| Revista de Gastroenterología del
Perú - Volumen 16, Nº2 1996 |
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EDITORIAL
AVANCES EN LA FISIOPATOLOGÍA Y
MANEJO DE LA ENCEFALOPATÍA HEPÁTICA
FISIOPATOLOGíA
La patogénesis de la encefalopatía
porto-sistémica (EPS) es multifactorial. Los niveles sanguíneos de diversas neurotoxinas
derivadas de bacterias de la flora intestinal, incluyendo amonio, ácidos grasos de cadena
corta, mercaptanos, ácido gamma-aminobutírico (GABA) entre otros, se encuentran elevados
y pueden actuar sinérgicamente1. La EPS es probablemente una consecuencia de la extracción
hepática reducida de una o más de dichas sustancias neuroinhibitorias hipotéticas como
resultado de la formación de "shunts" porto-sistémicos que se forman en el
paciente cirrático. La fuente de amonio en pacientes con EPS es principalmente el
intestino delgado, como resultado de la conversión de glutamina en la dieta a glutamato y
amonio.
En la presencia de "shunts" porto-sistémicos, la extracción de amonio de la
sangre venosa portal por los hepatocitos se encuentra disminuída, aumentándose
consecuentemente los niveles en el sistema nervioso central, interfiriendo con su función
a diferentes niveles1,2. Van Thiel y col.2 recientemente estudiaron a 32 pacientes con enfermedad hepática
terminal siendo evaluados para transpiante hepático, midiendo el tiempo de tránsito
oro-cecal. Interesantemente, encontraron que el tiempo requerido para que una dosis
administrada de lactulosa llegue al ciego era significativamente mayor en los pacientes
con EPS. Adicionalmente, los autores describen una disminución marcada en el tiempo de
tránsito oro-cecal cuando los pacientes con EPS fueron tratados por una semana con 2
gramos de neomicina al día y restricción proteica, sugiriendo que la EPS se encuentra
asociada con un tiempo de tránsito oro-cecal prolongado y que es un fenómeno que se
auto-perpetúa, ya que el retardo en el tránsito intestinal permite una mayor producción
de neurotoxinas putativas. El GABA es un neurotransmisor inhibidor importante que abre
canales de cloro en membranas post-sinápticas, resultando en una hiperpolarización y
reducción de la excitabilidad de la neurona1. La neuroinhibición mediada por GABA se encuentra aumentada por
la administración de benzodiazepinas, a las cuales los pacientes cirróticos son
particularmente sensibles. En la encefalopatía hepática causada por cirrosis
alcohólica, se ha demostrado un aumento en los niveles de benzodiazepinas endógenas
tanto en líquido cefaloraquídeo, sangre y orina, y éstos niveles tuvieron correlación
con la severidad de la encefalopatía3.
Otra teoría reciente es una interesante propuesta para explicar las características
clínicas y de Resonancia Magnética Nuclear (RMN) cerebral observadas en EPS es la
alteración en el metabolismo del Manganeso (Mn). Este metal es secretado en la bilis y
sus concentraciones aumentan en enfermedades hepáticas colestáticas, y parece tener una
gran afinidad por el sistema extrapiramidal4 . En casos de intoxicación con Mn, la mayor toxicidad encontrada
es a nivel del sistema nervioso central. Devenyi y Col4 reportaron un paciente con síndrome de Alagille (una enfermedad
autosómica dominante manifestada principalmente por colestasis neonatal y disminución
marcada de los canaliculos biliares intrahepáticos) con distonía severa. El paciente
tenía una hiperintensidad en los ganglios basales en una RMN cerebral e
hipermanganesemia. Dos meses después de la realización de un transplante hepático, los
niveles de Mn se normalizaron y cuando se repitió la RMN cerebral, ésta mostró una
completa desaparición de las señales anormales en los ganglios basales. Krieger y col5
estudiaron 10 pacientes con cirrosis (Child C) y 10 controles por RMN y determinación de
Mn en sangre y tejido cerebral en aquellos pacientes que fallecieron. Las concentraciones
sanguíneas se encontraban significativamente más altas en los cirráticos, y los
índices de intensidad palidales en RMN correlacionaron con dichas concentraciones.
Además de esto, las muestras de tejido , cerebral mostraron concentraciones de Mn más
altas en los cirróticos que en los controles. Estos hallazgos sugieren que el Mn podría
jugar un papel en la patogénesis de la encefalopatía hepática. Se necesitan más
estudios al respecto, pues el uso de agentes quelantes podría constituir una nueva
opción terapéutica para prevenir o revertir este síndrome psiquiátrico tan complejo.
TRATAMIENTO
El tratamiento de la encefalopatía hepática se basa en mecanismos para reducir la
producción y absorción de toxinas producidas por las bacterias intestinales, tales como
modificación de la ingesta diaria de proteínas, o la alteración de la flora intestinal.
