La Crónica Médica: Junio 30 de 1884

 

Reumatismo poli articular agudo

Seguido de ENDOCARDITIS, NEUMONIA Y PLEURESIA IZQUIERDAS Y DE LESIONES VALVULARES CARDIO-AÓRTICAS-CURACIÓN

la señora N. N., natural de Italia, casada, madre una sola vez, de temperamento linfático y sin antecedentes linfáticos y sin antecedentes patológicos de ningún género después de haber estado unas horas expuesta al fuego de su cocina (abandonadas ese día por la cocinera), toma un baño frío por que se siente con calor, y continua entrando saliendo en la casa en los quehaceres domésticos; en la tarde y noche de ese día se nota la señora muy quebrantada y siente repetidos escalofríos.

Desde la madrugada del día siguiente día, siente dolores en las muñecas de las manos, que  a cada momento aumenta y que poco apoco se generalizan, a los codos, a los tobillos, a las rodillas y a las caderas, invadiéndole en seguida una fuerte fiebre. Después de los tres días que fue asistida la enferma por un facultativo, me hice cargo de su curación, encontrándola en el siguiente estado.

Echada en supinación, no podía la enferma mover ni un dedo de ninguna de las cuatro extremidades, sintiendo fuerte dolores en las articulaciones de los miembros, sobre todo, en las rodillas y las muñecas de las manos; con una temperatura de 39°; con el pulso a 120° con la piel general del cuerpo madorosa y la cara empapada de sudor. El diagnóstico era claro, y el tratamiento fue conforme a un reumatismo poli articular agudo.

Durante ocho días, con ligeras remisiones, se mantuvo el mismo estado de la enferma, a pesar de un tratamiento enérgico que consistió, primero en fuertes dosis de sulfato de quinina, y después an la propinación sucesivas y combinada del ioduro de potasio, del colchico, del salicitado de soda, del cloral, de la morfina y de los revulsivos y linimentos narcóticos.

En los primeros días de la segunda semana, comenzaron a ceder la fiebre y dolores de las articulaciones, y a medida que esto pasada se presentaban síntomas que, consistentes al principio sólo en palpitaciones, se desarrollaron después de tal manera, que toda la atención tenia que dirigirse de parte del corazón, revelándose bien claro una endocarditis, habiendo a esa fechas desaparecido casi por completo los dolores articularse.

La fiebre se despertó otra vez y la temperatura llegó a 40°; el pulso a 130.

Sentía la enferma fuertes palpitaciones; mucho dolor en la región retro-esternal mucha disnea y una angustia extrema; auscultando el corazón; se notaba en la punta un soplo sistólico fuerte y sonoro que revela una insuficiencia mitral había aritma completa en las revoluciones del corazón, fuerte impulsiones torácicas de este corazón, estremecimineto catario y eminecia asfixties, síntomas que todos caracterizaban la endocarditis.

Le puse a la enferma un vegigatorio en la región precordial, le propine de nuevo el ioduro de potasio, la digital, el salicitato de soda y le mande colocar dos vejigatorios, uno a cada muñeca de la mano, para derivar a esas articulaciones el elemento reumático que tan amenazante se presentaba en el corazón.

Este tratamiento, continuando con persistencia, produjo mucho alivio después de muchos días, en que la enferma no sentía tantas palpitaciones ni tanta disnea, en que la fiebre tenia sus remisiones  en las mañanas y en que el soplo sistólico de la punta se había disminuido notablemente. Progresivamente iban desapareciendo, aún más todavía, todos síntomas cardiacos, y cuando ya se podía dar por terminada la endocarditis, un día amanece la enferma otra vez con mucha disneas y con golpes  de tos repetidos, la fiebre otra vez se encinende, y examinandos los pulmones se encuentra en el izquierdo un soplo tubario, primero en su base y después en todo el tercio medio, con broncofonia y matites bien manifiestas que declara una neumonía del pulmón izquierdo, de la que salva la enferma en pocos días, mediante un ancho vejigatorio y el muriato de amoniaco.

Desaparecida la neumonía  se enciende de nuevo el corazón; vuelve la aritmia, las palpitaciones la diarrea, a aumentarse el soplo sistólico de la punta que no había desaparecido del todo; habiendo de colocar otro vejigatorio a la región precordial y de volver al ioduro de potasio y a la digital, que en la primera ocasión habían producido buen resultado. Pero esa vez no esta sola la endocarditis; hay un derrame en la pleursa izquierda que declara un pleuresia de este lado, bien constada por la matites y el desaparecimiento de las vibraciones  torácicas en la base y costado del pulmón izquierdo, por el soplo suave y egofonia percibidas en esta región, junto con una tos seca que mortificaba mucho a la enferma.

Esta pleuresia, evolucionando a la vez con la endocarditis, da tal grado de gravedad al caso de la eminencia de una asfixia se presenta, y la enferma está pálida, color de cera, con una indescrpitible ansiedad en el semblante, con tendencias al enfriamiento y con una fiebre enorme.

