RESUMEN
La sepsis intrabdominal es un
cuadro clínico de presentación frecuente en los servicios hospitalarios, de extrema
gravedad y con funestas consecuencias como el shock séptico y la falla orgánica
multisistémica. Se origina por la presencia de gérmenes y/o toxinas provenientes de la
cavidad abdominal, intra o retroperitoneal, por lo que tiene una variedad de causas
etiológicas. La fisiopatología está en permanente actualización. El diagnóstico
clínico muchas veces es difícil y la ayuda con imágenes es importante.
El tratamiento está basado en las medidas terapéuticas de antibioticoterapia, soporte
nutricional, ventilatorio y hemodinámico.
Sin embargo la piedra angular en el manejo de este cuadro es el quirúrgico. Es propósito
de esta revisión identificar las principales causas y describir las técnicas y
estrategias con que cuenta el cirujano en sala de operaciones.
PALABRAS CLAVES: SEPSIS INTRABDOMINAL, INFECCIONES CIRUGÍA, PERITONITIS,
ABSCESOS, LAVADO PERITONEAL, RELAPAROTOMIA.
SUMMARY
Intrabdominal sepsis is a frequent clinical disorder in inpatients with severe
consequences as septic shock and multisystem organic fallure. ¡t starts with the presence
of germs or toxins from the abdominal cavity elther intra or retroperitoneal.
Pathophysiology is not yet totally understood. Clínica¡ diagnosis many times is
difficult and imagens aids are important.
Treatment is based in theadministration of antibiotics, nutritional support, ventilatory
and hemodymanic aids. The keystone of the management is surgery. This review detailis the
main technics and strategies of the surgeon in the operative room.
KEY WORDS: INTRABDOMINAL SEPSIS, INFECTION SURGERY, PERITONITIS, ABSCESS
PERITONEAL LAVALE, RELAPAROTOMY.
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| Rev. Gastroent. Perú 1995; 15(1): 62-73 |
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INTRODUCCIÓN
La
Sepsis Intrabdominal (SIA) es un cuadro clínico caracterizado por la respuesta del
huésped (cuadro séptico) como consecuencia de la presencia de gérmenes y/o toxinas
provenientes de un foco infeccioso localizado en la cavidad abdominopélvica. tanto intra
como retroperitoneal mente, de extrema gravedad y con funestas consecuencias como el shock
séptico y la falla orgánica multisistémica (FOMS).
Usualmente la piedra angular en el tratamiento de este cuadro, a diferencia de otras
localizaciones de focos sépticos, es el quirúrgico1. No suele ser problema de discusión
lo que concierne al aspecto del soporte del paciente, llámese hidroelectrolítico,
ventilatorio o nutricional. El problema suele presentarse al momento de decidir cuando un
paciente debe ser operado y cual es el procedimiento a realizarse.
A pesar que las indicaciones son conocidas por intensivistas, clínicos y cirujanos, tomar
la decisión quirúrgica es un reto constante. Por un lado la insistencia de un grupo de
médicos para que el paciente se opere y de otro lado, facultativos abogando para que este
acto no se realice. De la misma manera, con el paciente en sala de operaciones las
decisiones a tomar muchas veces resultan polémicas en opinión de los diversos grupos de
cirujanos en relación a determinados aspectos del manejo quirúrgico. Estos aspectos
determinan que el tema de SIA sea de interés para clínicos y cirujanos, de allí la
motivación para revisar este tópico.
El diagnóstico y tratamiento de pacientes con SIA continúa siendo un problema de
difícil solución. A pesar de los innumerables avances médicos en las últimas décadas
la morbimortalidad de la SIA permanece impresionantemente alta, entre 20% y 100%, en la
mayoría de las series, dependiendo este porcentaje, de la edad del paciente, tiempo de
enfermedad, origen de la sepsis, así como del número de órganos comprometidos en la
falla orgánica multisistémica2.
La SIA puede ser producida por causas muy diversas, desde un proceso inflamatorio agudo
localizado en alguno de los órganos del abdomen, como la vesícula biliar, apéndice
cecal, útero o colon, hasta una peritonitis generalizada de cualquier causa, como una
complicación de los cuadros mencionados anteriormente o por una solución de continuidad
del tracto gastrointestinal o genital, ya sea por trauma o iatrogénica (perforación
uterina).
La peritonitis ha sido la causa de la infección intrabdominal en 18% a 30% de los
individuos sometidos a exploración quirúrgica. Hay básicamente dos tipos de
peritonitis: primaria y secundaria. La primera es usualmente encontrada en pacientes con
ascitis por cirrosis o por síndrome nefrótico y es causada típicamente por el neumococo
o bacterias gram-negativas. Este es un cuadro que no requiere tratamiento quirúrgico y no
tiene ruptura asociada de las barreras anatómicas normales3.
En la peritonitis secundaria, la infección proviene de lesiones del tracto
gastrointestinal (apendicitis, enteritis tífica perforada), tracto genitourinario
(perforación uterina, aborto séptico), árbol biliar (colecistitis aguda), o del
páncreas (absceso pancreático) y es asociada con inflamación peritoneal difusa. En el
cuadro # 1 podemos apreciar la estadística de Sinanan y cols4, en 1984, en 100
laparotomías.