Los disacáridos no absorbibles como la lactulosa y el lactitiol siguen siendo la piedra
angular en el manejo de la encefalopatía hepática a pesar de que comenzaron a utilizarse
hace varias décadas. Aún existe controversia en cuanto al mecanismo de acción de estos
agentes. La lactulosa es no absorbible y por lo tanto pasa del intestino delgado al ciego
y colon derecho, donde es metabolizada por las bacterias anaeróbicas, resultando en la
producción de ácidos grasos volátiles. La presencia de éstos disminuye el pH luminal
del colon, lo cual favorece la ionización del amonio a ese nivel, dificultándose su
transporte a través de la mucosa colónica. Alternativamente, se ha postulado que la
eficacia de estos disacáridos se basa en la inhibición de bacterias intestinales
productoras de ureasa como resultadode la acidificación luminal, resultando en una
disminución de la producción de amonio. Por último, la lactulosa y lactitiol producen
un efecto catártico que disminuye el tiempo de tránsito colónico, por lo tanto la
absorción de amonio y otros falsos neurotransmisores disminuye.
La lactulosa se comercializa como un jarabe y puede administrarse oralmente o por sonda
naso-gástrica. La dosis es variable, y fluctúa entre 30 ml 3 a 4 veces al día, teniendo
como objetivo la producción de 2 ó 3 deposiciones suaves al día. Debemos recalcar que
el objetivo de la administración de lactulosa no es causar diarrea, ya que ésta puede
traer como consecuencia transtornos hidroelectrolíticos deletóreos, principalmente
hipernatremia, que pueden empeorar aún más el cuadro de confusión o coma. La lactulosa
puede ser administrada como enemas, diluyéndola al 50% con agua, con volúmenes totales
de aproximadamente un litro.
La administración de antibióticos no absorbibles como la neomicina, que actúa
principalmente contra bacterias aeróbicas, reduce la producción luminal de amonio y es
también una alternativa en el manejo de la EPS. Se administra en dosis de 2 gr cada 6
horas, y una pequeña fracción de ésta puede ser absorbida y causar nefrotoxicidad u
ototoxicidad en pacientes sensibles. El metronidazol ha sido utilizado para el mismo
propósito y ha demostrado ser tan efectivo como la neomicina sin los efectos secundarios
potenciales de esta última6. La administración de lactulosa o lactitiol junto con
antibióticos no absorbibles es aún materia de controversia. Algunos postulan que se
necesita una concentración mínima de bacterias colónícas para que la lactulosa ejerza
su efecto terapéutico, y que la eliminación de bacterias por medio del antibiótico
disminuye la efectividad de la lactulosa o lactitiol, pero otros estudios muestran que en
la práctica clínica se observa un efecto favorable cuando se adiciona un antibiótico no
absorbible a lactulosa cuando el cuadro de encefalopatía hepática es refractario a
ésta.
Los niveles de aminoácidos de cadena ramificada (ACR) valina, leucina e isoleucina se
encuentran disminuidos en cirróticos. Sin embargo, el uso terapéutico de ACR en EPS aún
es controversial. Higuchi y col7 estudiaron la acción psicotrópica de una solución de ACR en
seis cirróticos con encefalopatía hepática (grados 1 y 11) usando métodos
electrofisiológicos y psicométricos. Dichos autores encontraron cambios
neuropsicológicos inmediatos (mejoría en las pruebas de conección de números,
símbolos digitales y test de diseño de bloques en la escala de inteligencia de adultos
de Wechsier) después de una infusión de la solución de 3 horas.
El antagonista benzodiazepínico flumazenil ha sido extensamente estudiado en modelos
animales y en varios grupos humanos no controlados. Pomier-Leyrargues8
en el primer trabajo publicado de tipo prospectivo randomizado estudiando la eficacia del
flumazenil en el tratamiento de la encefalopatía hepática en cirróticos, enroló 21
pacientes con encefalopatía hepática grado IV. Los pacientes fueron randomizados para
recibir flumazenil 2 mgr intravenoso o placebo, y aquellos que aún tenían encefalopatía
grado IV 24 horas más tarde fueron cruzados al otro tratamiento. Después de la
administración de f lumazenil laencefalopatía mejoró de grado IV a grado III en 2
pacientes y a grado II en 4 pacientes. No hubo mejoría después de la adminstración de
placebo. Cadranal y col9 realizaron un estudio similar dobleciego, placebo-controlado y
cruzado de 18 episodios de encefalopatía hepática en 14 pacientes. Reportaron una
mejoría marcada en el trazado electroencefalográfico en 66% de los pacientes que
recibieron flumazenil versus 0% en el grupo que recibió placebo, aunque hubo sólo una
modesta mejoría clínica.
El flumazenil no es ciertamente la respuesta definitiva al problema de tratamiento de la
EPS, y se necesitan estudios con mayor número de pacientes. En la práctica clínica lo
más importante es evitar y tratar los factores precipitantes de encefalopatía hepática,
tales como infección, sangrado digestivo, diuresis excesiva y utilización de sedantes.
Dr. Martín Tagle
Gastroenterólogo
Hospital Jackson Memorial
Miami, Florida
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