomía extensa, la cual constituye la única chance de curación.
Dr. Walther Taboada T.
UN ESTUDIO RANDOMIZADO CONTROLADO DE CIANOACRILATO VERSUS INYECCIÓN DE ALCOHOL EN
PACIENTES CON VÁRICES FÚNDICAS AISLADAS
A Randomized Controlled Trial of Cyanoacrylate Versus Alcohol Injection in Patients with
Isolated Fundic Varices
Sarin SK, Jain K, Jain M, Gupta R.
Am J Gastroenterol 2002; 97: 1010-15
Las várices gástricas (VGs) no son tan infrecuentes en pacientes con hipertensión
portal, en efecto, aproximadamente cerca del 20% de todos los pacientes no seleccionados
con hipertensión portal presentan VGs. Son más comunes en pacientes que sangran que en
los que no sangran. Alrededor de un 25% de VGs sangran durante la vida. El sangrado por
VGs es a menudo más severo y asociado con elevada mortalidad. La frecuencia y severidad
del sangrado por las VGs depende de su localización, la cual es la base de su
clasificación: las VGs pueden estar asociadas con las várices esofágicas (várices
gastroesofágicas (VGE): tipo 1 (VGE1) en la curvatura menor o tipo 2 (VGE 2), en el
fondo); o están presentes en forma aislada (VGAs: en el fondo (VGA1) o en sitios
ectópicos en el estómago o la primera porción del duodeno (VGA2). Las VGs pueden ser
primarias o secundarias (aparecen después de la obliteración de las várices
esofágicas). Los tipos VGE1 y VGE2 sangran con más frecuencia (78% y 54%
respectivamente) y en mayor cantidad que las de la curvatura menor. El seguimiento y
tratamiento es diferente en los referidos tipos de VGs. Con el objetivo de evaluar la
eficacia y seguridad de la escleroterapia endoscópica de las VGs, usando alcohol como
esclerosante, y la obturación variceal gástrica, usando cianoacrilato, en el manejo de
pacientes con sangrado activo o si habían sangrado por VGs; se realiza estudio
prospectivo entre 1995 a 1998, incluyendo pacientes con sangrado activo (n=17) o anterior
sangrado (n=20). Las VGA son definidas como las que se presentan en la ausencia de
várices esofágicas o en la presencia de solamente várices esofágicas grado I. Pueden
estar localizadas en el fondo gástrico (VGA1s) o en áreas actópicas como el cuerpo,
antro o duodeno (VGA2s). Las VGA1s o várices fúndicas son definidas como columnas
varicosas localizadas en el fondo del estómago, disminuyendo a corta distancia del
cardias separadas por unos pocos centímetros, con ausencia de várices esofágicas
(n=28), pacientes con obliteración previa en el pasado y que subsecuentemente presentan
sangrado debido a la recurrencia de las VGs en el fondo (VGs secundarias) (n=9). En total
37 pacientes fueron randomizados durante la endoscopía inicial para ser tratados con
alcohol absoluto (n=17) usando cianoacrilato (n=20). La escleroterapia de las VGs fue
realizada con una técnica combinada paravariceal e intravariceal, con el endoscopio en
retroflexión. Durante el sangrado agudo, la endoscopía de emergencia fue realizada con
la cabeza del paciente levantada a 30-45°. A menudo el paciente fue mantenido en
decúbito lateral derecho para facilitar una mejor visión del fondo. La técnica mixta se
inicia con inyección paravariceal (rango=2-9, promedio=4) de 0.5-1.0 ml de alcohol
absoluto. Posteriormente el esclerosante se inyecta intravaricealmente (rango=1-3
inyecciones). El logro de «blanqueamiento» fue considerado como punto final deseable
para inyecciones. Durante el sangrado agudo, solamente las VGs sangrantes fueron
inyectadas, normalmente 5-10 ml de alcohol fueron suficientes para lograr
«blanqueamiento» de las várices y disminución del sangrado. La obliteración de las
VGs fueron realizadas por técnica intravariceal usando Histoacryl. Una mezcla de 0.5 ml
de cianoacrilato con 0.7 ml de Lipiodol, se inyecta de 1.2-4.6 ml de dicha mezcla en cada
VG. Se debe tomar las precauciones adecuadas para prevenir el bloqueo del canal
endoscópico y del inyector como son: 1) aplicar Lipiodol en la punta del canal de
endoscopio, 2) evitar succión durante la aplicación de cianoacrilato, 3) no sacar el
inyector a través del canal del endoscopio hasta que el instrumento sea retirado y el
inyector apropiadamente lavado. El cianoacrilato fue significativamente más efectivo en
lograr obliteración variceal que el alcohol (100% vs 44%), p< 0.05). Asimismo, pudo
ser alcanzado en un significativo corto periodo (2.0±1.6 vs 4.7±3.2 semanas, p< 0.05)
y con escaso volumen. El cianoacrilato pudo alcanzar control de sangrado agudo de las VGs
más frecuentemente que con el alcohol (89%-62%), y la necesidad de cirugía de emergencia
fue menor; la diferencia sin embargo no fue significativa. 6 pacientes fallecieron por
sangrado de VGs incontrolable, 4 en grupo de alcohol. Durante un seguimiento promedio de
15.4±3.7 meses no hubo recurrencia de VGs en ambos grupos.
Los resultados muestran que el cianoacrilato es más efectivo y logra obliteración de las
VGs más rápido que con la escleroterapia con alcohol. También es útil en controlar el
sangrado agudo de las VGs, requiriendo menor necesidad de cirugía de emergencia.
Dr. Samuel Muñoz
M.
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