La Crónica Médica: Junio 30 de 1884

 

Sección Oficial

 Facultad de Medicina

Sesión del 16 de junio. Se dio cuenta de las solicitudes de los alumnos aspirantes al internado.

Se acordó de la Facultad fuese representado por un solo Catedrático, el Dr. Villar, en el Consejo Universitario.

Se procedió a la elección de los jurados para la concurso de internados siendo designados por la suerte, para el primero los Drs. A. Alarco, B. Sosa, L. Copelo, J. M. Quiroga y José M. Capitán; y para el segundo, los Drs. J. J. Corpancho, R. Morales. J. Becerra, A. Veles y T. Salasar.

Se confirió el grado de Licenciado de Medicina, al Sr. L. Avendaño con lo que termino la sesión.

El 19 del presente funcionó el primero de los jurados indicados, y conforme al reglamento se procedió al sorteo del punto sobre el que se debía versar el examen escrito sobre los siguientes: 1.° textura anatómica del hígado; 2.° Infección purulenta; 3.° Purgante en general; 4.° Modo de obrar de los medicamentos; 5.° Reconocimiento de la urea en la orina; 6.° reconocimiento de la albúmina: causa que determina su presencia en la orina; 7.° De los virus en general; 8.° Infecciosa y contagiosa; 9.° Tratamiento general de las hemorragias; y 10° Digital sus usos.

Sesión del 22 del Presente. La Facultad confirió el bachiller a los Srs. Manuel M. vega Y José Gil Cárdenas.

 

Proyecto de Reglamento General de Sanidad

Prefectura del Departamento

Lima, 21 de marzo de 1884

Señor Decano de la Facultad de Medicina

En sesión de 18 del corriente de la Junta Suprema de sanidad, ala que se sirvió asistir US., se acordó por unanimidad que el Reglamento sanitario de setiembre de 1826 fuese modificado, por adolecer de vacíos y defectos que es indispensable llenar y subsanar.

Acorde de vacíos y defectos que indispensable llenar y subsanar.

Acorde también solicitar, para el efectos, el concurso de los ilustrados miembros de la Facultad que tan dignamente dirige US., para que una comisión de su seno se encargue de redactar un proyecto de Reglamento.

En tal virtud, me es grato dirigirme, US. Con el objeto indicado, esperando de su ilustrado celo y del de los miembros de la Facultad, el pronto cumplimiento de tan honrosa comisión.

Dios guarde a US.

 

Lima, marzo 24 de 1884. Pase a una comisión compuesta de los profesor se Ulloa, Barrios y becerra, para que procedan a verificar la revisión del reglamento de sanidad del año de 1826, con todas las reformas que juzguen necesarias, conforme a las exigencias actuales de la Higiene pública. Odriozola.

 

Señor Decano:

Muchos y muy importantes son los progresos que ha hecho la higiene pública en los últimos cincuenta años, para no haber comprendido que un Reglamento de Sanidad, expedido en 1826, era hace tiempo insuficiente para satisfacer las necesidades públicas en este ramo de la administración.

Los adelantos que desde esa fecha a hecho el Perú en sus industrias, en su Comercio y en su población son también tales, que no sólo se han aumentado sus necesidades sanitarias, sino que se han presentado muchas otras nuevas y de la más indispensable satisfacción.

Hasta 1826 la República no había sido visitada por ninguna de esas enfermedades exóticas, como la fiebre amarilla, apariencia por primera vez en 1854, ni amenazaba por otras que felizmente parecen haberse detenido en el istmo de Panamá.

El establecimiento de ferrocarriles, el de nuevos cultivos de nuestro campos y muchos grandes trabajos público, cambiando higiénicas de nuestra ciudades, unidas a los progresos de nuestra civilización, han dado canje a nuevas causas y nuevos peligros para la salubridad pública, que es imperioso prevenir o combatir, por un sistema de mediadas higiénicas convenientemente organizado y dotado del personal y de los medios necesarios para su mejor ejecución.