Le colocó otro vejigatorio a la base del pulmón izquierdo, y se propina  a la enferma el Dower y la Scila, y con este tratamiento después de pocos días desaparece el derrame, y queda sólo la endorcarditis: estaba la enfermedad.

De momento todos los síntomas de la endocarditis se iban agravando, y la inflamación del endocardio se propagaba al orificio aórtico y a la endo-arteria del cayado y de la aorta torácica. El soplo sistólico de la punta se hallaba reforzado enormemente en la base del corazón, en el mismo tiempo, en el foco aortico, en el trayecto del cayado y en toda la altura de la aorta torácica auscultada por el dorso; había pues, además de la insuficiencia mitral, una estrechez del orificio aórtico y una verdadera aortitis del cayado y de la aorta descendente bien comprobada por el soplo rudo y seco in loco, la matites aumenta del diámetro trasversal del cayado   y la impulsión y soplo carotideos.

Con estos trastornos de circulación, ya se comprendería la gravedad de la enfermedad, que hizo decir muy propiamente el Sr. Dr. Alarco, (D. Lino) que vio a esta enferma, que el caso era infernal. La enferma destruida con más de 20 días de enfermedad,  con el tratamiento energético que se siguió, con los trastornos tan grandes que existían en la  circulación cardio-aórtico, estaba flaca y con una palidez que hubiera  podido imitar la cloro-anemia más perfecta: tenia una disnea que iba hasta la asfixia, y las orejas, la nariz y las extremidades estaban frías. La temperatura fluctuaban entre 39°, 40° y hasta 41°; el pulso repetidisimo; estremecimiento catario en la región cardiaca y visible y clara impulsión arterial del cayado y de las carótidas. Varias veces hubo incontinencia de orina, y la enferma se quejaba de dolores y desvanecimientos de la cabeza, que nos hacia temer que vinieran accidentes reumáticos de las meningeas o trastornos mortales por anemia cerebral; habían esputos sanguinolentos, y ya no había necesidad de más para que la enferma sucumbiera.

Se le puso otro vejigatorio al pecho, transversalmente, de tal manera que comprendiera la base del corazón y el cayado de la aorta y otra vez se insistió en el iodoro y se pusieron otra vez se insistió en el ioduro y se pusieron otra vez también un vejigatorio en cada muñeca de la mano, como se hizo  primera vez para derivar el elemento reumático. Todo contribuyo para que poco a poco fuera desapareciendo el eretismo cardiaco, y para que, contra toda nuestras previsiones, entrara le enferma paso a paso en convalescencia, no sin haber tenido por lo menos durante 15 días mas, la estrechez del orificio aórtico y la aortitis bien perceptibles por el soplo sitólico de y la base en el foco aótico y el soplo rudo seco que desde todo el cayado de la aorta se propagaba por el dorso  al lado recho de la espina dorsal, hasta la cintura. Durante estos  15 días  no se ceso de poner la tintura de yodo a las regiones enfermas por   delante y por detrás; después de dos meses de curación asidna y bien dirigida, la enferma se encontró completamente buena, todo esto ha la merced a los sabios  y oportunos consejos de los muy reputados clínicos Doctores macedo, Villar, Sosa, Quiroga J. M. y Toniz que en diferentes veces y en distintas combinaciones vieron a la enferma.

Reflecciones. Este caso es curioso por varios títulos. En primer lugar por la multiplicidad de las complicaciones, que eran todas inflamaciones que pasaban en órganos importantes; que al haberse resuelto todas favorablemente, hay por eso una presunción clínica, que enseña que cuando esas inflamaciones tienen por causa generatriz un reumatismo, su gravedad aunque alarmante no existe; siendo de un tratamiento muy fácil, como sucedió con la neumonía y pleuresia de nuestro caso que desaparecieron con un vejigatorio.

En 2.° lugar por que el fenómeno de la metástasis en este caso ha sido claro y evidente, desapareciendo los dolores articulares para dar lugar a la flugosis torácicas, sucediéndose éstas y desapareciendo transitoriamente cuando se llamaba a las articulaciones el elemento reumático con los vejigatorios, que por dos veces se pusieron con este fin a las muñecas de las manos.

En 3.er lugar por la endocarditis típicas que tuvo lugar, cuya naturaleza plástica explicaba  perfectamente la producción de la insuficiencia mitral; de la estrechez aórtica y de la aortitis del cayado y de la aorta toráxica; fenómenos muy pocos comunes en los cardiacos ordinarios y que todos desaparecieron merced al ioduro de potasio dado con insistencia.

Y en el 4.° lugar porque este caso manifiesta  de cuanta resistencia es capaz el principio vital, que soportado en esta enferma trastornos tan profundos de la circulación y de la inervación que ha cada caso parecía iban ha matar a la enferma que ha resistido mes y medio de tratamiento activo con espoliaciones de medicina deprimentes y de once vajigatorios.

Dr. ALMENARA BUTLER

 


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