INFECCIONES FUNGICAS
SUPERFICIALES POR LEVADURAS Y SERTACONAZOL.
AJ. Carrillo - Muñoz1, S. Brió1 , CD. Cárdens2 .
. INTRODUCCIÓN
. INFECCIONES FÚNGICAS SUPERFICIALES
. CANDIDIASIS
. EPIDEMIOLOGÍA Y ETIOLOGÍA DE LAS CANDIDIASIS
. CANDIDIASIS CUTÁNEA
. CANDIDIASIS MUCOCUTANEA
CRÓNICA.
. CANDIDIASIS GENITAL.
. OROFARÍNGEA
. PIEDRA BLANCA
. GÉNERO CÁNDIDA
. SERTACONAZOL
Las infecciones fúngicas
se han convertido en una importante causa de mortalidad y morbilidad y en concreto las
oportunistas originadas tanto por levaduras como por hongos filamentosos, han visto
incrementada su incidencia de forma significativa(1-7). Las infecciones sistémicas de
origen fúngico han adquirido una elevada importancia en pacientes inmunodeprimidos por
SIDA afectados por cáncer, que emplean citostáticos, en trasplantados, sometidos a
largos tratamientos con antibióticos y corticoides o pacientes quirúrgicos gravemente
enfermos o en aquellos que consumen drogas por vía parenteral (3-21). Este hecho se ve
reflejado en el incremento en el empleo de antifúngicos(22), así como la investigación,
descubrimiento y comercialización de nuevas sustancias, o el desarrollo de nuevas formas
de administración que aportan mejoras en los perfiles de toxicidad y actividad(21). Se ha
puesto así a disposición del clínico en los últimos años una amplia variedad de
moléculas de amplio espectro y distintas formas de aplicación(23). También se ha
producido un progresivo aumento de los niveles de resistencia tanto in vivo como in vitro
a los antifúngicos, fundamentalmente de algunas especies. Por otro lado, son evidentes la
mayor severidad de algunas infecciones(3) y la ampliación del tipo y número de especies
implicadas, como es el caso de los patógenos emergentes(5,24,25). Se añade la dificultad
de practicar un diagnóstico precoz y rápido empleando técnicas de laboratorio
tradicionales para la identificación y la disponibilidad de antifúngicos de distinta
eficacia.
Las infecciones fúngicas pueden presentarse como superficiales, subcutáneas y
sistémicas y mayoritariamente están causadas por hongos filamentosos, hongos
dermatofitos y levaduras pertenecientes entre otros a los géneros Candida, Cryptococcusy
Malassezia(26). Algunos de ellos pertenecen a la flora normal y en condiciones de
inmunidad competente del huésped, no producen infección alguna, Este concepto de
patógeno oportunista contrasta con el de otros hongos, también patógenos, que requieren
de los diversos tipos de queratina presentes en la piel y anexos para su supervivencia,
como son los dermatofitos.
Las micosis superficiales,
afectan a piel, pelo, uñas y membranas mucosas o en general cualquier superficie sometida
a rozamiento y maceración por humedad elevada entre otras condiciones predisponentes, que
puedan ser susceptibles de ser infectadas por una amplia variedad de microorganismos. El
espectro de agentes etiológicos involucrados en infecciones superficiales es muy variado
e incluye a levaduras, hongos dermatofitos, hongos filamentosos o mohos oportunistas. Las
micosis producidas por hongos dermatofitos han sido tradicionalmente conocidas como
dermatofitosis o tiñas siendo agentes etiológicos los géneros Epidermophyton,
Microsporum y Trichophyton. Otros hongos filamentosos están involucrados en micosis
superficiales como la tinea negra palmar (Exophiala wernekii), piedra blanca
(Blastoschizomyces capitatus), y piedra negra (Piedraia hortae); alternariosis (Alternaria
alternata); dermatomicosis por Hendersonula toruloidea (Scyntalidium hyalinum);
onicomicosis por Acremonium spp, Aspergillus spp, Fusarium spp y Scopulariopsis
brevicaulis; y criptococosis cutánea (Cryptococcus neoformans). Otros patógenos son
Absidia spp, Cunninghamella spp, Mucor spp, Rhizomucor spp, Rhizopus spp, Saksenaea spp,
Wangiella spp, Bipolaris spp. o Exerohilum spp(25,26).
La incidencia de las micosis superficiales sólo puede ser estimada en forma parcial, ya
que los datos publicados generalmente proceden de aquellos casos en los que la consulta
llega al dermatólogo y este traslada el examen al microbiólogo-micólogo clínico o
dermatomicólogo. Así es fácil encontrar pacientes sometidos a tratamientos con diversos
antifúngicos, e incluso con corticoides, sin éxito más que aparente (curación
micológica vs curación clínica) con lo que la realidad epidemiológica queda
subestimada.
La aparición de técnicas de identificación moleculares como la PCR (Polymerase Chain
Reaction), cariotipado electroforético, análisis de restricción, está permitiendo un
cambio epidemiológico al proceder a una identificación de los agentes etiológicos más
precisa(18,23-33). Así, la información disponible sobre la prevalencia, distribución o
fuentes de infección es certera y de mayor valor la obtenida por métodos de
identificación basados en criterios fenotípicos de especie biológica. Estas técnicas
moleculares permiten establecer la posible correspondencia entre la identidad del
aislamiento previa y posterior al tratamiento, para demostrar el fracaso terapéutico o
recidiva.
