La Crónica Médica: Junio 30 de 1884

 

Microscoccus de la Neumonía

Por P. Bricon.

(Traducción de “Le Progres Medical”)

La reciente comunicación (noviembre de 1883) del Dr. Friedlander a la Sociedad de la Medicina de Berlin, ha llamado, de nuevo, la atención del público médico sobre la etiología de la neumonía. No solamente los médicos han  clasificado, hoy día, la neumonía entre  las enfermedades infecciosas, opinión que reposa en abundantes hechos consignado en la literatura médica; sino que también la marcha cíclica de esta enfermedad permitida ya, aproximarla de las demás enfermedades zimóticas, tales como las fiebres eruptivas;  a la autópsia, los  órganos de los neumónicos presentaban también, a veces, al examen microscópico, las lesiones semejantes a las observadas en las zimosis, por nuestra parte, en el tiempo en que, por nuestras funciones, practicábamos numerosas autopsias, cuantas veces no hemos sido impresionados por esta semejanza; el bazo hipertrofiado y  difluente, los bordes de cerdadura de los orificio cardíacos cubiertos de vegetación recientes (vegetaciones que son tan favorables para la investigación de los micrococcus), los riñones alterados. Así, desde entonces, ya hemos dudado de que ciertas neumonías fuesen de naturaleza infecciosa.

La presencia de microbios en los neumónicos fue señalada por Billroth (1874); en diferentes ocasiones, había encontrado cocobacterias en la serocidad del pericardio; pero creemos que ha sido Klebs, el primero que les ha hecho figurar en la etiología de la enfermedad Bajo el nombre de monas pulmonale, describió un micrococcus de forma redonda, ya aislada, ya acompañada (dipcococus y en cadenitas), y dotado de movimientos al estado fresco; constantemente se notó su presencia en el líquido cefálico-ráquideo de los ventrículos cerebrales, y con frecuencia en casos de neumonías asociadas a meningitis, a afecciones cardíacas y renales; basándose en estas coincidencia, clasificó en un mismo grupo la coriza, la neumonía, las nefrritis y  hepatitis intersticiles, el cólera no tras y la parotiditis epidémica, enfermedades en  todas las que había encontrado el monas pulmonarale.

Este mismo micrococcus (aislado y en colonias formadas  de una o de dos capas superpuestas) fue encontrado por Eberth (1881) en una falsa membrana pleural, de un neumónico con meningitis secundaria. Igualmente, Koch comprobó su presencia en los capilares de los pulmonares y de los riñones, pero se trata de una neumonía secundaria.

En ocho casos de neumonía franca (autopsia de 5 a 24 horas después de la muerte), Friedlander (1882) encontró siempre, salvo del 9.° al 13.° día en los tapones fibrosos, las pleuras y los micrococcus de forma elipsoide, apareados y de cadenitas, pero formando colonias.

Griffini y Cambria, han hallado también un bacille en los esputos de los neumónicos, ligeramente estrangulados hacia su medio y su extremidad redondeada que sería diferente del monas de Klebs; pero, por sus inoculaciones, no han llagado ha reproducir la neumonía en los animales, aún cuando pudieron encontrar, en estos, su bacille. No le atribuyen, pues, sino un papel secundario. Sin embargo, su trabajo se presta a la crítica y sus experimentos fueron mal conducidos.

Leyden, en una comunicación hecha a la sociedad de medicina de Berlin, en 1882, confirmo las primeras investigaciones de  Friedlánder; había encontrado en la neumonía, el mismo micrococcus  de forma oval, acompañado hacia resultar su semejanza con los micrococcus de la erisipela. Efectúo sus exámenes microscópicos sobre la sangre y el exsudado estraído, en el vivo, de pulmones hepatizados, por medio de una punción hecha con la jeringa de pravaz.

En un caso, practicada  la auptosia 6 horas después de la muerte, logró encontrar, en gran número, los organismos comprobados por la punción 36 horas antes.

Gunther dijo, ante esa sociedad haber observado el mismo micrococcus en un caso de neumonía en el  9. que fue seguido  de autopsía. Gunther ha sido el primero que hizo notar que estos micrococcus estaba rodeados de una cápsula incolora (las preparaciones fueron coloreadas con el violeta de genciana; las de Leyden, en las que no se hizo visible esta cápsula, eran coloreadas por el azul de metileno). En fin, Friedlander confirmó sus primeras investigaciones con 20 casos nuevos.

En 1883, Leyden dirigió una nueva  comunicación relativa a demostrar que le meningitis exsudativa y la meningitis cerebro-espinal debían ser aproximadas  de cierta forma de neumonía y de la erisipela, tanto clínica como anatómicamente, porque en cada una de estyas enfermedades había podido comprobar el micrococcus (de forma oval, aislado o pareado), formando, a veces, cadenas de 2 a 3 dobles cccus, y poseyendo un movimiento en su sitio sin locomoción propia.

