HEMORRAGIA DIGESTIVA EN EL HOSPITAL NACIONAL CAYETANO HEREDIA Christian Méndez*, Pedro Barrós*, José Cabello*, Alejandro Bussalleu* * Departamento de Medicina, Universidad Peruana Cayetano Heredia
RESUMEN Se realizó un estudio prospectivo, descriptivo, entre agosto de 1994 y mayo de 1995, en el Hospital Nacional Cayetano Heredia, con el objetivo de evaluar las características clínicas, demográficas, evolutivas y diagnóstico endoscópico de pacientes con hemorragia digestiva. Ingresaron 100 pacientes, 86 correspondieron a hemorragia digestiva alta y 14 a hemorragia baja. En el primer grupo la edad media fue de 45,24 años (rango de 10 a 93), con una relación masculino/femenino de 3,5 a 1. Se presentó melena y hematemesis en 56,9% y sólo melena en 26,7%. Un 46,5% de los pacientes acudieron con historia de días de sangrado (2,07 días), con un rango de 1 a 8 días. El antecedente de consumo de antiinflamatorios no esteroideos en las 48 horas previas a la hemorragia estuvo presente en 19,7% y un porcentaje similar había consumido bebidas alcohólicas en dicho período. Un 36% tenía antecedente de hemorragia digestiva previa. Las causas más frecuentes de hemorragia digestiva alta fueron úlcera duodenal en 38,3%, lesiones agudas de mucosa gástrica (gastritis erosiva) en 20,9%, úlcera gástrica en 11,6%, várices esofágicas en 5,8%, síndrome de Mallory Weiss en 4,6%. adenocarcinoma gástrico 2,3%, gastropatía por prolapso 2,3%, esofagitis 2,3%, úlcera en esófago 1,1%, duodenitis 1,1% y malformación arteriovenosa 1,1%. No se precisó la causa de la hemorragia en 8%. La endoscopía permitió determinar la causa del sangrado en 91,7% y en 66% de los casos se realizó dentro de las primeras 24 horas del ingreso. En 20,9% coexistieron dos o más lesiones potencialmente sangrantes 9,1% resangraron durante la hospitalización y un 11,6% de los pacientes fue intervenido quirúrgicamente. Siete pacientes (8,13%)fueron sometidos a terapia endoscópica: 4 a escleroterapia de várices esofágicas con polidocanol y 3 a inyectoterapia de úlcera péptica con epinefrina al 1/10,000 o alcohol, con buena respuesta, sin resangrado o necesidad quirúrgica. La mortalidad global fue de 3,4%. Sólo el 45% de los pacientes con evidencia de hipertensión portal, sangraron por várices esofágicas, el 55% sangró de otra causa, siendo la mis frecuente las lesiones agudas de la mucosa gástrica. Catorce pacientes fueron evaluados por hemorragia digestiva baja, la edad media de este grupo fue de 53,14 años, con una relación masculino/femenino de 1.3 a 1. La principal causa de la hemorragia fue la enfermedad hemorroidal con un 64,2% seguido de adenocarcinoma de recto en 14,2%. Un sólo paciente presentó enfermedad diverticular, uno colitis ulcerativa. Sólo dos pacientes fueron intervenidos quirúrgicamente y ninguno falleció. PALABRAS CLAVE: Hemorragia digestiva alta, hemorragia digestiva baja, epidemiología, clínica, diagnóstico.
SUMMARY A prospective study was performed to evaluate the epidemiological characteristics, clinical outcome and to determine the cause of bleeding in patients admitted to the Cayetano Heredia National Hospital with the diagnosis of gastrointestinal bleeding. Between August 1994 and May 1995, 100 patients were admitted, 86 patients with upper gastrointestinal bleeding and 14 with lower gastrointestinal bleeding. The mean age for the former was 45,25 years and the male/female ratio was 3.5/1. The main complaints were tarry stools and haematemesis in 56,9% and 26,7% only with melena. A history of non steroidal antiinflamatory drugs intake within 48 hours before the bleeding episode was obtained in 19,7% and alcohol ingestion was observed in 19,7%. In 36% of the patients a history of a previous episode of bleeding was obtained. The major causes of bleeding were duodenal ulcer in 38,3%, acute lesions of the gastric mucosa in 20,9%, gastric ulcer in 11,6% and esophageal varices in 5,8%, Mallory Weiss syndrome in 4,6%, gastric carcinoma in 2,3%, prolapse gastropaty 2,3%, esophagitis in 2,3%, esophageal ulcer 1,1 %, duodenitis 1,1%, arteriovenus malformations in 1,1%. The etiology of the hemorrhage could not be established in 8% of cases. The diagnostic rate of endoscopy was 91,7%. In 66% of the patients the endoscopy was carried out within the 24 hours of admission 20,9% of the patients had other potential bleeding lesions 9,1% of the patients had a new episode of bleeding during hospitalization and surgery was needed in 11,6%. Injectotheraphy was done in 7 (8,13%) patients (4 for variceal 2 for duodenal and 1 for gastric bleeding ) The overall mortality was 3,4% Fourteen patients with lower gastrointestinal bleeding were evaluated. The mean age was 53,14 years and the male/female ratio was 1.6/1. The main complaint was hematochezia. The major causes of bleeding were hemorrhoidal disease in 64,2% and rectal cancer in 14,28%. KEY WORDS: Gastrointestinal bleeding, upper, lower, diagnosis, epidemiology, clinic.
INTRODUCCIÓN La hemorragia digestiva es causa importante de morbilidad y mortalidad en el mundo, cuyas incidencias son difíciles de determinar a pesar de la gran cantidad de reportes que se encuentro de la literatura módica. Estudios poblacionales de las décadas del 60 y 70 estiman tasas anuales de hemorragia digestiva alta que van desde 48 a 144 episodios por 100,000 habitantes. En los Estados Unidos de Norteamérica es responsable de cerca de 300,000 admisiones al año. Estudios recientes sugieren que estas cifras no reflejan la realidad ya que no consideran las hemorragias digestivas que se producen durante la hospitalización; las cuales podrían alcanzar hasta el 50% de los episodios de hemorragia digestiva 1,2. Su etiología es variable, siendo las causas más frecuentes de hemorragia digestiva alta la enfermedad úlcero péptica que representa el 50% de los casos, seguida de las lesiones agudas de mucosa digestiva, las várices esofágicas y por último el síndrome de Mallory Weiss3-8.La mortalidad debido a hemorragia digestiva alta no ha variado en los últimos 50 años y permanece entre 8 a 10%, a pesar de los avances en la terapia farmacológica, intervención endoscópica y manejo en unidades de cuidado intensivo, lo que se atribuiría a la cada vez mayor proporción de pacientes mayores de 60 años de edad, muchos de los cuales se presentan con otras enfermedades concomitantes 1,2,6,9; aunque dos meta-análisis recientes reportan una disminución significativa en las tasas de mortalidad con el empleo de la terapia endoscópica en el caso de úlceras sangrantes10,11.Para el diagnóstico etiológico, el método más preciso es la endoscopia digestiva alta la cual llega a identificar la lesión sangrante en más del 90 % de los casos; además de precisar sus características, ofrece valiosa información pronóstica y alternativas terapéuticas 1,9. Aunque la hemorragia digestiva se autolimita en aproximadamente 80% de los casos, en el restante 20% la hemorragia es continua o recurre durante la hospitalización, alcanzando tasas de mortalidad tan altas como 30 a 40%. Se estima además que la cirugía puede requerirse en 15 a 30% de los pacientes que se presentan con sangrado1,12,13.La hemorragia digestiva baja, aquella que ocurre por debajo del Angulo de Treizt, es menos frecuente que la de origen alto y aproximadamente ocasiona el 20% de las hemorragias digestivas, aunque su incidencia, real no se conoce. El origen de la hemorragia digestiva baja aguda está estrechamente asociada con la edad del paciente. En la mayor parte de los casos la hemorragia se origina en el colon y el recto, de 5 a 10% de los episodios son de intestino delgado 1,2,14. Hasta 80% de los episodios hemorrágicos agudos cesan espontáneamente, sin embargo la hemorragia es recidivante en 25% de los pacientes14. Las tasas de mortalidad de la hemorragia digestiva baja se estiman alrededor de 11% y puede llegar a 21% cuando es masiva. A pesar de los adelantos en las técnicas diagnósticas, no se identifica la fuente de la hemorragia en 8 a 12% de los casos14. Un dato importante es que 5 a 10% de los pacientes que se presentan con hematoquezia tienen una fuente de sangrado alto13.En nuestro país no existen estadísticas concluyentes respecto a la hemorragia digestiva a pesar de que todo el personal que se desempeña en los servicios de emergencia se enfrenta prácticamente a diario al problema diagnóstico y terapéutico que implica esta patología. Con respecto a la hemorragia digestiva alta, diferentes series nacionales colocan a la úlcera péptica duodenal como. primera causa, con porcentajes que varían de 33 a 40%, seguida por las lesiones agudas de mucosa gástrica con 21 a 28% 15,16, coincidiendo sólo en parte con lo reportado por algunos autores extranjeros, en cuyas series la úlcera gástrica ocupa el segundo lugar en frecuencia luego de la úlcera duodenal7,8,17-19. Otras series nacionales reportan lo contrario, colocando a las lesiones agudas de mucosa gástrica como primera causa del sangrado, seguido de la úlcera péptica duodenal20-22. Las tasas de mortalidad reportadas oscilan entre 2,25% a 13%15,21,22.Respecto a hemorragia digestiva alta y altura sobre el nivel del mar cabe resaltar que en un estudio publicado por Berrios en el año 1982 23, en el cual se estudió de manera comparativa la patología digestiva a diferentes niveles sobre el nivel del mar, se determinó que el sangrado ocurría con una frecuencia cuatro veces mayor sobre los 4,000 metros de altura que lo observado a nivel del mar. En un reciente trabajo publicado de hemorragia digestiva en la ciudad de La Oroya24, se determinó que la principal causa fue la úlcera gástrica concordante con lo publicado anteriormente sobre patología digestiva a dicha altura25,26. Se resalta que a mayor altura sobre el nivel del mar la úlcera gástrica como etiología se observa con mayor frecuencia, lo que se atribuiría a una mayor secreción de Acido gástrico estimulada por la hipertonía vagal inducida por la hipoxia y a la existencia de hipergastrinemia en los habitantes de la altura24. En un estudio reciente publicado en la ciudad de Huaraz a 3,000 msnm, se observó como principal causa de sangrado a la úlcera, gástrica27. Esto contrasta con lo publicado por Páucar28 en la ciudad del Cusco, a 3,300 msnm y por Cabala16 en la ciudad de Arequipa, donde la úlcera duodenal fue la primera causa de sangrado digestivo alto.Series nacionales respecto a la hemorragia digestiva baja, colocan a la diverticulosis como primera causa de hemorragia cuando ésta es masiva 29,30.El presente estudio realizado en el Hospital Nacional Cayetano Heredia tiene como objetivos principales: Determinar la patología causante de la hemorragia digestiva, conocer las características clínicas previas a la admisión, características demográficas, evolución, tratamiento y mortalidad en los pacientes con esta patología en este nosocomio.