Diversos factores (34), encuadrados en el estado fisiológico (infancia, vejez, embarazo);
mecánicos (humedad y maceración, oclusión, prótesis, heridas, traumatismos,
exposición ocupacional, hemostasia); nutritivos (aporte excesivo de glúcidos,
hipovitaminosis); enfermedades metabólicas y endocrinológicas (diabetes, obesidad,
hiperuricemia, síndrome de Cushing, acrodermatitis enteropática, déficit de hierro,
poliendocrinopatía); enfermedades debilitantes (neoplasias, infecciones microbianas,
inanición, quemaduras); factores iatrogénicos (anticonceptivos orales, antibióticos,
corticosteroides, inmunosupresores, agentes citotóxicos, radioterapia, prótesis,
hemodiálisis, alimentación parenteral, cirugía, infusiones, cateterismo,
traqueostomía), han provocado un incremento de las formas de candidiasis, que hoy por hoy
se caracterizan por una elevada morbilidad y mortalidad. En su conjunto o por separado,
los diversos factores predisponentes potencian la colonización de la flora de boca,
tracto gastrointestinal y vagina por parte de estas levaduras patógenas oportunistas. Su
control podría permitir un tratamiento precoz de estas infecciones junto con una terapia
antimicótica efectiva en poblaciones de mayor riesgo e incidencia(18) entre los que
están aquellos que padecen erisipela, acné, psoriasis, dermatitis atópica, diabetes
mellitus, insuficiencia cardiaca e hípertensión entre otras enfermedades(14). Además,
determinados hábitos laborales o profesionales o algunas prácticas deportivas, favorecen
algunas infecciones(26,35,36). Es igualmente destacado el papel de los reservorios no
biológicos y determinados ambientes, como son piscinas o playas contaminadas con hongos
patógenos o utilizadas por pacientes infectados o portadores asintomáticos(35,36) . La
existencia de variaciones geográficas y estacionales que afectan a la frecuencia con la
que los distintos agentes infecciosos son responsables de esa patología es también
valorable(36,37). Por otro lado, el síndrome de inmunodeficiencia adquirida ha supuesto
un incremento estadísticamente significativo en las infecciones fúngicas en general, y
en particular de las infecciones cutáneas, además de ser la causa de la diversificación
de los agentes etiológicos(38).
El espectro de infecciones
fúngicas primarias o secundarias de las candiasis, incluye manifestaciones agudas,
subagudas o crónicas y afectan a orofaringe, tracto gastrointestinal, respiratorio,
genitourinario, piel y anexos. También se presentan como cuadros de sepsis, endocarditis
y meningitis y se clasifican(43) como cutáneas, mucosas o invasivas profundas (funguemias
o afectando a órganos concretos). Las distintas especies del género Candida poseen una
elevada capacidad de supervivencia y proliferación que se ve favorecida por distintos
factores de patogenicidad(44-46). Así, la variabilidad fenotípica, facilidad de
germinación en tejidos, producción de enzimas hidrolíticos (proteasas, lipasas y
fosfolipasas) (44,45), integrinas, presencia de esteroles de membrana, manoproteínas y
oligosacáridos inhibidores de macrófagos, contribuyen a su éxito como patógenos. La
capacidad de adherencia a tejidos(46-48) es una característica que incrementa su
capacidad de proliferación y además de la habilidad para invadir tejidos(47), el
dimorfismo o posibilidad de optar por un estado levaduriforme o bien miceliar(41) . En
algunas especies del género Candida, se ha comprobado la asociación entre la adherencia
y una reducida acción terapéutica antifúngica(47,50) estableciéndose también la
correlación entre la síntesis de proteinasas y una reducida sensibilidad(44). La
presencia y secreción extracelular de aspartato proteinasas en C. Aibicans(51) y C.
tropicalis guarda relación con la degradación activa de componentes de la piel como
queratinas, algunos tipos de colágeno, laminina, fibronectina, albúmina y hemoglobina,
como se ha comprobado en modelos animales de candidosis vaginal(8,13,52,53). También se
ha puesto de manifiesto una mayor capacidad de secreción de aspartil proteinasa en cepas
de C. parapsilosis aisladas de origen vaginal frente a las aisladas de candidemia, del
mismo modo como ocurre con los aislamientos orales en pacientes HIV+ frente a cepas
control(13,44). Ese superior nivel de secreción enzimática está relacionada con una
mayor adhesividad a las células epiteliales en estos pacientes(55). Otros mecanismos
adicionales son la capacidad de síntesis de micotoxinas (gliotoxina) con efecto
inmunosupresor que ha sido detectada en cepas de C. albicans de origen vaginal(56). La
presencia como comensal de estas levaduras en la piel y los distintos factores de
patogenicidad enumerados, según el estado inmune del huésped, permite pronosticar si se
llegará a la colonización o la infección. Los factores derivados de cambios
homeostáticos, nutricionales y/o administración de antibióticos de amplio espectro
contribuyen a que microorganismos endógenos dotados de esos mecanismos, desarrollen una
superpoblación capaz de colonizar tejidos mucocutáneos.
El significativo número de recidivas y tasas de resistencia observadas en estas
patologías, suelen originar la aplicación de múltiples tratamientos sin respuesta
clínica, asociados a una administración ineficaz o la desaparición de los síntomas, lo
que no implica curación(57). La ausencia de síntomas desmotiva al paciente para los
tratamientos de larga duración y además interrumpe el tratamiento sin la supervisión
médica o llega a sustituirlo con antifúngicos inactivos. El diagnóstico y tratamiento,
por lo general tópico, carece en algunos casos del control microbiológico
correspondiente en el laboratorio de Micología, posibilitando la confusión con otras
patologías o agentes etiológicos(39,58,59). El estado y la frecuencia con la que las
muestras llegan al laboratorio de Micología no siempre es la adecuada, imposibilitando la
obtención de cultivos y dificultando la identificación del agente etiológico y el
posterior estudio de sensibilidad(39,59). La identificación es necesaria para la
selección del antifúngico más activo, al tener éstos ciertas diferencias en sus
mecanismos de acción, espectro de actividad y potencia. La actividad de un antifúngico
puede no ser indiscriminada frente a un amplio espectro de hongos patógeno(60,61) además
de las resistencias secundarias asociadas a su uso en dosis subletales y el de resistencia
primaria. Esto es característica de ciertas especies menos sensibles intrínsecamente a
determinados antifúngicos, en especial a algunos derivados triazólicos(62,67). Entre los
problemas que pueden afectar a la eficacia terapéutica de los antifúngicos se
encuentran(68) los cuadros refractarios al tratamiento; infecciones de difícil
tratamiento que requieren terapias de larga duración como las onicomicosis, candidosis
vaginales recurrentes o micosis superficiales en pacientes inmunocomprometidos que
también son de difícil manejo(18), recurrencias observadas en la pitiriasis versicolor y
dermatitis seborreica. La incidencia de algunas de estas infecciones, como la pitiriasis
versicolor, de difícil estimación, podría situarse entre el 3-10% de los pacientes
dermatológicos(37) y en un 34,5% de portadores sanos con edades entre los 15 días y 17
años. M. furfur llega a ser aislado en el 35% de los varones y el 20% de mujeres(69) y
entre el 21% y 80% en pacientes HIV+(70) observándose la influencia de factores
geográficos. En este grupo de pacientes, la prevalencia de las candidosis orales llega al
34,3%(70). La prevalencia de infecciones superficiales como las ocasionadas por M. furfur,
ha sido según autores del 33,4% (34), de la tinea capitis del 14,3% y de la candidiasis
cutánea del 1 1,4%, pero es patente la prevalencia del género Candida frente a los
hongos dermatofitos entre las muestras dermatológicas(4,39-42).
