| Rev. Gastroenterol. Perú
Vol. 22 Nº 1 2002 |
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CONTRIBUCIÓN ESPECIAL
ESÓFAGO DE BARRETT
Fernando
Barreda Bolaños 1, Juvenal Sánchez Lihon 2, Oscar Misad Nuñez 2,
Juan Combe Gutiérrez 1, Edgar Amorín Kajatt 3, Víctor Rojas Gonzáles 3,
Juan Celis Zapata 4, Mauricio Díaz Del Olmo García 5
Resumen
En
el presente reporte, se realiza en la primera parte una revisión de la definición, de la
historia y de los aspectos clínicos del Esófago de Barrett. A continuación, se presenta
los resultados que hemos obtenido en el INEN, Lima - Perú. El primer caso diagnosticado
de Esófago de Barrett complicado con adenocarcinoma data de 1956. La prevalencia del
Esófago de Barrett en 3904 pacientes examinados por endoscopía es de 0.64%. El Esófago
de Barrett en 40 pacientes evaluados afecta preponderantemente al sexo masculino con una
relación de 3 a 1 respecto al femenino. El promedio de edad de los pacientes con Esófago
de Barrett es de 60 años. La frecuencia de presentación del Esófago de Barrett se
incrementa con la edad, sobretodo a partir de los 40 años, alcanzando su máxima
expresión en el grupo de 55 a 64 años. La displasia está asociada con la metaplasia
intestinal. La frecuencia de presentación del carcinoma epidermoide es de 96% y del
adenocarcinoma es de 4% en un período evaluado de 15 años (1985-1999). La tendencia del
carcinoma epidermoide en relación al adenocarcinoma no presenta variación en cuanto a
sus proporciones en el período en referencia. El adenocarcinoma en el Esófago de Barrett
afecta sobretodo al sexo masculino en una relación de 6:1, respecto al femenino. La
metaplasia intestinal está presente en 13/14 pacientes evaluados por adenocarcinoma de
esófago. El esófago largo de Barrett está en 13/14 pacientes complicados con
adenocarcinoma. La longitud promedio del esófago largo de Barrett es de 6cms. en los
pacientes con adenocarcinoma.
Palabras Claves: Barrett, Esófago
Summary
The first part of this report reviews the definition, history and
clinical aspects of Barretts Esophagus. The next section explains the results
obtained at INEN, Lima Peru. The first case of Barretts Esophagus complicated
with Adenocarcinoma was diagnosed in 1956. The prevalence of Barretts Esophagus in
3,904 patients who were administered endoscopy examinations is 0.64%. The evaluation of 40
patients with Barretts Esophagus indicated that it has a greater incidence in males
than in females (3:1). The average age of patients with Barrett´s Esphagus is 60 years
and its incidence increases as they grow older. It manifests itself in 40 year old persons
and is specially strong from 55 to 64 years of age. Dysplasia is associated with
Intestinal Metaplasia. The frequency of the epidermoid carcinoma is of 96% and for
adenocarcinoma of 4% in the period of evaluation of 15 years (1985-1999). There is no
difference in the tendency of epidermoid carcinoma and esophagus adenocarcinoma during the
same evaluation period. The incidence of Barretts Esophagus adenocarcinoma is higher
in males than in females: (6:1). Intestinal metaplasia is found in 13/14 patients
evaluated in relation to the esophagus adenocarcinoma. Long segment Barretts
Esophagus, is found in 13/14 patients complicated with adenocarcinoma. The average size of
the long segment Barretts Esophagus is of 6 cm in the patients with adenocarcinoma.
Key words: Barrett, Esophagus
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INTRODUCCIÓN
Esófago de Barrett es el epónimo aplicado al epitelio columnar que recubre el esófago
distal, el cual es adquirido como una complicación debido al reflujo gastro-esofágico
crónico (1). El uso de epónimos en medicina puede ser criticado porque generalmente dan
poca información acerca de la condición a la cual se refieren, con frecuencia
inmortalizan a médicos que no fueron los primeros en describir las condiciones que llevan
su nombre, y los estudios posteriores pueden demostrar que las descripciones originales de
los investigadores en referencia fueron al menos, parcialmente incorrectas. Estas tres
críticas alcanzan y pueden ser hechas precisamente al término Esófago de Barrett (2,
3).
Sin embargo, hay términos en medicina que están firmemente enraizados, y siendo
epónimos, la misión radica en ponerse de acuerdo en lo que entendemos por dicho nombre,
pero antes de ello, no debemos olvidar que el uso precisamente de epónimos en la ciencia
médica recuerda a la comunidad científica los aspectos personales e históricos del
progreso médico, que con frecuencia se deja de lado en la enseñanza médica.
Norman R. Barrett nació el 16 de Mayo de 1903 en Adelaida, al Sur de Australia, dejando
su tierra natal a los 10 años de edad para irse a radicar con su familia a Inglaterra,
regresando sólo una vez a su Patria en 1963 como profesor visitante. En los años de
colegio en Cambrigde fue motejado perversamente como Pasty por sus mejillas
intensamente rosadas y así fue conocido amigablemente por el resto de su vida. Fue un
reconocido cirujano de Tórax y trabajó en el Hospital St. Thomas´s desde 1935 hasta el
final de su carrera (2).
Fue el primer editor quirúrgico de la revista Thorax, permaneciendo como editor desde
1945 hasta 1971 y su carácter poco ortodoxo se revela en la manera como estableció la
unidad de tórax en el St. Thomas´s: una mañana, simplemente caminó hacia una sala y
anunció sin consultar previamente con ningún comité, que se creaba la unidad de tórax.
Sir Ronald Belsey, que fue un residente de Barrett, recuerda que uno de sus dichos
favoritos era: never, under any circumstances, give way to the illusion that you are
doing any good.
Norman Barrett llegó a publicar más de 70 artículos, sobre diversos tópicos, con la
característica que iniciaba los mismos con una revisión histórica detallada. Como
investigador quirúrgico fue llamado The Doyen of Esophageal Surgery por Ellis
y Olsen, en la dedicación de su volumen sobre Acalasia (4).
Barrett nunca reclamó ser el primero en describir el esófago distal cubierto por
epitelio columnar, e inclusive mencionó 09 reportes posibles previos (5, 6), no obstante,
fue un investigador inglés, Philip Allison, quien en 1953, en un artículo de la revista
Thorax (7), acuñó el nombre de Ulceras de Barrett a las que previamente
Norman Barrett había descrito en 1950 en la revista British Journal of Surgery (5), como
úlceras pépticas crónicas del esófago, y al epitelio columnar
tipo-gástrico circundante, a su vez, lo denominó como Esófago de Barrett.