M. Matray, ha descrito también la cápsula del micrococcus de la neumonía, que había sido señalada por primera vez, por Gunther. –16 casos de neumonía han sido objeto de sus investigaciones (1883), que han permitido encontrar en los esputos una gran cantidad de micrococcus de la misma forma y del mismo tamaño que los observados por Friedlander, y cubierto por una cápsula la muy trasparente. No halló zooglaea.- B. Matray, había encontrado en otros enfermos, organismos de la misma forma y agrupándose de identidad manera; pero, de sus observaciones resulta que se les halla sobre todo, y en mayor cantidad, en los esputos de los neumónicos.

Salvioli y Zaslein, constantemente han encontrado (14 casos sin autopsia) un micrococcus ovoide y móvil, análogo al descrito por Friedlander; raro en los esputos al 3.er día de la neumonía, es frecuente del 6.° al 7.° disminuye, y después desaparece al 10° día; la han encontrado también en la sangre y la serosidad de las moscas de Milán; lo cultivaron e inocularon, con éxito, a conejos y a ratas blancas.-Magliano, ha confirmado estos resultados (1883)(1).

Los trabajos de estos autores hacían prever ya, la posibilidad de atribuir la neumonía franca a la acción de un microbio específico. Por sus recientes o investigaciones, Friedlander, en unión de Frobenius, ha hecho dar un gran avance a esta cuestión.

La primera dificultad  que hay vencer en esta clase de exámenes, consiste en diferenciar y distinguir los micrococcus de los demás cuerpos con los cuales podrían ser confundidos. Friedlander, ha descartado, con habilidad, este obstáculo, respecto a lo que, dice lo siguiente:

“Si varios de nuestros colegas no ha logrado  justificar nuestras investigaciones, es debido, en gran parte, a la dificultad de la demostración. En efecto, en los mismos sitios en que se encuentra los micrococcus, se halla, de ordinario, una gran cantidad de núcleos, siendo por eso, difícil, a veces. Hacer la distinción, en las preparaciones coloreadas, entre los micrococcus y los nucleolos intensamente coloreados, sin contar con que, comúnmente, la fibrina se colora con facilidad, impidiendo, de este modo, el que se distingan los micrococcus. El Dr. Gram (de Copenhague) ha inventado, hace poco, un método que permite obtener la decoloración completa o casi completa de los núcleos de la fibrina, sin hacer perder su coloración a los micrococcus-consiste este, método, en colocar, durante algunos instantes, en una débil solución acuosa de ioduro de potasio, los cortes bien coloreados por la solución de violeta de genciana y de agua de anilina de Fhrlich. Los    cortes, antes fuertemente coloreado en azul y hechos casi incoloros, se colocan en la esencia de clavo; entonces, por el examen microscópico, se comprueba la mayor o menor completa decoloración de los núcleos, mientras que los micrococcus, por su intenso color azul, resaltan en el fondo débilmente coloreado en amarillo.

Excelente para la comprobación del micrococcus, este método no tiene utilidad para descubrir la cápsula. Las investigaciones de Friedlander se han hecho sobre exsudado neumónico tomado en el cadáver. Los pulmones deben estar completamente fresco, sin que aparezca todavía la descomposición; debe separarse todo elemento extraño que pudiese enturbiar la preparación; además se hacen los cortes sobre un ancha porción de tejido pulmonar tomada en la superficie de la pleura con un cuchillo pasado al fuego. En este pedazo, se eje cutan cortes sucesivos en diferentes sentidos, siempre con un cuchillo calentado, hasta que se suponga haber atacado superficie al abrigo de todo cuerpo extraño.

Las partes utilizadas por Friedlander han sido, en especial, aquellas en donde los bronquios estaban completamente obturados por un coágulo fibrinoso, de manera de evitar, tanto como era posible, toda secresión bronquial, siempre tan rica en numerosos micro-organismos.

”Hemos encontrado, dice, que la mayor parte de neumonía, un gran número de los coccus, o todos ellos, se hallan rodeados de una capa más o menos ancha de sustancia, que se colora en azul ligero y en rojo por el violeta de genciana y la fucsina, y formando una especie de cubierto o de cápsula alrededor de los coccus. Rara vez tiene esta cápsula un ancho menor que el  coccus mismo; con frecuencia es doble, y a veces cuádruple. Al exterior esta el ordinario, claramente limitada. Si el micrococcus esta aislado, la forma de la cápsula es geométricamente semejante al mismo coccus. Sí este son redondo lo es también los bordes de la cápsula; sí es alíptico, la cápsula lo es igualmente. Si los micrococcus están reunidos de dos en dos, lo que  frecuentemente sucede, la cápsula forma una elipse alargada alrededor del diplococus. También se encuentran, con frecuencia, anchas cadenas, de 3, 4 y aún más coccus, que están contenidos en la cápsulas de forma algún tanto  cilíndrica y redondeada en sus dos extremidades. Se ve, algunas veces, en el interior de las cápsulas alargadas en el lugar del diplococcus o de la cadena de coccus, una especie de bastoncito mal limitado, cuta forma parece que los coccus hubiesen, tomado al unirse.