MATERIAL Y MÉTODOS El presente estudio se realizó de manera prospectiva desde el 1.º de agosto de 1,994 al 31 de mayo de 1,995 en el Hospital Nacional Cayetano Heredia e incluyó a todos los pacientes con diagnóstico de hemorragia digestiva evaluados por el servicio de gastroenterología. Se aceptó el diagnóstico de hemorragia digestiva cuando la hematemesis, melena o hematoquezia fue objetivada directamente por los médicos que recibían al paciente o fueron comprobadas mediante el lavado por sonda nasogástrica o tacto rectal. De tal manera ingresaron al estudio pacientes hospitalizados por el servicio de emergencia y aquellos que presentaron la hemorragia como complicación durante su estancia hospitalaria por otra patología. La secuencia seguida en la investigación de la etiología se inició con la evaluación y estabilización hemodinámica del paciente seguido del estudio endoscópico, realizado en la medida de lo posible dentro de las primeras horas del ingreso o de la manifestación de la hemorragia en el caso de pacientes previamente hospitalizados. El procedimiento endoscópico fue realizado por cualquiera de los módicos gastroenterológos del servicio con un endoscopio de visión frontal Pentax FG-29H, previa anestesia tópica con Xilocaína al 10% en spray, sedación con Midazolan (3-5 mg EV) y N-butil bromuro de Hioscina 20 mg EV en el caso de las hemorragias altas o usando un colonoscopio Olympus CF 10 L o proctoscopio Heine en el caso de las hemorragias bajas, previa preparación del paciente con solución salina por vía oral y/o enemas evacuantes. Cuando más de una lesión fue encontrada durante la endoscopia, el diagnóstico final se basó en la presencia de sangrado activo o de estigmas de sangrado reciente según la clasificación de Forrest 31, o la lesión que a criterio del endoscopista fue la causante de la hemorragia.Recolección de datos: Se consideraron en cada paciente las siguientes variables según el protocolo elaborado por la Organización Mundial de la Salud para hemorragia digestiva alta: Edad, sexo, presentación de la hemorragia: hematemesis, melena o hematoquezia y tiempo de iniciado. Síntomas precedentes a la hemorragia: tipo y duración. Medicación: se indagó sobre uso reciente (últimas 48 horas a la hemorragia) y en meses pasados de cualquier medicación, especialmente uso de anticoagulantes, esteroides, antiinflamatorios no esteroideos, corticoides, antagonistas de los receptores H2 y antiácidos.
Antecedentes médicos y quirúrgicos. Antecedente de hemorragia digestiva: diagnóstico, tratamiento, requerimiento de transfusiones. Tabaquismo, consumo de bebidas alcohólicas: cantidad, frecuencia, consumo en las 48 horas previas a la hemorragia. Consumo crónico de bebidas alcohólicas. Examen físico: estado hemodinámico del paciente (frecuencia cardiaca, presión arterial, ortostatismo), signos de enfermedad hepática subyacente, examen rectal, drenaje por sonda nasogástrica. Hematocrito al ingreso. Requerimiento de transfusiones, registrado como el número total de unidades para el episodio de la hemorragia. Endoscopía: fecha y hora del procedimiento, hallazgos endoscópicos, presencia de sangrado activo o de estigmas de sangrado reciente, biopsia. Controles evolutivos: se controló la presión arterial, frecuencia cardiaca y diuresis en periodos fijos de tiempo cuyo intervalo estuvo definido por la situación hemodinámica inicial del paciente. Los valores del hematocrito se determinaron al ingreso y luego cada 24 horas. Se anotaron las características y la cuantía de los vómitos, aspirado gástrico y deposiciones con determinación extemporánea del hematocrito, cada vez que se produjo un nuevo episodio hemorrágico.
DEFINICIONES
Estabilidad hemodinámica: coincidencia de presión arterial sistólica mayor de 100 mmHg, pulso inferior a 100 por minuto, diuresis mayor de 35 ml /hora. Las lesiones objetivadas durante la endoscopia fueron clasificadas, respecto a su estado de sangrado, según la criterios de Forrest 31.El tamaño de las várices esofágicas se determinó de acuerdo a la escala del 1 al 3, según Sheila Sherlock en Diseases of the Liver and Biliary System 32.Los pacientes con evidencia clínica, ecográfica, endoscópica y laboratorial de hepatopatía crónica (cirrosis hepática) o con diagnóstico confirmado de ésta. por biopsia hepática fueron agrupados según la clasificación de Child -Pugh32.
RESULTADOS Desde el primero de agosto de 1994 al 31 de mayo de 1995 se incluyeron en el estudio 100 pacientes con diagnostico de hemorragia digestiva, 86 pacientes con hemorragia digestiva alta y 14 con hemorragia baja. La edad media de los 100 pacientes fue de 46.35 años, con una desviación standard de 19.59, un rango de edad de 10 a 93 años y con un 18% (18 pacientes) con una edad igual o mayor de 65 años. 75 pacientes fueron del sexo masculino y 25 del sexo femenino con una relación de 3:1. La edad media de los varones fue de 45.70 años y de las mujeres de 48.28 años. Hemorragia digestiva alta: Grupo constituido por 86 pacientes, con una edad media de presentación de 45.24 ± 19.58 años, con un rango de edad de 10 a 93 años, un 16.3% (14 pacientes) con una edad mayor o igual a 65 años. 67 pacientes (77.9%) fueron del sexo masculino y 19 (22.1%) del sexo femenino, con una relación de 3,5:1. La edad media de los varones fue de 44.55 ± 19.20 años y de las mujeres de 47.68 ± 21..26 años. 76 pacientes (88%) fueron hospitalizados y 10 (12%) no lo fueron. Ver tablas 1 y 2.
De acuerdo a los criterios previamente establecidos, se establecieron los siguientes diagnósticos por endoscopia, como, etiología de la hemorragia digestiva alta. Ver tabla 3.
Un 97,6% de los pacientes (84 casos) iniciaron la hemorragia digestiva previa a la admisión y 2 durante su hospitalización por otra patología. La duración media de la estancia hospitalaria fue de 8,41 ± 11,91 días, con un rango de 1 a 100 días. Los pacientes que iniciaron el sangrado previo a la admisión tuvieron una estancia hospitalaria media de 7,20 ± 5,64 días, con un rango de 1 a 27 días. La hemorragia se presentó con mayor frecuencia como melena en 72 pacientes (83,7%), 63 pacientes (73,2%) presentaron hematemesis y 49 pacientes (56,9%) se presentaron con ambas. Es decir, 23 pacientes presentaron sólo melena y 14 pacientes sólo hematemesis. El tiempo medio de iniciada la hemorragia fue de 49,89 ± 58,11 horas (2,07 días), con un rango de 1 a 192 horas, el tiempo medio transcurrido entre el ingreso del paciente y la realización de la endoscopia fue de 26,37 ± 29,18 horas con un rango de 1 a 156 horas y en 57 pacientes (66,27%) la endoscopia se realizó dentro de las 24 horas del ingreso. El tiempo medio entre el inicio de la hemorragia y la realización de la endoscopia fue de 75,95 ± 61,65 horas. Treintitrés pacientes (38,37%) no refirieron síntoma alguno previo a la hemorragia y 53 pacientes (61,63 %) manifestaron algún síntoma; 39 pacientes (73,58%) refirieron epigastralgia urente, 24 pacientes (45,28%) pirosis, 9 pacientes (16,98%) dolor abdominal de tipo cólico epigástrico y recurrente, ó pacientes refirieron sensación de plenitud postprandial y náuseas esporádicas. Estos síntomas estuvieron presentes un tiempo medio de 21,29 semanas. El antecedente de consumo de antiinflamatorios no esteroideos dentro de las 48 horas previas al inicio de la hemorragia estuvo presente en 17 pacientes (19,76%), de los cuales, 10 pacientes refirieron consumo de ácido acetilsalicílico, 5 de diclofenaco sódico y 2 de ketorolaco. Diesiciete pacientes (19,76%) refirieron consumo de bebidas alcohólicas en las 48 horas previas a la hemorragia. Veinte pacientes (23.2%) eran alcohólicos crónicos y en 21 pacientes (24,4%) se consignó el antecedente de tabaquismo activo con un consumo medio de 3,62 cigarrillos al día. En 31 pacientes (36%), se consignó el antecedente de hemorragia digestiva previa, de los cuales 9 no contaban con examen diagnóstico alguno (2 hospitalizados y transfundidos y 4 alcohólicos crónicos). Veintiún pacientes contaban con diagnóstico endoscópico: 16 de úlcera péptica duodenal, 3 pacientes de lesiones agudas de mucosa gástrica, 1 de úlcera péptica gástrica y 1 de úlcera esofágica. Un paciente tenia diagnóstico radiográfico contrastado de úlcera péptica duodenal. Cuatro pacientes tenían el antecedente de enfermedad ulceropéptica sin haber presentado hemorragia digestiva: Tres pacientes con úlcera péptica duodenal y 1 con ulcera péptica gástrica. Dieciocho pacientes (20,9%) presentaron ortostatismo al ingreso, siendo los diagnósticos endoscópicos los que se muestran en la tabla 4.