De esta manera, se hace interesante poder consignar algunos aspectos del desarrollo
histórico de la definición del Esófago de Barrett, pues hay pocos términos en
medicina que han implicado tantas cosas diferentes para gentes diferentes (8), así
que como refieren Modlin y Sachs (9) haciendo sobretodo referencia a una excelente
revisión de la historia y terminología de Barrett realizada por Stuart Jon Spechler
(10), en 1950, Norman Barrett (5), define el esófago como aquella parte del tracto
digestivo superior, distal al esfínter cricofaríngeo, el cual está cubierto por un
epitelio de tipo escamoso. Él describió en su artículo un número de pacientes
que tenían ulceraciones en un órgano tubular, intratorácico que parecía ser el
esófago excepto que su porción distal estaba recubierta extensamente por un epitelio
columnar de tipo gástrico. Desde que el esófago era por definición, una estructura
cubierta por epitelio escamoso, Barrett creyó que el órgano recubierto por epitelio
columnar era un segmento tubular del estómago generado por tracción inducida por un
esófago-corto congénito (cubierto por epitelio escamoso) y arrastrado dentro de la caja
torácica. En su reporte, Barrett no identificó hallazgos de metaplasia intestinal en el
epitelio columnar. Esto fue notado en 1951 por Bosher y Taylor, quienes comentaron acerca
de la apariencia de la mucosa gástrica heterotópica en el esófago con formaciones de
ulceración y estenosis. Ellos notaron que la mucosa gástrica estaba compuesta de
glándulas las cuales contenían células tipo goblet, pero no células parietales
(11). Un año más tarde, en 1952, Basil Morson junto a Belcher (12) comentaron acerca de
la relación del adenocarcinoma de esófago y la mucosa gástrica ectópica. Ellos
puntualizaron que en un individuo con adenocarcinoma de esófago, la mucosa exhibía
cambios atróficos con cambios hacia un tipo intestinal que contiene muchas células
tipo goblet. En 1953, Allison y Johnstone hicieron notar que Barrett se había
equivocado en identificar la estructura intratorácica cubierta por epitelio columnar como
estómago y que en realidad era el esófago cubierto por un epitelio de tipo columnar (7).
Así que, 7 años después de su reporte original, Norman Barrett aceptó que el órgano
con epitelio columnar que él previamente creyó que era el estómago, era de hecho el
esófago y sugirió que la condición se denominase como el esófago distal cubierto
por epitelio columnar (13), (Fig. 1).
| Fig. 1. Composición de
la fotografía de Norman Barrett y su comunicación original de 1957, acerca del epitelio
columnar en esófago distal, según adaptación de Modlin y Sachs (9) |

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En 1959, Moersch y colaboradores (14), sugirieron de manera
implícita que el epitelio columnar podría no ser congénito, sino adquirido como una
consecuencia de la esofagitis de reflujo. En 1961 Hayward (15), envió a la revista Thorax
de la cual Barrett era editor principal, un argumento persuasivo indicando que el esófago
columnar distal, era un proceso metaplásico potencialmente reversible y secundario al
reflujo gastro-esofágico, a pesar de ello Barrett continuó promoviendo una etiología de
desarrollo congénito para el epitelio columnar distal. Es de resaltar, la posición de
Barrett al respecto, ya que en 1957 él sostenía que si por cualquier razón la
cubierta escamosa del esófago distal fuese destruida podría ser en teoría, reemplazada
por células columnares (13).
A través de la década del 60 hasta mediados de los 70 no sólo los reportes del Esófago
de Barrett eran escasos, sino que además se mantenía una controversia considerable
acerca de la naturaleza de los hallazgos histológicos del epitelio de Barrett, hecho que
fue zanjado en 1976, de acuerdo a un reporte realizado por Paull A. y colaboradores,
quienes clarificaron estos conceptos, mostrando que las biopsias obtenidas del esófago
distal cubierto con mucosa columnar, de diferentes niveles y con control manométrico,
revelaron la presencia de 03 tipos de epitelio columnar localizados proximalmente o por
encima del esfínter esofágico inferior: el epitelio de tipo fúndico, el epitelio de
tipo cardial y el epitelio especializado o de tipo intestinal con células goblet,
intercalados en algunos pacientes, pero con cierta predominancia a una localización más
proximal del epitelio columnar tipo intestinal con células goblet (16). En vista que el
epitelio de Barrett es un epitelio de tipo glandular, los carcinomas que se originan
allí, en general son los adenocarcinomas, sin embargo, algunos carcinomas eventualmente
migran hacia la variedad del carcinoma epidermoide (17, 18, 19).
En la década de los 80, diversos investigadores, establecieron criterios arbitrarios en
la definición del Esófago de Barrett, considerando su presencia sólo si la extensión
del esófago tubular distal cubierto con epitelio columnar fuese de 3 o más centímetros.
Esto fue realizado con fines de investigación y para poder evitar así los diagnósticos
falsos positivos, consignando además los autores, que la displasia fue el hallazgo más
serio de potencial degeneración maligna en el epitelio de Barrett y que a su vez, estaba
particularmente asociada con el epitelio de tipo intestinal (20).
Al limitar el diagnóstico a una extensión igual o mayor de 3 centímetros, se estaba
obviando la presencia de epitelio columnar sobre todo de tipo intestinal en los 2 a 3
últimos centímetros del esófago distal, además, se empezó a reconocer cada vez con
mayor claridad que el riesgo de cáncer residía primariamente en el epitelio
especializado de metaplasia intestinal y no en el de tipo gástrico (21, 22, 23)
Por lo que, hay autores que opinan que el diagnóstico del Esófago de Barrett se
debe restringir solamente a aquellos casos que tengan al menos una biopsia con la
presencia de células goblet (3), así, el criterio diagnóstico del Esófago de
Barrett ha pasado las últimas décadas de considerarse a un esófago extensamente
comprometido por epitelio gástrico, hasta la presencia de cualquier extensión de
metaplasia intestinal (24).
El Esófago de Barrett tradicionalmente ha sido asociado con la enfermedad del reflujo
gastro-esofágico y con el adenocarcinoma, consecuentemente, los estudios acerca del
Esófago de Barrett han sido conducidos sea por investigadores primariamente interesados
en el reflujo gastro-esofágico o aquellos focalizados primariamente en cáncer, por lo
que estos investigadores frecuentemente han diferido en sus perspectivas y aproximaciones
para el estudio del Esófago de Barrett, y estas diferencias han contribuido a mantener la
controversia acerca de la naturaleza del desorden, y esta controversia acerca de la
definición persiste, ya que el mismo término de Esófago de Barrett es artificial, y por
los últimos 40 años dicha entidad ha sido definida de diversas maneras y por diferentes
investigadores quienes han impuesto criterios arbitrarios para acomodar sus perspectivas
personales (25).
Si la exacta localización de la unión esófago-gástrica no puede ser identificada con
precisión, entonces cualquier evaluación de la extensión del esófago cubierto por
epitelio columnar, es inherentemente imprecisa (24).
