Revista de Gastroenterología del Perú - Volumen 20, Nº1 2000

 

REVISIÓN DE REVISTAS

Dr. Samuel Muñoz M.

INFECCION CRONICA POR EL VIRUS DE LA HEPATITIS C EN PACIENTES CON ENFERMEDAD RENAL EN ESTADIO TERMINAL: CARACTERIZACION DE LA HISTOLOGIA HEPATICA Y DE LA CARGA VIRAL EN PACIENTES EN ESPERA DE TRANSPLANTE RENAL

Chronic Hepatitis C Infection in Patients With End Stage Renal Disease: Characterization of Liver Histology and Viral Load in Patients Awaiting Renal Transplantation
Sterling R, Sanyal A, Luketic VA, Stravitz RT, et al.
Am J Gastroenterol 1999;94:3576–82

La enfermedad hepática es una importante causa de morbilidad y mortalidad después del transplante renal. La hepatitis crónica por virus hepatitis C (HCV) es ahora reconocida como la causa más común de enfermedad hepática crónica en pacientes con enfermedad renal en estadio terminal (ERET) y que serán sometidos a transplante renal.

Varios investigadores han evaluado la histología hepática en pacientes con HCV y ERET. Estos estudios han demostrado de que la severidad de la patología hepática puede variar desde una hepatitis mínima hasta una cirrosis a pesar de una bioquímica hepática persistentemente normal. Por el contrario, la relación entre la histología hepática y el título de HCV–RNA en pacientes con ERET aún no ha sido previamente evaluado.

Los objetivos del presente estudio fueron determinar si los hallazgos bioquímicos (ALT), virológicos (título cuantitativo de HCV–RNA) e histológicos del HCV en pacientes con ERET, en espera de transplante renal, fueron similares a aquellos encontrados en pacientes con función renal normal y, asimismo, identificar los factores pronósticos clínicos de progresión histológica hacia una fibrosis avanzada en puente y/o cirrosis.

Un total de 50 pacientes sucesivos (edad promedio: 42 años, 62% varones) con ERET y HCV por PCR, quienes estuvieron esperando un transplante renal, fueron sometidos a biopsia hepática. A causa de que la gran mayoría de pacientes con ERET tienen valores de la ALT normales, dos poblaciones con función renal normal, una con ALT persistentemente normal y la otra con ALT elevado, sirvieron como controles. El título de HCV–RNA fue evaluado mediante PCR cuantitativo.

Del total de pacientes con ERET, el 94% tuvo ALT normal. El título del HCV RNA expresado como log copias HCV RNA/ml (Amplicor) fue significativamente más alto en los pacientes con ERET (5.8 ± 0.3) con respecto al grupo control tanto con ALT normal (5.4 ± 0.1) como con ALT elevado (5.3 ± 0.1) (p<0.005). El Índice de Actividad Histológica Knodell en los pacientes con ERET fue similar respecto a lo registrado en controles con ALT normal (4.8 ± 0.4 vs 4.9 ± 0.4) pero significativamente menor (p<0.05) respecto a lo observado en los pacientes controles con ALT elevado (8.4 ±0.5). El porcentaje de fibrosis en puente o cirrosis fue similar en pacientes con ERET y controles con ALT persistentemente normal (22% vs 13%) pero significativamente inferior (p<0.001) respecto a lo observado en los controles con ALT elevado (48%). No hubo diferencias significativas en los valores del ALT, título del HCV–RNA, duración de la hemodiálisis, o tiempo desde la primera posible exposición al HCV entre los pacientes con ERET con fibrosis avanzada (n=11) y aquellos con enfermedad leve (n=39).

Se concluye que la biopsia hepática es necesaria para excluir patología hepática significativa en los pacientes con HCV y ERET y ayuda a definir aquellos pacientes en quienes el tratamiento con interferon puede resultar útil.

Dr. Santiago Mestanza V.

 

LIGADURA CON ASA MINI-DESCARTABLE PARA EL TRATAMIENTO DE VARICES ESOFAGICAS

Mini–detachable snare ligation for the treatment of esophageal varices
Sup Ch, Young J, Ju Y, Seok, et al.
Gastrointest Endosc 1999; 50:673–6

La ligadura variceal endoscópica (LVE) ha sido precisada como el óptimo tratamiento endoscópico en la prevención del sangrado de várices esofágicas. No obstante, la escleroterapia puede ser más adecuada para algunas várices, tales como las pequeñas o previamente tratadas que no pueden ser aspiradas adecuadamente dentro del cilindro para LVE. Los datos disponibles sugieren que la LVE proporciona una obliteración más rápida, menos complicaciones relacionadas al tratamiento, y posiblemente un menor sangrado recurrente y una reducción en la mortalidad.