Pfaller y cols.(5,71)
señalan aumentos del 500% en las candidiasis en la década de los 80 coincidiendo con la
aparición del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) y en la que el 95% de los
pacientes, según otros investigadores(72), podrían padecer algún tipo de infección
fúngica mucocutánea o sistémica. Aumentos cercanos al 487%, son atribuidos a las
infecciones fúngicas hematológicas por el mismo autor(5). Este incremento afecta a la
mortalidad, estancias hospitalarias y en suma al costo económico que supone el manejo de
este tipo de pacientes. En el mismo estudio, se recopilan tasas de aislamiento de
levaduras que oscilan entre el 15% y el 54% entre el personal de unidades de cuidados
intensivos, lo que permite establecer la relación entre la presencia de portadores
asintomáticos transmisores y la población de riesgo, además de la vía
endógena(73,74). La transmisión vertical se ha demostrado, en áreas hospitalarias de
neonatología(75) aislándose Candida spp en el 63% de las madres y 33% de los niños, con
un 14% de coincidencias entre madre e hijo para C. albicans. En todos los casos la
posibilidad de contaminación y de infección se ha demostrado a partir del mantenimiento
de la viabilidad de los patógenos en manos y en superficies (76) . La posibilidad de
infección también se ha demostrado de forma experimental a partir del contacto directo
con manos (69%), con terceras personas (38%) y con superficies (90%) (76). Esto basta para
recomendar la aplicación de medidas de control preventivas que eviten la dispersión de
levaduras y la contaminación horizontal. Éstas podrían ser también posibles vías de
contagio en unidades de quemados puesto que se observa una coincidencia entre los
aislamientos(77). Las cifras son particularmente llamativas, si se advierte que existe un
75% y 81 % de portadores de hongos en manos entre el personal de enfermería y otros
trabajadores de hospitales, de los que en un 58% y 38% respectivamente, es posible aislar
levaduras del género Candida(78).
La importancia del género Candida frente a otros agentes etiológicos de micosis
superficiales, es patente en diversos estudios realizados en muestras
dermatológicas(40,59,79-82) (Tabla 1 ). Las tasas de aislamiento de levaduras, en
muestras dermatológicas es variable según el origen como es el hecho de que el 43% de
los aislamientos fue de piel (axilar, cuello, inguinal, mano, pie, submamario, frente a un
23,2% de origen oral y al 23, 5% de onixis y perionixis (Tabla 2)(82). En lo relativo a
las manifestaciones clínicas, la candidiasis vulvovaginal(83) presenta incidencias que
oscilan según autores entre el 8,2% y el 30,6%. Candida albicans es la especie aislada
con mayor frecuencia de las muestras patológicas(84), pero cada vez más especies
distintas a ella están siendo encontradas como agentes responsables de los distintos
tipos de micosis. La emergencia de nuevas especies se relaciona con los tratamientos
antifúngicos prolongados en pacientes hematológicos y afectados de SIDA. La gama de
agentes etiológicos de micosis superficiales en enfermos inmunodeprimidos se amplía con
la aparición de cuadros atípicos que dificultan el diagnóstico(25,28). Por otro lado,
la sensibilidad de los aislamientos puede ser baja frente a algunos antifúngicos siendo
un ejemplo el de C. krusei(86) que tiene una reducida sensibilidad a antifúngicos
azólicos. La realidad microbiológica, en especial el diagnóstico, tratamiento,
incidencia y epidemiología de las micosis, dentro de las enfermedades infecciosas, está
condicionada por variaciones geográficas y estacionales, conocimiento de los mecanismos
de transmisión, disponibilidad de métodos adecuados de diagnóstico, medidas preventivas
de control, tratamientos eficaces y el uso racional de los agentes antimicóticos. En la
mayoría de estudios se pone de manifiesto el incremento de muestras recibidas, la
superioridad de C. albicans(32) sobre el resto de especies, así como la aparición de
otras nuevas(39,40,42,79,82,87-89). C. tropicalis predomina en las muestras procedentes de
aparato urinario mientras que C. parapsilosis lo hace en las de piel, uñas y sangre.
