La Crónica Médica: Junio 30 de 1884

 

Socorros médicos a domicilio.

Una iniciativa, oportuna y fecunda, dio lugar, hace pocos meses, a la organización del servicio médica municipal gratuito. Era de tan palmaria importancia esta creación que la vida fue realidad.

En París, Madrid y todas las ciudades del mundo civilizado, sea cualquiera su organización municipal, la atención de ellas se ha dedicado y dedicada a la mejor manera de llevar el socorro facultativo al lecho del dolor.

Las municipalidades simpáticas corporaciones, administrando los intereses del común, atiende al bienestar general y particular; y la nuestra hizo muy bien en mirar por la salud de la clase pobre.

Hoy, por razones de diversas entidad, se ha concretado ese servicio a los párvulos.

Esto no es justo ni acertado.

¿Vale acaso la vida de un que la del un hombre? No. Al párvulo que empieza luchar para vivir y al adulto, abatido por la desgracia, se les debe atender por igual. La existencia de ambos conviene a la patria, y no hay razón porque tener preferencia por uno.

Se ha dicho y se pretende sostener; que los adultos pobres tienen a su disposición los hospitales que corren a su cargo del Sociedad de Beneficencia; se ha apelado al recurso de fondo y a la falta de obligaciones legales para atender a este nuevo servicio municipal.

Y todas estas razones a nuestro juicio son infundadas.

En la conciencia de todo esta la convicción de que la asistencia hospitalaria es deficiente. Esto no es una acusación; es un hecho.La sociedad de Beneficencia de Lima; quizá no puede hacer más de lo que hace; es natural; le falta rentas, para atender debidamente a tantos gastos y la carga que pesa sobre ella sola es inmensa.

Ahora bien: ¿Cuál es la única corporación que puede ayudarla en sui honrosa misión? La Municipalidad Unidas ambas, cada una en su esfera propia, podrán hacer el bien a los desgraciados, tarea superior a la fuerza de cada una en particular.

La vitalidad y robustez de nuestro pueblo se agota, y no hay causal que escuse la omisión de esta sacratísimas obligaciones.

Sí la Estadística denuncia la excesiva mortalidad en Lima, el párvulos y de adultos, ocasionada en parte por la falta de asistencia médica, déjese para épocas más bonancibles la cura radical de este profundo malestar y atiéndese la preferencia a que muchos de nuestros semejantes, gímen en el lecho del dolor víctima de la fatalidad, sin tener ni ellos y su familia una mano que les tienda el socorro que les falta.

No se puede obligar que ingresen a los Hospital, en los que tanto escasea, a los que, así como el auxilio médico, necesitan de la solicitud abnegada y paciente de la madre, del hermano, del pariente.

En toda gran ciudad, y entre nosotros con mayor razón, hay tantas desgracias vergonzantes, tan dolorosos dramas de miseria que espantan, quede sin socorro tanta necesidad.

Por eso pedimos lo natural: a la Beneficencia de los Hospitales; a la Municipalidad asistencia gratuita a domicilio.

Es cara; impone crecidos gastos. No importa. Una existencia salvada vele más que un miserable dinero.

Hoy, más que nunca, debemos ser avaros de cuidados y no perderlos con tanta facilidad: sobre todo, cuando se hace un positivo beneficio no se mira, lo que vale.

Y sí el éxito es razón, recuerde la H. Municipalidad, las víctimas que estadísticas demuestran como arrancadas de la muerte por la creación de este servicio. La gratitud del desvalido, que por hoy no hace eco en la actual tormenta política, estamos seguros de ello, ha dejado de acompañar al municipio en la obra abnegada de ayer acometió, y que hoy, sin arredrarse por obstáculos pasajeros, llevar a su fin. ¡cuantas madre recuerdan agradecidas, al contemplar sano el hijo de sus caricias, párvulo o adulto, la paternal solicitud de la corporación comunal que, desviándose del antiguo camino del egoísmo, ha dado cuerpo a una brillante y noble ideal.

Lógica y consecuente debe ella establecer la asistencia médica gratuita a domicilio, sin restricciones, organizándola y reglamentándola, votando y velando por la ventajosa intervención de los fondos suficiente para atender a ese noble fin.

Y, por último, si las prescripciones de la ley de su creación, la vedan el ejercicio de tan noble labor, lo que seria injusto y absurdo, pídanse las reformas, aunque sea transitorias, que exige la miseria de la numerosa clase pobre de la capital del Perú.

Así se habrá hecho acreedora a la gratitud de Lima.

MANUEL A. MUÑIZ

 


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