El sistema de ligadura con múltiples bandas permite la aplicación de cinco o diez bandas durante una sola inserción del endoscópio sin la necesidad de usar un sobre tubo. Una asa de acero descartable (diámetro máximo 4 cm, desarrollado por Hachisu, et al. para la resección endoscópica de lesiones elevadas de la mucosa, fue modificado con la cooperación de la manufacturera (Olympus). Los objetivos del presente estudio fueron comparar el uso de este nuevo instrumento con ligadura de múltiples bandas en el tratamiento del sangrado de várices esofágicas.

Se realizó un estudio controlado, prospectivo, randomizado del uso del asa mini-descartable para ligadura vs la ligadura con múltiples bandas en pacientes con sangrado variceal reciente o activo. Se evaluaron resultados tales como la hemostasia inmediata y las tasas de recurrencia del sangrado, erradicación y recurrencia variceal.

Desde marzo de 1997 a octubre de 1998, un total de 103 pacientes ingresaron al estudio; 46 pacientes fueron sometidos a ligadura con asa mini-descartable y 57 pacientes con ligadura con múltiples bandas. Entre los pacientes con sangrado, se obtuvo hemostasia en 6 de 7 pacientes (86%) en el grupo con ligadura con asa mini–descartable y en 11 de 13 pacientes (85%) en el grupo sometido a ligadura con múltiples bandas. La recurrencia del sangrado después del tratamiento inicial ocurrió en 2 de 46 pacientes (5.5%) en el grupo de ligadura con asa mini–descartable y en 3 de 57 pacientes (5.3%) en el grupo sometido a ligadura con múltiples bandas. Las várices esofágicas fueron erradicadas o reducidas al grado I en 4.8 ± 2.1 y 4.5 ± 1.9 sesiones en el grupo sometido a ligadura con asa mini–descartable y en el grupo tratado con ligadura con múltiples bandas respectivamente. La tasa de recurrencia fue de 5 de 46 pacientes (11%) y en 6 de 57 pacientes (11%) en el grupo de ligadura con asa mini–descartable y en el grupo sometido a ligadura con múltiples bandas, durante un período de seguimiento de 6 y 16 meses. No ocurrió ninguna complicación seria en ninguno de los dos grupos.

Se concluye que el asa mini–descartable es un nuevo instrumento que proporciona seguridad y eficacia en el tratamiento de las várices esofágicas y resulta comparable a la ligadura con múltiples bandas.

Dra. Cecilia Vásquez A.

 

EL ROL DE LA COLANGIOPANCREATOGRAFIA RESONANCIA MAGNETICA EN PACIENTES CON CPRE FRUSTRA O INCOMPLETA

Role of MR Cholangiopancreatography in Patients with Failed or Inadequate ERCP
Varghese J. Farrel M, Courtney G, Osborne H, et al.
AJR 1999; 173:1527–33

La colangiopancreatografía retrógrada endoscópica (CPRE) es un procedimiento técnicamente exigente con una tasa señalada de fracaso de 3% a 10%. A pesar de la progresiva experiencia con el procedimiento y de los avances tecnológicos en el equipamiento endoscópico, en un grupo restante de pacientes la CPRE resulta frustra. Este fracaso comúnmente ocurre debido a razones técnicas cuando una causa no es identificada, pero algunos pacientes pueden tener ciertas alteraciones anatómicas adversas (vg. en la anatomía del tubo gastrointestinal superior por cirugía previa, lesiones obstructivas del esófago y estómago). La colangiopancreatografía resonancia magnética (CPRM) puede producir imágenes similares a las obtenidas por una colangiografía directa sin el uso de agentes de contraste o de radiación y ha sido satisfactoriamente usada en el diagnóstico de coledocolitiasis, estenosis del conducto biliar y enfermedad del conducto pancreático.

El propósito del estudio fue determinar la exactitud de la CPRM en el diagnóstico de pacientes con CPRE frustra o incompleta y, asimismo, evaluar la utilidad de la CPRM en la guía del tratamiento posterior del paciente.