CUADRO #1
HALLAZGOS EN LAPAROTOMÍAS POR SEPSIS INTRABDOMINAL4 |
| POSITIVOS |
81 |
| ABSCESO ÚNICO |
27 |
| ABSCESOS MÚLTIPLES |
18 |
| ASCITIS INFECTADA |
2 |
| PERITONITIS DIFUSA |
7 |
| PERFORACIÓN DE VISCERA |
8 |
| NECROSIS |
13 |
| NEGATIVAS |
19 |
| TOTAL |
100 |
Los abscesos han sido causa de SIA en 55% a 61% de los casos
ublicados5, surgiendo la mayoría de ellos como complicación de una operación realizada
en el abdomen. Hay cuatro causas para la formación de abscesos intrabdominales:
(1) Los que se forman como consecuencia de la resolución de una
peritonitis difusa. Ej. Absceso subfrénico luego de una peritonitis generalizada.
(2) Los que resultan de ruptura de la barrera anatómica del tracto
gastrointestinal exitosamente bloqueada por los mecanismos de defensa peritoneal. Ej.
Absceso posterior a diverticulitis.
(3) Los que se desarrollan en una víscera sólida a partir de una
diseminación linfática o hematógena de un foco séptico distante. Ej. Absceso
hepático.
(4) Los abscesos retroperitoneales como consecuencia de una infección
primaria o inflamación de una de las vísceras retroperitoneales, seguida de una
contaminación bacteriana secundaria. Ej. Absceso pancreático.
Cuando la SIA se presenta en un paciente postoperado, las causas más frecuentemente
encontradas en la relaparotomía son los abscesos residuales, las dehiscencias
anastomóticas y las necrosis isquémicas. No deben pasarse por alto la SIA por
tratamientos quirúrgicos primarios incompletos, como por ejemplo una apendicitis aguda no
diagnosticada intraoperatoriamente en un paciente que es colecistectomizado por
diagnóstico de colecistitis aguda.
DIAGNÓSTICO CLÍNICO DE LA SIA6,7
Debido a que el espectro de la SIA varía desde una peritonitis aguda progresiva a un
absceso intrabdominal crónico indolente, la historia puede ser completamente diferente.
Enfermedades previas, síntomas de cronicidad, cirugía previa o terapia antibiótica y
cambios en el peso, apetito y temperatura son datos importantes pero rara vez
diagnósticos.
Si bien el examen físico es usualmente sugestivo, muchas veces los hallazgos son algo
inciertos, por lo que la terapia quirúrgica no puede ser instituida basada solamente en
éstos y donde necesariamente debe confirmarse el diagnóstico con algún examen auxiliar
para proceder a la cirugía.
Hay que sospechar infecciones intrabdominales en todo sujeto que ha sido sometido a
cirugía abdominal o que haya presentado un traumatismo en la misma región. También hay
que sospechar infecciones intrabdominales en personas que han estado en choque duradero y
que han recibido transfusiones de más de siete litros de sangre8.
Después de una laparotomía, la sepsis puede presentarse como una combinación de algunas
o todas de las siguientes características: una alta o baja temperatura, taquicardia,
hipotensión, edema pulmonar o sistémico, hiperventilación con hipocapnea, confusión
mental, un elevado o reducido recuento leucocitario, disminución del recuento plaquetario
con o sin evidencia de coagulación intravascular diseminada. El foco séptico puede ser
hallado en los pulmones, en el tracto urinario o en el abdomen. El examen clínico y las
apropiadas investigaciones de laboratorio usualmente identificarán las fuentes de
infección respiratoria, urinaria o de otro origen, pero el diagnóstico de la SIA es
frecuentemente más difícil4 9 10 11.
CUADRO #2
HALLAZGOS EN REEXPLORACIONES12 |
| ABSCESOS |
54% |
| DEHISCENCIAS |
16% |
| NECROSIS |
12% |
| ERROR TÉCNICO |
6% |
| NEGATIVO |
9% |
| OTROS |
3% |
Los hallazgos clínicos no son específicos y pueden estar
enmascarados en el paciente postoperado. Hinsdale y Jaffe12 (Cuadro N.º 2) realizaron un
estudio de 87 reexploraciones abdominales en 77 pacientes encontrando que no existe signo
clínico que se relacione 100% con la presencia de SIA (Cuadro # 3). Todos tienen
posibilidad, alta o baja, de no relacionarse con un cuadro de sepsis de origen abdominal.
CUADRO #3
HALLAZGOS FÍSICOS EN 79 LAPAROTOMÍAS POSITIVAS12 |
| HALLAZGO |
NÚMERO DE PACIENTES |
% DE LAPAROTOMÍAS POSITIVAS |
| Sensibilidad |
71 |
90% |
| Fiebre |
68 |
86% |
| Ausencia ruidos abdom. |
65 |
85% |
| Distensión |
12 |
15% |
| Drenaje de pus o fístula |
8 |
10% |
| Masa palpable |
2 |
2% |
| Crépitos |
1 |
1% |
Sin embargo la sensibilidad de la pared abdominal, la fiebre y el
íleo paralítico son altamente sospechosos13.
El avance en el manejo de los pacientes críticos en las Unidades de Cuidados Intensivos
(UCI) y la aparición de nuevos antibióticos han determinado que muchos de los signos y
síntomas clásicos sean atenuados o que eviten un desenlace fatal y temprano de éstos,
por lo que el paciente puede desarrollar insuficiencia de algún órgano, como el pulmón,
hígado o riñón, constituyendo ésta la primera manifestación de una sepsis, que
posteriormente evoluciona hacia FOMS, cuya fisiopatología está siendo mejor entendida 14
15.