Haciendo justicia al renombrado estadista, autor del reglamento de Sanidad de 1826, el jurisconsulto peruano D. D. José M. Pando, cuya obra perece haberse adelantado a su época, ese reglamento no puede hoy llenar todas las exigencias ni de la administración, ni de la ciencia.

En administración, el establecimiento de las corporaciones municipales, encargada de los intereses locales, entre los que ocupa lugar principal la salud pública, permite una mejor vigilancia de su conservación y progreso, como lo demuestra la mejora de nuestra, Higiene pública.

En la ciencia se han operado grandes revoluciones en las ideas y en las doctrinas, producidas por el mejor estudio de todas las enfermedades, especialmente de sus causas, así como de loa agentes higiénicos y de sus más ventajosas modos aplicación, que se traducen en nuevas instituciones y prácticas consignadas en los reglamentos de sanidad.

De aquí la necesidad de utilizar esos adelantos y de revisar nuestros reglamentos de Sanidad, ensanchando su campo de acción y establecimiento el mejor posible sistema de organización de tan importante servicio administrativo.

Son estos los principios que nos han guiado en la formación del adjunto "Proyecto de Reglamento General de Sanidad", cuya comisión se sintió honrosa US, y que nos hemos esforzado por desempeñar en la medida de nuestras luces sobre tan grave materia.

Sin un personal facultativo bastante, ni el material necesario para la realización de las medidas higiénicas, hemos debido contentarnos con establecer lo hacedero y práctico, utilizando lo que tenemos, creando lo que no es difícil formar y conciliación en cuanto es posible el interés de la salud pública con los demás intereses sociales de no menor importancia.

En el régimen de la sanidad marítima es donde más embarazos deberíamos encontrar para nuestra labor; pues es aquí donde es más abierta la lucha entre el interés de la salud y de los comercios y de las industrias cuyo conflicto en naciones adelantadas es causa ed mayores divergencias entre ellas y sus gobiernos y aún entre los hombres de ciencia, no extraños ha tan poderosa influencia.

Felizmente desde 1853, el progreso de las ideas y pactos internacionales, ha establecido acuerdos relativos a los principales fundamentales del Régimen Sanitario marítimo, que hay por decirlo así un derecho administrativo a este respecto, común a las más importantes naciones de Europa.

Este derecho administrativo esta sancionado de las convicciones sanitarias de París y de Constantiplona, al que todas los demás naciones tienen adaptadas sus Reglamentados de Sanidad.

Sin haber suscrito el Perú esos pactos, nosotros hemos preocupados igual adaptación en el proyecto de Reglamento que acompañamos, sin mas restricciones que las impuestas por nuestra necesidades; procurando basarla en la reciprocidad, que es la condición fundamental de equidad en los asuntos internacionales.

Establecimientos un Régimen sanitario, aunque no riguroso, suficiente para ponernos al abrigo de la importancia de enfermedades exóticas y funesta, hemos debido buscar los socorros con que proveer a las necesidades de ese régimen que se impone algunos pequeños sacrificios al comercio, también los exige a las localidades y a sus importantes intereses.

Nos referimos a los derechos sanitarios, que casi son la reproducción de los cobrados en las naciones a que hemos aludido y que se encuentran consignados en los pactos de que hemos hecho mención

Algunos, que pueden perecer nuevos, además que son impuesto por las circunstancia, han existido en el Reglamento de 1826 y sino se han hecho afectivos es por no haberse implantado ese Reglamento en todo su rigor y no haberse establecido el servicio sanitario constituido por el.

Organizado tal servicio en su debida plenitud, no puede prescindirse de reunir los medios necesarias para su sostenimiento.

En cuanto a la sanidad terrestre, reglamentación proyectada ha procurado hacer más completa la de 1826 y abrazar interés sanitario descuidados hasta hoy y satisfacer grandes satisfacer grandes y satisfacer grandes necesidades de la misma naturaleza.

