Revista Peruana de la Facultad de Farmacia y Bioquimica
Vol. 34/Nº 109/diciembre 1998

 

Homenaje
al
Dr. ANGEL MALDONADO ALCÁZAR


Por JUAN DE DIOS GUEVARA
Discurso pronunciado el 30 de enero de 1997
En el 42º Aniversario de su fallecimiento


Rev. Fac. Far. Bioq. 1998; 34(109): 67-71


E
n el homenaje que la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UNMSM tributa al querido maestro, doctor Angel Maldonado Alcázar, al cumplir hoy 30 de enero el 42 aniversario de su fallecimiento, quiero agradecer la invitación que se me ha hecho para referirme a la personalidad del maestro sabio, a la figura de más alta gravitación en nuestro ambiente científico-profesional. Mi palabra, en este acto, tal vez la más modesta, pero impregnada de la sinceridad de quien durante cerca de veinte años, acompañó a Angel Maldonado en los Laboratorios Maldonado, en la Universidad de San Marcos y en la Sociedad Química del Perú.

El profesor Maldonado se destaca por los rasgos propios de su figura ejemplar; maestro de muchas generaciones de farmacéuticos, investigador profundo y perseverante, grande y consecuente amigo, mentor de sus discípulos, jefe de familia ejemplar, vivió rodeado siempre del cariño y admiración de cuantos estuvieron unidos a él por los lazos más íntimos de la amistad, por la camaradería profesional, por la relación de colegas o de alumnos a profesor. Su muerte produjo una profunda congoja. Dejó en la Facultad huellas imborrables, en la profesión un vacío profundo y un recuerdo perdurable.

La Facultad de Farmacia y Bioquímica y la Sociedad Peruana de Historia de la Farmacia se inclinan hoy con profunda emoción ante el recuerdo de su venerada figura.

Procuremos esbozar a continuación algunos rasgos de su personalidad, sin intentar, por cierto, abarcarla en sus múltiples facetas. Señalaremos sólo algunos aspectos que bastarán para aquilatar su espíritu.

Maldonado, hombre ejemplar, cuya memoria hemos venido a evocar al cumplirse 42 años de su fallecimiento, se destaca en nuestro medio científico por la obra de investigación que realizó, por sus conocimientos claros y espíritu crítico. Fue uno de los hombres de ciencia más destacados. Su producción científica, extensa y de la más alta y meritísima calificación, revelan la hondura de su pensamiento, la versatilidad de sus nutridos conocimientos, la calidad excelsa de vocación naturalista, coherente, múltiple, renovada y siempre rejuvenecida vocación que acredita una personalidad de excepción, en el cuadro de los exactos valores de la inteligencia peruana.

Maldonado,
hombre
ejemplar, cuya
memoria hemos
venido a evocar
al cumplirse 42
años de su
fallecimiento

La orientación de su trabajo científico comienza en 1912 con sus trabajos sobre reconocimiento de la criogenina; acción del meta-o-fenodiol, del amoniaco y del agua oxigenada sobre las sales
metálicas: pirita de hierro formada en el pozo llamado “Tigre” en Yura, Arequipa; arborizaciones salinas y el mecanismo de la formación de éstas en el río Socabaya; flora y fauna de las aguas destiladas; petrificaciones, eflorescencias salinas, etc. en los alrededores de Jesús, Arequipa; contribución al estudio del pseudomelos Escomeli Denies; el estudio del airampo; flora y fauna de la agua de Socosani; la presencia de boratos en las aguas de los manantiales y ríos de los alrededores de la ciudad de Arequipa.

Vemos, pues, como Maldonado contando con 22 años de edad, da pábulo a sus aficiones científicas sin tregua ni reposo. Colaborador infatigable de Edmundo Escomel, su actividad se ejercita al pie del microscopio, ya escudriñando los protozoos de las lagunas estancadas, ya buscando en las rompientes de cristalinos arroyuelos las larvas de Simulias; en el arenoso y cálido cerro de Hunter siguiendo las subpétreas cuevas de las Philóreas y Platidáctilos para sorprender los secretos de su incógnita vida, como en la dilatada espera de la estación propicia para estudiar la floración de la Encelia o de la Ephedra.

Estudia en todos sus aspectos las aguas minero-medicinales que circundan Arequipa, constando por primera vez en el Perú la presencia de sales de boro en las Aguas de Jesús.