En el estudio de Ferrarris14, en 23 pacientes con falla de un órgano que precedió a la
FOMS, 17 de ellos presentaron una causa intrabdominal del cuadro séptico, sin embargo
sólo 11 presentaron signos clínicos de abdomen agudo (Cuadro # 4). De tal forma queda
claro que la falla de un órgano que precede a la FOMS se correlaciona con un alto grado
de sensibilidad con la presencia de sepsis de origen abdominal.
CUADRO #4
Falla orgánica única que pecedió a la Falla orgánica multisistémica14 |
| 1° sitema orgánico que falló |
N.° de pacientes con abdomen
agudo preoperatorio |
N.° de pacientes sin abdomen
agudo preoperatorio |
TOTAL |
| Pulmonar |
6 |
8 |
14 |
| SNC |
2 |
1 |
3 |
| Renal |
2 |
2 |
4 |
| Gastrointestinal |
1 |
1 |
2 |
| total |
11 |
12 |
23 |
Numerosas técnicas radiográficas han sido desarrolladas en los
últimos años, algunas de las cuales son particularmente útiles en el diagnóstico de
infecciones localizadas. Las radiografías simple de abdomen o tórax son usualmente
inadecuadas para el diagnóstico preciso, si bien la presencia de aire libre, líquido,
íleo, o atelectasias deberían alertar al clínico de un potencia¡ evento
intrabdominal16.
La ecografía abdominal puede hacerse con gran rapidez, es un estudio barato y puede
practicarse en UCI. Sin embargo, en el caso de drenes y orificios de enterostomía, surgen
problemas especiales, y la precisión del método depende en gran medida de quien lo
practica. Incluso en circunstancias óptimas su exactitud es sólo de 50 a 60%5 11 16.
La tomografía axial computarizada, según muchos autores, es la técnica más exacta sin
penetración corporal, para el diagnóstico de abscesos u otros acumulos de líquidos en
el abdomen. Sin embargo el método es caro y es indispensable movilizar al paciente. La
precisión del estudio va entre el 90 y 95%5 11 16.
INDICACIÓN DEL MOMENTO QUIRÚRGICO
Las
indicaciones para llevar a sala de operaciones a explorar quirúrgica mente a un paciente
se muestran en el cuadro # 5. La presencia de hallazgos físicos compatibles con abdomen
agudo, rebote positivo, resistencia muscular en un paciente con sepsis, operado reciente o
no, no suelen ser problemas para la toma de la decisión.
CUADRO #5
INDICACIONES QUIRURGICAS EN PACIETES CON SIA |
ABDOMEN AGUDO
DIAGNÓSTICO POR IMÁGENES DE ABSCESOS
FALLA DE UN SOLO ÓRGANO
FALLA ORGÁNICA MULTISISTÉMICA
DRENAJE SOSPECHOSO |
Tampoco lo es aquel paciente séptico que tiene diagnóstico por
imágenes de abscesos o colecciones.
Los problemas comienzan para el cirujano cuando en un paciente con clínica de sepsis, y
que habiendo descartado otros focos sépticos, no encontramos signos de abdomen agudo y no
tenemos la oportunidad de realizar un estudio por imágenes, sobre todo en pacientes que
están en postoperatorio temprano. Es entonces donde debemos tener presente algunas pautas
17:
1) La falla de un órgano debe ser la indicación para explorar a un
paciente con antecedente quirúrgico previo. Polk18 demostró esta propuesta con datos muy
convincentes, esto se fundamenta en lo mencionado, que la falla orgánica precede la
presencia del abdomen agudo.
2) Presencia de FOMS y/o empeoramiento de éste, cae por su propio peso.
Creemos que ésta es la indicación que más veces se discute entre los clínicos,
intensivistas y cirujanos. Nunca será demasiado temprano para decidir una operación 51
siempre será tarde para arrepentirnos de no haberlo hecho antes. Knaus19 en un brillante
estudio multicéntrico en USA que fue confirmado por la escuela francesa, demuestra el
aumento de la mortalidad en proporción directa al número de órganos comprometidos en la
FOMS, al número de días de enfermedad y también a la edad del paciente, la que los
divide en menores y mayores de 65 años. Este trabajo, que se refleja en una tabla, nos
indica que un paciente menor de 65 años, con un solo órgano comprometido y con un solo
día de enfermedad tiene una mortalidad promedio de 16%, y aquel paciente con las mismas
características pero mayor de 65 años tiene una mortalidad de 32%. Si en estos mismos
pacientes el tiempo de enfermedad aumenta a 5 días la mortalidad sube a 35 y 53%
respectivamente. Por lo tanto aquellas disculpas como "mejórale la presión",
"que orine un poco más", "súbele el hematocrito", no tienen razón
de ser a la luz de estas demostraciones.
3) Presencia de material sospechoso, fundamentalmente
pus, por los drenajes abdominales.
Como conclusión podemos tomar el cuadro de Hindsale12, donde se hace un algoritmo del
procedimiento para indicar una laparotomía exploradora en un paciente con sospecha de
sepsis intrabdominal (Cuadro # 6).
CUADRO #6
ALGORITMO EN PACIENTES CON SIA |
 |
TRATAMIENTO
La piedra angular del tratamiento de la SIA es el drenaje del foco séptico y/o la
remoción de cualquier fuente continua de infección. El tratamiento de soporte y la
antibióticoterapia parenteral tienen un papel complementario importante.
TRATAMIENTO DE SOPORTE
Todo paciente con infección intrabdominal debería ser considerado críticamente enfermo.