Precisamente en esta línea de pensamiento diversos estudios han enfatizado el potencial
pre-maligno de segmentos de metaplasia intestinal menores de 3 cms (26, 27, 28, 29). Una
serie de reportes remarcan que el riesgo del esófago corto de Barrett para desarrollar el
adenocarcinoma está presente, si bien en menor proporción respecto a la variedad del
esófago largo, por lo que se recomienda el control clínico, endoscópico y la toma de
muestras para ambos grupos (28, 29, 30).
De esta manera regresamos al principio, esto es, la presencia de epitelio columnar en el
esófago distal, sea de metaplasia intestinal o gástrica, es evidente que revela el
sufrimiento del paciente por la enfermedad del reflujo gastro-esofágico, lo que a su vez
afectará a un pequeño grupo de pacientes quienes desarrollarán Esófago de Barrett y es
evidente también que sólo una minoría de éstos pacientes, finalmente tendrá la
complicación del adenocarcinoma de esófago (31). Visto así en perspectiva, el Esófago
de Barrett traduce una complicación de la enfermedad del reflujo gastro-esofágico, y
esto debe hacer que el endoscopista al realizar el estudio de estos pacientes, tenga que
consignar y biopsiar cualquier hallazgo que sugiera una metaplasia columnar. Entonces,
¿el primer diagnóstico endoscópico sin tener aún el resultado de la histología, se
debe considerar como Esófago de Barrett? o ¿sólo se debe considerar como Esófago de
Barrett a los pacientes únicamente después de tener el informe de la patología? Esto
que parecería ser cuestión de días más o días menos, tiene diversas implicancias,
como por ejemplo, el diagnóstico endoscópico tiene que ser uniforme y evitar en lo
posible la utilización de términos histológicos, además, se recomienda la utilización
de una terminología estándar mínima para la base de datos endoscópica computarizada,
en la cual se define la presencia del epitelio columnar en esófago distal simplemente
como Esófago de Barrett, de acuerdo al reporte del grupo de trabajo del congreso mundial
de gastroenterología, publicado en 1996 (26).
Actualmente, para la definición del Esófago de Barrett se requieren los siguientes
parámetros: 1- criterio endoscópico: apariencia columnar de la mucosa de cualquier
extensión dentro del esófago tubular. 2- criterio histológico: metaplasia intestinal
(3, 33, 34, 35, 36).
Esta manera de definir el Esófago de Barrett con relación a su potencialidad de
desarrollo del adenocarcinoma, orienta al especialista hacia un esfuerzo concentrado en la
detección y tratamiento precoz de la neoplasia del esófago, sin embargo deja de lado a
la metaplasia columnar de tipo gástrico que también tiene relación con la enfermedad de
reflujo gastro-esofágico, y que a partir de esta definición se queda sin nombre propio,
más bien sólo con una denominación o terminología con sustento histológico. Como
hemos revisado en los últimos 50 años, el nombre de Esófago de Barrett fue dado
originalmente a la metaplasia columnar gástrica y actualmente el péndulo se ha movido
hacia la esquina del interés de los que investigan el campo del desarrollo de las
neoplasias.
La definición del Esófago de Barrett con el criterio endoscópico aunado al criterio
histológico, tiene un claro sustento en la evolución molecular de la secuencia
Metaplasia-Displasia-Adenocarcinoma en el esófago (37, 38), hay experimentos que sugieren
que la pérdida del alelo 17p (p53), precede a la pérdida del alelo 5q (APC), durante la
progresión neoplásica en el Esófago de Barrett, este ordenamiento de pérdida de alelos
tipo 17p (p53) a 5q (APC) contrasta con aquel propuesto para el cáncer de colon, en el
cual la pérdida del alelo 5q (APC) tiende a preceder a la pérdida del alelo 17p (p53),
lo cual sugiere un orden genético invertido de pérdida de alelos en el desarrollo del
adenocarcinoma asociado al Esófago de Barrett (39, 40), sin embargo, y como ya se
comentó, no se debe perder la perspectiva de que la presencia de metaplasia columnar en
esófago, refleja la enfermedad del reflujo gastro-esofágico y más aún, hay reportes
recientes que revelan la fuerte asociación entre los síntomas del reflujo
gastro-esofágico y el riesgo del adenocarcinoma de esófago, independientemente de la
presencia del Esófago de Barrett (41).
Por esta definición moderna, irónicamente, ninguno de los pacientes que Barrett
describió, tenía Esófago de Barrett (25).
Si la definición aceptada actualmente privilegia el sustento histológico de metaplasia
intestinal como se ha descrito, el criterio previo de definir el Esófago de Barrett como
corto y largo (mayor o menor de 3 cm.), no debe caer en desuso sino más bien, debe ser
siempre consignado, pues las medidas y formas son importantes cuando se reporta y se hacen
estudios comparativos, por ello es que se conoce que la prevalencia del Esófago corto de
Barrett parece ser más alta que la del segmento largo, pero de otro lado, vale la pena
subrayar que si bien la prevalencia del Esófago de Barrett se incrementa con la edad, no
sucede de la misma manera con la longitud del mismo, esto es, que de acuerdo a las
observaciones de diversos investigadores, estos sugieren que el epitelio de Barrett se
desarrolla a su máxima longitud rápidamente, permaneciendo estable por muchos años
(42). Sin embargo, los aspectos demográficos y de patogénesis de ambas entidades parecen
ser similares, sugiriendo que ellas representan la continuidad de una sola entidad (36).
El Esófago de Barrett fue raramente diagnosticado antes del uso extendido de la
endoscopía flexible, y los reportes consignados antes de la década del 70, eran hechos
con base a estudios utilizando endoscopios rígidos (43). Si bien se conoce que la
prevalencia de los síntomas del reflujo gastro-esofágico en la población adulta en
general, en países de occidente, es de alrededor del 7%, en los que tienen un episodio de
pirosis diario y de alrededor del 20% en los que manifiestan un episodio de pirosis
semanal, la prevalencia del Esófago de Barrett en la población general no puede ser
estimada de la información precedente, porque muchos pacientes con Esófago de Barrett,
no tienen una historia previa de reflujo gastro-esofágico (42). Es por ello que cuando se
ha evaluado la prevalencia del Esófago de Barrett en estudios retrospectivos y por
cualquier sintomatología, esto ha sido mejor consignado en las salas de endoscopía, y
por ejemplo, se ha reportado en un estudio sobre un total de 31,133 pacientes, que la
metaplasia de Barrett es relativamente común, con 0.3 a 2.0% de prevalencia, y cuando se
ha evaluado el mismo dato, pero en los pacientes que presentaron sintomatología de
reflujo gastro-esofágico, dicha prevalencia estuvo entre 8 al 20% (44). De la misma
manera, se han revisado una serie de reportes recientes tanto prospectivos como
retrospectivos y se concluye que es razonable decir que alrededor del 1% de
pacientes que acuden a los servicios de endoscopía, por cualquier razón, tendrán
Esófago de Barrett y que la prevalencia del mismo se incrementa hasta alrededor del 5%,
cuando los pacientes se presentan con síntomas de reflujo gastro-esofágico, y el número
es más alto en hombres que en mujeres, en pacientes evaluados en países de
occidente (43).
