Enfermedades del Tórax     2003; 46 (1): 75-76

 

EL ENVEJECIMIENTO, FUTURA AMENAZA
POLÍTICO SOCIAL

Dr. Renán Urteaga Márquez

 

Si diéramos una mirada retrospectiva en el tiempo, podríamos comprobar que a partir de la segunda mitad del Siglo XX, más precisamente, después de la 2da. Guerra Mundial, el adelanto científico y el vertiginoso avance tecnológico han permitido alcanzar sorprendentes logros, y que el hombre, en su inagotable afán de superación y conquista, ha llegado a convertir en realidad las fantasías de Julio Verne y de la ciencia?ficción; asombrando sobre todo, la velocidad con que lo ha alcanzado, a tal punto, que da la impresión de que cada logro diera pie para el siguiente, a manera de una reacción en cadena.

Este singular adelanto, enriquecido con el aporte de la biología molecular y de la ingeniería genética, sumado a los últimos descubrimientos proporcionados gracias a los modernos telescopios HUBBLE y CHANDRA, así como a los programas aero?especiales de la NASA, nos están sutilmente conduciendo a formularnos una reconsideración más objetiva, respecto a nuestros clásicos y ortodoxos conceptos cosmogénicos.

En otro terreno, la nutrida información sobre el avance de la ciencia médica; la extensión de los serivicios de salud; la medicina preventiva con su programas de inmunizaciones, así como los mejores métodos de diagnóstico y terapéuticos, sumados a las orientaciones difundidas para lograr una mejora en la calidad de vida poblacional; figuran hoy como los principales factores que han contribuido para la prolongación creciente de la expectativa de vida a nivel mundial.

John Wilmoth, experto en demografía de la Universidad de California, USA, sostiene que el hombre puede llegar a superar la barrera de los 120 años de edad (se sabe que una sola persona ya la ha franqueado); y asegura que cada decenio que pasa, la humanidad vive un año más.

Ahora bien, si enfocamos nuestras observaciones hacia otro ámbito, como las circunstancias o situaciones en que se desenvuelven hoy las relaciones humanas, tales como: las guerras, el terrorismo, el crimen organizado, las múltiples formas de corrupción en todos los campos, la drogadicción y ahora el envejecimiento; reconoceremos que se requiere imperativamente, la formulación de leyes que permitan detener, o por lo menos paliar, específicamente, cada uno de los nuevos conflictos y problemas que van apareciendo.

Vemos pues, que si por una parte el progreso nos va proporcionando múltiples beneficios, paradójicamente en otros aspectos, nos va cobrando un alto costo difícil de eludir.

Basándonos en nuestras apreciaciones expuestas, la situación que pretendemos destacar, se centra en el hecho que al atenderse con urgente prioridad, proyectos de gestión gubernamental a nivel nacional y regional, la facultad directriz del Estado y de los legisladores, al dedicarse de lleno a atender su abrumadora y saturada agenda, están descuidando, involuntaria o indolentemente, un serio problema que inexorablemente tendremos que afrontar a corto plazo y es el relativo al Envejecimiento.

Haciendo un análisis cronológico de las medidas que se están tomando a nivel mundial; vemos que desde 1982, las Naciones Unidas, en la "Primera Asamblea Mundial sobre la Edad", adoptó el "Plan de Acción Internacional de Viena sobre el Envejecimiento", plan que contenía 62 recomendaciones, muchas de las cuales tienen relevancia directa para concretar un pacto.

Posteriormente en 1991, la Asamblea General de la ONU adoptó los '"Principios de las Naciones Unidas a favor de las Personas de Edad", teniendo en cuenta que la población de edad avanzada, es el grupo de mayor crecimiento en todo el mundo, cuyas cifras denotan una revolución silenciosa, aunque de consecuencias imprevisibles y de largo alcance.

Los principios adoptados a los que nos referimos, están dividios en 5 apartados, cuyos propósitos podemos sintetizarlos en:

  1. Independencia

  2. Participación

  3. Cuidados

  4. Autorrealización y

  5. Dignidad

1992 fue declarado por la ONU "Año Internacional de las Personas de Edad", en reconocimiento a la longevidad demográfica de la humanidad.

Últimamente, convocados por la ONU, 160 países se han reunido en Madrid, del 8 al 12 de Abril del 2002, en el marco de la "Segunda Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento", para recomendar políticas respecto a los problemas demográficos que enfrentamos, y finalmente del 11 al 13 de Septiembre del mismo año, una conferencia sobre el tema de la edad, se reunió en Berlín, con el fin de concretar el Plan de Acción Internacional de Madrid del 2002. Cincuenta y cinco (55) países miembros de la Comisión Económica para Europa de la ONU (CEPE), adoptaron una Declaración Política y una Estrategia de Implementación Regional (Europea), llegando a contraer compromisos estructurados de manera diferente, de acuerdo a las particularidades de la región. Compromisos como:

  1. La promoción de un crecimiento económico equitativo y sustentable;

  2. Lograr que el mercado de trabajo pueda responder a los nuevos retos económicos y sociales, buscando fórmulas de jubilación más flexibles;

  3. La adaptación de los sistemas de protección social al cambio demográfico, etc.

Hasta aquí, la relación de los acuerdos, que hasta el momento se han llevado a cabo seriamente a nivel mundial sobre el tema del Envejecimiento creciente. Entre nosotros, la verdadera importancia y gravedad del problema, se aprecia cuando se analizan las estadísticas demográficas y se hace un estudio comparado entre los países industrializados y aquellos en vías de desarrollo. Ambos mundos enfrentamos -cada uno a su manera? la amenaza inexorable del envejecimiento poblacional. Mientras en los primeros, el estricto control de la natalidad, conduce a su población hacia mayores porcentajes de adultos maduros y a una escasa juventud, en los del tercer mundo se observa todo lo contrario.