LAMG : lesiones agudas de mucosa gástrica. Se realizó tacto rectal en 64 pacientes (74,41%), evidenciándose en 52 pacientes melena (81,25%) y en 12 (18,75%) materia fecal escasa. Se colocó sonda nasogástrica previa a la endoscopia en 62 pacientes (72%) evidenciándose contenido porráceo en 46 (74,2%), sólo sangre rutilante en 6 pacientes (9,6%) y lavado claro en 10 pacientes (16,1%). De los 6 pacientes con drenaje de sangre rutilante, dos pacientes (33%) resangraron durante la hospitalización y 2 fueron intervenidos quirúrgicamente. Cinco pacientes presentaron melena en el tacto rectal y un número igual fue transfundido. Tres pacientes (50%) se presentaron con ortostatismo al ingreso. Se evidenció sangrado activo en la endoscopia en un paciente (16,7%) y en dos estigmas de sangrado reciente. En dos pacientes se evidenciaron más de una lesión potencialmente causante de la hemorragia. El tiempo transcurrido entre el ingreso y la endoscopia fue de 9,4 horas. (ver tabla 5).
Diez pacientes presentaron drenaje claro por la sonda nasogástrica, ninguno se presentó con ortostatismo ni resangró durante la hospitalización, todos presentaron melena en el tacto rectal. Sólo 3 pacientes de este grupo fueron transfundidos. En dos pacientes hubo más de 1 lesión potencialmente causante de la hemorragia. Un paciente mostró sangrado activo durante la endoscopia. Ver tabla 6.
La endoscopia digestiva alta permitió el diagnóstico en 91,7% de los pacientes (78), en un paciente el diagnóstico se realizó durante una laparotomía exploratoria (úlcera péptica gástrica perforada) y en 7 pacientes (8,1%) no se identificó causa alguna de sangrado.Durante la endoscopia, en 75 pacientes (87,2%) el sangrado había cesado al momento del procedimiento. En 18 pacientes (20,9%) coexistieron 2 ó más lesiones potencialmente sangrantes, 14 pacientes con dos lesiones (16,2%) y 4 pacientes con tres lesiones (4,6%), el endoscopista, atribuyó el sangrado, sólo a una de las lesiones, según los criterios previamente establecidos. Ver tabla 7. Este grupo estuvo conformado por 1ó varones y 2 mujeres. Todos ellos estuvieron hospitalizados, con una estancia media de 7,6 ± 6,8 días y con un rango de 1 a 26 días. Diez pacientes (55,5%) fueron transfundidos con una media de 3,8 ± 3,1 y con un rango de 1 a 10 unidades. El hematocrito al ingreso en 78 pacientes se distribuyó como sigue: Menor de 15% en 4 pacientes, entre 16 y 20% en 9 pacientes, entre 21 a 25% en 21 pacientes, entre 26 a 30% en 17 pacientes, entre 31 a 35% en 10 pacientes y mayor de 35% en 17 pacientes. Cuarenta y cuatro pacientes (51,16%) fueron transfundidos con una media de 3,00 ± 2,02 unidades y con un rango de 1 a 10 unidades. Trece pacientes (15%) recibieron sólo una unidad de sangre, 17 pacientes (19,7%) recibieron entre 2 a 3 unidades, 12 pacientes (13,9%) recibieron entre 4 a 6 unidades y dos pacientes entre 7 a 10 unidades de sangre. 42 pacientes (48,84%) no fueron transfundidos.
Siete pacientes (9,21%) resangraron durante la hospitalización, siendo los diagnósticos endoscópicos los que se muestran en la siguiente tabla. En dos pacientes se evidenciaron más de una lesión potencialmente sangrante. Los 3 pacientes con diagnóstico de úlcera péptica duodenal fueron intervenidos quirúrgicamente y el paciente con diagnóstico de úlcera péptica gástrica falleció por sangrado masivo (Tabla 8).
Durante el periodo de estudio 6 pacientes (6,9%) reingresaron por un nuevo episodio de sangrado, en todos estos casos el diagnóstico endoscópico fue igual al anterior. Tres tuvieron diagnóstico de úlcera péptica duodenal, un caso de várices esofágicas en sesiones de escleroterapia (paciente intervenida quirúrgicamente de emergencia y fallecida por sangrado masivo), un caso de lesiones agudas de mucosa gástrica y la última paciente con diagnóstico de malformación arteriovenosa, (en su tercer episodio, de sangrado). Cuatro pacientes fueron intervenidos quirúrgicamente, dos con diagnóstico de úlcera péptica duodenal, uno por várices esofágicas sangrantes y la última paciente con diagnóstico anatomopatológico de malformación arteriovenosa. Cirugía: once pacientes (11,6%) fueron intervenidos quirúrgicamente - Seis tenían diagnóstico inicial de úlcera péptica duodenal, dos de várices esofágicas de segundo grado, dos de úlcera péptica gástrica y uno de malformación arteriovenosa. Cuatro se presentaron con ortostatismo al ingreso y 10 fueron transfundidos. Siete pacientes (8,13%) fueron sometidos a terapia endoscópica, se realizó escleroterapia con Polidocanol al 1% en 4 pacientes con várices esofágicas, e inyectoterapia en tres pacientes con enfermedad úlcero-péptica, con buena respuesta, no hubo resangrado ni necesidad de cirugía. Tres pacientes fallecieron (3,4%), en dos de ellos se debió a hemorragia masiva, el primer caso una mujer de 57 años con diagnóstico de várices esofágicas sangrantes y shock hipovolémico intervenida quirúrgicamente de emergencia; el segundo caso un paciente varón de 62 años con diagnóstico de insuficiencia cardiaca congestiva de grado funcional III, con hallazgo endoscópico de úlceras pépticas gástricas asociadas a esofagitis y duodenitis erosivas, en la necropsia se diagnóstico adenocarcinoma pulmonar a células grandes estadío IIIb (T4, N3, M0) y se evidenciaron múltiples Areas hemorrágicas en la mucosa gástrica e intestinal. El tercer caso fue un paciente varón de 19 años con diagnóstico inicial de lesiones agudas de mucosa gástrica asociada a duodenitis moderada, además de hipertensión pulmonar secundaria a cardiopatía congénita. La causa más frecuente de sangrado fue la úlcera péptica duodenal con 33 casos (38,3%), conformado por 29 varones y 4 mujeres con una edad media de 39,57 ± 18,36 años. 31 pacientes (93,9%) estuvieron hospitalizados y dos no lo requirieron. Uno de los pacientes inició el sangrado en el postoperatorio de una apendicectomía a muñón libre y lavado de cavidad peritoneral. Diecisiete pacientes (51,5%) tenían el antecedente de hemorragia previa: 15 pacientes con diagnóstico de úlcera péptica duodenal por endoscopia, 1 con diagnóstico endoscópico de lesiones agudas de mucosa gástrica y uno sin estudio diagnóstico alguno. En 19 casos se presentaron úlceras activas con base limpia: 15 únicas y 4 múltiples. En 12 casos se presentó algún estigma de sangrado reciente (Forrest II), de éstos, 6 pacientes con coágulo adherente, 5 pacientes con mancha plana pigmentada (Forrest II B) y I con vaso visible (Forrest II A). Dos pacientes presentaron sangrado activo durante el examen endoscópico (Forrest I). Se realizó biopsia de región gástrica antral en 17 pacientes, de éstos sólo 11 (64,7%) eran positivos al Helicobacter pylori. Seis pacientes fueron sometidos a cirugía, de los cuales en 4 se debió a resangrado durante la hospitalización, habiéndose presentado en 3 algún estigma de sangrado reciente en la endoscopia inicial. Dos pacientes fueron operados al reingresar por hemorragia ( segundo y tercer episodio de hemorragia ). Dos pacientes que mostraban estigmas de sangrado reciente, uno con vaso visible y otro con coágulo adherente fueron sometidos a inyectoterapia con alcohol etílico 0.1 cc y epinefrina 1:10,000 respectivamente, controlándose la hemorragia. Diecinueve pacientes (57,5%) fueron transfundidos, con una media de transfusiones de 2,68 unidades, un rango de 1 a 6 unidades, siendo, el requerimiento mayor en los pacientes operados con una media de 4 unidades. La segunda causa de hemorragia digestiva alta fueron las lesiones agudas de mucosa gástrica en 18 pacientes (20,9%). En dos casos además estuvieron presentes en mucosa duodenal y en otros dos en mucosa esofágica. La edad media de este grupo fue de 48,22 ± 18,43 años, con un rango de edad de 19 a 84 años. Trece pacientes (72,2%) fueron del sexo masculino y 5 del sexo femenino. Quince pacientes estuvieron hospitalizados, 3 no lo fueron. El tiempo medio transcurrido entre el ingreso y la endoscopia fue de 21,56 horas con un rango de 1 a 60 horas. El tiempo medio de iniciada la hemorragia fue de 39,78 horas con un rango de 1 a 168 horas. La estancia media hospitalaria fue de 6,86 ± 5,34 días. El antecedente de consumo de antiinflamatorios no esteroideos en las 48 horas previas al sangrado estuvo presente en 6 pacientes (33%) de estos 3 habían consumido ácido acetilsalicílico, 2 didofenaco sódico y 1 ketorolaco. Seis pacientes (33%) refirieron el consumo de bebidas alcohólicas en las 48 horas previas al ingreso. Siete pacientes tenían el antecedente de alcoholismo crónico y 4 de tabaquismo activo, con un promedio de 3 cigarros al día. La úlcera péptica gástrica fue la tercera causa de la hemorragia digestiva, presente en 10 pacientes (11,6%), 9 varones y 1 mujer con una edad media de 52,5 ± 14,85 años. Sólo 