Claro está que, cuando se han realizado estudios de prevalencia de Barrett de acuerdo a
los resultados de autopsia en una localidad determinada (Olmsted County, Minnesota, USA),
se ha objetivado que la prevalencia de dicha entidad se incrementó 16 veces, lo que
llevó a la conclusión de que la mayoría de los individuos con Esófago de Barrett
en la población general, no son diagnosticados, y la implicancia es que el control
y tratamiento de la neoplasia temprana en los casos conocidos de Esófago de Barrett
tendrán solo un pequeño impacto en la tasa de mortandad de la población por
adenocarcinoma de esófago (43, 45).
La prevalencia del Esófago de Barrett en Europa es de alrededor del 1-4%, en adultos que
acuden a los servicios de endoscopía, con una predominancia de varones de 2.5:1 respecto
a las mujeres; en Alemania, la prevalencia del Esófago corto de Barrett es de 3.4% y del
segmento largo, de 0.8% (46, 47). En Inglaterra, la prevalencia del Esófago de Barrett se
ha incrementado de 0.8 a casi 2% de los pacientes que van a los servicios de endoscopía,
en los períodos evaluados de 1987-91 y de 1992-96 (31).
En Asia, las enfermedades del esófago (reflujo gastro-esofágico, esofagitis erosiva,
Esófago de Barrett y el adenocarcinoma), son infrecuentes. La prevalencia del Esófago de
Barrett en Japón, en adultos que acuden a los servicios de endoscopía es de alrededor
del 0.3-0.6%, con predominancia del sexo masculino y una edad promedio de 60 años (47).
El carcinoma epidermoide aún continúa siendo el cáncer dominante en Japón, con el
adenocarcinoma explicando menos del 5% de las neoplasias de esófago (48). La baja
prevalencia del Esófago de Barrett y del adenocarcinoma esofágico puede ser secundario a
una baja prevalencia de la enfermedad del reflujo gastro-esofágico en esta región, en
Singapur por ejemplo, se ha reportado una prevalencia de pirosis en adultos del 1.6%
(sobre base mensual), comparada con el 29-44% en países de occidente (49, 50).
En países del África y del Oriente Medio, el Esófago de Barrett y el adenocarcinoma de
esófago son infrecuentes, siendo la neoplasia prevalente el carcinoma epidermoide. En
países tales como Uganda, Kenya, Nigeria, Etiopía y Zimbabwe, el Esófago de Barrett es
raro (casi no existe), con el adenocarcinoma de esófago que explica únicamente el 4-6%
de todas las neoplasias de esófago. De otro lado, la infección por Helicobacter pylori
en esta población es extremadamente común. Por ejemplo, en Soweto, África del sur, el
46% de niños han adquirido el H. pylori al año de edad, y el 100% alrededor de los 12
años. Se ha sugerido que la alta prevalencia de la infección por el H. pylori en estos
países, podría llevar a una reducción en la secreción de ácido por parte del
estómago y a una consecuente reducción en el reflujo gastro-esofágico, pudiéndose
explicar de esta manera la baja prevalencia de enfermedades del esófago relacionadas al
factor de la producción del ácido, si bien esta hipótesis aún no ha sido confirmada
(47, 51, 52).
De acuerdo a un estudio internacional multicéntrico, que comprendió países de Europa
del Este, del Asia, de América Central y América del Sur, se pudo apreciar que la
prevalencia del Esófago de Barrett es del 0.6-1%, con una prevalencia extremadamente baja
de displasia y cáncer (47). Las razones para tratar de explicar la disparidad en la
prevalencia del Esófago de Barrett y del adenocarcinoma de esófago en las diferentes
partes del mundo no están claramente entendidas, no obstante, la prevalencia de la
enfermedad del reflujo gastro-esofágico, la obesidad, la infección por el H. pylori y
los factores genéticos, han sido implicados (31).
Diversos estudios han intentado estimar la incidencia del adenocarcinoma en el Esófago de
Barrett, los estimados de estudios retrospectivos varían entre 1/55 a 1/441
pacientes-año de seguimiento (53, 54, 55, 56, 57, 58), cuando se evalúan estudios
prospectivos la incidencia de adenocarcinoma tiene un rango de 1/52 a 1/98 pacientes-año
de seguimiento, sobre un periodo evaluado de 3 a 5 años (59, 60, 61, 62, 63). Los datos
son difíciles de interpretar cuando son de estudios retrospectivos ya que entre otras
razones tienen diferentes criterios diagnósticos de inclusión y cortos periodos de
evaluación, de otro lado, los estudios prospectivos mencionados tienen periodos cortos de
seguimiento y analizan grupos pequeños, donde la incidencia estimada no es firme ya que
un caso adicional agregado ocasionará un impacto determinado sobre la cifra global de
seguimiento, sin embargo, cuando se combinan los datos de todas las series prospectivas,
la incidencia del adenocarcinoma de esófago es de 1/104 pacientes-año (64).
El uso de la citología sumada a la histología, incrementa el costo mas no la capacidad
diagnóstica en la evaluación de los pacientes con Barrett (65), a pesar de reportes que
sugieren lo contrario (66). Se han diseñado técnicas que incluyen tinciones y mapeos
sofisticados, costosos y laboriosos para la detección del Barrett, que están aún en
fase experimental y que no se recomienda su uso en la práctica clínica (67). Las
biopsias dirigidas utilizando el azul de metileno, pueden mejorar la detección de la
metaplasia intestinal y la displasia en el Esófago de Barrett, en razón a que el azul de
metileno tiñe selectivamente la metaplasia intestinal e inclusive las células
displásicas (68, 69, 70), sin embargo, hay reportes que han encontrado que el utilizar el
azul de metileno no hace sino prolongar el procedimiento, incrementar las molestias del
paciente y exponer al mismo a potenciales complicaciones, no encontrándose que sea ni muy
sensible ni específico en la detección de la metaplasia intestinal (71). Otros autores
plantean inclusive la utilización de la sensibilización de la protoporfirina IX inducida
por el ácido 5-aminolevulínico, en la detección endoscópica de la displasia, en
pacientes con Esófago de Barrett (72). El uso rutinario de la endosonografía para el
despistaje de pacientes con Esófago de Barrett, no está ni justificado ni tiene un
sustento adecuado de costos (73), la capacidad de dicho procedimiento en la evaluación de
la profundidad del adenocarcinoma es del 84% (1154 pacientes), y la posibilidad de
detectar el estadiaje nodular linfático es del 77% (1035 pacientes), por lo que su uso
está bajo investigación y su rol debe ser aún mejor determinado (73, 74).
