La Crónica Médica: Junio 30 de 1884

 

REVISTA EXTRAJERA

Secularización de los Hospitales

Concejo Municipal de París
Sesión del 4 de abril

Abierta la sesión se puso en debate esta interesante cuestión, que ya había ocupado la atención del Consejo, que esta vez fue precedido por M. Mathé.

M. Pichon pide aclaraciones a la administración y recuerda que la Dirección de la asistencia pública había  contraído en 1882, la obligación de secularizar tres hospitales. En la discusión del presupuesto de 1884, el Consejo renovó sus  votos y pidió la secularización antes del 1.° de abril, de los establecimientos hospitalarios. Porque esta orden no ha sido ejecutada? En la víspera de las elecciones, el consejo debe conocer además la opinión del  Director  de la asistencia pública.

El prefecto del Sena, no tiene que agregar a la declaración que hizo, ahora tres semanas, cuando se le hablo de este asunto.

M. Pichon  objeta, que no basta lo dicho: debeis continua, decir categóricamente sí estais pronto  a cumplir los deseos constantes del consejos. Si lo habeis dicho, poco os costará repetirlo.

Es preciso saber, antes de las elecciones si estais de acuerdo con el Consejo Municipal para secularizar por hospitales o si hoy divergencia de opiniones, sobre este asunto, entre vos y nosotros. Si como sospecho, el desacuerdo existe. El cuerpo electoral será nuestro arbitro, y veremos si persistis en no inclinaros ante nuestro veredicto.

M. Quentin, Director de la asistencia pública, establece una distinción entre la cuestión de aplicación.

El publicación no es duduso: la hospitalidad debe ser laica,   como es ya la enseñanza. En efecto, es un deber de la sociedad de cuidar a los enfermos y no pueden puede reposar en una delegación sino por tolerancia. Por otra parte la delegación, que es religiosa en la especie, puede ofrecer algún inconveniente: así es fácil encontrar una hermana de caridad, por buena y abnegada que sea, que no aspire, en el ejercicio de sus funciones, salvar el alma del enfermo, el ardor de proselitismo que en la esencia de la religión que ellas representa y las obliga a turbar los últimos instantes de los pacientes.

Por otra parte, puede suceder que disminuya el personal de las congregaciones, que antes se reclutaba fácilmente, mientras que hoy día no cuenta sino con alguna novicia. Y sin preguzgar lo venidero, puede el parlamento suprimir   estas congregaciones, y la  sociedad encontrase desarmada en tal eventualidad.

Pasando a la cuestión de aplicación, M. Quentin, creé que es preciso proceder con prudencia. Cita, en seguida, algunas cifras que demuestran, en oposición a la opinión vulgar, que el personal laico es más numeroso, en los hospitales, que el de las hermanas.

Los individuos que no han visitado nuestros establecimiento, que son la mayoría, suponen que en los hospitales no secularizados no hay sino que hermanas que suministran siempre a los enfermos sus cuidados personales. De aquí viene la leyenda de la hermana         de la caridad, capaz de llenar ella sola al lado de los heridos funciones difíciles y repugnates; la única capaz de exponerse a los peligros del contagio.

Este es un error. En los establecimientos no secularizados, las hermanas no curan a los enfermos sino por exepción: son las mujeres del servicio, las laicas; las que se ocupan diariamente de esta misión. Agrega, además que estas modestas mujeres desempeñan su tarea como verdadero celo, sin que jamás reciban una palabra de elogio, sin embargo de cada año muchas de ellas, en mayor número que las hermanas, son más numerosas, pagan con su vida los cuidados que demanda los enfermos.

Las cifras siguientes hablan en pro de  este hecho.

En el Hotel-Diue, hay 21 hermanas y 115 enfermos; en la Caridad el personal laico es de 88 contra 18 hermanas; en Lariboisiere, las hermanas están en 27 y las laicas 108; en Saint-Louis, 25 hermanas y 142 laicas; en los Incurables, 116 laicas   y 62 hermanas; eb Beaujon, 20 hermanas y 75 laicas.

M. Quentin termina declarando que es necesario continuar la obra de la secularización de los hospitales, sin vacilación pero con prudencia.

Después de un corto discurso de M. Cochin, que tacha al Director de la Asistencia pública, de exaltar los servicios de las enfermas laicas y de pasar en silencio los de las religiosas, M. Pichon propone la siguiente orden del día.

El concejo municipal, tomando en cuenta las declaraciones del Director de la Asistencia Pública.

Resuelve:

Se invita a la administración:

1.° A reemplazar en el curso del año de 1884, 150 empleadas congresistas, por lo menos, de los hospitales y hospicios de la ciudad de París, por número de laicas;

2.° A reclutar como sea  posible su personal en las escuelas municipales de las enfermeras, destinadas a proporcionar vigilantas y sostitutas;

3.° A tomar de los hospitales las mejores enfermeras, para enviarlas a una de las tres escuelas municipales, a fin de que perfecciones  sus conocimientos prácticos y puedan ser prontamente vigilantas y suplentes.

M. Monteil, pregunta su opinión al prefecto.

M. Poubelle contesta que nada tiene que agregar a las declaraciones del 22 de febrero.

La administración no quiere asociarse a ningún bando religioso; pero cree que la asociación laica, tiene perfecto derecho para socorrer alos miembros desvalidos y a los individuos pertenecientes a tal o cual confesión.

Juzgo, continúa el prefecto, que es un a pretensión excesiva querer monopolizar la abnegación y la caridad, cuando todos tienen igual derecho para ejercerlas.

No hay razón para exigir, como se ha hecho a ninguna categoría de persona, la exclusiva de hacer el bien.

El concejo adopto el orden del día de M. Pichon por 43 votos contra 6.

(De “Le Temps”)

Traducción de Juan M. Anaya.

 


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