8 pacientes estuvieron hospitalizados, 1 de ellos inició el sangrado habiendo estado previamente hospitalizado por otra patología. El tiempo medio de iniciada la hemorragia fue de 60,78 horas y el transcurrido entre el ingreso y la endoscopía fue de 29 horas. La duración media de la hospitalización fue de 6,25 ± 3,69 horas. Cinco pacientes (50%) tenían el antecedente de consumo de antiinflamatorios no esteroideos (3 Acido acetilsalicílico, 1 ketorolaco y I diclofenaco). Tres pacientes tenían el antecedente de alcoholismo crónico y de tabaquismo activo con un consumo medio de 3 cigarros al día. En 11 pacientes (12,7%) se evidenciaron várices esofágicas en la endoscopia, sólo en 5 pacientes (45,4%) fueron responsables de la hemorragia digestiva (5.8% del grupo total). Ver tabla 9. Tres fueron varones y 2 mujeres con una edad media de 53,40 ± 14,36 años. El tiempo medio de iniciada la hemorragia fue de 35,2 ± 21,42 horas, el tiempo medio transcurrido entre el ingreso y la endoscopia fue de 14,8 horas. Los cinco pacientes mostraban algún estigma de enfermedad hepática crónica (sean telangiectasias, palmas hepáticas, hipertrofia parotidea), en 4 pacientes se realizó ecografía abdominal evidenciándose dilatación esplenoportal, esplenomegalia, hígado pequeño de ecogenicidad heterogénea y ascitis. Dos fueron alcohólicos crónicos y una paciente era portadora del antígeno de superficie de hepatitis B. Se realizó biopsia hepática en 2 pacientes con diagnóstico anátomo -patológico de cirrosis hepática micronodular. En otra paciente se evidenció durante la laparotomía un hígado pequeño y aumentado de consistencia. Un paciente refirió consumo de ácido acetilsalicílico y otro de bebidas alcohólicas en las 48 horas previas al ingreso.Tres pacientes se presentaron con ortostatismo al ingreso, 4 fueron transfundidos con una media de 4,75 unidades de sangre. El hematocrito estuvo entre 20 a 26% en todos los casos. La duración media de la estancia hospitalaria fue de 17 ± 8,33 días. De acuerdo a la clasificación de Child -Pugh, 3 pacientes estuvieron en la categoría C y 2 pacientes en la categoría B.Durante la endoscopia todos los pacientes mostraron algón estigma de sangrado reciente (mancha plana pigmentada). En tres pacientes las várices fueron de grado 3 y en dos de grado 2 (extendiéndose en uno de ellos al estómago). Tres pacientes presentaron más de una lesión potencialmente sangrante, 1 con lesiones agudas de mucosa gástrica, uno con úlcera péptica gástrica y el tercero con úlcera péptica gástrica asociada a lesiones agudas de mucosa gástrica. Cuatro pacientes fueron sometidos a escleroterapia con Polidocanol al 1% y uno a cirugía (desconexión ácigos portal). Una paciente reingresó por hemorragia digestiva masiva siendo intervenida quirúrgicamente de emergencia por várices esofágicas sangrantes, falleciendo por hemorragia masiva.
Seis pacientes de los once (54,5%) con presencia de várices esofágicas, sangraron por otra patología, dos por úlcera péptica duodenal y 4 por lesiones agudas de mucosa gástrica (en uno de ellos asociado a síndrome de Mallory Weiss), en cuatro había algún estigma de sangrado reciente, 3 fueron alcohólicos crónicos. En cuatro, se realizó ecografía abdominal evidenciándose dilatación esplenoportal, hígado pequeño, esplenomegalia y en 3 ascitis. Las várices fueron de grado 2 en cuatro pacientes y de grado 3 en dos pacientes, en tres se extendían al estómago. Se pudo realizar la clasificación de Child-Pugh en 4 pacientes, dos fueron de la categoría A y dos de categoría B. Cuatro pacientes del grupo (4,6%) presentaron el diagnóstico de sindrome de Mallory Weiss, todos fueron varones con una edad media de 42,25 ± 24,08. Dos pacientes tuvieron diagnóstico de gastropatía por prolapso, ambos varones de 25 y 53 años, que se presentaron sólo con hematemesis. El primero de ellos refirió el consumo de Acido acetilsalicílico en las 48 horas previas al ingreso. El paciente de 53 años era alcohólico crónico. Ninguno de los pacientes fue hospitalizado ni requirió de transfusiones. El hematocrito fue mayor de 35% en ambos casos. Dos pacientes tuvieron diagnóstico de esofagitis severa, uno de ellos una mujer de 35 años que presentó melena y hematemesis, con consumo de diclofenaco sódico en las 48 horas previas y el segundo paciente un varón de 34 años que presentó sólo vómitos porráceos sin antecedente de consumo de sustancias injuriantes a la mucosa digestiva. Ninguno requirió de transfusiones, ambos estuvieron hospitalizados por 4 días y con un hematocrito mayor de 35% en ambos casos. Se tuvo biopsia de esófago en un caso informándose como esófago de Barret.
HEMORRAGIA DIGESTIVA BAJA Grupo conformado por 14 pacientes, con una edad media de presentación de 53,14 ± 18,90 años, con un rango de edad de 22 a 83 años. 28,5% (4 pacientes) tenían una edad igual c, mayor de 65 años. Ocho pacientes fueron varones y 6 mujeres, con una relación de 1.3:1. La edad media de los varones fue de 55,37 ± 18,03 años y de las mujeres 50,16,21,32 años. Once pacientes (78,57%) estuvieron hospitalizados, con una duración media de 11,27 ± 8,96 días. Todos los pacientes se presentaron con hematoquezia, que en ocho casos era intermitente reagudizada y en el resto se presentó como un episodio agudo inicial. Cinco pacientes refirieron algún síntoma previo a la hemorragia, dos con dolor abdominal de tipo cólico recurrente en fosa ilíaca izquierda, dos con dolor perianal y uno con epigastralgia urente. Cinco referían constipación crónica. Dos pacientes habían consumido antiinflamatorios no esteroideos previamente al ingreso y uno había consumido bebidas alcohólicas. Sólo uno era alcohólico crónico. Referente a enfermedades concomitantes 1 paciente tenía diagnóstico de enfermedad pulmonar obstructiva crónica, uno de hipotiroidismo en tratamiento irregular, uno de litiasis renal y una paciente de esquizofrenia paranoide en tratamiento con fenotiazínicos. Cuatro pacientes (28,57%) tenían el antecedente de sangrado previo y de este grupo dos habían sido sometidos a hemorroidectomía, el resto no tenia estudio diagnóstico alguno. Al examen físico, específicamente en el tacto rectal, dos pacientes presentaban prolapso rectal y hemorroidal de segundo grado, dos presentaban una lesión estenosante y proliferativa a 5 a 10 cm del margen anal. Ocho presentaban hemorroides externas. El hernatocrito al ingreso estuvo en menos de 20% en tres pacientes, entre 21 a 25% en dos, entre 26 a 30% en uno, entre 31 a 35% en dos casos y mayor de 36% en cuatro casos. Sólo tres pacientes fueron transfundidos con una media de 2,67 unidades de sangre y con un rango de 1 a 4 unidades. Se realizó colonoscopia en dos pacientes diagnosticándose diverticulosis colónica asociada a hemorroides internas en un caso y colitis ulcerativa en el otro (comprobado por biopsia de mucosa de recto-sigmoides). En dos pacientes se realizó proctosigmoidoscopia con diagnósticos de hemorroides internas de segundo grado asociado a hemorroides externas en corona y en el segundo caso prolapso hemorroidal de segundo grado (ambos casos con mucosa colónica de aspecto normal). En un paciente no se pudo avanzar el colonoscopio por la presencia de una lesión estenética de bordes irregulares, eritematosos y friables, cuyo resultado de biopsia fue adenoma velloso con atipia de grado leve, posteriormente fue intervenido quirúrgicamente y el diagnóstico por la pieza operatoria fue de adenocarcinoma colónico bien diferenciado. Nueve pacientes fueron sometidos a proctoscopia. Los hallazgos endoscópicos finales fueron: Hemorroides externas. La primera causa de la hemorragia digestiva baja en la presente serie estuvo constituido por la enfermedad hemorroidal con un 64,2% (9 pacientes), seguido del adenocarcinoma de colon en dos casos (14,28%). Sólo hubo un caso de diverticulosis colónica y uno de colitis ulcerativa. No se precisó la causa del sangrado en un paciente. Un paciente de 62 años con diagnóstico de diverticulosis colónica resangró durante la hospitalización con cese espontáneo de la hemorragia. Un paciente varón de 34 años con diagnóstico de hemorroides internas congestivas de primer grado reingresó a las 3 semanas de su primera hospitalización por resangrado por lo que fue sometido a hemorroidectomía. Un paciente varón de 43 años con diagnóstico de adenoma velloso con atipia celular de grado leve fue sometido a la operación de Miles, durante la laparotomía no se evidenció compromiso de cadenas ganglionares ni de hígado. Se realizó biopsia de recto-sigmoides con el resultado de adenocarcinoma bien diferenciado de colon en pólipo velloso que infiltra hasta la muscular propia, sin compromiso neoplásico de los ganglios estudiados. Ningún paciente con sangrado digestivo bajo falleció.