Tabla 1. Tasa de agentes
etiológicos de micosis superficiales en muestras recibidas a lo largo de 10 años en
un hospital de Oviedo. M. Alvarez et al (59).
|
| Año |
Muestras (n) |
Dermatofitos (n) |
Candida spp (n) |
Otros (n) |
Negativos |
| 1982 |
142 |
15 |
37 |
12 |
78 |
| 1983 |
451 |
34 |
147 |
17 |
253 |
| 1984 |
499 |
56 |
163 |
22 |
258 |
| 1985 |
400 |
68 |
119 |
26 |
187 |
| 1986 |
467 |
88 |
142 |
10 |
227 |
| 1987 |
395 |
64 |
115 |
23 |
147 |
| 1990 |
373 |
58 |
81 |
22 |
209 |
| 1991 |
263 |
58 |
64 |
8 |
142 |
| 1992 |
245 |
42 |
42 |
16 |
149 |
| 1993 |
225 |
33 |
65 |
41 |
93 |
Tabla 2. Tasas de
aislamiento de lavaduras a partir de muestras exclusivamente dermatológicas. M Pereiro et
al. (82).
|
| Muestra |
Aislamiento (n) |
Porcentajes (%) |
| Oral |
402 |
23,2 |
| Vaginitis |
91 |
5,3 |
| Balanitis |
82 |
4,7 |
| Interglúteo |
80 |
4,6 |
| Axilar |
10 |
0,6 |
| Cuello |
10 |
0,6 |
| Inguinal |
93 |
5,4 |
| Mano |
198 |
11,4 |
| Pie |
321 |
18,6 |
| Submamario |
32 |
1,8 |
| Oído |
5 |
0,3 |
| Perionixis |
48 |
2,8 |
| Onixis |
358 |
20,7 |
| Mano |
220 |
61,4 |
| Pie |
138 |
38,5 |
| Total |
1730 |
|
Las especies del género
Candida producen una sintomatología polimorfa cursando con un cuadro infeccioso y una
amplia variedad de formas clínicas. Las áreas afectadas con mayor frecuencia
corresponden a zonas glabras como grandes pliegues, pliegues interdigitales, sub e
intermamarios, axilares, interglúteos, inguinales y uñas. Además resultan afectadas, la
zona orofaríngea (formas oral, estomatitis, queilitis angular y leucoplasia por Candida),
genital (candidosis vulvovaginal crónica y balanopostitis), piel y anexos y puede
desarrollarse la candidosis mucocutánea crónica. Las distintas especies del género
Candida llegan a causar infecciones sobre la piel y anexos provocando candidiasis cutánea
del tipo intértrigo, paroniquia, onicolisis, eritema del lactante, queilitis angular,
foliculitis, lesiones generalizadas eritematoescamosas, lesiones generalizadas
papuloeritematosas, lesiones gomosas, granulomas , y lesiones hiperqueratósicas entre
otras. Las micosis superficiales por Candida spp, no son frecuentes en pacientes afectados
por cáncer, pero cuando existen son extensas y son las complicaciones más comunes en
pacientes con leucemia (16%). Las manifestaciones en estos casos son en general
esofagitis, muguet o afectaciones del tracto gastrointestinal y las candidosis cutáneas
representan el 30,3% entre todas las infecciones micóticas estudiadas dentro de este
grupo de enfermos(90).
Piel y anexos.
Interdigital. Intertrigo de pequeños pliegues.
La candidiasis interdigital puede afectar a regiones de la piel que por la existencia de
roces, maceración y humedad pueda quedar desprovista de los mecanismo de defensa
habituales. Estos lugares suelen ser con preferencia los espacios entre el tercer y cuarto
dedo de las manos o pies, en los que el dedo anular presenta una movilidad reducida
añadiéndose ciertos factores predisponentes, como obesidad, diabetes y hábitos
laborales entre otros. Pueden contemplarse casos producidos en pacientes que usan
instalaciones colectivas como las de ocio, deportivas, hospitales, colegios(7,25).
Perianal.
Se trata de una infección primaria o secundaria favorecida por factores como eccema
infectado, infestaciones con lombrices, prolapso, fístulas, proctitis, enteritis
crónica, hemorroides, exudaciones anales debidas a congestión venosa. El 30-50% de las
muestras fecales, frotis perianales o intranales son positivas para levaduras y es C.
albicans la especie de mayor aislamiento.
Genitocrural. Intertrigo candidiasico del lactante.
La candidosis genitocrural, conocida como dermatitis del pañal, es contagiada por
medio del canal del parto de la madre, cavidad bucal de progenitores, alimentos
contaminados con levaduras incluyendo leche, a través de los que se inicia una
colonización, del aparato digestivo para pasar más tarde a una posible infección
superficial. Por efecto de la constante humedad y maceración de la piel por el uso
pañales aparecen manchas rojas, difusas, brillantes, festoneadas, excoriadas,
acompañadas de lesiones periféricas. Su evolución es progresiva y ocasionalmente pueden
diseminarse.
Región inguinal, submamaria y axilar. Intertrigo candidiásico.
Los pliegues situados en estas regiones presentan una humedad y maceración de la piel que
favorecen en el adulto la infección por levaduras, con la ayuda de diversos factores. La
infección en estas zonas puede ser confundida con dermatitis seborreica. El diagnóstico
puede hacerse a partir de la observación, por examen microscópico directo, de escamas
obtenidas por raspado.
Paroniquia y oniquia.
Este tipo de infecciones son frecuentes en personas con determinados hábitos laborales
que supongan el mantenimiento de un cierto grado de humedad en las manos, por periodos
prolongados o en niños. Es posible que se vean afectados los pliegues periungueales.
Micosis ungueales (onicomicosis).
Las onicomicosis constituyen una patología que llega a representar un 30% del total(91).