Entre sus numerosos trabajos debemos mencionar por su importancia, el de “Las Lagunas de Boza, Chilca y Huacachina y los gramadales de la costa del Perú”, que le valió el Premio Fomento de la Cultura “Daniel A. Carrión” de 1944 y que constituye brillante contribución al conocimiento de los llamados gramadales, determinando las sales preexistentes en los terrenos en que éstos asistan, donde se mineralizan las aguas, que han de formar la laguna y los pozos o charcos diseminados en dichos gramadales. En el que se fija la interdependencia que existe entre gramadales y lagunas. En el que determina el rol del plankton y de la flora microbiana en las aguas de las lagunas minero medicinales citadas.

Otros trabajos, escritos entre 1944-1954, en los que me cupo prestar mi modesta colaboración y por lo que me autoriza a decir que Maldonado no sólo fue maestro por la hondura del saber, sino que se distinguió por la claridad de su exposición, la profundidad de sus conceptos, lo erudito de su información, son los referentes a los estudios relacionados con los suelos y las aguas, determinándose por primera vez en el Perú, los llamados “elementos menores” o según la feliz expresión de Bertrand “Infinitamente pequeños Bioquímicos”.

Como maestro universitario, Maldonado se destacó por la claridad de su exposición, belleza y aptitud de los experimentos y preparación cuidadosa de los mismos. Con él se inicia en la Universidad el estudio químico analítico de la flora peruana, en forma metódica, aportando a la ciencia, valiosos conocimientos nuevos y procesos de investigación que sirven de guía y auxilio imprescindibles a los que se dictan a tales estudios, porque llevan la garantía de la solvencia científica que supo imponer en todas sus empresas. Como catedrático dio a la Química Analítica una impresión nueva, activa y práctica, formando una disciplina de alta categoría. Iniciador de la enseñanza de la Materia Médica, el curso de su predilección, no aceptó las limitaciones de la Farmacognosia, sino que le dio las orientaciones más modernas tendientes al estudio integral de las plantas medicinales, especialmente en el aspecto químico de su contenido en principios activos.

Habiendo acumulado algunos materiales de orden histórico, etimológico, botánico y químico, publica “Contribución al estudio de la Materia Médica Peruana”. Antes en 1922, con el Dr. Hermilio Valdizán publica “La  Medicina Popular Peruana”. “Contribución al Folklore Médico del Perú”, en tres tomos, con el que estudian con amplitud, todas aquellas prácticas médicas que existen incorporadas en la conciencia sanitaria de la multitud y que representan supervivencia admirable de doctrinas, de conceptos y de prácticas empíricas que formaron parte de la conciencia sanitaria de nuestros antepasados. Es obra valiosa, en las que en sus páginas se dan a conocer cómo los antiguos habitantes del Perú conocieron las virtudes médicas de muchas sustancias del reino mineral, animal y vegetal.

Orgulloso de su profesión de farmacéutico, fue su tenaz empeño, darle la dignidad y señorío para elevarla al más alto nivel de consideración ante las otras profesiones, y ante la sociedad. Al pronunciar su discurso de orden en el Primer Congreso Peruano de Farmacia, cuya consecuencia inmediata fue la creación, por el Presidente de la República, Dr. Manuel Prado, de la Facultad de Farmacia y Bioquímica, puso de relieve, con la elocuencia que debía emplear para la defensa de los derechos de la profesión químico-farmacéutico en favor de la salud y bienestar de la humanidad. El paso de Angel Maldonado por los claustros de la Universidad, como Profesor, como Decano y como Director del Seminario Doctoral, dejó onda huella.

Como propulsor de la Industria Farmacéutica, sobre bases científicas, puso de manifiesto sus excepcionales condiciones para la organización industrial de esta rama de la Farmacia. Con su hermano Eduardo fundaron los Laboratorios Maldonado. En el terreno más difícil, en el del medicamento, que tanto significa para la salud de la humanidad, que tanto representa para la protección del capital humano del país, tan exigente y delicado es su fabricación y su uso, allí Maldonado hizo nacer la Industria Farmacéutica Nacional y fue tan certera su visión que luego en la colmena ruidosa del trabajo, esta industria levantó orgullosa su estructura, cumpliendo no sólo con su finalidad propia, sino sirviendo denodada y eficazmente a la salud del pueblo.

