La Crónica Médica: Junio 30 de 1884

 

Revista Terapéutica

XXXIX. El Dr. Delthil, Presidente de la Sociedad de Medicina práctica de París, ha leído en la Academia de Medicina, un trabajo titulado: tratamiento específico de la difteria, y cuyas interesantes conclusiones son las siguientes:

1.° La combustión, en medio del cuarto del enfermo, de una mezcla de alquitran de gas y de trementina, en la proporción de 200 gramos de alquitran de gas por 80 de esncias de trementina, o también de esencias de trementina sola,- renovada cada dos o tres horas, según la gravedad del enfermo, y con intervalos más largos cuando se establezca la mejoría, es una medicación específica que debe emplearse en la difteria. (Las dosis pueden modificarse en más o menos, según las indicaciones y la extensión de la pieza en que se encuentra, el paciente; no debe servirse del alquitran de Noruega, pues provoca la tos)

2.° Estas fumigaciones son enteramente inofensivas por sí mismas; no provocan la tos, y tampoco incomodan, ni al enfermo ni a las personas que le asisten.

3.° Son preciosos disolventes de las falsas  menbranas diftéricas.

4.° Estas fumigaciones son parasisticidas o microbicidas.

5.° Al principio de la afección, detienen rápidamente su marcha.

6.° Cuando la invasión de la enfermedad no data sino de algunos días, pueden todavía curarla.

7.° Hacen que sea bastante práctica la operación de la traqueotomía, cuando se acude a ella, como último recurso, transformandola, de paliativa, espectante y dudosa que es en la mayor parte de los casos, en una operación de resultados bien determinados, favoreciendo su buen éxito.

8.° Son profilácticos; protegen a las personas a los diftéricos a las personas que cuidan a los diftéricos; por sus propiedades parasiticidas y desinfectantes, alejan el peligro del contagio, pudiendo servir también para desinfectar las escuelas, asilos, hospitales y demás establecimientos públicos.

9.° Este modo de tratamiento se recomienda por su gran sencillez; puede aplicarse en todas partes y desde el principio de la afección [1]; en los hospitales es muy fácil establecer salas de fumigación.

Terminó diciendo, que creía que la esencia de trementina sola, en combustión, sería suficiente; y, para cuya ratificación prometía continuar sus estudios experimentales.

Ofreció presentar muy luego, un quemador, que estaba en construcción, a fin de verificar, sin peligro, estas combustiones.

XL. El valerinato de cerium, ha sido empleado con buenos resultados, para combatir los vómitos del embarazo y los de la naturaleza nerviosa. Ultimamente ha participado el Dr. Blondeau, a la “Sociedad de Terapéutica” de París, un caso de una multípara de dos meses, que presentaba vómitos incoercibles, y que se dieron por el uso de este medicamento, administrado durante cuatro días, a la dosis de 10 centígrados (en píldoras) antes de cada una de las dos principales comidas.

Sabemos que, con este mismo objeto, hace tiempo se emplea el oxalato de cerium a la dosis de tres píldoras de 5 centígramos durante las 24 horas del día. 

XLI. Ante la misma sociedad, el  Dr. O. Paul ha dado  cuenta de sus actuales experimentos sobre el empleo de las inyecciones uretrales de sublimado, preconizadas por el Dr. Fanti en el tratamiento de la blenorragía. Las soluciones de que se sirve este autor, son en número de tres; contienen, por 100 gramos de agua, una, 1 gramo 40 de sublimado; la otra, 60 centigramos, y la más débil, 12 centígramo. Asegura que estas soluciones matan al microbio de la blenorragía [gonococcus] en 7 o 8 días efectúandose, por tanto, la curación de la enfermedad.

Paul ha cultivado este microbio, lo ha noculado a una mujer y ha obtenido una uretritis con secreción fibrinosa, que ha sido curada, en 48 horas, por inyecciones de sublimado al 1/20,000.

XLII. Se sabe lo que es el mareo de a bordo: es más bien un malestar, que una enfermedad, pero lo que puede producir graves consecuencias, siendo a  veces, en las mujeres embarazadas, causa de aborto, y en los que padecen de tuberculosis pulmonar puede provocar abundante hemoptísis.

Se ha aconsejado para combatirlo, un gran número de medios, pero todos de efectos más o menos inciertos. El Dr. Baron de Therésopolis, ha empleado con magníficos resultados, en muchas y diversas personas (aún en mujeres embarazadas), un nuevo medio, cuya eficacia comprobó en sí mismo, en siete navegaciones sucesivas: consiste en practicar una inyección hipodermica de clorhidrato de morfina. Con este objeto prepara una solución de 30 centígramos de morfina por 20 gramos de agua destilada, e inyecta 10 gotas de esta solución en la región epigástrica. Dice que en los casos que ha observado, inmediatamente después de la inyección, se ha disipado el mareo por completo y que, en el resto del viaje, no sintieron malestar alguno. Ha notado que, a bordo, las personas presentan gran tolerancia para la morfina, lo que como es conocido por todos, no sucede en tierra.

