| Folia Dermatológica
Peruana - Vol. 8 Nº 2 junio 1997 |
|
INMUNODERMATOLOGIA
Climaterio, Envejecimiento y el
Sistema Inmune
Alan del Carpio Barreda, Nadia Villena
Sal¡nas1
En 1991, la población mundial
superó los 5 mil millones de habitantes. Paralelamente a este dramático crecimiento las
expectativas de vida se han incrementando notablemente; por ello, actualmente se encuentra
un número significativo de personas por encima de los 60 años, y con ello una mayor
cantidad de mujeres climatéricas en la población. Según las estadísticas de la OMS
tenemos alrededor de 750 millones de mujeres post- menopaúsicas en el mundo, lo cual
indica la importancia cualitativa y cuantitativa de este sector de la población.
El climaterio no es una enfermedad, sino
un evento único en la vida de la mujer que marca el fin de la fertilidad. Es una época
de marcada declinación endocrinológica en la producción de hormonas ováricas; este
proceso es determinado por la atrofia progresiva de los ovocitos y de las células
foliculares circundantes.
Todas las mujeres mayores de 55 años han
experimentado, en algún momento, los signos y síntomas del climaterio, el cual se
caracteriza por el cese de la menstruación, asociada a numerosas condiciones agudas y
crónicas, las cuales pueden ser grandemente atribuidas a la deficiencia estrogénica
asociada con la menopausia y por lo tanto remediables con la terapia de reemplazo
hormonal.
La señal que dirige la función gonadal
femenina es un decapéptido llamado hormona liberadora de gonadotrofina (GnRH), la cual es
secretada en forma pulsátil por la neuronas hipofisiotrópicas en el núcleo arcuato del
hipotálamo. La GnRH es transportada hacia las células gonadotróficas de la pituitaria
anterior por medio del sistema portal pituitario. Luego de su unión a receptores
específicos de membrana, la GnRH estimula la producción, en forma pulsátil, de dos
gonadotrofinas: Hormona Folículo Estimulante (FSH) y hormona luteinizante (LH).
Cuando comienzan las alteraciones en el
ciclo menstrual, los niveles de FSH pueden incrementarse 10-15 veces; el estradiol y la
inhibina fluctúan en forma paralela pero inversamente al nivel de FSH, mientras que los
niveles de LH se incrementan 3 veces más 2 años después de la menopausia. El aumento de
FSH es siempre superior al de LH, debido a la supresión paralela de la inhibina y por el
hecho de que la vida media de la FSH es más larga que la de la LH.
El principal factor que influencia la
transición de menstruaciones regulares en la pre-menopausia y subsecuente menopausia
parece ser el pool de folículos primordiales residuales: la disminución del número de
folículos ováricos altera el equilibrio dinámico entre folículos en reposo y en
desarrollo, comprometiendo la retroalimentación del eje neuroendocrino. La depleción de
folículos ováricos es consecuencia de la organización temporal alterada de las señales
nerviosas. Cambios relacionados con edad en el SNC son la fuerza que maneja el inicio de
la transición hacia menopausia.
Antes de cualquier alteración en el
patrón de la menstruación y en las concentraciones de estradiol, las concentraciones de
FSH en la fase folicular temprana se incrementan cerca de los 35 años. Los cambios en los
niveles de FSH pueden señalar la necesidad de un incremento en la actividad del eje
hipotalámico-pituitario para activar los ovocitos envejecidos que son probablemente de
poca calidad.
Considerables evidencias sugieren que los
niveles séricos de FSH e inhibina pueden ser marcadores biológicos del número y/o
calidad de los folículos que permanecen en los ovarios. Al momento de la última
menstruación pocos folículos permanecen; y como no existen marcadores endocrinos que
señalen el último ciclo, la menopausia sólo puede ser definida retrospectivamente. La
probabilidad del inicio de la menopausia se incrementa con la duración de la amenorrea y
con la edad.