Por lo tanto, es necesario dar una óptima entrega y utilización del oxígeno. Esto
demanda frecuentes exámenes clínicos y monitorización invasiva para asegurar la
perfusión tisular, evaluar la necesidad de soporte ventilatorio, y responder a los
cambios inducidos por el proceso dinámico de la infección.
La pérdida de líquidos hacia la cavidad peritoneal frecuentemente resulta en
hipovolemia, la cual, complicada con la vasodilatación periférica, resulta en una
marcada hipoperfusión tisular. Medidas correctivas deben ser instituidas, incluyendo la
colocación de una vía venosa central, la administración de coloides, cristaloides,
sangre y vasopresores si fuesen necesarios20.
Debido a los factores mecánicos (disminución de la excursión diafragmática y dolor) y
al síndrome de distréss respiratorio del adulto inducido por la liberación de
endotoxinas, la hipoxemia es común en pacientes con peritonitis. El soporte ventilatorio
puede ser requerido por tiempo variable 12.
Los pacientes con infecciones intrabdominales tienen demandas endocrinas y metabólicas
similares a los quemados y pueden tener una demanda metabólica en reposo de 40% por
encima de los valores esperados. Este déficit en caso de no ser revertido con aportes
calóricos tan elevados como 3,000 a 4, 000 calorías por día con el apoyo de la
nutrición parenteral, puede llevar al círculo vicioso (cuadro #7).
CUADRO #7
CÍRCULO VICIOSO EN SIA |
 |
También se encuentran niveles elevados de glucocorticoides,
catecolaminas, insulina y glucagón circulantes. La alteración del metabolismo lipídico
y de carbohidratos está asociada con una movilización masiva de aminoácidos de las
proteínas de los músculos periféricos. En un intento de revertir el consumo muscular,
infusiones de aminoácidos junto con preparaciones de lípidos y carbohidratos han sido
propuestas como medidas eficientes de ahorrar proteínas en pacientes masivamente
catabólicos. Desde que la demanda calórica de pacientes con infección intrabdominal es
alta, y frecuentemente la integridad del tracto gastrointestinal está violada, la
hiperalimentación parenteral es necesaria e indispensable 21 22 23.
Además, se le brindará el soporte a cada uno de los sistemas que entran en insuficiencia
conforme se va instalando la FOMS.
TRATAMIENTO ANTIBIÓTICO 24 25 26 27 28 29 30 31
La terapia antibiótica debe ser instituida tan pronto como la infección intrabdominal es
diagnosticada, y muestras de líquido peritoneal deberían ser tomadas para un Gram y para
cultivo de aerobios y anaerobios en una jeringa tapada y sin aire. La terapia empírica es
la regla debido a que el aislamiento, identificación y pruebas de sensibilidad
antibiótica in vitro de múltiples colonias de bacterias comprometidas en la infección
intrabdominal frecuentemente toma varios días.
Los coliformes y los anaerobios, en especial el Bacteroides fragilis, son los más
importantes en la infección intrabdominal de origen intestinal, biliar o pancreático y
la selección de los antibióticos debe de ser de acuerdo a:
1) Un aminoglicósido que actúe contra coliformes:
a) Gentamicina, 3-5 mg/kg, en 3 dosis, EV.
b) Amikacina, 15 mg/kg, en 2 dosis, EV.
c) Tobramicina, 3-5 mg/kg, en 3 dosis, EV.
2) Más un segundo agente que actúe contra anaerobios:
a) Cloramfenicol, 1 gr EV cada 8 horas.
b) Clindamicina, 600 mg cada 8 horas, EV.
c) Metronidazol, 500 mg cada 6 horas, EV.
d) Cefoxitima, 2 gr cada 6 horas, EV.
o
e) Ticarcifina, mezlocilina o piperacilina, 3-5 gr. cada 4 a 6 horas
(usualmente 18 gr por día).
Los siguientes factores pueden influenciar en el régimen seleccionado:
1) Reajuste de ¡a dosis del aminoglicósido si existe falla renal.
2) La cefoxitima puede ser usada como agente único debido a su
actividad contra coliformes y anaerobios, al igual que el cefotetan, cefmetazol y
Ticarcilina en infecciones de leve a moderada severidad.
3) En las infecciones graves una cefalosporina de tercera generación y
el metronidazol es una asociación adecuada, especialmente cuando se sospeche de la
presencia de gérmenes resistentes.
4) Considerar que el enterococo es un germen relativamente frecuente en
la infección intrabdominal y por lo tanto tener en cuenta la posibilidad de asociar
ampicilina a la cobertura antibiótica32
5) De los nuevos antibióticos, el imipenen es una droga altamente
activa contra los anaerobios incluyendo al B. fragilis, bacilos aeróbicos gram-negativos
y el enterococo. Puede ser utilizado como agente único en sepsis intrabdominal grave.
Las fluorquinolonas (ciprofloxacina, ofloxacina) han demostrado tener una excelente
actividad contra los bacilos gram negativos, por lo que deben ser considerados dentro de(
tratamiento de la sepsis severa.
6) En las sepsis de origen ginecológico predominan los anaerobios a
predominio del clostridium, la presencia del Bacilus subtilis no suele ser tan importante
como en las de origen intestinal. En este caso la indicación de penicilina G sódica es
una buena alternativa.
7) Tener presente que el antibiótico debe ser administrado mientras
exista fiebre, leucocitosis y/o desviación izquierda. En un tratamiento de 5 días en que
no cedan estos parámetros hay que pensar en una colección no drenada o una infección
extra-abdominal inadecuadamente tratada.