“Además se encuentra cápsulas en que el micrococcus centra o los coccus centrales faltan completamente. Algunas veces se ve, en estos casos, en lugar de los coccus, una o varias partes claras en medio de loa cápsula, o bien esta aparece enteramente homogénea (se trata entonces, con mucha probabilidad, de coccus muertos). Jamás hemos encontrado aglomeraciones de micrococcus de la neumonía (mazas zoogloarias).

“Sí se buscan los coccus en preparación  no coloreadas y sobrenadando en el líquido, la cápsula pasa de desapercibida, y a veces tan sólo se obtiene una zona clara confusa alrededor de los coccus, como si estos  estuviesen mal limitados.

“Las cápsulas se ven con bastante claridad en la superficie inferior de una preparación hacha vía seca, y sobre todo, si esta es examinada al aire seco. Los contornos aparecen entonces algún tanto grueso. Si se hace penetrar en la superficie inferior de la laminilla una gota de agua destilada, desaparece por completo el contorno de la cápsula, y no se sino el micrococcus que encierra, sucede lo mismo si se emplea  una lejía de potasa muy diluida. Muy distinta es la acción del ácido acético (a diferentes grados de concentración) y de los ácidos minerales, bajo su influencia, persiste el contorno  exterior de la cápsula, pero desaparece la limitación entre el micrococcus central y la cápsula, pare ce que no fuesen ya sino, uno; y la forma elipsoide o redonda es casi uniforme. Si se colora la preparación seca después del tratamiento previo por el agua destilada y los álcalis de la cápsula; no se distingue sino coccus completamente descubiertos. Al contrario, las preparaciones tratadas por los ácidos permiten obtener, con facilidad, una coloración distinta de los micrococcus y de las cápsulas. El alcohol, el eter y el cloroformo no tienen influencia aparente sobre estas.

De estas diferentes reacciones es permitido deducir que las cápsulas de los micrococcus de la neumonía, están esencialmente formadas de la mucina o de una sustancia analóga, son solubles en el agua y los alcalis diluidos, insolubles en los ácidos. Su coloración por los colores de una amilina viene también en apoyo de esta hipótesis”.

Sobre los resultados obtenidos por los diferentes modos de coloración, Friedlander:

“Si se trata un gran número de preparaciones idénticas por los diferentes colores de anilina, se ve que las soluciones concentradas de azul de metileno y de moreno de Bismarik coloran igualmente, en totalidad, tanto el micrococus como su cápsula. Si de emplea el violeta de geneciana, no en solución acuosa, sino disuelto en agua de anilina, en muy poco tiempo se obtiene una coloración de cápsulas que resiste bastante al tratamiento ultarior por el alcohol. El método más cómodo y más rápido para poner en evidencia las cápsulas, el que aconsejamos nosotros, consiste pues, en colorar la preparación sean en una solución de violeta de ganciana y de agua de anilina. En seguida, se coloca la laminilla, por medio minuto en el vidrio de reloj lleno de alcohol, en el que se decolora rápidamente la sustancia fundamental, mientras que las cápsulas y los micrococcus no se decoloran sino muy lentamente. Se pone, entonces, la preparación en un vidrio de reloj lleno de agua destilada, y puede examinársela directamente bajo el agua, o bien conservársela  en el balsamo de Canada o la resina de Ammar. La eosina colora también las cápsulas.”

Friediander hace constar que, rara vez ha sido señalada, en los shizomicetos, la formación de una cápsula; y recuerda que las masas Zooglaerias tienen, es cierto, por sustancia fundamental, una sustancia gelatinosa. Las investigaciones de contra-prueba a que se ha dedicado, en las más diversas afecciones, no le han permitido comprobar sino con rareza, una apariencia de cápsula. En cuanto a la determinación de la cápsula de micrococcus en los esputos de los neumónicos, puede considerársela como negativa:¿ será debido a este resultado a la acción de la saliva parotidiana? No se  sabe. En todo caso, no debe olvidarse que las cápsulas se disuelven fácilmente bajo la acción del agua. Una sóla vez, el examen del pus proveniente de una peritonitis causada por la perforación de una úlcera redonda del duodeno, reveló con mucha claridad, la existencia de una cápsula alrededor de una parte de los micrococcus.