En la mujer post menopaúsica existe una
secreción aumentada de GnRH secundaria a la ausencia de retroalimentación ovárica,
consecuencia de la disminución en la secreción de esteroides ováricos. El descenso de
los niveles séricos de estrógenos produce un desequilibrio en los neurotransmisores del
SNC (dopamina, adrenalina y endorfinas) que regulan la secreción de GnRH ).
Neuropéptidos del SNC se comunican con neuronas GnRH pueden comunicar información
temporal al eje reproductivo. (fig. 1)
El deterioro en este marcador normal o en
el acoplamiento de señales iniciaría la desintegración gradual de organización
temporal del ritmo de neurotransmisores importante para la normal secreción de GnRH, LH,
FSH. La expresión de neuropéptidos del SNC en proyecciones neuronales hacia neuronas
GnRH disminuye con edad.
El ¯ secreción de GnRH es secundario a la ausencia de
retroalimentación ovárica.
La ¯de estrógenos favorece desequilibrio en control neuroendocrino: ¯ Sist. Adrenérgico, Sist. Dopamin., ¯Sist. Opioide ® se refleja en secreción de
GnRH.
Durante la etapa reproductiva, el
folículo y el cuerpo lúteo son las fuentes más importantes de esteroides; a medida que
disminuye el número de folículos y maduran de forma deficiente, disminuye la producción
de estrógenos y progesterona. En la pre-menopausia el ovario es el principal origen de
los estrógenos circulantes principalmente estradiol, pero después de la menopausia, los
estrógenos se originan de la conversión periférica en el tejido adiposo de precursores
androgénicos adrenales (androstenodiona) a estrógenos, principalmente estrona; entonces
la cantidad de grasa corporal es el principal determinante de los niveles de estrógenos
en mujeres post menopaúsicas.
 |
Fig. 1 Alteración del
eje hipotalamo-hipofisodrenal en
el climaterio y bochornos |
Las crisis vasomotoras probablemente son
mecanismos compensatorios que se activan en forma intermitente en respuesta a la
inestabilidad del centro termorregulador hipotalámico, lo cual se asocia con los cambios
en el nivel de estrógenos circulantes observados durante el climaterio.
Antes del inicio de las crisis
vasomotoras, la temperatura central es normal; de modo que los bochornos pueden ser
iniciados por una caída súbita del termostato central del centro termorregulador del
hipotálamo, con una caída en la temperatura central de 0.2-0.3 °C. y un incremento en
la temperatura superficial de 2-4 °C. Existe una vasodilatación periférica con aumento
de la temperatura cutánea acompañado de una aceleración del ritmo cardiaco,
probablemente como respuesta simpatico-mimética a los cambios en la temperatura cutánea.
Actualmente se cree que la LHRH o los
neurotransmisores implicados en su regulación (sistema dopaminérgico, adrenérgico y
oploide) podrían ser el origen de la alteración. La proximidad de las neuronas
secretoras de LHRH y del centro termorregulador en el hipotálamo ayuda a fortalecer esta
relación, ya que los estímulos que originan los pulsos de la producción de GnRH
originan simultáneamente el desequilibrio del centro termorregulador. (fig. 1)
El incremento de la actividad de las
neuronas hipotalámicas productoras de GnRH causado por la caída de los niveles de
estrógenos y mediado por la retroalimentación ovario-hipotalámico, probablemente
también afecta la actividad de las neuronas adyacentes en el centro termorregulador. La
caída de los estrógenos iniciaría cambios en algunas áreas del sistema nervioso
central, produciendo un desequilibrio en ciertos neurotransmisores que participan tanto en
el control de la liberación pulsátil de GnRH como en el equilibrio térmico.