MANEJO QUIRÚRGICO
El manejo quirúrgico está en función de los hallazgos del cirujano, quien puede escoger
una o más de las siguientes alternativas:
1. ELIMINARLAS FUENTES DE CONTAMINACIÓN:
Esto se realiza cuando estamos frente a una parte del tubo digestivo que perpetúa una
contaminación a la cavidad peritoneal.
Esto suele ocurrir con:
a) Perforación o alguna solución de continuidad del tubo digestivo
(perforación tífica, diverticulitis, úlcera péptica perforada).
b) Frente a la necrosis, parcial o total, de algún órgano.
c) Organo severamente infectado.
Para estos pacientes contamos con las siguientes opciones:
i) Ostomías: están perfectamente indicadas en perforaciones del
intestino grueso (diverticulitis complicada), en procesos inflamatorios severos del íleon
distal (perforación tífica), o en resecciones de colon donde no se recomiendan
anastomosis primarias por estar asociadas a abscesos o peritonitis.
ii) Suturas primarias33: sobre todo en perforaciones, previo avivamiento
de bordes, cuando son únicas, pequeñas (menores de 1 cm), localizadas en el estómago o
intestino delgado y con tejidos viables y poco inflamados. Es lo que se suele encontrar en
las úlceras pépticas perforadas o en las perforaciones tíficas únicas34. Este
procedimiento, obviamente, no se recomienda para lesiones del intestino grueso. Tampoco
para lesiones múltiples, bordes con tejidos poco viables y de un diámetro mayor de 2
cms.
iii) Resecciones, las que se recomiendan cuando la causa de la sepsis
abdominal es un órgano con inflamación aguda y/o necrosis, de fácil abordaje
quirúrgico y cuya extirpación no conlleve trastornos posteriores al paciente
(apendicitis, colecistitis, isquemia mesentérica, diverticulitis).
iv) Necrosectomías y Secuestrectomías: vale decir la eliminación de
los tejidos no viables de aquellos órganos que no cumplen los requisitos antes
mencionados para ser resecados. El ejemplo más claro lo constituye la pancreatitis aguda.
2. DRENAJE DE COLECCIONES
Estas pueden ser los abscesos, aquellas colecciones de pus que se localizan en cualquier
recodo de la cavidad peritoneal, en el hígado, en el páncreas o en los anexos de los
genitales femeninos. También se consideran colecciones a la infección, siempre
secundaria, de los fluidos orgánicos en condiciones de estasis por obstrucción del
conducto que las canaliza, como ejemplo tenemos a la colangitis o a la pionefrosis. En
este último grupo de pacientes el manejo quirúrgico consiste en eliminar la obstrucción
(ej. eliminar el cálculo en una coledocolitiasis) o derivar el fluido hacia el exterior
por medio de sondas o drenes (ej. coledocotomía con dren de Kehr o nefrostomía). A
partir de aquí nos referiremos exclusivamente a los abscesios35 36.
Una colección de pus puede ser drenada por tres vías: transperitoneal, extraperitoneal y
percutáneamente bajo guía tomográfica o ecográfica. La ruta transperitoneal, cirugía
abierta, tiene la ventaja que la infección no necesita ser localizada preoperatoriamente,
y múltiples focos o la infección diseminada puede ser drenada. Por lo tanto se indica
cuando son varios abscesos, o uno sólo que no ha sido localizado adecuadamente, o cuando
el paciente está hemodinámicamente inestable37.
La ruta extraperitoneal tiene similares ventajas y desventajas que el drenaje percutáneo.
Este requiere precisa localización del foco infeccioso, causa menos pérdida sanguínea y
el intestino es dañado menos frecuentemente. Para realizar el drenaje con catéter
percutáneo el paciente debe estar hemodinámica mente estable, el absceso debe ser
contiguo con la pared abdominal de tal manera que la aguja no tenga que atravesar ninguna
víscera o un espacio seroso estéril (cavidad pleural), no es recomendable si es de
localización mesentérica o entre las asas; la colección debe ser única y no lobulada;
no debe existir comunicación del absceso con el tracto gastrointestinal y no debe estar
en la pelvis38 39.
Para el drenaje percutáneo debe usarse el método diagnóstico por imágenes más simple
que permita una adecuada definición de la masa con riesgo mínimo para el
paciente. Las colecciones líquidas superficiales de 5 cm o más de diámetro son ideales
para usar como guía a la ecografía, mientras que para lesiones profundas y/o pequeñas
habitualmente lo mejor es hacer la punción bajo control tomográfico, que ofrece
información tridimensional precisa. El mayor impacto de la tomografía en estos casos es
su capacidad de definir exactamente la ubicación del extremo de la aguja dentro de la
lesión, lo cual facilita la técnica y contribuye a su elevada tasa de resultados
satisfactorios40 41 42.
El drenaje percutáneo de abscesos es un procedimiento que se utiliza cada vez con más
frecuencia. Pueden aplicarse los principios básicos del manejo quirúrgico de estas
lesiones:
1) Una incisión pequeña.
2) Con drenaje adecuado.
3) Sin contaminación del espacio peritoneal aún no afectado.
Probablemente el 90% de los abscesos intrabdominales cumplen con los requerimientos para
un drenaje percutáneo (Cuadro # 5).