Hasta el presente, Friedlander no ha encontrado en las demás formas de neomonía, sino microorganismos privados de cápsulas. En los fragmentos de pulmones afectados de neumonía fibrinosa aguda reciente, nunca falta la cápsula y es, por consiguiente, casi característica de esta enfermedad, puesto que no se le encuentra, más que excepcionalmente, en otras afecciones.

Fuera del pulmon, Friedlander también ha comprobado la presencia de mocrococcus con cápsula en los exsudados pleuríticos y pericárdicos que, tanta frecuencia, se encuentra en la neumonía aguda; su aspecto turbio no es debido, a menudo, sino a la gran cantidad de micrococcus que contiene; frecuentemente también se les encuentra hasta en las células linfáticas de estos exsudados. Hasta aquí, ningún resultado ha dado el examen de la sangre y de los demás órganos; verdad es que, a este respecto, ha hecho muy raras investigaciones. El tejido pulmonar procedente de neumonía fibrinosa franca contiene, algunas veces, nomerosos micrococcus, pero sin cápsulas: estos casos tienen entonces más de seis días de fecha, Además los micrococcus desprevistos de cápsulas, se encuentran también en los otros individuos, al lado de los micrococcus de cápsula.

Friedlander, mediente sus cultivos e inoculaciones, ha podido asegurarse que los micrococcus de la neumonía y sus cápsulas, presentan variedades de tamaño, según la especie animal; así, el micrococcus del ratón es mucho más grande que el del hombre; la forma del bastoncito se encuentra, con más frecuencia, en los otros animales que en la especie humana.  Los conejos son refractarios   a la inoculación. Finalmente, para anular la objeción de que pudiese desarrollarse una neumonía traumática a consecuencia de las inyecciones, se han hecho, en los ratones, experimentos de trasmisibilidad de la neumonía por inhalaciones, habiéndose obtenido completo éxito.

A causa de su forma, Friedlander ha denominado, a los cultivos que obtuvo, cultivos en forma de clavo(método de Koch; cultivos hechos en la gelatina.

En resumen, vemos que la mayor parte de los autores, con excepciones de Griffni y Cambria, están acorde sobre la forma de micrococcus de la neumonía; que con excepciones de Eberth, donde están de acuerdo es decir que no se encuentran bajo la forma de zooglae. Vemos también que Klebs, Salvioli, Zaslein y Leyden le consideran como dotados de movimientos, al menos, al estado fresco; que en manos de casi todos los autores, han sido seguidas de éxito las inoculaciones o las inhalaciones; pero que Griffini y Cambria no llegaron a reproducir la neumonía por medio de su bacille: que C. Friedlander, al contario de Salvioli y Zaslein, comprobó la refractibilidad del conejo con respecto al micrococcus de la neumonía; y, en fin, de la verdadera característica de este, sería su cápsula.

Para completar todo lo referente a este asunto, diremos que, en otro número de “Le  Progres medical”, hemos leído una Nota sobre el coccus lanceolado de la neumonía lobar fibrinosa, por el Dr. Ch. Talamon, comunicada a la “sociedad Anatómica” de París (30 de noviembre de 1883), a propósito del trabajo del Dr. Friedlander. En ella, da cuenta del resultado de sus investigaciones clínicas y experimentales sobre el microbio de la neumónica fibrinosa, habiéndole estudiado, con el microscopio o por medio de cultivo, en los esputos, en la sangre y en el exsudado neumónico, ya durante la vida, ya después de la muerte.

Los 25 casos de neumonía, que refiere, fueron observados en el servicio de profesor See.

No siéndonos posible transcribir in extenso esta interesante comunicación, nos limitaremos las conclusiones a que ha llegado el Dr. talamon, y que son las siguientes:

“La neumonía lobar fibrinosa, es una enfermedad infecciosa producida por la multiplicación, en el pulmón, de un microbio se encuentra en el exsudado neumónico tomado directamente en el vivo. No existe en la sangre, salvo en ciertos casos, probablemente muy raros, en el momento de la agonía. Tiene una forma característica, lanceolada, como gramo de cebada o de trigo. Puede aislarse o cultivársele  en un líquido apropiado. Experimentalmente puede producirse la neumonía lobar fibrinosa en el conejo. Es necesario introducir directamente, en el tejido pulmonar, al microbio cultivado; se obtiene así, una neumonía con pleuresía, y también, con frecuencia, una pericardítis fibrinosa. La inyección del líquido de cultivo, bajo la piel, no produce neumonía.

“La neumonía es pues, muy probablemente, como la difteria. Una enfermedad local, primitivamente pulmonar, susceptible de generalizar a otros órganos; y no una enfermedad general con determinación pulmonar.”

Andrés S. Muñoz

 


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