DISCUSIÓN Grandes series a nivel mundial3,6-8 con más de 2,000 pacientes cada una, reportan a la enfermedad ulceropéptica como primera causa de sangrado digestivo alto con porcentajes que oscilan de 46% a 54%, con un claro, predominio de las úlceras duodenales sobre las gástricas, seguido aunque no en el mismo orden por las lesiones agudas de mucosa gastrointestinal, várices esofágicas y síndrome de Mallory Weiss principalmente. Diferentes series a nivel nacional15,16,20-22 colocan también a la enfermedad ulcero-péptica como primera causa de sangrado con porcentajes que varían de 30% a 48%, cabe resaltar que en tres de estas series20-22, al considerar individualmente las etiologías, el primer lugar es ocupado por las lesiones agudas de mucosa digestiva con un porcentaje que va de 24% a 36%, seguido de la úlcera péptica duodenal. De acuerdo a los objetivos previamente establecidos, se discutirán lo que a nuestro criterio han sido los aspectos más importantes encontrados en el estudio. En el presente estudio se observa una clara predominancia del sexo masculino sobre el femenino con una relación de 3.5:1, lo cual es muy significativo si consideramos que el Hospital Nacional Cayetano Heredia atiende en similares proporciones a pacientes de ambos sexos, este hallazgo seria un reflejo de la aún mucho más marcada presencia del sexo masculino en los principales grupos causantes de la hemorragia como son la enfermedad ulceropéptica (duodenal y gástrica), las lesiones agudas de mucosa gástrica y además el síndrome de Mallory Weiss, lo cual concuerda con lo reportado por diferentes series nacionales15,16,20-22,28, extranjeras5,7,8,18,19,34 y por la literatura especializada9,13. La gran mayoría de pacientes (72%), estuvo comprendido entre los 21 y 65 años de edad y con una edad media de 45.24 años, lo cual no difiere mucho con lo reportado a nivel nacional16,21,22 e internacional17,18,34, series que reportan también, aunque no en el mismo orden las mismas etiologías de la hemorragia. Asimismo difiere de otras series nacionales que observan un predominio de una edad mayor de presentación como lo reportado por el Hospital Edgardo Rebagliati Martins (IPSS) donde se observó un predominio en la edad por la octava década de la vida, lo cual podría atribuirse a la gran proporción de pacientes asegurados de la tercera edad que tienen acceso a la atención en dicho nosocomio15. Series internacionales5,7,19 señalan también un predominio de edades mayores. Cabe resaltar que Berrios y colaboradores en su serie de hemorragia digestiva alta en las grandes alturas (La Oroya), observan un predominio de edades entre los 30 a 39 años, lo que atribuyen a que su población en estudio estaba constituido básicamente por los trabajadores mineros asegurados24. Una serie nacional en una ciudad de menor altura como lo es la ciudad de Huaraz27 reporta en su serie de hemorragia digestiva alta una edad media de 51,2 años. Varios estudios que han examinado a la edad como variable pronóstica, señalan que pacientes mayores de los 60 años de edad tienen una mortalidad mayor de 2 a 4 veces que la de pacientes jóvenes1. Cuando se consideran las enfermedades subyacentes el riesgo de muerte se incrementa dramáticamente. El estudio realizado por la Asociación Americana de Endoscopia, observó que las personas sanas menores de 60 años de edad sin enfermedades concomitantes tuvieron una mortalidad de 2.6%, mientras que las mayores de 60 años y con 5 ó 6 enfermedades concomitantes tuvieron una mortalidad del 47%1,4,6. Asimismo señalan que viene ocurriendo un incremento progresivo de las poblaciones de la tercera edad, la mayoría con otras enfermedades concomitantes que ensombrecen su pronóstico1,5-7,9,12. Este factor seria responsable del mantenimiento de las tasas de mortalidad, a pesar de los avances en la terapia farmacológica, intervención endoscópica y manejo en unidades de cuidado intensivo, aunque ha sido refutado por los resultados de dos metaanálisis recientes10,11, que reportan una disminución significativa, en las tasas de mortalidad con el empleo de la terapia endoscópica, específicamente de las úlceras sangrantes. Un 26% de la presente población fue mayor de 60 años de edad. La hemorragia digestiva se presentó con mayor frecuencia como hernatemesis y melena en el 56,9%, 23 pacientes (26,74%) sólo presentaron melena y 14 pacientes (16,27%) sólo hematemesis. Esto concuerda perfectamente con lo publicado en series nacionales y extranjeras7,15,17-22. Patologías tales como esofagitis y la gastropatía por prolapso en nuestra serie se presentaron predominantemente con hematemesis, concordante con lo reportado por Laine y Weinstein13,35. Cuarenta pacientes (46,5%), acudieron con historia de días de sangrado (2.07 días), cifra por debajo de lo reportado anteriormente por Olivares en el mismo centro que fue de 4,2 días20, lo que podría atribuirse a que más de un tercio de nuestra población había sangrado anteriormente y a que cerca de un 25% de ellos habían tenido una evaluación y diagnóstico por endoscopia, por lo que se podría sospechar que conocían ya las manifestaciones e implicancias del sangrado. Además, en poco más del 20% el sangrado fue un factor de descompensación hemodinámica. Con respecto a los síntomas precedentes a la hemorragia digestiva, se señala que un caso dósico de úlcera duodenal se caracteriza por dolor epigástrico urente que ocurre 1 a 3 horas después de los alimentos, frecuentemente despierta al paciente en las noches, raramente ocurre al amanecer y es aliviado por antiácidos o por los alimentos. Los pacientes con úlcera gástrica son mayores en edad, tienen un dolor mucho más severo que ocurre rápidamente después de los alimentos y es poco aliviado por los antiácidos o por los alimentos36. En la presente serie 61,63% de los pacientes refirieron algún síntoma previo a la hemorragia, aunque se señala que estos patrones no son sensibles ni específicos para determinada patología36, además no alteran el curso ni la mortalidad por el sangrado digestivo4. Se señala a la historia clínica como un factor poco confiable para la identificación de la fuente de sangrado, lo cual ha sido demostrado por el estudio realizado por la Asociación Americana de Endoscopia4, donde se demostró que los pacientes que acudían con una historia clínica sugestiva de enfermedad ulceropéptica o de esofagitis por reflujo, la posibilidad de diagnosticar la misma patología en la endoscopia sólo fue de 50%. El consumo de sustancias injuriantes a la mucosa digestiva, tales como bebidas alcohólicas y antiinflamatorios no esteroideos estuvo presente en 19,76% de pacientes respectivamente (casi un 40% del grupo total ). El efecto deletéreo del etanol ha sido conocido desde el siglo pasado, por las observaciones realizadas por William Beaumont en 1833 al describir la mucosa gástrica de Alexis St Martin, un paciente con una fístula gástrica traumática35,37,38. El daño mucoso se asocia principalmente con erosiones y hemorragias subepiteliales con edema circundante y solo un leve a moderado incremento en las células inflamatorias de la mucosa, si bien el mecanismo es incierto, se postula que la injuria celular se debería a las propiedades lipofílicas y lipolíticas inherentes del etanol y/o a la interrupción de la barrera mucosa gástrica o daño directo a los pequeños vasos sanguíneos de la mucosa13,38,39. Las lesiones agudas de la mucosa digestiva deben ser consideradas como causa potencial de hemorragia en pacientes alcohólicos. Evaluaciones prospectivas de pacientes alcohólicos bebedores activos. señalan que estos tienen evidencia de erosiones y/o hemorragias subepiteliales en porcentajes que varían de 20 a 40%13,38. Los antiinflamatorios no esteroideos son un grupo de drogas comúnmente prescritas en los Estados Unidos de Norteamérica. Casi 12 toneladas de aspirina (ácido acetilsalicílico) son producidas cada año y tan sólo en 1987 los módicos norteamericanos escribieron más de 60 millones de recetas prescribiendo algún antiinflamatorio no esteroideo (casi 45% de todas las prescripciones de ese año). Más de 30 millones de personas en el mundo usa algún antiinflamatorio cada día y casi la mitad son mayores de 60 años40,41. Los efectos secundarios más frecuentes de estas drogas, afectan al tracto gastrointestinal, e incluyen síntomas dispépticos, erosiones duodenales y gástricas, úlceras y complicaciones de úlcera tales como sangrado y perforación. Estos efectos no se limitan al estómago y duodeno, se describen además úlceras, inflamación, estrecheces en esófago, intestino delgado y colon, e incluso se ha descrito una enteropatía por antiinflamatorios no esteroideos que estaría asociada con pérdidas proteicas y sanguíneas de bajo grado y que 60 a 70% de pacientes con consumo prolongado de estas drogas pueden tener una enteropatía asintomática40-42. Estudios transversales en personas consumidoras crónicas de antiinflamatorios no esteroideos, revelan que cerca de un tercio de ellos muestran una apariencia endoscópica normal. 