3. DEBRIDACIÓN PERITONEAL RADICAL
Hudspeth43 en 1975 demostró que la debridación de la fibrina y de los tejidos
necróticos del peritoneo adyacente a los órganos lesionados o a las colecciones de pus
era conveniente, puesto que disminuía la mortalidad y los abscesos residuales. El
fundamento teórico ' radicaba en que en estos tejidos quedaban atrapadas bacterias, las
que posteriormente iban a determinar la formación de abscesos residuales, la eliminación
de estos tejidos conllevaría la disminución de esta complicación.
CUADRO #8
INDICACIONES SUGERIDAS PARA DRENAJE PERCUTÁNEO O EXTRAPERITONEAL |
ABSCESO ÚNICO
CAVIDAD UNILOCULAR BIEN DEFINIDA
VÍA DE DRENAJE PERCUTÁNEA SEGURA
PACIENTE HEMODINÁMICAMENTE ESTABLE
EVALUACIÓN CONJUNTA DE CIRUGÍA Y RADIOLOGÍA
ACTITUD QUIRÚRGICA EN CASO DE FRACASO |
Sin embargo, estos hallazgos no han sido confirmados por otros
estudios. Polk44, por el contrario encontró un aumento de la mortalidad en pacientes
mayores de 60 años.
Por lo tanto creemos que este es un procedimiento que no debe realizarse rutinariamente a
la luz de los trabajos de Polk, sin embargo la debridación de estos tejidos de fibrina es
posible realizarla cuando no se prolonga el tiempo operatorio y no se compromete a otros
órganos.
4. LAVADO PERITONEAL INTRAOPERATORIO (LPIO)45 46
El valor del lavado peritoneal intraoperatorio, en el tratamiento de la contaminación
peritoneal, es controversial. Autores como Maingot47 manifiestan que este procedimiento no
está justificado aún en presencia de contaminación fecal. Otros como Condon48 tienen
una opinión totalmente contraria. Hasta este momento la utilización del LPIO se ha
realizado más por hábito o por prejuicio, pero no porque haya habido una demostración
científica fehaciente de su efectividad. Todos los trabajos que pretenden demostrar este
hecho presentan defectos en el diseño de la investigación.
Cuando el LPIO se realiza solamente con solución salina, se busca un efecto mecánico,
vale decir remover la fibrina, detritus, coágulos, partículas donde se pueden adherir
las bacterias. Remover la bilis. sangre o mucus que favorecen el crecimiento de las
bacterias y, finalmente, diluir el inóculo49.
CUADRO #9
INDICACIONES SUGERIDAS PARA DRENAJE POR CIRUGÍA ABIERTA |
ABSCESOS MÚLTIPLES
ABSCESOS MULTILOCULADOS
SIN "VENTANA" PARA ABORDAJE PERCUTÁNEO
PRESENCIA DE SECUESTROS DUROS
(como los del páncreas)
PACIENTES EN MAL ESTADO |
Los científicos que se oponen al LPIO se basan en que una
infección local puede ser convertida en una infección generalizada. Esto se fundamenta
en estudios experimentales con coloides marcados radioactivamente o líquidos radiopacos
que se distribuyen, sin eliminarse, por todo el peritoneo luego de un lavado prolijo50.
De otro lado las diferentes soluciones utilizadas para realizar los lavados, solución
salina pura, combinada con antisépticos o con antibióticos, tampoco han demostrado
mayores diferencias entre ellas, con la sola excepción de la disminución de las
infecciones de herida operatoria en el lavado con solución salina y antibióticos51 52.
Se han utilizado diversas sustancias antisépticas, la iodopovidona al 1% ha sido la más
popular, sin embargo su utilidad no ha sido demostrada fehacientemente53 54. Alguna vez,
en 1923, se utilizó alcohol. Otras sustancias menos populares han sido el clorhexidine y
el agua oxigenada55.
Se han utilizado antibióticos tan variados como: neomicina, tetraciclina, cloramfenicol,
metronidazol, cefaloridina, kanamicina, bacitracina, clindamicina, entre otros. El uso de
antibióticos en el lavado conlleva a una revisión de la farmacocinética de cada uno de
estas sustancias que se van a utilizar. Es necesario tener en cuenta la capacidad de
absorción que tenga este antibiótico por el peritoneo y relacionarlo con la capacidad de
interactuar con el que se este utilizando por vía parenteral. Es sabido que es necesario
que el antibiótico este en contacto con la bacteria por lo menos 1 minuto para que tenga
un efecto bactericida.
Es importante tener en cuenta algunos efectos colaterales de los antibióticos. La
neomicina, y en general los aminoglicósidos, pueden causar paro respiratorio56 57 58 59.
Por lo tanto, si bien es cierto que no ha sido demostrado con rigurosidad científica la
eficiencia del LPIO, desde el punto de vista teórico no es contraproducente realizarlo y
probablemente sea ventajoso. Tener presente que al realizarlo se debe cumplir con los
requisitos que se mencionan en el cuadro # 10.
CUADRO # 10
REQUISITOS DE UN LAVADO PERITONEAL |
INDICADO EN PERITONITIS GENERALIZADAS
UTILIZAR UN MÍNIMO DE 10 LITROS DE SOLUCIÓN SALINA CAMBIAR VARIAS VECES LA POSICIÓN DEL
PACIENTE
DEJAR LA SOLUCIÓN EN CONTACTO CON EL PERITONEO MÍNIMO 1 MINUTO
DEBE SER ENÉRGICO EN FONDO DE SACO
TERMINAR CUANDO "EL AGUA DE RETORNO" ESTÉ CLARA DE USAR ANTIBIÓTICO ESTE DEBE
SER EL MISMO QUE SE ADMINISTRA PARENTERALMENTE |
5. DRENES60 61
La interrogante de dejar o no drenes es tan antigua como la propia cirugía. A pesar de
que la cavidad peritoneal libre no puede ser adecuadamente drenada, amplios drenajes del
abdomen son frecuentemente practicados, dando una falsa (o verdadera) sensación de
seguridad, siendo en algunos casos causa de complicaciones y en otros, promotores de
infecciones.