Entre los hongos que pueden ser patógenos para las uñas encontramos dermatofitos,
levaduras y otros como Scopulariopsis brevicaulis, Scyntalidium dimidiatum, Aspergillus
spp, Fusarium spp, Alternaria spp, etc, pero es Candida el más frecuente. La incidencia
de este tipo de infecciones varía según los autores habiéndose descrito un 2,8-5% del
total de población(92); el 20% entre 40 y 60 años(93); o el 17,3% del total de las
infecciones fúngicas, siendo mayoritario en las uñas de las manos(90). La paroniquia y
onicolisis son las dos formas clínicas más importantes y están frecuentemente
producidas por levaduras del género Candida, son una de las candidiasis superficiales de
mayor presentación, siendo aislados con distinta frecuencia C. albicans, C.
guilliermondii, C. parapsilosis, C. kefyr. De ellas C. albicans es el mayoritario(92) y C.
parapsilosis en la paroniquia(94). La onicomicosis es la forma clínica más importante
entre pacientes ambulatorios e ingresados en los servicios de Dermatología(95). En
Holanda(90) el agente etiológico más importante de estas infecciones era T. rubrum, pero
sin diferencia con C. albicans(4,90) y en los Emiratos Arabes la presencia de Candida como
agentes etiológicos de onicomicosis era del 63 %(4) . En un estudio multicéntrico de
esta patología(41), se describe en uñas de pies de 427 pacientes muestras con
diagnóstico clínico de onicomicosis, un porcentaje de levaduras (17,2% del total de
infecciones fúngicas) del 12% debido a C. parapsilosis. Tasas superiores (16%) son
atribuidas(36) a C. albicans aunque sin embargo el 88, 1% de las levaduras de esta
especie, se aislaron de uñas frente al resto hallados en escamas. La presencia de
levaduras como agente etiológico es inferior a la de hongos dermatofitos(96), si bien es
más frecuente el aislamiento de levaduras en uñas de manos y de hongos dermatofitos en
las de los pies(4,96) . La onicomicosis parece presentarse con mayor frecuencia en uñas
de mujeres (59%-79,7%) que de varones (20,3%). Opuestamente los varones muestran una
afectación en uñas de pies (60%-76 %)(4,96).
Otitis.
Las otitis externas crónicas pueden ser formas auriculares de infecciones por Candida
spp., sobre todo en casos de suprainfecciones micóticas del eccema seborreico. Se
recomienda iniciar el tratamiento de estas micosis, eliminando así paralelamente los
reservorios.
Foliculitis.
Las candidiasis cutáneas generalizadas son típicas de pacientes inmunosuprimidos y se
originan a partir de fuentes intestinales o bien orales. Diversas patologías aparecen
asociadas a esta infección(91), que es en general una manifestación secundaria a una
candidemia transitoria en pacientes adictos a drogas por vía parenteral. En cualquier
caso se recomienda la identificación de levaduras a partir de muestras en los casos de
dermatosis rebeldes, puesto que suele ser necesaria la eliminación de las levaduras,
aunque se describe la curación espontánea de las lesiones pequeñas(25).
La candidiasis
mucocutánea crónica es una infección superficial múltiple, que se presenta en casos en
los existe alteración de la inmunidad celular timo dependiente. Se trata de una forma
persistente de candidiasis que está mayoritariamente producida por C. albicans y que
afecta la piel, uñas, membranas mucosas de pacientes con un sistema inmunitario
reducido(98).
La prevalencia de la
infección genital por Candida es superior en la mujer que en el hombre. En esta, los
síntomas característicos (flujo, prurito, eritema, leucorrea, placas blancas)(99) pueden
acompañarse de eritema de labios, introito y tercio inferior de la vagina que en
ocasiones puede extenderse hacia la región perineal y cara interna de los muslos. Se
estima que el 75% de las mujeres padecen candidiasis vaginal, con una recurrencia del
40-50%, que a pesar de todo suelen responder bien a tratamiento local o tópico. La tasa
de portadoras asintomáticas puede oscilar entre el 50% y el 90%, aislándose C. albicans
en un 80-90% y C. glabrata en un 5% con tasas de recurrencia del 30% (20). Probablemente
nuevas técnicas diagnósticas como la PCR, permitan clarificar si esas recurrencias se
deben a fallos terapéuticos, selección de cepas, o bien a nuevas colonizaciones. De este
modo, los porcentajes de recurrencia en vaginitis, obtenidos por biotipado, descienden
hasta el 15% utilizando técnicas moleculares (genotipado) ya que se demuestra que el
cuadro está producido por una cepa distinta(16).
La candidosis genital tiene un origen endógeno y es complicado poder establecer la
diferencia entre colonización saprofita y enfermedad a pesar de que actualmente, debido
en especial a los factores predisponentes antes señalados, se considera una autentica
colonización al igual que en las candidiasis orofaríngeas. Algunos estudios(91);
establecen tasas del 19,8% entre los casos diagnosticados de enfermedades de transmisión
sexual (ETS) para candidiasis genital en la mujer frente a un 11,6% en el varón. La
divergencia de valores es amplia en este sentido, pues se estima que la candidosis
vulvovaginal afecta de forma anual a cerca del 20% de las mujeres(101), teniendo una
asociación con el inicio de la actividad sexual el 52%(102), en las que C. albicans es el
agente etiológico mayoritario. En Brasil(103), el 90% de las muestras en vulvovaginitis
eran positivas encontrándose como agentes etiológicos C. albicans y C. tropicalis en un
porcentaje global del 93,3%. La recurrencia de esta infección alcanza tasas del
40-50%(103) y es episódica en las tres cuartas partes de las mujeres a lo largo de su
vida. En el varón, los síntomas de la balanopostitis candidiásica son prurito, eritema,
edema con acompañamiento de posibles lesiones blancas y ocasionalmente erosiones y en él
la prevalencia de las distintas especies del género Candida se correlaciona con la
candidosis vulvovaginal.
La candidosis oral se
asocia a lactancia, a individuos inmunosuprimidos o en pacientes diabéticos, en los que
aparecen placas blancas con una distribución que puede afectar a toda la mucosa
orofaríngea y extenderse a vías respiratorias y esófago. Por otro lado, la estomatitis
por Candida spp. se asocia al uso de prótesis dentales resultando afectada la zona del
paladar con inflamación aguda. Otra manifestación clínica como la queilitis angular, se
localiza en los ángulos de la boca en forma de eritemas y fisuras dolorosas. Candida spp.
puede también ocasionar leucoplasia con lesiones crónicas situadas en los lados de los
frenillos.