50% tienen erosiones y/o petequias y que 5 a 30% tienen úlceras36. La patofisiología de la injuria de la mucosa por estas drogas es multifactorial, el daño ocurriría por tres principales mecanismos: a) efecto tópico directo sobre la mucosa, independiente de las protaglandinas, b) efectos sistémicos de los antiinflamatorios mediados al interrumpir el metabolismo del ácido araquidónico y finalmente, c) efecto tópico indirecto relacionado a la excreción biliar de los antiinflamatorios y de sus productos de metabolismo, mecanismo involucrado en la injuria de la mucosa intestinal40. Se han identificado algunos factores de riesgo para el desarrollo de la injuria a la mucosa y pueden ser resumidos como sigue: a) edad mayor de 60 años (tanto hombres como mujeres), b) patología previa del tracto gastrointestinal, c) uso concomitante de corticoesteroides, aún en pequeñas dosis, d) primeras 4 semanas de la terapia con antiinflamatorios no esteroideos, e) dosis de la droga utilizada, afectando de manera directamente proporcional36,40,41. La ingestión de antiinflamatorios no esteroideos puede causar tanto úlceras gástricas como duodenales, si bien las primeras son más comúnes que las duodenales en términos de incidencia, las tasas incrementadas de complicaciones asociadas con el uso de estas drogas son similares para las dos formas, además estas drogas no sólo inducen la formación de úlceras sino también incrementan la chance de complicaciones tales como sangrado en pacientes con enfermedad ulcerosa subyacente43. Diferentes series nacionales y extranjeras referentes a hemorragia digestiva alta señalan el antecedente de consumo de antiinflamatorios en porcentajes que varían desde el 20 al 80%20,21,34,44. En el presente estudio, el 24.4% de los pacientes fueron fumadores activos, el tabaquismo ha sido asociado con una frecuencia incrementada de úlcera duodenal, disminución en la respuesta a la terapia, mayor recurrencia y un incremento en la mortalidad. Si bien no incrementa la secreción gástrica de ácido, su efecto deletéreo se debería a: a) disminución de la secreción de bicarbonato por el páncreas, principal tampón del pH ácido en el bulbo duodenal, b) retarda el vaceamiento gástrico, c) facilita la aparición de metaplasia gástrica, d) disminuye el flujo sanguíneo de la submucosa gastroduodenal y e) incrementa el reflujo duodeno-gástrico36,39,45. Poco más de un tercio de los pacientes (36%) tenían antecedente de hemorragia digestiva previa, porcentaje que no ha variado con respecto a lo reportado anteriormente por Olivares en nuestro centro hospitalario20, concordante con lo reportado por Fugarolas en España7 y Wilairatana en Indonesia34. En un estudio reciente de pacientes que habían sangrado por una úlcera duodenal, se señala que tuvieron un 36% de incidencia de resangrado en un periodo medio de 61 semanas43. En nuestra serie no fue fácil llevar a cabo el seguimiento ambulatorio de los pacientes, por la poca asistencia de estos a sus controles, lo cual hace difícil conocer nuestra verdadera incidencia de resangrado. Respecto a las enfermedades concomitantes cabe señalar que 12 pacientes tuvieron evidencia de una hepatopatía crónica (cirrosis hepática), en dos de ellos con diagnóstico anatomo-patológico. La literatura especializada señala que la presencia de enfermedades concomitantes ensombrecen el pronóstico de la hemorragia digestiva como se señaló anteriormente1,5,9,13. Dos de nuestros pacientes iniciaron la hemorragia luego de la admisión, lo cual constituye sólo un 2,3% de la población en estudio, cifra muy por debajo del 50% referido por Friedman y Martin1 y del 14,7% y 14% reportados por los estudios de Gilbert4 y Rockall8, respectivamente, quienes concluyeron que la mortalidad en el grupo de pacientes que inició la hemorragia durante la hospitalización fue significativamente mayor al compararlos con el grupo que inició el sangrado previa a la admisión. En un estudio reportado por Della Rotta y Corapi46, se señala que la incidencia de úlceras pépticas asintomáticas en pacientes sometidos a cirugía es de aproximadamente 14% y que aproximadamente el 10% de pacientes con úlcera péptica duodenal previamente conocida desarrollarán hemorragia postoperatoria no severa. La presencia de shock se correlaciona con un 30 a 40% de pérdida de volumen y la presencia de ortostatismo con una pérdida de 20 a 25%1,47. En la presente serie 23,25 % de los casos se presentaron con ortostatismo, de los cuales dos pacientes (11%) resangraron durante la hospitalización, siete (38,8%) fueron sometidos a alguna intervención terapéutica (cuatro pacientes a escleroterapia y 3 pacientes a cirugía) y el hematocrito fue menor de 25% en 61% de los casos. Se ha identificado a los signos vitales como el factor clínico predictivo más importante para el resangrado, el sangrado recurrente en un estudio ocurrió sólo en el 2% de pacientes con funciones vitales estables, en 18% de pacientes con taquicardia y en un 48% de pacientes con shock clínico4,48. La actividad del sangrado es un factor pronóstico clave al momento de la evaluación, si el sangrado activo está presente, el riesgo de mortalidad se incrementa 2 a 3 veces y una intervención terapéutica rápida es requerida1. El aspirado nasogástrico se señala como una de las pistas más útiles de actividad de sangrado1, sin embargo, Cuellar y colaboradores49, han notado las limitaciones del aspirado nasogástrico al encontrar que sólo el 53% de pacientes con aspirado positivo estuvieron sangrando al momento de realizar la endoscopia, esta falta de especificidad podría conducir a la realización de endoscopias urgentes que pueden no ser necesarias. Hasta 16% de pacientes con hemorragia digestiva alta tienen lavados gástricos negativos12. Según los datos del estudio de la American Society for Gastrointestinal Endoscopy (ASGE) se apoya la utilidad pronóstica del aspirado nasogástrico. La mortalidad se incrementó de 6% en pacientes con aspirado claro a 10% si el aspirado era porráceo y a un 18% si el aspirado era de sangre rutilante1,4,6,48. En el presente estudio, 6 pacientes tuvieron drenaje de sangre rutilante por sonda nasogástrica al ingreso, de los cuales, el 50% se presentó con ortostatismo al ingreso, y un porcentaje igual fue sometido a alguna intervención terapéutica (dos a cirugía y uno a escleroterapia). Dos pacientes (33%) resangraron durante la hospitalización. El hematocrito fue menor de 25% en 66% de los casos y el 83% de los pacientes fueron transfundidos. Sólo en uno (16,6%) se evidenció sangrado activo durante la endoscopia. Esto contrasta claramente con el grupo de diez pacientes (16%) que presentaron drenaje claro, de los cuales ninguno se presentó con ortostatismo ni fue sometido a alguna intervención terapéutica. Ninguno resangró durante la hospitalización. El hematocrito fue menor de 25 % en 40 % de los casos y sólo 30% de ellos fueron transfundidos. Siete tenían una patología en duodeno. La endoscopía digestiva alta permitió el diagnóstico en 91,7% de los pacientes, cifra por debajo de lo reportado por Velázquez15 en el Hospital Edgardo Rebagliati del IPSS con un 95%, cabe resaltar que este centro cuenta con una unidad de hemorragia digestiva que funciona las 24 horas del día, lo que permitiría la realización de la endoscopia al poco tiempo del ingreso, luego de la estabilización hemodinámica del paciente. Otras series nacionales15,21,22,28 reportan porcentajes alrededor de 94% y series internacionales oscilan desde el 88% al 98%3,7,17,18,34. En 21 pacientes (24,4%), coexistieron 2 o más lesiones potencialmente sangrantes, cifra que se encuentra dentro de lo reportado en la literatura, de 9,5 a 33,2%3,7,18, siendo especialmente en estos pacientes donde la endoscopia muestra superioridad una vez más sobre otros métodos diagnósticos al permitir al endoscopista identificar cual de los muchos sitios potenciales es la verdadera fuente del sangrado; de no precisarse bien el origen, habría problemas en el manejo de los pacientes al atribuir erróneamente a una de las lesiones la causa de la hemorragia. Todos los pacientes de la presente serie estuvieron hospitalizados, con una estancia media de 7,6 ± 6,8 días y 55,5% (10 pacientes) fueron transfundidos, con una media de 3,8 ± 3,1 unidades. Llama la atención que al compararlos con el grupo de pacientes hospitalizados con una sola lesión por endoscopía, no hubo diferencia en la duración de la hospitalización, la cual fue de 7.79 días para este segundo grupo, además el 50% de ellos fueron transfundidos con una media el 2.8 unidades de sangre. En 57 pacientes (66%) se realizó la endoscopia dentro de las primeras 24 horas del ingreso, con un tiempo promedio de 26,37 horas. La literatura señala que una endoscopia temprana dentro de las 12 a 24 horas que siguen a la presentación tendría un rendimiento más elevado para determinar el sitio de sangrado3,17,47, incluso si la endoscopia se realiza después de las primeras 48 horas, sólo es posible encontrar una lesión en menos del 40% de los pacientes12. A pesar de que la hemorragia digestiva puede tener muchas causas, la gran mayoría de los episodios de sangrado se deben a un reducido número de lesiones. La úlcera péptica, las lesiones agudas de la mucosa gástrica, las várices esofágicas, el síndrome de Mallory Weiss; son el origen el 75 a 80% de las hemorragias1-3,7,8,15,19. La úlcera péptica es la principal causa e hemorragia digestiva, representando alrededor del 50% de los casos1,13,15,21,22. En la presente serie fue causa del 50% de las hemorragias digestivas altas. La úlcera duodenal, acorde con lo publicado1,7,14,15, fue la localización más frecuente con un 38,3% de todos los episodios de sangrado frente a un 11,6% de las hemorragias debidas a úlcera gástrica. La úlcera duodenal como primera causa de hemorragia, difiere de lo reportado antes en el mismo centro20, donde fue la segunda causa luego de las lesiones agudas de mucosa digestiva (31,66%), otras series nacionales colocan también a las lesiones agudas como primera causa20-22, con porcentajes que varían de 24 a 36%; cabe resaltar que en estas series se reporta un mayor consumo de sustancias injuriantes a la mucosa digestiva tales como bebidas alcohólicas y antiinflamatorios no esteroideos en porcentajes que varían de 50 a 85% comparado con el 39.5% encontrado en este estudio. La enfermedad úlcero péptica es la causa más común de hemorragia digestiva alta, responsable de aproximadamente 150,000 hospitalizaciones al año en los Estados Unidos de Norteamérica. El sangrado cesa espontáneamente en al menos el 80% de los pacientes y la mortalidad por ulceras sangrantes ha permanecido constante en 6 a 8%9,13,43. En la presente serie, en el 93% de los pacientes con enfermedad ulcero péptica, el sangrado había cesado al momento de la endoscopia y sólo uno (2,3%) falleció por úlceras gástricas sangrantes. Respecto a los factores predisponentes para sangrado se describe que altos niveles de secreción Acida no serian responsables de sangrado en pacientes con úlceras pépticas. La prevalencia de Helicobacter pylori en pacientes con úlceras sangrantes puede ser del 15 