Durante un período de 27 meses, 58 pacientes (27 varones, 31 mujeres, rango de edad: 14–85 años) con CPRE frustra o incompleta, fueron sometidos a una CPRM. La CPRE fue considerada frustra si no hubo opacificación con contraste del conducto pancreático o biliar o incompleta si hubo opacificación parcial que resultó insuficiente para el manejo del paciente. La CPRM fue realizada con una unidad RM Signa 1.5–T.

Los hallazgos en la CPRM fueron validados sobre la base de una segunda CPRE (n=4), colangiopancreatografía transhepática percutánea (n=19), colangiografía intraoperatoria (n=6), biopsia percutánea (n=3), hallazgos quirúrgicos (n=5) o por seguimiento clínico (n=21) por un período promedio de 22 meses (rango: 7–31 meses).

La CPRM fue técnicamente satisfactoria en 57 pacientes y tuvo una sensibilidad, especificidad y exactitud diagnóstica de 97.1%, 100% y 98.2%, respectivamente. En promedio, la CPRM proporcionó información clínicamente útil, contribuyendo al manejo clínico en 56 de los 58 pacientes (96.6%). En base a los hallazgos en la CPRM, los pacientes fueron manejados mediante una segunda CPRE (n=4), procedimiento endoscópico y percutáneo combinado (n=2), inserción percutánea de stent biliar (n=13), cirugía (n=12), quimioterapia (n=1), o tratamiento conservador (n=24).

Se concluye que la CPRM tiene un rol valioso y único en la investigación de pacientes en quienes la CPRE fracasa o fue incompleta. Ayuda a evitar procedimientos invasivos tales como la colangiografía transhepática percutánea en el diagnóstico de enfermedades de la vía biliar después de falla de la CPRE, tendiendo a reemplazar a esta última en la investigación inicial colangiográfica en todos los pacientes ictéricos.

Dra. Guadalupe Peralta C.

 

LANSOPRAZOL NASOGASTRICO ES EFECTIVO EN SUPRESION DE SECRECION DE ACIDO GASTRICO EN PACIENTES CRITICOS

Nasogastric lanzoprazole is effective in suppressing gastric acid secretion in critically ill patients.
Tsai WL, Poon TSK, Yu HK, Chang CS, et al.
Aliment Pharmacol Ther 2000; 14:123–7

Los diferentes tipos de Inhibidores de la Bomba de Protones (IBP), son ácido lábiles, por lo cual son protegidos con cubierta entérica cuando se administran por vía oral. Los IBP de uso comercial son formulados con una cápsula de gelatina dura conteniendo gránulos con cubierta entérica que liberan la droga solamente en un medio alcalino. Debido a que la mayoría de pacientes en UCI son incapaces de recibir medicación por vía oral, administrarlo por sonda nasogástrica (SNG) es una alternativa lógica. Sin embargo, esta técnica no ha sido apoyada por la preocupación que genera la alteración de los gránulos cuando son pasados por SNG, ya que la mezcla de los gránulos podría dañar la cubierta externa y exponer al IBP a inactivación por ácido gástrico. Todos los pacientes admitidos en UCI médico–neurológica de Hospital General Geriatrico de Taichung entre Junio–97 a Mayo–98 fueron considerados en estudio si tenían colocada una SNG de 16F (la más usada en el medio) o de mayor diámetro, idónea para ser utilizada como sonda de alimentación, y sin trastornos del vaciamiento gástrico o ileo, que no usaron antagonistas de H2–receptores, antiácidos o IBP durante los 3 días precedentes al inicio de estudio. Ninguna droga conocida que afecte el pH gástrico fueron usadas en el primer día. Los pacientes aptos tuvieron control dirigido por 24h y recibieron Lanzoprazol 30 mg/día, por 2 días, a las 7.30 a.m.; siendo administrado por SNG de manera estandarizada: la cápsula se abre y 1/4 de los gránulos son vaciados en la SNG de alimentación por jeringa de plástico con émbolo removido, se adiciona suavemente agua, y la mezcla de los gránulos y agua es liberada hacia la SNG por presión sobre émbolo. El proceso es repetido hasta que todos los gránulos son administrados. Al final un chorro de 15 ml de agua se utiliza para limpiar gránulos residuales en la SNG.