La pitiriasis versicolor
está producida por el hongo M. furfur, capaz de aprovechar los lípidos de la piel para
su alimentación. En su desarrollo en la piel, produce manchas hipo e hiperpigmentadas que
pueden ser confluentes. La infección se localiza en cuello, tronco y extremidades
superiores y ocasionalmente en genitales, cara, cuero cabelludo con altas tasas de
prevalencia y de recidivas ya valoradas(37,69,70).
La piedra blanca o
tricosporonosis cutánea esta producida por T. cutaneum (T. beigelii) en forma de
infección crónica poco contagiosa. El desarrollo del hongo sobre el pelo produce la
aparición de unos nódulos a lo largo de toda la estructura. La afectación del vello y
pelos en barba, bigote, pubis y genitales es superior que en cuero cabelludo. En muestras
dermatológicas, la presencia de T. cutaneum está entre el 0,5% y 2,3% del total de
aislamientos. La infección afecta al cabello, sobre el que produce unos nódulos formados
por elementos del hongo, aunque puede originar infecciones localizadas o profundas y
diseminadas en pacientes debilitados o inmunosuprimidos (leucemia, trasplantes, mieloma
múltiple, anemia aplásica, linfoma, tumores sólidos, y SIDA)
Las levaduras
pertenecientes al género Candida, de distribución mundial, son aisladas de individuos
asintomáticos en los que viven como saprofitas en piel, mucosas respiratorias, digestivas
y zonas interdigitales(47,99) donde es capaz de colonizar las distintas superficies,
asistida por diversos factores de patogenicidad y la alteración de los mecanismos de
defensa del huésped(109). La presencia, como comensales, de especies descritas como
patógenas como C. albicans, C. glabrata, C. guilliermondii, C. kefyr, C. krusei, C.
parapsilosis, C. tropicalis y C. wiswanathii es habitual en la cavidad oral y tracto
digestivo, no únicamente del hombre(106). De allí, pueden emerger para causar la
infección(107). El papel de comensales en el tracto vaginal de mujeres asintomáticas y
sanas no embarazadas es menos frecuente, pudiendo llegar al 5-10% ó 44% (99,107) o del
48% en niños sin signos clínicos de infección(108). Se estima que alrededor del 20-50%
de la población es portadora de levaduras comensales que en presencia de factores
predisponentes pueden originar una infección. C. albicans está considerada como
responsable del 70% de las infecciones en general(111) y es la especie que aparece con
mayor frecuencia del género(111) en las micosis y en el 49,9% de las muestras
dermatológicas(90). La distribución de la especie depende de la localización de las
infecciones y puede ser aislada como causante de las candidiasis intertriginosas en un 88%
de los casos en manos y en un 7% de las infecciones de este tipo en pies. La frecuencia de
aislamiento en las manos es superior a la de hongos dermatofitos y Scopulariopsis
brevicaulis. Por lo que respecta a las onixis la frecuencia con la que aparece esta
especie, llega al 70% en uñas de manos y al 2% en las uñas de pies. En las candidiasis
semimucosas la frecuencia de aislamiento es del 86% y en los pliegues inguinales del 21 %.
La frecuencia de aislamiento en hemocultivos positivos es del 75% y del 63-89% en muestras
dermatológicas(34,112). C. albicans, como levadura saprofita se encuentra en diversas
localizaciones cutaneomucosas en otro tipo de poblaciones asintomáticas(34,112) como son
en el 30% en boca y el 42% en vagina en gestantes, mientras que se considera como
preferente a la localización digestiva y su presencia en la piel como patológica. Las
tasas de aislamiento de C. albicans más significativas obtenidas en las distintas
patologías son elevadas en la paroniquia(92), muy elevadas en muestras genitales y en
tanto que los valores más reducidos son los correspondientes a lesiones cutáneas,
escamas y de uñas. Las infecciones fúngicas nosocomiales llegan a ser del 9% en
pacientes de largo ingreso en unidades intensivas con una significativa correlación con
el aislamiento de levaduras en manos o boca en el 17% del personal de sala(113). Algunos
autores aceptan que el personal y el ambiente hospitalario sirven como reservorios de
infecciones y permiten la adquisición de levaduras exógenas(62). Otras especies del
mismo género, como C. glabrata parecen tener una mayor afinidad por la mucosa
genitourinaria y es un patógeno emergente en asociación con su marcada resistencia a
algunos antifúngicos de tipo azólico. Contrasta su importancia patogénica en
secreciones y orina con tasas cercanas al 80% y en muestras dermatológicas con el 10 y el
30%. La presencia de este patógeno en la vaginitis se asocia a pacientes seropositivos y
uso de tampones vaginales o bien un bajo nivel sociocultural(20). Se han descrito altas
tasas de recurrencia para esta especie pero superiores a las infecciones por C.
albicans(20) y la presencia de esta levadura en vagina de portadoras asintomáticas es del
28%(99). C. guilliermondii causa infecciones superficiales e incluso profundas(114) de
forma ocasional y localizadas o con origen en piel, con tasas de aislamiento entre 6 y
8%(52,138). Las infecciones sistémicas por C. guilliermondii son escasas y se han
descrito sobre todo en pacientes con anemia aplásica. C. kefyr (C. pseudotropicalis)
produce infecciones, con muy baja frecuencia, superficiales (uñas) o sistémicas con
localización pulmonares. Su importancia como patógeno oscila entre el 0,1 % en clínica
dermatológica y el 3,3% del total de infecciones por levaduras. C. krusei es responsable
de infecciones en mucosas y candidiasis profundas en pacientes debilitados o
inmunocomprometidos, con una frecuencia emergente y en especial en funguemias,
endoftalmitis, artritis y endocarditis(86) y es importante su resistencia a fluconazol.