De otro lado, la técnica de la mucosectomía podría ser aplicada en la obtención de
muestras en bloc, sobre todo para aquellos hallazgos que sugieran degeneración
neoplásica del Esófago de Barrett, mejorando de esta manera la acuciosidad diagnóstica
del patólogo con relación directa a la cantidad de tejido que se le envía, por lo que
se puntualiza que la mucosectomía no solo es terapéutica sino también diagnóstica
(75).
Muchos clínicos se sienten sorprendidos cuando aprecian la extensión de la enfermedad en
esófago durante la endoscopía y la correspondiente falta de síntomas, aún cuando se
hayan tomado historias clínicas detalladas, inclusive algunos autores sugieren que la
baja frecuencia de presentación de pirosis en pacientes con Esófago de Barrett, podría
ser explicada por una sensibilidad disminuida del epitelio metaplásico, a la acidez
gástrica (30, 50, 76). El promedio de edad para el diagnóstico del Esófago de Barrett
varía entre los 55 a los 63 años. Se ha reportado un incremento en la prevalencia del
Esófago de Barrett con la edad, alcanzando un plateau a los 60 años. Por lo
tanto, cuando un paciente de aquella edad es detectado con Esófago de Barrett, con o sin
presencia de adenocarcinoma, el epitelio de Barrett probablemente ha estado presente por
más de 20 años y por razones que aún no son claras, los hombres tienen más riesgo de
desarrollar adenocarcinoma de esófago (20, 42, 43, 77, 78, 79), de otro lado, la obesidad
es un factor de riesgo, si bien débil, para el desarrollo del Esófago de Barrett, ya que
el exceso en la ingesta de grasa predispone el daño en la presión del esfínter
esofágico inferior y el retardo del vaciamiento gástrico (80).
El perfil clínico de los pacientes con Esófago de Barrett descrito sobre todo en los
países de occidente, donde la incidencia y prevalencia de dicha entidad son importantes,
suele comprender a aquellos individuos varones, de raza blanca, de 60 a 70 años de edad,
con cierta prevalencia de reflujo gastro-esofágico (81), obesos, con ciertos factores
genéticos y asociación con la infección por helicobacter pylori (82), de modo tal que
hay autores que plantean que todos los pacientes mayores de 40 años con enfermedad de
reflujo gastro-esofágico persistente por más de 5 años, deberán tener estudio de
gastroscopía, particularmente si son hombres y de raza blanca, si bien esto es razonable,
no existe una prueba directa de que este sea el criterio correcto de selección (83, 84).
Entonces, si conocemos mejor la entidad del Esófago de Barrett y sabemos que hay un
perfil más o menos definido de dichos pacientes y a su vez hay un riesgo en algunos de
ellos de poder desarrollar cáncer de esófago, la cuestión que necesita ser elucidada no
es que extensión de metaplasia se requiere para el diagnóstico de Barrett, sino que
pacientes desarrollarán adenocarcinoma. Es claro, que de los estudios publicados, la
mayoría de los pacientes con Barrett, nunca desarrollarán adenocarcinoma, luego, los
esfuerzos reales deberán orientarse a definir mejor a aquella población con riesgo de
progresión a la malignidad (85). En este sentido, reportes recientes revelan que la
vigilancia realizada en un estudio de cohorte a 10 años, en pacientes con metaplasia
columnar, mostró que la mayoría de pacientes falleció por causas diferentes del
Esófago de Barrett, no hubo mayor beneficio para los pacientes de este programa de
control, y se concluyó que, hasta que se tenga mejor información con base a estudios
prospectivos, parecería ser más apropiado ofrecer la vigilancia o control solamente a
aquellos pacientes con metaplasia intestinal y factores de riesgo adicionales como
ulceración, estenosis y segmentos largos, mayores de 8 cm. de longitud (86). En la misma
línea de pensamiento, una estrategia a largo plazo de estudios de endoscopía y biopsia
cada 3 años, resultaría en 15 o más exámenes endoscópicos para un paciente de 30
años con Esófago de Barrett, 7 o más para uno de 45 años, y 4 o más para uno de 60
años, lo que resultaría en más de medio millón de endoscopías por año, lo que desde
el punto de vista financiero como de sometimiento de los pacientes a dichos esquemas, son
poco probables o poco reales; de allí que, las terapias ablativas endoscópicas sean
consideradas como una alternativa interesante, de resultar efectivas, dentro del manejo
endoscópico del Esófago de Barrett (85).
Dado que el epitelio del Esófago de Barrett es una condición pre-maligna, la posibilidad
de ablación de dicho tejido como medida preventiva, es extremadamente atractiva (87). Si
se tiene como armas para el tratamiento del Esófago de Barrett el siguiente arsenal:
mecánico, térmico y químico, entonces, se debe precisar antes qué táctica funciona
mejor, pero más importante es saber si hay una estrategia adecuada que dirija nuestras
acciones (88), sobretodo debido al incremento en incidencia del adenocarcinoma reportada
en países occidentales como Estados Unidos, lugar donde el adenocarcinoma pasó de
representar el 16% de las neoplasias de esófago en la década del 70, a tener alrededor
del 50% de los casos nuevos diagnosticados en la década de los 90, con una tasa de
incidencia ajustada por edad en hombres de raza blanca de aproximadamente 5.1 casos x 100
000, cifra que sitúa al adenocarcinoma dentro de las primeras 15 neoplasias en hombres de
raza blanca, en dicho país (30, 89, 90), sabiéndose además que la metástasis nodular
linfática es del 5% cuando el adenocarcinoma compromete la mucosa y es del 25% cuando la
profundidad alcanza la submucosa (91, 92), todo lo cual nos permite recalcar que el
Esófago de Barrett y la displasia asociada son considerados como los únicos factores de
riesgo reconocidos para el potencial desarrollo del adenocarcinoma (88), por lo que las
terapias de ablación están siendo cada vez más tomadas en cuenta. Sin embargo, cabe
mencionar que en los Estados Unidos, de acuerdo a una encuesta reciente, se conoce que
dicha terapia se aplica solo en el 3.5% de los hospitales y clínicas cuando se trata del
Barrett, en el 20% de los nosocomios en referencia cuando se maneja displasia y en el 8%
de los centros en mención cuando se maneja el adenocarcinoma (93), entonces lo que
traduce dicho acercamiento es su fase experimental, por lo que todos los pacientes que se
someten a estos procedimientos deberán estar en grupos controlados de estudio.
Algunos han cuestionado si el incremento dramático en la incidencia del adenocarcinoma de
esófago y la metaplasia de Barrett (sobretodo en países de occidente), pueden
simplemente reflejar el uso incrementado de la endoscopía, inconsistencias en la
definición del carcinoma de esófago o cambios en los modos de reportar dicha patología
(30). Para evitar factores de confusión, en la década de los 80 en Pensilvania - USA, se
trabajó con un registro para tumores unificado en el cual la definición del
adenocarcinoma de esófago era estricta, sin cambios, se encontró que hubo un marcado
incremento en la incidencia del adenocarcinoma, siendo el mayor incremento en pacientes
varones de raza blanca en los cuales se pudo constatar el incremento de la misma, en un
promedio de 8% por año (94).