El pH fue controlado contínuamente por tres días. Pacientes con sangrado digestivo alto o pH >4.0 fueron excluidos. 15 pacientes (9H, 6M), promedio de edad 68.9 ± 9.9, rango de 50–84, con ventilación mecánica 15, con escala de Glasgow promedio 8.9 ± 3.2, Apache II score 15.0 ± 3.8. El promedio de pH intragástrico durante 24 horas fue 2.25 ± 1.01 el primer día, entonces asciende a 6.09 ± 1.45 (P=0.001) en día 2, y eleva hasta 6.70 ± 0.82 (P=0.001) en día 3. El promedio de pH intragástrico durante 24h en día 3 no fue significativamente más alto que en el día 2 (P=0.069). Porcentaje promedio de tiempo de pH intragástrico ž4.0 fueron 25 ± 13% en día 1; 76 ± 22% en día 2; y 84 ±14% en día 3.

Los autores concluyen, que el lansoprazol administrado por SNG es efectivo en suprimir la secreción ácida gástrica en pacientes críticos, siendo un método eficaz y fácil de realizar cuando es necesaria la supresión ácida en pacientes de cuidados intensivos.

Dra. Margot Arista L.

 

PREVALENCIA DEL VIRUS TT EN PACIENTES CON FALLA HEPÁTICA FULMINANTE EN JAPON

Prevalence of TT virus in patients with fulminant hepatic failure in Japan
Tanaka M, Nishiguchi S, Tanaka T, Enomoto M, et al.
J Gastroenterol 1999; 34:589–93

La hepatitis viral es la causa más común de falla hepática fulminante (FHF); sin embargo, ningún agente específico puede ser identificado en aproximadamente 1/3 de casos de falla hepática aguda presumiblemente viral en América y Europa. En 1997 Nishizawa y col. detectaron un nuevo virus DNA (virus TT) en pacientes con elevados niveles de transaminasas, hepatitis transfusional de etiología desconocida. Okamoto y col. reportaron al virus TT en 9 de 19 pacientes (47%) con FHF de etiología desconocida. Se estudia la incidencia y rol de la infección TTV en pacientes con FHF, con la característica de no tener ningún factor de riesgo. Entre Julio-83 a Mayo-95, 26 pacientes con FHF fueron incluídos en el estudio, previa exclusión de pacientes con historia previa de hepatitis o que habían recibido transfusiones; para confirmar la diferencia entre pacientes con FHF y donadores de sangre sanos, se examina muestras de suero de 106 donantes de sangre sanos. Para el pronóstico de clasificación, la causa de la FHF fue tentativamente atribuído a HAV, si Anti–HVA (IgM) fue detectada en suero; a HBV, si AgHBs, AntiHBc (IgM) o HBV–DNA por PCR; a HCV si el suero contiene Anti–HCV y HCVRNA; a GBV–C/HGV si GBV–C/HGVRNA fue detectado en suero; a drogas, si la prueba de disminución de formación de linfocitos es positiva o el curso clínico sugiere que la droga administrada es tóxica; y No–A, B, C, D, E, o G (indeterminada) si los resultados de pruebas serológicas para HAV y HDV, si PCR realizada para detección de HBV, HCV, HEV, y GBV–C/HGV, y la prueba de formación de linfocitos fueron todas negativas. Para detección de TTV DNA se uso la PCR, asimismo se determinaron genotipos del virus. Sobre la base de pruebas serológicas, tuvieron infección aguda: 1(4%) HAV, 8(35%) HBV, 3(12%) HCV; ninguno tuvo HDV, HEV o GBV–C/HGV. La causa en los 11 pacientes restantes (41%) fue indeterminada. Las muestras de suero de 7(27%) de los 26 pacientes fueron positivos para el virus TT DNA. No hubo diferencia en hallazgos clínicos, inicio de coma, o resultado de pruebas de laboratorio en pacientes con y sin virus TT DNA. Sin embargo, todos los 7 pacientes con el virus TT, y sólo 9 de los 19 pacientes sin el virus TT fallecieron. El seguimiento de pacientes con FHF y virus TT fue significativamente peor que en los pacientes sin el virus (P=0.0227). El virus TT fue también detectado en 29(27%) de los 106 donadores de sangre sanos. El virus TT fue clasificado en 4 grupos: (1a, 1b, 2a y 2b). De los 7 pacientes con FHF, 4 tuvieron 1aTTV, 1 1bTTV, 1 2bTTV y 1 tuvo TTV inclasificable. De los 29 donadores sanos, 20 tuvieron 1aTTV, 5 1bTTV, 1 2a TTV, y 3 TTV inclasificable. No hubo diferencia significativa en la clasificación de promedio de positividad y los genotipos de TTV entre pacientes con FHF y donadores sanos.