Otros problemas que puede causar están asociados a diarrea infantil, infecciones
sistémicas, colonizaciones de tracto gastrointestinal, respiratorio y urinario de
pacientes con granulocitopenia, si bien carece de los mecanismos de patogenicidad propios
de otras especies del género Candida. Puede observarse una oscilación entre el 1,7% y
5,6% de la incidencia de este patógeno en general y el 12% de las infecciones por la
misma en piel y anexos. C. parapsilosis es uno de los mayores responsables de las
infecciones de la uña distal aunque en menor frecuencia que C. albicans y C. tropicales,
y de endocarditis, endoftalmitis y fungemia. Se aísla con mucha frecuencia de la piel,
donde vive como comensal, por lo que es un conocido patógeno oportunista y en un 12% de
las muestras vaginales de portadoras asintomáticas(99). Produce infecciones profundas en
relación a alimentación parenteral. Los porcentajes de aislamiento son del(44-46)4% para
muestras dermatológicas en contraste con el 0,7% del total de micosis. C. tropicalis es
un patógeno oportunista que produce infecciones exógenas a pacientes inmunodeprimidos o
diabéticos en los que existe alteración de los mecanismos de defensa. Su importancia
patológica se relaciona con infecciones en membranas mucosas y profundas en estos
individuos a partir de un origen endógeno(110), a pesar de que se aísla como un
habitante normal de la piel y flora mucocutánea. Es el mayor agente causal de septicemia
y candidiasis diseminada con especial importancia en pacientes con linfoma, leucemia o
diabetes y está considerado como el segundo patógeno en importancia clínica (14% del
total de infecciones). Entre otras especies del género Candida, C. famata se aísla
generalmente de muestras medioambientales y con poca frecuencia de muestras clínicas, a
pesar de estar asociada con la piel y sobre todo tracto digestivo.
Otras levaduras con distinta importancia son Yarrowia lipolytica (Candida lipolytica), C.
lusitaniae, C. paratropicalis, C. rugosa,, C. wiswanathii. R. rubra. Esta última está
considerada como un contaminante de la piel, pulmones, orina y heces. Otros como T.
cutaneum (T. beigelii)(115), están considerados como patógenos emergentes(116) y que
causa infecciones oportunistas de desenlace fatal en pacientes inmunocomprometidos(117).
Otras infecciones que pueden estar producidas por T. beigelii en pacientes no-SIDA son
endoftalmitis, endocarditis, peritonitis en adictos a drogas por vía parenteral. A
diferencia de otras levaduras T. cutaneum es un saprofito medioambiental que solo
ocasionalmente produce infecciones. Otras fuentes de contagio parecen ser cosméticos
contaminados, animales domésticos infectados, además del contacto directo(25). Es un
poblador minoritario de la flora de la piel que está ampliamente distribuido en la
naturaleza y que también es encontrado como agente etiológico con una baja frecuencia,
tanto en muestras generales como dermatológicas y con una diferencia de 5 años no supera
el 0,5% del total de aislamientos. Cryptococcus neoformans (C. neoformans var. neoformans
y C. neoformans var. gatii) tienen una menor importancia dermatológica. Mientras que la
variedad neoformans tiene una distribución mundial, la gatii es característica de zonas
tropicales y subtropicales(118). Las infecciones más comunes producidas por esta levadura
son las profundas, ya que a partir de la inhalación de la misma se pueden producir
meningitis y diseminaciones sobre todo en pacientes afectados de SIDA. Se han descrito
casos de criptococosis cutánea en los que eran características las lesiones
ulcerativas(119).La levadura dimórfica lipodependiente M. furfur habitualmente forma
parte de la flora cutánea(24,37,117) y por ello es posible efectuar su aislamiento a
partir de muestras obtenidas de adultos. Se la asocia a infecciones de la piel (pitiriasis
versicolor), habiéndose descrito también infecciones extracutáneas y sepsis(120) y
estar implicada en otras patologías como la dermatitis seborreica, dermatitis atópica,
foliculitis, sebopsoriasis y pustulosis entre otras(24,28,37,121). En su fase
levaduriforme, M. furfur, es un comensal habitual de la piel y al transformarse a fase
miceliar se convierte en patógena, encontrándose en las capas más externas y
discutiéndose los factores predisponentes. La incidencia de la M. furfur está ligada a
la presencia de lípidos en la piel, de forma que áreas de la piel como son la parte
superior del tronco, espalda y cara, así como otras zonas de elevada secreción grasa,
son zonas de aislamiento frecuente. Actualmente se le considera como un patógeno
emergente(116,122), además de verificarse casos de infecciones sistémicas en neonatos y
pacientes inmunocomprometidos, sometidos a alimentación lipídica por vía
parenteral(34,123,124).
Una de las principales
consecuencias del impacto de las micosis en las últimas décadas es la investigación
sobre nuevos fármacos antifúngicos, fructificando en la existencia de una gran variedad
de familias químicas y moléculas disponibles para el tratamiento tópico o sistémico.
Los distintos mecanismos de acción producen diferentes niveles de seguridad y
efectividad, así como de espectros de actividad y potencia de acción frente a los
agentes etiológicos. Si bien la anfotericina B es considerado como el antifúngico de
referencia para el tratamiento de las micosis profundas, el uso de tratamientos tópicos
suele ser el recurso más empleado para las micosis superficiales, sin descartar la vía
oral. El tratamiento de las micosis, ha evolucionado desde el empleo de metales pesados,
metaloides y derivados azufrados, sulfonamidas hasta los primeros antifúngicos como la
griseofulvina, nistatina, anfotericina B o 5-flurocitosina y los derivados azólicos.
Estos últimos han sido los más prolíficos, continuándose aún el desarrollo de nuevas
moléculas que recientemente están incorporándose como es el caso de voriconazol y en un
futuro el posaconazol(23). Antifúngicos pertenecientes a otras estructuras químicas,
también se han añadido, como las alilaminas, derivados de la morfolina, y equinocandinas
(anidulafungina, caspofungina) además de las que están en distintas fases de desarrollo
o las distintas formulaciones de la anfotericina B y nistatina asociadas a lípidos(23).