Así como hay autores que consideran al Esófago de Barrett como una condición
pre-maligna (87, 88, 95, 96, 97), hay otros que lo definen como una lesión pre-maligna
irreversible, que necesita un control endoscópico de por vida para minimizar el riesgo de
adenocarcinoma de esófago (30, 98, 99), sin embargo, la mejor definición es considerar
al Esófago de Barrett como una condición pre-maligna, esto es, un estadío clínico que
incrementa el riesgo de cáncer (1), por lo cual se ha preconizado durante años los
controles periódicos del Esófago de Barrett para detectar la displasia o el
adenocarcinoma temprano a pesar de una falta de documentación en la mejora de la tasa de
sobrevida, el estatus funcional o la calidad de vida de los pacientes que siguen esta
estrategia (100, 101, 102).
La metaplasia intestinal no es sensible ni específica para el despistaje del
adenocarcinoma de esófago, lo que la define como ya hemos puntualizado, como una
condición pre-maligna y es más bien la displasia el único marcador clínicamente útil
para el riesgo incrementado de cáncer en los pacientes con Esófago de Barrett,
representando la alteración neoplásica de las células metaplásicas, y es ampliamente
considerada como la precursora de la invasión maligna, por lo que el hallazgo de la
displasia, permanece como el biomarcador más apropiado dentro de la evolución clínica
de los pacientes con Esófago de Barrett (95, 103), e inclusive la displasia de alto grado
puede significar, de hecho la posibilidad de ser portador del adenocarcinoma incipiente
(95, 104). Es dentro de esta perspectiva, que las terapias ablativas endoscópicas para el
Esófago de Barrett si se prueba que son efectivas, resultarían en un cambio del
paradigma en el manejo endoscópico del Esófago de Barrett, ya que hasta ahora esta
lesión ha sido considerada irreversible, pero datos preliminares indicarían que el
Esófago de Barrett podría ser endoscópicamente curable y eventualmente podría
repercutir en disminuir el adenocarcinoma de esófago y en disminuir o eliminar la
necesidad de controles endoscópicos de por vida (85). Por lo que inclusive hay autores
que ponderan, que la práctica extendida de controles endoscópicos con toma de muestras
para estudio histológico del Esófago de Barrett, debe ser abandonada (96).
Diversos estudios longitudinales no han mostrado una reducción convincente en la
extensión de la metaplasia de Barrett después del tratamiento de la fundoplicatura o del
tratamiento con base a inhibidores de la bomba de protones (30, 105, 106, 107), siendo
esta otra razón interesante a favor de las terapias ablativas, por lo que inclusive se
propone asociar la terapia ablativa a la cirugía anti-reflujo (108, 109).
La
hipótesis central de las terapias de ablación radica en que la reversión del Esófago
de Barrett deberá requerir una normalización de la exposición del ácido al esófago,
sea de manera farmacológica o quirúrgica y luego re-injuriar al epitelio
metaplásico para restaurar el epitelio primigenio de células escamosas del esófago
(110). Se tiene el consenso actual de que la terapia con base a argón plasma o
electrocoagulación multipolar parecería ser más efectiva para el esófago no
displásico de Barrett y por ejemplo la terapia fotodinámica, parecería ser el agente
más efectivo en el tratamiento de pacientes con displasia o adenocarcinoma temprano (85,
111, 112, 113, 114, 115, 116, 117), sin embargo, no se debe perder de vista que el costo
promedio por paciente tratado con terapia fotodinámica excede los $ 10 000 (118).
Series recientes que evalúan el tratamiento endoscópico del Barrett con base a la
utilización del Argón Plasma, reportan ablación completa en rangos que van del 61% al
98.6%, dependiendo ello de la cantidad de energía utilizada (mejores resultados con 90
que con 60 W), y del uso agresivo de los inhibidores de la bomba de protones (mejor
respuesta con 120 mg de omeprazol al día que con 40 mg por día), por lo que el
seguimiento debe ser periódico (87, 119, 120, 121). Evidentemente, los límites de la
terapia con base a la ablación con Argón Plasma deben sopesar no solo las potenciales
complicaciones, sino los costos de la terapia y la factibilidad del seguimiento y control
de estos pacientes, de la misma manera y como ya se mencionó, deberá tenerse en cuenta
si esto tendrá o no un impacto en la potencial reducción de la presencia del
adenocarcinoma, en los pacientes tratados de esta manera (122). Además, aún no ha sido
examinado el efecto de las técnicas ablativas en la inestabilidad genómica. Hasta que
estas cuestiones sean resueltas, las técnicas ablativas no pueden ser recomendadas para
uso rutinario excepto en pacientes seleccionados y bajo riguroso protocolo de
investigación. Más aún, hasta que se demuestre que el riesgo potencial de cáncer haya
disminuido por medio de éstas técnicas ablativas, los controles periódicos y el
tratamiento médico no podrán ser reducidos (30).
El tratamiento quirúrgico del Esófago de Barrett es idéntico al de la esofagitis de
reflujo, hasta que la displasia severa o de alto grado demande por una Esofaguectomía. El
tratamiento quirúrgico antireflujo, reestablece la función del esfínter esofágico
inferior y logra abolir el reflujo gastro-duodenal al esófago. El tratamiento quirúrgico
para el reflujo gastro-esofágico puede controlar los síntomas adecuadamente mediante la
técnica de fundoplicatura, y se suele recomendar una fundoplicación de 360°. En
pacientes que tengan una presión menor de 25 mm Hg en el cuerpo del esófago y en los
pacientes que tengan la peristaltis muy disminuida, es evidente que, se recomienda la
fundoplicatura parcial (Toupet, Belsey-Mark IV, Watson y Dor). Una presión mayor de 25 mm
Hg, se requiere para limpiar con eficacia el esófago del bolo alimenticio, de la misma
manera, se debe tener presente que ante la presencia de una hernia complicada > de 5
cms, se deberá considerar el tratamiento alternativo transtorácico de Collis y el
procedimiento antireflujo, usualmente el tipo Belsey-Mark IV (123).