Los autores concluyen que la infección por el virus TT, puede no causar hepatitis severa como la FHF, pero es posible que determine un peor resultado en tales pacientes.

Dra. María Villanueva C.

 

COLANGIOPANCREATOGRAFIA RETROGRADA ENDOSCOPICA PREOPERATORIA VS POSTOPERATORIA EN PACIENTES CON PANCREATITIS BILIAR LEVE A MODERADA. Un estudio prospectivo randomizado

Preoperative Versus Postoperative Endoscopic Retrograde Cholangiopancreatography in Mild to Moderate Gallstone Pancreatitis. A prospective Randomized Trial
Chang L, Lo S, Stabile B, Lewis R, et al.
Ann Surg 2000;231:82–7

El rol de la colangiopancreatografía retrógrada endoscópica (CPRE) en el manejo de la pancreatitis biliar permanece pobremente definido. En ausencia de una colangitis concomitante, persiste la controversia que si la CPRE debe ser rutinariamente realizada previa a la cirugía en pacientes con pancreatitis biliar con sospecha de cálculos persistentes en el conducto biliar común (CBC) o si la CPRE debe ser realizada después de la cirugía en pacientes seleccionados con cálculos en el CBC demostrados mediante colangiografía intraoperatoria (CIO).

El propósito del presente estudio prospectivo randomizado fue comparar la duración de la estancia hospitalaria, costo, tasas de complicaciones y resultados clínicos de la CPRE de rutina, electiva, preoperatoria más extracción de cálculos del CBC seguido por colecistectomia laparoscópica vs colecistectomia laparoscópica con colangiografía intraoperatoria seguida por CPRE selectiva postoperatoria y extracción de cálculos del CBC.

En base a criterios predeterminados y excluyéndose a pacientes con colangitis o pancreatitis necrotizante; los considerados en alto riesgo por persistencia de cálculos en el CBC (diámetro mayor de 8 mm en la ecografía a la admisión, bilirrubina sérica total ž1.7 mg/dl, o amilasa sérica (150 U/L en el cuarto día de la estancia hospitalaria) fueron asignados aleatoriamente para una CPRE de rutina preoperatoria seguida de colecistectomia laparoscópica o a una colecistectomía laparoscópica con una CPRE selectiva postoperatoria y esfinterotomía solamente si un cálculo en el CBC fue observado durante la CIO.

154 pacientes sucesivos con pancreatitis biliar fueron evaluados prospectivamente para su elegibilidad en el estudio. 70 pacientes reunieron los criterios de randomización. 30 pacientes fueron designados para una CPRE de rutina preoperatoria y 29 pacientes para una CPRE selectiva postoperatoria (1 paciente rechazó el procedimiento). La edad, los valores laboratoriales a la admisión y las puntuaciones tanto de Apache II e Imrie fueron similares en ambos grupos. Por protocolo, la CPRE fue realizada en todos los pacientes en el grupo de la CPRE preoperatoria. En el grupo de la CPRE postoperatoria fue necesaria solamente en 7 de 29 pacientes (24%). El promedio de la estancia hospitalaria fue significativamente más prolongada en el grupo de la CPRE preoperatoria (11.7 días) con respecto al grupo de CPRE postoperatoria (9.1 días). El costo promedio total fue más alto en el grupo de la CPRE preoperatoria ($9,426) respecto al grupo de la CPRE selectiva postoperatoria ($7,798). La tasa de fracaso del tratamiento combinado fue de 10% en ambos grupos.

Se concluye que en los pacientes con pancreatitis biliar leve a moderada sin colangitis, la CPRE selectiva postoperatoria y la extracción de cálculos del CBC está asociado con una estancia hospitalaria más corta, un menor costo y una reducción significativa en el uso de la CPRE comparado con la CPRE de rutina preoperatoria.

Dra. Teresa Castrillón R.