al 20% menor que en los pacientes con úlceras no sangrantes43. En nuestra serie de 26 pacientes con enfermedad ulcero péptica biopsiados sólo en 15 (57,6%) se encontró Helicobacter pylori, lo cual concuerda con lo anteriormente expuesto. El uso de antiinflamatorios no esteroideos es probablemente el factor de riesgo identificado más importante para el desarrollo de sangrado en pacientes con enfermedad de úlcera péptica13,43, este antecedente estuvo presente en 16% de estos pacientes. Se han establecido factores pronósticos clínicos los cuales pueden ser divididos en dos categorías generales: aquellos relacionados a la severidad del episodio sangrante y aquellos relacionados al paciente, estos incluyen presentación clínica del sangrado, estado hemodinámico, unidades de sangre transfundidas y sangrado persistente o recurrente. Los factores relacionados al paciente incluyen una edad mayor de 60 años, la presencia de alguna enfermedad subyacente seria y el sangrado en un paciente previamente hospitalizado por otro problema6,43,48,50. Si bien estas características son importantes para predecir la evolución y determinar que pacientes deben ser sometidos a endoscopia de urgencia, la apariencia de una úlcera en la endoscopia provee la información pronóstica más útil12,13,43,50. La úlcera puede tener una base limpia o alguno de los estigmas de sangrado reciente: a) mancha plana pigmentada, b) coágulo adherente, c) vaso visible, d) hemorragia activa. Cada una con una prevalencia y tasa de resangrado diferentes. La mayoría de estudios indican que las úlceras de base limpia tienen tasas de resangrado de 0 a 2%; 7% si se trata de una mancha plana pigmentada; 41% en caso de un vaso visible y 52% de sangrado adicional en caso de sangrado activo. Con respecto al coágulo adherente se reporta un 20% de tasa de resangrado, cifra que varia ampliamente debido quizás a los diferentes estigmas que pueden existir debajo del coágulo13. En la presente serie, en 43 casos con enfermedad ulcero péptica (33 duodenales y 10 gástricas), en 17 casos (39,5%) había algún estigma de sangrado reciente: 3 casos (17,6% con sangrado activo, de los cuales cesó en dos y continuó en el caso restante por lo que se recurrió a la cirugía). Siete casos (41%) con coágulo adherente, de los cuales 1 resangró y fue intervenido quirúrgicamente y 2 fueron sometidos a inyectoterapia. En 25 casos se evidenció una úlcera de base limpia, de los cuales 2 resangraron durante su hospitalización. En once pacientes (12,7%) se evidenciaron várices esofágicas en la endoscopia, además estos contaban con alguna evidencia clínica, laboratorial y endoscópica de hepatopatía crónica, por lo que se los catalogó como cirróticos, se tuvo diagnóstico anatomopatológico de cirrosis hepática microodular sólo en 2 casos. En 45% de los casos las várices esofágicas fueron responsables e la hemorragia y 55% sangraron por otra patología, esto concuerda con lo referido por Tapia Casquera en el Hospital Nacional Alcides Carrión del Callao quien reporta que en su serie de 39 pacientes cirróticos que acudieron con hemorragia digestiva alta a este nosocomio, 35% sangraron por las várices esofágicas y 51% sangraron por otra patología51. La presencia de várices esófago-gástricas en pacientes cirróticos oscila entre 12 a 77% y se incrementa, con la duración de la enfermedad, menos de un tercio de pacientes con várices esofágicas sangraran de ellas9,13. 65% de pacientes cirróticos no sangraran dentro de los dos años del diagnóstico endoscópico y de desarrollarse la hemorragia, de 15 a 50% morirán13,32, al cabo de 1 a 4 años el 60 a 80% de los pacientes habrá muerto. Los mejores predictores de hemorragia lo constituyen el tamaño de las várices, las características endoscópicas (signos de color rojo) y el más importante, la severidad del compromiso, hepatocelular evaluada, por la clasificación de Child-Pugh13,32. Las várices sangrantes son responsables del 5 a 15% de las hemorragias digestivas altas7,9,15,16,21, en la presente serie fue responsable del 4,6% de los sangrados. Diferentes series nacionales15,16,21 y extranjeras7,17-19 reportan que en 2 a 8% de los casos, no se llega a identificar la causa del sangrado, en el presente estudio en 8,1% (7 casos) no se pudo identificar la causa de la hemorragia. La endoscopia fue realizada en promedio a las 29 horas del ingreso y a las 64,4 horas de la manifestación de la hemorragia y de acuerdo a lo antes expuesto, esto pudo haber contribuido a la no identificación de la fuente del sangrado. El síndrome de Mallory Weiss descrito por primera vez por Mallory y Weiss en 1929, es responsable de la hemorragia digestiva alta en porcentajes que varían de 5 a 14%13,21,47. Este síndrome consiste en el desgarro de la mucosa de la unión esófago-gástrica y fue responsable del 4.6% de los sangrados en la presente serie. Los cuatro pacientes afectados fueron del sexo masculino, lo que concuerda con lo reportado, a nivel internacional, que señala que cerca de 70% de los pacientes son del sexo masculino47. El cuadro clínico frecuentemente incluye hematemesis que se manifiesta en 35 a 85% de los casos y 10% de los casos pueden presentarse sólo con melena. Solía vincularse a con el antecedente de arcadas o vómitos y alcoholismo, pero estos antecedentes están presentes en 29% a 86% y 20% a 60% respectivamente9,47. En nuestra serie el 100% de los pacientes presentaron hematemesis y melena y sólo un paciente tenia el antecedente de consumo de bebidas alcohólicas en las horas previas al sangrado. El sangrado cesa espontáneamente sin terapia especifica en 80 a 90% de los pacientes y el resangrado es infrecuente, ocurriendo en 2 a 5% de los casos. La mayoría de los pacientes no requieren de transfusiones de sangre y menos del 10% requieren de control operatorio9,13,38,47. Ninguno de los pacientes afectados con esta patología en la presente serie resangró ni fue intervenido quirúrgicamente. Dos de ellos se presentaron con un hematocrito menor de 25%, por lo que cabe considerar que el sangrado fue de un volumen significativo, pero presentaban lesiones asociadas en la endoscopia. Dos pacientes en la presente serie presentaron el diagnóstico de gastropatía por prolapso, la cual es causa de hemorragia digestiva leve, frecuentemente visto en pacientes alcohólicos y confundida con lesiones agudas de la mucosa digestiva. Endoscópicamente se caracteriza por un área focal, bien demarcada de hemorragia subepitelial, distal. Los pacientes típicamente una historia de arcadas que preceden a la hematemesis13,35. En una serie de 162 pacientes alcohólicos con hemorragia digestiva se identificó ésta lesión en 5,5% de los casos35. No infrecuentemente el endoscopista puede observar hemorragias subepiteliales y/o petequias escasas al realizar la endoscopia, lo que se atribuiría a las arcada asociadas a la intubación endoscópica35. Clásicamente los tumores del tracto, digestivo superior están asociados con pérdidas sanguíneas crónicas, pero pueden causar hemorragias agudas en un 2 a 4% de los paciente9,12. El adenocarcinoma gástrico y el leiomioma responde por la mayoría de esta lesiones, mientras que el linfoma sólo causa un pequeño porcentaje9. En el caso del adenocarcinoma gástrico se reporta que sólo 20% de los pacientes se presentan con hematemesis o melena52. Los dos casos reportados en la presente ser fueron del tipo intestinal según la patología y en uno de lo casos, el de una mujer de 30 años el estadío de la neoplasia fue IV (T1, M1, N no determinado) según el TNM Classification o Gastric Carcinoma52, ella presentaba 2 tumoraciones en las fosas ilíacas dependientes de ovario, por lo que es probable que se haya tratado de un tumor de Krukenberg. En el segundo paciente, un varón de 93 años no se realizó estadiaje. La esofagitis, causa rara de hemorragia, digestiva estuvo presente en dos de nuestros pacientes (2,3%). Algunas series extranjeras reportan que es causa de sangrado en 0 a 8% de los casos3,7,18,21 y se señala que la anemia y hemorragia oculta en heces son hallazgos más comúnes. De ocurrir una hemorragia evidente, se debe considerar la posibilidad de una úlcera de Barret13. La duodenitis reportada en uno de nuestros pacientes, es una causa relativamente rara de sangrado significativo, siendo reportado en aproximadamente 1% de los pacientes con hemorragia digestiva alta34,53. Una de nuestras pacientes con sangrado recurrente, con una lesión gástrica fue sometida a laparatomía exploratoria, siendo el resultado de anatomía patológica el de una malformación arteriovenosa, lesión rara que consiste en venas de paredes gruesas "arterializadas" que se comunican con arterias dilatadas y también de paredes gruesas13. En general las lesiones vasculares (angiodisplasias, hemangiomas, lesiones de Dieulafoy) son causas poco frecuentes de sangrado9,12,13. De la serie total de hemorragia. digestiva alta (11,6%) de nuestros pacientes fueron intervenidos quirúrgicamente, cifra concordante con lo hallado anteriormente por Olivares en este mismo centro20, mayor a 6.45%, reportado por Velázquez en el Hospital Edgardo Rebagliati Martins15, aunque cabe considerarse que el manejo de sus pacientes se lleva a cabo en una unidad especial para hemorragia digestiva, nuestra cifra se encuentra. algo por debajo de lo reportado en el extranjero de 15 a 30%1,7,9. Es de notar que un número importante de la serie total de los pacientes (15%-14 pacientes) recibió solo una unidad de sangre, probablemente debido a un exceso en su indicación, si consideramos los riesgos asociados a las transfusiones, es conveniente un uso más racional de este recurso terapéutico. Este aspecto ha sido resaltado también por Ramírez17 en su serie de 741 pacientes con hemorragia digestiva alta, de los cuales el 8% fueron transfundidos sólo con una unidad de sangre. Tres de los pacientes fallecieron (3,5%), en dos se debió a hemorragia masiva, cabe resaltar que los tres tenían alguna enfermedad subyacente y como se señalo anteriormente la presencia de enfermedades concomitantes ensombrece el pronóstico de los pacientes.