De los 65 años fructíferos de su vida, Maldonado no solamente fue un magnífico e ilustre farmacéutico, sino lo que fue en grado sumo patriótico. Cuando en 1910 se avecinaba un pronto conflicto con el Ecuador, y apenas ingresado a la Universidad, se presentó a filas y pidió ser incorporado como simple soldado en el Regimiento de Infantería N-5, donde llegó a prestar servicios por espacio de seis meses, soportando la dura disciplina de la clase y la propia fatiga del duro e intenso entrenamiento en miras al caso bélico ad-portas. Licenciado y portando consigo un galardón su libreta de licenciamiento, se reincorpora a la Universidad y termina sus estudios de Farmacia en el año 1912. Regresa a Arequipa para continuar como Jefe de Laboratorio de Análisis de su profesor Escomel, hasta 1915 en que de regreso a Lima es admitido en la Sanidad Militar con la clase de Teniente asimilado. En 1924 es ascendido a la clase de Capitán efectivo, creándose con él el escalafón farmacéutico militar. En 1933 asciende a la clase de Mayor y un año más tarde, viaja a Europa en representación de la Farmacia Militar del Perú al VIII Congreso Internacional de Medicina y Farmacia Militar que se realizó en Bélgica, siendo elegido Vicepresidente del mismo. En 1935 y siempre en Europa asiste a las Jornadas Farmacéuticas Militares de París y ese mismo año regresa a Bélgica para representar al Perú en el Congreso de Plantas Medicinales. Ese año opta el grado de doctor en Farmacia en la Universidad de la Sorbona con un interesante trabajo de investigación folklórico medicinal de la época incaica. Pasa a España en donde es distinguido e invitado por el Cuerpo Farmacéutico Militar Español a una gira que comprendió las posesiones de Africa. Regresa al Perú y siempre como Jefe del Servicio Farmacéutico Militar es ascendido a la alta clase de Tnte. Coronel en febrero de 1941. Maldonado trabajó sin desmayo y luchó siempre por la mejor organización Farmacéutica del Ejército. Obra de Maldonado fue la primera Farmacia General del Ejército.

En 1949 Angel Maldonado con su hermano, instalan en los Laboratorios Maldonado el “Museo de las Ciencias Médicas”. Ellos con el cariño acendrado que profesaban a la profesión farmacéutica y a las ciencias naturales recorrieron el país visitando ciudades, pueblos y aldeas en busca de antigüedades farmacéuticas, dignas de recolectarse como reliquias y objetos de enseñanza del pasado. El Museo contó con diversas Secciones: Sección dedicada a operaciones de división, con interesantes colecciones de corta-raíces de drogas vegetales; colección de morteros de bronce, de fierro, de cristal, de mármol, de piedra, de ágata. Sección dedicada a operaciones de separación: alambiques de cobre; prensa-tinturas; estufas; embutido; espátulas; aparatos para efectuar sublimaciones, retortas, etc. Sección dedicada a operaciones de medición: colección de numerosas y diversas balanzas y pesas, vasos graduados, goteros, etc. Se consideraron, a demás Secciones dedicadas a exhibir los numerosos aparatos destinados a manufacturar las diversas formas farmacéuticas. Cientos de curiosidades interesantes, caprichosas y artísticas formaban el Museo. Secciones dedicadas a conocer los numerosos y variados instrumentos empleados en Cirugía y en Odontología, en fin tantos otros instrumentos y aparatos, de formas diversas y desconocidas para nosotros.
   
Al lado de todas estas Secciones, ocupaban puestos de honor las personalidades que en el día han destacado en el campo de la Medicina, de las Ciencias Naturales, de la Farmacia, de la Odontología, rindiendo así homenaje de gratitud a todos aquellos que por su obra se han hecho acreedores a gozar de la posteridad. Anotamos, retratos, recuerdos, biografías a Cayetano Heredia, Hipólito Unánue, Daniel A. Carrión, Antonio Raimondi, Sebastián Barranca, Eduardo de Rivero y Ustariz, Constantino J. Carvallo, Julio C. Tello, Hermilio Valdizán, de Farmacéuticos como Alfredo Bignon, José Gregorio Zuleta, Agustín Cruzate, Miguel Zevallos, Manuel Velásquez y otros.

Los doctores Maldonado dieron al país y a la América un Museo para que la comunidad científica recoja toda la elocuencia de las grandes enseñanzas de las ciencias de la salud. Hoy, da pena decirlo, a la muerte del ilustre maestro Angel Maldonado, no se supo o no se quiso conservar tan importante y espléndido Museo.

La muerte de Angel Maldonado implica una profunda conmoción espiritual para todos los vinculados directa o indirectamente a nuestra profesión y para quienes pudieron valorarla. Pasa el tiempo y el vacío dejado por Maldonado se acentúa cada vez más. Podrán referirse con respecto a él las desconsoladas, las desgarradoras palabras del poeta: “Como es posible que no queda nada, de todo aquello que hemos querido tanto”. No, para nosotros no! Como lo fue durante su vida, seguirá siendo para nosotros, un huésped interior que llevaremos perdurablemente.

La obra que nos ha dejado y que yo he presentado sólo un resumen escueto y sucinto, tendrá como reliquia preciosa, celoso custodio en la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UNMSM y en la Sociedad Peruana de Historia de la Farmacia.


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