Folia Dermatológica Peruana
- Vol. 9 • Nº.1-2 marzo-junio 199
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EDITORIAL

Faltan apenas dos años para iniciar el tercer milenio de nuestra era.
Estamos en las puertas del año 2000, para el que planeamos alcanzar logros concretos, voceados largamente por los organismos internacionales de salud, por nuestros sanitaristas y por los médicos con responsabilidad social. Con fundadas esperanzas, proclamábamos "la salud para todos en el año 2000", "erradicación de la lepra del mundo para el año 2000", "desaparición de la sífilis congénita para el año 2000". Estas metas, ¿podrán ser cumplidas? Evidentemente no. ¿Por qué?

La humanidad, en estas últimas décadas, disfruta de los inimaginables avances de una tecnología sofisticada de punta en los más diversos campos. Sin embargo, el quebrantamiento de valores éticos fundamentales y la desaparición de estructuras sociales aparentemente sólidas y sustentadas en el espíritu de solidaridad y en la defensa de los derechos humanos, han desviado lo que parecía ser una ruta segura hacia el logro del bienestar del hombre en un plazo previsible.

A nivel mundial existe una profunda crisis de liderazgo social, de la cual no escapa el Perú, siendo la Medicina, en su fundamental rol de servicio social en defensa de la salud y la vida, la más afectada.

Es un común denominador en editoriales de revistas médicas de nuestra especialidad dermatológica, particularmente de los países latinoamericanos, la preocupación por la situación actual del médico y su rol social en relación con esta sociedad enrumbada hacia una política de libre mercado, que coloca la tecnología médica de punta al alcance de las minorías económicamente privilegiadas y aleja de este beneficio a las grandes mayorías desamparadas, maltratando, al mismo tiempo, al médico y, a su trabajo profesional.

El Estado debe tener como uno de sus principales objetivos la preservación y recuperación de la Salud Pública, privilegiando en su función básica eminentemente de servicio social al recurso humano sobre otros factores. La gran inversión en los servicios de salud, en que se inscriben la docencia, la investigación y la asistencia médica, no debe buscar el beneficio económico monetario como fin, sino su objetivo debe ser el servicio a la comunidad, canalizando recursos económicos pertinentes para cumplir con esa función básica del Estado en una sociedad organizada.

En el Perú, el Colegio Médico, la Federación Médica Peruana, la Academia Nacional de Medicina y nosotros, entre otras instituciones representativas, hemos manifestado nuestra preocupación por aspectos deontológicos relacionados con normas y principios éticos fundamentales, que no son tomados en cuenta por algunos médicos e instituciones de salud en su comportamiento profesional y por el propio Gobierno en el planeamiento y ejecución de su política sanitaria. La "Fólia Dermatológica Peruana", cumpliendo con un imperativo moral publicó y lo seguirá haciendo, artículos del Código de Ética Médica del Colegio Médico del Perú, relativos al ejercicio profesional médico, las relaciones médico-paciente, médico-institucionales, médico-sociales y otros aspectos, en el afán de sensibilizar a nuestros profesionales en este tema de vital importancia que favorezca una visión que lo aleje de un equivocado afán de lucro en el ejercicio de la Medicina y lo acerque a las puertas del año 2000 con un sano y gratificante espíritu de vocación de servicio, que permita a la comunidad médica nacional e internacional en conjunto, lo que ahora parece nuevamente lejano, la salud para el mundo en un futuro cercano, colaborando así con un dignísimo objetivo personal y colectivo que todo médico auténtico debe suscribir.

                                     Dr. Zuño Burstein Alva

       


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