Además, se ha observado que los
bochornos están asociados con cambios hormonales complejos e instantáneos en el eje
hipotálamo-pituitario-adrenal como la disminución el la liberación hipotalámica de
beta-endorfinas, aumento en la concentración de neurotensina y del péptido del gen
relacionado a la calcitonina (un potente vasodilatador); también se acompañan de
liberación por la hipófisis de LH, corticotropina, hormona del crecimiento y
betalipotropinas, y por la liberación adrenal de dehidroepiandrosterona, androstenodiona
y cortisol. En la especie humana es conocida la acción de los esteroides, singularmente
de los estrógenos sobre la síntesis y la actividad a nivel simpático de
neurotransmisores (noradrenalina, serotonina) y neuropéptidos opioides. La carencia
estrogénica parece favorecer la depleción de neuroaminas en ciertas áreas celulares con
suspensión de la acción frenadora sobre las funciones de vigilancia. El aumento de la
vigilancia puede explicar la irritabilidad, el insomnio, la ansiedad y la respuesta
aumentada al stress habitual de la vida.
 |
| Fig. 2 Efectos fisiológicos
de estradiol, paratohormona y citoquinas en el equilibrio del metabolismo óseo |
 |
| Fig 3. Efectos de déficit
de estradiol en metabolismo óseo. |
OSTEOPOROSIS
La osteoporosis es el trastorno óseo
más frecuente durante la post menopausia, caracterizado por una reducción en la cantidad
total de hueso, que hace a este susceptible de una manera anormal a las fracturas. La
composición química del hueso en la osteoporosis no es diferente del hueso normal, hay
simplemente menos hueso.
La comprobación de que la osteoporosis
es significativamente más frecuente entre la población femenina, sobre todo en el grupo
post menopaúsico sugiere una relación causa efecto entre la osteopatía y la
disminución de las hormonas sexuales femeninas. La menopausia, es pues, junto con el
envejecimiento uno de los factores principales en el desarrollo de la osteoporosis, y
contribuye por ello a una mayor incidencia de fracturas en las mujeres ancianas. La
menopausia quirúrgica acelera la pérdida de la masa ósea tanto en el hueso cortical
como de hueso trabecular, y la terapia con estrógenos puede prevenir esta aceleración y
disminuye la incidencia en un 59% de fracturas de las vértebras, cadera y muñeca.
La causa del desequilibrio entre la
resorción ósea y la formación ósea que resulta en la acelerada perdida ósea en
mujeres climatéricas continúa en estudio. Al menos dos posibles mecanismos existen para
explicar la acción de los estrógenos sobre el tejido óseo: por una acción directa en
los precursores de los osteoclastos o vía la mediación de los osteoblastos. Los
osteoclastos derivan fundamentalmente de la unidad formadora de colonia
granulocito-macrófago (CFU-GNI); muchas de las células de la serie mononuclear,
inclusive los precursores de osteoclastos, poseen receptores para estrógenos y por lo
tanto los estrógenos son capaces de influenciar el crecimiento, división y
diferenciación de estas células (fig. 2 y 3).
Además, se sabe que factores como
hormonas, citoquinas y células inmunes están involucradas en la interacción entre
osteoblastos y osteoclastos-, la interleucina 6 (IL-6) estimula el estadio temprano de la
hematopoyesis y de la osteoclastogénesis, sinergizado por las interleucinas 1, 3 y 11
(IL-3, IL- 1 e IL- 11); la IL-6 es producida por células osteoblásticas y del estroma de
la médula ósea (unidad formadora de colonia de fibroblastos) en respuesta a estímulos
de hormonas sistémicas como hormona paratiroidea, péptido relacionado a la hormona
paratiroidea y vitamina D. El factor de crecimiento transformante beta (TGF-beta) esta
involucrado en la resorción ósea (rig. 2 y 3).
Se piensa que los estrógenos actúan
como un "regulador" del intercambio óseo al inhibir la producción de
citoquinas (11 -6, 11- 1, IL-3,IL- 11, factor de necrosis tumoral alfa) de los
osteoblastos, células estromales de la médula ósea y monocitos sanguíneos periféricos
y por lo tanto mitigando la tasa y extensión de formación y actividad de los
osteoclastos. Sin embargo, en un estado de deficiencia de estrógenos estas células son
estimuladas incrementando la producción de estas citoquinas, con un consecuente
incremento en actividad, reclutamiento y diferenciación de osteoclastos, que favorece la
reabsorción ósea . Así mismo, se ha visto un incremento en el desarrollo de
osteoblastos, debido a que las citoquinas que favorecen las propiedades osteoclásticas
(IL-6,IL- 11), así como las citoquinas que favorecen las propiedades osteoblásticas
(factor inhibidor de leucemia) ejercen sus acciones a través de la misma vía de
transducción de señales (vía glicoproteina 130); así una estimulación simultánea de
osteoclastogénesis y osteoblastogénesis sigue a la pérdida de esteroides gonadales
(fig. 4).