XLIII. la cotoina es un alcaloide extraído de la corteza del coto o quinua coto, árbol originario de Bolivia, donde se emplea, en polvo o en extracto, contra la diarrea, los cólicos, las nuerálgias dentarias, y en tintura contra la gota y los reumátismos. El Dr. Gietle, de Munich, es el primero que ha enseñado la corteza del coto; y el Dr. Fronmuller ha obtenido excelentes resultados, en el tratamiento de la diarrea, haciendo uso de la tintura a la dosis de 50 centígramos hasta 25 gramos por día.

La cotoina es muy empleado contra el catarro y la diarrea crónica y según Albertoni, ningún medicamento le podría hacer competencia  en el tratamiento de al diarrea. Le administra a la dosis de 5 cetígramos, de dos en dos horas, hasta 50 centígramos.

La fórmula más usada en Italia y en Alemania es la Siguiente:

Agua destilada............... 120 gramos

Cotoina...........................50 gramos

Por cucharadas c/3 horas

La solución para inyección hipodérmica es esta:

Agua destilada....................20 gramos

Cotoina...............................40 centígramos

Albertoni, considera a la cotoina como muy eficaz contra  los sudores profusos de los tísicos; y advierte que está contraindicada en los casos de hiperemia de la mucosa intestinal con tendencia a las enterorrágicas.

Además del coto verdadero, se encuentra el parocoto, del que se extrae para cotoina, cuyos efectos son los mismo pero menos acentuados, que los de la cotoina.

XLIV. El paraldehido (C6 H12 O3), nuevo medicamento que goza de propiedades hipnóticas iguales, sino superiores, a las del cloral, a sido experimentado  por muchos médicos, siendo, actualmente, el objeto de los estudios del Dr. Dujardin-Beaumetz. Fue descubierto por Weidenbusch.

No es, en suma, sino un triple aldehido (hidruro de acetilo C2 H4 O). Varios cuerpos, y entre ellos los ácidos cloroxicarbónico, clorhídrico, sulfuroso, súlfurico, etc. Tienen la propiedad de condensar el aldehido y transformarlo en paradehido. Este es muy instable; fácilmente de transformar en acético, siendo difícil saber si ha tenido lugar esta transformación, porque el paraldehido es, por si mismo, ácido. Se presenta bajo la forma de bellos cristales, se fundé a 10° 5, hierve a 124° y se disuelve en 9 veces su peso de agua.

Para conservar y retardar su transformación en ácido ecético es bueno hacer una solución al décimo en agua hervida, que atrae menos el oxigeno. Es de notarse que, al contrario de lo que sucede comunmente, es más soluble en frío que en caliente. Según Yvon, puede preparársele directamente operando sobre al alcohol (C2 H6 O), sin pasar por el intermedio de aldehido. Hay dos especie de paraldehido: ambops son líquidos en la temperatura ordinaria, puesto que se funden a +10°5; pero al paraldehido puro cristaliza a esta temperatura, mientras que el otro no hace sino a 0° y a veces a 5°, 10, 12, cuando se emerge en una mezcla  refrigerada. Ambos pueden ser empleados; pero, el primero, llamado por Yvon, paraldehido crisalizable, es más concentrado y se debe preferir en terapéutica. Tiene  un gusto aromático, que recuerda el del aldehido y es mucho menos irritante que el cloral.

La solución de que se sirve el Dr. Dujardin-Beaumetz, es la de Yvon:

Paraldehido.......-........... 20 gramos

Alcohol..........................100 gramos

Jarabe simple.................75 gramos

Tintura de vainilla............5 gramos

Esta solución es al décimo; al administra diariamente a la dosis de 20 a 30 gramos, es decir 2 a 3 gramos de paraldehido, en un vaso de agua azucarada.

Le ha empleado en un gran número de enfermos, que entes tomaban cloral, y todos dicen haber experimentado sus excelente efectos. El despertar no penoso y los ensueños que procura son agradables. Los pacientes sufren en el momento de su administración una ligera embriaguez, sin cefalálgia al despertar.

El paraldehido es hipnótico, pero no anéstico. Así, si el enfermo sufre dolores agudos, aquel no les calma ni produce sueño, lo que sucede con el cloral.

Pero, si el enfermo no tiene más que insomnio, el paraldehido obra maravillosamente, sin que aquel se habitúe a su uso.

