EL
ENVEJECIMIENTO, FUTURA AMENAZA
POLÍTICO SOCIAL
Dr. Renán Urteaga Márquez
Si diéramos una mirada retrospectiva en
el tiempo, podríamos comprobar que a partir de la segunda mitad del Siglo XX, más
precisamente, después de la 2da. Guerra Mundial, el adelanto científico y el vertiginoso
avance tecnológico han permitido alcanzar sorprendentes logros, y que el hombre, en su
inagotable afán de superación y conquista, ha llegado a convertir en realidad las
fantasías de Julio Verne y de la ciencia?ficción; asombrando sobre todo, la velocidad
con que lo ha alcanzado, a tal punto, que da la impresión de que cada logro diera pie
para el siguiente, a manera de una reacción en cadena.
Este singular adelanto, enriquecido con el aporte de la biología molecular y de la
ingeniería genética, sumado a los últimos descubrimientos proporcionados gracias a los
modernos telescopios HUBBLE y CHANDRA, así como a los programas aero?especiales de la
NASA, nos están sutilmente conduciendo a formularnos una reconsideración más objetiva,
respecto a nuestros clásicos y ortodoxos conceptos cosmogénicos.
En otro terreno, la nutrida información sobre el avance de la ciencia médica; la
extensión de los serivicios de salud; la medicina preventiva con su programas de
inmunizaciones, así como los mejores métodos de diagnóstico y terapéuticos, sumados a
las orientaciones difundidas para lograr una mejora en la calidad de vida poblacional;
figuran hoy como los principales factores que han contribuido para la prolongación
creciente de la expectativa de vida a nivel mundial.
John Wilmoth, experto en demografía de la Universidad de California, USA, sostiene que el
hombre puede llegar a superar la barrera de los 120 años de edad (se sabe que una sola
persona ya la ha franqueado); y asegura que cada decenio que pasa, la humanidad vive un
año más.
Ahora bien, si enfocamos nuestras observaciones hacia otro ámbito, como las
circunstancias o situaciones en que se desenvuelven hoy las relaciones humanas, tales
como: las guerras, el terrorismo, el crimen organizado, las múltiples formas de
corrupción en todos los campos, la drogadicción y ahora el envejecimiento; reconoceremos
que se requiere imperativamente, la formulación de leyes que permitan detener, o por lo
menos paliar, específicamente, cada uno de los nuevos conflictos y problemas que van
apareciendo.
Vemos pues, que si por una parte el progreso nos va proporcionando múltiples beneficios,
paradójicamente en otros aspectos, nos va cobrando un alto costo difícil de eludir.
Basándonos en nuestras apreciaciones expuestas, la situación que pretendemos destacar,
se centra en el hecho que al atenderse con urgente prioridad, proyectos de gestión
gubernamental a nivel nacional y regional, la facultad directriz del Estado y de los
legisladores, al dedicarse de lleno a atender su abrumadora y saturada agenda, están
descuidando, involuntaria o indolentemente, un serio problema que inexorablemente
tendremos que afrontar a corto plazo y es el relativo al Envejecimiento.
Haciendo un análisis cronológico de las medidas que se están tomando a nivel mundial;
vemos que desde 1982, las Naciones Unidas, en la "Primera Asamblea Mundial sobre la
Edad", adoptó el "Plan de Acción Internacional de Viena sobre el
Envejecimiento", plan que contenía 62 recomendaciones, muchas de las cuales tienen
relevancia directa para concretar un pacto.
Posteriormente en 1991, la Asamblea General de la ONU adoptó los '"Principios de las
Naciones Unidas a favor de las Personas de Edad", teniendo en cuenta que la
población de edad avanzada, es el grupo de mayor crecimiento en todo el mundo, cuyas
cifras denotan una revolución silenciosa, aunque de consecuencias imprevisibles y de
largo alcance.
Los principios adoptados a los que nos referimos, están dividios en 5 apartados, cuyos
propósitos podemos sintetizarlos en:
Independencia
Participación
Cuidados
Autorrealización y
Dignidad
1992 fue declarado por la ONU "Año
Internacional de las Personas de Edad", en reconocimiento a la longevidad
demográfica de la humanidad.
Últimamente, convocados por la ONU, 160 países se han reunido en Madrid, del 8 al 12 de
Abril del 2002, en el marco de la "Segunda Asamblea Mundial sobre el
Envejecimiento", para recomendar políticas respecto a los problemas demográficos
que enfrentamos, y finalmente del 11 al 13 de Septiembre del mismo año, una conferencia
sobre el tema de la edad, se reunió en Berlín, con el fin de concretar el Plan de
Acción Internacional de Madrid del 2002. Cincuenta y cinco (55) países miembros de la
Comisión Económica para Europa de la ONU (CEPE), adoptaron una Declaración Política y
una Estrategia de Implementación Regional (Europea), llegando a contraer compromisos
estructurados de manera diferente, de acuerdo a las particularidades de la región.
Compromisos como:
La promoción de un crecimiento
económico equitativo y sustentable;
Lograr que el mercado de trabajo
pueda responder a los nuevos retos económicos y sociales, buscando fórmulas de
jubilación más flexibles;
La adaptación de los sistemas de
protección social al cambio demográfico, etc.