El déficit de estrógenos hace al hueso
más sensible a la acción de las sustancias y hormonas resortivas, entre ellas la
vitamina D y laparatohormona, incrementándose por ello la resorción ósea.
 |
| Fig. 4. Mecanismo de acción
de citoquinas osteoclastogénicas y osteoblastogénicas |
El aumento de la resorción ósea
conlleva a un incremento del calcio plasmático, con lo que se produce una disminución en
la síntesis y producción de paratohormona, lo cual provocaría una disminución de la
síntesis renal de vitamina D; por lo tanto la menopausia origina una disminución de los
niveles de paratohormona, pero hace a los huesos más sensibles a la acción de la misma.
SISTEMA CARDIOVASCULAR
Hasta hace pocos años, aunque se
conocían los cambios lipoproteicos inducidos por los estrógenos, no se sabía cuales
eran sus mecanismos de acción. Hoy en día, aunque queda mucho por Investigar en este
campo, se conocen algunos mecanismos:
1.- Inducción de síntesis de receptores
para LDL, que lleva a un aumento del catabolismo y disminución del nivel de LDL en el
plasma.
2.- Destrucción de la lipasa
lipoprotéica hepática que degrada HDL.
3.- Aumento del catabolismo de LDL por
mecanismos no mediados por receptores.
4.- Pueden modificar la actividad de
transferencia de los fosfolípidos hepáticos, lo cual participa en la modulación de la
síntesis de las lipoproteinas plasmáticas.
5.- Aumento en la producción de
prostaciclinas, que favorecen la vasodilatación.
6.- Disminuyen la producción de
tromboxanos, lo que facilita un efecto vasodilatador.
7.- Elevan el nivel del péptido del gen
relacionado con la calcitonina, un potente vasodilatador, que previene el espasmo
coronarlo.
Una mujer que recibe tratamiento hormonal
post menopáusico (estrógenos) presenta una reducción de cerca de un 40-50 en el riesgo
de enfermedad cardiaca isquémica, comparado con mujeres que no reciben dicha terapia.
Pero el agregar progestágenos al tratamiento hormonal revierten, al menos, algunos de los
efectos favorables de los estrógenos sobre los niveles de las lipoproteinas séricas
(aumento en los niveles HDL-colesterol); es posible que el efecto benéfico de la terapia
de reemplazo estrogénico para la prevención de la enfermedad cardiaca isquémica se
reduzca cuando se agregan progestágenos.
Desde el punto de vista
fisiológico, la declinación y eventual interrupción de la producción de estrógenos
por el ovario que ocurre en el climaterio, se refleja en los tejidos con receptores
estrogénicos; la velocidad de declinación hormonal es variable, y a menudo se relaciona
con los síntomas.
Al momento de la menopausia las mujeres todavía tienen
un tercio de vida por delante, y en ese momento el médico debe determinar qué síntomas
se deben a los cambios fisiológicos, qué síntomas se deben al envejecimiento, cuáles
están relacionados con la deprivación de estrógenos y cuáles anuncian una patología
más seria que requiere diagnóstico y tratamiento. La restitución hormonal puede mejorar
el funcionamiento fisiológico de algunos tejidos y aliviar los síntomas; cuando se
administran hormonas por indicaciones claras, en forma tan segura como sea posible y con
una buena vigilancia, la mujer sentirá alivio de sus síntomas y estará agradecida por
su bienestar y capacidad para gozar la vida.
Ver bibliografía
|