 

COLONOSCOPIA DE URGENCIA EN EL DIAGNOSTICO Y TRATAMIENTO DE HEMORRAGIA DIVERTICULAR SEVERA

Urgent colonoscopy for the diagnosis and treatment of severe diverticular hemorrhage
Jensen DM, Machicado GA, Jothaba R, Kovacs TOG
N Engl J Med 2000; 342:78–82

En dos estudios secuenciales de colonoscopía de urgencia se estudia 121 pacientes con hematoquezia severa y diverticulosis en Los Angeles, USA. Un equipo de internistas, intensivistas, cirujanos, dirigieron el tratamiento en consulta con gastroenterólogos. Todos los pacientes recibieron purgante de sulfato (Golytely o Colyte) por vía oral (67%) y por SNG (33%) para eliminar del colón coágulos, heces y sangre. Requiriendo un promedio de 5-6 litros y aplicado 3-4 horas antes del procedimiento. Se define la colonoscopía de urgencia; la realizada 6–12 horas después de hospitalización o el diagnóstico de hematoquezia y dentro de una hora después de limpieza de sangre, heces y coágulos. El diagnóstico definitivo de la diverticulosis como la causa de sangrado, requiere el hallazgo de uno de los siguientes signos después de vigorosa irrigación de divertículo: sangrado activo, vaso visible no sangrante, o coágulo adherido. Los otros dos tipos de diverticulosis fueron definidos como: Diverticulosis incidental, en la cual la diverticulosis estaba presente pero el sangrado se origina de otra lesión o lesiones y hemorragia diverticular presuntiva, en la cual el divertículo no tiene evidencia de sangrado pero no fueron identificados otras lesiones o zonas de sangrado por enteroscopia. El primer estudio fue realizado entre Junio-86 a Junio-92 incluyendo 73 pacientes con hematoquezia severa y diverticulosis con tratamiento médico-quirúrgico (hemicolectomia). El segundo estudio prospectivo entre Junio-94 a Diciembre-98 incluye 48 pacientes con hematoquezia y diverticulosis, 10 pacientes tuvieron hemorragia diverticular definitiva sobre la base de signos de hemorragia y fueron tratados por colonoscopìa. En pacientes con sangrado activo, 1-2 ml de alicuotas de epinefrina (dilución 1:20,000) fueron inyectadas en los cuatro cuadrantes para controlar sangrado (en el caso de base diverticular poco profunda y amplia) o muy cerca de orificio diverticular por taponamiento (en el caso de diverticulo profundo y cuello estrecho). El vaso visible no sangrante, fue tratado con coagulación bipolar, 10-15 W, moderada presión aposicional sobre vaso, pulsos de 1-2 segundos, hasta que se logra aplanamiento de vaso y adecuada coagulación. El coágulo adherido no sangrante, es inyectado con epinefrina (dilución 1/20,000) en los cuatro cuadrantes alrededor de su pedículo, siendo rebajado por corte con asa de polipectomía sin coagulación hasta 3-4ml por encima de zona de fijación, procurando no desplazar totalmente el coágulo. Entonces el estigma subyacente (usualmente vaso visible no sangrante) es coagulado con probeta caliente. De los primeros 73 pacientes, 17(23%) tuvieron signos definitivos de hemorragia diverticular (sangrado activo 6, vaso visible no sangrante 4, coágulo adherido 7). 9 de los 17 tuvieron sangrado adicional después de colonoscopia, y 6 requirieron hemicolectomia. De los subsecuentes 48 pacientes, 10 (21%) tuvieron signos definidos de hemorragia diverticular (sangrado activo 5, vaso visible no sangrante 2, coágulo adherido 3). Un adicional de 14 pacientes en este grupo (29%) tuvieron sangrado diverticular presuntivo, debido a que no tuvieron estigmas de sangrado diverticular, ni se identificaron otras causas de sangrado. Los otros 24 pacientes (50%) tuvieron otro origen de sangrado. Los 10 pacientes con hemorragia diverticular definitiva tuvieron tratamiento endoscópico, ninguno tuvo recurrencia de sangrado o necesitaron cirugía.

Los autores concluyen que entre los pacientes con hematoquezia severa y diverticulosis al menos 1/5 tuvieron hemorragia diverticular definida. El tratamiento endoscópico de tales pacientes con epinefrina, coagulación bipolar, o ambos puede prevenir recurrencia de sangrado y disminuir necesidad de cirugía; esta última es reservada para pacientes en quienes la hemorragia presuntiva o definitiva es diagnosticada por colonoscopía de urgencia después de vigorosa limpieza; y en quienes el tratamiento médico y colonoscópico fracasa o resulta en complicaciones.

Dr. Samuel Muñoz M.