Presencia dos incovenientes: el de ser de precio muy elevado y el de que los enfermos exhalan todo el día un olor comparable al de los embriagados, pero que se puede disminuir haciendo tomar una  infusión  aromática [té, menta, etc.].

El Dr. C. Paulle le emplea con éxito, en los morfiamanos, permitiendo así, suspender las inyecciones sub cutáneas de la morfina.

En una palabra, el paraldehido, como hipnótico, es superior a la morfina y al cloral; pero les es inferior considerado como análgesico y anestésico.

Andrés S. Muñoz

 

Tratamiento de las Lúpias

Por Inyecciones Interticiales de Éter

En el Bulletin Géneral de Therapeutt que de París, encontramos la historia de un hombre de 38 años de edad, debilitado y aloholico, que se asistía en el servicio del Dr. Vidal, quién logró, en el espacio de un mes, por medio de diez inyecciones de éter, practicadas con las jeringas de Pravaz, hacer desaparecer completamente una lúpia del cuero cabelludo, que hacia cinco años la tenía, y que representaba el volumen de un huevo de gallina. El 1.er día, el Dr. Vidal hizo, por los orificios distintos y con algunos minutos de intervalo, dos inyecciones de éter, cada una de 10 gotas, teniendo cuidado de dilacerar ligeramente la masa quistica con la aguja, que la hacia girar en todo sentido; el 2.° día práctico una 3.a inyección, también  de 10 gotas y casi en el mismo punto en que hozo la 1.a; y el 3.° día; y el 4.° semejante a las anteriores; el 4.° día, el tumor estaba absolutamente blando, y no parecía contener más que líquido; el 5.° día, se formó en la parte más caliente de la lúpia un punto negro escarótico, a cuyo nivel práctico la 5.a inyección de 10 gotas; el 6.° día, una 6.a inyección. Al cabo de cuatro días, una presión ejercida sobre los lados del quiste le hizo vaciarse completamente por el orificio de las punturas; salió pus después una materia vermicular, blanquizca e infecta. Una vez evacuado el quiste, introdujo por el orificio preexistente, una cucharadilla, con la que raspo ligeramente la cara  interna de la bolsa; en seguida, para determinar la supuración, le inyectó cierta cantidad de alcohol. A los pocos días, supuró el quiste y se vacío poco a poco por el pequeño orificio, que mantuvo abierto mediante una sencilla cura fenicada. La supuración y la eliminación de las paredes del quiste, continuaron en los días subsiguientes, retrayéndose y condensándose, más y más la piel. Al cabo de un mes de la 1.a  inyección etérea, estaba el enfermo perfecta y completamente  curado.

Mientras la duración del tratamiento, el enfermo no experimento sufrimiento ni tomo precaución alguna, se expuso al frío, aún sin su cura preservadora, y permaneció en la sala, donde había entonces cuatro enfermos de erisipela. A pesar de esto, ninguna complicación inflamatoria perturbo la marcha de la curación y quedo nivelada toda la región donde estuvo implantada el tumor, sin que ningún punto cicatricial indicase el lugar ocupado.

Son ya numerosos los casos de curación que ha obtenido, con este procedimiento, el Dr. Vidal.

Creé que el éter obra,  en estos casos, a la manera de los caústico, pero de un modo más suave, inflamado el contenido del quiste y produciendo la supuración de la bolsa; quizás tiene  también una acción disolvente especial, o al menos, se insinúa fácilmente en las diferentes capas de la lúpica; porque además de las células epidérmicas que forman su mayor parte, el contenido de la lúpia encierra materia grasas y cristales de colasterina, muy solubles en el éter.

El éter localiza su acción a la parte enferma, y no se difunde en el organismo: no produce, pues ese eretismo general ni esa elevación de la temperatura, que se observa pues de  inyectarle en cualquier otro punto del cuerpo, por ej. en el muslo, con el objeto de estimular al organismo. -el éter que se emplea debe ser bastante puro, el de 65° es muy bueno.

La experiencia ha demostrado que, una lúpia del tamaño de una avellana, necesita dos a tres inyecciones, cada  de 5 gotas.

La aguja se introduce perpendicularmente en  el tumor, eligiendo el orificio glandular más dilatado: se imprime a  aguja un movimento de vaivén en el interior de la bolas, lo que prueba que se ha penetrado bien en su cavidad; este movimiento tiene la ventaja de disosear la materia sebácea y prepararla   a recibirla el éter en todas sus partes; de este modo también la punta de la aguja raspa la pared quística y la dislacera en algunos puntos, favoreciendo así su eliminación ulterior; se inyecta el líquido, gota a gota. Las inyecciones sucesivas se hacen de la misma manera y por el mismo orificio.

Andrés S. Muñoz

 


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