La recomendación en la década del 90, para los pacientes que tengan displasia leve en
Esófago de Barrett, ha sido la del tratamiento intensivo anti-reflujo y controles
seriados posteriores, hasta negativizar en dos estudios consecutivos la presencia de la
displasia, y en cuanto a la displasia de alto grado, además de solicitarse la revisión
de la histología por patólogos expertos, se ha recomendado de ser factible, el
tratamiento quirúrgico (34, 35), y en los que la cirugía implica un riesgo prohibitivo,
las terapias de ablación como la terapia fotodinámica, o la terapia de láser combinada
con la electrocoagulación multipolar, deben considerarse (117, 124). Claro está que, si
la decisión pasa por la cirugía para el tratamiento de la displasia de alto grado, la
resección quirúrgica estándar recomendada incluye una Esofaguectomía total, removiendo
todo el tejido de Barrett y cualquier adenocarcinoma potencialmente asociado. La
reconstrucción generalmente es llevada a cabo subiendo el estómago a través del
mediastino posterior, con la realización de la anastomosis en el cuello. Se recomienda
evitar la anastomosis intratorácica debido a la alta prevalencia de síntomas de reflujo
que siguen a esta modalidad de esófago-gastrostomía intratorácica (125).
El potencial de la resección quirúrgica limitada en pacientes con neoplasias tempranas
del esófago distal o de la unión esófago-gástrica, ha sido recientemente reconocido
por diversos autores (126, 127), sin embargo, una resección limitada reúne ventajas para
el paciente sólo si está combinada con un procedimiento de reconstrucción que provea
una función de alimentación óptima y que a su vez prevenga el reflujo gastro-esofágico
(128), dicho concepto descansa en la interposición de un segmento de yeyuno como un
sustituto para el esfínter esofágico inferior, tal como fue sugerido por Merendino y
Dillard en 1955 (129). Ciertamente, para un paciente con neoplasia limitada a la mucosa y
cuyas características sugieran una posibilidad de metástasis ganglionar muy baja o
ausente, entonces una resección limitada tal como la mucosectomía endoscópica, debería
considerarse (128, 130, 131, 132).
EXPERIENCIA EN EL INEN
El Servicio de Gastroenterología perteneciente al Departamento de Abdomen de nuestro
Instituto, inicia sus actividades con el Dr. Fernando Salazar C. en 1974, desde allí es
que se tienen consignados los procedimientos endoscópicos digestivos en el INEN, con
equipos flexibles. Previa a esta fecha la evaluación del tracto digestivo superior era
realizada por los cirujanos con instrumentos rígidos, tal como la esofagoscopía rígida.
Sin embargo, el primer caso evaluado en el INEN de Esófago de Barrett complicado con
Adenocarcinoma lo encontramos en una magnífica descripción escrita a máquina de una
historia clínica del archivo, que data de 1956. En aquella oportunidad, un paciente
varón de 66 años natural y procedente del Cuzco es intervenido quirúrgicamente por los
Doctores Carlos Payet y Juan Antonio Montalbetti, médicos del Departamento de Abdomen,
por presentar un cuadro de disfagia progresiva, epigastralgia y baja ponderal.
El hallazgo patológico de la pieza quirúrgica resecada fue producto de una
Esofaguectomía distal y Gastrectomía proximal, asociada a una Esplenectomía con
resección de ganglios regionales. El informe del Servicio de Patología, realizado por el
Dr. Oscar Misad, reveló la presencia de Adenocarcinoma en el Esófago originado en una
Metaplasia Intestinal, la descripción literal de la misma nosotros la publicamos en la Figura
2, como podrá verse es una descripción elegante y precisa de la pieza resecada,
habiéndose publicado en la literatura mundial una descripción semejante con relación al
adenocarcinoma de esófago con base en una mucosa con presencia de metaplasia intestinal
cuatro años antes, esto es en 1952 (12). Es interesante anotar que de acuerdo al reporte
quirúrgico, se expresa la ausencia de hernia diafragmática y de otro lado, se consigna
el compromiso de metástasis ganglionar en 2 de 12 ganglios evaluados. El paciente fue
controlado en el INEN, hasta el 02 de Junio de 1966, fecha de su fallecimiento; lo cual
significa que tuvo una sobrevida de 10 años luego de la cirugía, y la causa de su
fallecimiento se relaciona directamente con la presencia de recurrencia de enfermedad,
metástasis en tráquea y recidiva en esófago residual.
| Figura 2. Copia del
informe de Anatomía Patológica del primer caso diagnosticado en el INEN de Esófago de
Barret complicado con Adenocarcinoma, en 1956 |

|
El Esófago de Barrett, fue raramente diagnosticado en la
literatura mundial antes de la década del 70, con sólo decenas de casos publicados al
respecto y con relación al uso de endoscopios rígidos (10). Como ya hemos revisado en la
década de los 80 el concepto de Esófago de Barrett reflejaba esencialmente los criterios
de diferentes grupos de investigadores sea con relación al reflujo gastro-esofágico, a
la presencia o no de adenocarcinoma y al criterio histológico y endoscópico para poder
definir adecuadamente dicho concepto (25). En nuestro medio, los criterios para la
definición del Esófago de Barrett no han hecho sino reflejar los diferentes cambios
propuestos por diversos autores en diferentes épocas, lo que hemos podido graficar con
claridad cuando la Sociedad Peruana de Gastroenterología organizó un curso sobre
Consenso en Esófago de Barrett en 1999 (133), realizándose una encuesta a diferentes
hospitales y clínicas de Lima, siendo la primera pregunta el definir el Esófago de
Barrett, y los criterios de las respuestas fueron diversos tal como se consigna en la
Tabla I y el Gráfico 1.
| Tabla I. Relación de
Clínicas y Hospitales que Respondieron a la encuesta, así como de los expertos
consultados en cada centro (1339 |
|
| Hosp. E. Rebagliati M. |
3 |
| Hosp. Cayetano Heredia |
2 |
| INEN |
2 |
| Hosp. Arzobispo Loayza |
1 |
| Hosp. Alberto Sabogal S. |
1 |
| Hosp. Ricardo Palma |
1 |
| Hosp. FAP |
1 |
| Hosp. Sergio Bernales |
1 |
| Hosp. del Niño |
1 |
| Hosp. María Auxiliadora |
1 |
| Hosp. Central PNP |
1 |
|
|
| Gráfico 1. Relación de
criterios considerados para la definición del Esófago de Barrett (133) |

|
A.- Esófago de Barrett
de segmento largo y corto.
B.- Metaplasia intestinal especializada en cualquier parte del
esófago.
C.- Mucosa columnar por encima de los 3 cm de la Unión
Esófago-Gástrica.