Unos ejemplos aclararán nuestra tesis. En el Perú (información del Ministerio de Promoción de la Mujer y del Desarrollo Humano para el año 2003), aproximadamente el 34% de la población, tiene menos de 15 años; el 60% tiene entre 15 y 59 años; y el 6% tiene 60 años o más. Si sumamos los dos primeros grupos (de 0 a 59 años), tendremos un 94% de habitantes con la perspectiva de que de ese 94%, por lo menos un 55% serían potencialmente aportantes al Seguro Social. Y un pequeño porcentaje dependientes de la jubilación.

Brasil presenta similares promedios. De acuerdo a datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística, la expectativa de vida en 1950 era de 43.3 años; en 1980 subió a 60.1 años y para 1998 ya había alcanzado los 68.1

Si comparamos estos datos con los países europeos, como por ejemplo España, se estima, que dentro de los próximos 30 años, la mayor parte de los españoles serán adultos mayores dependientes de la jubilación.

Según información del corresponsal Mario Castro del diario "El Comercio": El Japón necesitará algo más de seis millones de extranjeros con fuerza laboral en las fábricas niponas, que permita mantener el sistema de seguridad social a flote, sin que se tenga que elevar el impuesto a la renta y la prima de los seguros. En la actualidad uno de los mayores problemas del Japón, es mantener en números azules, su sistema de seguridad social, que cada vez tiene más gente mayor dependiente de él y menos gente joven trabajadora aportando al mismo.

Sin embargo, la visión del empresariado nipón, choca frente a la política anti?inmigratoria de un buen sector del Gobierno, fundamentada en la seguridad del Estado; choques sociales ante la diferencia de costumbres; (en la actualidad sólo aceptan "nikeis"), y por consideraciones nacionalistas, que aún conceden gran importancia a la pureza de raza y origen.

Como podemos apreciar, los países del primer mundo no han perdido el tiempo y están proyectando desde ahora, sus políticas frente al incremento de la expectativa de vida, de acuerdo a las características de sus respectivos perfiles demográficos, con medidas tales como:

  1. La apertura de sus fronteras a la mano de obra extranjera;

  2. La flexibilización del sistema de jubilación;

  3. La promoción del Envejecimiento Activo, que permita integrar a la actividad laboral a longevos, dando oportunidad a las personas mayores que mantengan un buen estado físico y mental, experiencia o talentos que garanticen un rendimiento que les permita incorporarse a la actividad laboral útil. Estas políticas repercutirán en una mejora de su status económico, así como de su dignidad, a la vez que dejarían por un mayor lapso, ser dependientes de la pensión de jubilación para continuar siendo aportantes transitorios.

Preocupa pues, al vislumbrar nuestro futuro, la poca importancia o indolencia, con que el Gobierno se conforma, asumiendo sólo un papel de espectador, ya que si bien, el Secretario General de las Naciones Unidas Kofi Annan, instó a construir una sociedad apropiada para todas las edades, recordando que el envejecimiento ya no es sólo problema del primer mundo; resaltando enfocar la atención a las necesidades de los países en vías de desarrollo ?motivo principal de la Asamblea Mundial de Abril del 2002? tenemos pues, que reconocer, que al final, esas buenas intenciones son sólo declaraciones líricas, con las que no debemos conformarnos tan ingenua y cómodamente, y comenzar a tomar desde ahora, apropiadas decisiones, considerando que tenemos mucho, mucho que hacer y legislar para superar nuestro sub-desarrollo en múltiples aspectos, entre ellos el envejecimiento poblacional, teniendo en cuenta que nuestra sociedad es una sociedad fragmentada y desigual, a la que no podemos aplicar políticas de desarrollo y bienestar, que sí son compatibles en los países del primer mundo, con un perfil poblacional diferente que responde a esos planteamientos.

Hoy, tenemos que aceptar que hemos perdido el rumbo, y da la impresión que retrocedemos.

Hace poco el Congreso nos sorprendió, proponiendo un recorte a los años (ya antes recortados) de edad para la jubilación, pretendiendo fijarla a los 60 años; proyecto que felizmente no prosperó.

Ante tales desaciertos ¿cómo satisfacer nuestras frustradas expectativas? Sólo nos queda invocar a las autoridades a reaccionar y tomar conciencia de su miopía política para encarar a tiempo aún, el problema del envejecimiento; problema que lo están pidiendo a gritos las estadísticas demográficas, que lamentablemente quedan como letra muerta en la agenda de los legisladores, que no ven la amenaza del futuro que nos espera, y que si bien no lo experimentará nuestra generación, la sufrirán desprevenidos los hijos y nietos de nuestros hijos al envejecer.


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