HEMORRAGIA DIGESTIVA BAJA Catorce pacientes de la presente serie fueron evaluados por hemorragia digestiva baja, lo que constituye el 14% de las hemorragias digestivas evaluadas por el servicio de gastroenterología, cifra por debajo del 20% y 21% reportadas por Friedman y Forde respectivamente1,54. En el presente estudio se observa una predominancia del sexo masculino, con una relación de 1.3 a 1 , no tan notable como en el caso de la hemorragia alta, lo que es concordante con lo reportado por Forde en su serie de hemorragia digestiva baja54, donde se observó que no hubo predominancia de sexo alguno. Por otro lado Celestino y colaboradores29, en nuestro medio y Leitman55, en los Estados Unidos de Norteamérica, en sus series de hemorragia digestiva baja masiva, encontraron una ligera predominancia del sexo masculino, con una relación de 1.35 y 1.4 respectivamente, similar a lo encontrado en nuestra serie. La edad media observada en la presente serie estuvo alrededor de los 53 años, discordante con lo hallado por Forde54, Celestino29, Gostout2 y Leitman55, quienes reportan una edad media mayor y alrededor de los 65 años, cabe considerar que en estas series mencionadas se evaluó la hemorragia baja masiva, siendo la principal causa la diverticulosis colónica; por otro lado nuestra serie es pequeña y la principal causa encontrada fue la enfermedad hemorroidal. Otras series como, la de Mate Jiménez56 reportan una edad media de 43 años, siendo la principal etiología la enfermedad hemorroidal, con casi 50% de los casos, aunque fueron pacientes ambulatorios. La principal causa de sangrado en nuestro estudio fue la enfermedad hemorroidal, con un 64,2% de los casos, lo cual es concordante con lo referido por Mate Jiménez56 y Makela57, en cuyas series, por cierto más grandes que la nuestra, la enfermedad hemorroidal fue también la principal etiología con porcentajes e 48,2% y 28% respectivamente. Por otro lado es discordante con las series mencionadas de hemorragia masiva, donde la principal causa fue la diverticulosis colónica2,29,54,55. La enfermedad hemorroidal es uno de los desórdenes más comúnes el tracto gastrointestinal, que afecta a más de diez millones de personas solamente en los Estados Unidos de Norteamérica. Se calcula que sólo un tercio de los pacientes con esta afección consultan a un médico, por lo que su verdadera incidencia y prevalencia es difícil de establecer54. Peterson y Laine13 señalan que esta patología es probablemente la causa más común de hemorragia digestiva baja. Afecta sobretodo a personas en la edad media, ocurre con mayor frecuencia entre los 45 y 65 años y parece predominar ligeramente en varones58. La manifestación clínica más común es el sangrado rectal asociado a la defecación, el cual ocurre de manera intermitente y se presenta como sangre rutilante por lo general de leve cuantía cubriendo las heces o cubriendo el papel de limpieza. Cuando la enfermedad está complicada (trombosis, prolapso) puede manifestarse como proctalgia y sensación de cuerpo extraño. Ocasionalmente ocurre sangrado masivo13 y se señala que es extremadamente importante que el sangrado rectal no sea simplemente atribuido a esta patología, hasta haber excluido condiciones más series, particularmente en pacientes ancianos o en pacientes con anemia y baja de peso58. La segunda causa del sangrado en la presente serie fue el adenocarcinoma rectal con un 14,28 (dos pacientes). En los países occidentales el cáncer de colon y recto es el segundo después del cáncer de pulmón en incidencia y mortalidad. Se estima que 150,000 casos nuevos de cáncer colorectal son diagnosticados anualmente y 60,000 personas mueren al año por esta enfermedad en los Estados Unidos de Norteamérica59,60. El carcinoma de colon, particularmente el del lado derecho es más común en mujeres y el carcinoma de recto es más común en hombres. De 50 a 65% de los cánceres colorectales están localizados en los últimos 60 cm del colon59. Diferentes series a nivel mundial54,55 sobre hemorragia digestiva baja, reportan al cáncer colónico como causa del sangrado con porcentajes que varían de 6% a 10%. La sintomatología depende de la localización y extensión del tumor primario. Los cánceres del colon proximal usualmente logran un tamaño más grande que los lado izquierdo y recto antes de ser sintomáticos. Síntomas constitucionales tales como fatiga, disnea e incluso angina debidos a anemia hipocrómica microcítica pueden ser el principal modo de presentación de los tumores de colon derecho. Conforme el tumor crece produce un discomfort abdominal vago o se presenta como una masa palpable. La obstrucción es infrecuente60. El colon izquierdo tiene un lumen más estrecho que el colon proximal. Los cánceres de colon descendente, sigmoides y recto tienden a comprometer de manera circunferencial, causando síntomas obstructivos. Los pacientes pueden presentarse con dolor abdominal de tipo cólico y cambio en el hábito defecatorio, tal como lo referido por los dos pacientes de la presente serie. La hematoquezia se presenta con mayor frecuencia en el caso de las lesiones distales, por lo que es común que se presente un sangrado rutilante de leve cuantía en los casos de cáncer de colon izquierdo y recto60. Ambos pacientes presentaban una lesión proliferativa, estenética del recto, con el resultado por biopsia de adenocarcinoma de recto. Uno de los pacientes fue intervenido quirúrgicamente (operación de Miles) y el estadiaje según los resultados de patologia, correspondió a B1 según el sistema de Dukes y estadío I (T2, NO, MO)60, no hubo compromiso de los ganglios estudiados. Sólo se registró un paciente con diverticulosis colónica en la presente serie. Esta patología tiene una prevalencia relacionada con la edad del paciente, estando presente en más del 50% de las personas mayores de 60 años de edad y se señala como la causa más común de hemorragia digestiva baja masiva13,14. El sangrado es de inicio abrupto, usualmente indoloro, masivo y proveniente del colon derecho, a menudo es de un sólo divertículo y cesa espontáneamente en 80 a 90% de los pacientes, aunque puede recurrir en 10 a 25% de los pacientes. Un caso de la serie en estudio correspondió a colitis ulcerativa, entidad en la que se describe pérdidas sanguíneas en pequeños volúmenes, mezcladas con moco y heces, usualmente con un incremento del tránsito intestinal, tal como lo refirió por el paciente de la presente serie. El compromiso inflamatorio por esta patología está localizado principalmente en la mucosa, puede involucrar parte o todo el colon. Treinta por ciento de los pacientes presentan la enfermedad limitada al recto, 40% con un compromiso más extenso, pero que no va más allá de la flexura hepática y un 30% con compromiso colónico total61. Por último cabe señalar que de 3 a 5% de pacientes con hemorragia digestiva tienen la fuente de sangrado localizada entre la segunda porción del duodeno y la válvula ileocecal, siendo la angiodisplasia la causa más común de sangrado de intestino delgado54.
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