D.- Metaplasia columnar esofática con presencia o no de
metaplasia intestinal especializada y metaplasia intestinal
especializada en la UEG. |
En el INEN el diagnóstico de Esófago de Barrett, ha sido
infrecuente hasta fines de la década del 90, de acuerdo a la revisión que hemos
realizado, entre 1956 y 1998, tenemos 19 casos consignados como Esófago de Barrett, que
tienen tanto el criterio endoscópico e histológico respectivo, de los cuales 15 tienen
metaplasia intestinal y 4 metaplasia gástrica. Entre 1999 y Julio del 2001, hemos logrado
identificar 83 casos consignados como Esófago de Barrett, siendo los que tienen presencia
de Metaplasia Intestinal 25 casos y metaplasia gástrica 58 casos. De esta manera, de
acuerdo a la definición actual de Esófago de Barrett, son 40 los casos que reúnen los
requisitos de criterio endoscópico e histológico de metaplasia intestinal. De otro lado,
la explicación de la diferencia del número de casos en ambos periodos es sugerida por
Alan J. Cameron cuando refiere que: Older reports show that Barretts esophagus
could be found if it was looked for (43). Esto significa, que en nuestro Servicio
desde el año 1999, no solamente identificamos endoscópicamente un probable Esófago de
Barrett; si no que obligatoriamente tomamos muestras de biopsia para estudio histológico,
por lo que los números consignados previamente reflejan aquellos casos confirmados
patológicamente, esto es, el número eventualmente podría ser mayor, ya que se requiere
no sólo el criterio endoscópico sino un criterio histológico estricto, de modo tal que
es más probable diagnosticar Barrett en menor cuantía, que el diagnosticarlo en
exceso (84).
Debemos recordar que la implicancia en definir el Esófago de Barrett con base a la
metaplasia intestinal está en relación directa a su potencial complicación, de
persistir la injuria del reflujo, en adenocarcinoma. Así, idealmente deberíamos tener la
perspectiva de lo que significa el Cáncer de Esófago, en nuestro medio y
específicamente el adenocarcinoma. De acuerdo a las cifras reportadas por el Centro de
Investigación en Cáncer Maes Heller sobre el Registro de Cáncer de Lima Metropolitana
entre 1990 y 1993 (134), se sabe que el Cáncer de Esófago ocupa, el lugar 26 de acuerdo
al ranking de frecuencia de cáncer, con una tasa de incidencia por edad de 1.09 x 100 000
habitantes. (Tabla II).
| Tabla II. Frecuencia y
Tasa de Incidencia por Cáncer en ambos sexos en Lima Metropolitana 1990-1993 |
| Neoplasias |
Orden en |
TEE |
| (1990-1993) |
el Ranking |
(1) |
|
| Cáncer de Estómago |
1 |
17.09 |
| Cáncer de Colon |
9 |
5.35 |
| Cáncer de Hígado |
11 |
3.6 |
| Cáncer de Páncreas |
17 |
3.09 |
| Cáncer de Esófago |
26 |
1.09 |
|
(1) TEE Tasa Estandarizada
por Edad x 100 000.
Registro de Cáncer de Lima Metropolitana, 1990-1993 Centro
de
Investigación en Cáncer Maes Heller (134). |
Cuando a su vez, desglosamos la histología del Cáncer de
Esófago y precisamos si es Carcinoma Epidermoide o Adenocarcinoma y lo correlacionamos
con el sexo tenemos lo siguiente (Tabla III):
| Tabla III. Tasa
Estandarizada por Edad de Cáncer de Esófago en hombres y mujeres, según tipo
histológico. |
| Histopatología |
Masculino |
Femenino |
|
| Carcinoma |
0.81 |
0.28 |
| Adenocarcinoma |
0.20 |
0.08 |
|
(1) TEE Tasa Estandarizada
por Edad x 100 000.
Registro de Cáncer de Lima Metropolitana, 1990-1993 Centro
de
Investigación en Cáncer Maes Heller (134). |
Se aprecia con claridad que la incidencia de las neoplasias de
esófago en general, y del adenocarcinoma en particular, es baja en nuestra población, de
acuerdo a la muestra analizada (134). El carcinoma epidermoide es 4 veces más frecuente
que el adenocarcinoma. La incidencia del adenocarcinoma de esófago es mayor en hombres
que en mujeres, lo que está de acuerdo a otras series reportadas (31, 43).
Según datos del Departamento de Estadística del INEN, en una evaluación realizada para
estimar la frecuencia de presentación del carcinoma epidermoide con relación al
adenocarcinoma de esófago y en un período de 15 años (1985-1999), hemos podido apreciar
que el carcinoma epidermoide tiene una frecuencia de presentación del 96% y el
adenocarcinoma del 4%, sobre un total de 287 casos. No se ha objetivado el incremento en
la presentación del adenocarcinoma en dicho período de estudio, manteniéndose por el
contrario, el carcinoma epidermoide como la neoplasia de presentación más frecuente en
el esófago, lo que estaría más bien en relación al comportamiento de esta patología
descrito en países del tercer mundo, como el nuestro (31) Gráfico (2).
| Gráfico 2. Datos
preliminares de la frecuencia de presentación del carcinoma epidermoide respecto al
adenocarcinoma de esófago, en un periodo de 15 años en el INEN (Departamento de
Estadística) |

|
(1) TEE Tasa Estandarizada
por Edad x 100 000.
Registro de Cáncer de Lima Metropolitana, 1990-1993 Centro
de
Investigación en Cáncer Maes Heller (134). |
De acuerdo a la definición actual del Esófago de Barrett,
nosotros al momento de hacer la revisión de nuestros casos hemos definido como pacientes
con Esófago de Barrett, a aquellos con diagnóstico histológico confirmado de metaplasia
intestinal. Según esta perspectiva, en el Servicio de Gastroenterología del INEN entre
1999 y Julio del 2001, se han realizado 3904 gastroscopías en pacientes consecutivos (se
eliminaron las gastroscopías de control cuando se repetían en un mismo paciente), por lo
que podemos mostrar la prevalencia del Esófago de Barrett en el INEN, en dicho período.
(Tabla IV).
| Tabla IV. Porcentaje de
pacientes con Esófago de Barrett en 3,904 Gastroscopías, en el Servicio de
Gastroenterología del INEN. (1999-2001) |
|
| Metaplasia Intestinal (Largo y Corto) |
25 |
0.64% |
| Metaplasia Intestinal (Largo) |
8 |
0.20% |
|
Vale la pena enfatizar que la metaplasia intestinal definida como
Esófago de Barrett, ha sido diagnosticada en todos nuestros pacientes siempre y cuando
hayan contado con el requisito de un aspecto de metaplasia columnar en cualquiera de sus
variedades en un esófago tubular y no se ha consignado ningún caso de metaplasia
intestinal en la unión escamo columnar con aspecto endoscópico de normalidad, al
respecto, cabe precisar que algunos de los autores del presente trabajo han reportado
previamente que la frecuencia de presentación de la metaplasia intestinal en la unión
esófago gástrica de aspecto conservado es del 21%, en pacientes que acuden al Servicio
de Gastroenterología del INEN, en el mismo sentido, se ha logrado identificar que la
metaplasia intestinal en dicha región está asociada con un grupo etáreo mayor con
promedio de edad de 60 años (p=0.002), de la misma manera, este hallazgo estuvo coligado
con la metaplasia intestinal en antro (p<0.001 y OR: 14.6), no encontrándose relación
con la enfermedad del reflujo gastro-esofágico (135).
|