Los drenes abdominales pueden ser clasificados en 3 categorías:
a) Los pasivos: que tienen como representante al Penrose, que es el más
utilizado por los cirujanos a pesar de las desventajas que se mencionan. Constituyen una
vía de doble sentido, así como salen fluidos de la cavidad, ingresan bacterias
procedentes de la piel. Teóricamente cuando se colocan en el hemiabdomen superior, y por
el efecto de la presión subatmosférica, tienden a favorecer el ingreso de bacterias a la
cavidad. Al 4to día, en promedio, suele estar rodeado del momento y con ello queda
aislado de la cavidad. De la misma manera se ha mencionado que cuando se colocan muy cerca
a las anastomosis colónicas hay una mayor posibilidad de dehiscencias.
Son muy ventajosos para el drenaje de fluidos poco viscosos (sangre, bilis, líquido
intestinal alto), preferentemente del hemiabdomen inferior, tienen menos complicaciones
que los otros tipos de drenes por sus características físicas.
b) Los de succión cerrada62: en un inicio fueron utilizados para el
drenaje subcutáneo o de colgajos. Luego han cumplido un papel "profiláctico"
evitando que se acumulen secreciones alrededor de anastomosis o canalizar las pequeñas
dehiscencias. Cuando no son cerrados ó se usan con ingreso de aire las complicaciones son
mayores.
c) Los tubulares para succión63: que son usados cuando las secreciones
son mas viscosas (intestinales bajas, colecciones purulentas, material necrótico
pancreático) que difícilmente pueden ser exteriorizadas por drenaje pasivo. Requieren
una succión, intermitente o continua, entre 80 y 120 mmHg.
De tal forma que lo más racional es limitarse a usar drenes para la evacuación de
abscesos establecidos, para permitir la salida de potenciales secreciones viscerales (por
ejemplo, biliar, pancreática), o para establecer una fístula intestinal controlada
cuando ésta no puede ser exteriorizada.
6. RELAPARATOMIAS PLANEADAS (64-69)
El tratamiento quirúrgico agresivo para la infección intrabdominal severa está
constituido por las RELAPAROTOMIAS PLANEADAS Y EL DRENAJE ABIERTO O LAPAROSTOMIA. La
relaparotomía planeada es la conducta de realizar operaciones repetidas en intervalos
fijados (usualmente 24 a 72 horas) independiente de la condición clínica del paciente,
con el fin de evacuar las colecciones sépticas que se han formado desde la laparotomía
previa. El raciocinio para esta política es anticiparse a la formación de colecciones
sépticas e impedir sus efectos deletéreos antes que estos hayan sido manifestados.
El manejo abierto ha surgido como un corolario a la política de laparotomías repetidas:
Si el abdomen va ser frecuentemente reexplorado, Por qué cerrarlo-. El énfasis sobre un
máximo drenaje de la cavidad peritoneal está subrayado por el término laparostomía.
Los posibles beneficios son: reducir la presión abdominal alcanzada por el no cierre, y
con ello una mejor excursión diafragmática, mejoría de la perfusión renal, una
absorción reducida de los productos bacterianos por vía de los estomas diafragmáticos,
exposición del aire para los anaerobios y prevenir infecciones y necrosis de pared.
Los que niegan las virtudes de esta técnica se basan en las afirmaciones de Yates70,
quien demostró que es imposible, anatómica y fisiológicamente, drenar la cavidad
peritoneal. El 50% de pacientes sometidos a este procedimiento desarrollan abscesos
residuales, que sólo el 50% negativiza los cultivos de líquido peritoneal y que
finalmente no resuelve la FOMS.
Este tratamiento agresivo está asociado con varias complicaciones serias. Las
relaparotomías planeadas, por un lado dañan progresivamente la pared abdominal, pueden
también existir injurias inadvertidas por la presencia de adherencias y vísceras
edernatosas, siendo causa de fístulas entéricas y/o sangrado intraperitoneal.
Complicaciones del manejo abierto incluye, evisceración, pérdida masiva de fluidos,
fístulas espontáneas del intestino expuesto, y una potencia¡ contaminación de la,
herida abierta. Debe tenerse en cuenta que en la laparostomía, la exposición de la
cavidad hace que el paciente funcione como un gran quemado (casi 50%) por la gran cantidad
de agua que se pierde por evaporación.
Un conveniente término medio entre estos riesgos y los potenciales beneficios es la
adopción de una técnica semiabierta, la cual usa varios métodos de cierre abdominal
temporal que no llevan a la exposición del intestino y evitan una aproximación forzada
de los bordes de la herida. Uno de estos métodos es el empleo de una malla de
polipropilene unida a los bordes de la herida operatoria, con un cierre o cremallera
incorporado a la malla y éste puede ser abierto para permitir el lavado peritoneal
frecuente y la exploración para la eliminación de los cúmulos de pus. Otros han
colocado el cierre directamente sobre la aponeurosis o sobre la piel. Al inicio solamente
dejaban gasas vaselinadas sobre la cavidad.