Hasta aquí, la relación de los
acuerdos, que hasta el momento se han llevado a cabo seriamente a nivel mundial sobre el
tema del Envejecimiento creciente. Entre nosotros, la verdadera importancia y gravedad del
problema, se aprecia cuando se analizan las estadísticas demográficas y se hace un
estudio comparado entre los países industrializados y aquellos en vías de desarrollo.
Ambos mundos enfrentamos -cada uno a su manera? la amenaza inexorable del envejecimiento
poblacional. Mientras en los primeros, el estricto control de la natalidad, conduce a su
población hacia mayores porcentajes de adultos maduros y a una escasa juventud, en los
del tercer mundo se observa todo lo contrario.
Unos ejemplos aclararán nuestra tesis. En el Perú (información del Ministerio de
Promoción de la Mujer y del Desarrollo Humano para el año 2003), aproximadamente el 34%
de la población, tiene menos de 15 años; el 60% tiene entre 15 y 59 años; y el 6% tiene
60 años o más. Si sumamos los dos primeros grupos (de 0 a 59 años), tendremos un 94% de
habitantes con la perspectiva de que de ese 94%, por lo menos un 55% serían
potencialmente aportantes al Seguro Social. Y un pequeño porcentaje dependientes de la
jubilación.
Brasil presenta similares promedios. De acuerdo a datos del Instituto Brasileño de
Geografía y Estadística, la expectativa de vida en 1950 era de 43.3 años; en 1980
subió a 60.1 años y para 1998 ya había alcanzado los 68.1
Si comparamos estos datos con los países europeos, como por ejemplo España, se estima,
que dentro de los próximos 30 años, la mayor parte de los españoles serán adultos
mayores dependientes de la jubilación.
Según información del corresponsal Mario Castro del diario "El Comercio": El
Japón necesitará algo más de seis millones de extranjeros con fuerza laboral en las
fábricas niponas, que permita mantener el sistema de seguridad social a flote, sin que se
tenga que elevar el impuesto a la renta y la prima de los seguros. En la actualidad uno de
los mayores problemas del Japón, es mantener en números azules, su sistema de seguridad
social, que cada vez tiene más gente mayor dependiente de él y menos gente joven
trabajadora aportando al mismo.
Sin embargo, la visión del empresariado nipón, choca frente a la política
anti?inmigratoria de un buen sector del Gobierno, fundamentada en la seguridad del Estado;
choques sociales ante la diferencia de costumbres; (en la actualidad sólo aceptan
"nikeis"), y por consideraciones nacionalistas, que aún conceden gran
importancia a la pureza de raza y origen.
Como podemos apreciar, los países del primer mundo no han perdido el tiempo y están
proyectando desde ahora, sus políticas frente al incremento de la expectativa de vida, de
acuerdo a las características de sus respectivos perfiles demográficos, con medidas
tales como:
La apertura de sus fronteras a la mano
de obra extranjera;
La flexibilización del sistema de
jubilación;
La promoción del Envejecimiento
Activo, que permita integrar a la actividad laboral a longevos, dando oportunidad a las
personas mayores que mantengan un buen estado físico y mental, experiencia o talentos que
garanticen un rendimiento que les permita incorporarse a la actividad laboral útil. Estas
políticas repercutirán en una mejora de su status económico, así como de su dignidad,
a la vez que dejarían por un mayor lapso, ser dependientes de la pensión de jubilación
para continuar siendo aportantes transitorios.
Preocupa pues, al vislumbrar
nuestro futuro, la poca importancia o indolencia, con que el Gobierno se conforma,
asumiendo sólo un papel de espectador, ya que si bien, el Secretario General de las
Naciones Unidas Kofi Annan, instó a construir una sociedad apropiada para todas las
edades, recordando que el envejecimiento ya no es sólo problema del primer mundo;
resaltando enfocar la atención a las necesidades de los países en vías de desarrollo
?motivo principal de la Asamblea Mundial de Abril del 2002? tenemos pues, que reconocer,
que al final, esas buenas intenciones son sólo declaraciones líricas, con las que no
debemos conformarnos tan ingenua y cómodamente, y comenzar a tomar desde ahora,
apropiadas decisiones, considerando que tenemos mucho, mucho que hacer y legislar para
superar nuestro sub-desarrollo en múltiples aspectos, entre ellos el envejecimiento
poblacional, teniendo en cuenta que nuestra sociedad es una sociedad fragmentada y
desigual, a la que no podemos aplicar políticas de desarrollo y bienestar, que sí son
compatibles en los países del primer mundo, con un perfil poblacional diferente que
responde a esos planteamientos.
Hoy, tenemos que aceptar que hemos perdido el rumbo, y da la impresión que retrocedemos.
Hace poco el Congreso nos sorprendió, proponiendo un recorte a los años (ya antes
recortados) de edad para la jubilación, pretendiendo fijarla a los 60 años; proyecto que
felizmente no prosperó.
Ante tales desaciertos ¿cómo satisfacer nuestras frustradas expectativas? Sólo nos
queda invocar a las autoridades a reaccionar y tomar conciencia de su miopía política
para encarar a tiempo aún, el problema del envejecimiento; problema que lo están
pidiendo a gritos las estadísticas demográficas, que lamentablemente quedan como letra
muerta en la agenda de los legisladores, que no ven la amenaza del futuro que nos espera,
y que si bien no lo experimentará nuestra generación, la sufrirán desprevenidos los
hijos y nietos de nuestros hijos al envejecer.
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