Ha sido y era necesario comprender en ellas las reglas higiénicas más indispensable para garantizar la salubridad pública de los daños que puedan ocasionarle la instalación y servicio de los establecimientos industriales, de los medereros de los cementerios y el ejercicio de las profesiones médicas.

Las epidémias y endémicas, cuyo estudio incesante constituye una de las más imperiosas exigencias de la Higiene, necesitan ser objeto de disposiciones que ha asegurasen el buen éxito de ese estudio, así como el acierto de las medidas de preservación contra aquellas.

La vacuna, medio preservativo contra una de las más funestas y mortíferas enfermedades, cuya conservación y propagación necesita una mejor organización, ha debido ser comprendida tambien en el régimen sanitario, instituyendo comisiones encargadas de la dirección de este servicio y que velan por su más perfecta ejecución.

La falta de esta suprema dirección a sido causa si duda de que la vacunación se halla difundida como seria de desear y de que no se haya vencido hasta ahora las preocupaciones y otras causas que se oponen a su mayor difusión.

Entre las condiciones para el mejor éxito de un Régimen sanitario como un elemento de solución de la más importante cuestiones de la Higiene pública, se encuentra la Estadística, que suministrando las cifras de los nacimientos y defunciones, las enfermedades que originan las últimas y otras circunstancias, provee los datos necesarios para arbitrar los más eficaces medios como aumentar los unos y de disminuir las, procurando el acrecimiento de las poblaciones.

A esta mira obedecen las disposiciones del Reglamento que atribuyen una intervención a las Juntas de sanidad General no llenaría sus importantes fines, si no se estableciese la respectiva sanción para el riguroso cumplimiento de sus disposiciones.

Nuestro código Penal contiene esa sanción; pero ella ha sido ilusoria hasta hoy, por falta de autoridad que persiga los delitos y falta que se cometan contra la salud pública.

Ese es el objeto del ultimo capítulo del Proyecto del Reglamento adjunto que para la penalidad de la materia se remite completamente del código penal.

Tales son los fundamentos y razones en que nos hemos inspirado en formular lo, creyendo haber utilizado todos los progresos de la higiene pública y haber procurado realizarlos en la medida de que los recursos puede disponer la República, esforzándose por no dejar sin satisfacción ninguna de las más apremiantes necesidades de la salubridad pública.

Ojalá hayamos podido interpretar bien el pensamiento y los deseos de la Junta Suprema de Sanidad y de los US, alcanzando con su aprobación la mejor recompensa de la difícil comisión con la que US. Se ha servido honrarnos.

Lima, junio 30 de 1884

José C. Ulloa

Manuel C. Barrios

Julio Becerra.

 

Sociedad "Unión Fernandina"

Lima junio 25 de 1884

S. Presidente de la Sociedad "Unión Fernandina"

Habiendo llegado de mi conocimiento que la Sociedad, U. tan dignamente presida, proyecta formar una biblioteca para su uso; y deseando cooperar con mi pequeño contingente para la pronta realización de tan noble idea, me es tan grato remitir a U. un ejemplar de mis publicaciones.

Aprovecho la oportunidad para suscribirme.

De U. su atento y S. S.

Raimondi

 

Lima, junio 26 de 1884

Señor Dr. Antonio Raimondi

Muy señor nuestro:

Con íntima satisfacción hemos recibido su atenta nota, fecha de ayer, junto con la que he tenido U. la bondad de enviarnos un ejemplar de su publicaciones.

Cada uno de esos volúmenes representa los desvelos y estudios del que, por tanto tiempo, ha puesto su inteligencia al servicio de nuestra patria y por eso, encontramos en ellos un rico manantial que explotar.

La sociedad "Unión Fernandina", en cuyo nombre nos es honroso dirigirnos a U., le envía sus más sinceros agradecimientos, por el tan valioso como espontaneó obsequio que se ha dignado U. hacerle.

Somos de U. Leonidas Avendaño, Presidente Andres S. Muñoz, Manuel A. Muñiz, secretarios.

Por esta sección

Mariano E. Becerra

Alfredo I. León

 

 


back.gif (71 bytes) Regresar