Usualmente se decide abrir el abdomen cada 24 a 48 horas, con anestesia peridural, para lo
cual al paciente se le deja un catéter permanente en el espacio peridural, y sedación
con benzodiazepinas. Se puede realizar, en la misma sala de cuidados intensivos y con el
máximo de precauciones de asepsia, un lavado de la cavidad abdominal.
Los resultados con este método no son definitivos. Se han presentado las diferentes
variaciones de esta técnica en una distinta selección de pacientes, sin un manejo
estadístico adecuado, y sin homogeneidad en el uso de antibióticos o de nutrición
parenteral71 72.
Las indicaciones han ido variando. Desde Steinberg73 que en 1976 manifestó que debía
practicarse en todo abdomen infectado, pasamos a Lumsden quien indica que debe realizarse
en SIA persistente a pesar de laparotomías repetidas. Otras indicaciones han sido
drenajes incompletos o foco permanente, como suele ocurrir en los abscesos pancreáticos,
en el seguimiento de anastomosis o de asas inciertamente viables. Creemos que la
indicación que probablemente tenga más aceptación es en los abscesos pancreáticos.
EL PROBLEMA DE LAS LAPAROTOMIAS NEGATIVAS EN SIA
Con la conciencia incrementada durante los años 70 que la falla orgánica remota es un
signo válido de la infección intrabdominal oculta, una agresividad aumentada fue
practicada en la investigación y manejo de la SIA. Sin embargo, fue mostrado durante los
'80s que pacientes murieron de falla orgánica séptica a pesar del adecuado control de la
infección intrabdominal o en la fase de reexploraciones negativas. Un cuadro común es el
paciente en la UCI que después de una operación o múltiples procedimientos para el
control de la infección intrabdominal, trauma o pancreatitis aguda, sigue manifestando
signos clínicos y de laboratorio de sepsis. La investigación intensiva para una SIA es
conducida y una laparotomía exploratoria es realizada. La operación no revela
colecciones definidas de pus o tejido necrótico; en su lugar un fluido oscuro y delgado
está presente. Alternativamente la cavidad peritoneal es limpiada. El estado séptico
persiste después de la cirugía y el paciente muere en falla orgánica múltiple. En la
autopsia ningún foco de infección es visto.
Un gran volumen de recientes investigaciones clínicas y experimentales han abierto una
nueva luz para explicar esta situación. Los conceptos desarrollados están estrechamente
interrelacionados pero son más simples de discutir separadamente: sepsis sin infección,
infección intrabdominal terciaria y sepsis de origen intestinal. La ausencia de un foco
infeccioso en pacientes con infección intrabdominal, quienes están falleciendo por
sepsis encabezan la evolución del concepto de sepsis sin infección. El presente
argumento es que mientras infección es consecuencia de un microorganismo, sepsis es una
respuesta no específica del huésped. La sepsis es clínicamente indistinguible de la
infección. Este síndrome séptico sigue a una multitud de causas infecciosas y no
infecciosas y se cree que representa una respuesta inmune exagerada del huésped,
encabezando una inflamación autodestructiva generalizada.
Las definiciones de peritonitis primaria y secundaria son bien conocidas. La peritonitis
terciaria se desarrolla en pacientes incapaces de contener la infección, si bien debido a
un desmejoramiento de las defensas del huésped o una infección irresistible. Estos
pacientes exhibirán característicamente signos de sepsis postoperatoria continua. La
reoperación revela la ausencia de pus, en su lugar, un fluido serosanguinolento oscuro
está presente y el crecimiento de organismos peculiares, probablemente originados en el
tracto gastrointestinal del propio paciente. La frecuencia de mortalidad es extremadamente
alta, y aunque las intervenciones quirúrgicas son comúnmente realizadas en este
estadío, ellas están condenadas a fracasar.
El concepto de sepsis de origen intestinal afirma que las bacteria o endotoxinas escapan
del intestino del propio paciente, contribuyendo al estado de sepsis y/o a la infección
intrabdominal terciaria en pacientes críticamente enfermos, quienes han continuado a la
cirugía; esto se debe a la falla de la barrera intestinal y encabezado por la
translocación de bacterias y endotoxinas. En adición al insulto primario que engrandece
la translocación (por ej., choque, injuria térmica, infección intrabdominal), factores
iatrogénicos contributorios (antibióticos sistémicos, nutrición no enteral prolongada)
predominan notablemente74 75.
El ambiente invasivo moderno de las UCIs quirúrgicas sumado al manejo quirúrgico
agresivo, prolongan la vida del paciente con infección intrabdominal severa, pero,
contribuyen al desenvolvimiento y persistencia de la sepsis de origen intestinal, el
estado séptico, y el síndrome de peritonitis terciaria. Este ciclo vicioso termina con
el resultado final de falla orgánica múltiple y muerte, el cual entonces representa el
límite corriente de los mecanismos modernos de acercamiento a la sepsis intrabdominal
severa.
En conclusión, podemos afirmar que el manejo de la sepsis intrabdominal se realiza
tomando en cuenta diversos factores, el antibiótico eficaz para el germen causante del
cuadro, un soporte nutricional que permita contrarrestar los cambios metabólicos
existentes, un soporte ventilatorio y hemodinámico que mantenga al paciente con funciones
vitales adecuadas, y fundamentalmente, un manejo quirúrgico eficiente, oportuno y
agresivo, que permita remover el origen de este cuadro.
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