Los antifúngicos azólicos se caracterizan por su amplio espectro de actividad y potencia
de acción frente a los hongos patógenos. Algunos de ellos aportan novedades en cuanto al
tratamiento y eficacia terapéutica y solo pocos tienen criterios diferenciales decisivos
en su elección por parte del clínico. Sertaconazol(126-155) perteneciente a la
generación de antifúngicos azoles tópicos de uso clínico, basa su mecanismo de acción
en una doble actuación por medio de la existencia de dos subunidades estructurales
activas que constituye una diferencia del resto de sustancias. Además del mecanismo de
acción típico de los antifúngicos azólicos, se añade la presencia de un grupo
benzotiofeno(125, 126) . Esta característica asegura una acción tanto fungicida como
fungistática y se añade el efecto producido por su similitud con el
triptófano(125,126). Este mecanismo, previo al acceso de la molécula a las capas
internas de la epidermis, es rápido por el carácter lipofílico del antifúngico(127).
El espectro de acción in vitro de sertaconazol es muy amplio y se ha descrito frente a la
mayoría de hongos causantes de micosis superficiales incluyendo levaduras (Candida spp.,
Torulopsis spp., Trichosporon spp., Malassezia spp., Rhodotorula spp. y Cryptococcus spp.)
y a hongos dermatofitos (Epidermophyton floccosum, Microsporum spp. y Trichophyton spp.) y
algunos filamentosos oportunistas como Aspergillus spp., Alternaria spp, Acremonium spp.,
Fusarium spp. y Scopulariopsis brevicaulis(128-155), moho oportunista conocido por su
importancia en las onicomicosis. A diferencia de otros antifúngicos, sertaconazol
desarrolla una acción adicional bactericida sobre bacterias Gram positivas que están
frecuentemente asociadas a infecciones dermatológicas como son Listeria, Bacteroides,
Corynebacterium, Propionibacterium, Streptococos, Staphylococos y Trichomonas, lo que abre
diversas posibilidades en el tratamiento de algunas infecciones mixtas(127). Esta
actividad antifúngica y fungicida es superior a la mostrada por otros antifúngicos
tópicos como miconazol, clotrimazol, bifonazol, ketoconazol, econazol, naftifina y
terbinafina con porcentajes de cepas resistentes a sertaconazol inferior a la del resto de
antifúngicos(127-155). La actividad fungicida de sertaconazol permite reducir
notablemente el índice de recidivas con respecto a otros antifúngicos tópicos,
obteniéndose índices de erradicación cercanos al 99%, tras una hora de exposición, muy
superiores a clotrimazol, bifonazol o ketoconazol(137). La rapidez de acción,
penetración y el mantenimiento de niveles de antifúngico activos características de
sertaconazol, alcanzando niveles superiores a las concentraciones mínimas inhibitorias
frente a los hongos patógenos, en tejidos, con una escasa absorción, permite que tras la
administración de dosis única (2%) y el posterior lavado de la zona, se detecten
concentraciones del 72,1 % en piel a las 24 h(137,138). Estas concentraciones son
suficientes para desarrollar una acción terapéutica adecuada, sin que ninguna
formulación de sertaconazol (crema, polvo, gel, solución o tabletas vaginales) provoque
absorciones sistémicas superiores al 1,97%, respecto de la administración
endovenosa(137). En ningún caso los valores obtenidos son superiores a 25 ng/ml en sangre
ni orina, tras la administración tópica de crema de sertaconazol al 2 %(137,138) . El
tiempo de permanencia en piel se ha establecido en el 100% a las 48 h y del 69% a las 72
h., hecho que favorece la posología del fármaco. Su uso está indicado en las
dermatofitosis, candidiasis y pitiriasis versicolor, que además presenten
sobreinfecciones por bacterias Gram positivas sensibles al antifúngico(137,138). Los
estudios de la actividad antifúngica in vivo revelan que sertaconazol posee un efecto
terapéutico superior al de miconazol en la candidosis y dermatofitosis experimental en
aplicaciones únicas produciendo una mejor evolución sintomatológica y curación
micológica(140,141). El perfil de seguridad y toxicidad de sertaconazol es óptimo y más
favorable que el de otros antifúngicos tópicos, en estudios de administración tanto
oral como dérmica(142-147). La aplicación de sertaconazol abarca el tratamiento de todo
tipo de infecciones micóticas superficiales como son las dermatofitosis o tiñas (pie de
atleta, eczema marginal de hebra, herpes circinado, micosis de la barba, etc.)
candidiasis, pitiriasis versicolor y sobreinfecciones producidas por bacterias. Los
porcentajes de curación obtenidos en las fases de ensayo clínico oscilan entre el 100%
de la clínica y micológica en estudios efectuados sobre 21 pacientes de pitiriasis
versicolor tratados con crema al 1 y 2%, sin la aparición de recidivas y la ausencia de
efectos adversos locales o generales(142,148). Valores similares se obtuvieron con 20
pacientes afectados de dermatofitosis sometidos al mismo tratamiento(142). En estudios
multicéntricos de evaluación, las tasas de curación de sertaconazol (95,6%) fueron
superiores a las de miconazol (88,1 %)(149). Las tasas de curación clínica,
microscópica y microbiológica fueron del 86,3; 98,7 y 99,6%, respectivamente, sobre un
total de 700 pacientes afectados de dermatomicosis(139,149) y solo el 0,4% de ellos
manifestaron efectos adversos(149). La alta eficacia de sertaconazol frente a un amplio
espectro de agentes etiológicos tanto in vitro como en los modelos animales y en los
distintos ensayos clínicos efectuados, con la ausencia de efectos adversos de entidad, la
disponibilidad de distintas formas de administración tópica, hace que pueda considerarse
como un antifúngico completo para el tratamiento tópico de las infecciones superficiales
por hongos.
Bibliografía
_____________________________________________________________________________
1 D. Microbiología.
ACIA. Barcelona. ESPAÑA. P.O. Box 10178. E-08080 Barcelona.
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2 Cátedra de Medicina Preventiva y Salud Pública. Facultad de Medicina.
Universidad de la Laguna. La Laguna. Tenerife, ESPAÑA.
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